Eiji se despierta por el sonido de la alarma que él mismo colocó la noche anterior. Son las seis y media de la mañana en sábado y sumándole que en realidad no pudo dormir muy bien, se siente fatigado. En un intento por despejarse, se estira sobre el colchón y toma todo el aire que sus pulmones le permiten, pero es inútil, sus ojos vuelven a cerrarse pesados, amenazando con hacerle caer dormido una vez más, cosa que no puede permitir porque tiene cita en el médico y es muy importante que asista. Así que aun en contra de su voluntad se levanta y se dirige al cuarto de baño maldiciendo al idiota de Haruki, la razón por la que no ha podido descansar correctamente.

O algo así.

Ha pasado la noche soñando con su primera cita, aquella a la orilla del mar donde le pidió que salieran y ha sido desconcertante, aunque no muy sorpresivo. Desde que se encontró con él hace ya algunos días, han estado ocurriendo, los sueños. Primero el día en que se conocieron; cuando Haru se mudó a la edad de seis años al barrio. Luego las mañanas de verano corriendo en todas direcciones con una paleta helada en las manos, las tardes en el colegio intercambiando mensajes en papelitos mal doblados, los días de lluvia en las que tenían que compartir el mismo paraguas y la primera vez que Eiji se dio cuenta de que le gustaba. Lo mucho que se decepcionó cuando su madre le dijo que los betas y los alfa no podían estar juntos y cuando a Haru no le importó y de todas maneras le beso antes de la graduación.

Esa cita a la orilla del mar.

Y no es que su ex le quite el sueño como a una quinceañera es que, en cada uno de esos sueños, de alguna manera, la imagen de Aslan Callenreese se las arregló para aparecer, haciéndole sentir culpable, casi como si le estuviese traicionado cuando entre ellos no ha hay absolutamente nada, ni si quiera palabras, porque desde su último encuentro no han hablado ni una vez y tiene que admitirlo, es completamente su culpa.

Ash dejó una nota donde se disculpaba por no poder quedarse a hablar, algo urgente había ocurrido en el trabajo y había tenido que marcharse, pero le pidió que se encontrara con él en su restaurante favorito esa misma noche y él simplemente no pudo ir por la culpa. El mensaje también decía que le llamara cuando tuviera tiempo libre pero no lo hizo y ahora, aunque se siente mal, realmente está aliviado de no haberlo hecho.

El encuentro con Haruki sirvió para muchas cosas, entre ellas, que Eiji comprendiera todo lo que había estado haciendo mal. Lo errores que cometió por su ignorancia y su ingenuidad, pero también por su egoísmo. Sirvió para que entendiera que, cuando dos personas se pertenecen y se hacen felices intervenir es un pecado y que, si él realmente quiere ser un buen amigo, tiene que dejarlo ser y seguir con su vida. Está consciente de que por su desliz no tendrá la oportunidad de seguir al lado del rubio y tampoco es tan descarado como para proponerlo, sabe que a Yue no le gustaría, pero es una consecuencia que está dispuesto a afrontar porque Ash le importa lo suficiente como para aceptar que las cosas serán así de ahora en adelante y duele, pero es lo correcto.

El omega no lo está pasando muy bien y Eiji tampoco, ya lo ha aceptado y lo ha asimilado, sólo queda el verdadero reto y es que no ha encontrado el valor de citar al alfa luego de haberlo plantado y haberlo ignorado por días. Piensa que podría ser muy sinvergüenza simplemente aparecer y pedirle que se reúna con él como si nada, así como también piensa que, si conoce a Ash como piensa que lo hace, Yut ya debe saber sobre su pequeño encuentro y eso le mortifica aún más. Así que simplemente no ha sabido como proceder y lo ha relegado. Sobre todo desde que comenzaron sus sospechas sobre cierto asunto. La razón por la que asistirá al hospital tan temprano.

