—¿Qué diablos crees que estás haciendo?
—Empacando.
—Eso es obvio, pero ¿por qué? —le pregunta Yue con los dientes apretados y el cuerpo tenso.
Ash deja maleta de lado y se gira para mirarlo con fría indiferencia. Se encuentra de pie cerca de la puerta, con el rostro rojo por la frustración y la mirada filosa. El alfa jamás lo había visto tan enojado y vaya que su convivencia como matrimonio no había sido precisamente miel sobre hojuelas. Luce como si estuviera a punto de golpearlo justo en el rostro, aunque Aslan piensa que no lo hará, no es su estilo. Probablemente todo lo que obtendrá será una rabieta y una promesa de venganza de la que no está realmente asustado.
—Me voy a Japón —dice con sus ojos jade directamente clavados en él, como retándole a hacer o decir cualquier cosa.
Reto que Yut acepta sin acobardarse como haría cualquier otro omega.
—¿Para qué? —pregunta con su bonito rostro retorcido en una expresión de furia apenas contenida de la que Ash se reiría si no planteará retirarse por las buenas.
—Voy a buscar a Eiji —expresa con decisión. Diciéndole sin palabras que esta vez no hay nada que lo detenga.
El omega pasa saliva pesadamente y achica los ojos con malicia.
—Nunca creí que fueras tan jodidamente obstinado. Ríndete de una maldita vez, él se fue por algo y lo hizo sin decírtelo. ¿Qué otra señal necesitas para comprender que te sacó de su vida? Qué no te necesita.
Ash aprieta los puños de sus manos y se contiene por no gruñir. Esas palabras le han dolido mucho más de lo que había pensado. Parece que, aunque está consciente de ello, no por eso es más fácil digerir que probablemente Yut tiene razón. Sin embargo, él ha tomado una decisión y no planea retractarse, no ahora. Prefiere aferrarse a la idea de que si Eiji se fue sin decir una palabra, fue por porque no podía y no porque no quería. Qué tal vez Blanca tiene razón y fue demasiado egocéntrico al creer que ha sido culpa suya el que él decidiera abandonar América.
—No me importa —responde evitando demostrarle su dolor y volviendo a la labor de empacar sus cosas—. Asegúrate de firmar los papeles de divorcio que Sergei envío, sé que ya las tienes en tus manos. Puedes quedarte con la casa, si quieres.
—Estás muy equivocado si crees que voy a dejar que manches mi reputación de esa manera. ¿Sabes la cantidad de mierda que hablarán sobre nosotros si saben que nos divorciamos a menos de medio año de casados?
—No podría importarme menos.
—¡Pues a mí sí! —explota—. No voy a dejar que arruines todo por lo que trabajado por un capricho estúpido de alfa.
Aslan cierra la maleta y le mira de nuevo.
—Eiji no es un capricho, pero por supuesto, tú jamás lo entenderías. De todas formas, no esperaba que aceptaras de inmediato. A diferencia de mí, tú vives de lo que la gente dice y aunque es patético no estoy aquí para juzgarte. Sé lo dura que es la sociedad con los omega, sobre todo la nuestra y es por eso que voy a ofrecerte algo a cambio —Yut le escucha atento pero el enojo y el rencor no le han abandonado—. Si firmas esos papeles, no sólo te dejaré a ti dar tu versión de nuestra separación a los medios, también te daré las acciones sobre la compañía de tu padre que eran propiedad de tu hermano mayor para que hagas con ellas lo que te venga en gana. Sé que las quieres, tu padre jamás te dejó poner una mano sobre ellas porque eres un omega y el inepto de tu hermano casi los lleva a la ruina.
—¿Cómo...? —intenta preguntar, estupefacto.
