El paisaje urbano se pinta a través de la ventanilla del auto. Ash lo observa sin mucho detenimiento, simplemente posando sus ojos en las cosas que le llaman la atención repentinamente, como el bebé que llora en el asiento trasero del coche que se ha detenido junto a ellos en el semáforo. La madre va al volante con semblante cansado y parece muy dispuesta a ignorar a su hijo el mayor tiempo posible, haciendo que Aslan, con mucho desagrado, se pregunte cómo es que una madre puede ser capaz de ignorar el llanto de su propio hijo de esa forma. Él jamás dejaría que alguno de sus cachorros sufriera de esa manera. Él jamás les abandonaría, bajo ninguna circunstancia.
El semáforo se pone en verde una vez más y Shorter arranca el automóvil. No ha dicho ni una palabra desde que ambos abordaron el vehículo, pero Aslan sabe, por la expresión que está haciendo, que no está muy contento. Han pasado más de tres meses desde que ha decidido seguir con el plan de desposar a Yut para obtener todas las propiedades de su padre, y su amigo parece no haberlo superado, aún cuando fue él el que insistió en que debía pensar en todo el esfuerzo que había invertido hasta el momento para desenmascarar a Golzine ante la justicia. Esfuerzo que estuvo a punto de echar a la basura por Eiji Okumura, su amigo beta del que se enamoró sin darse cuenta y con el que no ha intercambiado ni una palabra en semanas.
Eiji ha estado evitándolo y está siendo tan dolorosamente obvio que apenas ha juntado el valor para llamarle al móvil, sin recibir una respuesta. Tampoco es que pueda culparlo, su último encuentro en Luna Park fue, sinceramente, desagradable. El final al menos. Él dijo cosas horribles e hirientes que el beta malinterpretó sin que él tuviera la oportunidad de aclararlas. Por supuesto que el fotógrafo lo está evitando, él también se sentiría herido si hubiera estado en su lugar y le hubiera dado a entender que no podían seguir siendo amigos porque su prometida no se lo permitía. De hecho, Ash hubiera estado más que herido, probablemente hubiera causado toda una tormenta de ello, pero como Eiji es Eiji, todo lo que hizo fue alejarse.
Ahora, lo muy poco que sabe de él es porque Sing, quien aparentemente ahora es su nuevo mejor amigo, se lo dice. Aunque tampoco es que esa información le dé una pista sobre la situación. El menor insiste en que deben hablar y poco más. Es como si el chico se estuviera guardado a propósito algo importante y no tiene caso mentir, se siente celoso por ello. Él solía ser el único alfa en quien Eiji confiaba, él único con el que soportaba salir si quiera y aunque sabe que no tiene el derecho de sentirse indignado, su vena alfa posesiva no quiere compartir al japonés con nadie. Ni si quiera uno de sus amigos.
Jamás creyó que podría comportarse así por un beta.
Aunque en realidad, no es cualquier beta. Eiji es todo lo que Ash ha buscado en un amigo, pero también en una pareja romántica. Es amable, comprensivo, cariñoso, considerado, divertido, sincero, justo y valiente. Se preocupa por él honestamente y considera todos sus sentimientos. Nunca agachó la cabeza frente a él por ser un alfa y siempre encaró a los idiotas como Yut con una sonrisa sarcástica, como una especie de conejo salvaje; lindo, pero implacable.
Eiji, con los ojos de océano al anochecer que le desnudaban hasta el alma, con la sonrisa de perlas que le desarmaba por completo. El chico del que se enamoró pura y sinceramente por primera vez en su vida y con el que no podrá estar hasta que haya arreglado toda la mierda que él mismo causó.
El auto se detiene de repente y Aslan parpadea confundido. Ha estado perdido tanto tiempo en sus pensamientos sobre el nipón que han llegado a su destino sin que él se diera cuenta, causando que la nostalgia sea reemplazada por el mal humor una vez más, mientras distingue la silueta de Yue vistiendo tan extravagantemente como siempre, a los pies de la escalinata que da a la entrada principal de la lujosa mansión de su familia.
