Harry se encontraba en su oficina de muy mal humor, aquella mañana había discutido con Ginny y no había sido una pelea pequeña, para nada. Después del asunto de la pesadilla con Malfoy, su novia parecía haber recordado la noche anterior en que había prometido pasar tiempo con ella y al explicarle que había faltado por estar vigilando a Malfoy no calmó las cosas, las empeoró en magnitudes inalcanzables. Porque Ginevra había comenzado a berrear un sin fin de cosas sobre "Otra vez tu obsesión con Malfoy" "Madura Harry, ya no tienes dieseis" "Malfoy nunca ha sido tu asunto" y "Vas a dejar esta estupidez de lado si no quieres que lo nuestro termine" y Harry simplemente no entendía el porqué de su enojo, él simplemente trataba de ayudar, no era como si fuera cosa exclusiva de Malfoy ¿o sí?

Por las señales que su enojada novia daba, Harry hasta se aventuraba a decir que estaba celosa, celosa de Draco Malfoy, algo completamente estúpido porque ella no tenía forma de saber que él, tal vez, solo tal vez gustaba de Malfoy, o de Ángel y por supuesto que su argumento sobre sexto año carecía de validez porque en ese momento no había estado interesado en Malfoy en aquel sentido, vale que tal vez si se había obsesionado con él un poquito, siguiéndolo por los pasillo de Hogwarts, con el mapa y la capa, pero había sido por una buena razón y al final sus sospechas habían sido correctas y el rubio de verdad había tramado algo, algo que terminó en tragedia. Pero definitivamente aquello no era por atracción sexual, era llana y simple curiosidad, lo mismo que lo llevó a seguirlo por segunda vez unos días atrás.

Pero Harry no estaba dispuesto a dejar su misión personal de descubrir que diantres ocurría en aquel bar nocturno y Ginny por supuesto no se lo había tomado nada bien, tal vez había esperado que su novio simplemente cediera y grande fue su decepción cuando aquello no sucedió. Así que, con un portazo, un "Es obvio que yo no te importo" y una maldición que le quemó las pestañas se marchó y Potter comenzaba creer que no volvería hasta que él se disculpara y dejara de lado aquel club nocturno. No podía decir que no le dolía, se sentía sumamente herido, porque él siempre la había apoyado en cuanto lo laboral se refería y le parecía realmente injusto que ella no pudiera hacer lo mismo con él. ¿Qué más daba que intentara ayudar a los Slytherins o hijos de mortífagos? ¿No decía el viejo Dumbledore que todos merecían la oportunidad de redención?

Harry no podía negar que Draco y muchos de los chicos en aquel club habían hecho cosas malas, cosas terribles, pero tampoco podía dejar que todo el peso recayera sobre ellos, sus padres habían sido de gran influencia, la forma en que los habían criado, simplemente habían estado expuestos a un sinfín de mierda racista y conservadora, contrario a él que siempre había estado rodeado de gente buena que le enseñó a mantenerse del lado de la luz, aun cuando la oscuridad era tentadora. Malfoy había tomado malas decisiones, muchísimas, pero a Harry le constaba —por qué le había visto llorar en el baño y por qué le había salvado la vida en la mansión— que en el fondo no era malo, solo era un chiquillo consentido que había sido demasiado cobarde como para enfrentarse a la realidad de una guerra, pero ¿quién estaba realmente preparado para eso? Harry definitivamente no y sospechaba que ni si quiera el mismo Dumbledore lo había estado.

Tal vez era su personalidad de héroe la que le impedía dejar el asunto como estaba, tal vez era que en realidad disfrutaba de ver a Malfoy bailar, tal vez era porque detestaba las injusticias o porque estaba realmente aburrido y aquella era una manera de salir de la rutina, no lo sabía, pero tampoco importaba demasiado, él estaba tratando de ayudar e iba a ayudar en todo lo que fuese posible, porque, lo que había presenciado en el cuarto rosa con Malfoy no se lo merecía absolutamente nadie y de todas formas, ya le había salvado antes de situaciones terribles ¿Qué era otra más? Quien sabe, tal vez, incluso al final, las rencillas con Malfoy terminarían y entonces él podría seguir con su vida sabiendo que fue de ayuda.

