Ash se recarga en su silla y con gesto indiferente, ve la sala vaciarse poco a poco. Sus manos se encuentran entrelazadas sobre la mesa y aunque su mirada no lo refleja, en realidad desea que todos se larguen y le dejen solo. Ha pasado tres horas encerrado con un montón de alfas idiotas que no han hecho más que asentir sumisamente a todo lo que salía de su boca, y maldecirlo mentalmente por la envidia que les causa su posición. De todas las personas, Ash era la última a la que todos querían ver a la cabeza, es el hijo adoptado —por no decir bastardo— de Golzine al fin y al cabo y todo ellos aún creen ser una mejor opción para liderar la corporación. Una tontería, ninguno es la mitad de inteligente o astuto, porque incluso entre alfas, hay niveles y él es la élite.

La envidia es palpable en literalmente cada maldita esquina del maldito edificio de más de cincuenta pisos. El ambiente es tan pesado que si no está encerrado en su oficina simplemente no está. Los alfa tienen los puestos importantes y humillan a los betas que se dejan pisotear por ellos. El ambiente laboral típico de una empresa gobernado por alfas. Los omega ni si quiera tienen un lugar allí, todo para lo que sirven es para desposar a tipos como él y darles cachorros de calidad. Todos aceptan el rol que la sociedad les ha asignado y él no es la excepción.

O lo no lo era.

La secretaria de Dawson es una de las últimas en salir. Le mira con ojos coquetos, él la ignora completamente, ella se rinde y se marcha. Es un ritual que han realizado por años. Una vez, sólo una maldita vez se le ocurrió que sería buena idea salir con una beta y ese fue el resultado. Creyó que, al no dejarse llevar por las feromonas, sería más fácil encontrar una relación sincera con uno de ellos. Un gran error, los beta son tan ambiciosos e interesados como los omega, aunque tal vez sea su culpa por tener una fortuna más interesante que su personalidad.

Es cuando se queda completamente a solas que Shorter finalmente abandona su puesto en la esquina de la sala de reuniones y se coloca a su lado, soltando un suspiro exagerado. Es obvio que está tan aliviado como él de no tener que lidiar más con esos tipos y Aslan lo entiende, debe ser el doble de difícil para su amigo siendo un beta y le agradece de todo corazón que día a día lo soporte permaneciendo a su lado, protegiéndolo.

—Les ha tomado un rato —se queja, sentándose flojamente en la silla a su lado, adoptando una pose mucho más relajada ahora que sólo están ellos dos—. Hacen demasiadas preguntas.

—Es lógico, están esperando a que cometa un mínimo error para persuadir a mi padre de que no soy digno de tomar su lugar.

Shorter sonríe ampliamente.

—Eso va a ser difícil. Sólo te he visto cometer un error en toda tu vida y joder que llevamos mucho tiempo conociéndonos.

—¿Cuánto tiempo vas a seguir con eso? Ser amigo de Eiji no es un error —le responde poniéndose de pie y juntando los papeles con las cifras de ese mes para ponerlos dentro de su maletín.

—Claro, por supuesto, amigos —le dice con claro sarcasmo en la voz que el rubio decide ignorar—. ¿Qué fue eso que le enviaste ayer? ¿Flores y una canasta de dulces?

Ash siente la cara arder, pero no cede.

—Está resfriado.

—La última vez que me resfrié sólo enviaste un sticker burlándote de mí.

—Siembras lo que cosechas, Shorter. Siembras lo que cosechas.

Ambos jóvenes salen de la habitación en dirección al elevador. Ash sabe que la conversación no ha muerto, pero su mejor amigo es lo suficientemente discreto como para no mencionar al japonés en un lugar donde el fuerte lazo con cualquiera significa una debilidad y está muy agradecido. Sin embargo, el silencio del chino no dura demasiado, tiene tan mala suerte que ni un alma ha abordado el elevador junto con ellos y sabiendo que tiene vía libre, Shorter vuelve al ataque como ya es costumbre, con cosas que no quiere escuchar porque sabe que son verdad.

