Su cuerpo estaba ardiendo, se estaba prendiendo en llamas mientras él le besaba, recorriendo cada centímetro de su piel con delicadeza, con devoción, como si se tratara de un dios y no de un simple mortal, lleno de defectos, como era en realidad. Su alma se incendiaba junto a su piel a causa de esos roces incitantes que le gritaban de manera silenciosa lo que se avecinaba. El placer, la lujuria, pero sobre todo el amor, un sentimiento que él, lamentablemente no compartía, su corazón, al igual que su mente se encontraban lejos, muy lejos de ahí, con otra persona, con otro hombre, muy diferente al que en ese momento planeaba hacerle el amor.

Sin embargo él era carne y hueso y los estímulos estaba funcionando perfectamente bien, porque Theo era un gran amante, experimentado y entregado que gustaba de hacerle sentir, de hacerle gemir y sudar y disfrutar, parecía que su única misión era el de llevarle a éxtasis, como si no se preocupara en lo más mínimo por su propia persona como si Draco fuera lo más importante, y tal vez, Draco pensaba, que para Nott así era, que no existía cosa o persona más importante en el universo para aquel castaño que no había desaprovechado ni un segundo desde que la oportunidad de ser su pareja se presentó y él pensaba que solo con eso debía ser feliz, pero no era suficiente.

Lo tomó por los hombros y acarició sus brazos con cariño mientras su lengua le recorría el cuello con la habilidad de un maestro, succionando y mordiendo ligeramente aquellas zonas sensibles que solo él y cierto auror de hermosos ojos verdes habían descubierto, y él jadeó, y gruñó cuando las sensaciones le superaron, sabía que debía dejar de pensar en él sabía que debía detenerse, porque aquellas no eran sus manos, ni su cuerpo, no era su cabello cosquilleándole en la piel sensible, ni sus brillantes ojos examinándole, adorándole, no era él, no lo era y jamás lo volvería a ser.

El cuerpo de Theo se estremeció cuando él se aferró a su espalda con fuerza, era gratificante notar como con pequeñas acciones podía causarle tales arrebatos de placer, tan notorios, tan sumamente visibles y era abrumante. Sabía que debía sentirse halagado, que debía disfrutar de aquel cariño sincero que se le otorgaba, sabía que Theodore Nott era lo mejor que encontraría en todo el mundo, porque no había persona que le amara más que él, y había intentado, con todas sus fuerzas, por meses y meses darle la oportunidad que se merecía, tal vez, desde que tenían diecisiete años, cuando, en medio de su habitación en Slytherin le había dicho, de manera desesperada que tenía miedo de morir y que por eso debía decirle, decirle que le amaba y que quería que se quedara a su lado. Y Draco, completamente sobrepasado por la situación; sus padres y él mismo bajo las amenazas de Voldemort, la guerra, el castigo que le supuso ayudar a Potter, y la marca que ardía en su brazo cada que se negaba a atender el llamado, le había dicho que no podía, le había dejado solo.

Sin embargo el castaño no pareció afectado por eso, pero Draco lo conocía de años, Nott era un Slytherin ejemplar, jamás se permitía ser débil y lo había hecho al confesarle sus sentimientos, lo normal era que inmediatamente después de ser rechazado volviera a ponerse la máscara, lo entendía a la perfección. Sin embargo Theo parecía completamente decidido a no dejarlo escapar y ahora, muchos años después, libres de la guerra, de Voldemort, de sus padres, aquellos que les habían llevado por el camino incorrecto, por fin lo había logrado, al menos en apariencia.

Sus labios se encerraron alrededor de sus pezones y Draco gimió con pudor, recordando la manera salvaje en que Harry solía morderle aquella zona mientras sus fuertes y nada delicadas manos de auror, llenas de cicatrices y algo rasposas le acariciaban las caderas y le aferraban con una fuerza encantadora y erótica. Oh, no, estaba pensando en Potter de nuevo, pero joder, era tan difícil no compararle con Nott quién parecía ser su completo opuesto. Con Potter el sexo muy rara vez era gentil, con Potter esa sexo y ya.