Su secretaria entró con un par de documentos más los cuales él reviso sintiéndose mucho más relajado, la hora de salir estaba cerca y como no debía hacer ronda aquella noche por la zona mágica de Londres podía ir directamente al club y hablar con Áng... Malfoy, quería decir Malfoy. Se recostó en su silla sintiéndose ligeramente nervioso, aquella sería la primera vez en años que cruzaría palabra con el rubio y si era sincero consigo no sabía ni cómo empezar. Porque Harry podía tratar con el Draco del colegio, era sencillo, prácticamente tenía que insultarlo y luego maldecirlo, pero dudaba que esa vieja técnica de interacción sirviera de algo y realmente no sabía hasta qué punto podía establecer una conversación casual con él y además, estaba el hecho de que Malfoy le hacía sentir cosas que le asustaban y le bloqueaban.

Ya días atrás había admitido que Malfoy le atraía, pero el hecho de que se encontraba lo suficientemente inalcanzable para él lo mantenían en el límite de lo que se permitía hacer con alguien que no fuera su novia y temía que estando a solas con él las cosas se salieran de control, porque Ángel sabía manejar a las personas, él mismo había presenciado como los clientes se volvía locos por un poco de él y aunque a Harry le gustaba pensar que era diferente a todos ellos la verdad era que, de no haber estado con Ginny seguramente no se habría limitado muchísimo. Tampoco era que fuese su culpa, cerca de Ángel no podía pensar con claridad, sus movimientos le embriagan más que el whisky de fuego y se la ponían más dura de lo que Ginny se lo había puesto en toda su vida, aunque aquello nunca lo diría en voz alta frente a nadie, porque sabía que era vulgar y poco cortés.

Otra de las razones por las que suponía se mantenía al margen era el hecho de que nunca se había sentido así por un hombre y que fuera precisamente su rival del colegio quién le causara aquellas sensaciones le perturbaba ligeramente, o al menos cuando estaba solo, pensando en ello, porque mientras veía el espectáculo solo podía pensar en lo malditamente desafortunado que era de no poder tocar más de lo que deseaba, porque si, Harry era un hombre honesto y justo, pero era hombre al fin y al cabo, un hombre joven que había experimentado pocas cosas más eróticas que ver a Draco Malfoy bailar en poca ropa y que definitivamente se estaba viendo atraído por aquel oscuro y desconocido mundo.

Sí, se sentía culpable, por que aquello era como engañar a su novia con la mirada, —solo la mirada porque jamás se había atrevido a tocar— pero simplemente no podía evitarlo y había decidido que luchar contra aquellas sensaciones solo lo estaban empeorando todo. Había decidido que hablar con Malfoy sería lo mejor, revelarle su verdadera identidad y todas esas cosas, esperando que se lo tomara bien y no quisiera sacarlo a patadas de la habitación privada, tal vez, cuando Malfoy volviera a ser desagradable con él, Harry podría seguir adelante, tan heterosexual como antes de haber conocido el Lonely Hearts Night Club. O tal vez descubrir una nueva faceta en su vida, quien sabe.

Al término del trabajo se dirigió a casa para tomar un baño, no que quisiera lucir presentable para algo en específico, porque solo iba a ir a hablar con Malfoy, pero por la mañana había estado en entrenamiento físico y aunque había tomado una ducha rápida después, no le apetecía salir sin tomar una ducha a conciencia, porque definitivamente no se estaba arreglando porque tenía una noche reservada solo con Ángel, porque él estaba con Ginny, aunque hubieran peleado y definitivamente no iba a serle infiel, solo un baño por gusto propio y esas cosas, sí señor, solo eso.

Tardó alrededor de dos horas bañándose a conciencia y eligiendo algo decente que ponerse, descubriendo así que en su armario no tenía nada de nada y dándose por vencido, colocándose sus mejores jeans negros con pequeños agujeros en las rodillas, una botas desgastadas color café, la camiseta menos desgastada que tenía y una chaqueta de cuero negra que había pertenecido a Sirius y que había encontrado en el ático. No se molestó en peinarse, sabía que aquello era imposible, así que simplemente se afeitó, se colocó un poco de loción, se ajustó las gafas y salió de camino hacia el club.

La noche estaba calurosa, pero aun así no se quitó la chaqueta por la pereza de tener que cargarla —a veces olvidaba que era mago y podía encogerla y meterla en sus bolcillos, pero era Potter al fin y al cabo— y el cielo estaba despejado por la ligera brisa primaveral y dejaba ver las estrellas y la media luna brillando en el cielo. Pero ni la luna, ni las estrellas, o la brisa le hacían sentir ligeramente menos nervioso a cada paso que daba, como si se estuviera dirigiendo a alguna cita, lo que no era precisamente cierto, porque si, había apartado la noche con Ángel, pero ellos no iban a tener sexo, simplemente iban a charlar, Harry le ofrecería a Malfoy su ayuda y esperaba que este la aceptara.

