Jamás en su vida se había sentido tan cobarde como en aquel momento, jamás había sentido tal nivel de repugnancia hacia sí mismo y aquello le estaba carcomiendo muy lentamente. No sabía lo que le había sucedido, no había pensado, no se había detenido a cavilar nada, simplemente se había dejado llevar por la excitación que golpear a Malfoy en poca ropa le había causado, una terrible decisión, debía agregar, por que aquella noche no solo traicionó su propio juramento de mantenerse fiel a Ginny, si no también aquel de ayudar a Malfoy, de mantenerlo a salvo de todos aquellos que solo querían hacerle daño. Se había trasformado en aquello que tanto había aborrecido y lo peor es que lo había disfrutado, muchísimo, porque follarse a Malfoy había sido una de las experiencias más placenteras que hubiese tenido nunca.
No se sentía como él mismo, se sentía sucio, se sentía corrupto, se sentía sumamente Slytherin, porque aquello que había hecho había sido el producto de sus propios deseos, aquellos que había tenido mucho cuidado de mantener ocultos, bien dentro, donde ni él pudiera percibirlos y aquel sentimiento había salido en el peor —o en el mejor, dependiendo desde que punto de vista se viera— de los momentos, había aprovechado la oportunidad, se había aprovechado de la posición de Draco y de la suya misma como beneficiario de un servicio para obtener aquello que había deseado desde hace meses, pero que su sentido de la bondad, de la justicia, el honor y la pureza le habían impedido hacer. Y se había salido completamente de control, se había dejado llevar por el placer y el deseo, en las sensaciones que el cuerpo de Ángel le había regalado.
Y lo peor era que si pudiera volver a hacerlo lo haría. Había pasado noches y días enteros pensando en aquello y siempre había llegado a la misma conclusión; Draco Malfoy se había convertido en su mayor obsesión sexual y deseaba con todas sus fuerzas repetir, hundirse en él, escucharlo jadear a su causa, azotarlo contra la pared, ver su blanca piel enrojecer por los golpes, admirar su flexible cuerpo doblado mientras él le penetraba, ver sus manos perder el color por las ataduras, hacerlo silenciar por besos rudos que terminaban en saliva y sangre por todas partes. Y se sentía sumamente enfermo por pensar de aquella manera, pero no podía evitarlo, su pene reaccionaba positivamente ante la idea del sadomasoquismo, mejor que ante el sexo mojigato que había intentado mantener con Ginny.
Dejar que ella se acostara y penetrarla ya no le causaba nada extraordinario, ponerla en cuatro tampoco y que lo cabalgara apenas y podía describirse como algo medianamente pasable. El colmo de todo era que Potter necesitaba pensar en aquella noche con Malfoy si quería terminar o que se le pusiera dura si quiera y aquello era como parte de su tortura personal por sus pecados, por que ver a Ginny disfrutando, sonriente y amorosa le llenaba el pecho de culpa, duda y remordimiento. Cada día que pasaba junto a ella creía que no podría más con sus acciones, pero se aferraba a aquella relación por motivos que él mismo desconocía. Ginevra era su ancla a la cordura, a lo bueno, a lo que él siempre había sido, a lo que siempre había deseado, al menos hasta que descubrió que había una vida más allá de casarse, tener hijos, una esposa feliz y una casa en el campo lleno de arcoíris y flores.
El haber tenido sexo con un hombre le abrió un panorama completamente diferente de la vida, de repente, la vida que había deseado durante y después de la guerra le parecía patética, él quería experimentar, quería descubrir todos los placeres que el sexo podría brindarle, quería experimentar aquello que él mismo se había prohibido por haber estado demasiado ocupado tratando de no ser asesinado desde su más tierna edad, quería aprovechar su juventud, de repente atarse a una persona le aterraba, de repente poder ser libre y follar con Draco Malfoy le parecía la mejor de las ideas y aun así permanecía atado a su novia como si su vida dependiera de ello, aunque tal vez era verdad.
Estar con Ginny era mantener su estilo de vida intacta, era pertenecer a algo, era pertenecer a los Weasley que siempre le habían visto como un hijo, era estar junto a Ron como un verdadero hermano —político— y no como un par de amigos que decían serlo, era estar en las portadas del profeta por algo bueno como "una comida en familia" o "una tarde romántica en el parque", era mantenerse dentro de la costumbre, de lo seguro y de lo conocido. Todos, desde que se habían enamorado en Hogwarts habían esperado que Ginny y él formaran una familia y de cierta forma él mismo creía que era lo mejor, pero su cuerpo opinaba lo contrario y aquello lo tenía confundido.
