Harry se quedó acostado con las manos atadas a los costados de la cama, al igual que sus piernas, completamente extendidas sobre el colchón y atadas de manera ruda, tanto que la circulación de sus extremidades era escasa, pero aquello importaba poco, él vestía su túnica de Gryffindor y Draco pronto saldría del armario vistiendo la suya de Slytherin y estaba tan ansioso que su pene se encontraba completamente erecto, como una carpa debajo de la oscura túnica.
Aquella no era la primera vez que se disfrazaban y seguían algún papel, llevaban viéndose para experimentar con sus cuerpos poco más de tres meses, estaban por finalizar noviembre y Harry podía decir que aquellos meses de tener a Draco Malfoy habían sido los mejores de su vida sexual, porque Draco sabía muchas, muchas cosas que había enseñado a Harry gustoso, concentrándose más en la práctica y dejando totalmente de lado la teoría. Y Harry jamás creyó que llegaría a pensarlo, pero en realidad el rubio era un maestro paciente y apasionado, lo guiaba con palabras, gestos y acciones y Harry estaba complacido de ser su alumno.
Cuando estaba con Ángel el mundo exterior dejaba de existir para él, tal cual había prometido cuando el acuerdo inicial había tomado lugar, y se dejaba arrastrar por esas intensas emociones que había descubierto Draco era el único capaz de causar en él, el deseo, la lujuria, la excitación, la pasión y hasta el ligero cariño que había crecido entre ellos. Ahora que ambos conocían sus identidades era mucho más fácil hablar, era mucho más fácil ser ellos mismos o fingir ser otras personas, era mucho más fácil entregarse, era mucho más fácil desinhibirse y la química entre ellos solo fortalecía aquel lazo carnal que los unía, elevándolos hasta niveles de éxtasis que hasta meses atrás ninguno había experimentado.
Harry estaba satisfecho, no solo se había salido con la suya y había logrado mantener la estadía de Ginny en Grimmauld Place durante el verano y ver a Malfoy a escondidas, sino que además había establecido su compromiso con ella; se casarían tal cual estaba planeado en su mente desde hacía mucho tiempo atrás, los Weasley estaban más que contentos, el profeta no dejaba de hablar de otra cosa y Draco ni si quiera parecía inmutarse por el hecho de que su amante fuese a formalizar su compromiso, por supuesto que Harry lo había puesto al corriente primero que a nadie y aunque había puesto fecha limite a sus encuentros nocturnos hasta la noche anterior a la boda, la verdad es que Potter no estaba tan seguro de querer dejar aquello que había empezado.
Draco era un gran amante, tanto como dominante como sumiso y era muy discreto, —aunque tampoco era que tuviera otra opción— en ocasiones era cariñoso y hasta atento, después de la tensión inicial por la manera en que su relación había comenzado ambos habían sabido acoplarse el uno al otro, aún habían hostilidades de vez en cuando, pero definitivamente se llevaban muy bien, habían aprendido a leer los gestos del otro, sus movimientos, sus tonos de voz y, aunque habían discutido al menos un par de veces —por sus actitudes tan explosivas— la verdad era que se llevaban muy bien.
La confusión inicial y la culpa que Harry había experimentado cuando todo había iniciado se había desvanecido, sus dudas y sus reproches mentales también. Ya no tenía problemas con portarse como un Slytherin siendo un Gryffindor ni tenía prejuicios sobre nada, había llegado a la conclusión de que estaba actuando mal pero mientras nadie se enterara nada malo podía pasar y como Draco era el único que conocía su verdadera identidad y no podía revelarla a nadie por su contrato, pues estaba a salvo y podría seguir con lo suyo sin mayores problemas.
