Harry se miró en el espejo una vez más, había comprado un par de jeans nuevos que le habían gustado mucho y había pensado que quería llevarlos al club junto a una camiseta que hacía poco Hermione le había regalado, era sábado y había tenido día libre por lo que la mañana entera la había pasado junto a Ginny en un cine muggle viendo películas tan malas que ni si quiera quería recordar sus títulos. Después del cine y una comida bastante agradable en una fondita había dejado a la menor de los Weasley en la terminal de trasladares y la había visto marchar hacia Yorkshire donde serían sus últimos entrenamientos hasta el inicio de las vacaciones de verano.

El moreno terminó de arreglar sus ropa y de intentar hacer que su cabello luciera menos desastroso, pero como al final no logró nada simplemente se colocó su chaqueta y salió vía red flu hasta el callejón Diagon, sabía que necesitaba una rasurada pero el tiempo se le había pasado volando y de todas formas Draco ya le había dicho que le gustaba la sombra de barba que se le formaba en el rostro. Pidió en el caldero chorreante comida suficiente para dos personas la cual estuvo casi al instante, era tarde y poca gente iba a pararse por allí a esas horas, excepto tal vez, por los borrachos.

Caminó lentamente sintiendo la brisa primaveral y admirando la calma de la calle comparada con el movimiento que había por las tardes. Las estrellas brillaban de manera extraordinaria y la luna estaba en todo su esplendor, majestuosa, imponente y misteriosa, justo como los ojos de Draco Malfoy, aquellos que se habían convertido en una constante en los sueños de Harry. Rápidamente llegó hasta la entrada del club donde Draco trabajaba y habiendo disminuido la bolsa con comida se adentró sin preocuparse si era reconocido o no.

Se quedó sentado muy cerca del escenario, donde tenía reservada una mesa exclusiva para él y esperó. No mucho después el que él creía era Theodore Nott se acercó con cara de pocos amigos a atenderle. Harry ya antes había sentido la hostilidad hacia su persona por parte de él, pero en particular no imaginaba a que se debía, el "verdadero" Harry nunca se había metido con él, o al menos no lo recordaba y en el club apenas y habían mantenido una relación cliente-mesero. Restándole importancia a sus gestos despreciativos que eran notables aún debajo del antifaz, pidió un shot de tequila y una copa de Martini que no sería para él.

La música sonaba tan sensual como siempre, la gente bailaba en la pista y bebía en las mesas y en la barra, pacientes, algunos ligaban con los meseros, otros entre clientes, algunos pese a ser relativamente temprano ya se encontraban vomitando de borrachos o desinhibidos por el alcohol y Harry comenzaba a aburrirse, aquel ambiente nunca había sido él suyo y, aunque los primeros días habían sido toda una aventura, después de casi tres meses comenzaba a ser monótono, excepto tal vez por el show de Ángel.

Un tío y una mujer habían intentado ligar con él, sin enterarse de que él en realidad si era Harry Potter. El hecho de lidiar con caras tan conocidas había dejado de ser disgustarte y había comenzado a sobrellevarlo bastante bien, la idea de que aquellos en realidad no eran algunos de sus amigos cercanos sí que era de ayuda, pero sobre todo sus actitudes les revelaban. Había mantenido conversaciones con al menos cinco Hermione, tres Ronald, dos Sirius, un par de Nevilles y hasta con unos cuantos ministros pero siempre era obvio que los usurpadores ni si quiera se habían molestado en investigar a sus máscaras, por lo que él mismo había empezado a actuar diferente, como si no fuera él mismo y la verdad era que estando allí tampoco se sentía como él.

Las campanadas que anunciaban el inicio del show comenzaron a sonar y aunque la música cambio de manera muy sutil, la mayoría de los presentes dejó de bailar o hacer cualquier cosa para prestar total atención al espectáculo en el escenario. Las luces neón se atenuaron aún más, dando un aire misterioso y realmente sugestivo, el sábado era el día favorito de Harry. Toda la decoración del club era cambiada por tonos negros y púrpuras que te sumergían en una ambientación sensual y los trajes de los bailarines no eran la excepción.

