No podía describir con palabras el desosiego que sentía solo de recordar la noche anterior, la noche en que había descubierto que, tal vez, Malfoy y Nott eran más que amigos. La manera en que se miraban, la manera en que se besaban, se tocaban, la manera en la que parecían sentirse hasta el alma, todo aquello hablaba silenciosamente de un romance que Potter estaba seguro de no haber notado en todos los meses que había sido cliente recurrente del club. Y se le hacía tan irreal aquella situación, porque, aunque esos dos habían compartido cama con tres personas más, su aura les encerraba en una burbuja en la que solo estaban ellos dos, solo ellos, demostrándose un cariño que al auror se le antojaba desagradable.
Y había sido sumamente extraño porque, aunque Potter había estado realmente interesado en las acciones que se estaban llevando a cabo del otro lado de la pared y había encontrado grato el acto lésbico entre Parkinson y la cliente, cuando sus ojos se posaron en Draco poseyendo el cuerpo de aquel otro que no era él una punzada en el pecho le había hecho olvidar todo placer que segundos atrás había sentido y sin embargo, no había podido dejar de mirar, no había podido apartar la mirada pese a que había deseado con todas sus fuerzas hacerlo, no había podido salir corriendo de ahí pese a que sus piernas parecían listas para marcharse de una sola zancada. Había sido hipnotizante y no precisamente en el buen sentido, había sido tan abrumador que si no supiera que era una locura, hubiera nombrado aquel sentimiento como celos.
Sin embargo y pese al acto mismo de la orgía, Harry encontró más desagradable el acontecimiento que llegó después, cuando él, realmente enojado —no celoso, claro que no— había estado esperando al rubio en busca de una explicación que no tenía derecho de exigir, la sensación de traición había sido palpable aún bajo los efectos del alcohol, que a su vez lo había llevado a buscar consuelo en Malfoy, a buscar un "no ha sido nada" o "es trabajo", pero sin duda, no esperaba escuchar lo que escuchó y que terminó de destrozarle, no había esperado que Draco fuese tan sincero y le dijese que si, que él y Nott llevaban poco más de dos meses saliendo y que, al parecer se querían, que era más que amistad, más que sexo, que eran aquello que él y Harry nunca serían.
En su estado alcohólico aquellas palabras habían sonado como un puñetazo en su rostro, muy similar a los que Malfoy y él habían compartido por años en Hogwarts, así de dolorosos, así de apabullantes. Había sentido que su corazón era estrujado con la misma fuerza que poseía Grawp el hermano gigante de su amigo Hagrid, que su alma se caía al suelo y se quebraba en trocitos demasiado pequeños como para levantarlos, se sintió realmente triste, se sintió desesperado, desesperanzado, se sintió como desolado, aquellas palabras de su amigo rubio y antiguo rival le habían sabido a muerte y a desamparo total y en el momento había creído que cuando pasara el efecto del alcohol aquello desaparecería también. Pero estaba equivocado, muy equivocado.
Aquella noche apenas había podido dormir —si es que en realidad durmió—, su mente iba a todas partes, impidiéndole conciliar al sueño, la frustración era tal que la cama había quedado completamente deshecha, entre las vueltas que daba en el colchón y las pataleas que le pegaba, demasiado abrumado como para mantenerse quieto más tiempo. Había pensado en salir a volar, a correr, a lo que fuese, pero el efecto del alcohol lo mantenían tirado en cama, nauseoso, enfermo, aunque la verdad ya no sabía si aquello también era efecto del whiskey o que. Intentó tranquilizarse a sí mismo diciendo que a la mañana siguiente todo estaría mejor, pero cuando el sol salió no sabía que era peor, si la cruda física o la moral. Su cabeza daba vueltas, el estómago le ardía y su moral se encontraba por los suelos, recobrar el sentido y pensar con claridad era el peor de los síntomas porque seguramente había quedado como un completo idiota frente a Draco Malfoy.