Había pasado cada noche desde que Draco le había perdonado experimentando un montón de cosas que jamás se le hubiera ocurrido pedirle a Ginny, pero sin duda, su favorita era aquella que estaba a punto de experimentar, porque adentrarse en un role era sumamente excitante y bizarro también, había dejado de contar la cantidad de veces que Draco le había arrestado por mala conducta y exhibicionismo, las veces que él le había intentado detectar alguna enfermedad inexistente con el pretexto de examinar su pene con la boca, las veces que habían fingido ser completos desconocidos, pero la mejor de todas era cuando fingían ser ellos mismos, ellos a los dieciséis años, odiándose y maldiciéndose, siendo sumamente desagradables el uno con el otro, como en los viejos tiempos.
Y a Harry le ponía muchísimo ese Draco Malfoy, el bastardo misterioso que le jodía cada que se encontraban, aquel que se burlaba de sus gafas o de su ropa ridículamente grande, el que le retaba a duelos a media noche, aquel que sonreía de manera arrogante hacia el enemigo, como si pudiera aplastarlo solo con eso, el mismo chico que había odiado por años y que ahora era uno de sus mas grandes fetiches, porque Draco Malfoy no estaba hecho para someterse a nadie, él era un Malfoy y era el papel que mejor interpretaba, orgulloso, elegante, frio y calculador, completamente diferente a Ángel, el chico que no tenía de otra más que dejarse pisotear por sus clientes y someterse a sus exigencias.
A veces Potter se encontraba a si mismo reprochándose el haberse dado cuenta demasiado tarde de la química entre él y Malfoy, aunque al parecer Malfoy se había dado cuenta de ello desde tercer año y había sido muy hábil ignorándola por el simple hecho de que se detestaban o al menos eso parecía. A esas alturas a ambos les parecía que solo habían disfrazado con odio la atracción mutua que tenían, habían disfrazado la tensión sexual con maleficios e insultos infundados, lo que en el momento había sido lo mejor; Harry Potter enredándose con un Mortífago no hubiera sido rentable, pero ahora ninguno de los dos era el mismo chiquillo de diecisiete años en medio de una guerra y podían dejar que aquella química fluyera.
Aquel había sido el flirteo más largo del universo, pensaba Harry, pero suponía que la espera había valido la pena, al menos ahora estaba disfrutando de ello como nunca, aunque la verdad lamentaba tener que dejarlo en aquel momento y pensaba que Draco también lo lamentaría pues no había nadie que le hiciera sentir como Harry lo hacía, nadie lo trataba como él y definitivamente nadie se preocupaba por hacerlo sentir como él, cuando Harry se enlazara, Malfoy volvería a ser de todo el club, exponiéndose a los golpes físicos y emocionales a los que, después de seis meses, seguramente se había desacostumbrado.
Aún a sabiendas de esto Malfoy no había abierto la boca, nada de lo que Harry hiciera le convencía de contarle lo que ocurría con los empleados en el Lonely Hearts Night Club, y la verdad era que Potter estaba preocupado, en el tiempo que llevaba de cliente, al menos dos bailarines habían sido asesinados por alguno de sus clientes, los cuales se daban a la fuga, impunes por el simple hecho de que sus identidades estaban bien resguardadas por la política del club. Y temía por Draco, estaba seguro que él y Nott eran de los ex mortífagos más odiados del mundo mágico y aún no terminaba de entender como ambos se las habían arreglado para mantenerse a salvo.
El auror por supuesto había intentado hacer sus investigaciones pero sin frutos realmente; sus avances eran mínimos, sabía que Draco trabajaba bajo contrato, uno que le impedía indagar en la vida personal de sus clientes o revelar sus identidades si llegaba a descubrirla, tenía sumamente prohibido agredir físicamente a sus clientes aún en defensa propia, si lo hacía era castigado con un maleficio que se encargaba de abrir todas sus cicatrices hasta regresarlas a un estado que parecían completamente recientes, el contrato le impedía rehusarse a hacer cualquier actividad sexual que el cliente le pidiera, aún si eso lo lastimaba. Pero existían muchos agujeros en todo aquello, Harry aún no estaba seguro de que Malfoy hubiera firmado aquel contrato voluntariamente o no, no sabía si había sido engañado y lo más importante, la identidad de Cherry era completamente desconocida, la mujer parecía una squib cualquiera, pero su rostro no aparecía en ninguno de los registros del ministerio, por lo que era obvio que estaba usando algo para ocultar su verdadera apariencia, y su nombre por supuesto tampoco era el real. Potter también creía que era probable que Malfoy no pudiera hablar por el contrato pero no estaba seguro de cuáles serían las consecuencias si hablaba.