—Hablo en serio, Ash. ¿Por cuánto tiempo piensas seguir con esto?

—¿Seguir con qué? —le responde haciendo el tonto. Esperando piso tras piso a que alguien suba, pero parece que no tiene tanta suerte.

—Tu obsesión por el beta.

Callenreese frunce el ceño, pero no dice nada. Sabe lo que Shorter está tramando y no piensa caer en sus provocaciones. Si ha decidido usar precisamente ese adjetivo no es porque esté menospreciando a los de su propio género, si fuera esa clase de basura no sería su amigo, lo ha hecho porque sabe que Ash necesita que se lo recuerde.

—Definitivamente no sé de lo que estás hablando.

El chino lo mira a través de sus lentes oscuros, pero él no le corresponde la mirada. La pantalla electrónica del elevador marca el piso número veintitrés. Aún queda un largo camino por recorrer hasta el Lobby.

Wong suspira.

—Bien, supongo que me equivoqué —dice de repente, en una inesperada tregua—y ya que mis suposiciones son incorrectas, el plan sigue en pie, ¿cierto? —Ash no responde—. ¿Cierto? —insiste.

El ascensor se detiene finalmente en el piso diecinueve donde un par de trabajadores suben ofreciendo sonrisas demasiado tensas como saludo, haciendo que el alfa y el beta tengan que colocarse de nueva cuenta la máscara de indiferencia y profesionalismo que suelen llevar frente al resto de la gente de la corporación. Ambos permanecen en silencio, simplemente aguardando en incómodo silencio la llegada de su destino. Es demasiado obvio que sus acompañantes no quieren estar allí con ellos y que lo soportan porque él es el jefe. Ash está tan acostumbrado que lo deja ser. Hay cosas que él no puede cambiar, como el desprecio que otros sienten por él simplemente por ser quien es.

El martirio termina cuando la pantalla electrónica finalmente marca el lobby. Ambos amigos descienden, Ash con el porte de alfa que ha perfeccionado con el paso de los años y Shorter a su espalda alerta como un halcón. Las chicas de la recepción le despiden con nerviosismo, casi como si pudiera devorarlas y él les corresponde con un simple movimiento de cabeza, un poco severo. Si fuera demasiado amigable nadie lo tomaría en serio, ¿verdad?

El portero del edificio se encarga de traer su automóvil y Ash aprovecha ese momento para extraer el móvil de sus pantalones. En un principio, piensa en llamar a Eiji, sin importarle la mirada de Shorter sobre su espalda. Ha pasado un tiempo desde que lo ha visto o escuchado su voz si quiera, y si no supiera lo delicado que ha estado de salud últimamente, casi pensaría que lo está evitando. Una vez con esto en mente, piensa que podría ser molesto recibir una llamada sin anticipación y finalmente se decide a enviarle un mensaje que espera no tarde mucho en responder.

«¿Qué tal va todo? ¿Recibiste la canasta? Espero que haya sido suficiente para levantarte el ánimo. Estoy un poco preocupado, ¿no ha durado este resfriado demasiado? Espero que hayas cumplido tu promesa y hayas visitado al médico. Por favor hazme saber cuándo te encuentres mucho mejor, iré a visitarte, si tú quieres».

Ash presiona el botón de «enviar» esperando haber usado las palabras adecuadas para expresar su preocupación. Sabe que Eiji es del tipo enfermizo, pero por alguna razón, no puede evitar sentir que hay algo diferente en esta ocasión. Durante su último encuentro, al volver de la farmacia, lo encontró durmiendo en el sofá y al despertar actuaba tan extraño que las películas y las palomitas le supieron agridulces. El ojinegro estaba perdido en sus pensamientos y el aroma a girasoles había desaparecido casi por completo, como el presagio de algo malo.

