Eiji mira con satisfacción a su alrededor. Sus manos en sus caderas y una enorme sonrisa en su rostro. Le ha tomado un par de horas pero finalmente ha logrado que el apartamento esté completamente limpio. Ha sacudido los sillones y ha fregado el piso de madera. Ha limpiado las lámparas y ha desempolvado las encimeras. Ha tallado el interior del horno y la superficie de la estufa, así como el refrigerador que se encuentra a reventar de comida instantánea y chatarra por la ocasión.
Generalmente no tiene el tiempo suficiente para hacer la limpieza a fondo, pero hoy se ha hecho el propósito porque es la primera vez que Ash se queda a pasar la noche y no desea nada más que ser un buen anfitrión. Quiere que su querido amigo se sienta como en casa o mejor y espera que eso sea suficiente para subirle el ánimo que últimamente está por los suelos.
No es que Aslan se comporte especialmente grosero con él, de hecho, podría decirse que Eiji lo encuentra mucho más dulce que de costumbre. A veces lo sorprende recogiéndolo del trabajo por las tardes. A veces envía flores y comida a su oficina, cuando está tan ocupado que le es imposible salir a comer. A veces, incluso le envía mensajes de buenos días, deseándole éxito y preguntándole si se siente especialmente enfermo o si todo está en orden. El japonés sabe que es una manera del alfa de decirle que todo está bien, que no debe preocuparse, pero la verdad es que él no está del todo seguro.
El beta no entiende cómo, pero de alguna manera, es como si supiera lo que el alfa está sintiendo. Él siempre ha sido empático con los sentimientos ajenos, para él es fácil leer las emociones de las personas pero con Ash es un poco distinto. Se siente como esas emociones fueran suyas; la ansiedad, la preocupación, la duda. Cree que es porque es la primera vez que se involucra tan íntimamente con una persona, jamás ha tenido un amigo como Ash; más o menos de su edad, con quién puede pasar horas enteras hablando, alguien con quien de hecho no tiene nada en común excepto el gusto por las cosas dulces y sin embargo, con el que siente tanta afinidad que sin duda se ha encariñado a lo largo de los meses.
Es casi como si fueran almas gemelas.
El fotógrafo mira el reloj en la repisa bajo el televisor, son las cuatro de la tarde con cincuenta y tres minutos y a menos que algo de imprevisto haya surgido en el trabajo, el rubio no debe tardar en llegar, así que Eiji se encarga de los últimos detalles de su velada, como que la computadora esté debidamente sincronizada a la televisión y que en la ducha esté esa familia de productos de higiene personal con olor a girasol que Ash le ha dicho que le gusta mucho.
La puerta suena a las cinco con siete minutos. El beta deja de lado los productos de limpieza y sale en dirección a la entrada. Mentiría si dijera que no se siente emocionado. Es la primera vez que un amigo se queda a pasar la noche y aunque ya no es un niño, le hace ilusión hacer todas esas cosas que antes no podía por ser el doble de enfermizo de lo que es ahora. Su madre estaba tan asustada de que una fiebre repentina a media noche le atacara que simplemente no le dejaba estar mucho tiempo fuera de casa y mucho menos incomodar a otros con la falta de defensas en su cuerpo.
―¡Voy! ―anuncia para hacerse saber a su visita que le ha escuchado.
Eiji se detiene parcialmente frente al televisor y arregla un poco su cabello en el reflejo. También se encarga de acomodar un poco sus ropas, pero como tampoco quiere hacer esperar demasiado a Ash, rápidamente se encamina hacia la puerta y la abre con una enorme sonrisa.
Está tan feliz de verlo.
―Hola ―le saluda el alfa de pie frente a él con una botella de vino en una mano y su maleta en la otra. Viste uno de los lujosos trajes con los que el nipón ya se ha acostumbrado a verlo y su cabello está perfectamente peinado hacia atrás. Sin embargo, su expresión es tan suave que hace que el corazón de Eiji se sienta en paz.
―Bienvenido ―le dice y lo ha hecho en japonés, de la misma forma en que su madre solía recibir a su padre después del trabajo y es vergonzoso. No sabe en qué rayos estaba pensado―. Quiero decir: hola ―corrige entonces.
Ash ríe.