Después de vomitar todo lo que pudo dentro de la taza del baño y de tomar una poción para recuperarse de su exceso de alcohol —no podía decir copas porque se había bebido una botella completa, de manera literal—, simplemente fue y se tiró en su cama nuevamente, no dispuesto a volver a salir de ella nunca más, no iría al club, no iría a trabajar, se quedaría en la seguridad de su casa, donde no haría el ridículo ni tomaría en exceso hasta sentir cosas que no comprendía y que aún sobrio no habían desaparecido. O al menos aquel fue su plan hasta que la lechuza del ministerio llegó con el nuevo avance de una misión que incluía dragones, Rumania y un par de cosas que no tenía y que debía comprar antes de partir aquella noche en traslador junto a su escuadrón.
La emoción de embarcarse en una nueva aventura era opacada por la incertidumbre de sus sentimientos y de sus experiencias en los últimos meses, era opacada por el recuerdo de Malfoy siendo penetrado por Nott y el rostro del rubio recibiéndolo con un gesto que a él nunca le había dedicado. Se sentía tan fuera de sí, tan perdido que había estado a punto de reportarse enfermo con su jefe y pedirle que lo reemplazara con alguien más, él siempre había cumplido con sus obligaciones y nunca le había quedado mal, seguro que le entendería. Pero de repente, la idea de alejarse de todo y todos le pareció bastante grata y finalmente se dijo que unos días para pensar en otra cosa y aclararse podían ser buenos para él.
Finalmente tomó una ducha, comió algo bastante ligero, pensando en que podría pasar a sortilegios Weasley antes de marcharse y comer algo junto con Ron. Se colocó su ropa más cómoda, aquella que había dejado abandonada desde que verse bien para Malfoy se había convertido en parte de su rutina, tomó el pequeño bolso que Hagrid le había regalado en su cumpleaños número diecisiete, aquel sin fondo donde metería todo lo que compraría aquella tarde y donde ya descansaba su capa de invisibilidad y se encaminó hasta el callejón Diagon. Decidió que caminar podía ser buena idea, el clima era bueno aquel día, la gente pasaba a su alrededor totalmente ajeno al torbellino de emociones que le invadían y que intentaba con todas sus fuerzas alejar de su mente mientras repasaba todo lo que necesitaba para la misión.
Poción para detener el sangrado, para tratar quemaduras, poción crecehuesos, ¿debería avisarle a Malfoy que estaré fuera algunos días? Por supuesto que no pero tal vez a Ginny sí que debería, vendajes mágicos, cadenas mágicas, un par de orejeras para evitar los gruñidos, poción revitalizante, pinzas para cortar las ramitas inservibles de la escoba, un par de recordadoras, ¿Nott estará en el departamento de Malfoy? ¿Lo estarán haciendo en la misma cama donde él y yo...? Por favor, Harry concéntrate, necesitas... necesitas una capa de viaje nueva y... Apuesto a que soy mejor que Nott en la cama, Malfoy ni si quiera lo ha disfrutar tanto como cuando está conmigo... y... un equipo para tratar heridas de animales mágicos con escamas. Creo que es todo.
Llegó al Caldero Chorreante y entró por la puerta principal, la gente dentro lo saludó como siempre, con una enorme sonrisa y muchos apretones de mano que de repente le supieron falsos, completamente, se preguntó si de saber en que andaba metido últimamente lo respetarían como en ese momento, se preguntó si seguirían creyéndole un héroe después de su gran variedad de experiencias sexuales que rayaban en fetiches, se preguntó si lo mirarían con los mismos ojos si supieran acerca de su infidelidad y que su amante era un ex mortífago exiliado. Se respondió que no, que seguramente de saberlo lo exiliarían junto a Malfoy y dejarían de creerlo perfecto.
Negó cuando Tom le ofreció una cerveza y se marchó casi de inmediato, sintiéndose repentinamente sofocado por la atención sobre él. Se preparó para hacer las compras y comenzó, yendo de un callejón a otro, de tienda en tienda, tratando de soportar la imperiosa necesidad de colocarse su capa invisible, ser una figura pública siempre le había parecido molesto, pero en ese instante precisamente, le fue insoportable, las miradas le acusaban, los susurros le criticaban y él estaba perdiendo la paciencia. Sabía que debía relajarse, que nadie sabía de su pequeño secreto, que nadie le había descubierto y que, era probable nadie lo supiera nunca, solo él y Draco Malfoy que estaba condenado a guardar silencio.