Los primeros bailarines comenzaron a salir al escenario enfundados en provocativos trajes de cuero negros que simulaban aquellos usados para el sadomasoquismo, con cadenas atadas a su muñecas o cuellos que los clientes ansiaban jalar para obtener un poco de atención de aquellos cuerpos danzantes y eróticos que, aunque atractivos no se comparaban con la cereza del pastel. Harry pudo ver a Pansy entre los bailarines, junto a otra chica con la que compartió un beso largo y húmedo que encendió entre los observadores una ola de chiflidos y gritos de emoción y entonces, después de casi cuarenta minutos salió él.

Ángel vestía muy similar al resto, pero lucía el cuero como nadie, el contraste entre su pálida piel el brillante material oscuro era la perdición, se ajustaba a su abdomen y piernas como pocas cosas y Potter sintió que el aire le faltaba, de repente ya no había oxígeno en la sala. Le vio contonearse desde la parte trasera del escenario, agitando sus alas negras que brillaban en ligeros tonos azulados y que le hacían lucir como un cuervo, majestuoso y hermoso, causando que todos le miraran, incluso aquellos que ya habían conseguido a algún bailarín. Pero el rubio no se detuvo a buscar un cliente que cubriera su cuota del día, no necesitaba hacerlo, porque Harry estaba ahí.

Sus pies descalzos y perfectos se dirigieron hasta donde Potter estaba esperando, con su cuarto shot de tequila y el Martini intacto, el moreno sonrió cuando hicieron contacto visual y se recargó en su asiento para ponerse mucho más cómodo, olvidándose de Ginny, de que era un auror en cubierto y del mundo entero, porque ahí estaba Draco Malfoy, bailando y nada más importaba más que aquel sensual cuerpo invitándole a algo que no se podía permitir, pero que de todas maneras iba a mirar por que ya se había resignado a que no podría resistirse.

El rubio tomó uno de los tubos metálicos y comenzó a subir a él de manera sugerente, agitando la pelvis y alzando el culo mucho más de lo que realmente necesitaba hacerlo para mantener el equilibrio, sus alas ocupaban bastante del campo visual y sin embargo lo más importante seguía siendo él, tan perfecto y sensual. Entonces Malfoy se separó del tubo con un movimiento felino y se puso de rodillas frente a Harry, desvaneciendo sus alas negras y posando sus profundos ojos grises sobre él. Potter tomó la copa de Martini y muy gentilmente se la tendió, Malfoy sonrió y se la tomó de un sorbo sin hacer ni una sola mueca y continuando con el espectáculo.

Sus pálidas manos recorrían su propio abdomen que se encontraba al descubierto, lentamente, estirando los dedos y presionándolas contra las pequeñas y casi invisibles cicatrices del sectumsempra que muchos años atrás el propio Harry le había lanzado. Harry sintió un tirón en su entrepierna pero intentó recordarse que en realidad, no iba a hacer con Malfoy nada que no fuese charlar cuando estuvieran a solas, pese a que el deseo le invadía, porque aquello era lo correcto. El rubio estiró su propia mano y sujetó el rostro de Harry, intentando halarlo hasta el suyo para besarlo, pero éste lo esquivó de manera sutil y depositó un par de monedas en sus pies.

—Vamos, Draco —susurró— es hora de marcharnos.

El rubio sonrió de manera satisfecha, tomó las monedas y se puso de pie, tocó nuevamente su abdomen, pero en aquella ocasión, unas cuerdas de cuero comenzaron a materializarse sobre él, entonces se acercó al cuello de Harry y lo rodeó con sus delgadas manos, materializando sobre su moreno amigo un collar que estaba atado a unas livianas cadenas metálicas que tintinearon. Harry sonrió, completamente desinhibido, no le importaba estar atado, no mientras Malfoy sujetara el otro extremo del collar. Entonces el ojigris pasó su mano por su platinado cabello y una corona que parecía completamente de plata y joyas negras apareció sobre su cabeza, esa noche él era el rey y Harry le serviría.