—No fue difícil deducir que esa fue la razón por la que decidiste aceptar nuestro matrimonio —comienza—. Sabías que tú padre ofrecería como dote esas acciones y serían tuyas indirectamente, pero ahora puedes tenerlas de verdad. Es tu oportunidad para demostrar que puedes hacerlo mejor que cualquiera de tus hermanos. Todo lo que quienes que hacer es firmar —dice lo más persuasivo que puede ser—. No me importa lo que le digas a los medios, puedes acabar con mi reputación si te hace sentir mejor.
Los ojos de Yue brillan, codiciosos.
—¿Qué hay de tu padre? Creí que te aterraba que supiera sobre la existencia de Okumura.
—Ya me he ocupado de eso.
—¿Por qué? —pregunta, atónito—. ¿Por qué te tomarías tantas molestias sólo por un omega?
—Porque para mí Eiji no es sólo un omega.
Yut frunce el ceño y da la media vuelta.
—Esto es tan ridículo.
—¿Firmarás?
—Vete al diablo Callenreese.
El pelinegro sale de la habitación considerablemente más tranquilo que antes. Sí, luce irritado pero parece que Ash ha logrado persuadirlo un poquito con su oferta y sus palabras. No ha intentado causarle lástima, porque de haberlo hecho seguro que no habría firmado únicamente para fastidiar y, aun así, le ha dicho algunas de las cosas que siente respecto a Eiji, involuntariamente. Una de las ventajas de que su matrimonio haya sido arreglado y ninguno de los dos sintiera nada. Ash apuesta a que, si Yut sintiera cosas por él y él quisiera dejarlo, despechado sería el doble de peligroso, pero como no es así, apuesta a que justo ahora está valorando todas sus posibilidades. Después de todo, él le ha ofrecido una vida de libertad, mucho dinero y buena reputación. Lo que buscó casándose con él, pero con el plus de no tener que soportarlo.
Eso debe ser lo suficientemente tentador. O eso espera.
El alfa termina de juntar algunas de sus cosas y sale en dirección al estacionamiento donde Shorter lo está esperando para llevarlo al aeropuerto. Él no va a acompañarlo, va a quedarse en su casa para asegurarse de que todas sus cosas sean trasladadas de vuelta a su apartamento de soltero en Coney Island y que Yut no va a hacer algo estúpido durante su ausencia. Aún no sabe cuánto tiempo estará allá, pero se quedará lo suficiente como para arreglar todo lo que tiene pendiente.
Wong le ayuda a subir la maleta a la cajuela y luego, ambos emprenden un viaje de cuarenta minutos hasta el aeropuerto internacional John F. Kennedy. A la mitad, el mensaje de Blanca llega anunciando el paradero de Eiji en Tokio. Apenas le ha tomado un par de horas averiguarlo y aunque se siente un poco mal por haber sido tan invasivo, Aslan piensa pedir disculpas por ello más adelante.
Al llegar, Shorter le dice:
—Dile todo, ¿de acuerdo? —Ash asiente sintiendo un apretón amistoso en el hombro.
—Estoy muy nervioso.
—Tienes doce horas para pensar lo que vas a decir —él sonríe—. Ánimo. Blanca te desea suerte.
—Gracias. Creo que esta vez realmente voy a necesitarla.
—Estás siendo demasiado melodramático.
—Lo sé. Volveré para el juicio de Golzine, mientras tanto, hazte cargo de todo.
—Claro, amigo. Cuenta conmigo.
El alfa se despide y sube al avión. Hace menos de tres horas que ha decidido hacer ese viaje, no puede creer que realmente va rumbo a Japón y que está a menos de un día de volver a encontrarse con el muchacho que le ha robado noches enteras de sueño en los últimos meses, meses que se han sentido como una eternidad. Él calcula que estará llegando al aeropuerto internacional de Tokio con el atardecer, pero, aunque está exhausto, no se siente con la capacidad de conciliar el sueño, sin embargo, en algún punto el vuelvo se hace tan eterno que termina rindiéndose, soñando con la vez en que vio a Eiji por primera vez.