De repente se sintió mal, como los primeros días e intentó con todas sus fuerzas tomar ese sentimiento de culpa y arrojarlo lejos, porque de no hacerlo su lado Gryffindor emergería y entonces él haría una locura y se condenaría a sí mismo. Estaba bien así, intentó convencerse, tengo a Ginny, el cariño de los Weasley y además un sexo maravilloso con Malfoy que dejaré después de la boda, lo prometo, lo prometo. Pero la verdad era que ni él estaba seguro de lo que decía, porque cada vez le parecía más difícil deshacerse de la compañía de Ángel. La boticaria le preguntó si se sentía bien, él dijo que si y salió del local mientras la culpa volvía a esconderse dentro de él.
Estaba a unas cuantas calles del Sortilegios Weasley, pero ya no se le antojaba para nada pasar tiempo con su amigo, así que en cuanto pudo, salió al Londres Muggle, dispuesto a pasar un par de horas tirado sobre alguna banca en algún parque, tal cual había hecho cuando Cedric había muerto justo a su lado. ¿Desde cuándo su conciencia buscaba redimirse? No lo sabía, había pasado meses enteros sin sentir ni una pizca de remordimiento, tal vez se debía a que ahora le tenía cierto aprecio a Malfoy y que Ginny se estaba portando de lo más lindo con él.
Aquel problema de moralidad quedó olvidado rápidamente, lo más importante para su cabeza en aquel momento era tratar de procesar el hecho de que Malfoy se había involucrado en una relación. Se preguntó si Nott no estaría celosos de tener que compartirlo, aunque pensándolo mejor, llegó a la conclusión de que, seguramente no tenía muchas opciones, Draco estaba obligado a cumplir con su trabajo y nada de lo que Nott hiciera podría detenerlo. Se preguntó si su relación con Malfoy volvería a ser la misma, habían mantenido relaciones sexuales porque era consensuado, pero ahora que Nott estaba en su vida tal vez le pediría que lo detuvieran... aunque habían comenzado a salir un par de meses atrás y no lo había hecho. La idea de que, tal vez Malfoy creía que Harry lo obligaría le hizo sentir asqueado, el rubio podía acostarse con él por miedo a ser obligado y prefería cooperar.
Pero sus cavilaciones no llegaron más allá, una voz, una voz a lo lejos llegó a sus oídos como una canción y le hizo paralizarse en su lugar, cobardemente. Intentó tomar aire, pero aquella risa le había robado el aliento y su corazón se había acelerado, palpitando a una velocidad que parecía humanamente imposible. Cerró los ojos con fuerza, deseando volverse invisible, no quería mirarlo, no quería seguir escuchándolo, porque si lo hacía volvería a perder la cabeza como la noche anterior y aquellos sentimientos que no lograba clasificar en ninguna parte le asediarían hasta hacerlo sucumbir. Pensó que no tenía por qué estar pasando por aquello, no estaba bajo los efectos de ninguna bebida y aun así se sentía tan similar a la noche anterior que le asustaba.
Al abrir los ojos se encontró consigo mismo, completamente invisible, en su desesperación se había aplicado a sí mismo y de manera inconsciente un encantamiento desilusionador, suspiró aliviado, y con mucha más calma sacó de su bolcito la capa de invisibilidad, ella era mucho más segura que un encantamiento y podría salir de ahí sin ser detectado. Iba a marcharse, no iba a quedarse ahí a mirar a Draco Malfoy cual acosador sexual, porque para empezar él no lo estaba acosando, se habían encontrado por casualidad. Simplemente se colocaría la capa y regresaría al Londres mágico, dispuesto a comprar algunos dulces de broma y dárselos a Denis, el miembro más joven de su escuadrón, cuando la misión finalizara, si, eso era lo que haría, ni si quiera voltearía, ver a Malfoy no era necesario y escucharlo tampoco, así que comenzó a cantar en su mente alguna melodía inventada que sonaba a "No lo hagas, no debes hacerlo, vete, vete, vete de aquí Harry" pero que para él sonaba como "lalala" y entonces aquella risa que no había escuchado en algunas semanas volvió a inundar el ambiente y él tuvo que concentrarse muchísimo para no girarse y...
