Son las dos de la tarde con cinco minutos. La luz de día se filtra por el enorme ventanal de la oficina y aunque en apariencia el exterior está siendo tan ruidoso como siempre, dentro no se escucha más que el sonido del computador encendido y trabajando, además de algunos clics repentinos. El ambiente es un poco deprimente, todas las oficinas cercanas se encuentran vacías, él es único que se ha negado a tomar el almuerzo fuera, sin ánimos de salir o socializar.

Eiji se recarga en su silla con gesto cansado. Siente los ojos irritados y no sabe si es porque lleva demasiado tiempo editando esas fotografías o porque no ha podido descansar lo suficiente anoche, o la noche anterior, o la anterior a esa. Frota su rostro con sus manos, en un intento por despejarse, pero tiene que admitir que no está en absoluto concentrado y ni si quiera trabajando durante su hora de comida logrará ponerse al corriente.

Aún así, no tiene nada mejor que hacer, así que continúa.

Coloca su temblorosa mano de nuevo sobre el mouse y aprieta los ojos con fuerza antes de volver a posar la mirada en la pantalla. Puede sentir las lentillas en sus globos oculares, le lastiman un poco, pero no hay manera de que se las quite sin perder la visibilidad y no lleva consigo los lentes de armazón así que lo descarta.

Con mucho cuidado, el muchacho se encarga de modificar los niveles de brillo y saturación para lograr un mejor ambiente en la fotografía. Hace más pequeñas las sombras y usa partes de otras fotos de la misma sesión para lograr que la que está editando luzca perfecta. No entiende como algo que antes le apasionaba tanto hacer ahora le tiene con los nervios de punta, pero supone que tiene que ver con la rutina. Está a punto de cumplir su primer aniversario en la editorial así que ya se ha acostumbrado al ritmo y esas cosas.

Sí, eso debe ser.

El sonido de alguien tocando la puerta de su oficina repentinamente llama su atención fuera de la burbuja laboral. Suaves golpecitos sobre la madera. Eiji dirige su mirada hasta la entrada, extrañado porque no espera a nadie. Duda que alguno de sus compañeros haya sacrificado su hora de comida para hablar de trabajo y desde que supo que su mejor amigo ya no puede serlo, tampoco es que comparta regularmente el almuerzo con alguien. Sin embargo, tampoco se siente sorprendido cuando distingue la silueta de Sing a través de la puerta de cristal. No es la primera vez que llega de imprevisto a su trabajo, pero sí es la primera vez que luce tan serio.

El japonés lo mira por un par de segundos hasta que reacciona y le invita a pasar con un apenas audible «adelante». El menor se adentra en su oficina abriendo la puerta con cautela y cerrándola a su espalda. Viste casualmente, por lo que es obvio que no ha ido a trabajar y demás, lleva consigo una bolsa de papel que huele extraordinario, probablemente hamburguesas.

El fotógrafo le invita a tomar asiento frente a su escritorio con un gesto tranquilo y una sonrisa que espera no refleje su fatiga emocional. Espera que, si finge lo suficientemente bien, el alfa no toque temas que no quiere tocar y la charla fluya tranquilamente en la banalidad como las últimas que han tenido. Si lo logró o no, el chino no lo menciona y él, en un intento por que las cosas no se tornen incómodas, es el primero en hablar.

—No esperaba verte aquí hoy.

―En la mañana dijiste que no habías tenido tiempo de prepararte el almuerzo, así que pensé en comprar algo y traértelo. ¿No debí hacerlo? —pregunta dudoso.

Sing deja la bolsa de papel sobre su escritorio y el japonés la mira por un par de segundos, mientras el aroma que antes le pareció exquisito ahora le revuelve el estómago. No está seguro de poder comer algo. Su apetito es tan nulo como sus ganas de trabajar, dormir o hacer cualquier cosa y si embargo, se fuerza a sí mismo a inspeccionar el interior que contiene una hamburguesa de pollo y ensalada.

—No, para nada, pero... ¿no tenías que trabajar hoy? —inquiere.

—Es mi día libre —le responde, pero por la forma en la que ha evitado mirarle a los ojos al responder, es demasiado obvio que está mintiendo. Eiji sabe que su día libre es el jueves y que si está allí es por mera preocupación.

—¿Es así? —le pregunta entrando en modo hermano mayor, dedicándole una mirada inquisitiva que hace que Sing, con las mejillas encendidas, confiese casi de inmediato.

—No —suspira y luce como un niño que no quiere ser castigado—. En realidad, vine aquí porque quiero hablar contigo.