Al llegar la dueña del lugar lo recibió con una enorme sonrisa y Harry le tuvo que pagar un poco más para que nadie decidiera usar el cuarto continuo a la habitación de Draco como había hecho él la noche anterior, en primer lugar porque no quería que nadie escuchara que él en realidad era el verdadero Harry Potter y en segundo, porque seguramente se llevaría una gran decepción al ver que nada pasaba ahí dentro. No esperó a que el show de los bailarines comenzara, tomó una copa de brandi que le relajó de sobremanera, descubriendo que Theodore Nott era quién atendía la barra e inmediatamente se dirigió a la habitación de Ángel, guiado por una hermosa chica de curvas perfectas y cabello rubio oscuro, quién le guiñó el ojo antes de dejarlo pasar y le recordó que los meseros también estaban disponibles. Potter se sonrojó hasta las orejas por aquella insinuación pero solo atinó a adentrarse al cuarto y agradecer por las atenciones, como si se encontrara en un restaurante cualquiera y no en un club nocturno que también funcionaba como prostíbulo y club de bailarines exóticos.

La habitación estaba tal cual la recordaba, unas tenues luces rosa neón lo iluminaba, reflejándose en las negras paredes, dándole un toque púrpura a la habitación, privado y prohibido. En el centro descansaba una enorme cama que lucía realmente cómoda, era completamente circular y sus mantas amarillas brillaban en neón por la luz. En el techo había un espejo y Harry se sonrojó, suponía que era para que pudieras ver lo que ocurría si estabas boca arriba. En una esquina descansaba un pequeño bar surtido de muchas botellas de diferentes alcoholes, mágicos y muggles y justo a un lado del bar, un sillón esquinero de terciopelo rojo con una pequeña mesita circular al frente.

Había un armario, uno enorme abarcando una de las paredes y que Potter —por tener algo que hacer— comenzó a husmear de manera inmediata. El armario también servía de cambiador, eso era bastante obvio y dentro habían un sinfín de trajes eróticos con diferentes temáticas, uno cada vez más perverso que el anterior, pero aquello no fue lo que le causó un repentino ataque de nervios, si no la cantidad de juguetes sexuales que habían dentro, la mayoría de ellos jamás en su vida los había visto; vibradores, dildos, anillos, lubricantes, esposas, látigos y otras tantos a los que ni si quiera quería encontrarles forma. Cuando su vista se topó con unos cuantos uniformes de Hogwarts de las diferentes casas decidió que era momento de cerrar la puerta y tomar lo que fuese del mini bar

Y así lo hizo, cerró la puerta corrediza y se dirigió al pequeño bar en la esquina de la habitación, notando el tubo de baile muy cerca y esquivándolo mientras su mente intentaba bloquear la vista de Ángel vistiendo como Draco Malfoy en su época de colegio. Pero los juguetes y aquellos uniformes habían encendido en su cabeza un interruptor que ahora no podía apagar y se sintió sumamente incómodo imaginando a Malfoy de nuevo en su uniforme de Slytherin siendo follado por él en algún corredor abandonado del castillo. Tomó un largo trago de whisky e intentó respirar, el ambiente del cuarto rosa estaba diseñado para ponerlo de aquella manera, lo sabía y no podía deshacerse de su influencia.

Y entonces la puerta se abrió.

Harry se tensó de inmediato y las manos le comenzaron a sudar, haciendo que la botella que sostenía casi se le resbalara, había pensado que cuando el momento llegara simplemente podría sentarse y decirle a Malfoy quién era y que era lo que quería, pero en aquel momento simplemente no podía sacarse de la cabeza las cuerdas de cuero en el armario, ni el látigo o el bendito traje de Slytherin que se le antojaba repentinamente sexy, incluso más que la trusa blanca que Ángel vestía regularmente.

Giró su cabeza, solo para encontrarse con un Draco Malfoy sonriente y endemoniadamente ardiente, sus grises ojos brillaban con fuerza y le derritieron por dentro y joder que se repetía una y otra vez que estaba con Ginny, pero aquel mantra solo parecía funcionar si no estaba a solas con Ángel, pero a cada paso que daba Malfoy, dirigiéndole esa lujuriosa mirada sus valores morales más quedaban en el olvido y aquello estaba mal, muy, muy mal, pero se sentía endemoniadamente bien. La sensación de privacidad era un fuerte afrodisiaco, porque no tenías que compartir con nadie más aquello que se te ofrecía tan descaradamente y Harry sin duda, no era tan fuerte como para resistirte. Él pensaba "No puedo, no puedo" pero su cuerpo le traicionaba.