―¿Qué fue eso? ―le pregunta y Eiji se hace a un lado para dejarlo entrar, pero también para impedir que vea su enrojecido rostro.
―Así decimos en Japón para dar la bienvenida ―explica torpemente. Omitiendo convenientemente que ha usado okaeri y no irasshai como si fueran una pareja de recién casados.
―Oh... ―exclama el rubio colocando sus cosas en el sofá y luego tomando un lugar él mismo―. Me gusta ―confiesa y le sonríe haciendo que Eiji casi olvide que lo ha invitado porque parece no estar pasándola muy bien ese momento. Casi―. Deberías hablarlo más seguido.
―No tiene sentido ―le responde caminando en dirección a la cocina―. No me entenderías de todas formas.
―En ese caso sólo debo tomar clases de japonés, ¿no?
―Lo dices como si fuera sencillo ―responde divertido de pie frente a la nevera―. ¿Té helado?
―Sí, por favor ―le pide y continúa―. Hablo siete idiomas, ¿qué es uno más?
―Por supuesto ―responde rodando los ojos y extrayendo la jarra con té―. Olvidé que estoy hablando con el alfa de alfas.
―Para estar consciente de ello no me tratas con mucho respeto ―le dice a forma de broma, poniéndose de pie y bajando de la alacena un par de vasos donde Eiji sirve la bebida.
―Oh, lo lamento, alfa-sama. Le responde dejando la jarra en la encimera y tomando su vaso.
―Por favor no vuelvas a llamarme así ―le pide el rubio y ambos sueltan una carcajada.
Ambos vuelven al sofá y el japonés pone algo de música. Es algo suave de Sam Smith, únicamente para llenar el cómodo silencio que se forma de vez en cuando. Ash aprueba su elección tarareando la canción suavemente con su voz ronca y profunda mientras se deshace de su peinado y sus mechones rubios danzan entre sus dedos de un lado a otro, suaves como la seda. Es atractivo, sí, todo su rostro lo es, pero lo que a Eiji más le gusta son sus ojos sinceros y centellantes, aquellos que le dijeron que podía confiar en él a pesar de ser un alfa.
―Es una gran canción ―le dice sacándolo de sus pensamientos.
―Es triste ―le responde.
―Eso es lo que la hace buena.
―¿Qué tal el trabajo? ―le pregunta dando un sorbo a su té.
―Ajetreado. Millones de papeles por firmar, proyectos por aprobar y rechazar, alfas idiotas con los que tratar. En realidad preferiría no hablar de eso; el trabajo, mi padre, inversionistas, ya sabes. Esta noche sólo quiero que pasemos un buen tiempo, juntos.
―Claro, ha sido bastante desde que tuviste tiempo libre para reunirnos―concuerda―. No deberíamos arruinarlo. ¿Qué te parece si comenzamos con la tarde de película? ¿O tal vez algunos videojuegos? Tengo muchos.
―¿Tienes una consola? No sabía que eres del tipo otaku.
―Ah, eso sí sabes lo que significa.
Ash se encoge de hombros.
―Entonces... ¿lo eres? ―le pregunta y claramente está fastidiándolo.
―No soy un otaku ―se defiende―. ¿Quieres jugar o no?
―Bueno. Sólo quiero advertirte que era jodidamente bueno en las maquinitas.
―Esta es una PlayStation 4, Ash.
―Oh...
―No creí que un alfa de clase alta como tú fuera al arcade. No se ve como algo que tu padre aprobaría ―comenta. Ash no habla mucho de Dino pero por lo poco que sabe es un hombre estricto y muy apegado a las costumbres de los alfa dominantes.
―No lo hacía ―le responde con la sonrisa pícara de un niño que ha hecho una travesura―. Me escapaba.
―No sé por qué no me sorprende ―le responde divertido.
―No me juzgues. De no haberlo hecho, no habría hecho muchas cosas sólo porque a él no le parecen correctas.
―Pues creo que fue muy valiente ―elogia sinceramente. No todos tienen el valor de desafiar su naturaleza de esa manera. Él mismo estuvo viviendo bajo los estigmas de ser un beta porque romperlos parecía imposible, cuando la verdad es que permanecer dentro de ellos era más cómodo.
—Gracias —le responde y luce un poco avergonzado. Una de las cosas que más le gustan de Ash es su infinita gama de expresiones y la forma en la que se reflejan en sus ojos—. Tú también... tú también fuiste muy valiente.