Aslan recibe las llaves de su auto y toma el asiento del conductor. Shorter se monta en el asiento del copiloto sin decir nada sobre el mensaje o la charla del elevador. Simplemente baja un poco la ventanilla del deportivo y enciende la radio, dejando que la música se encargue del silencio entre ellos, lo que es un alivio porque si antes estaba seguro de lo que debía hacer para obtener la victoria sobre Golzine, ahora no puede dar una respuesta a la última pregunta que su amigo ha formulado y parece que él lo sabe.

—Escucha —le dice de repente—. Eres mi mejor amigo y tu felicidad siempre será prioridad, así que comprendería si no quieres seguir con esto. Pero si no vas a hacerlo, entonces debemos detenernos ahora.

Ash se detiene frente a la luz roja del semáforo y aguarda en silencio. Sabe que Shorter tiene razón, que la resolución de hace un año se ha atenuado y que todo es culpa de Eiji. Sí él no hubiera llegado a su vida, no habría dudado ni un segundo en desposar a Yut-Lung con tal de hacerse con toda la fortuna de su padre, sin importar lo desagradable que le parece el tipo. Se da asco a si mismo por pensar de esa forma, pero la venganza era prioridad. Ahora, no está seguro de querer decepcionar al nipón, sabe que lo odiaría si supiera la clase de cosas que podría llegar a hacer por rencor y no soportaría su rechazo. Su amistad es demasiado importante para él, le ha hecho mejor persona.

¿Eiji le comprendería si le dijera la verdad?

Cómo si se tratara de una especie de señal, su teléfono suena y él lo extrae del pantalón, aprovechando que ha detenido el auto. El beta le ha respondido el mensaje:

«Lo lamento, no estoy con ánimos de un encuentro. Por favor, no te preocupes, estoy mucho mejor»

El alfa suspira pesadamente y se recarga en el respaldo de su asiento. El semáforo le parece infinito, pero tampoco es para menos, se encuentran en una de las avenidas más transitadas del centro y hay demasiada gente cruzando la calle. Siente la preocupada mirada de Shorter sobre él, pero de nuevo, se abstiene de decir cualquier cosa. ¿Cómo podría explicarle a su mejor amigo que un chico al que acaba de conocer hace poco más de siete meses le está haciendo dudar del plan que ha urdido por años y que, además, es probablemente porque siente por él algo muy diferente a una amistad?

Ash es incapaz de admitirlo en voz alta aún para sí mismo y sin embargo, lo sabe. Es un hombre brillante al fin y al cabo. De lo que no está seguro es de como comenzó todo. ¿Amor a primera vista durante su encuentro inicial? ¿Un leve crush por su actitud desafiante después de conocerlo? ¿Profundo cariño por su amistad? Todas estas suposiciones podrían ser correctas hasta donde sabe y es que el cariño que siente por el pelinegro no se compara con nada que haya sentido antes y estaba tan asustado al principio, pero ahora simplemente se siente aterrado. Aterrado de ser demasiado obvio y alejar a su amigo, sobre todo después de que escuchó su breve historia de amor no correspondido.

Sí Ash hubiera sido ese alfa, jamás lo hubiera dejado ir.

El semáforo cambia a verde y él acelera el vehículo suavemente. La canción que ha estado sonando hasta ese momento termina y da paso a la sección de noticias antes del corte comercial. La voz de la locutora es seria y firme a través de los parlantes mientras habla del nuevo cd de esa banda que está de moda y del discurso del presidente de esa mañana. Nada que sea de su interés, hasta que lo escucha.

Han encontrado sin vida a un omega en un callejón en downtown. El forense ha señalado marcas de golpes por todo su cuerpo y múltiples mordidas en su nuca, como si hubieran querido emparejarse con él de la forma más salvaje y dolorosa posible. No hay señal de que se haya resistido al ataque, lo que hace creer a las autoridades que probablemente estaba inconsistente o bajo efecto de alguna droga cuando todo ocurrió. No hay muchos detalles, pero es tan horrible que no es necesario escuchar más.