El omega se tensa y sonríe lo mejor que puede. Aquello es lo último que quería escuchar, pero a comparación de otras ocasiones, el menor está siendo directo y él no tiene más remedio que serlo también, así que responde:

—Sí es sobre el asunto de Ash, no tienes nada de qué preocuparte —dice y su corazón se siente pesado, pero lo sobrelleva bastante bien—. Estoy muy feliz por él.

—¿De verdad? —le pregunta con claro escepticismo que le hace sentir nervioso.

—No siempre tienes la oportunidad de desposar a tu persona destinada, ¿verdad? —responde con simpleza, su voz apagándose hacia la última palabra y quebrándose.

—¿Cuánto tiempo más vas a seguir con lo mismo? —le pregunta con clara frustración en sus palabras. Cómo si no soportara un segundo más de ese juego que Eiji ha comenzado hace días.

—No sé de qué estás hablando —le responde y le sostiene la mirada sin saber lo que está tratando de demostrar, pero intentándolo con todas sus fuerzas, porque si no lo hiciera, entonces el único dañado sería él.

El alfa le mira con ojos agudos y el nipón no tiene idea de si está enojado, triste o frustrado. Tal vez simplemente se ha cansado de tener que velar por él porque, aunque nunca lo haya dicho en voz alta, el fotógrafo sabe que lo ha estado haciendo. Sing se salta el trabajo para verlo a la hora de su almuerzo al menos tres veces a la semana. Por las tardes lo escolta a casa y los fines de semana siempre se encuentra casualmente por la zona y decide visitarlo en su apartamento. Eiji sabe que es porque no quiere dejarlo solo, que esta preocupado, pero ésta es la primera vez que tocan el tema tan abiertamente, lo que le hace pensar que sí, tal vez ya ha llegado a su límite.

—¿De verdad me vas a hacer decirlo? —le pregunta con seriedad y Eiji siente un hueco en el pecho, allí donde debería estar su corazón. No dice nada, así que el alfa continua—. ¿Por qué te es tan difícil admitir que todo esto realmente te está afectando?

Eiji le sonríe tenso.

—¿Y qué ganaría con eso? —le pregunta y es obvio que está perdiendo los estribos—. ¿Qué cambiaría si lo hiciera?

—Yo podría hacer algo por ti —le responde igual de frustrado—. Podría hacer más que sólo hacerte compañía en silencio, traerte el almuerzo y fingir que nada está pasando. Fingir que no notamos lo delgado que te ves o lo cansado que estás. Podríamos hablar con Ash. Podríamos hacer algo.

—Es que no lo has entendido, Sing. No quiero hacer nada —le responde y está siendo tan sincero que duele. Él realmente no quiere.

—¿Por qué? —le pregunta como un niño obstinado—. Ash te ha estado llamando, ¿no es así? Es obvio que él tampoco está conforme con esta situación. Sí respondieras sus llamadas tal vez...

—No es tan fácil como crees —le responde y con cansancio vuelve a recargarse en su silla. Está intentando ser el adulto sensato y responsable de la sala, pero el alfa realmente se lo está poniendo difícil—. Jamás me perdonaría si por mí culpa Ash perdiera la oportunidad de ser feliz. Incluso yo sé que encontrarte con tu persona destinada es prácticamente un milagro y él lo logró. ¿Cómo podría destruir eso?

Sing le mira con ojos tristes, parece que la ha dejado sin palabras y de alguna manera, también parece que ha comprendido su postura. Ha sido realmente difícil para Eiji decir todo eso sin derramar una sola lágrima, aunque las ganas están allí. Por supuesto que está herido, por supuesto que se siente dañado. Es la segunda vez en su vida que pierde contra la dinámica alfa/omega, la segunda vez que pierde a alguien que ama por un omega. La diferencia es que, en esta ocasión, el pelinegro realmente había esperado poder conservar la amistad del rubio. Eiji incluso había estado dispuesto a callar su descontento con Yut-Lung y su horrible personalidad si eso significaba que podía estar con el alfa mucho tiempo más, pero ahora ¿qué importaba si Ash tampoco estaba a gusto con la decisión? Eso no significaba que fuera a retractarse de tomarla. El valor que podría tener Eiji en su vida no se compara ni mínimamente con el de su destinado y él lo sabe.

―Lo lamento ―le dice entonces y luce genuinamente arrepentido de haberlo forzado a hablar del tema―. Creí que estabas siendo testarudo y jamás pensé que... ―suspira―. Estúpido Yut.