Draco se abrió paso entre la multitud como si fuese un rey y la verdad, es que fácilmente pudo haberlo sido, o al menos así era ante los ojos de Potter quién se dejaba arrastrar bajo la presión del collar de cuero sobre su cuello. Los clientes y meseros les abrían paso, algunos miraban a Potter con envidia, otros tantos miraban a Malfoy como si no mereciera aquel trato, pero la verdad era que a ninguno le importaba nada, su único objetivo era llegar al cuarto rosa y pasar ahí el rato hasta que Harry tuviera que marcharse nuevamente.

Nada más llegar las cadenas desaparecieron y ambos echaron a reír como genuinos amigos y la verdad era que se estaban convirtiendo en unos. Potter se sentó sobre el sofá de cuero negro y colocó la aún caliente comida en la mesita frente a ellos, Malfoy se dirigió al armario y se colocó una túnica común y corriente para inmediatamente después tomar lugar junto a Potter y comenzar a comer con avidez. Harry no había tardado en notar que Malfoy en realidad no se alimentaba demasiado bien y aunque la primera vez que le había llevado algo de comer el rubio pareció sospechar bastante, con el tiempo se fue acostumbrando a los buenos tratos que Harry le otorgaba.

Harry había decidido, después del ataque a Malfoy y Nott que debía concentrarse en buscar una manera de sacar a los hijos de mortífagos de aquel club y, aunque dentro de sus planes había estado contarle a Draco la verdad de su identidad, la verdad era que había estado un poco temeroso de que pensara que se había estado burlando de él, por lo que el contacto sexual se había detenido y se limitaban a charlar sobre todo y nada en aquella habitación, mientras cenaban tranquilamente y alguna melodía invadía la habitación. No era que Harry ya no desease tocar a Malfoy, la piel le ardía solo de estar cerca de él, pero la culpa había comenzado a ser demasiada y no había podido con ella. Cuando dejó de lado su infidelidad las pesadillas terminaron y tener el retrato de él y Ginny en su escritorio había sido mucho más fácil, pero su deseo seguía allí e intentaba compensarlo pensando que ayudaría a Malfoy a salir de donde fuese que se hubiese metido.

Draco estaba consciente de que Harry sabía quién era él, nombre, apellido y muchas cosas de su pasado, pero nunca se animaba a hacer indagaciones, al menos en voz alta, Harry suponía que tenía curiosidad pero la política de su trabajo le impedía preguntarle su verdadera identidad y aquello reforzaba que Harry no soltara la sopa por sí mismo.

Draco Malfoy era bastante agradable, Harry lo había descubierto muchos, muchos días atrás y estaba realmente agradecido por la manera en que lo trataba, porque Potter era amable, caballeroso y muy atento, pese a su desliz inicial de someterse a sus instintos y dejarse llevar por el aura erótica que Malfoy desprendía. Harry jamás olvidaría su cara cuando le había pedido que detuvieran el juego sexual; incredulidad, confusión y finalmente alivio y cierta gratitud. Malfoy estaba cansado de ser la puta de todos y estar con el ojiverde era como tener vacaciones pagadas, porque el moreno seguía pagando por su compañía.

Entonces ahí se encontraban, en una habitación con una cama sumamente invitadora, un armario lleno de objetos sexuales, un bar con alcohol de calidad, un tubo de baile, luces y música que ambientaban todo y ellos, en vez de estar follando estaban riendo por un chiste que Harry había dicho mientras comían un poco de tarta de manzana como postre. Ninguno de los dos llevaba ya la cuenta de cuantos días lo habían pasado así, pero era agradable y hasta sorprendente, porque en el colegio jamás hubieran podido mantener una conversación como aquella, aunque tal vez se debía a que Ángel no tenía idea de quién era él en realidad.

—No vas a preguntar entonces... —Afirmó Harry divertido. Malfoy negó.

—No, mi contrato me lo prohíbe, nada de preguntas a los clientes, aunque generalmente ninguno viene a charlar, lo que te convierte a ti en alguien sumamente extraño —el moreno se encogió de hombros.