—¿Eh? —pregunta, sin entender a lo que se refiere.
—A ti no te agradan los alfa y aun así accediste a ser mi amigo.
—Eres un tipo persistente —responde para después tomar un sorbo de té mientras el rubio suelta una sonora carcajada.
—Lo soy.
—Y extraño.
—Oh, sí. Completamente, pero no me arrepiento. No sé cómo explicarlo, pero se sentía como hacer lo correcto.
—¿Acosarme hasta el cansancio?
—Ser cercano a ti, idiota —le dice golpeando su hombro suavemente. Eiji sonríe ampliamente, lo entiende. Él se siente de la misma forma pese a su renuencia inicial—. Aunque ahora que lo pienso, jamás me lo dijiste... porque nos detestabas tanto.
El tono que el alfa ha utilizado para decirlo es casual, casi indiferente, como un comentario cualquiera en medio de una reunión amigable como la que están teniendo en ese instante. El fotógrafo lucha por mantener la sonrisa en su rostro y ciertamente no se siente tan afectado como si le hubieran hecho la misma pregunta unos cuantos meses atrás, pero tampoco sabe si está preparado para responderla. No habla de eso desde que sucedió hace más de un año y medio. Sólo las personas verdaderamente cercanas a él lo saben; su hermana que estaba con él cuando todo pasó, su madre e Ibe-san quien ya era como su padre en ese momento. Sin embargo, piensa que no estaría considerando a Ash como su mejor amigo si no le dijera y lo es. Es el mejor amigo que ha tenido en mucho tiempo.
—En realidad es una tontería —dice intentando minimizar el asunto con indiferencia—. No es...
—Lo siento, creo que es bastante obvio —le interrumpe—. Quiero decir, ¿Por qué no nos odiarías? Obtenemos los mejores puestos trabajo sólo por nuestro género, los lugares en las mejores universidades y prácticamente vivimos vidas más cómodas sólo por eso. Fue tonto preguntar.
Ash ríe como si el asunto no fuera nada, pero Eiji no puede imitarlo. Quiere ser sincero con él, pero está aterrado de que lo encuentre idiota y patético. No quiere perder su respeto y admiración. No quiere perder su cariño pero, ¿acaso no está defraudando su confianza y su amistad manteniendo silencio? Su debate interno es poderoso. El nipón tiene muy claro como debe ser una amistad y la sinceridad es importante.
Después de cortos segundos que se sintieron eternos, mientras Eiji mira la sincera sonrisa de su amigo se decide. Puede confiar en él. Puede decirle.
—En realidad... No eso —comienza y la seriedad en su voz hace que la sonrisa de Ash se desvanezca. Luce preocupado por él y eso de alguna manera calma su corazón y le permite continuar—. Yo... salí con un alfa por muchos años —dice y se aclara la garganta—. Un día simplemente me dejó por un omega. Me afectó muchísimo, yo lo amaba.
Aslan le mira en silencio directamente a los ojos. El beta sabe que en realidad no ha dicho gran cosa, que hay mucho más detrás de lo que ha dejado ver, pero se supone que se han reunido para levantar el ánimo del ojiverde, no para revivir experiencias traumáticas del pasado. Eiji ha decido no dedicar ni un asegundo más de su vida al idiota que le hizo sufrir y eso es justo lo que va hacer.
—No tenías que... —comienza el rubio, claramente abatido—Si no querías decirme no...
—Yo quería —le responde con una pequeña sonrisa—. Yo quería decirte. Eres mi amigo y de todas formas eso fue hace mucho tiempo. Yo... me siento bien ahora —confiesa y es la verdad.
Ash asiente en silencio y le mira como dudando de lo que está por hacer, aunque al final lo hace; se recorre en el sillón hasta que sus piernas se tocan y lo rodea con sus brazos acunándolo en su pecho. Su suave aroma a cerezo lo invade y lo reconforta, su cálido tacto le renuevan y Eiji se siente tan protegido que no quiere que termine. Hubiera dado cualquier cosa por tener a Ash a su lado en el momento en que descubrió que lo estaban engañando. Tener a su querido amigo fortaleciéndole y haciéndole sentir que las lágrimas no valían la pena. No lo tuvo antes, pero lo tiene ahora y piensa atesorarlo con la vida. El amor tiene muchas formas y esa es una de ellas.