Que Harry lo considerara un amante no significaba que no lo considerara un amigo y quería ayudarle, porque el no podría seguir con la farsa toda su vida... ¿o sí? No lo sabía, no se imaginaba dejando a sus hijos en casa, irse a trabajar, pasar a ver a su amante y luego volver con su esposa a su cálido y soñado hogar, aunque tampoco se imaginaba lejos de Draco y sus adictivos besos sabor a manzana mezclado con licor. A veces creía que se había apresurado a pedirle matrimonio a Ginny, pero tampoco había tenido más opción, ella había sospechado algo y él había tenido que inventarse que había estado ausente por que estaba buscando el anillo de compromiso perfecto, ella por su puesto le había creído y ya no había podido zafarse de aquello.
Malfoy salió del armario completamente vestido de Slytherin, con su cabello peinado pulcramente hacia atrás y con su varita en mano, cargando algunos libros de pociones y encantamientos que le daban realismo al asunto, entonces la sala cambió por completo, ahora se encontraban en las mazmorras donde tomaban pociones, rodeados por las estanterías y las mesas, Harry estaba atado al escritorio que había pertenecido a Snape y luego a Slughorn, completamente inmóvil mientras Draco se acercaba hasta él con paso lento e indiferente, tal cual hubiera hecho en aquel tiempo en que ambos eran estudiantes.
—Pero si es San Potter... —dijo con gesto desagradable— ¿dónde está tu séquito de seguidores? Ya sabes, la comadreja y la sangre sucia?
—No hables así de mis amigos, Malfoy —les defendió, metiéndose en el papel mientras el rubio dejaba sus libros a un lado.
Malfoy se inclinó sobre su cuerpo y lo miró con curiosidad bastante bien disimulada.
—Intentabas robar los ingredientes de Snape, por eso has terminado atado al escritorio... —dijo divertido— no puedo esperar a que llegue, esta vez seguramente tendrás detención lo que resta del año —Harry bufó con fastidio, rodando los ojos.
—Escucha Malfoy, yo sé que tú sabes cómo sacarme de aquí, así que has algo bueno por una vez en tu maldita vida y ayúdame.
—No lo sé, Potter, no estas siendo muy amable y la verdad no le veo nada beneficioso a esto ¿Qué voy a ganar si te ayudo a salir de esto? —se recargó en el escritorio y comenzó a jugar con su varita, tocando la entrepierna del moreno de manera premeditada, acariciándola lentamente.
—Malfoy, esto es importante... por favor...
—Oh... nuestro héroe se ha doblegado... —exclamó divertido, Harry intentaba con todas sus fuerzas no soltar un jadeo por la manera en que Malfoy lo tocaba — está bien, Potty, voy a ayudarte, pero antes quiero mi compensación.
—Lo que sea, pero que sea rápido, Snape va a llegar en cualquier momento...
—De acuerdo, —dijo divertido subiéndose a horcadas sobre su cuerpo, haciendo que el escritorio rechinara ligeramente— relájate Potter, serán los mejores minutos de tu vida.