El nipón se dirige al cuarto de baño y abre las llaves de la regadera. Mientras el agua calienta, se desnuda con la mente en blanco por el cansancio, la arroja en cesto que llevará a la lavandería más tarde y se deshace de sus lentes de contacto para colocarlos en sus contenedores con el líquido especial para preservarlos. Cuando la ducha está en su punto se adentra, toma la botella de shampoo y comienza su ritual de limpieza con algo de pereza mientras con toda la intención del mundo evita mirar su propio vientre.

Sale de la ducha quince minutos después, con el cuerpo envuelto en una esponjosa bata de baño y el cabello aun escurriendo. Lo seca, se viste, se calza los zapatos, toma una chaqueta, su cartera y sale de su apartamento justo a tiempo para tomar el bus de las siete y cuarto que lo dejará a sólo un par de calles de su clínica. Ha quedado con Jessica allí para que le haga compañía durante su cita y no porque esté aterrado, claro que no. Es simplemente que pensó que sería buena idea.

El viaje es relativamente corto. Eiji tiene suerte de encontrar un asiento libre antes de la segunda parada así que lo toma y aprovecha para distraerse un poco en el móvil. Su hermana ha enviado unos cuantos mensajes que por la diferencia horaria no ha leído así que lo hace. Parece que su madre sigue preguntando cuando los visitará y está un poco ansiosa. Es normal, hace un año que no se ven y siendo tan unidos como siempre han sido, es más bien sorpresa que no le hayan pedido volver antes. En todo caso el omega ya ha programado su viaje para finales de diciembre, quiere pasar las fiestas con su familia, pero también quiere evitar estar en la ciudad cuando la boda de Ash y Yue se lleve a cabo, así que está bien.

Él se lo comunica y ella le responde de inmediato. En japón deben ser aproximadamente las ocho de la mañana así que la beta debe estar por irse a la universidad, por lo que intenta no quitarle más tiempo, pero la charla sigue hasta que él casi deja pasar su parada, demasiado inmerso en las banalidades. Es una suerte que un grupo de adolescentes se pusieran a gritar el nombre de la estación. Eiji desciende del bus y camina dirección al hospital abriéndose paso entre la apresurada gente que quiere llegar a sus destinos. Es sábado en la mañana, pero en la ciudad que nunca duerme eso no tiene la mínima importancia. Las personas siguen yendo y viniendo en todas direcciones mientras él se mezcla y se vuelve una más.

Una calle. Dos calles. Tres calles. Falta una más para que el omega llegue a su destino y a cada paso que da, siente que se vuelve más pesado. No había pensado en ello en todo el camino, pero ciertamente ahora comienza a sentirse ansioso. Las manos le hormiguean y su corazón palpita arrítmicamente mientras él intenta convencerse de que si está allí es por pura formalidad y nada más.

Que si ha decidido hacerse una prueba de embarazo de sangre es sólo para estar seguro de que no lo está.

Su nuevo no tan pequeño problema comenzó sólo dos semanas después de que él y Ash- bueno, hicieran eso. Eiji se levantó una mañana sintiendo un dolor de cabeza infernal y unas nauseas que jamás había sentido, pero como había tomado la pastilla del día siguiente se lo atribuyó a la comida mexicana demasiado condimentada que había ingerido con Sing el día anterior, así que simplemente lo dejó pasar.

Hasta que el malestar se volvió frecuente.

Primero asistió al médico por un tratamiento para la infección estomacal y cuando este no funcionó, comenzó a creer que algo realmente desastroso estaba ocurriendo, así que sin perder más el tiempo fue a la farmacia y adquirió una prueba de embarazo casera que salió negativa. Un alivio momentáneo, porque las náuseas siguieron y a ella se le sumaron la fatiga repentina y la aversión a algunos alimentos como la pizza hawaiana que tanto amaba. Así que decidió que era hora de hacer una prueba de sangre y asegurarse de era un montón de coincidencias. Paranoia generada por saber que puede engendrar vida y que tuvo sexo sin protección.

