Con los ojos clavados en sus manos, Aslan mira al notario cerrar la carpeta llena de papeles que minutos antes han sido firmados por él y su padre. Golzine se encuentra junto al hombre, con las manos entrelazadas y un gesto de clara satisfacción en su rostro. No es para menos, ha obtenido todo lo que ha querido de él, y a cambio, le ha entregado unos cuantos bienes que, desde que se enteró que no le queda más de dos años de vida a causa de una enfermedad terminal, para él significan nada.

El hombre recoge sus cosas y las pone todas dentro del maletín de cuero con el que ha llegado. Dino, por su parte, no se molesta en despedirle cortésmente. Se limita a agitar una de sus manos arrugadas en su dirección, como corriéndolo sin que el abogado pueda ofenderse en absoluto, porque hacerlo significaría tener que enfrentar a uno de los alfa más poderosos del mundo y sin embargo, por su gesto, Ash puede saber lo muy disgustado que se siente.

Cuando ambos se encuentran completamente a solas, tras haberse cerrado la puerta de nuevo, ambos hombres simplemente se miran con la tensión a flote porque saben, ambos saben que el juego ha terminado, pero parece que no les queda más que seguir aparentando que son lo que nunca han sido: una familia. Un padre y un hijo.

—Felicidades, muchacho —le dice entonces con esa sonrisa que Ash siempre ha odiado, porque aunque parece sincera, él sabe que no lo es—. Estoy muy orgulloso de ti. Sé que llevarás la compañía por buen camino, justo como yo —el ojiverde le devuelve la sonrisa, tensa, porque él sabe lo que esa última frase significa—. Tan sólo mírate, eres joven y tienes todo lo que se necesita para ser feliz; una fortuna, bienes, un esposo hermoso y pronto un bebé que no dudo será un alfa tan fuerte como tú, dominante. No me equivoqué en hacerte mi hijo.

Una desagradable sensación de asco sube desde su estómago hasta su garganta al escuchar esas palabras, pero lo soporta de la misma forma en que lo ha hecho por años y años. Siempre ha sabido que para Golzine no es más que un trofeo el cual presumir, el hijo perfecto del padre perfecto, alguien digno de permanecer cerca. Sin embargo, es la primera vez que lo escucha tan explícitamente y no puede evitar pensar en lo mucho que le detesta. Si él hubiera sido sólo la mitad de fuerte o la mitad de brillante, seguramente habría terminado en la calle, siendo un don nadie. Ya demasiada decepción se había llevado Dino cuando supo que él no era un omega y que no podría ser su esposo.

—Espero no decepcionarte, papá —se une al juego porque ya ha jugado todas sus cartas y la victoria es prácticamente suya. Le ha tomado una vida entera, pero ahora, sólo es cuestión de tiempo para ver el final del viejo, la caída de su trono. Así que no entiende porque no se siente realizado.

¿No era eso lo que tanto anhelaba?

—Sé que no lo harás. Ahora, si me disculpas, me retiraré a descansar. La sesión con el notario me ha fatigado más de lo que creí. ¿Vienes a casa? Celebraremos tu nueva posición.

Ash niega y piensa con ironía que, para ser la última vez que se encuentra con él, se está portando bastante decente, aunque claro, Dino no lo sabe. Él no sabe que está por hacer su último movimiento.

—Ahora que la compañía es mía tengo que hacer algunos arreglos —arroja, cínico.
Golzine le sonríe.

—Oh, claro. Apuesto a que tienes muchas cosas que hacer. De acuerdo. Ven a visitarme pronto.
Ash piensa: Ni, aunque mi vida dependiera de ello. Pero responde:

—Por supuesto.

