El frío ya era palpable en su apartamento, llevaba de aquella manera un mes y sin embargo no era capaz de acostumbrarse, pese a la calefacción y a los montones de cobertores que descansaban sobre su cama. El frío le calaba hasta los huesos y le helaba el alma, no solo era en clima, era porque era ese día, aquel que le ponía de peor humor que cualquiera, aquel que le arrastraba al pasado y a la depresión que nunca había sido capaz de superar después de que sus padres fueran apartados de su lado. Y era doloroso, el frío lo sentía en el cuerpo, sí, pero también en su ser y le recordaba lo miserable que era su vida y el hecho de que jamás podría hacer nada para arreglarlo excepto tal vez esperar.

Desde que había salido libre de Azkaban y había dejado a sus padres atrás, sufriendo en aquella fría y oscura celda, el remordimiento y la culpa por haberlos abandonado le carcomían y se intensificaban cada que la fecha del Yule estaba cerca y llegaban a la cúspide esa misma noche, mientras se embriagaba en su apartamento recordando su vida pasada, cuando todo era más fácil, cuando había sido un chiquillo insoportable y totalmente a ajeno a los asuntos de los adultos, ajeno a la magia oscura y a Lord Voldemort.

El Yule le traían nostalgia y suma tristeza, sus ganas de levantarse de la cama en aquella fecha eran casi nulas y solo se interrumpían por las breves visitas de Pansy, Blaise, Greg y Theo quienes al igual que él se encontraban completamente solos, completamente abandonados. No era que ellos celebraran algo en absoluto, desde el final de la guerra que no celebraban ninguna fecha especial, ni las navidades o el Halloween, no celebraban sus cumpleaños, ni san Valentín, para ellos aquellas fechas eran nimiedades comparadas con sus vidas, llenas de porquería y desolación. ¿Qué caso tenía celebrar el Yule si no había una familia con la que compartir una cena? ¿Qué caso tenía celebrar el día de brujas si la magia familiar que los unía casi por completo se había extinguido? ¿Qué caso tenía san Valentín si las personas que más amabas se encontraban lejos de ti, sin posibilidad de volverlas a ver? ¿Qué caso tenía celebrar un año más dentro de una vida de mierda? Para Draco y todos sus amigos no valía ni si quiera mencionarlo, para ellos no valía nada.

Si a los Malfoy les hubieran dicho que perder la guerra les costaría mucho más que sus vidas seguramente Lucius no se hubiera empecinado en seguir y Narcissa no hubiera ido tras él ciegamente y si a Draco se lo hubieran dicho hubiera hecho todo lo posible por persuadir a sus padres, habría buscado la ayuda de Dumbledore desde el principio, no hubiese sido arrogante ni orgulloso, se hubiese tragado su cobardía y hubiera hecho lo que fuese, lo que fuese que tuviese en sus manos para recuperar a sus padres, por recuperar su lazo familiar. Pero había sido ciego y manipulable, se había dado cuenta demasiado tarde de su error, se había dado cuenta demasiado tarde que estar junto a Voldemort no significaba libertad para los magos y brujas, se había dado cuenta demasiado tarde que se estaban dirigiendo hacia la perdición sin opción de retorno.

Y ahora se encontraba completamente solo, sin su madre compartiendo alguna noticia de la alta sociedad mientras tomaban chocolate caliente preparado exquisitamente por alguno de sus elfos, sin su padre llegando con unos finísimos regalos de Yule y una sonrisa que pocas veces se podía ver en su frio y estoico rostro. Se encontraba completamente deprimido y sintiéndose como idiota por permitirse tal debilidad, pero era imposible alejarla de su mente, la tristeza le invadía cada poro de la piel y la pudría lenta y dolorosamente. Se había prometido ser fuerte, por sus padres, por la segunda oportunidad que la vida le había otorgado, pero cada vez era mucho más difícil mantenerse de pie, cada vez era más difícil no hundirse en la oscuridad.