Lo típico.

—Buenos días, Eiji —le saluda Jessica tomándolo por sorpresa cuando finalmente estuvo frente al hospital—. No luces bien.

—No dormí muy bien —confiesa, incapaz de seguir fingiendo que todo está de maravilla. Parece que últimamente no llegan más que problemas a su vida, uno tras otro y está cansado.

—No tienes por qué sentirte nervioso —le dice con sobando su espalda maternalmente—. Estoy segura de que no estás esperando un bebé.

—¿Cómo puedes estar tan segura? —le pregunta aferrándose con esperanza a esa declaración.

Ella le sonríe.

—Porque la esencia de los omega cambia cuando lo están y yo no noto nada extraño, hueles tan lindo como siempre. Sólo estamos haciendo esto para que estés más tranquilo.

—¿Le dijiste a Max? —le pregunta, comenzando a caminar hacia el interior.

—Ya estaba demasiado consternado con saber que Callenreese se aprovechó de ti durante tu celo, hubiera ido a buscarlo si se enteraba de esto, así que no.

—Él no se aprovechó de mí—aclara—. Fui yo el que... bueno, ya sabes.

—Max no piensa igual. De alguna manera, estamos acostumbrados a ver a los de nuestro tipo como "lobos".

Eiji suspira.

—Perdón por- por todo.

—Para mí no es ninguna molestia, Eiji. Eres como de la familia y sabemos que no estás pasando un buen momento. Debió ser complicado tener que pasar tu primer celo con alguien con quien en tus cinco sentidos no lo hubieras hecho y debió ser el doble de difícil contárnoslo. Todo esto es nuevo para ti, así que nadie te está culpando de nada, mucho menos juzgando.

—Gracias, Jess.

La mujer vuelve a sonreírle y juntos se detienen frente al mostrador donde un par de enfermeras les reciben amablemente. Jessica dice:

—Okumura Eiji, tiene cita.

La mujer lo confirma en la pantalla de su computadora y los deja pasar. No hay necesidad de que les mencione el número del consultorio, ya que el examen será hecho por su médico de cabecera y ambos se dirigen al tercer piso que como siempre, está abarrotado de personas. Eiji se presenta frente a la secretaria de su doctora y ella le dice que le llamará en cuanto sea su turno, así que la alfa y el omega toman asiento en agradable silencio hasta que ella lo rompe.

—Es una clínica maravillosa, ¿verdad? —pregunta, pero en realidad no está esperando una respuesta así que sigue—. Aquí me asistieron para poder tener a Michael. Fue un proceso muy difícil.

—¿De verdad? —pregunta perplejo. Es la primera vez que la escucha decir algo así.

—Sí, aun siendo mujer, el embarazo de una alfa es muy complicado. Nuestro cuerpo está hecho para dar bebés, no para tenerlos. Nuestro útero es un poco complicado, pero aquí hicieron todo lo posible por que saliera bien y sucedió.

—Yo... no tenía idea. ¿Es por eso que los matrimonios entre alfas tampoco es tan aceptado?

—Supongo. A la sociedad le preocupa mucho preservar la especie.

—Debiste estar muy feliz cuando te dijeron que podrías dar a luz —dice mirando su propia barriga, plana y sin nada extraordinario.

—Bueno, sí. Pero eso fue porque yo realmente deseé tener ese bebé. Tú situación es diferente —agrega sospechando el porqué de su pregunta—. Aún si estuvieras embarazado, que yo pienso que no, ese bebé no es fruto del amor, es la consecuencia de una reacción fisiológica que como omega no está en tu poder controlar y tampoco estaba en tus planes tenerlo, así que no deberías sentirte mal por no quererlo. Ser mamá es maravilloso, pero sólo cuando eres tú quien lo decide.