Golzine sale de la habitación apoyándose en el lujoso bastón de cuero y plata que antes cargaba únicamente como accesorio, pero que ahora le permite andar. Afuera se encuentra su enfermera y sus dos guardaespaldas que le esperaron pacientes durante toda la sesión. Ahora que le mira desde allí, Ash se percata de que luce más viejo y desgastado que nunca, pero no siente una pizca de lástima, sino todo lo contrario. Piensa que estar enfermo de muerte y en prisión será duro, pero no la mitad de complicado de lo que fue para todos los omegas que por culpa de su avaricia, fueron violados y brutalmente asesinados.

A su padre nunca le importó realmente la vida del prójimo. Ni la suya, ni la de su madre. Nunca le importó nadie además de si mismo. Por mucho que le dijera que lo amaba, él siempre supo la gran mentira que se escondía tras sus ojos. Todas las cosas que le dio; la educación de élite, la ropa de marca, la comida importada, las joyas y los autos, todo era una manera vacía de comprarlo, de la misma amera que compras cualquier bien material. No había amor o cariño en nada de eso y Ash realmente está feliz de que todo acabe.

O algo así.

—¿Todo listo? —dice una voz conocida después de un momento. Su dueño entrando por la misma puerta por la que su padre se ha marchado solo unos minutos atrás.

Se trata del alfa Sergei Varishikov, alias Blanca. Ex militar y viejo amigo de la familia. Ash lo conoció durante su adolescencia, fue él quien le enseñó defensa personal, pelea cuerpo a cuerpo, manejo de armas y lectura de lenguaje corporal. Un jodido genio especialista en investigación que se ofreció como voluntario para desenmascarar a Golzine ante las autoridades y que, al contrario que con Dino, la amistad con Aslan es tan sincera como la de Shorter.

Un gran tipo.

—Todo listo —confirma—. ¿Tenemos lo necesario para proceder contra él, Sergei? —pregunta con voz cansada.

El ruso afirma, tomando lugar a su lado. El hombre viene acompañado de Shorter quien ha tenido que esperar a fuera gracias al disgusto que su padre siente por los beta. Ambos tienen expresiones de alivio y triunfo en sus rostros, expresiones de las que Aslan se siente un poco celoso porque por más que lo intente, no se siente como si las cosas fueran a ir mejor de ahora en adelante.

Pero nada se siente así desde que Eiji se marchó, seis meses atrás.

—La policía estará esperando por Golzine en la puerta de su casa, los aeropuertos de la ciudad y las salidas de las carreteras—le informa—. Si planeaba escapar hacia algún lado, no tendrá tiempo de hacerlo.

—Gracias —le dice de todo corazón—. A pesar de que mi padre era un cliente importante trabajaste duro para atraparlo.

—Lo que estaba haciendo no era correcto, estoy feliz de haber ayudado.

—Es extraño, ¿no? —interrumpe Wong—. Tantos años yendo tras él y hoy, por fin lo hemos atrapado. Creo que si Ash no hubiera decidido revelarse la policía jamás habría tenido el valor investigar.

—Es un alfa poderoso, creo que es entendible —explica el mayor—. Pero ahora que Ash es el líder, su devoción y miedo se lo deben a él.

—Es una lástima que el viejo vaya a morir tan pronto —dice el de pelo teñido—, me habría gustado verlo mas tiempo tras las rejas. Cierto, ¿Ash? ¿Ash?

El rubio parpadea saliendo del ensimismamiento al que ha entrado involuntariamente y responde:

—Sí —seca y llanamente—. Una lástima.
Shorter y Blanca intercambian una mirada que el otro no nota, demasiado afligido.

—No pareces muy contento —dice Sergei y está usando un tono tan casual que es sospechoso—. Planeaste esto por años y ahora no luces ni un poco feliz. ¿Es por el asunto del chiquillo japonés?

—¡Blanca! —le reprende Shorter, como si Eiji fuera un tema prohibido entre ellos. Aunque lo es, nadie lo menciona.