Ser infiel nunca había estado dentro de sus planes, pero ya lo había hecho y no había marcha atrás, el solo imaginar que alguien se enterase le carcomía los nervios; podía imaginar la cara de furia de Ron y George, podía imaginar la decepción de los señores Weasley, la desaprobación de Hermione, el enojo de Bill y Charlie. Él no podía permitirse perderlos, eran la única familia que había conocido y definitivamente no quería quedar fuera, no podía darse el lujo de quedar fuera, no después de todo lo que ellos habían hecho por él; le habían dado un lugar en su casa, en su mesa, en sus corazones y Harry les había fallado porque el jodido Draco Malfoy encendía cosas en él que no se explicaba.
Ginny le había dicho que no quería que se obsesionara con él de nuevo y comenzaba a creer que tenía razón, que su obsesión durante sexto año había ido más allá que la curiosidad por descubrirlo en un acto ilícito. Y haciendo memoria, tal vez, solo tal vez, había sentido aquella tensión por Malfoy desde siempre, solo que las cosas eran diferentes ahora, Malfoy ya no era un completo hijo de puta, razón principal por la que él siempre se había mantenido alejado de su culo aristocrático y tal vez, aquel gusto se incrementó por su tendencia a ayudar a gente que había caído en desgracia. Por supuesto que no iba a desmeritar a Draco, el tipo era sumamente atractivo, su cuerpo ejercitado, su rostro de dios griego, sus cabellos perfectos y su actitud seductora, todo ello le atraía como la miel a las moscas y le ponía tan duro que era difícil no pensar en follar con él.
Joder si por eso le había penetrado sin parar nada más había tenido la oportunidad y por ello le había hecho sangrar, por ello se encontraba en aquella situación, sintiéndose completamente miserable consigo mismo, pensando en que era el peor ser humano sobre la tierra, actuando egoístamente, con Draco, con Ginny y con los Weasley. No solo había demostrado ser igual que todos aquellos clientes que frecuentaban el club, sino que además, había roto la confianza que Malfoy había depositado en él; no habían pasado ni quince minutos que el rubio le había confesado sentir respeto por él cuando ya se le estaba parando al azotarlo con aquel látigo de cuero, haciendo de aquel momento uno de los mejores de su vida, aunque Malfoy creyera todo lo contrario.
Y ahora su antiguo rival volvía a odiarlo, como seguramente le odiaría Ginny si se enterara que le había engañado, y su plan de descubrir cómo había sido que todos los hijos de mortífagos habían terminado trabajando en aquel lugar también se había destrozado. Ya no le quedaba más que pena y culpa, toda su vida había criticado a los Slytherin por su forma tan egoísta de ser y él se había convertido precisamente en uno de ellos aun perteneciendo a la casa de Godric, tal vez el sombrero seleccionador siempre había tenido la razón y él hubiera sido una serpiente ejemplar pero ¿de verdad quería serlo? Por supuesto que no, dañar sentimientos no iba con él pero no encontraba la salida a su dilema, alejarse de Ginny significaría perder a los Weasley, y por consecuencia a Ron y Hermione, sus mejores amigos de toda la vida, y estar lejos de Ángel le parecía casi imposible, quería disculparse, quería hacer las cosas bien, pero apostaba toda su fortuna en Gringotts que en realidad Malfoy no le perdonaría y él no se creía capaz de volverlo a forzar a tener sexo. Bien podía quedarse con ambos, como había hecho las primeras semanas de estar con Malfoy, le decía una parte de su mente, bien podía mantener el secreto, estar con Ginny, incluso casarse con ella y mantener el cariño de los Weasley, ser un miembro real de su familia y por las noches buscar a Malfoy, exigirle que le diera lo que solo él podía con ese encanto angelical que poseía, si, bien podía hacerlo, porque podía ¿no?
Como un Slytherin, se estaba portando como un Slytherin y aunque su león interno aún rugía, la verdad era que poco a poco iba perdiendo fuerza. Estúpido Draco Malfoy con sus perfectas y torneadas piernas, con su abdomen de ensueño, sus brazos fuertes y sus hombros anchos, con su piel como la seda y su cabello como de sol, estúpido ángel con sus brillantes ojos grises y sus perfectos labios rosados que nunca había lucido mejor que sobre su polla. Terrible Ginny con su perfecta sonrisa, sus ojos llenos de cariño y su cabello de fuego con olor a flores, con sus perfectas y tiernas pecas, con una familia que él amaba muchísimo y que no quería perder.