―Vamos, no puedes culparlo por ser tan precavido. Ash es su alfa al fin y al cabo ―le dice intentando ser razonable, pero la verdad es que incluso a él le parece excesiva su decisión de no casarse si Ash no rompe todo lazo con él.

Ambos se quedan en silencio por un momento, hasta que Sing vuelve a hablar.

―¿De verdad crees que lo sean? ―le pregunta―. Destinados, quiero decir. Conozco a Ash prácticamente desde siempre y nunca lo vi tratar a Yue de forma especial ―especula―. Yo... no sé muy bien sobre eso ―le dice con las mejillas un poco enrojecidas―, pero ¿no es normal tratar a tu omega destinado como la cosa más frágil del universo? Ellos no lucían de esa forma hasta hace poco...

―Tal vez Ash no podía rendirse al hecho de que estaba destinado a un omega. A él... a él no le agradaban, pero ahora seguro que está trabajando duro para compensarlo —justifica, porque no hay manera de que Aslan fuera a desposar a alguien como Yut si fuese por otra razón.

―No lo sé, Eiji. A mí aún me parece un poco extraño. Lo comprenderías si lo vieras. No es como si se anhelaran, es más como si cuidaran las apariencias.

Eiji suspira.

―Escucha, Sing. Sé que estás preocupado por todo esto, pero realmente no creo que Yut haya llegado tan lejos como para mentir en algo así. No mentía cuando dijo que yo era un omega y tampoco cuando dijo que se casaría con Ash. ¿Sí ya estaban comprometidos para qué mentir?

―No lo sé. Siento que nos estamos perdiendo de algo... Tal vez Shorter lo sepa. Cada que Ash y Yut se reúnen hace una expresión muy extraña. Aunque dudo que con sólo preguntar me diga algo...

―¿Por qué te preocupa tanto? ―le pregunta el japonés un poco cansado.

―Porque ustedes son mis amigos ―le responde simple y llanamente, haciendo que el corazón del omega se sienta tranquilo por primera vez en días.

Realmente no se equivocó en confiar en Sing para apoyarse en esa situación. Es un poco ingenuo, pero honesto y a veces, maduro.

―Nosotros vamos a estar bien, de verdad ―le dice―. Te lo prometo. Lamento haberte preocupado.

Sing toma su mano por sobre el escritorio y le sonríe.

―¿Comerás adecuadamente? ―le pregunta y Eiji siente―. ¿Dormirás lo suficiente? ―Eiji sonríe avergonzado porque lo están tratando como a un niño, pero aun así afirma con la cabeza―. ¿Responderás las llamadas de Ash?

El omega lo mira y suspira por milésima ocasión. No tiene idea de que responder a eso. Ha aprendido de su experiencia previa que lo mejor siempre es darse por vencido sin perder la dignidad. No quiere tener que escuchar a Aslan decirle una vez más que no pueden seguir siendo amigos, que no pueden seguir juntos y que lo siente. Porque incluso con la primera vez, su corazón dolió tanto que por un momento realmente creyó que se había roto de forma literal. Eso y que en realidad no había tenido el valor de decirle que era un omega.

Eiji aún se pregunta por qué no tuvo el valor de confesar incluso cuando Ash le preguntó abiertamente que era eso que tenía que decirle. Piensa que fue a causa de la conmoción, lo último que deseaba en ese momento era quedarse más tiempo cerca del alfa y aunque en algún punto realmente consideró decírselo, la verdad es que ya no tiene sentido. Ya no pasarán tiempo juntos y lo que pase con Eiji de ahora en adelante será únicamente su problema, ¿verdad?

―No lo sé ―le responde y está siendo sincero―. Si Ash ya ha tomado la decisión de desposar a Yut y él sólo se casará si me quito de en medio, entonces creo que no hay nada que podamos decirnos. Sería malo si Aslan se mete en problemas por intentar contactarse conmigo.

―Te preocupas mucho por él a pesar de las circunstancias.

―¿Qué clase de amigo sería si no lo hiciera?

Sing le sonríe y se pone de pie.

―Entonces supongo es hora de irme. Come un poco o voy a seguir viniendo cada tarde.

―Que tu jefe sea tu amigo no te da derecho de faltar cuando quieras―le responde y lentamente el ambiente se vuelve más causal y tranquilo.

―En realidad, he renunciado el día de hoy a la agencia de seguridad de los Wong.

―¿Qué por qué? ―le pregunta con seriedad―. Sí es por mí, sabes que no...

―En realidad ―le interrumpe―. ¿Recuerdas que aplicaría para la universidad? Pues fui aceptado en la universidad de Columbia. Voy a estudiar finanzas.