Ash mira a su amigo con ojos indiferentes y fríos, casi como si no le importara, aunque en el fondo está hecho un desastre. Él sólo escuchar ese nombre ha hecho que el estómago se le revuelva y que su corazón se hunda por completo. Miles de buenos y malos recuerdos llegan a su mente, dejándole un mal sabor de boca, porque sí, Blanca ha acertado, la razón por la que Ash no está satisfecho es él. O mejor dicho, su ausencia.

Cinco meses atrás, cuando cometió el grave error de entregarse a los sentimientos que guardaba por Eiji Okumura en el fondo de su corazón y lo profanó, pensó que lo había perdido para siempre. Cuando le hizo cosas inexcusables bajo el pretexto de sus instintos de alfa, realmente creyó que lo perdería. Porque aunque en realidad sí entró en celo —el más fuerte que hubiera tenido en su vida—, al principio tenía la mente lo suficientemente clara como para detenerse, para marcharse de allí, pero en su lugar, prefirió embriagarse de la esencia a girasoles y dejarse llevar, y su amigo, bondadoso como siempre ha sido, le perdonó e incluso se culpó a sí mismo por lo ocurrido.

O al menos eso le hizo creer.

Un mes después de eso, Eiji desapareció de su vida como si nunca hubiera existido. Vació su apartamento y dejó su trabajo sin decirle una palabra. Incluso cuando se supone que ya habían arreglado la mayoría de los malentendidos él decidió irse y aunque Ash realmente quería estar enojado con él, no podía, porque todo era culpa suya. Había estado tan aliviado, aferrándose a la idea de que sus errores no serían castigados que no vio las señales.

Y había habido muchas.

Durante su último encuentro en aquel café, cuando finalmente decidieron hablar, el omega estaba tan tranquilo que era casi surreal. No estaba enojado con él; ni por el asunto de Yut, ni por haberlo acompañado durante su celo. Todo lo que le preocupaba era asegurarse de que Ash no le odiaba por ser un omega y cuando lo hizo, fue como si el resto de los problemas no hubieran estado allí. Él, por supuesto, no fue tan cobarde como dejarlos pasar y se disculpó apropiadamente, pero de nuevo, fue como si realmente nada hubiera ocurrido y eso le molestó un poco, pero no dijo nada. Porque aunque él pasó noches enteras sin dormir pensando en eso, Eiji se lo sacudió con un «ni si quiera recuerdo muy bien ese día» que está grabado en su mente como en un jodido cd dañado y que le dolió tanto que casi llora allí mismo. No lo hizo, por supuesto, todo lo que pudo responder fue un escueto «de acuerdo» que prácticamente terminó con la conversación.

Y su relación también, aparentemente.

Ash jamás hubiera creído que Eiji era tan buen mentiroso. Él había sabido leerlo muy bien desde prácticamente siempre, pero en esa ocasión, simplemente no pudo ver qué estaba a punto de ser abandonado. Que todas las palabras y las sonrisas no eran más que una farsa para que él no sospechara que, tan sólo unos días después, el japonés se marcharía sin decir a dónde, destrozando todas sus esperanzas de poner las cosas en orden y estar con él, si bien no como amantes, al menos como amigos.

Aslan nunca planeó guardar sus secretos por mucho tiempo, de la misma manera en que no planeó estar casado mucho más y por supuesto, tampoco tener un heredero, como le había hecho creer a su padre y cuyo rumor circulaba en todas las jodidas revistas del mundo. Si calló todos sus planes fue para proteger al nipón de su padre, de los Lee que jamás le perdonarían si supieran que se atrevió a mirar a otro omega. Del mismo Yut-Lung que aunque tiene una cara bonita, es más peligroso que su padre. Realmente creyó que podría terminar con su mierda, explicársela al japonés y luego, seguir como antes de que todo explotará y se hiciera añicos. Fue ingenuo, pero tenía la pequeña esperanza.

Y ahora, con su partida, simplemente ya no.

