Se sentía exhausto, emocional y físicamente, no entendía como había mantenido el mismo ritmo por dos años y medio y no había decaído antes, pero era obvio que ya estaba en su límite, que sería imposible seguir y aun así no se detenía, porque tenía, porque no había otra opción, no para él, no para el ex mortífago. Había perdido la cuenta de las veces que lo habían mancillado de aquella manera, hasta hacerlo sangrar, hasta hacerlo querer llorar, sin embargo sufrir era un lujo que no podía darse, la debilidad era algo que ya no podía darse el gusto de sentir y a veces le era tan difícil continuar de aquella manera, cada día las heridas sanaban más lentamente y no las de su piel, si no las de su alma, se sentía contantemente humillado, se sentía degradado, se sentía como la basura que todos aseguraban que era.
Y a pesar de todos aquellos sentimientos negativos en el fondo sabía que se lo merecía, que estaba pagando por todo el dolor que él mismo y toda su familia había causado al estar de lado de Voldemort, acción de la que se arrepentía desde lo más profundo de su alma, porque aquel loco solo lo había arrastrado a la miseria y aunque se había percatado de aquello, lo había hecho demasiado tarde, para cuando los Malfoy habían caído en cuanta de su error la guerra ya estaba en todo su apogeo y el lord los tenía bien amarrados a su causa, Draco solo había podido rendirse ante la situación a la que sus padres le habían involucrado sin antes preguntar.
A veces recordaba el tiempo en el que servir a Voldemort le significaba un orgullo y sentía asco de sí mismo, sus ideales, los que Lucius y Narcissa le habían inculcado había sido su perdición y que tarde se había dado cuenta de que sus padres estaban equivocados. Era duro, demasiado, él estaba ahí, libre de prisión pero no de sus pecados, su madre tardaría otros siete años en salir de prisión pese a haber ayudado a Potter en el último momento y su padre se pudriría en Azkaban hasta que sus huesos se hicieran polvo, el Wizengamot se había encargado de aquello. Le calaba el hecho de haberse librado de su castigo solo por haber sido menor de edad a la hora de tomar la marca y por haber mentido a favor de Potter una sola vez, él creía que merecía el mismo destino que sus padres, aunque tal vez era solo su cobardía, Azkaban era el paraíso comparado con el club nocturno en el que trabajaba.
Todas las noches, una tras otra llegaba de su frio y ruinoso departamento muggle al Lonely Hearts Night Club donde con mucha dedicación se encargaba de su maquillaje, su vestuario y su cabello, aún recordaba cuando recién había llegado y no sabía ni qué diablos era un rubor, aunque tampoco era como si lo necesitara realmente, las chicas y chicos que habían llegado antes siempre le elogiaban su perfecta piel, sus labios de un rosado natural y su perfecto cabello platinado.
Al dar la primera hora del día el reloj del local sonaba estrepitosamente y anunciaba que era el momento, pero Draco aún no debía salir, porque Cherry la dueña que había sido muy cuidadosa al ocultar su verdadera identidad y hasta su apariencia física, le había tomado un cariño bastante extraño, él era como una joya para su negocio y ella se encargaba de pulirlo y siempre darle los mejores clientes.
A Draco bailar de aquella manera de la que aprendió a solo dos semanas de su llegada siempre le había parecido vulgar, todo lo que él sabía de baile no se asemejaba ni en lo más mínimo a aquellos movimientos cadenciosos e incitantes, pero con el tiempo comenzó a tomarle el gusto y la verdad era que era bastante bueno para ello, ninguno de sus compañeros se movía como él, nadie provocaba como él, nadie era tan deseado como él y aquello, al menos al principio, le había hecho sentir bien, su ego se vía fuertemente alimentado por los aplausos y la saliva de aquellos que iban solamente a verlo a él y que encima de todo pagaban por ello. Pero todo cambió cuando fue ascendido, mostrarse al mundo ya no era lo único que debía hacer y aunque quería negarse a acostarse con cualquiera que pudiera pagar simplemente era imposible, el contrato le impedía decidir libremente y así era como había terminado siendo la puta de medio mundo mágico.