Eiji asiente sintiéndose un poco más relajado, se sentía culpable por la incomodidad que le causa la sola idea de un bebé, porque se supone que el mayor deseo de un omega es el de engendrar y él no se siente de esa forma. Es decir, por supuesto que le gustaría tener hijos algún día, pero en esas circunstancias era simplemente inaceptable. Lo habrían concebido en un momento donde el instinto había superado la racionalidad, donde el amor no había participado, prácticamente un abuso. ¿No fueron sus feromonas las que pusieron a su amigo en un aprieto? Tiene suerte de que el alfa aún quisiera hablar con él después de eso. No quiere ni imaginar lo mucho que le odiaría si tuviera que decirle que está esperando un hijo suyo. Eso y que es un omega.

Aunque supone que a esas alturas Ash ya lo sabe.

¿Por qué todo tenía que ser tan malditamente complicado? ¿Es porque él es un omega? Tal vez si realmente hubiera sido un beta nada de eso habría ocurrido. Aslan no se habría interesado en él ni mínimamente y no habría insistido en mantener esa extraña amistad del comienzo. Cada uno habría seguido su camino, Ash se habría casado y a él no le habrían roto el corazón con sentimientos imaginarios que provienen del instinto. No estaría en esa clínica tratando de rectificar que no está embarazado y mortificándose porque si resulta ser lo contrario, está seguro de que no podría tenerlo por su bien, por el bien de Ash y Yut.

Tiene tantas cosas en la cabeza que le sorprende que no vaya a explotar.

—¿Señor Okumura? —la llama la enfermera encargada de la recepción de su consultorio y él le mira—. Puede pasar.

El omega asiente y se pone pie. Jessica, quien la había estado sujetando la mano, le da un pequeño apretón en señal de apoyo y luego le deja ir con un «todo va a estar bien» apenas susurrado al que él se aferra con fuerza antes de entrar.

La doctora se encuentra detrás de su escritorio y como en cada ocasión que la ha visitado, le recibe con una sonrisa que le inspira confianza y un poco de tranquilidad. Ella viste su bata de siempre y se ha recogido el cabello en una coleta un poco desordenada. Le mira aguardando a que él tome asiento y sea el primero en explicar que es lo que ha pasado, porque su visita mensual ha sido hace no mucho y es raro que él asista cuando no está programado, sin embargo, el muchacho no tiene palabras para expresar lo que necesita. Se pregunta si es necesario entrar en detalles.

—Hola —dice y ella le sonríe aún más ampliamente antes de responder:

—Hola, Eiji. ¿En qué puedo ayudarte?

Él se aclara la voz.

—Yo... bueno, estoy aquí por- vine porque necesito u-una prueba de embarazo de sangre —dice y no puede evitar sentirse un poco estúpido por estar avergonzado. Es un hombre adulto omega y debería ser capaz de manejarlo, pero no se siente así.

Ella parpadea un par de veces, como perpleja.

—¿Un test de...? ¿Tienes sospecha de embarazo?

—Bueno... algo así —dice extrañado, porque ella está actuando muy raro—. Digamos que durante mi primer celo...

—¿Lo tuviste ya? ¿Alguien abusó de ti? —pregunta preocupada—. Porque sí es así, tenemos que...

—No, no. Fue... ¿consensuado? —el japonés se pregunta si ha usado la palabra adecuada.

—Pero estabas en celo, ¿cierto? —él asiente—. Entonces, ¿realmente lo fue? Sea quien sea, Eiji, ten por seguro que la ley te respalda, ¿de acuerdo?

—Lo sé, pero no fue así —insiste un poco frustrado, porque tanto apoyo le hace sentir culpable. Sabe que ese es el trabajo de la mujer, pero aun así no se siente a gusto siendo victimizado—. Fui yo el que... eso no importa. Necesito esa prueba para saber que hacer.