Las manos apiñonadas de su acompañante comenzaron a masturbarlo con delicadeza, acariciando su glande lentamente, como si intentara aprenderse su textura de memoria y Draco cerró los ojos mientras su cabeza caía hacia atrás y la lengua del castaño comenzaba a bajar más y más, hasta detenerse en su entrepierna. Su aliento chocando contra su ya húmeda erección le puso la piel de gallina y se obligó a sí mismo a alejar a Harry Potter se su mente, su cuerpo, su alma y su corazón mientras Theo comenzaba a chupar, saboreándolo y sin apartar sus ojos avellana de su rostro. El calor que le abrumaba le hizo relajarse, el placer que le inundaba le hizo dejar de pensar y entonces se dejó llevar.

Estaba a punto de correrse cuando su amante se detuvo y él se vio obligado a abrir los ojos, a encarar la realidad, el castaño comenzó a besar con amor cada una de sus cicatrices y él se sintió ofuscado, maldito Theo ¿Por qué tenía que detenerse? ¿Porque tenía que adentrarse más y más en los terrenos de lo sentimental? Buscaba desarmarlo, buscaba doblegar sus sentimientos y apoderarse de ellos, como una buena serpiente, lo sabía, podía sentirlo y tal vez, se hubiera dejado asaltar de aquella manera pero era insoportable, nadie tocaba aquellas cicatrices, nadie, ni si quiera él.

Hábilmente lo tomó de la barbilla y lo hizo subir para que sus rostros se encontraran y sus labios compartieran un beso que le supo al peor de los errores, había sido húmedo, había sido apasionado, lleno de un amor que quería, tenía, que experimentar pero que era imposible sentir a la fuerza. El sabor de la saliva de Nott era dulce, pero no tanto como la de Potter y aquello le supo a traición. Los odiaba a los dos, odiaba a Theo por amarlo de aquella manera tan desenfrenada, tan incondicional y desinteresada, lo odiaba por sentir lo que él sentía por otro hombre, lo odiaba porque sentía que lo obligaba a corresponderle y no podía, simplemente no podía. Odiaba a Potter, lo odiaba incluso más que a Nott, lo odiaba por haberlo utilizado, lo odiaba por estar comprometido, lo odiaba por no haberse percatado de sus sentimientos y haber decidido que lo quería, sí, lo quería, pero como amigos, de la misma manera en que quería a la comadreja y a la sabelotodo. Y no sabía que sentimiento era más fuerte, el de querer matarlos o el de querer suicidarse por haber caído como idiota ante los pies del héroe, como muchos otros, o por no haberse enamorado antes de Nott.

Le besó hasta que sintió la boca seca, le mordió con furia controlada, porque se sentía frustrado y estúpido, dedicándole sus sentimientos a una persona que no los merecía y que seguramente se encontraba en la comodidad de su casa, completamente ignorante de lo que causaba en él, feliz junto a su hermosa y perfecta novia, con su vida perfecta, en su trabajo perfecto, con sus amigos perfectos y completamente ajeno a que él se estaba consumiendose en la ardiente necesidad de golpearlo hasta el cansancio, o aún peor, de follárselo hasta que comprendiera, hasta que entendiera que se estaba muriendo sin él, sin sus caricias, sin sus besos, sin su cuerpo bien entrenado, sin su estúpida voz, sin su aroma masculino y quería que él se lo follara, duro, como solo él sabía, que le mordiera con fuerza, que le azotara, porque, aunque fuera humillante y degradante, le parecía que tener poco de él era mejor que nada.