Su cabeza le daba vueltas una y otra vez a las imágenes del pasado, a aquellos recuerdos de cuando tenía una vida feliz y plena que nunca supo apreciar del todo y se daba de golpes mentales una y otra vez por haber sido tan desagradecido cuando la vida le sonreía, no porque extrañase las cosas materiales, él había aprendido a vivir con lo mínimo y aquello no era un problema, el dinero era nada comparado con la falta de cariño, con el amor que una familia puede brindarte, era nada comparado con un abrazo cariñoso, con un besito en la frente y las charlas nocturnas, era nada comparado con las cartas que le deseaban buenos días y las horas del té durante el verano, era nada comparado con el simple y minúsculo detalle de saber que tienes a alguien y Draco no tenía a nadie.

Era verdad que sus amigos velaban por él, tanto como él velaba por ellos, pero aquello jamás sería lo mismo, se sentía tan distante del mundo, como un fantasma que no puede ser percibido por los muggles, se sentía invisible y ni las palabras de Pansy de que todo mejoraría le traían paz, como el sexo cariñoso con Nott tampoco lo hacían y sabía que necesitaba decirlo en voz alta, sabía que debía dejar de tragarse su miseria si no quería que aquello lo siguiera consumiendo, pero no se le ocurría peor idea que esa, sus amigos estaban tan jodidos como él ¿Qué podrían decirle para hacerle sentir alivio? Nada que no hubieran dicho antes, palabras que ni ellos mismos se creían porque para las personas como ellos no existía un futuro brillante, estaban atrapados en una vida que los condenaba, que les acusaba y les castigaba por las acciones de sus familias o las de ellos mismos.

Su única opción siempre sería la misma, como cada año que pasaba, dejar que sus sentimientos negativos le consumieran ese día, ese día y no otro, porque ser débil por más tiempo no era un lujo que pudiera darse, él debía mantenerse fuerte, fuerte para soportar los bailes al centro del escenario, para soportar las diminutas ropas que denigraban su cuerpo, para soportar el licor que aborrecía pero que debía consumir para soportar la humillación y la degradación, debía ser fuerte para soportar el hecho de que comenzaba a sentir algo por el idiota de Harry Potter y no caer a sus pies como toda la jodida comunidad mágica había hecho, porque él, de entre todos los magos del mundo era quién menos oportunidad tenía de ser correspondido y aquello dolía.

Lo que había comenzado como un juego de beneficio propio para Malfoy había terminado en un cariño que poco a poco se había acercado más y más a la descripción de la palabra amor. Sabía que era una locura, que no debía, pero no había podido resistirse, no con el estúpido de Potter siendo atento con él, no con el idiota auror preocupándose por si había cenado correctamente, por si sentía placer a la hora del sexo, por si sentía ganas de hacerlo o simplemente de charlar y es que era simplemente imposible estar sometido ante tal muestra de consideración y no caer rendido a los pies de aquellos sentimientos, sobre todo si se consideraba la falta de cariño y amor que abundaba en la vida de Draco Malfoy. Si a los detalles caballerescos de Potter se le sumaba el hecho de que su química sexual era increíblemente fuerte se podía decir que Malfoy estaba jodido, mucho.

Sus sentimientos por Harry lo habían sacado a flote, al menos al principio, disfrutaba de su compañía, de las cenas entre charlas banales y del sexo que venía después, sexo que solo tenía lugar si él aceptaba, cosa que ningún cliente había hecho por él. Pero su burbuja explotó rápidamente cuando Potter le había hablado de su boda con la Weasley, su novia de años y de lo que significaba, una vez que se casara no volverían en encontrarse y Draco pronto cayó en cuenta de la realidad que su mente se había negado en protección propia; él era el amante, las cenas no significaban nada, las charlas mucho menos y el sexo era solo eso, Potter era un caballero, pero lo era en beneficio propio, se había asegurado de que él se sintiera completamente a gusto para obtener lo que quería, y lo único que deseaba de Draco era su cuerpo y su experiencia, no sus estúpidos sentimientos. Demasiado Slytherin para Potter y debía admitir que, por primera vez en su vida, que usar Slytherin como adjetivo no era precisamente un alago.

