Harry abrió la puerta del restaurante con un tirón y el rubio atravesó el umbral con algo de inseguridad, constantemente miraba a los lados, alerta, como si creyera que no estaba a salvo pese a estar acompañado por el mismísimo Harry Potter, salvador del mundo mágico, auror estrella del ministerio. Pero aquel comportamiento era bastante normal en él, cada que tenía que exponerse al mundo adoptaba aquella expresión cautelosa y Potter en cierto modo lo comprendía, por lo que, cada que pasaban tiempo juntos era en el mundo muggle, lejos de cualquiera que quisiera dañarlo, lejos de cualquiera quisiera señalarlos.

Tomaron asiento en una mesa en el rincón, bastante apartada del resto de la gente, junto a la ventana, Harry rápidamente apartó la silla y la recorrió para que Draco tomara asiento, de manera caballerezca mientras el rubio con una pequeña sonrisa le agradecía el gesto. El auror tomó asiento frente a él y le miró por un instante, ciertamente para alguien que no conociera a Draco Malfoy el chico lucía tranquilo y hasta relajado, pero la manera en que se acomodaba en su asiento, sus ojos inspeccionando el ambiente y sus hombros ligeramente rígidos le decían que definitivamente no esperaba absolutamente nada bueno de aquella repentina salida.

El mesero llegó rápidamente a saludarlos de manera amable y les entregó el menú antes de recomendarles el postre del día y marcharse. Harry tomó el menú y comenzó a hojearlo lentamente, no tenía mucha hambre pero había sido su idea salir a comer así que de todas formas lo revisó mientras su acompañante hacía lo mismo. Draco vestía casualmente, pero ni así parecía desentonar con el lujoso restaurante, todo lo contrario a Potter quien pese a ir un poco más formal contrastaba demasiado. Antes de que se diera cuenta, Potter ya se encontraba mirando a su acompañante de manera descarada; admirando sus rasgos varoniles y afilados, sus movimientos sutiles y elegantes, la manera en que su largo cabello caía por su frente y joder, estaba loco por él.

—No entiendo por qué hemos tenido que salir, pudimos haber comido en mi apartamento —se quejó el rubio por primera vez, bajando el menú y mirándolo en busca de una respuesta que lo dejara satisfecho.

—¿Por qué te molesta tanto? Sales con Nott todo el tiempo, —dijo aquel nombre con notorio desagrado pero Draco decidió ignorarlo— puedes salir conmigo también, sin problemas.

—Con Theo es diferente —se defendió.

Harry lo había notado, Draco le había estado evitando desde la vez que habían decidido tener sexo de consuelo, el día que Narcissa y Lucius habían muerto. Potter no sabía si lo estaba evadiendo por que se sentía culpable de haber engañado a su novio o si había otra razón que él no había alcanzado a vislumbrar, pero le tenía preocupado, aquella madrugada había creído haber dado un paso importante junto a él, pero al despertar, después de aquella sesión de contacto físico, Malfoy simplemente había fingido que nada había pasado entre ellos; se había levantado por la tarde, se había dado una larga ducha, se había vestido, había desayunado casi nada y luego le había pedido que le acompañara por los cuerpos de sus padres. El funeral pasó, los días también y Draco parecía haber olvidado que algo había pasado entre ellos, algo mucho más íntimo, más personal.

Al principio el auror se había intentado tranquilizar a si mismo convenciéndose de que su amigo debía estar demasiado abrumado por la muerte de sus padres y le había dado tiempo y espacio, pero lo que sin duda no esperaba era que Malfoy tomara refugio en los brazos de Nott, y no en los suyos como tanto deseaba. Y había sido difícil, muchísimo, el que no pudiera visitarlo en su apartamento por que Nott estaba ahí, el tener que imaginar que estaban juntos, tal vez abrazándose y besándose mientras Draco, tan frágil como se encontraba se entregaba a Theodore.