La sensación de pérdida y abstinencia había comenzado desde que el auror estrella del ministerio había decidido que lo suyo se iba limitar a una amistad que, por obvias razones, Draco no podía corresponder, porque él sabía, sabía que le quería, que le amaba, y no entendía de donde habían nacido aquellos sentimientos tan intensos. A veces pensaba que, de la misma manera en que le había odiado, le era igual de fácil quererlo y era estúpido, pero lógico, porque las cosas entre ellos siempre habían sido de aquella manera, intensas, sin precedentes, simplemente fluían y su conexión era tal que parecía fácil pero ninguna de aquellas emociones era fácil de sobrellevar, y el amor mucho menos. Aunque tampoco iba a negarlo, Potter había hecho bien su trabajo y lo había engatusado, con sus palabras de consuelo, las cenas y las charlas, los regalos, el sexo y el trato diario, el que fuese la primera persona del exterior que le había tratado como si fuese una persona, pero todo había sido una mentira, vaya Slytherin estaba hecho, engañado por un Gryffindor.

Quería volver a aquel tiempo en el que solo había aceptado la presencia de Potter para mantenerse a salvo, protegido, porque de entre todo él lo trataba mejor que nadie, se preocupaba por hacerlo sentir, no lo obligaba a mantener relaciones con él si no lo deseaba y él había creído tontamente que podía sacar provecho de aquello, incluso de las cenas traídas hasta sus manos desde restaurantes prestigiosos, pero todo le había salido mal, muy, muy mal, porque aquel era el Harry Potter de verdad y él se fue enamorando de la única persona que le había tratado diferente. El peso de la realidad le cayó fuertemente sobre todo el cuerpo, aplastándolo, el que Potter se lo follara sin preparación le había lastimado y no solo físicamente, pero sus sentimientos no menguaron, ni por aquel recuerdo, ni por todo lo que vino después.

Su orgullo y su dignidad llevaban años bien guardados, pero Potter se había encargado de sacarlos y volverlos a pisotear, como la primera vez que había tenido que acostarse con un desconocido y cuando volvió a él y le pidió disculpas él se había creído muy inteligente y lo había aceptado de vuelta, otro gran error, porque aquello fue lo que terminó de encadenarlo al héroe y lo había llevado a la perdición, intensificando los sentimientos negativos que había estado guardando por años y volviendo a los viejos hábitos, cortándose cuando se sentía demasiado desesperado como para seguir, o tomando más de la cuenta, aun cuando se encontraba fuera del trabajo. Maldito, Potter y mil veces maldito, no se juega con una persona rota por que puedes terminar por perder los trozos y nunca volverá a ser lo mismo.

Se introdujo en su pareja de manera lenta mientras los ojos le escocían, agradeció a los dioses que Nott estuviese demasiado inmerso en el momento y no abriera los ojos. Se empujó contra él, una y otra y otra vez, su pene era succionado por aquella tersa cavidad, pero lo que lo estaba llevando a la locura era la frustración y el despecho. Se empujó una vez más y entonces Theo gimió, había encontrado su próstata, solamente tenía que seguir, tenía que seguir adelante con ello, estaría tan cansado que se quedaría dormido y al día siguiente podría levantarse de nuevo, fingiendo que su vida era la misma mierda de siempre y no la más grande mierda del universo a causa del maldito niño que vivió. Entró y salió, solo un par de estocadas más, Nott se masturbaba a si mismo mientras Draco apoyaba su cabeza sobre su pecho, intentando llegar, estaba duro, mucho y dolía, pero no podía correrse. Entonces sus ojos verdes aparecieron como parte de una imagen mental y su cabeza le jugó una broma, le había escuchado decir "Draco" y aquello fue suficiente para venirse dentro de su novio quien no tenía ni idea de la batalla interna que estaba luchando y que estaba perdiendo.