—Por supuesto —dice ella aún no muy conforme con sus vagas explicaciones, pero muy profesional—. En un caso normal, eso es lo que debes hacer, pero recuerdas lo que dije sobre tu útero, ¿cierto? —Eiji frunce el ceño, recordando un poco de eso—. No ha madurado por completo, un embarazo es prácticamente imposible. Que hayas experimentado tu primer celo no significa que eso haya cambiado. Sólo significa que tu cuerpo comienza a adaptarse a su género.

—Oh... —responde colocando las manos sobre su estómago y recordando, pero también bastante aliviado—. Entonces las náuseas y la fatiga...

—¿Has experimentado esos síntomas? —él asiente—. ¿Has descansado adecuadamente? ¿Tienes horarios para comer? ¿Bebes agua de forma regular?

Eiji se rasca la nuca.

—Tal vez me he descuidado un poco.

Ella niega decepcionada.

—Es probable que se trate de eso. Tu cuerpo siempre ha sido delicado, independientemente del factor omega, debes cuidar de ti mismo.

—Lo sé. Lo lamento, seré más responsable.

—Por supuesto que sí —le reprende un poco—. De todas formas, voy a hacerte los análisis para que puedas irte más tranquilo —le concede y se pone de pie en busca en busca de un vial y una jeringa—. Debo suponer que no usaste protección.

—La verdad es que no lo recuerdo.

—Es completamente normal. La fiebre durante el celo hace que la memoria sea mala. Deberías considerar la opción de recurrir a alguien que valore la situación. Cuando un omega entra en celo, es probable que acepte a cualquiera como pareja sexual y que un alfa se aproveche de eso es un delito. Sé que no estás acostumbrado a este tipo de situaciones, pero creo que es lo mejor.

Eiji frunce la boca y ella se sienta frente a él, preparando su brazo para extracción de sangre. La idea de que durante el celo hubiera podido hacerlo con cualquiera le desagrada e inconscientemente piensa que tuvo suerte de que en aquella ocasión fuera Ash y no alguien más. Es una idea que apenas sale a flote y que él entierra rápidamente.

—Estoy bien, de verdad. Ese chico... el alfa, él no me hizo nada que yo no haya provocado —dice y suelta un pequeño quejido cuando la aguja perfora su dermis. No está tratando de encubrir nada, él está sinceramente convencido de que todo ha sido su culpa. Él abrió esa puerta cuando aún estaba más o menos consciente, él se arrojó a sus brazos, él aceptó sus besos.

Ash es inocente.

La doctora no dice nada más, le extrae un poco de sangre que según ella no sólo va a servir para la prueba de embarazo que estará lista en diez minutos, sino que, además, será de utilidad para saber si tiene otro tipo de problema que esté causando los mareos y la fatiga, como anemia, aunque esos resultados tardarán unos días más. Eiji sale del consultorio después de eso y vuelve a sentarse en la sala de espera completamente solo, Jessica debe estar en el baño o en la máquina de snacks porque no se le ve por ninguna parte.

Ahora todo lo que le queda es aguardar.

La alfa vuelve después de unos minutos con dos latas de soda. Ella tiende una al nipón y él la acepta con gratitud.

—¿Qué te ha dicho? —le pregunta.

—Va a hacer la prueba, pero dice es poco probable que esté embarazado. Ya me lo había dicho antes pero mi útero es prácticamente inservible.

—Oh...

—Está bien. La verdad es que me siento muy aliviado. No sé como habría hecho para decirle a Ash que espero un hijo suyo sin arruinar su compromiso y definitivamente no sé si hubiera sido capaz de mantenerlo en secreto. Tal vez habría tenido que abortar.

—Luces un poco triste.

—Oh, bueno. Es que había olvidado el asunto del útero por completo y ahora me ha tomado por sorpresa... de todas formas, creo que debo hablar con Aslan. No me sentiré tranquilo hasta que aclaremos el asunto. Eso es todo.

—No parece que sea todo... Dime, Eiji. ¿Tú lo quieres? He tenido esa sensación desde hace algún tiempo, pero no quería parecer entrometida —el joven la mira un par de segundos y reflexiona antes de responder sinceramente.