De sólo saber que está cerca de él le dan nauseas.
Un hombre enfundado en un traje negro y lentes oscuros abre la puerta trasera y Lee sube al auto con ese aire refinado que siempre está rodeándolo. No dice nada, simplemente se acomoda en el asiento trasero junto al alfa y aguarda a que su chico de seguridad cierre la puerta nuevamente. Cuando lo hace, se pega al rubio con claras intenciones de hostigarlo y con una sonrisa más bien fingida se recarga en su pecho como si fuera así de natural para ellos estar tan cerca. Lo que por supuesto no es así.
―Te extrañe tanto ―le dice alargando la «a» de la última palabra y usando una voz especialmente chillona. Ash puede sentir su esencia demasiado dulce a través de sus fosas nasales y es tan desagradable que todo lo que puede atinar a hacer es apartarlo.
―No hagas eso ―le dice con repulsión en la voz.
Shorter arranca el motor y conduce lejos de la propiedad de los Lee aún sin decir nada, pero dirigiendo una fea mirada al omega por el retrovisor.
―Oh, ahora sí te da asco. Anoche te aferrabas a mí como un bebé ―le responde volviendo a su lugar y mirándose las uñas. No parece que su ego haya sido afectado en absoluto por la acción del rubio.
―Anoche había demasiada gente viéndonos y por si no lo recuerdas no estoy haciendo esto por gusto y tú tampoco.
―¿Estás tratando de decir que nuestro compromiso es una farsa? ―pregunta con falsa indignación y fingidos ojos tristes. Ash suspira―. ¿Sabes? Sí vamos a hacer esto al menos podrías poner más de tu parte ―le reclama.
―¿Hacer qué Yut? ―le pregunta con fastidio. No es la primera vez que tienen esa charla.
Sabe que a Yut-Lung le conviene jugar el juego de la buena esposa porque casarse con él y no divorciarse meses después le garantiza una vida plena, llena de lujos y reconocimiento social. A él no le importa que no haya amor de por medio, está dispuesto a jugársela a cambio de bienes materiales, aún si eso significa estar atrapado en un matrimonio de mentiras y rodeado de falsa felicidad. Es repugnante, pero Ash menos que nadie tiene el derecho de criticarle. Él también ha accedido a casarse y no precisamente por amor.
―¿Ser un buen esposo? ―le responde―. No te mataría ser un poco más cariñoso. A éste paso no podremos tener un cachorro en siglos y tú padre no va a estar muy contento.
―Deja que te diga algo ―se apresura aclararle―. No tengo intenciones de tener hijos contigo. Ni si quiera de que nuestro matrimonio dure demasiado, así que puedes dejar de fingir que te agrado porque sé que no es así.
El omega le observa con sus ojos negros tan parecidos a los de Eiji pero a la vez tan diferentes. Su mirada dulce se desvanece y en su lugar queda la afilada mirada de una serpiente a punto de saltar y morder. No parece que Lee esté enojado por lo que Aslan acaba de decir, es más bien que se ha quitado la máscara. Ha decidido dejar de pretender que son la pareja perfecta a punto de contraer matrimonio.
―Así van a ser las cosas, ¿he? ―pregunta con voz fría antes de cruzar las piernas y mirarlo arrogante―. Estaba intentando que nuestro tiempo juntos no fuera una mierda, pero eres imposible. ¿No quieres que nos llevemos bien? De acuerdo. Entonces que los siguientes meses juntos sean un infierno ―concluye―. Adelante, puedes llorar todo lo que quieras porque vas a tener que atarte a mí y no al idiota del beta ese.
El pulso del alfa se acelera, salvaje. La sangre que corre por sus venas hirviendo en una furia que Ash está aprendiendo a conocer. No hay lugar para la cordura, el rubio se deja dominar por sus instintos y se abalanza sobre el omega, estrellando su cuerpo violentamente contra el respaldo del auto, apoyando su antebrazo en su cuello y cortándole la respiración. Sin embargo, no parece que Yue esté asustado. Una sonrisa venenosa aún decora su rostro y de hecho, luce bastante satisfecho.