Finalmente se acostó sobre el pecho apiñonado de Theo, con la respiración agitada y los ojos a punto de soltar esa lágrima que contenía; odio, humillación, frustración y cariño no correspondido. El castaño le acarició el cabello, muy suavemente y él cerró los ojos, estaba agotado, cansado de todo, solo quería, necesitaba dormir, dormir hasta el final de los tiempos, hasta que ya no hubiera más dolor. ¿No lo tenía acaso merecido? Había soportado más que cualquiera, con la cara en alto y fingiéndose intacto, ¿No había soportado ya demasiados insultos, maldiciones, maltratos, golpes? ¿No había obtenido lo que merecía perdiendo a su familia, perdiendo su nombre y pasando ocho meses en Azkaban? ¿Qué tanto más tenía que soportar? Que se lo dijeran ya, que se lo dijeran en ese mismo instante, necesitaba estar preparado, necesitaba seguir luchando. ¿Para qué? Preguntó aquella voz dentro de su cabeza que sonaba idéntico a él pero que siempre que se hacía presente lograba hundirlo más. Por mamá y papá y todos los amigos que perdí en la guerra. Se recordó, pero por primera vez no funcionó, nada mejoró.

Se puso de pie y Theo lo miró desde la cama sin decir nada, él le dedico la sonrisa más convincente que tenía y le recordó que debía marcharse temprano, el castaño asintió y el rubio se encerró en el baño, esperando que, cuando saliera él ya no estuviera allí. Abrió la lleve la bañera y dejó que el agua hirviendo la llenara. Sacó de la gaveta detrás del espejo una navaja y con manos temblorosas la sujetó mientras se sentaba a la orilla de la tina. No debería. Se recordó pero su mano ya estaba haciendo el primer corte sobre su muslo y el dolor le trajo un alivio indescriptible, la sangre le liberaba de la presión, manchándolo todo. Y sabía que estaba mal, que necesitaba ayuda, que necesitaba gritar lo que le ocurría, pero era tan difícil. Un corte y otro más, sus blancas piernas comenzaron a mancharse salpicando el pulcro piso, dolía, dolía como los mil demonios, pero día mucho menos que su realidad.

El agua comenzó a caer sobre el piso y él se detuvo, miró la navaja con odio y la arrojó contra la pared, con todo el odio que era posible, mientras la luz del baño titilaba, a causa de su magia a punto de desbordarse. Cerró el grifo y se metió en la bañera sin molestarse en curar sus heridas, las cuales ardieron al contacto con el agua, manchándola de un rojo tan oscuro que por un momento creyó que sangraba en negro. Las heridas se limpiaron lentamente y él se dejó caer entre el agua, no tenía las fuerzas suficientes para limpiarla así que se recostó, frágil, perdido. Suficiente, suficiente, suficiente. Gritaba aquella vocecita dentro de su mente, pero no era capaz de llorar, ya lo había hecho en navidad y en el cumpleaños de su madre, no podía, no debía.

Salió del agua y dejó que la bañera se vaciara mientras abría la llave de la ducha, el agua comenzó a caer y limpió la sangre que aún quedaba, estaba helada y el contraste con el agua hirviendo hizo que le doliera la piel, pero importándole poco se enjabonó el cuerpo y el cabello y entonces salió del cuarto de baño, sin molestarse en recoger la abandonada navaja junto a la puerta.

Al salir Theo se había marchado, únicamente había dejado en la mesita de noche una nota cariñosa en la que lamentaba tener que irse temprano y en la que expresaba esperar con ansias verlo por la tarde, desde que Potter había retomado su papel de héroe él y sus amigos eran puestos a salvo en una sola habitación, el auror pagaba por los servicios de todos y los dejaba descansar en el cuarto rosa, por supuesto que nadie sabía que aquel era de verdad Harry Potter y aunque Nott se había mostrado reacio, al final había accedido, todos creían que se trataba de un cliente especialmente enamorado del rubio y no habían hecho más preguntas, simplemente disfrutaban de no estar dentro del catálogo de la noche.