Su primera mala experiencia había sido con un tipo que nada más reconocerlo había pagado oro para tenerlo a su disposición, le había atado a la cama y le había quemado el rostro con la varita, mientras le escupía un sinfín de insultos por su pasado como mortífago, por supuesto que como la mayoría también se lo folló, Draco había quedado inconsciente por el dolor y al despertar se había encontrado con su cuerpo lleno de semen y sangre, Cherry había estado furiosa, pero como la identidad de los clientes se mantenía bajo anonimato lo único que pudieron hacer fue darle una paliza en el callejón tras el local y advertirle que la mercancía no se maltrataba, por que eso era Draco en aquel lugar, mercancía que se vendía y debía estar perfecta.
Intentaba con todas sus fuerzas no quejarse, al menos no en voz alta, sabía que no era el único en aquella situación, la mayoría de los hijos de mortífagos con un físico aceptable habían terminado ahí, Pansy, Blaise y Theodore estaban en él pudriéndose en el mismo agujero, agonizando tanto o más que él. Ahí dentro, bajo las luces de neón no eran Malfoy, Zabini, Parkinson y Nott, eran Ángel, Zorro, Emperatriz y Paladín. Más de una vez había tenido que ser él quien se encargase de Pansy cuando alguien la lastimaba, más de una vez él había tenido que cuidar sus heridas, sus quemaduras de cigarro y sus golpes por todo el cuerpo, odiando inmensamente no poder ir y denunciar todo lo que estaba pasando con ellos. Blaise y Theo tenían un poco más de suerte, al ser únicamente meseros era muy rara la ocasión en que algún cliente los pedía para una noche de sexo, aunque Malfoy debía admitir que si había alguien tan odiado y jodido como él, aquel era Nott.
Los Nott y los Malfoy habían sido dos de las familias más activas en el bando de los mortífagos junto con los Lestrange y la gente no olvidaba aquello, Draco y Theo eran escoria, basura que servía para follar y lastimar, la diferencia era que Nott casi siempre tenía una máscara puesta, por el uniforme y él no, Malfoy estaba expuesto para cualquiera que pudiera pagar veinticinco galeones de los cuales solo diez iban a su bolcillo. Por eso fue que todos ellos habían decidido desaparecer del mundo mágico y Draco había sido muy cuidadoso de no dejarse ver más de lo necesario por aquellos magos que nada más mirarlo buscaban lincharlo, por eso vivía en el Londres muggle carente de lujos, temeroso de que el oro que ganaba llamara la atención y entonces el ministerio se fuese sobre él una vez más y sus amigos estaban en la misma situación.
Para los muggles, Draco era un jovencito huérfano que se ganaba la vida como mesero en algún restaurante de clase media y que no había tenido la oportunidad de ir a la universidad —aunque la verdad era que ni si quiera había terminado el colegio—. Muy rara vez usaba magia, principalmente porque hacerlo llamaba demasiado la atención y no le apetecía ser cazado por nadie que lo quisiera muerto, segundo porque al hacerlo se sentía terriblemente sucio, con ella, con su magia había hecho más cosas horribles que maravillosas y era tanto el pánico que muchas veces su misma magia no acudía a él, como si se hubiera marchado, cansada de sus inseguridades y sus miedos.
Entonces ahí se encontraba, en su apartamento y con una resaca de los mil demonios, la noche anterior había tenido un cliente especialmente difícil que le había hecho sangrar y le había lastimado muchísimo, Pansy le había curado y le había mandado a casa en compañía de Theodore que se desvivía por él desde el colegio, completa y ciegamente enamorado. El castaño lo había llevado a casa usando la aparición y le había ayudado a tomar una ducha sin si quiera dar muestra de querer aprovecharse de su borrachera, le había ayudado a tomar unas cuantas pociones para los mareos y para desvanecer algo del alcohol de su organismo, le había preparado un sándwich de pollo y luego lo había acostado. Draco recordaba todo por partes, el único lado bueno del alcohol que su cliente le había hecho beber había sido que el dolor había aminorado bastante.