Todo aquello le causaba dolor de cabeza, náuseas y un terrible ataque de inseguridad y celos que se forzaba a controlar recordándose que él, precisamente, no tenía derecho a reclamar nada, estando comprometido y con la boda a la vuelta de la esquina. Sin embargo, cansado de ser ignorado, había decidido sacar a relucir su gen Gryffindor y había decidido hacer el último de sus intentos, aquella tarde era su última como soltero y debía actuar, debía descubrir de una vez por todas si el ojigris compartía sus sentimientos, si le correspondía, porque de ser así dejaría todo por él, incluyendo aquella vida perfecta que se había trazado para sí mismo a lo largo de todos esos años.

Sin embargo había algo que no le hacía sentir del todo seguro, la pequeña razón por la que no había terminado directamente su compromiso con Ginny, y es que Draco Malfoy era una persona realmente confusa, a Harry le parecía, a veces, que el rubio sentía lo mismo que él, que era correspondido, que arriesgarse era seguro, porque sus miradas le decían que sentía por él algo más profundo que una amistad, porque sus gestos y los roces que casi eran accidentales le gritaban que tenía una oportunidad. Pero entonces, de la nada, su actitud cambiaba rotundamente, se comportaba distante, frio y evasivo, sus miradas dejaban de significar algo, al igual que los roces y aquello lo tenía tan confundido como cuando descubrió que él era el último horrocrux de Voldemort.

Creía que aquellos cambios de actitud se debían principalmente a la depresión que sabía que Draco padecía y que él se negaba a aceptar, y aunque había buscado ayudarlo de mil y un maneras, era sumamente difícil hacerlo cuando la persona se negaba a cooperar y Harry vivía cada día con miedo de llegar a su piso y descubrir que Malfoy se había quitado la vida, preso de las situaciones que desde la muerte de sus padres parecían sobrepasarlo. Por fuera, Draco era el de siempre, un joven apuesto y seguro de sí mismo, indiferente con la vida que le habían impuesto, pero Harry sabía la verdad, sabía que el rubio jamás en su vida había estado más frágil que en aquel momento.

—¿Por qué es diferente? —Preguntó entonces— ¿Por qué es tu novio?

—Porque él y yo somos unos apestados, porque si alguien nos llega a ver juntos no causaríamos la tercera guerra mágica, en cambio, si llegan a verte conmigo todos en Londres van a volverse locos, y lo sabes, no soportarían que su preciado héroe les hubiera traicionado de aquella manera, juntándose con mortífagos y encima de todo, ayudándolos a salir de la miseria que todos creen que nos merecemos. Es peligroso, porque ni si quiera has tenido el valor de decirles a las personas más cercanas a ti que estás involucrado conmigo. ¿Qué crees que diría tu jefe? Eres un auror, por amor a merlín, eres Harry Potter, vencedor de señores tenebrosos, aniquilador de mortífagos, no se supone que seas amigo de alguien como yo y... y la verdad es que no quiero más problemas.

Aquella era la primera vez que Draco decía en voz alta lo que Harry ya sospechaba; Malfoy creía fervientemente merecer aquel castigo que la sociedad mágica le otorgaba por ser quien era, razón por la que muchas veces había soportado el maltrato de sus clientes del club, por la que soportaba los maleficios a plena luz del día cuando decidía aventurarse en el Londres mágico, razón por la que se había prohibido a si mismo llorar por la muerte de sus padres más de lo necesario, razón por la que ser su amigo le pesaba como un yunque, la misma por la que aceptar ayuda del elegido le parecía absurdo y completamente loco, en el fondo, Draco Malfoy creía ser merecedor de todos los castigos que se le habían impuesto, aún después de haber sido liberado de Azkaban.

—Sabes que si no le he dicho nada a nadie es para mantener nuestro movimiento en el anonimato, no porque no quiera hacerlo.

—Pero aún así le pediste ayuda a Granger ¿y ella no preguntó?

—Por supuesto que lo hizo, siempre lo hace, pero he aprendido a evadirla, es mejor no implicar a más gente de la necesaria... y en parte es por eso que he decidido tener esta cita contigo hoy, todo está listo Draco.

—¿Qué? —preguntó genuinamente sorprendido.