El alfa acaricia su cabello en cómodo silencio. El japonés se deja mimar como un gato en su regazo mientras su mente en blanco sólo puede enfocarse en su tacto, su aroma y su presencia, llenándose de Ash completamente. Jamás ha tenido un momento tan íntimo con alguien que no fuera de su familia, ni si quiera con Haru quién siempre estaba demasiado ocupado para él. Eiji se siente un poco culpable por acaparar así la atención de su mejor amigo con quien no está seguro de si es correcto hacer ese tipo de cosas, pero piensa que, si es por ese breve momento, no es tan malo.
—¿Eiji? —la gentil voz del alfa llama su atención.
—¿Mmm...? —pregunta medio adormilado.
—¿Te sientes bien? —le pregunta y él no entiende a que viene esa pregunta—. De repente sentí tu piel demasiado caliente.
El beta frunce el ceño ligeramente, tratando de encontrar algún síntoma de su resfriado o alergia, cualquiera de los dos. No ha estornudado y no se siente especialmente mal. Sí, hace un poco de calor, pero eso es todo. Ha pasado algún tiempo desde la última vez que se enfermó, más de dos meses así que no le extrañaría que su defensas le traicionaran en ese instante.
—No me siento mal —dice sinceramente. De hecho, hace mucho que no se siente tan bien.
—¿Ya te tomaste tus vitaminas el día de hoy? —le pregunta apartándose de él para mirarlo a la cara, haciendo que Eiji se sienta extrañamente abandonado.
—No —dice.
—Te traeré una. Aun tienes algo de té ¿cierto?
—Sí, mamá —le responde y Ash le saca la lengua antes de ponerse de pie y caminar en dirección a la cocina.
El vacío que ha dejado el cuerpo del alfa es demasiado obvio para el fotógrafo que comienza a sentir escalofríos. Es extraño, porque antes no ha habido ninguna señal de que su salud fuera a empeorar, como los estornudos o la fatiga. De todas formas no se siente como algo grave así que está seguro de que bastarán un par de ampolletas para hacerle sentir mejor.
—¿Aún las guardas en el segundo cajón? —le pregunta.
—Sí, junto al resto del medicamento.
—No te queda ninguna. La farmacia está en la otra calle, ¿cierto? ¿Dónde tienes la receta?
—En el mismo cajón, al fondo.
—De acuerdo —le responde extrayendo la hoja de papel y guardándola en su pantalón—. Iré a traerte algunas. ¿Por qué no buscas mientras tanto una película que quieras ver? —le pregunta acariciando su cabello antes de dirigirse a la puerta.
—No me siento mal, de verdad —le dice y es que no quiere que se vaya, pero la verdad es que comienza a sentirse un poco mareado.
—Está bien. No tardaré demasiado. ¿Me prestas tu ducha al volver? Quiero quitarme éste molesto traje.
—Claro... Con cuidado.
Ash se despide con una pequeña sonrisa y sale del apartamento. Eiji se pone de pie y se tambalea un poco. La cabeza le da vueltas y su cuerpo se siente caliente y ligero. Tal vez ha estado demasiado tiempo expuesto a Ash y a sus feromonas a las que es alérgico, aunque le parece extraño porque no ha estornudado en ningún momento y esa es casi siempre es la señal. En cualquier caso, se dirige a la cocina dispuesto a obtener una pastilla más para la alergia ahora que su amigo no está. Él no sabe en absoluto de su condición y no planea decírselo, porque de hacerlo, Ash insistiría en no pasar tanto tiempo juntos y no desea eso.
Con la ausencia del alfa, es más fácil para él notar su aroma flotando suavemente por todas partes. Le gusta, así que no hace nada por ventilar la habitación y en su lugar, abre el cajón de medicamentos sólo para darse cuenta de que Ash no se ha llevado la receta correcta. El beta piensa en llevársela de inmediato, pero justo en el momento en que toma su chaqueta, dispuesto a salir, alguien toca la puerta. La fiebre ha subido hasta el punto en que sus piernas se sienten débiles y aun así, el japonés hace el intento por abrir la puerta lo más rápido posible, pensando que es una suerte que Ash se haya dado cuenta de que se ha llevado la receta del mes anterior. Está tan aliviado.