No sabía exactamente en qué momento había caído por Potter, pero recordaba perfectamente bien la vez que se había percatado de sus sentimientos, habían estado teniendo sexo, para variar, el moreno lo había sujetado cariñosamente entre sus brazos y le había besado hasta el alma, no habían llegado a la cama, pero la alfombra también había sido cómoda, Potter se había tomado la molestia de prepararlo de manera lenta y hasta romántica, acción que no combinaba con el estrafalario cuarto rosa neón y se lo había follado tan dulcemente que había querido llorar, pero llorar de verdad. Los ojos verdes de Harry se le habían clavado en el alma como dagas y la esencia de su piel se le había quedado marcada en la suya propia tan profundo que ningún baño había podido arrancárselo. Aquella había sido una de las pocas veces que lo habían hecho con calma y dulzura pero se había quedado grabado en su mente para siempre.

Y ahora estaba completamente perdido, porque sabía lo que enamorarse de Potter significaba; significaba no ser correspondido, significaba volver a perder algo que quería con toda el alma, significaba volver a caer en el abismo de la depresión total, significaba quedar a merced de cualquiera que tuviera el dinero suficiente para pagar por su culo o su polla y no quería volver a aquello, se negaba rotundamente a retroceder todo lo que había avanzado y odiaba a Harry Potter por haberlo hecho probar el cielo y luego arrojarlo con sus propias manos de vuelta al infierno, ahí donde los golpes regresarían, al igual que los manoseos bruscos y las noches de sexo duro y sin consideración, de vuelta hacia los insultos a su familia y a su persona.

¿Pero acaso podía culpar a Potter de su propia estupidez? Por supuesto que no, él solo se había hecho ilusiones, él había bajado sus defensas y se había expuesto a sí mismo a aquella situación. El moreno jamás había hecho nada que le dijera que sentía algo más allá de una amistad extraña basada en sexo y aun así él lo había tomado, se había arriesgado y había perdido, porque Potter jamás le correspondería a un hombre como él, alguien que estaba marcado, alguien cuyo pasado era una mierda, alguien que estaba condenado a prostituirse en un club nocturno sin opción al cambio. Debía ser sincero consigo mismo, si él hubiera tenido que elegir entre el chico que había caído en desgracia y la chica que te prometía una vida perfecta él mismo habría desposado a la Weasley sin parpadear.

Junto a él Potter no tenía nada, porque Draco no tenía nada que ofrecer, salvo el físico, un aspecto que con el tiempo se desvanecería. Junto a él, Potter estaba expuesto, nadie le tendría compasión por haberse enredado con precisamente Draco Malfoy, caería de su pedestal y sería señalado, juzgado, apedreado por todos aquellos que creían ser mejores que un adolecente que no había podido elegir. En cambio junto a la chica Weasley, Potter tenía un futuro brillante y perfecto, tendría una esposa que pese a ser menor de edad había elegido pelear valientemente junto a los suyos, una mujer independiente y fuerte que podía darle hijos y la seguridad de una vida tranquila. La diferencia entre ellos era abismal, competir no era opción, Draco como siempre perdería y saldría herido y no estaba seguro de poder soportar una caída más.

Rodó sobre su cama con los ojos llenos de lágrimas de frustración, sí, siempre había sido un cobarde llorón, ya no le importaba mantener la máscara, no en la soledad de su apartamento al menos, quería a su madre de vuelta, quería a su padre de vuelta y quería que Harry Potter fuera suyo, suyo y de nadie más, quería que le besara como si le quisiera, como si sintiera algo por él, que le abrazara fuertemente, como solo él sabía hacer, quería que le consolara de aquella miserable vida cuyo peso era demasiado ya para su cuerpo, quería que le hiciera el amor sin tener que pagar un solo galeón, solo porque ambos querían, y sabía que estaba pidiendo imposibles pero aquella parte de él que aún era un niño mimado exigía que se le cumpliera ese capricho ¿no merecía al menos una cosa buena en su vida? ¿Una a cambio de toda la mierda de la que estaba rodeado? Tal vez la respuesta sería sí para una persona que no fuera él.