Tal y como predijo, Ash llega a Japón a las seis de la de la tarde con quince minutos. Al bajar, un auto rentado ya le espera en la pista y aunque es un poco llamativo, no le queda de otra más que tomarlo. No quiere perder más tiempo en tonterías como cambiarlo por uno mucho más discreto. Ya ha perdido meses enteros, así que simplemente sube su equipaje y luego se coloca en el asiento del conductor, para después conectar su smartphone al vehículo y dejar que el GPS lo guíe a través de la ciudad.
Es la segunda vez que Ash visita el país, pero al igual que en la primera, no tiene el tiempo de admirarla en absoluto. El alfa conduce directamente a Koto, las afueras colindantes con Ginza, para ser más exactos. Según lo averiguado por Segei y sus fuentes, Eiji está rentando en un apartamento de clase media en ese distrito y aún trabaja para la editorial de los Glenreed, por lo que, si no logra dar con su edificio, aún puede esperarlo fuera del trabajo para hablar con él. Sin embargo, dada la hora, es probable que ya se encuentre en casa o de camino a ella y a Ash sólo le tomará llegar veinte minutos según lo indicado en la pantalla de su teléfono.
Las calles ruidosas le aturden un poco, pero intenta no dejar que eso le moleste mientras aguarda en cada semáforo, volviendo de los minutos una eternidad. Hay tanta gente en el exterior que si no se hubiera criado en New York, estría realmente impresionado. Ash se sorprende a sí mismo buscando en medio de esa multitud el tan ansiado rostro de Eiji. Sabe que no está cerca, porque no lo huele y aún así lo intenta, el nerviosismo a flor de piel que no se clama, ni si quiera cuando ha dado con su edificio.
Aslan desciende el coche y camina con las piernas temblorosas hasta la entrada de la construcción. No es un lugar lujoso, por lo que no ha tenido que vérselas con el intercomunicador digital o algo similar. Todo lo que le recibe es el portero que no le mira sospechoso, ni interfiere en su camino, haciendo que el rubio agradezca por primera vez en toda su vida el ser un alfa de buen porte. Aún así, saluda al hombre, cordial y se adentra hasta llegar al asesor al que llama con el corazón el corazón en la garganta y aguarda, lo más paciente que puede a que llegue, con el impulso de dejarlo de lado y subir por las escaleras. Sin embargo, logra esperar exitosamente y sube hasta el tercer piso, revisando el mensaje de Blanca para asegurarse de que se está dirigiendo al lugar correcto, como si en ese punto pudiera olvidar las instrucciones que tan al pie de la letra se ha grabado.
Las puertas de la cabina de metal finalmente se abren, dejando frente a él un amplio corredor que va en una sola dirección y no se interseca con ningún otro. Hay tres pares de puertas en un solo lado del pasillo y del otro, únicamente un balcón que se pinta con los colores del sol cayendo lentamente. Casi como en una película romántica.
Ash no está seguro de dar el primer paso, su pulso está acelerado y aunque está un poco asustado, es más la intriga. No sabe como será recibido, no tiene la certeza de nada y aún así, de alguna manera, logra caminar hasta la puerta del apartamento número dieciocho, cuya placa en el exterior indica que se trata de la residencia Okumura, pero esa no es la razón por la que el alfa se detiene allí, sino por el tan entrañable aroma a girasoles, ese en el que notó un ligero y extraño cambio la última vez que se encontraron y que se desprende por debajo de la puerta, tranquilizándole tanto que los nervios se disipan por un instante, hasta que se percata de que hay algo más. Sí, huele a Eiji, pero también huele a alguien más.
Llama a la puerta.
Lo ha hecho sin pensar, simplemente levantando la mano y golpeando la puerta en la urgencia de saber. Se siente como si pudiera derribar la puerta de un solo golpe, únicamente para asegurarse de que todas las ideas que están cruzando por su mente en ese instante no son verdad, que se trata de su inseguridad jugándole una mala pasada. Que Eiji abrirá la puerta y le mirará con esos enormes ojos negros, confirmándole que le ha extrañado tanto como él. Que podrán hablar y que todo se solucionará de la mejor manera.