Se sentó a la orilla de la cama y curó sus heridas con magia y una poción bastante buena, se colocó la ropa y justo cuando iba saliendo del dormitorio sonó la puerta. Se encaminó hasta la entrada y abrió, del otro lado estaba él, pero Draco ya le esperaba, le había dicho que iría aquella tarde para intercambiar más información sobre el club, pese a que Draco ya le había dicho que no sabía demasiado. Le recibió con una sonrisa cariñosa que le fluyó tan natural como respirar, el auror se acercó y le abrazó con un cariño que a Draco se le imaginó fraternal y el mal sabor de boca regresó, pero no lo mostró frente a él, ya había sido demasiado débil.

El auror llegó con una bolsa de comida y la colocó sobre la mesa mientras explicaba todo lo que había tenido que hacer para escaparse temprano del trabajo, Draco le escuchó mirándole más de lo que debía, mirando aquellos vaqueros ajustados y aquella camisa a cuadros color roja que le quedaba tan bien, analizando cada cabello de su desordenada melena y estudiando sus gestos que eran algo bruscos pero cautivantes. Entonces ambos tomaron asiento en la mesa y el moreno sacó una carpeta, aquella donde llevaban toda la investigación y comenzaron a charlar sobre ello casi de inmediato.

Harry hacía preguntas y las respondía, mirando sus labios y extrañando su sabor, solo para inmediatamente después odiarse a sí mismo nuevamente, aquel era un ciclo por el que pasaba siempre que estaba con Potter, pero no lograba acostumbrarse y temía no poder hacerlo nunca. El moreno le miró después de anotar algo en un pergamino y le sonrió ampliamente, derritiéndolo y causándole un vacío en el pecho al mismo tiempo. Y de repente tuvo la imperiosa necesidad de pedirle ayuda, porque sentía que se asfixiaba, pero calló aquella necesidad de inmediato, distrayéndose con las preguntas que le hacía e intentando responderle lo mejor que podía. Sentía frio, pese a estar en primavera, pero sabía que era su imaginación, tal vez un reflejo de su corazón.

Entonces Harry se disculpó para ir al baño y se puso de pie, Draco aprovechó para restregarse la cara con las manos, tomando aire y recordándose que Harry quería ayudarle, que eran amigos y que tenía que dejarlo pasar, que él tenía a Theo, que Potter tenía a Ginny y que era estúpido pensar que entre ellos podría nacer algo serio, porque Potter era Potter y jamás le miraría de otra manera, por mucho que disfrutara de él físicamente. Y entonces Potter volvió del baño con un semblante serio que no auguraba nada bueno.

—Encontré esto —Le dijo mostrándole la navaja y Draco sintió que se tensaba pero de inmediato se recompuso y le respondió:

—Me corté al afeitarme —mintió con aquella facilidad a la que ya estaba acostumbrado, pero Potter no apartaba la mirada de él, el rubio le sostuvo la mirada, temblando internamente hasta que el auror la desapareció con un movimiento de mano y volvió a sentarse.

El asunto del Lonely Hearts Night Club fue retomado pero Draco no estaba seguro de que Potter se hubiera tragado su pequeña mentira, pese a haberla mantenido sin dificultad, mostrándose, frio, casi indiferente, calmado y hasta amigable. Finalmente procedieron a comer aquella exquisita comida Argentina con la que el ojiverde había llegado, el silencio en ningún momento fue incómodo y de todas formas no duró demasiado, Draco comenzó a hablar de cosas intrascendentes, Potter le siguió el ritmo y rápidamente se vieron envueltos en una charla llena de risas que hicieron que Malfoy olvidara, solo por un momento lo miserable que se sentía.

El moreno finalmente se despidió, debía volver a la oficina, pero prometió verlo por la noche en el club y con otro efusivo abrazo se marchó del humilde apartamento de Malfoy quién se quedó de pie, ahí, frente a la puerta, con la mirada perdida y sintiéndose sumamente solitario, aquella sensación de desolación jamás le había durado tanto tiempo y comenzaba a creer que estaba enfermo, sin embargo decidió que dormir sería lo mejor. Se encaminó hasta su cama y se acostó en ella, de repente se sintió seco, sin dolor ni pesar, simplemente no sintió nada.