Aslan se da cuenta de que es la primera vez que se deja llevar de esa manera por sus emociones. En muchas ocasiones, principalmente frente ha su padre, ha estado a punto de perder los estribos, pero esta es la primera vez que sin pensarlo, saca los colmillos y gruñe, como si fuera un animal. La primera vez que se siente tan colérico.
—No te atreves a insultarlo —le amenaza con voz baja y profunda—. No te atreves si quiera a pronunciar su nombre.
La sonrisa de Lee se desvanece y con sus delicadas manos lo empuja, enterrando sus uñas en el proceso.
—Estás lastimándome idiota —Ash se aparta bruscamente y se acomoda en su lugar sin decir una palabra, dándole a Yue la oportunidad de volver a la carga—. Hacerte el héroe ahora no te va a devolver a tu amiguito. No seas patético, Ash. Muestra algo de dignidad.
El alfa gruñe audiblemente y está dispuesto a cerrarle la boca de una maldita vez, pero la voz de Shorter le interrumpe. Tan oportuno como siempre.
—Ya casi hemos llegado —anuncia y Ash sabe que lo ha hecho únicamente para evitar un problema mucho más grande.
Sería peligroso, si por ejemplo, Aslan decidiera simplemente golpear al omega idiota. La ley no dudaría en encerrarlo en prisión por al menos cinco años y un encarcelamiento es lo último que necesita en su ya miserable vida… Aunque pensándolo un poco mejor, la verdad es que sería una buena forma de evitar sus responsabilidades y las consecuencias de sus actos. Es sólo un decir, él no es esa clase de hombre. Él al contrario de su padre, es honorable.
El silencio se instala en el vehículo después de eso. El alfa y el omega evitándose como la peste, cada uno en su esquina del auto y mirando por la ventanilla. Ambos tienen tantos comentarios desagradables por dedicarse, pero los guardan porque ambos son inteligentes y saben que no es el momento. Si Yut ha mencionado a Eiji antes fue probablemente porque estaba tratando de probar al rubio, de probar sus sentimientos y lo lejos que podían llegar y Ash cayó completamente de cabeza en su pequeño experimento. Sin embargo, sería la primera y la última vez que le daría el gusto. De ahora en adelante él llevaría las riendas de ese jodido y retorcido juego.
Shorter aparca el coche justo al frente de la Editorial GR justo al medio día. Baja del auto y con el profesionalismo de un hombre que ha estado haciendo el trabajo por años, mira alrededor antes de dejar que tanto él como Yue bajen del auto, abriendo la puerta para ellos.
Para ese momento el omega ya se ha colocado la máscara que ha fabricado por si mismo para esa situación. Su rostro luce suave y gentil en un punto en el que incluso Ash duda por un par de segundos si esa será su verdadera cara. No lo es, por supuesto, pero es bastante convincente así que él no debe quedarse atrás. Hace lo que ha estado haciendo las últimas semanas y finge ser un hombre que no es. Aún siente asco de sí mismo cuando enreda su brazo alrededor de la cintura del omega, pero sólo es cuestión de plasmar en su mente el encabezado de los periódicos de esa mañana para recordarse que si no lo hace, más gente asesinada va a aparecer todos los días y le da fuerza, pero hay algo más. Gran parte de la valentía que siente en ese instante se debe a la seguridad de saber que la única persona que no quiere que lo vea en esa situación no está cerca. Eiji ha cogido un par de días libres por un resfriado y milagrosamente no ha podido dirigir la estúpida sesión fotográfica que su "prometido" ha insistido en tener para anunciar su compromiso. Uno más de sus planes para joderle más la vida, supone. Uno que no le ha salido muy bien.