El corazón del rubio late con tanta fuerza que puede escuchar su sangre burbujear en sus odios. Del otro lado de la puerta, el sonido de pasos acercándose se hace presente y con ellos, ese aroma "extra" que Ash conoce de algún jodido lado, pero no está seguro de dónde.
Hasta que la puerta se abre y le ve.
—¿Sing? —es todo lo que puede preguntar, tan confundido como nunca ha estado antes en toda su vida.
—¿Qué estás haciendo aquí? —le pregunta y Ash no deja pasar por alto el tono de voz tan hostil que ha usado para dirigirse a él.
Hay algo extraño. Algo no está bien.
—Podría preguntar lo mismo —le responde, recomponiéndose un poco de la sorpresa inicial—. Estás demasiado lejos de New York.
—¿Te parece? —le pregunta levantando un poco el rostro para poder mirarlo a los ojos. Aún le faltan algunos centímetros para ser tan alto como él, pero no parece intimidado, sino todo lo contrario. Le desafía con la mirada, la postura y se esencia tan agresiva.
Casi como si estuviera marcando su territorio.
—¿Dónde está Eiji? —pregunta yendo al grano. No viajó por doce horas consecutivas para quedarse charlando con alguien a quien definitivamente no esperaba ver y por supuesto, tampoco para soportar su hostilidad.
—No está en casa —le responde y a cada segundo que pasa, está más seguro de que no es bienvenido. Lo que no sabe es por qué.
—Necesito hablar con él, urgentemente.
—Ya te dije que no está en casa —responde, tenso—. Y será mejor que te vayas.
Ash entrecierra los ojos y ladea la cabeza.
—¿Qué? —pregunta más confundido que antes. No entiende una mierda de lo que está ocurriendo, piensa que tal vez ha escuchado mal, porque por más que le da vueltas, no encuentra una razón para el comportamiento del chico que se supone es su amigo.
La última vez que le vio, hace ya algún tiempo, no actuaba especialmente extraño, pero tampoco puede estar completamente seguro, estaba tan inmerso en sus propios problemas que tal vez no lo vio. O no lo quiso ver.
—Dije que lo mejor será que te marches —le repite.
—¿Qué diablos ocurre contigo? —le pregunta—. Déjame pasar.
—No —le responde y bloquea la entrada con su cuerpo—. Hablo, en serio, no puedes estar aquí. Eiji no puede verte.
—¿Por qué? —pregunta, perdiendo la paciencia y apretando los dientes con disgusto. No le gusta tener que hacerlo, pero si las cosas siguen así, tendrá que hacer uso de su propia esencia para imponerse.
—¿De verdad quieres saberlo? —pregunta retóricamente y luce muy nervioso. Ash se habría preguntado por qué si no hubiera estado tan irritado—. Bien. Refrescaré un poco tu memoria, entonces. Abusaste sexualmentede él —le dice, haciendo que el corazón del rubio se detenga ante esa declaración. Luce genuinamente furioso—. Abusaste de él mientras estaba en celo, el primero. ¿Realmente esperaste que él te perdonara por eso? ¿Qué un par de disculpas serían suficiente para reparar el daño psicológico que le causaste? Eiji realmente creía que eras su amigo y tú te aprovechaste de eso a pesar de que ya tenías a alguien más. ¿Sabes lo culpable que se sintió? ¿Las veces que se culpó cuando el único responsable eras tú? Así que no, no puedes verlo. Él vino aquí para intentar olvidarse de todo y está haciéndolo muy bien. Estamos haciéndolo muy bien.