Sin embargo, no es Aslan quien se encuentra al otro lado de la puerta.
El nipón mira extrañado al muchacho frente a él, porque de todas las personas que podrían haber tocado su puerta, él es el único al que no esperaba ver nunca. Yut-Lung Lee está allí de pie, vistiendo un precioso traje de diseñador que le queda perfecto y su larguísimo cabello peinado con esmero. Luce como si estuviera a punto de saltarle a la yugular y enterrarle los colmillos envenenados, justo como una serpiente.
―¿Dónde está Aslan? ―es lo primero que le pregunta y sin molestarse en recibir una invitación se adentra en el departamento, cerrando la puerta tras él.
―Salió ―responde el beta confundido. Sabe que el alfa y el omega se conocen, pero no entiende por qué ha ido a buscarlo hasta su departamento.
―Bien, entonces iré al grano ―dice encarándolo por segunda vez con ojos llenos de fiereza―. Quiero que dejes de entrometerte entre Ash y yo. No quiero que estés cerca de él, o que lo contactes en absoluto. Simplemente desaparece.
―¿Eh? ―pregunta con la mente nublada por la fiebre que sigue subiendo lentamente. Todo es tan repentino. Hace un segundo estaba pasando un buen momento y ahora, está siendo atacado en su propia casa mientras la jodida fiebre no deja de molestarlo―. Lo siento, pero yo no sé de qué...
―No intentes hacerte el inocente ―le interrumpe―. Sé que estás tras él y no voy a permitirlo.
―Creo que lo has entendido todo mal ―aclara, dando algunos pasos hacia atrás y recargándose en el sofá para no caer al suelo―. Él y yo no tenemos esa clase de relación, somos amigos y de todas formas no entiendo que te da el derecho de decidir si soy o no bueno para él.
Yue lo mira con ironía y malicia impregnada en sus bonitos ojos negros. Sabe que debe prepararse para el golpe.
―Te diré por qué tengo el derecho, beta ―comienza y se acerca a él, prácticamente susurrando en su oído―. ¿Sabes lo que son los compañeros destinados? ―El corazón de Eiji se detiene de golpe y el aire abandona sus pulmones. Él sabe lo que eso significa―. Ash y yo lo somos y vamos a comprometernos.
―Él no... no mencionó nada ―dice y es más para él mismo que para su acompañante. Se siente traicionado, se supone que los amigos se cuentan ese tipo de cosas, pero él no dijo ni una palabra.
―Pues ahora ya lo sabes. Nuestros padres han aceptado nuestra unión y sólo es cuestión de tiempo, así que deja de entrometerte. Lo digo por tu bien, en serio ―dice apoyando su mano en su hombro como si de verdad estuviera haciéndole un favor―. ¿Un alfa y un beta? Imposible.
Por supuesto que es imposible, Eiji lo sabe, lo que no entiende es porqué si lo hace, se siente tan mal de escucharlo. Él no siente por Ash más que sentimientos fraternales de amistad, así que concluye que el agujero que se ha abierto repentinamente en su pecho se debe a la traición. Él incluso le habló de su trauma con los alfa y el rubio no pudo si quiera mencionar que Yut-Lung Lee era así de importante.
Aslan le debe muchas explicaciones.
―Ya te he dicho que somos amigos ―insiste y ahora, más que desconcertado está herido y muy enojado―. Y lamento no poder cumplir tu capricho, pero no dejaremos se serlo ―dice, porque aunque está furioso, también está cansado de renunciar a las personas que son importantes para él por culpa de los jodidos géneros.
Es obvio que Yue no esperaba esa respuesta y al ser alguien demasiado acostumbrado a obtener siempre lo que quiere, parece estar al borde de un colapso. Tal vez Eiji no lo haya tratado demasiado, pero sabe que los de su tipo siempre están dispuestos a hacer cualquier cosa para ganar. Es justo el tipo de persona que Ash detesta así que sigue sin entender cómo podrían estar hechos el uno para el otro. Claramente una mala jugada del destino. O una mentira. En cualquier caso, aunque está enojado con él, no piensa alejarse de Aslan. No puede alejarse de él, mucho menos estando tan vulnerable como se siente en ese instante.