Se limpió las lágrimas del rostro, se sentía débil y enfermo pero sus amigos llegarían pronto y necesitaba mantener la compostura, no preocuparlos más de lo que ya lo hacía, debía intentar ponerse de pie y tomar un baño, debía intentar llegar hasta la pequeña cocina y probar bocado pese a que las ganas de vomitar eran mayores. Solo debía soportar unas horas, Yule pasaría y él volvería a la normalidad, a la rutina de siempre, volvería a los brazos de Potter y se refugiaría en ellos hasta que llegara el momento de verlo partir y entonces... entonces volvería a levantarse, o al menos haría el esfuerzo y no volvería a pasar por aquella depresión hasta que fuera el cumpleaños de su madre o de su padre y entonces regresaría navidad y se daría una nueva oportunidad de llorar.

Sus piernas flaquearon al ponerse de pie, el cuerpo entero le pesaba, como si fuese un anciano, su departamento brillaba por la ausencia de decoración navideña; estaba tan gris y vacío como siempre. Se encaminó muy lentamente hasta el cuarto de baño, encorvado y desgastado, se adentró y quitó el pijama muy lentamente mientras el agua caía en la bañera desgastada. Se miró en el espejo, las cicatrices de su abrumante pasado seguían allí y no se desvanecerían, eran acompañadas por unas cicatrices que no le había causado nadie más que él mismo, en las piernas, finas como las del sectumsempra, casi invisibles pero palpables para él, heridas que se había causado en la desesperación de sus primeros meses de soledad, heridas que nadie más notó y que también descansaban en sus muñecas pálidas.

Se adentró en la bañera, el agua estaba hirviendo pero aquello apenas y le calentaba, su cuerpo, su alma y su ser estaban completamente congelados y necesitaban de aquel tacto caliente para sentirse un poco mejor. Se sumergió por completo dentro de la bañera, cerrando los ojos, flotando solo un poco sobre la superficie de la tina y sintiendo que su corazón quemaba por tanto dolor. Un poco, más se repitió, navidad pasaría rápido, siempre lo hacía. Su mente iba de sus padres en Azkaban a Harry Potter que seguramente se encontraba en casa de los Weasley ayudando con los preparativos navideños. Entonces el oxígeno se le hizo necesario y aunque su sentido de la auto conservación le gritaba que saliera del agua él permaneció un poco más hasta que finalmente se sentó y comenzó a tallar su cuerpo hasta hacerlo enrojecer.

Salió de la ducha escurriendo, tropezándose con la lisa superficie de la tina y cayendo estrepitosamente al suelo, golpeándose la cabeza y sangrando, culpa de la poca firmeza que sus piernas parecían mostrar aquel día. La sangre comenzó a diluirse con el agua que había caído de la tina, se sentía algo mareado pero no lo suficiente como para perder el conocimiento. Se puso de pie y cubrió la herida con su mano mientras la sangre escurría por el piso de manera escandalosa, la herida no era profunda, él sabía que no había nada de qué preocuparse, sabía como curarla pero si alguno de sus amigos llegaba antes y lo ayudaba sería mucho mejor.

Llegó hasta su habitación y cogió la varita que se había quedado sobre la mesita de noche, la puerta sonó y el la abrió con un movimiento, agradecido de que Theo siempre llegara horas antes para pasar tiempo a solas con él.

—En la habitación —dijo con voz débil, había perdido algo de sangre.

Se sentó en la orilla del colchón, mirándose hacia el espejo que descansaba sobre su armario y apuntando su varita hacia su sien mientras los pasos de su invitado llegaban lentamente hasta la habitación. Draco comenzó con el encantamiento de curación, su bata de baño estaba empapada en sangre pero aquello era lo de menos. Sintió unas manos sujetarle el rostro y una varita más ayudando a curar la herida, Nott era bueno con los encantamientos de curación, después de su ayuda no debía tener más problemas, tal vez debía conseguir una poción que le ayudara con la pérdida de sangre pero nada más.