Ash no responde. No de inmediato al menos. Está demasiado ocupado tratando de procesar todo lo que se le ha dicho tan de golpe. Tratando de recuperarse de las pedradas. Sabe que fue ingenuo creer que las cosas que habían pasado entre él y el omega quedarían en el pasado únicamente con dos tazas de café y una charla, sobre todo por su naturaleza tan delicada, pero no estaba preparado para escucharlo y mucho menos de boca de una persona que nada tenía que ver con la situación. Está herido, pero sobre todo se siente culpable, no puede creer que ha dañado tanto a la única persona que más ha deseado proteger en toda su vida. Que la ha dañado tanto que ha tenido que mudarse del otro lado del mundo únicamente para no tener que verse involucrado con él. Aslan no se había equivocado en suponer que tenía algo que ver en esa decisión.
Sin embargo, aquello sólo es un incentivo más para encontrarse con él.
—Por favor, déjame verlo —le pide suplicante y contrario a su conducta anterior, se siente manso. Sumiso—. Déjame hablar con él.
Sing le mira y por un segundo, sus ojos brillan con un sentimiento que Aslan no es capaz de descifrar pero que se parece muchísimo a la compasión y aun así se repone casi de inmediato, volviendo a su obstinado comportamiento de protector que Ash no sabía que tenía, de la misma forma en que no tenía idea de que su relación con Eiji fuera tan profunda. ¿Habría ocurrido en su ausencia? ¿Tal vez antes?
—No puedo hacer eso. Él está esperando un bebé, ¿sabes? Sería malo para él —arroja de golpe.
—Un... ¿bebé? —pregunta y por su cabeza pasa fugazmente el momento en que perdió la razón por completo, por el celo del omega, y olvidó usar protección. Joder, en todo ese tiempo ni si quiera pensó en esa posibilidad, pero si ese bebé es suyo, entonces no hay manera de que él se rinda, por muy furioso que pueda estar Sing—. ¿Mío? —pregunta entonces, con voz temblorosa. Sabe que no tiene derecho de estar feliz por algo así, pero lo está.
Hasta que Sing niega con sus ojos de acero aún penetrándolo.
—No. Es mío —le responde y todas sus esperanzas se marchitan dejándole únicamente desolación y algo similar a los celos flotando en su pecho.
—¿Cuándo...?
—Antes de que te acostaras con él nosotros ya estábamos saliendo —le responde y el corazón de Aslan se rompe en partes tan pequeñas que los trozos se encajan en todo su interior, haciéndole sangrar—. Tal vez te lo habría dicho si no hubieras estado tan ocupado atendiendo a tu marido. Sin embargo, ahora lo sabes. Él y yo estamos juntos y esperamos un bebé, así que no interfieras.
Ash aprieta los puños y desesperado exclama:
—¡Quiero oírlo de él!
—¡¿Por qué te importa tanto?! ¡Ustedes sólo eran amigos!
—¡Por qué estoy enamorado de él! Estoy... estoy enamorado de Eiji, joder —responde con un par de lágrimas resbalando por su rostro de porcelana—. Lo amo.
—Vete —le repite y esta vez está prácticamente gruñendo—. Tu tienes a tu omega y estás esperando un hijo. Déjanos a nosotros en paz. Él me quiere a mí, ¿lo entiendes? —dice y Ash lo toma del cuello de la camiseta, furioso.
No lo soporta. Ya no lo soporta.
Ambos se quedan de esa forma por un par de segundos hasta que el rubio afloja su agarre y lo libera, dándose cuenta de lo que ha estado a punto de hacer. Sing le da un pequeño empujón un tanto agresivo y él retrocede con la mirada clavada en el suelo, hecho un desastre emocional, rindiéndose. Deseando la muerte. Se siente como si le hubieran arrancado una parte de su destrozado corazón, una parte importante y piensa, siente, que esa sensación le seguirá por el resto de su vida. Sabe que lo tiene merecido, todo ese tiempo actuó sin tomar en cuenta la voluntad de Eiji, sus sentimientos y ahora que por fin ha logrado abrir su corazón a alguien más, ha estado a punto de arruinarlo. ¿No dijo que haría lo que fuese para hacerlo feliz, aún si eso significase desaparecer de su vida?
Lo prometió, así que no entiende porque sus piernas no se mueven de allí.