—Tengo novia —soltó de repente y Draco sonrió.

—Claro, Ginevra Weasley —dijo divertidísimo y que él pronunciara el nombre de su novia le supo a Harry sumamente amargo. Guardaron silencio un momento, volviendo a sus postres. —Creo que nunca te he dado las gracias... has mejorado las cosas para mi bastante, vienes aquí, pagas por tener un amigo y no consigues nada a cambio... hasta te pareces al Potter de verdad —Harry casi se atraganta.

—¿Eso crees? ¿Lo conocías bien? —Draco negó pensativo.

—No, no bien, pero algo, éramos rivales en el colegio —contestó como añorado viejos tiempos— él era el héroe, yo era el tipo malo, todos lo idolatraban y yo estaba celoso de ello, porque siempre fui mejor que él en muchas cosas pero él destacaba por qué bueno... era Harry Potter. No voy a menospreciarlo, porque es un mago excepcional y un buen buscador, pero de todas fromas no importaba nada de lo que yo hiciera él...

—Él siempre se llevaba los aplausos —completó él sintiéndose sumamente avergonzado, jamás había escuchado de Malfoy su opinión sobre él, al menos no de manera tan sincera.

—Si lo hacía... a veces creía que lo odiaba, pero creo que le admiro un poco, me ha salvado la vida varias veces, hace un mes lo hizo y aunque prometió que volvería al hospital no lo hizo, quería darle las gracias.

—¿De verdad?

—Sí, fue extraño verlo ¿sabes? Por qué te miro y parece que eres él, pero no lo eres y cuando me encuentro con el real hay algo de confusión en mi —soltó una carcajada— ¿a que es extraño?

—No, no lo es... —guardó silencio, pensando— podrías darme las gracias a mi... —Draco frunció el ceño divertido y luego asintió.

—Gracias por salvarme de la turba enardecida que quería matarme por mortífago, Harry.

Aquellas palabras de agradecimiento se sintieron cálidas en el pecho del auror y entonces se percató de que su corazón latía como loco, recordándole el tiempo en que era un adolecente y quería invitar a Cho al baile de navidad. Se sentía conmovido y feliz, tanto que dolía y se sintió realmente confundido y luego culpable, Malfoy parecía haber encontrado en él algún tipo de refugio y le hablaba de sus sentimientos como si no se tratara de nada personal y Harry ni si quiera podía decirle quién era él en realidad. Jamás en toda su vida había sentido tanta necesidad de abrazar a alguien y decirle que todo estaría bien, Malfoy lucía frágil ante sus ojos y a la vez tan fuerte por haber soportado todo aquel peso sobre sus hombros. Tres meses, solo tres habían transcurrido y él ya se sentía sumamente conectado con él.

—Hay... hay algo que me gustaría preguntarte... —dijo Harry suavemente. Draco asintió. —Tú... ¿te están obligando a estar aquí? —El rubio se tensó y desvió la mirada pero rápidamente se recompuso y respondió un firme:

—No.

—¿Estás seguro?

—Si —se apresuró a contestar y Harry suspiró.

—De acuerdo, tenía que preguntártelo, —se puso de pie— debo marcharme ya, pero si después quieres que hablemos sobre esto, creo, creo que podría ayudarte, Malfoy.

—¿Eres un auror o algo por el estilo? —Harry dudó su debía responder o no pero finalmente asintió.

—Lo soy.

Draco se puso de pie alarmado y mirando en todas direcciones como si de repente hubiera recordado que los tenían vigilados o algo, sumamente acobardado, tanto que a Harry le recordó al adolecente de dieciséis que alguna vez había encontrado llorando en el baño. Malfoy se jaló el cabello, como intentando encontrar una respuesta en medio de su pánico personal, pánico que Harry definitivamente no entendía.

—¿Le has dicho a alguien aquí que lo eres?

—No...