Sin Eiji no hay nada que valga la pena para él, ni si quiera su tan anhelada victoria sobre Dino Golzine. Se siente tan vacío, tan solitario que realmente se pregunta si haber hecho todo lo hizo valió la pena. Cambió su felicidad y la amistad de un buen hombre por la seguridad y la vida de desconocidos. En términos sociales hizo "lo mejor", pero Ash realmente se pregunta porque no se siente como tal. Porque le duele tanto el sacrificio, porque no puede estar feliz ahora que sabe que su padre irá a prisión y que el proceso de divorcio comenzará de inmediato. Todo salió tal cual planeo y aún así está tan insatisfecho. Tan miserable.

—Está bien Shorter —le dice a su amigo con voz cansada—. No es como si no estuviera diciendo la verdad.

Ambos hombres le miran en silencio, perplejos. Ninguno puede creer que ha admitido con tanta facilidad que se está muriendo por dentro, pero no es para menos, se lo ha estado guardando por meses por el bien de todos. Todos menos él y ahora está tan exhausto que, si él no lo había puesto en palabras, su semblante ojeroso lo ha hecho.

—Le extrañas, ¿no es así? —pregunta el ruso y no hay una pizca de lástima en su voz. Sólo genuina preocupación—. Debió ser difícil soportarlo por tanto tiempo. Fue muy valiente de tu parte.

Ash asiente y aprieta los labios. Él no se siente valiente, sino todo lo contrario. Siente los ojos irritados, pero se fuerza a no llorar de frustración, no es como si tuviera el derecho de hacerlo.

—Lo siento —interviene Shorter finalmente

—¿Por qué? —pregunta el ojiverde con voz cortada.

—Tu estabas dudando y yo te presioné para que siguieras adelante.
Ash niega.

—Todas las decisiones que tomé fueron cosa mía. Tú no tienes la culpa de nada.

—¿Te arrepientes? —le pregunta Blanca y sus ojos son un misterio. No parece que vaya a juzgarle, pero Ash no comprende el porqué de su pregunta. No es como si algo fuera a cambiar con su arrepentimiento.

—No lo sé —responde con sinceridad a pesar de todo—. Sólo sé que hubiera deseado no tener que sacrificar mi relación con él para lograr ésto. Nosotros éramos muy buenos amigos. Yo le quería- yo lo quiero más que a nada —se corrije—, pero supongo que llegó en un mal momento de mi vida. O el mejor. Quién sabe —responde pasando las manos por su cabello demasiado opaco.

—Hablas como si realmente quisieras arreglar las cosas —continúa el ruso.

—Quiero.

—¿Y qué es lo que te detiene? —le pregunta con tanta simpleza que Ash se ha quedado sin respuesta—. En unos minutos tu padre estará tras prisión, ya he enviado a Yut los papeles de divorcio y con la cantidad de dinero que tienes, no te costará trabajo contratar un par de buenos detectives que lo encuentren, ¿no es así? Algunos de los que nos ayudaron con lo de Golzine estarían felices de volver a trabajar contigo. Comparado con lo otro, ésto sería pan comido.

—Lo dices como si fuera tan fácil —replica, evitando ha eres falsas ilusiones. Lo que realmente ha querido decir es que no puede ser tan fácil, porque si no, no sabe que es lo que está haciendo allí—. Eiji ni si quiera sabe lo que siento por él.

—Una razón más para ir tras él —le responde encogiéndose de hombros.
Ash abre la boca y vuelve a cerrarla, incapaz de decir nada. No sabía que tenía permitido hacer algo como eso, pero tampoco es como si algo hubiese cambiado. La traición y las mentiras siguen allí, entre ellos, y eso es algo que él no podrá cambiar nunca, por mucho amor que sienta. ¿Realmente tiene el derecho de amar a Eiji Okumura? ¿De regresar a su vida y pedirle que, por favor, por favor, le deje permanecer a su lado?

—Yo… no lo sé —responde con voz temblorosa, flaqueando. Se siente como un niño asustado. Está asustado de tener fe.

—¿Tienes miedo? —pregunta Sergei con una sonrisa en su rostro.