En shock, el ojiverde mira a su amigo quien se ha quitado los lentes de sol y le muestra un gesto de horror. No es necesario que alguien diga algo, ambos saben lo que está ocurriendo. Es el segundo ataque a un omega en lo que va del mes y ambos están completamente seguros de que tiene que ver con el único camión de supresores caducados que Blanca no ha podido localizar.

La culpa rápidamente se apodera de Ash al que le cuesta demasiado trabajo respirar. El imbécil de Arthur ha seguido haciendo de las suyas pese a sus advertencias y a sus amenazas directas. Sabe que mientras su padre tenga el control de la mitad de la compañía está a salvo y si no le ha delatado con él es simplemente porque no le conviene, Golzine se desharía de él y comerciaría en otro lado. Ambos tienen las manos atadas por Dino y las únicas víctima de esa guerra silenciosa son esas chicas y chicos que han muerto en manos de idiotas que creyeron placentero someterlos a base de drogas.

El supresor fabricado por sus farmacéuticos y químicos egresados de las mejores universidades es de la mejor calidad. En buen estado, no tienen efectos secundarios si se usan con moderación, es decir, una vez por celo. Es una marca accesible por lo que su prestigio es alto.

Sin embargo, caducado es una historia completamente diferente.

Después de un mes pasada la fecha de caducidad, se vuelve una bomba química que induce al omega que lo consume a un celo tan intenso que le será imposible recordar si quiera quién es. Eso, claro, durante los primeros diez minutos. Después de ese periodo de tiempo vendrán los efectos secundarios; el dolor de cabeza, los mareos, el vómito, el sudor y el dolor punzante de los órganos internos, tan insoportable que es casi seguro que el sujeto perderá la consciencia. Es aquí cuando las posibilidades se vuelven dos dependiendo del organismo del omega; o supera la intoxicación o muere.

—No puedo creer que hayan idiotas comprando esa mierda sólo para tener una oportunidad con un omega —dice Shorter con la voz temblando.

Ash sabe a lo que se refiere, los perpetradores de estos crímenes son betas en su mayoría o alfas con feromonas demasiado débiles como para atraer a un omega de forma natural. Seres repugnantes a los que no les importa jugar con las vidas de otros a cambio de su satisfacción.

El rubio se adentra en el estacionamiento subterráneo de su edificio y aparca donde siempre de manera automática, como un zombie. Aún se siente demasiado aturdido, en todo lo que puede pensar es en las palabras de la locutora hace ya unos minutos y la descripción de la escena del crimen. De alguna manera se siente como si fuera su responsabilidad. Es su producto el que está causando todas esas atrocidades y son sus hombres los que lo distribuyen irresponsablemente bajo las órdenes de su padre.

Es verdad que a él no le agradan los omegas, la mayoría de ellos siempre está buscando una posición cómoda seduciendo alfas con sus feromonas. Son tan interesados como los beta, pero el doble de descarados y sobre todo, son egoístas, pero eso no significa que él quiera verlos muertos a todos, mucho menos en la manera en que últimamente les han arrebatado la vida. Es simplemente inhumano.

El alfa y el beta descienden del auto en desconcertante silencio. Caminan hombro con hombro en dirección al ascensor sumidos cada uno en sus propios pensamientos, para después subir a él. Estar tan conscientes de lo que en realidad está ocurriendo les afecta demasiado, porque saben que, de tener la voluntad, podrían detenerlo. ¿No era ese el plan desde un principio?

El elevador se detiene en el pent-house. Ash piensa que tomar un par de tragos con su amigo será suficiente para quitarse temporalmente el mal sabor de boca y está a punto de proponérselo cuando las puertas de metal se abren lentamente, dejando ver en la entrada principal, al final del corredor, la silueta de un imprevisto visitante.

Shorter le da una rápida mirada a Yut-Lung Lee que al ver llegar al alfa, le dedica una enorme y resplandeciente sonrisa que se siente demasiado forzada. Casi de inmediato, los ojos de su amigo van del omega a él y le dice:

—No voy a juzgarte. Habla con él, dile que no puedes aceptar el compromiso —susurra y coloca una mano en su hombro, en señal de apoyo—. Señor Lee, buenas tardes —saluda al omega en voz más fuerte.