Al diablo, lo hizo se giró y lo miró y lo que encontró no le gustó mucho más que lo que pasó la noche anterior en el club. Sí, ahí de pie junto a una panadería estaba Draco Malfoy, vistiendo aquellas prendas muggles que le hacían lucir perfecto, enfundado en unos jeans oscuros y una camiseta azul que hacían que sus ojos cambiaran de color, de gris a azul y luego al revés, y Harry no creyó que encontraría aquello más atractivo que verlo en paños menores pero la verdad fue otra, lo encontró mucho más guapo de aquella manera, como un sonriente joven que no tenía nada de qué preocuparse, o al menos en apariencia. Y su lado Gryffindor rugió, porque había prometido ayudarlo y no lo había hecho. Pero Malfoy no estaba solo, por supuesto que no.
Junto a aquel rubio de ensueño estaba Nott, como si no fuera suficiente que trabajaran en el mismo lugar, y él, precisamente él había sido el causante de aquella risa angelical y melodiosa, había sido él la causa de la felicidad de Draco y aquello le hizo sentir sumamente enfermo, como si de un momento a otro fuera a vomitar y esperaba hacerlo, pero sobre Nott y su perfecto cabello castaño que no se movía ni se despeinaba con la ligera brisa. De repente todo dejó de ser racional para él, su cuerpo luchaba entre acercarse, tomar a Malfoy y llevárselo lejos, entre tomar a Nott por el cuello de la camiseta y golpearlo en el rostro, entre irse de ahí hecho un manojo de nervios, miedo, inseguridad, enojo y... y... bueno aquella otra cosa que definitivamente no eran celos.
Pero aunque aquellas escenas eran bastante bien recibidas por su mente, la realidad era que ni si quiera podía moverse, tal cual le había pasado antes, por lo que tuvo que soportar a Theodore abrazando a Malfoy y besándole la mejilla con devoción mientras su sangre comenzaba a hervir, tuvo que soportar mirarlos de la mano, sonriendo y charlando como Harry y Draco nunca harían por miedo a lo que dirían, tuvo que soportar las caricias desvergonzadas que casi le hacían gritar "quita tu puta mano de ahí" pero que no había soltado porque su voz se había escondido, junto a su coraje Gryffindor, pero sin duda la peor parte fueron los besos, aquellos tan dulces que le hicieron conmoverse y a la vez le causaron una ira infernal. ¿Por qué el estúpido de Malfoy parecía tan contento? ¿Por qué Nott tenía que ser tan jodidamente encantador?
Su cuerpo estaba rígido, sus puños apretados fuertemente, la vena de su cuello saltando, furiosa, sus ojos entrecerrados mientras un picor desagradable le invadía, como si fuese a llorar o algo parecido, entonces Draco estuvo a punto de resbalar en la banqueta y Harry de manera automática se hizo hacia adelante para intentar atraparlo, pese a que estaba bastante lejos. Los fuertes brazos de Nott lo sostuvieron y sus labios llenos le preguntaron si se encontraba bien mientras acariciaba su cintura, entonces Malfoy, con algo similar a ternura le sonrió y le besó dando las gracias, de la misma manera en que lo había hecho con Harry en navidad por el regalo y aquello le hizo explotar.
Las farolas de toda la calle explotaron, incluyendo las del parque, Draco abrazó a Nott y se colocó frente a él, detectando la magia, protegiéndolo, temiendo que los fueran a atacar como ya antes había sucedido y entonces una lágrima escurrió por el rostro del auror, ¿de dónde había venido? Harry no lo sabía pero después de ella no hubo ninguna más, así que decidió que no importaba, así como no importaba aquella tristeza que había reemplazado al enojo. Tomó aire, relajándose y como un zombi comenzó a alejarse de la escena, debía llegar al ministerio, debía embarcarse en aquella misión y limpiar su mente, necesitaba aclarar algunas cosas, necesitaba tiempo para él.