El calor de la magia brillando frente a sus ojos y el alivio que le trajo ser curado le hicieron suspirar, entonces sintió como la herida terminaba de cerrarse y bajó su propia varita, al abrir los ojos esperaba encontrarse con los castaños ojos de Nott y no con los verde esmeralda de Harry Potter. Sintió que perdía el aliento y notó el momento exacto en que su corazón comenzó a galopar mientras su mente no dejaba de preguntar ¿Qué hace él aquí?. Potter le miró con cierta preocupación en la mirada, examinándole la herida que debía seguir ahí en forma de cicatriz, una que pronto se desvanecería y bajo su mirada Draco se sintió más débil y pequeño que antes, quería decirle que se marchara, porque le hacía daño, pero la otra parte, la irracional le pedía que por favor le dejara disfrutar del momento.

—Parece que ya está bien... —dijo Potter finalmente— ¿Qué fue lo que ocurrió?

—Me tropecé en la ducha y me golpee la cabeza —respondió simplemente— ¿Cómo me encontraste? —Potter se sonrojó ligeramente.

—Por los registros del ministerio ellos... tiene el control sobre todos los mortífagos...

—Claro... era de suponerse —respondió como si ser llamado mortífago no le afectara de nada.— ¿Y a que has venido?

—A desearte feliz navidad —respondió sonriente. —Te he traído algo de cenar y un regalo pero... —miró alrededor, como percatándose de la falta de ambiente navideño.

—Está bien, espérame en la sala, iré en unos minutos —Harry salió de la habitación y Malfoy comenzó a vestirse pensando en que, eran precisamente esas pequeñas acciones las que le hacían caer ante los encantos del auror. Cosas como tomarse la molestia de buscar su dirección para llevarle la cena y un presente. Estúpido Potter.

Se colocó algunas ropas muggle que había encontrado de oferta la semana pasada y se calzó unos zapatos deportivos bastante desgastados pero que le eran sumamente cómodos. Salió de la habitación cuya puerta no se había molestado en cerrar, Potter ya lo había visto de todas las formas posibles y sentir pena ya no aplicaba. Sin embargo le sorprendió ver al moreno desviar la mirada con prisa hacia una de las estanterías de la sala, completamente avergonzado, seguramente por haberlo observaba mientras se vestía. El rubio alzó una ceja pero decidió no darle importancia, si de algo estaba seguro era de que tal vez Potter no le amaría nunca, pero eso no significaba que no gustara de él. Finalmente se sentó junto a él en el sofá y le dedicó una pequeña sonrisa mientras el ojiverde le correspondía, con una caja bastante mal forrada entre manos. Después de un momento de silencio Potter habló.

—Ten, te he traído algo —le tendió la caja y Draco la aceptó con un pequeño temblor en las manos.

—Yo no tengo nada para ti —confesó.

—No esperaba que lo tuvieras —sonrió ampliamente y Draco sintió que se derretía.

Con mucho cuidado deshizo el desastroso envoltorio; era una caja pequeña, pero ambos eran magos y bien podía ser más grande por dentro de lo que aparentaba. Al terminar con el papel y hacerlo a un lado quitó la tapa de la caja, dentro había una bufanda de Slytherin, el modelo viejo, de cuando ellos eran estudiantes. Sonrió ante el detalle, la tomó entre sus manos y la examinó antes de darse cuenta que habían un par de iniciales bordadas en uno de los extremos "D. Malfoy" ponía y soltó un jadeo de sorpresa, aquella era su bufanda, aquella que había perdido cuando el ministerio les había quitado todo. Sonrió hacia Harry, sin poder creerlo, el auror solo le devolvió la sonrisa, complacido y con un dejo de ¿cariño? en su mirada. Draco miró la caja nuevamente, dentro habían un par de sobres, cartas, supuso y un par de fotografías de él y sus padres, aquellas que creía no volvería a ver. Quería llorar, de verdad quería hacerlo, era obvio que Potter había irrumpido en Malfoy Manor y había robado todo eso para él pero ¿Por qué?