Que difícil era ahora la vida para el pobre auror que solo unos meses atrás se jactaba de tener la vida perfecta, una vida que aún podía recuperar, simplemente debía experimentar un poco y con Malfoy si era posible, descubrir todo lo que necesitaba y después de ello ya se establecería con Ginny y fingiría que nada más había pasado. Sí, eso era justamente lo que haría, explorar, descubrir, satisfacerse por un tiempo y luego volvería a ser el mismo y si Malfoy no estaba disponible para él, tal vez podría contratar a alguien más, galeones no le hacían falta, podría pagar sin problemas. Sí, aquella era una solución, al diablo las casas de Hogwarts, aquella era la vida real, no había más Gryffindor o Slytherin y Harry definitivamente no era ni una ni otra y ya no le preocupaba, ya no.
Se colocó su chaqueta, Ginny había querido visitarlo pero él había mentido diciendo que aún tenía trabajo pendiente y ella no insistió, había regresado antes del trabajo solo para arreglarse lo mejor posible, bañarse a conciencia, perfumarse y hasta rasurarse, para pasar por algo de comer, comida fina, algo que Malfoy agradeciera, Italiana de lujo, pero él lo había pagado sin dudar, porque Malfoy lo merecía, su cuerpo, su boca, sus manos, todo él lo merecía. Se encaminó hasta el club con paso decidido, con la varita y la comida guardados en el bolcillo, encontró a la dueña del lugar y pagó una gran cantidad de dinero para que Ángel no bailara esa noche y se dirigiera en aquel mismo instante al cuarto rosa, le pediría disculpas por su puesto y esperaba que las aceptara.
Se encaminó despreocupadamente hasta la habitación, sin que nadie lo guiara, Nott lo miraba desde la barra con sumo desprecio y Zabini había chocado con el apropósito, tal vez recordándole que lastimar a Draco podía causarle problemas. Pero ni Blaise ni Theodore le preocupaban en lo más mínimo, así que ignorándolos por completo se encaminó hasta el cuarto aún vacío, sirvió un poco de vino en un par de copas y las colocó junto con la comida en la mesita en una de las esquinas de la habitación, se sentía un poco nervioso, pero intentó ignorar el hecho y concentrarse en lo realmente importante, aquella sería la primera vez en dos semanas que veía a Draco de nuevo.
¿Se habría acostado con alguien más? Se preguntó y de inmediato se sintió incomodo por la respuesta, sí, seguramente sí, Draco no era suyo, por mucho que así lo hubiera sentido cuando habían tenido sexo, Malfoy había besado otras bocas, había bailado para otros, había follado con otras más, él no era exclusivo de Harry, no desde que había dejado de ir al club al menos. Ya tendría tiempo de corregirlo, se dijo, a partir de aquella noche Draco Malfoy, Ángel volvería a ser exclusivamente suyo, al menos hasta que decidiera que era suficiente y por fin pudiera quitarse de encima aquella tentación. Esperaba que no fuese difícil, las cosas nuevas y prohibidas siempre eran más emocionantes, así que cuando ya hubiese descubierto todo lo que debía, podría pasar de largo aquella fase de su vida y continuar, como si nunca hubiera seguido a Malfoy a través de las oscuras calles del Londres mágico.
Entonces la puerta se abrió y él se puso de pie de inmediato, como todo un caballero. Ángel vestía su típico traje blanco, adherido a su cuerpo como una segunda piel. Su mirada predadora desapareció en cuanto lo miró, era obvio que le odiaba, pero Harry no esperaba menos, así que tranquilamente se quedó ahí esperando el primer insulto o el primer golpe, esperaba que Malfoy se contuviera lo suficiente como para no hacerle daño y dañarse a sí mismo por ello. Y así fue, Draco entró en la habitación y cerró la puerta tras él, mirando inquisitivamente la mesa donde el vino y la comida italiana reposaban, Harry no sabía si hablar o mantener el terreno neutral, pero lo que si sabía era que, cada vez le costaba más alejarse de su cuerpo, mantenerse lejos de sus labios y de su textura suave.