―¿Por qué no me lo dijiste antes? Tenemos que celebrarlo ―le responde entrando en modo hermano mayor de nuevo.

―No sabía si tendrías ánimos...

Eiji lo piensa por un par de segundos. Es verdad que no siente muchas ganas, pero Sing también es su amigo y lo ha apoyado y llevarlo a comer o a divertirse a algún lugar es lo mínimo que puede hacer, ¿cierto?

―Si eres tú voy a estar bien ―le responde y el muchacho le dedica una resplandeciente sonrisa de mejillas enrojecidas.

―De acuerdo, dime cuando será tú próximo día libre...

―Claro ―le responde y le ve abrir la puerta de la oficina mientras él se acomoda en su silla, dispuesto a comer un poquito antes de volver al trabajo.

―¿Eiji? ―llama su atención desde el marco de la puerta y el omega le mira aguardando por lo que tiene que decir―. ¿Puedo venir mañana?

―¿No deberías pasar más tiempo con chicos de tu edad? —le pregunta—. No quiero decir con eso que no puedas, pero...

―Me gusta estar contigo —le interrumpe—. Realmente me gusta.

Eiji le mira por un instante y luego le sonríe.

―Por supuesto, me gusta cuando me haces compañía.

Sing se despide con una sonrisa avergonzada y desaparece por el corredor hasta el ascensor. Eiji extrae la hamburguesa y le da una pequeña mordida, pero dado que su estómago no parece muy dispuesto a cooperar, se lo toma con calma. Ahora se siente más tranquilo, pero el apetito no ha regresado y no quiere tener que vomitar, así que se limpia los dedos en la servilleta y vuelve a la fotografía que ha estado editando por horas, para avanzar lo más posible antes de que termine su turno.

No ha estado mucho tiempo en eso cuando su teléfono móvil suena de repente y su corazón se detiene, trayendo de vuelta a la ansiedad. Está asustado de que se trate de Ash quien en cada ocasión ha aprovechado para marcar cuando sabe que tiene tiempo libre, pero al mirar la pantalla, se percata de que en realidad se trata de la editora del Faces y el aire vuelve a sus pulmones, aunque sus manos aún tiemblan un poco mientras aliviado, se rasca el cuello por debajo del collar.

―¿Sí? ―responde y su voz suena tan débil por el susto que se siente patético, así que rectifica su saludo con mayor seguridad―. ¿Bueno?

Hola, Eiji. Escucha, tengo las mejores noticias ―le dice y su animada voz lo confirma―. Esto definitivamente nos va a llevar a la cima.

Eiji sonríe con nerviosismo, no entiende que pasa, pero debe ser algo realmente bueno y eso de alguna manera le pone de mejor humor. Unas cuantas buenas noticias en medio del desastre podrían ser de ayuda.

―¿Obtuvimos la entrevista con Styles? ―intenta adivinar.

Mucho mejor ―la mujer parece a punto de explotar de la emoción―. ¡Tenemos la exclusiva de la boda de Callenreese y Lee! Vamos a cubrir TODO, desde la noticia hasta el evento y por supuesto, tú vas a ser el fotógrafo a cargo. En un par de semanas agendaremos una sesión para el artículo de la gran noticia. ¿Tienes idea de la cantidad de ediciones que venderemos? ¿El prestigio que obtendremos? Siento que voy a desmayarme... ¿Eiji? ¿Me estás escuchando.

El pelinegro se aferra a su escritorio y aprieta los ojos con fuerza. Se ha quedado sin palabras y sin aire. No esperaba tener que encarar a la pareja tan pronto y no está seguro de poder hacerlo. No sabe si podrá enfrentar el echo de tener a Aslan ignorándolo como si no se conocieran de nada mientras sus bonitos ojos verdes miran en dirección a su prometido. La sola imagen mental le causa náuseas y no entiende porque sí ha decidido que, si su amigo es feliz, él también lo será, se siente peor que cuando Haru le dejó.

Escasi como si tuviera sentimientos románticos por Ash.

Es absurdo, por supuesto. Porque ellos sólo eran amigos que se entendían muy bien y nada más. Lo que Eiji siente en la boca del estómago es la reacción natural de un evento triste reciente que necesita más tiempo para asimilar. Una reacción completamente normal a la separación repentina de una persona a la que quieres demasiado y con la que esperabas pasar buenos momentos durante muchos años más.

El omega derrama una solitaria lágrima que seca rápidamente de su mejilla. Definitivamente no puede tomar ese trabajo.