—No lo sé. Cada que pienso que sí una voz dentro de mi cabeza me dice que no es más que la conexión omega-alfa haciéndome creer eso y probablemente lo sea —es la primera vez que lo dice en voz alta y es bastante tranquilizador, a decir verdad—. Desde el principio, siempre pensé que era muy atractivo y la forma en la que comenzamos a frecuentarnos es un poco sospechosa. ¿Cómo puedo distinguir el cariño real del instinto? —le pregunta y se pregunta, recordando a Haruki y la forma en la que le dejó porque creyó haber encontrado el amor cuando no fue así—. No lo entiendo. Ni como omega, ni como Eiji y de todas formas no tiene sentido descubrirlo porque Aslan va a desposar a su destinado en unos meses.

Jessica le mira por un par de segundos en los que Eiji realmente creyó que le diría algo, pero no fue así. Ella simplemente se limitó a asentir y acariciar su rodilla como la madre sobreprotectora que siempre ha sido con él. Sin embargo, el nipón no siente que necesite ninguna respuesta, él ha tenido la suya por mucho tiempo y su última frase lo ha comprobado. ¿Y qué si sus sentimientos por Callenreese son reales? Eso no va a hacer que milagrosamente Ash deje de estar destinado a Yue y en su lugar, lo esté con él. Supone que todo lo que queda es aclarar algunas cosas y luego, fingir que nunca fueron los grandes amigos que en realidad sí llegaron a ser y ese solo pensamiento le parece tan doloroso que le quema el pecho.

—Señor, aquí están sus resultados —le dice la secretaria encargada de su consultorio y él los toma con una sonrisa amable.

Sólo les ha tomado quince minutos entregárselos.

—¿Listo para irnos? —ella le pregunta y él asiente—. Llamaré a Max para que se encargue del almuerzo. ¿Qué se te antoja?

—Estás tratándome como a un cachorro de nuevo, Jess.

—Lo siento, lo siento. Es que eres tan pequeño y lindo —le dice apretando su mejilla claramente tratando de molestarlo—. Espera, le llamaré antes de salir.

Eiji asiente y juntos bajan hasta la recepción. Ella con el móvil en la oreja y él con el sobre de sus análisis en la mano. Max toma la llamada y Jessica comienza a darle instrucciones sobre el almuerzo mientras el omega, divertido, abre el sobre por mero ocio. Juntos salen del hospital y se dirigen al estacionamiento donde la alfa ha dejado el auto. El japonés inspecciona las hojas que le han entregado, sólo son dos, pero la verdad es que no entiende muy bien los datos impresos en ellas, como los niveles de glucosa y otros más.

—Si no puedes recordar la receta, dile a Michael. Él la sabe —dice Jessica deteniéndose frente a su auto, y buscando las llaves en su bolso—. Sólo debes freír el tocino. ¿Qué tiene eso, de complicado? Eiji, cariño, ¿puedes ayudarme a buscar las llaves? —pregunta, pero no recibe respuesta inmediata así que voltea—. ¿Eiji?

Sus ojos se encuentran con la silueta del fotógrafo a unos pasos de ella. Él no le mira, parece realmente ocupado leyendo un par de hojas de papel que ella rápidamente se da cuenta, son los resultados del teste de embarazo que les acaban de entregar. No sabe porque Eiji los ha abierto en su camino al coche y tampoco importa porque la expresión en su rostro lo dice todo.

—¿Jessica? —le llama y ella se acerca de inmediato—. Creo que tendremos que volver.

Ella lo mira por un segundo y arrebata de sus temblorosas manos la segunda hoja de los análisis, aquella que el omega ha estado leyendo con tanta vehemencia. Pasa sus ojos superficialmente por las letras y llega hasta el final donde la palabra «positivo» está en letras grandes y rojas.