—Te traje la cena —dijo con tono tranquilo y amable, sabía que estaba actuando un tanto manipulador, pero a esas alturas ya había hecho cosas peores ¿qué importaba?
—Parece que no temes ser expuesto a todo el mundo, ¿es que acaso mi amenaza no te quedó clara? —respondió con voz fría que a Harry le recordó al Draco del colegio y aquello le hizo sentir excitado.
—He venido a pedirte disculpas —dijo dándose valor ahora que el tema había salido— te lastimé, me dejé llevar y lo siento, Malfoy. Pero ya no voy a mentirme, ni mentirte, me gustas, muchísimo y yo llevaba esperando por ello más tiempo del que creí, mi amistad, el tiempo sin tener contacto sexual no fue falso, yo de verdad quería ayudarte, por favor, perdóname.
El rubio lo miró aún junto a la puerta, con una mirada fría y las cejas alzadas, tal vez no creyéndose que Harry Potter estuviese disculpándose con él. Entonces, para sorpresa de Potter el rostro de Malfoy se relajó y le dedicó una de sus mejores sonrisas de suficiencia, descolocándolo completamente. El rubio caminó hasta él, retomando su andar peligroso y su expresión seductora, Malfoy acarició su rostro un poco, causándole sensaciones intensas por todo su cuerpo y finalmente se sentó frente a la mesa, tomando un poco de aquella comida italiana como si nada hubiera pasado. Potter se quedó aún de pie, con la sensación del tacto de Malfoy invadiéndolo, recordándole porque estaba ahí.
—Pensé que eras un Gryffindor —dijo Malfoy de repente, para inmediatamente después tomar un sorbo de su vino, de aquella manera parecía un rey y Harry se hubiera postrado a sus pies si se lo hubiera pedido— pero has venido aquí con regalos y palabras de disculpa después de dos semanas, tiempo suficiente para pensar, aclarar... ¿dime Potter, a que has venido realmente?
Harry se tensó de inmediato, sus intenciones habían sido descubiertas, aunque realmente no era de menos, Draco Malfoy había sido el rey de Slytherin por años, un Malfoy ejemplar, burlarse de su astucia o su intelecto sería una ofensa y Potter había sido demasiado ingenuo en ese aspecto, nadie lo culpaba, su nueva actitud era relativamente nueva, le hacía falta práctica porque cuando él iba Malfoy ya había dado diez vuelvas al arte de ser una serpiente fría y calculadora. Ahora tenía de dos, seguir pretendiendo que no sabía de qué estaba hablando o ser descaradamente directo, ¿Qué apreciaría más un Malfoy? ¿Su habilidad para mantener las apariencias o la sinceridad descarada?
—¿Te gustó la comida? —preguntó tomando asiento a su lado, haciendo que Malfoy alzase las cejas y arrebatándole delicadamente su copa de vino, sorbiendo de ella sin importarle que tuviera una propia.
—De buena calidad —admitió un tanto asombrado y Harry se regocijó de haber actuado bien.
—Mis disculpas fueron sinceras —dijo entonces, sirviéndole más vino.
—Pero hay algo más...
—Que me gustas también es cierto.
El rubio lo miró a los ojos durante un momento y Harry esperó que de verdad no tuviera que pedirle que le enseñara todo lo que sabía sobre sexo, esperó que las sutilezas Slytherin que él jamás había dominado salieran bien, o tendría que recurrir a su lado Gryffindor y pedirle en voz alta que se acostara con él, que le ayudase a experimentar, que no intentaría indagar en su trabajo o su contrato con Cherry, que lo único que deseaba era tener su cuerpo nuevamente o moriría. Bueno, recurrir al dramatismo Hufflepuff tampoco podía ser mala idea, tal vez si se humillaba lo suficiente Malfoy accedería, ya no le importaba ser su burla, incluso le parecía excitante ser pisoteado por él, tal vez aquellos videos porno no habían sido la mejor de las ideas.
Pero nada más fue necesario, Malfoy dio el último bocado a su comida, lamiendo la cuchara de más, de manera provocativa y Harry sintió que la piel se le erizaba, Draco le miraba con las pupilas expandidas en deseo y lujuria, había funcionado. El rubio sorbió de lo último de su vino y se puso de pie, dejando a Harry con su vino en mano, embelesado por los movimientos felinos de su acompañante. Draco se acercó hasta el armario donde guardaba sus atuendos y sus juguetes, miró a Potter una vez más antes de colocar las manos sobre las manijas y preguntó:
—¿Estás aquí únicamente por el sexo, cierto? —Potter asintió mientras sentía el rubor inundar sus mejillas— ¿Y me dejarás enseñarte? —el moreno volvió a asentir y Draco sonrió complacido —¿qué hay de la Weasley?