Se puso de pie, dispuesto a buscar su poción para la resaca, encontrándola en la mesita junto a la cama, justo a lado de la vieja lámpara de cristal que usaba para leer. Estaba sobre una nota de Nott que prometía volver por la mañana y que le dejaba instrucciones de como calentar el almuerzo que le había preparado y que había dejado dentro del refrigerador. Suspiró algo cansado, no era que Nott le desagradara, era guapo, tenía un cuerpo sexy y se moría por él, se habían acostado unas cuantas veces, la mayoría de las ocasiones cuando Draco se sentía demasiado cansado como para continuar con aquella vida, pero sabía que Theo buscaba algo diferente, una relación estable en medio de aquel caos y Draco no podía ofrecérsela, no podía darle fidelidad, no por el tipo de trabajo que debía hacer, no podía darle amor, porque ni si quiera podía quererse a sí mismo, Draco Malfoy no era Draco Malfoy, era un saco de hueso y carne carente de todo sentimiento positivo.
Después de tomarse el vial y sentirse mucho mejor se encaminó hasta la cocina pensando en aquel cliente que al parecer era fan de Harry cara rajada Potter y que había ido dos noches seguidas usando su apariencia. Le había parecido divertida la manera en que aquella persona, hombre o mujer parecía realmente virgen en medio de aquel ambiente, le había parecido confundido y perdido, pero sumamente interesado en lo que Draco tenía para ofrecer y por aquello se había animado a hacerle un descuento que había rechazado con culpa en los ojos y Malfoy había llegado a la conclusión de que aquel cliente posiblemente tenía una relación estable y no tenía idea de cómo había llegado a aquel club. Y sin embargo, esa persona volvió a la noche siguiente.
Era sumamente extraño ver a San Potter en medio de aquel ambiente tan extravagante babeando por él, pero ya le había tocado uno que otro graciosito que se había adueñado de la apariencia de su propio padre solo para fastidiarlo y así se lo habían follado, por lo que, darle el culo a un Harry Potter falso no sería la peor cosa que tendría que hacer. Sin embargo, aquel cliente fan del cara rajada no parecía animarse a hacer otra cosa que no fuese beber y pagar un tanto de oro para verlo bailar solo para él y aquello estaba bien, porque ser follado por tu ex rival del colegio podía ser un tanto humillante. Draco se preguntó si aquel sujeto volvería y si volvería con la apariencia de Potter o elegiría otra.
Decidió que no valía la pena seguir pensando en eso y que debía almorzar, así que lo hizo y al terminar se dio una ducha refrescante solo para encontrar a Theo en medio de su sala, recogiendo algo del desorden que él no se molestaba en atender, demasiado ocupado en su propia depresión. Nott lo recibió con una sonrisa cálida, de esas que Draco amaba pues le hacían sentir importante y querido y que correspondió con una sonrisa cansada antes de ir hasta la cocina vistiendo únicamente una toalla, escurriendo algo de agua.
—Vayamos justos al trabajo —dijo Nott mientras seguía en su trabajo de desempolvar el librero.
—¿Ahora le llamamos trabajo? —preguntó intentando sonar divertido, pero fallando, Nott solo hizo una mueca e ignoró aquel comentario.
—Mañana es lunes, tenemos el día libre... conseguí boletos para...
—Theo, no deberías estar gastando tu dinero en cosas como esas, ya te has atrasado con la renta de éste mes, tu casera no va a estar contenta si no le pagas lo que debes.
—Siempre puedo lanzarle un confunduso una imperio.
—Y luego tendrías a todo el departamento de aurores sobre ti, incluyendo a las secretarias.
—Por favor, hace tiempo que no salimos.
—Preferiría quedarme aquí y descansar —Nott se puso rojo y Draco rodó los ojos, recordando la última vez —hablo de descansar de verdad, Theo, el tío de ayer me dejó bastante jodido y tengo entendido que ya estoy apartado para un cliente el día de hoy.
—Sí, escuché de ello... —dijo con algo de rencor, siempre era lo mismo, Nott no podía evitar ponerse celoso de los clientes de Draco.
Malfoy asintió distraídamente mientras tomaba un gran trago de agua y luego se dirigía hasta su habitación para colocarse algo de la ropa de segunda mano que poseía. Extrañaba sus túnicas finas, pero todo le había sido arrebatado tras los juicos; su fortuna, sus propiedades, su ropa, sus muebles, todo se lo había quedado el ministerio y hasta donde Draco sabía, se había usado todo ese dinero para reconstruir los cientos de edificios que habían sido dañados tras la guerra.