Aquella promesa le hizo gemir suavemente mientras Malfoy comenzaba a frotar su trasero contra su ya erecto pene, de manera lenta y tortuosa, sentía que a cada segundo que pasaba más cerca estaba de correrse y no quería hacerlo sobre sus ropas, pero él estaba atado y Malfoy parecía realmente inmerso en su papel, el gesto en su rostro denotaba arrogancia pura mientras lo hacía sufrir lentamente por la frustración sexual. No fue hasta minutos después que Malfoy se inclinó hacia adelante y susurró sobre los labios de Potter.
—No tienes idea de cuánto tiempo he deseado esto, pero tú, grandísimo idiota, siempre junto la Weasley o Chang... ahora eres solo mío, Potty Potter —y ahí estaba de nuevo, el jueguito del "hace mucho que buscaba esto de ti" el favorito de Draco al parecer.
—No juegues conmigo Malfoy —aquella era su frase favorita, porque aquello siempre impulsaba al rubio a detenerse, mirarlo con una ceja arriba sonreír de manera petulante y responder:
—Nadie está jugando Potter —e inmediatamente después se aventuraba a devorar su boca.
Y aquello sucedió exactamente de aquella manera, Draco lo besó como demandándole algo que Harry no alcanzaba a comprender, pero que se sentía exigente, mientras sus manos se abrían paso entre se túnica, prácticamente arrancándole la corbata escarlata y dorado. Los labios de Malfoy siempre eran fríos y refrescantes, embriagadores, le recorrieron por la mandíbula y llegaron hasta su pecho. Mientras las manos hábiles de Slytherin le desabotonaban la camisa y le abrían la túnica.
—Malfoy... —Decía entre jadeos.
—Draco... —le corrigió mientras lamía uno de sus pezones —llámame Draco, Harry...
El pelinegro detuvo sus jadeos solo para percatarse de que aquella era la primera vez que él le pedía algo como eso, cosa que olvidó casi de inmediato, pues Malfoy ya estaba bajando por su abdomen, hasta su ombligo, rodeándolo con la lengua, usando sus dedos para juguetear con sus endurecidos pezones. La mano izquierda de Malfoy bajó hábilmente hasta el pantalón de Potter y lo desabrochó sin problemas, haciendo que Harry soltara ese Draco que se había estado ahogando en su garganta. Y la sensación fue cálida y muy agradable... algo revoloteó dentro de su pecho pero decidió ignorarlo, ahora estaba realmente ocupado con otras cosas. Malfoy dejó todas sus tareas para concentrarse en quitarse la túnica del colegio y deshacerse de sus pantalones con ayuda de su varita, debajo del uniforme vestía unos ajustados calzoncillos negros que marcaban su erección a la perfección, bajó por completo los pantalones de Potter y en el último momento liberó su erección de la ropa interior.
El rubio se relamió los labios con gesto pecaminoso y entonces se lanzó sobre ella lamiendo, chupando y succionando todo lo que podía, haciendo que Potter se derritiera bajo su contacto, Malfoy podía hacer maravillas con su boca, con su lengua, con su garganta y sus mejillas, daba las mejores mamadas del mundo y Harry era fiel testigo de ello —si se ignoraba el hecho de que Potter en realidad no había recibido mamadas de diferentes personas—.
—Snape... él... prisa... —fue lo único que alcanzó a articular cuando sintió que se correría por la felación.
Malfoy quién se había quedado únicamente con la corbata de Slytherin colgando de su cuello se separó y sonrió con suficiencia, colocándose sobre sus caderas una vez más y bajando sus propios calzoncillos solo lo suficiente para que su trasero estuviera al descubierto y su erección fuese liberada. Y entonces se empaló en él con un gesto de suma satisfacción que casi hace que Harry se corra con solo mirarlo. Malfoy era estrecho y cálido, le absorbía deliciosamente y le llevaba hasta las estrellas con solo aquello. Era sublime y Harry no creía ser capaz nunca de acostumbrarse a tan maravillosa sensación. El rubio se había lubricado a sí mismo, así que suponía que el hechizo de protección también estaba funcionando. Cerró los ojos con fuerza, tratando de distraerse para no correrse antes de que su compañero comenzara a moverse.