—Bien, no lo hagas, no lo digas nunca o... —negó, como desechando un mal pensamiento— no necesito ayuda, nadie aquí la necesita ¿entiendes? No necesitas meterte con... escucha, has sido muy bueno conmigo y solo por eso voy a darte una advertencia, no intentas nada estúpido, si quieres seguir frecuentando el club debes dejar de hacer este tipo de preguntas, yo no voy a delatarte, pero aquello no significa que los otros no vaya a hacerlo... ¿puedes entenderlo?

—Suena a que es peligroso.

—Lo es.

—¿Y por qué si lo es no quieres hablar?

—Porque... porque... Merlín, por favor deja de preguntar... —Se sentó de nuevo con la cabeza entre las manos.

—¿Tú estás en peligro?

—Será mejor que te vayas...

—No confías en mí... —no era una pregunta.

—No confío en nadie... y a ti, a ti no te conozco de nada, quiero decir, si, hemos charlado, y te agradezco mucho todo lo que... sin ti yo estaría... ahg... lo siento, no puedo, vete por favor y si decides volver mañana espero que hayas dejado el tema o no volveré a aceptarte como cliente —Harry se tensó ante aquello.

El rostro de Malfoy reflejaba tensión y confusión, como si realmente quisiera hablar, como si realmente quisiera buscar ayuda pero simplemente no pudiera, era la viva imagen de aquel momento en que Voldemort le había encargado la tarea de asesinar a Dumbledore y el pobre y perdido Draco Malfoy no sabía ni por dónde empezar, demasiado asustado para pedir ayuda, bajo amenaza de muerte y sin nadie que le apoyara, nadie que le ayudara a salir de aquello. En aquella ocasión Harry había sostenido con él un duelo en vez de extenderle la mano, en vez de intentar comprenderlo, le había dañado físicamente en vez de preguntar, pero ahora tenía una nueva oportunidad, Draco y había demostrado no ser igual que antes, había demostrado que era un guerrero, uno que estaba demasiado cansado para seguir adelante y que necesitaba un empujoncito, uno que Harry le daría para ayudarlo a salir de eso.

Lo miró, desesperado sobre aquel sillón de cuero, se puso de pie frete a él y tomó mucho aire, era increíble que para todo el mundo la guerra hubiera terminado pero no para él, no para Draco Lucius Malfoy quién seguía peleando contra los residuos de una batalla que claramente no había querido pelear, Draco que seguía peleando contra los prejuicios a su persona, contra la marca que quedaba oculta bajo su túnica y que aun así era capaz de darle las gracias a él, pese a que nunca lo había hecho y aquel nuevo Draco Malfoy le fascinaba de maneras desorbitantes y quería conocerle, quería conocerle más y ayudarle a salir de aquello.

Extendió su mano y lo jaló de un brazo para obligarlo a estar de pie frente a él, y lo besó. No lo besó como ninguna de las veces que habían compartido saliva, aquel beso era tranquilo, dulce y muy suave. Harry pudo notar como Malfoy parecía realmente perdido, mucho, pero no molesto y rápidamente le correspondió mientras se aferraba a su espalda, lleno de inseguridad. Harry acarició su perfecto cabello con devoción, una que su cuerpo entregaba sin preguntarle, pero que se sentía tan natural como respirar y se preguntó si no se estaría enamorando un poco de aquel hombre, probablemente sí, pero aquello no importaba. El pasado que les unía era su más fuerte vínculo y se mezclaba con el presente, aquel en el que no parecían ellos mismos. Los insultos de pasillo y las maldiciones dejaron de existir, al menos para Harry y se concentró en lo importante, en Malfoy intentando hacerse su amigo en la tienda de túnicas pese a su apariencia andrajosa, en el mismo rubio extendiéndole su mano, ofreciéndole su amistad, en aquel hombre que le había salvado la vida bajo las narices de sus padres, aquel que había sufrido un terrible castigo por haberlo dejado ir.

Entonces se separó de él, Draco parecía completamente confundido pero Harry ya no podía seguir dándole vueltas al asunto, tres meses había esperado ya.

—Necesito que confíes en mí y para eso necesito contarte la verdad, Malfoy, yo soy el verdadero Harry Potter.