—Estoy aterrado —confiesa—. Él se fue sin decírme nada por una razón. Tal vez me odia. Han pasado casi seis meses desde la última vez que nos vimos. ¿Y si es demasiado tarde?

—¿No crees que eres demasiado egocéntrico al creer que la razón por la que se marchó eres tú? Eso no lo sabes, y de todas formas, ¿Tarde para qué? —le cuestiona el mayor—. ¿Qué es lo que realmente quieres de ese muchacho? —le cuestiona—. Espero que lo hayas pensado, porque si no lo sabes, lo mejor es dejar las cosas como están y dejar que siga con su vida. El amor no es para cobardes.

Ash sabe lo que Sergei está tramando, es tan predecible que es un poco absurdo y aún así, se siente como si estuviera cayendo redondito en la trampa. Sabe que el hombre está buscando provocarlo para él explote e imprudentemente vaya en busca del nipón, allá donde sea que esté y él, aunque sabe que debería resistirse, está dejando que la idea lo seduzca. Que la esperanza se apodere de él que sabe que todo lo bueno de su vida siempre le abandona.

¿Qué es lo que quiere de Eiji? Lo quiere todo, pero él se conformaría con tan sólo tener la oportunidad de explicar las cosas y pedir perdón, aún de rodillas de ser necesario. Perdón por haber seguido ocultando cosas, aunque fuese por su bien. Perdón por quererlo más de lo que un amigo tiene permitido hacerlo. Perdón por no poder dejarlo ir a pesar del tiempo y la distancia. Sí, Ash sólo necesita una oportunidad. Ni si quiera le interesa que su amor sea correspondido, porque aún si el fotógrafo le rechazara, él pasaría el resto de su existencia haciendo cualquier jodida cosa para compensar el daño hecho. Para hacerle feliz, aunque eso significase desaparecer de su vida para siempre. Pero quiere escucharlo de su boca. La misa que con un beso le ha estado manteniendo de pie en medio de la podredumbre.

—¿Shorter? —llama a su amigo—. ¿Puedes hacer que preparen mi avión privado para salir lo antes posible? —el chico asiente poniéndose de pie y sacando el móvil de su pantalón para hacer algunas llamadas—. Y Blanca, ¿podrías averiguar a dónde fue Eiji después de dejar New York? Tal vez esté en Shiname, allí está la casa de sus padres, pero no puedo estar seguro.

—De acuerdo —le responde aparentemente satisfecho con su nueva resolución—. Te enviaré un mensaje con la información en cuanto la tenga.

—Gracias, a ambos. Iré a casa a hacer las maletas y a asegurarme de que Yut firme los papeles de divorcio.

—Eso no va a ser fácil —responde Shorter con una pizca de burla en su voz.

Ash suspira. Él lo sabe. Yue no quiere aceptar el divorcio y no por amor, sino por mero capricho, pero Aslan ya se ha preparado para eso y le tiene una propuesta que le va a costar trabajo ignorar, sobre todo porque implica ver la ruina de su hermano mayor, aquel que, sin ser realmente un secreto, ha odiado toda su vida. En resumen, el rubio se ha hecho con las acciones principales de Wang-Lung Lee, que había estado a punto de entrar en banca rota, y piensa ofrecérselas a cambio de la separación. Sólo espera que la avaricia y la sed de venganza de su ahora esposo sea lo suficientemente grande como para aceptar sin reproches, porque aunque haya una gran probabilidad de que sea así, con Yut-Lung nunca se sabe.

Ash se despide de sus amigos y sale de la sala de conferencias de la compañía en dirección al ascensor. Las manos le sudan y las rodillas le tiemblan, pero está más decidido que nunca a encontrarse con Eiji Okumura, y aunque no sabe lo que resultará de su pequeño viaje, piensa que nada puede ser peor que no volver a verlo nunca más y no tener la oportunidad de decirle todo lo que siente por él de una vez por todas.