—Ella no existe aquí dentro —su lengua respondió por sí sola, él jamás hubiera dicho aquello.
—De acuerdo... entonces Potter, ¿te gustaría jugar?
Harry asintió sin atreverse a ponerse de pie, sintiendo como su pene despertaba de su letargo ante la sola idea de lo que vendría a continuación. Malfoy se adentró en el armario y tardó bastante en volver, Potter miró con la respiración entrecortada que entre sus manos sujetaba unas esposas, un látigo corto y algo que parecía una correa y que había visto en varios videos, la bolita de goma iba dentro de la boca y te impedía hablar. La imagen de Malfoy amordazado y atado a la cama le hizo vibrar expectante, pero los ojos de su acompañante le decían que las cosas no serían así.
—¿No creías que te perdonaría tan fácilmente, verdad? —preguntó complacido con la cara de incertidumbre que Harry sabía tenía puesta en aquel momento.
—Por supuesto que no —mintió.
—Estoy dispuesto a cooperar contigo, Potter, pero aún me debes lo de la última vez y, a menos que estés dispuesto a pagar el precio, no voy a dejarte las cosas fáciles. —Potter miró el látigo y las esposas, luego miró a Malfoy, claramente inseguro. — No voy a lastimarte como tú a mí... —dijo el rubio y la culpa subió por su garganta haciéndolo decir:
—De acuerdo.
Ángel dejó todos sus juguetes sobre enorme cama al centro de la sala y se encaminó hasta Potter que tomó un gran sorbo de vino directo de la botella, dándose valor para continuar con lo que había empezado. Malfoy no perdió el tiempo en tonterías, lo puso de pie tomándolo delicadamente por los hombros y comenzó a besarlo efusivamente, haciendo que Potter se relajara hasta tal punto que casi había olvidado su temor inicial. Lo arrastró hasta la cama entre caricias por debajo de la ropa y besos apasionados que fueron de su boca a su oreja y luego a su cuello, la ropa fue desapareciendo paulatinamente y el sabor de Malfoy era tan adictivo que, cuando se encontró desnudo bajo la cama apenas y se había dado cuenta de cómo había llegado a eso. Era hipnotizante volver a aquello, el goce de lo prohibido lo invadía completamente y era difícil de controlar.
Malfoy le besaba con una maestría sin igual, le acariciaba como un verdadero experto, haciéndole sentir en cada fibra de su cuerpo el placer, la tentación, el pecado y la lujuria, emborrachándolo cada vez más y más y más. Sus manos recorrían el cuerpo de Malfoy con bastante premura pero no por eso se permitía perder los detalles de su piel que a simple vista no contenía ningún defecto; los vellos que se erizaban con su contacto, las cicatrices que se había hecho solo él sabía como, el sudor que le recorría pese al ligero esfuerzo que era acariciarse y restregarse como si la vida se les fuese en ello y los pequeños y escasos lunares que poseía.
Todo era demasiado rudo, jadeos de desesperación, apretones, mordidas, lamidas, todo era sexual y grotesco, pero placentero y excitante, el pene de Draco estaba tan duro como el suyo, se restregaban uno contra otro y Harry creía que podría terminar solo con eso, pero los planes de Malfoy iban más allá que solo restregarse mutuamente, si Harry había ido a aprender, él le enseñaría, le mostraría las maravillas del sexo desenfrenado. Potter sintió las delgadas manos de Malfoy colocarse en sus caderas y luego presionarlo con fuerza para girarlo sobre si mismo, haciéndolo quedar boca abajo, acción que solo le hizo sentir más caliente, no sabía lo que vendría a continuación pero viniendo de Malfoy seguramente sería maravilloso.
Sus manos fueron atadas sobre su cabeza con las esposas, manteniéndolo completamente inmóvil, boca abajo, sintió al rubio restregarse contra su desnudo culo, uno y otra vez, siendo separados únicamente por aquella trusa que tanto le había fascinado la primera vez que la había mirado. Malfoy se inclinó sobre su cuerpo, haciéndole sentir toda su dureza, acto ante el cual su pene dio un saltito, ansioso.