La pareja se adentra en la editorial y suben el ascensor hasta el ya conocido estudio fotográfico en el piso número dieciocho donde ya todo está prácticamente listo. La fotógrafa a cargo les recibe con amabilidad profesional que ellos corresponden. Ash la conoce de vista, es una de las amistades laborales recurrentes de Eiji, pero además de eso, no la conoce de nada, aunque parece bastante experimentada.
Es curioso, pero si el alfa tuviera que describir la forma en la que se siente sería «solitario». Sabía de antemano que el japonés no estaría presente en la sesión y aún así se siente decepcionado, un poco abandonado. Le extraña tanto que casi podría jurar que el set huele a su shampoo, ese que tanto le gusta. Tal vez en el fondo ha estado esperando encontrarse con él aunque esas no fueran las mejores circunstancias para hacerlo. Sabe que Yut no le hubiera dejado acercarse a él ni un jodido metro, pero verlo, sólo verlo hubiera sido suficiente para hacerle sentir más tranquilo.
La sesión empieza y termina sin mayores problemas. La mitad del staff ha actuado como si no fuera la gran cosa tenerlos allí aunque sus expresiones dijeran los contrario. Se sometieron a vestuario y maquillaje al menos cinco veces y tal vez, si Aslan hubiera podido hacer todo eso con una persona con la que realmente hubiera querido casarse, hubiera sido divertido.
Al finalizar, el alfa se dirige a los vestidores mientras Yut se queda en el set charlando con la editora sobre la nota de su matrimonio. A él no le interesa en absoluto, por lo que aprovecha la oportunidad y se escapa para obtener de vuelta la ropa con la que ha llegado. Todo lo que quiere es acabar y volver a casa, piensa que se volverá loco si tiene que pasar un jodido minuto más en presencia del omega.
Ash termina de cambiarse y se dirige a la salida mientras ajusta su corbata, dispuesto a mentir descaradamente a su "prometido" y decirle que ha recibido una llamada de emergencia y que tiene que estar de vuelta en la compañía de inmediato. Sin embargo, al posarse justo frente a la puerta, se percata de un olor conocido que llama su atención y le hace detenerse.
Con un olfato de alfa como el suyo no le es difícil encontrar el origen de tan familiar aroma. Proviene de lo que parece una prenda colgada en el respaldo de una silla. Ash la reconoce casi de inmediato como el suéter azul con rayas blancas y rojas de Eiji, su favorito. Huele como si le hubiera tirado encima toda la botella de shampoo con aroma a girasol, pero él no se queja, es realmente reconfortante olerlo una vez más después de tanto tiempo.
Ash casi se lo lleva a casa, pero a sabiendas de sería realmente extraño hacerlo, lo dobla con mucho cuidado y lo deja de nuevo en el respaldo esperando que pueda ser visto fácilmente si lo hace.
—Pero Eiji… —dice una voz desconocida desde el corredor tomándolo por sorpresa. Ash salta un poco en su lugar y aparta la mirada del suéter como si sintiera culpa de haberlo olfateado sólo un poco minutos antes. Escuchar ese nombre le ha alterado los nervios más de lo que esperaba y no deja de pensar si el japonés está allí, del otro lado—. No, no —vuelve a decir la voz y el corazón del alfa se tranquiliza cuando se da cuenta de que probablemente está en medio de una llamada con su amigo—. Sí, te digo que sí. Todo está en orden, pero ¿de verdad estás bien? —le pregunta y eso es suficiente para que el rubio se pegue a la puerta para escuchar mejor, aunque el chico al otro lado no está siendo especialmente discreto. ¿Tan mal estaba su resfriado esta vez? —Escucha, la sesión ha terminado, puedo ir de inmediato si necesitas ayuda. Perdona que te lo diga, pero no suenas nada bien —una pausa—. Tomaste el… Ya… ¿seguro? Sé que preferirías que Sing te acompañara, pero sabes que él no… Ajá. Ya, lo entiendo. De acuerdo. Pero asegúrate de marcarme después de eso, ¿sí? Todos aquí nos preocupamos por ti. Sí, bien. Hablaré con Max así que sólo descansa, ¿bien? Nos veremos en un par de días. Okey… Adiós.