—Shorter —le responde simplemente como si su presencia le diera más bien lo mismo—. Ash, te estaba esperando —dice mientras el alfa se dirige hacia él, dejando atrás a su amigo quien seguramente está por marcharse—. Escucha, creo que encontré el juego de anillos perfecto, pero quiero saber qué opinas de ellos. No quiero que sientas que soy el único tomando decisiones —su voz energética y entusiasta.

Ash escucha a Shorter presionar el botón que llama al ascensor. Su corazón se siente pesado y un poco frágil. Mira a Yue quien sabe está jugando a ser el dulce y amable prometido, el omega perfecto; sumiso y obediente, luego gira la cabeza para mirar a su amigo de espaldas, con un cigarrillo apagado entre los dedos, clara muestra de su ansiedad. Sabe que no le juzgará si decide terminar con todo lo que han estado planeando desde que supieron que tenían una oportunidad de acabar con Golzine, pero también sabe que le será imposible seguir con su vida y fingir que la culpa no le carcome por saber que podría haber hecho algo para detenerlo y no lo hizo.

Así que, con todo el dolor de su corazón, toma una decisión. No puede permitir que más gente muera por la codicia de su padre y la maldad de terceros.

—Sabes que estaré encantado con cualquier cosa que te haga feliz —le dice, entrando a su juego de la pareja perfecta.

La mirada del omega le indica que ha entendido todo, que sabe que al igual que él, tiene sus propias razones para aceptar la mierda de compromiso que les han impuesto y luce tan satisfecho por ello. Parece que el único asqueado es él.

Y joder que no puede dejar de pensar en Eiji.

El ojiverde le dedica una última mirada a su mejor amigo que parece no creer lo que ha escuchado. Por un instante, luce como si quisiera disuadirlo, pero las puertas de metal del ascensor se cierran antes de que pueda decir nada, dejando en su lugar el silencio lúgubre de un hombre que está viendo a su hermano tomar la decisión más difícil de su vida.

Yue se cuelga de su brazo y juntos entran al apartamento. Ash piensa que lo mejor es dejar todo claro y preguntarle qué es lo que realmente quiere. Tal vez sus intereses sean convenientes para los suyos y no sea necesario jugar a los enamorados cuando se encuentren a solas. Él sabe que no lo quiere, al menos no en el sentido romántico, que si ha aceptado desposarse precisamente con él es por algo y quiere saber lo que es, porque de esa manera, está seguro de que Eiji podría comprenderlo.

Rápidamente, el alfa cae en cuanta de que su única preocupación y obstáculo en todo el asunto es el beta. Sabe que lo que siente por él es unilateral y que entre ellos jamás podría existir nada que no fuera la amistad que ya han forjado y aun así, acaba de descubrir que tenía esperanzas. Esperanzas que se marchitan lentamente al imaginar lo que sucederá en el momento en que decida contarle que se ha comprometido. Independientemente de sus razones, Ash defraudó su confianza y no se lo dijo aun cuando Eiji tuvo el valor de contarle su pequeña y triste historia de amor.

No ha sido un buen amigo. Todas sus acciones se han regido por los sentimientos ocultos que guarda por el japonés, esa innegable atracción que siente por él y por sus enormes ojos negros. Un amigo le habría contado sus planes desde el principio, sabiendo que no le delataría. Un amigo de verdad hubiera sido capaz de ser él mismo. Todo lo que hizo fue actuar convenientemente encantador y detallista, pero aunque le nacía de lo profundo del corazón, siempre supo que no era lo que un amigo debía hacer.

Tal vez era momento de hablar con él. No confesarse y meterlo en un aprieto, solamente ser sincero. Hablarle de su padre, del porque de su desprecio por los omegas, del asunto de los supresores... de que tal vez, sólo tal vez, se ha encariñado con él y que, por favor, por favor, por favor, no lo odie por haberle ocultado tantas cosas. Ash está dispuesto a hacer lo que sea con tal de poder seguir siendo su amigo, verle obtener toda la felicidad que él sabe que merece y que no puede darle por ser alfa, como el idiota que le rompió el corazón y le hizo crear aversión a los de su tipo.