—Ahora auror Potter ¿tiene algo que decir antes de ser silenciado por completo? —preguntó sosteniendo la mordaza muy cerca de sus labios.
—Merlín, Draco ...—fue lo único que pudo decir y Malfoy metió aquella bolita negra en su boca y amarró las citas detrás de su cabeza, su lengua palpaba el agradable sabor a manzana del juguete, estaba salivando de más pero no le importaba, se sentía jodidamente bien estar sometido de aquella manera.
—Ya que no puede hablar, señor auror, quiero escucharlo gemir fuerte.
Harry sintió las manos de Draco nuevamente sobre sus caderas, levantándolas, haciendo que su trasero quedara al aire, expuesto. Y entonces comenzó. Los golpes del látigo eran fuertes y precisos, el plástico azotando contra sus nalgas le producía un enfermizo placer que repentinamente se tornaba en dolor y luego de nuevo a placer, una y otra vez. Sabía que Malfoy se estaba desquitando por lo de la última noche, sus golpes estaban llenos de rencor y frustración, formaban taches sobre su espalda y sus nalgas, le marcaban fuertemente, pero aquello en vez de molestarle le hacían jadear como un perro, la mordaza estaba cumpliendo con su trabajo, pero queriendo complacer a su compañero jadeaba fuertemente, disfrutando de aquellas extrañas sensaciones. Lo estaba disfrutando tanto que su duro pene pronto comenzó a gotear el líquido pre seminal y la frustración de no poderle decir a Malfoy que estaba listo le mataba lenta y dulcemente.
Entonces los azotes se detuvieron y Harry suspiró, le ardía, pero joder, le ardía de manera placentera. Malfoy entonces se inclinó sobre su culo, sintió su respiración cerca de su entrada y luego algo que sin duda era su lengua, su rosada lengua dentro de él, abriéndose paso, penetrándolo de manera exquisita ¿Qué era aquello? ¿Por qué jamás lo había hecho? No lo sabía, pero ahora que lo había descubierto no quería dejarlo pasar, joder, si hubiera sabido años antes que Malfoy era mejor con la lengua haciendo aquello seguramente hubiera dejado de insultarlo por los pasillo y se hubiera arrodillado para pedirle que hiciera su magia.
Después de unos minutos que a Harry se le antojaron cortos Malfoy se detuvo y se posicionó contra el cuerpo de Harry y con un susurro lubricó su entrada para inmediatamente después decirle al oído.
—Esto va a doler, cabrón...
Y se clavó en el con saña, hasta el fondo, desgarrando el interior del auror, pero contrario a lo que Harry hubiera esperado, Malfoy no comenzó moverse de inmediato, si no que esperó y Harry lo agradeció mentalmente, porque aquello ardía como los mil demonios. Se obligó a relajarse, aquello estaba bien, Malfoy estaba en su derecho, solo esperaba pasar del dolor a placer rápidamente. Y así fue.
Malfoy comenzó a moverse mientras murmuraba una sarta de groserías y vulgaridades que elevaron el libido del auror hasta niveles que no creía posibles, jamás había amado tanto la manera en que Draco Malfoy maldecía entre dientes, y lo amó aun más cuando su próstata fue encontrada y golpeada sin cesar, sintió que se partía a la mitad, pero aquel dolor le hacía sentir bien, completamente estimulado, igual que los golpes con el látigo. Mentalmente gemía el nombre de Malfoy, físicamente jadeaba cosas inentendibles mientras la mordaza cada vez parecía más una tortura, él necesitaba expresar lo que estaba sintiendo en ese momento, con Draco Malfoy montándolo como si no hubiera un mañana y disfrutando de lo apretado de su ano y Harry sintió que se corría.
La necesidad de tocarse a sí mismo era intensa, pero con las manos esposadas era imposible y parecía que parte de la tortura de la serpiente era dejarlo así hasta que el clímax llegara, justo como él había hecho cuando se lo había follado sobre la pared. Era cruel, pero delicioso de cierta forma. Una embestida tras otra sentía que su cuerpo se derrumbaba, era exquisito tener el pene de Draco dentro de él, pese a que nunca se había preguntado lo que ser follado significaría y entonces se corrió, fuertemente, con un grito ahogado por la mordaza, fue uno de los orgasmos más largos de su vida, corriéndose a chorros sobre la cama mientras Malfoy se vaciaba dentro de él y le golpeaba las nalgas con fuerza.