El chico al otro lado de la puerta suspira de una manera que hace que el alfa sospeche que no todo está bien. Detesta tener que escuchar a escondidas, pero no ha podido evitarlo al escuchar el nombre de su amigo. No se ha enterado de una mierda sobre lo que está ocurriendo, no ha podido escuchar la voz de Eiji una sola vez, pero sabe que algo está mal. El nipón es la clase de chico que oculta su dolor con tal de no preocupar a nadie. Del tipo que se lo guarda todo con tal de no incomodar a la otra parte. Es altamente probable que el beta no se encuentre bien y que sólo lo esté diciendo para no tener a sus aparentemente grandes amigos del trabajo en la puerta de su casa y como ellos no lo conocen como él lo hace, se lo han tragado.
Ash sale por la puerta del vestidor con la mente llena de cosas que él hubiera hecho si él hubiese atendido esa llamada. Tal vez no habría presionado a su amigo a decirle la verdad, pero tampoco se hubiera rendido con esa facilidad. Hubiese ido a la farmacia y hubiera conseguido el medicamento que el sabe que consume para las alergias, los síntomas y la enfermedad, pero además, habría ido a la tienda y habría conseguido esa bebida calentita sabor chocolate que al fotógrafo tanto le gusta y ¡oh! también esos panecillos de vainilla que saben tan bien como acompañamiento. Habría conseguido algunas buenas películas, un par de juegos nuevos para su consola o unos cd que ayudaran al ánimo. Porque sabe que, aunque Eiji no tuviera ánimos de estar con él, eso no querría decir que no necesitase ser consentido. Ash lo entiende mejor que cualquiera. Mejor que todos esos tipos del trabajo, mejor que Max Glenreed, mejor que Sing.
Él entiende a Eiji como nadie en el jodido mundo.
Y es por eso que debe ir a verlo.
El alfa se detiene de golpe en medio del set fotográfico. Yut le mira como si esperara una explicación a su extenso tiempo en los vestidores pero él le ignora completamente. En un impulso ha estado a punto de ir hasta el departamento de Eiji cuando ni si quiera se han arreglado. ¿No sería extraño que una persona con la que ya no hablas de repente se aparezca en tu puerta? Sí, claro, pero razonarlo no hace que Aslan se sienta menos preocupado.
De hecho, ahora realmente quiere ir.
El alfa toma su chaqueta del perchero junto a la salida prácticamente escapando de Shorter que se encuentra de guardia en la puerta, baja por el elevador y se dirige a su auto. Piensa que las disculpas pueden esperar, Eiji lo necesita y eso es lo verdaderamente importante del asunto, así que se detiene en la primera farmacia que encuentra, consigue todo lo que necesita y luego, se dirige sin más escalas hasta el apartamento del japonés, cediendo a ese incontrolable impulso de estar cerca de él que nació repentinamente, sin más.
El alfa desciende del auto con la bolsa de las compras en la mano. Se adentra en el edificio y saluda al portero que lo ha visto tantas veces que ni si quiera le pregunta a donde se dirige y simplemente le responde con una sonrisa. Ash sube las escaleras, con paso ansioso, porque ver a Eiji es una de las cosas que mas ha deseado hacer en semanas, pero también está asustado de su reacción al verlo allí y tampoco es que lo culpe de algo. Sin embargo, junta toda esa confianza y valentía que lo han caracterizado a lo largo de su vida y sigue subiendo, hasta que finalmente llega.
Ash toma una gran bocanada de aire y se repite que si está allí no es por egoísmo, sino por amistosa solidaridad, que sólo ha ido a ayudar y está a punto de levantar el puño para tocar la puerta cuando un extraño aroma se filtra por debajo de ella hasta sus fosas nasales, haciéndole detenerse. Es el ya conocido aroma a girasol, pero hay algo más, algo mucho más poderoso y jodidamente atractivo. El alfa no se ha sentido así en su vida y las ganas de derribar la puerta para estar con Eiji son tantas que está asustado de si mismo.