Sí, eso es lo que haría un verdadero amigo.

—¿Entonces? ¿Te gustan? —dice la voz de Yut, trayéndolo fuera de sus pensamientos.

El omega se encuentra sentado en el sofá más grande y ha colocado en la mesita de café un montón de catálogos de joyería. Ha estado hablando sin parar sobre modelos, materiales y precios, pero para ser sincero, el rubio no ha escuchado una palabra y tampoco está interesado en los detalles. Esa boda va a llevarse a cabo por conveniencia y no por amor y no hay razón para dedicarle esfuerzo.

—No hay nadie más aquí —le dice y la sonrisa dulce del muchacho se desvanece lentamente, dejando ver su verdadera personalidad—. No tienes que seguir fingiendo que te agrado.

—Oh, bueno. Quería que esto fuera sencillo para los dos, pero supongo que tendremos que ir al grano.

—Al menos eres listo —le responde el alfa acercándose a él. Lee se pone de pie y le mira desafiante.

—Es la primera vez que nos reunimos sin la supervisión de nuestros padres, así que supongo que tienes muchas cosas por decir —Ash le sonríe burlón.

—No estoy ni mínimamente interesado en desposar a un omega como tú —confiesa y no le interesa sonar cruel —Yue le corresponde la sonrisa.

—Y sin embargo vas a hacerlo. ¿Qué es? Dime. ¿Ambición? ¿Una venganza personal?

—¿Por qué te lo diría? —le pregunta encontrando realmente cómico el asunto. Ambos están siendo tan sínicos.

—Soy tu prometido —dice y es obvio que se está burlando.

—¿Y tú? ¿Cuáles son tus razones? —Aslan intenta despistar.

—Dinero, poder, estatus. No sabes cómo voy a disfrutar la envidia de los otros omega por estar casado contigo.

—Me das asco —le responde.

—Será mejor que te acostumbres, cariño. Porque una vez que me marques no podrás deshacerte de mí.

El corazón del alfa se detiene recordando ese pequeño detalle. No, definitivamente no llegará tan lejos, pero el omega no tiene porqué saberlo.

—No puedo creer que seas capaz de llegar tan lejos por cosas tan banales —le dice en su lugar.

—Enlazarme contigo no me supone un problema —dice tranquilo, recogiendo los catálogos de la mesa—. Pero a ti sí, ¿cierto?

Ash entrecierra los ojos y le mira atento. No hay manera de que él lo sepa sobre Eiji, ¿verdad?

—Por supuesto —le concede—. Jamás esperé tener que pasar tanto tiempo con alguien tan desagradable.

—¿Es eso? ¿O tal vez es que esperabas poder quedarte con tu amigo el beta? Sabes tu padre jamás lo permitiría, ¿no? Un beta masculino jamás podría darte cachorros. De hecho, no podría hacer más que causarte vergüenza en sociedad.

—¿...Cómo? —intenta preguntar, sintiendo el pánico invadirle por completo. Por meses ha estado ocultando de su padre la existencia de Eiji y si el llegase a saberlo, no tiene idea de lo que podría hacerle.

—La red de información china es muy poderosa.

—No quiero que te acerques a él —dice claramente amenazante, perdiendo los estribos—. Quiero a Eiji fuera de esto

—Para ser una relación alfa-beta eres muy posesivo —señala—. Tranquilo, el muchacho está a salvo. No hablaré sobre él con nadie.

Yut se pone de pie y camina hasta estar frente a él. Sus ojos brillan con determinación y astutos le observan, como retándole a preguntar «por qué», así que lo hace.

—¿A cambio de qué?

Yue le sonríe amplia y dulcemente.

—A cambio de que seas mío. Mío y de nadie más.