El rubio caminó meneando las caderas de manera provocativa, iba descalzo y aun así era más alto que Harry, pero aquello solo lo hacía más emocionante. Las alas mágicas se desvanecieron cuando sus cuerpos estuvieron lo suficientemente cerca y Malfoy, no, no Malfoy, Ángel le acarició el abdomen por sobre la ropa, sin apartar su gris mirada de la de Harry, a quien esos ojos grises se le antojaron lo más hermoso del mundo. Y entonces le besó, le besó con fuerza e ímpetu y su cuerpo en un principio se resistió, no reconociendo la saliva de Ginny, pero aquel sabor a alcohol y a manzana era embriagadora y no pasaron muchos segundos antes de que estuviese correspondiendo el beso. Su mente estaba nublada por las sensaciones, era como estar borracho, pero mucho mejor, Potter no podía pensar en nada que no fueran esos rosados labios besándole de aquella manera, tan pasional, tan ardiente.

Un pinchón de inseguridad le invadió de repente ¿quién le habría enseñado a Malfoy a besar a si? Seguramente alguno de los muchos hombres que habían pasado por aquella habitación y la sola idea le hizo sentir que la sangre le hervía, porque Ángel era suyo y no estaba dispuesto a compartirlo, no quería compartir esos húmedos besos con nadie, se rehusaba a hacerlo. Y entonces sus pensamientos se detuvieron en seco ¿Qué había estado pensando? Se regañó mentalmente, pero no tuvo verdadero tiempo de analizarlo, porque el rubio ya había atacado su cuello, lamiendo, mordisqueando y succionando mientras él soltaba pequeños jadeos que él juraba no quería soltar. Aquello era el paraíso aunque se sentía como el infierno. No se dio cuenta de en qué momento había sido llevado hasta la cama, pero tampoco era que estuviera pensando, su necesidad principal en aquel momento no era respirar, era sentir y Draco le estaba haciendo sentir y sentir maravillosamente bien, como nunca en sus veinte años de vida. Sabía que mínimo debía sentir miedo, pero Malfoy no daba cabida a aquel sentimiento, no mientras su lengua hacía maravillas con su piel. Entonces sintió el colchón bajo su cuerpo y las delgadas manos de su acompañante colarse debajo de su camiseta, estimulando sus pezones de manera gloriosa.

—Dijiste que nunca lo había hecho con un hombre ¿cierto? —Le preguntó Ángel con voz rasposa, siseante y erótica que era tan parecido al tono que usaba para provocarlo en el colegio y pensó que había estado realmente ciego de no haber visto lo que Malfoy tenía para ofrecer.

Potter respondió un nunca que sonó más a una exhalación y el rubio sonrió complacido antes de bajar sus pantalones y posicionarse entre sus piernas. Con mucha dedicación besó y lamió sus muslos y Harry creyó que podía morir con solo eso, la vista de aquel hombre entre sus piernas, muy cerca de su erecto y endurecido pene era sin duda la mejor del mundo y no quería que aquello se detuviera. Ángel colocó su dedo índice en la cabeza de su pene y Harry soltó un jadeo bastante indecoroso, lo que hizo que su acompañante sonriera mucho más.

—¿Te gustaría una mamada? ¿O prefieras que te monte ahora mismo? Podemos tener un juego de rol, o ir por algún juguete, tengo muchos, podría gustarte —le provocaba masturbándolo de manera muy lenta, torturándolo y Harry pensó que podría correrse solo con el sonido de su voz. —¿Sabes, Harry y yo no fuimos precisamente amigos en el colegio, pero pelear también es excitante, ¿te gustaría que te tratara como al verdadero Harry Potter? ¿Te gustaría que te la chupara como si fueras nuestro héroe?

Entonces algo en la cabeza del moreno hizo clic, era verdad, Malfoy no sabía que él era el verdadero Harry Potter. Joder. Abrió la boca para decirle que se detuviera, que necesitaba decirle algo, que necesitaba que él le contara algunas cosas, pero fue demasiado tarde, Ángel se había metido todo su glande a la boca, con la experiencia de un profesional y comenzó a subir y bajar, metiéndose con gran habilidad todo el pene de Harry quién podía sentir en su punta la garganta del chico entre sus piernas y aquello le llevó de nuevo a un mundo donde sólo existían ellos, no mortífagos, no héroes, no guerra, no Slytherin o Gryffindor, no Ginevra, no Weasleys, solo esa preciosa boca succionando como si la vida se le fuera en ello.