—Lo lamento —le dice el menor y Ash no entiende por qué se disculpa, Sing fue el único que jugó limpio.
Tal vez esa fue la razón por la que Eiji lo eligió. Contrario a él, Aslan fue un mentiroso.
El rubio da media vuelta con postura encorvada y el rostro empapado, sin decir nada más. No sabe cuanto tiempo ha estado llorando, ni la razón. No sabe si es porque se ha enterado de que Eiji siempre le odió por lo que le hizo durante su celo, o porque ahora sabe que está con alguien más. Tal vez por ambas. Es el dolor más desgarrador que ha sentido nunca y eso incluye la ocasión en que su propia madre le abandonó. Ir a Japón tan impulsivamente había sido un error. Ir con las expectativas tan altas lo había sido aún más. Ash ni si quiera sabe como sobrevivirá después de eso.
Piensa que no lo hará, que morirá en cualquier momento.
El viaje en ascensor hasta el recibidor se siente mucho más corto que el de ida, pero eso es obvio, la sensación de emoción infantil le ha abandonado hace mucho. El alfa sale del edificio sin molestarse en despedirse del portero que debe estarse preguntando porqué su estadía ha sido tan breve y finalmente, llega al auto que ha rentado del cual abre la puerta del conductor para subir.
Pero no se marcha, llora.
Llora tanto que el pecho le arde por la falta de aire. Llora tanto que su rostro se enrojece y su nariz se constipa. Llora tanto que pierde la voz y sus alaridos se vuelven apenas un susurro. Llora porque Eiji le odia. Llora porque no ha podido decirle la verdad. Llora por los malos entendidos. Llora porque le ama y dejarlo ir es la cosa más difícil que ha tenido que hacer nunca. Llora porque sabe que Sing podrá hacer todo lo que él no hizo cuando tuvo la oportunidad.
Llora.
Ash abre sus enrojecidos ojos después de unos minutos. Su cabeza está recargada con derrota sobre el volante del auto y sus manos caen flojas a su costado. Un aroma, el que le ha hecho espabilar, llega a su nariz con mas intensidad a cada segundo. El alfa se acomoda en el asiento y mira a su alrededor, alerta, buscando al dueño del aroma girasol por instinto.
Lo encuentra de pie a las escaleras del edificio que acaba de abandonar. Lleva en las manos dos bolsas de papel con las compras, una de ellas rota y con los artículos en el suelo. Aslan le mira agacharse con mucha preocupación, casi como si le costara la vida entera hacerlo, pero eso lógico considerando la barriguita que se marca por sobre su suéter, el azul a rayas que siempre fue su favorito. Suyo y de Ash. Su piel se ve radiante, su cabello también y aunque hay algo de cansancio en sus ojos, luce tan espléndido como un ángel y por un segundo, sólo esa vista es suficiente para calentarle el corazón.
Para hacerle olvidar
Ahora comprende que ese "cambio" de aroma no era más que la esencia de un omega en estado, Sing no ha mentido. Tiene que admitir que es lindo y que le hace sentir magnéticamente atraído hacia él, como siempre se ha sentido. Parece que a su lado alfa ni si quiera le importa saber que está esperando al cachorro de alguien más, todo lo que desea es acercarse, tener un poco más de él, por última vez. Así que Aslan coloca una mano sobre la manija de la puerta del coche y está a punto de halar de ella para salir, pensando que está bien, que está bien que sea sólo un poco, pero como siempre, la realidad le golpea duro y le destroza un poco más cuando el otro alfa sale del edificio y Eiji le sonríe con esas mejillas rojas que Ash siempre amó mirar.
Realmente lucen bien juntos.
Ash enciende el motor del vehículo y a pesar de los celos y la desesperación, se las arregla para para incorporarse al camino con rumbo de vuelta al aeropuerto, con la imagen del hombre que ama en brazos de alguien más plasmada en el espejo de su retrovisor y sus ojos nublados por el llanto que acude a él de nuevo y no le abandonará pronto.