El moreno le miraba ahora de manera nerviosa, tal vez no muy seguro de que Malfoy aceptara como regalo sus propias pertenencias. El rubio admiró las fotografías y las acarició con devoción, una lágrima amenazó con caer pero la resistió, puso las fotografías dentro de la caja y sacó el par de cartas. Abrió la primera.

"Se fuerte, dragón, no dejes que nadie te haga caer, costruye tu camino y levántate orgulloso, eres un Malfoy y un Black y nosotros nunca nos rendimos.

Tu madre que te ama más que nada en el mundo, Narcissa."

Se quedó estático, aquello no podía ser verdad... Abrió la siguiente carta.

"Vive cada día como si fuera el último, estoy muy orgulloso de ti, jamás lo dudes.

Tu padre, Lucius"

Miro las cartas, luego miró a Potter, este parecía realmente contento por su reacción. Draco no los soportó mucho más, soltó las primeras lágrimas de felicidad, unas que hace mucho no eran presentes en su vida y se abalanzó contra Harry, besándolo cariñosamente mientras éste le correspondía. De aquella menara parecían una pareja, una de verdad, lo que era completamente falso.

Rápidamente se encaminaron entre besos hasta la habitación donde cerraron la puerta con premura, se desvistieron descuidadamente y rápidamente, Draco sabía que sus amigos llegarían pronto y encontrar al mismísimo Harry Potter en su cama les causaría un corto circuito, así que debía ser rápido. En menos de diez minutos ya se encontraba sobre Potter, penetrándole cariñosamente, completamente agradecido con él por el momento que le había regalado, dejando —inconscientemente— que sintiera el amor que sentía por él. Terminaron tan rápido como comenzaron y Draco calló en un sueño profundo, a causa de las fuertes emociones que había sentido en las últimas horas.

Al abrir los ojos Draco estaba completamente solo, suponía que Potter se había marchado pero aquello no borró la sonrisa de su rostro, por primera vez en meses comenzaba a creer que tal vez tenía una oportunidad, una mínima con Harry y aquello podía significar no perderlo aunque se casara con Ginevra Weasley. Se colocó la ropa antes de salir de la habitación, no quería que sus amigos lo encontraran así y comenzaran a preguntar. Finalmente caminó hasta el comedor donde una bolsa con comida descansaba junto a una nota y... unos galeones.

Tomó la nota, descubrió la desastrosa caligrafía de Potter impresa en el pergamino.

"No quise despertarte así que no lo hice, la comida debe seguir caliente con el encantamiento que le he puesto, y el vino está en la nevera, lamento no haberme podido quedar más tiempo, tengo asuntos que atender. Los galeones son por lo de hace un momento.

Nos vemos pronto.

Miró las doradas monedas sobre la mesa y arrugó la nota con fuerza y furia, Potter había pagado por sus servicios, como la puta que era. Sintió la sangre hervir, quería matarlo, quería hacerlo pedazos, así como él había roto su corazón. Tomó las monedas y las arrojó al suelo con fuerza, haciéndolas rodar y perderse debajo de algunos muebles. Su rostro se humedeció por sus lágrimas llenas de frustración y coraje, él se había acostado con Potter por amor y cariño, y el bastardo le había dejado una compensación por su polla, maldito idiota. Tomó la comida y la tiró a la basura, tomó la botella de vino y la estrelló contra de una de las paredes, salpicando todo y cortándole las manos en el proceso. Sin importarle nada más tomó la caja de regalos que Potter le había dado y manchándola de sangre la ocultó en las profundidades de su armario.

—¿Draco? —preguntó la voz de Theo desde la entrada.

En ese momento Draco Malfoy comprendió que las cosas no cambiarían, él siempre sería el chico en desgracia y Harry Potter no iba a cambiar eso. Salió hacia la mesa y sonrió a Theo de manera abochornada por el desastre con el vino. Potter no sería suyo y él no sería de Harry Potter, sería de Theodore Nott, quién si le amaba con locura.