Sus morenas manos se movieron hasta la cabellera platinada y lo sujetaron con fuerza, arrancándole a Malfoy un jadeo ahogado que envió a su pene un choque de placer indescriptible. La lengua del rubio recorría todo su pene y la saliva caliente le encendía aún más. Ginny jamás le había hecho una mamada y por supuesto él jamás se lo había pedido, su sexo era bastante arcaico y hasta cierto punto aburrido, no le sorprendía que Malfoy lo llevase hasta la siguiente galaxia solo con una mamada y tampoco se sintió culpable de admitir que aquel rubio era mejor que la pelirroja.

—Sí, sí, más, más rápido Malfoy, más rápido.

Aquello los tomó a ambos por sorpresa, Harry apretó los ojos avergonzado, sintiendo la cara arder, pero no tanto como sus testículos a punto de explotar. El rubio solo se detuvo un instante por el shock del que se repuso rápidamente y continuó con la felación hasta que Harry se corrió, largo y con fuerza, soltando un rugido digno de un león. Al abrir ojos, Potter se encontró con la lengua de Malfoy aun tragándose su semen y aquello solo hizo que se le endureciera nuevamente, cosa que jamás le había pasado y que ni si quiera creía posible.

Ángel se puso de pie nada más terminar y con una enorme sonrisa se encaminó hasta la barra de donde tomó una botella de whisky y sin tomarse la molestia de utilizar un vaso dio un trago directo de la botella. Harry se quedó hipnotizado, mirando aquellos enrojecidos labios beber aquel licor, mirando aquel cuerpo escultural perlado de sudor, sobre todo en el cuello, donde el mayor esfuerzo fue hecho. Se sentía agotado, pero quería más, jamás había tenido un orgasmo así y quería repetir, ya no podía seguirse negando que Draco Malfoy le ponía y le ponía mucho. Pensó en Ginny y su relación de años, se sentía culpable ¿cómo se supone que la vería a la cara? No lo sabía pero definitivamente debía terminar aquella relación.

Potter miró la trusa del rubio y encontró una erección bajo ella, una bastante marcada, Malfoy se dio cuenta de que lo miraba, pero no dijo nada y Harry se sintió avergonzado, había estado pensando en su propio placer y había olvidado el de su acompañante, quién parecía de lo más acostumbrado a no ser correspondido. Pero Harry no era como los otros, nunca lo había sido, así que con algo de nerviosismo se puso de pie, se subió los pantalones, caminó hasta él y le robó la botella para darle un gran trago que casi lo deja borracho de un golpe.

—Déjame ayudarte con eso —le dijo con la pena aminorada por el alcohol, Malfoy lo miró como si le hubiera salido una cabeza más pero de todas formas se dejó guiar hasta la cama donde se sentó.

Harry se sentó a su lado, porque hacerle una mamada le parecía demasiado para la primera noche. Le bajó la trusa que ocultaba aquel pene que se le antojó largo y que le hizo pasar saliva con algo de miedo.

—No tienes que... —Le dijo con voz dulce, una que Harry jamás le había escuchado, era obvio que Malfoy estaba conmovido.

—Está bien... sólo, solo dime si lo estoy haciendo mal.

Draco asintió y Harry colocó su mano derecha sobre el miembro erecto y rosado de su acompañante, porque él tal vez nunca había estado con un hombre, pero sí que se había masturbado a si mismo y sabía cómo hacerlo, al menos, no tan mal. Comenzó a subir y bajar, primero con inseguridad y luego tomando un poco más de confianza, hasta que sus movimientos fueron firmes y de la boca de Malfoy comenzaron a salir un montón de gemidos de placer. El rubio atrajo su boca y comenzó a besarlo húmedamente, ahora el chico sabía extraño, probablemente culpa de su semen, pero no era incómodo, sobre todo porque se mezclaba con el sabor del whisky que habían tomado con anterioridad.

—Malfoy, Malfoy... —Repetía entre el beso, disfrutando realmente de masturbar a otro hombre.

—Mmm... Potter... —Le dijo en respuesta y se corrió.

La sensación de viscosidad y tibieza en su mano era singular e inigualable, cuando Draco terminó solo atinó a sonreír, satisfecho consigo mismo. Aquella noche no le dijo a Ángel la verdad, ni le preguntó sobre lo que ocurría en aquel club, pero prometió volver al día siguiente y el rubio pareció realmente contento por eso. Harry sabía que estaba jugando con fuego, pero quemarse de repente ya no le parecía tan desagradable... no mientras nadie se enterara, eso era obvio.