Sintió la vista de Nott sobre su cuerpo desnudo mientras se deshacía de la toalla en su cintura y casi de manera automática comenzó a moverse más lento, más provocativo, no que quisiera conseguir sexo de verdad ese día, era más bien que era la costumbre de lucirse cada que alguien se mostraba interesado en él. Escuchó como su amigo pasaba saliva pesadamente y él solo suspiró, limitándose a ponerse los calzoncillos y los pantalones. Siempre era lo mismo, y a veces era cansado, existían muy pocos hombres o mujeres capaces de resistirse a sus encantos, su madre siempre le había dicho que era el encanto Black y él siempre se había sentido orgulloso de eso, hasta que alguien llegó y decidió explotar esa parte de él, convirtiéndolo en un objeto meramente sexual.
Recordaba que durante su época de escuela había sido divertido ser él, era muy popular entre sus Slytherin y había tenido sus primeras experiencias con Pansy que era su prometida en aquel momento y con Blaise, sin embargo, el que fuera irresistiblemente guapo era opacado por el hecho de que, en su misma generación estudiaba cierto chiquillo con gafas redondas y actitud de héroe que se robaba toda la atención. Debía admitir que hasta cierto punto siempre se había sentido celoso de Potter, porque era San Potter y era perfecto. Aún en aquel momento el bastardo tenía su vida perfecta, con su trabajo perfecto, su novia perfecta, su casa perfecta y sus amigos perfectos, mientras Draco solo tenía miseria. No podía decir que lo odiaba, a esas alturas había madurado lo suficiente como para odiarse más a si mismo por todo lo malo que le había ocurrido en la vida y de todas formas Potter se había ganado todo eso por su propia mano ¿no?
Cuando decidió que era suficiente de seguir pensando en su antiguo rival, Draco se alistó para salir directo al trabajo, usaría ropas muggles hasta cruzar la barrera y luego se colocaría aquella feísima túnica que usaba solo cuando tenía que estar entre magos. Con un asentimiento de cabeza indicó a un muy parlanchín Theo que debían marcharse y así lo hicieron. Caminaron por varias calles, disfrutando del clima de primavera y discutiendo sobre el cliente de Draco aquella noche. Cherry solo le había mandado decir con Pansy que alguien había reservado con él y que justo después de la presentación de esa noche debía dirigirse hasta su cuarto rosa. Aquello no era nada nuevo, generalmente un cliente recurrente que llegaba tarde solía apartar a algún bailarín para asegurarse de que, al día siguiente, aunque llegase tarde, nadie se lo arrebataría. Solo esperaba que no fuese la tipa que solía tomar la identidad de Hermione Granger y que generalmente iba una vez al mes, porque era terriblemente mala cogiendo, por muy bien que pagara.
Se detuvieron a tomar la cena en una pequeña fondita donde la dueña les conocía y siempre estaba intentando que Draco le diese una oportunidad a Theo alegando que un muchacho tan guapo como él merecía otro igual y, aunque el rubio por lo general se hacía el desentendido, sí que era incómodo que Nott se sonrojara hasta las orejas y él tuviera que fingir que la ventana era la cosa más interesante del planeta. Se quedaron ahí hasta que prácticamente anocheció, Theo, como mesero tenía turno desde las nueve y como Draco no tenía nada mejor que hacer, fue con él hasta el club.
Estar en el Londres mágico nunca era sencillo, no para ninguno de los apestados, como lo eran Nott y Malfoy, solo hacía tres días Draco había querido pasar a comprar un par de pociones con el único pocionista de la ciudad que parecía no tener prejuicios contra él y ni si quiera había puesto un pie en el callejón Diagon cuando tres tipos borrachos y envalentonados por ser mayoría le habían pegado la paliza de su vida, estaban tan emocionados por hacerle daño que hasta parecían haber olvidado que eran magos, dedicándose únicamente a golpearlo a puño limpio.