Yut abre la boca para claramente a volver al ataque y el beta está dispuesto a no dejarlo salirse con la suya hasta que Ash vuelva y aclare todo. Sin embargo, las palabras filosas nunca llegan. El omega se queda de pie frente a él y hace la cosa más extraña; lo olfatea y sonríe como si hubiera descubierto oro puro.
―Eres un jodido mentiroso, Okumura Eiji ―le dice y de nuevo, el japonés no está entendiendo nada—. Les dijiste a todos que eras un beta y ciertamente tus feromonas son apenas perceptibles pero eres un omega, ¿cierto? Oh, por dios. Aslan va a morirse cuando se entere, va a odiarte toda la vida.
El fotógrafo no sabe si su lucidez está siendo afectada por la fiebre o si las palabras de Lee son un desesperado método por hacerle perder la cordura. En cualquiera de los dos casos, le parece divertido que justamente utilice eso para atemorizarlo y aunque no sabe cuál es el punto en hacerlo, tampoco piensa caer en provocaciones. Ya se liarán a palabras cuando la cabeza no le esté matando.
―Escucha, Yut ―le dice, cansado de toda su mierda―. No me siento bien y escucharte me hace sentir el doble de enfermo así que, ¿por qué no te marchas de una vez? No sé cuál es tu problema conmigo, pero yo no tengo la intención de lidiar contigo.
―Tu manera de evitar el tema es bastante desesperada, ¿no lo crees? —dice y parece tan seguro de sí mismo que Eiji siente un poco de ansiedad.
―Aquí el único desesperado eres tú. No puedo creer que serías capaz de inventar eso con tal de meterme con problemas con Aslan. Yo no le he mentido a nade, mucho menos a él.
Yue lo mira consternado por un instante, pero luego vuelve a sonreír casi de inmediato.
―De verdad crees que eres un beta —dice haciendo que el japonés comience a perder la paciencia. El tipo está completamente loco. Debe estar desesperado por hacerse con el alfa, como todos los de su tipo—. No te culpo, eres común y corriente, encaja bastante bien. Como sea ―concluye buscando algo entre los bolsillos de su chaqueta y arrojándolo a los pies del nipón―. Será mejor que te inyectes eso antes de que Ash vuelva. Sería inconveniente para mí si te viola y engendran un hijo bastardo.
―¡Por última vez yo no soy un...! ―intenta decir, desesperado. Con el corazón saliéndose de su pecho a golpes por la ansiedad. Él no es un omega y no va a caer en...
―Para alguien que está entrando en celo eres muy energético ―le vuelve a interrumpir―. Escucha bien, Okumura, porque esta es mi última advertencia. Aléjate de Aslan o me encargaré de que se entere de tu verdadero género. Los omegas no le agradan, ¿pero sabes que odia más? A los mentirosos. Así que tú eliges, alejarte de él por las buenas y tener el privilegio de saber de él de vez en cuando, o hacer que te odie tanto que no quiera ver tu cara de nuevo.
Lee no dice nada más, da la media vuelta y se marcha tan repentinamente como llegó. Las piernas de Eiji, que ya se encuentran en su límite le dejan de sostener y cae al suelo, cerca del inhibidor que le han arrojado. Parece que es costumbre para los omega llevar uno siempre encima. Éste es de los que distribuye la corporación de Golzine, lo sabe por el logo estampado en la caja.
Yue ha dicho muchas cosas que podrían ser mentira, pero sólo hay una que puede comprobar en ese instante, sólo tiene que inyectarse el inhibidor. Está nervioso, pero lo hace porque está seguro de que se equivoca y se convence de que, si se siente así al tomarlo y al sacarlo del envase, es únicamente por que se ha dejado llevar por el calor de la conversación. Además de la fiebre, no ha tenido ninguno de los síntomas que él sabe que padece un omega durante su celo; ni el elevado apetito sexual, ni la humedad en su recto, mucho menos la atracción hacia los alfa, así que todo debe ser una treta. Palabras absurdas de un hombre que no soporta perder. El aroma a flores de cerezo que percibe de Aslan no es nada, la felicidad y tranquilidad que le produce estar cerca de él tampoco.
Porque él no es un omega.
Eiji aferra con fuerza el inhibidor entre sus dedos y sin dudarlo más, lo clava en su antebrazo, rogando a todos los dioses que no haga efecto.