Es casi como si del otro lado hubiera un omega en celo.
Ash cubre su nariz y su boca con la mano y sonríe ante el ridículo pensamiento que cruzó por su mente y ríe aún más fuerte porque no se evapora. Mientras aquel delicioso aroma se filtra a través de su nariz, su mente se despeja y se nubla al mismo tiempo. Es como si todo cobrara sentido; las constantes enfermedades de Eiji, el que fueran más frecuentes desde que pasaban más tiempo juntos, el maravilloso aroma que siempre ha desprendido y la irremediable fascinación que sintió por él desde el día uno.
Aslan aún no lo entiende por completo. ¿Significa que todo este tiempo Eiji estuvo mintiendo sobre su género secundario? Eso no tiene sentido, él mismo vio su identificación el día que lo conoció y no hay manera de que fuera falsa. ¿Entonces por qué? ¿Cómo? Si su mente no estuviera tan confundida por la nueva revelación y las feromonas, tal vez se sentiría un poco traicionado por pensar que su amigo no se lo confesó… ¿O tal vez quería hacerlo? ¿No le dijo Ash que odiaba a los omega? ¿Fue por eso? Oh dios… ¿Sing lo sabe? Espera que no, ya se siente lo suficientemente molesto con la sola idea.
El alfa retrocede un par de pasos hasta que su espalda choca suavemente contra la pared. Está reuniendo la fuerza suficiente para largarse de allí antes de derribar la puerta. No hay manera de que sus instintos alfa se hayan equivocado. Definitivamente hay un omega allí dentro y es altamente probable que sea Eiji, conoce demasiado bien ese aroma.
Ash se aparta de la pared y pasa sus temblorosos dedos por su cabello. No es la primera vez que huele feromonas, pero sí es la primera vez que le afectan de esa manera. Antes, algunos omegas han intentado embarcarlo usando su celo para volverse compañeros y él apenas había reaccionado percibiendo el ligero y nauseabundo aroma de sus esencias, pero ahora, es como si toda su mente gritara «Eiji» sin parar y su rostro se dibujara a fuego tras sus pupilas. Definitivamente tiene que salir de allí antes de que deje de ser Ash y se transforme únicamente en «El alfa».
O ese era el plan.
La puerta del apartamento del fotógrafo de abre repentinamente, dejado escapar todo el calor y las feromonas de él, golpeando al rubio directamente y causando que su pulso se acelere al máximo, apenas dejándole con una gota de cordura que es le impide hacer algo que sabe que no está bien.
Eiji aparece del otro lado, con el rostro empapado en sudor y su cabello negro revuelto en pequeños remolinos sobre su cabeza. Sus mejillas están completamente rojas y su pecho sube y baja, aparentemente sin la capacidad de respirar bien. Su ropa está desacomodada y la erección y la humedad entre sus piernas es demasiado obvia, tanto que todas las dudas sobre su amigo siendo un omega se desvanecen por completo y le hace sonrojar. Es un cóctel de sensualidad y ternura, pero también de preocupación plasmada en sus bonitos ojos negros que parecen al borde de las lágrimas.
Ash se pregunta si el celo de un omega es así de doloroso.
—Perdon, Ash —le dice. Su voz es ronca y entrecortada pero después de tantas semanas a Ash le suena angelical—. Sabía que estabas aquí, pude olerte y aún así abrí la puerta —dice con culpa, derramando las lágrimas que ha estado conteniendo en sus ojitos.
El pecho de Aslan se estruja dolorosamente, no entiende muy bien que es lo que significa esa frase, pero le duele. Sin embargo, el alfa parece complacido con el omega mostrándole debilidad y se acerca con la ansiedad de tomarlo, llenarse de él en un acto de egoísmo que él sabe que terminará mal y aún así no puede detener.