Con una cautela extraordinaria ambos llegaron hasta el club y entraron por la puerta del personal, aquella que estaba en el sótano del lugar. Saludaron amablemente a todos los chicos que ya habían llegado, en su mayoría los y las meseras que iniciaban antes que los bailarines. Blaise ya se encontraba con su uniforme, luciendo algo cansado, ajustando las tiras de cuero que le atravesaban el pecho como aquellos trajes de sadismo que en otras condiciones hubiese lucido interesante. Nott se puso el uniforme ahí, frente a todos, entre los empleados de aquel lugar rara vez existía el pudor, no después de todo lo que habían pasado y estaba bien.
—No entiendo que tiene de malo Nott, tiene un pene muy bien dotado—le susurró Zabini, intentando bromear.
—Es mi amigo, igual que tú, igual que Pans —Respondió con simpleza, tomando asiento en uno de los sillones de terciopelo rojo del camerino comunitario. —¿Sabes a qué hora va a llegar?
—Anoche dormimos juntos pero cuando desperté se había marchado —Respondió con una indiferencia que Draco sabía no sentía.
Blaise y Pansy mantenían una relación complicada, porque Pansy había estado enamorada de Draco y Draco de ella, y cuando Blaise decidió que se había enamorado de ella las cosas no fueron fáciles, para ninguno de los tres, al menos hasta que Draco decidió dejarlo por lo sano y alejarse, dejándoles el camino libre, pero no por eso menos culposo, Pansy se encontraba frágil y no sabía lo que quería y Blaise la quería ella, entonces eran como una especie amigos que follaban y veían películas algunas veces. Aquello sonaba sencillo, pero no lo era, constantemente sus inseguridades causaban dolor y sufrimiento, como si sus vidas no fuesen lo suficientemente complicadas. Por eso Draco no se animaba a establecerse ni con Nott ni con nadie, para él no valía la pena.
Los meseros salieron a las nueve en punto, los bailarines como siempre tuvieron que esperar tras bambalinas hasta la una de la mañana, tiempo que Draco aprovechó para charlar con Pansy quién estaba especialmente decaída aquel día. Culpa, pensaba Draco, se sentía culpable por haber dormido con Blaise una vez más. Cuando el reloj del loca sonó, Ángel y Emperatriz ya estaban listos para salir, con sus trajes que no dejaban nada a la imaginación y con sus movimientos perfectamente practicados para cautivar, la meta de aquella noche era conseguir la mayor cantidad de oro posible.
Draco consiguió al menos cinco clientes que pagaron diez galeones cada uno por verlo bailar, incluso besó a uno por quince galeones más, incluso se alegró de ver que Harry Potter no anduviera por ahí, cada que lo tenía cerca se sentía juzgado pese a que aquel no era el verdadero Potter. Al terminar el baile bajó del escenario, dispuesto a ir al cuarto rosa, tenía un compromiso y tenía que cumplir. Se abrió paso entre cuerpos danzantes y sudorosos que le hicieron beber un par de copas de camino a su destino y que él tomó sin hacerse del rogar, cabía la posibilidad de lo necesitara, si el sujeto en su habitación era tan pesado como el de la noche anterior. Tuvo que esquivar a un par de chicas que quisieron invitarlo a bailar y a un grupo de hombres que querían lo mismo hasta que finalmente alcanzó la puerta que daba al pasillo con las habitaciones.
Su habitación estaba a la mitad del pasillo, por lo que llegó a ella relativamente rápido, se sentía un poco achispado por el par de copas que le habían regalado pero perfectamente bien para ofrecer sus servicios de manera completa. Se paró frente a la habitación rosa, tomó el pomo y la abrió. Ahí del otro lado estaba Harry Potter, o al menos el tipo que se hacía pasar por él, el moreno husmeó la habitación con interés hasta que Draco entró.
Bueno, a mal paso darle prisa. Pensó el rubio mientras colocaba su gesto más encantador y jodidamente sexi, el hombre frente a él se sonrojó ligeramente y pareció a punto de decir algo, pero Draco no le dejó, caminó hasta él, acarició su torso con lujuria y luego le robó un apasionado y húmedo beso que le supo a la gloria, al principio el sujeto se resistió, pero poco a poco fue cediendo. Draco pensó que hacía mucho que no encontraba a alguien que besara de aquella manera.