Al abrir los ojos se encontró con la mirada de Malfoy, indescifrable como pocas veces desde que se habían reencontrado, pero éste cambió su expresión rápidamente cuando comenzó a subir y bajar, lentamente, muy lentamente, empalándose hasta el fondo, disfrutando de la longitud del pene de aquel que alguna vez había sido su enemigo. Y Harry disfrutaba de aquello como nunca, de la sensación de estarse prendiendo en fuego, de la sensación de la tela que no había sido retirada de ella pegándose a su cuerpo sudoroso por la excitación. Malfoy cabalgándolo era una de las cosas más sexys del mundo y la vista, el tacto y hasta el olor, todo para él era embriagante e hipnotizante. Pese a que el acto en si le obligaba a cerrar los ojos él se negaba a obedecer, prefería perderse en los grises orbes de Malfoy que lo miraban en todo momento, como desafiándolo si quiera a parpadear. Y era sublime.
Sintió su orgasmo cerca, Malfoy subía y bajaba cada vez más rápido, él no podía mover ni las piernas, ni las manos y lo más que deseaba era sujetarlo por las caderas, pero era imposible, así que esperó a que el clímax llegara, ansiaba correrse dentro de aquel torneado y perfecto cuerpo, ansiaba llenarlo con su esencia, marcarlo como suyo, como había hecho ya muchísimas veces.
—Di me nombre —le exigió el rubio, aun cabalgándolo.
—Draco... —dijo sin dudar.
—Si... Harry.
—Draco... —repitió.
—No vuelvas con ella Potter, no vuelvas con Ginevra —le exigió.
Y entonces no supo que responder, ya no estaba seguro de que aquello fuese parte del juego y algo similar al miedo comenzó a crecer dentro de su pecho, Malfoy jamás le había dicho nada similar, aunque bien podría estar muy dentro del rol, si, podía ser eso, pero entonces ¿Por qué se sentía sincero? No importó, Harry se corrió dentro de Draco y el rubio se corrió sobre su propio abdomen con la respiración entrecortada y los ojos apretados fuertemente, sus labios rojos e hinchados, su abdomen marcado por el esfuerzo, y el sudor recorriendo su cuerpo de manera sensual. Entonces el rubio se inclinó y le besó los labios, había sido un beso dulce y cálido, como solo habían compartido una vez, antes de que Harry le revelara quién era en realidad. Se bajó de su cuerpo, limpiando el semen que escurría por sus piernas con un movimiento de varita y colocándose nuevamente el uniforme, Harry pensó que estaba fingiendo su incomodidad bastante bien.
Las ataduras se desvanecieron con un movimiento de varita de Malfoy y Harry se sentó en el escritorio, subiendo su ropa interior y sus pantalones pero sin molestarse en abrocharlos, el rubio le dedicó una mirada indiferente y terminó de colocarse la túnica. Harry pensó que había algo diferente en él, pero era hora de volver a casa, así que con un pase de su propia varita de colocó su ropa normal y Malfoy desapareció aún con el uniforme de Slytherin tras la puerta del armario, el cuarto rosa volvió a la normalidad y Potter se preguntó si debía esperar a que el ojigris saliera.
—¿Malfoy? —preguntó tocando la puerta del armario.
—Lárgate Potter —respondió.
Harry creyendo que aún seguían el juego y tal cual ya había hecho antes, simplemente tomó su chaqueta de la barra de licor, tomó un trago de whisky de fuego y salió del club completamente satisfecho, pensando en que aquel juego de roles había salido bastante bien y que, probablemente en la siguiente ocasión que se encontraran podrían intentarlo de nuevo, incluso cambiar de personalidades le parecía excitante, esperaba que Malfoy accediera.
Aquella noche Harry Potter llegó a su apartamento sin imaginarse que las cosas se complicarían para él, una vez más.