—Ésta noche es tu última noche en ese club, después de hoy ninguno de los chicos tendrá que trabajar ahí de manera obligada.

—¿Encontraste la manera de disolver el contrato?

—Lo hice —sonrió orgulloso, pero Draco no sonrió se limitó a mirar la mesa con el ceño fruncido, como si estuviese más perdido que nunca, como si no supiera que debía hacer de ahora en adelante. —¿No estás feliz? —entonces reaccionó.

—Sí, sí, claro... —sonrió débilmente— Pero, ¿todos? Mis amigos...

—Todos, Draco, —afirmó y el rubio sonrió ampliamente— pero me temo que esta noche tendrás que trabajar normalmente y fingir que todo está en orden... no podré aparecerme como cliente, por obvias razones, así que, solo una vez más, solo tienes que soportar una vez más y después no tendrás que volver ahí ¿crees que puedes hacerlo? —el rubio dudó un momento pero finalmente asintió— de acuerdo.

El mesero llegó momentos después y tomó la orden para marcharse casi de inmediato. Draco jugaba con la esquina de una servilleta mientras Harry se perdía en sus ojos grises, no sabía si estaba consciente de que le miraba, pero tampoco le importaba demasiado; lucía más delgado que antes y un tanto pálido, buscó en sus muñecas descubiertas algún corte pero como siempre no encontró nada. Había creído que la noticia le levantaría el ánimo, que después de días y días, por fin le vería sonreír sinceramente, como antes, pero parecía que nada le ayudaría a superar la muerte de sus padres y Harry lo entendía perfectamente bien. Él había tenido que crecer sin figuras paternas, y había sido difícil, no imaginaba haber tenido a sus padres por años y años y al final tener que perderlos de aquella manera.

—¿Cuál es la otra cosa? —preguntó entonces el rubio, apenas con un susurro y realmente distraído.

—¿Disculpa?

—Dijiste que habían dos razones para venir aquí, ¿cuál es la otra? —Harry sonrió y Draco dejó aquella pose distraída para acomodarse en su asiento y sonrojarse ligeramente, aquella era una de las cosas que a Harry le hacían creer que era correspondido.

—Bueno, quería saber qué harás ahora que serás libre... quiero decir... ¿seguirás con Nott? ¿Buscarás trabajo en el mundo muggle?... ¿querrás seguir siendo mi...? —no quiso terminar la frase.

El rubio lo miró de manera seria, como si intentara leer su mente, pero Harry sabía que no estaba tratando de usar legeremancia con él, así que se limitó a sentirse nervioso bajo su escrutinio ¿Qué buscaba? Harry no lo sabía pero sin duda no quería que ese detuviera, quería que le mirara a él y solo a él, todo el tiempo, para siempre, porque su mirada le hacía sentir cosas que nada nunca había sentido, aquellos ojos grises y fríos en apariencia eran la cosa más hermosa que jamás hubiesen existido sobre la faz de la tierra, eran capaces de destruir y reconstruir su ser entero con solo posarse en él y la sensación era sublime. Draco Malfoy se había colado en su ser con tanta intensidad que casi podía olvidar que alguna vez habían sido rivales y le hacía sentir, le hacía sentir de todo con una intensidad que rayaba en lo dramático, con Draco no habían sensaciones a medias, era el todo por el todo y Harry que era un hombre de acción, se veía sumamente atraído por estas sensaciones.

Ahí frente a él, Draco era Ángel, era Malfoy, era el pasado y el presente, era rivalidad y amistad, confianza y desconfianza, seguridad e inseguridad, era blanco, era negro, era valentía y temor. Había una dualidad tan marcada en sus facciones que era alucinante, porque el chico frente a él se veía tan contrariado con su entorno y consigo mismo que Potter deseó ponerse de pie, rodear la mesa y abrazarlo hasta que encontrara su camino. Y aun así era hermoso, hermoso como nunca; se le veía incluso más humano, el inquebrantable Draco Malfoy estaba cediendo y esa debilidad le llamaba, le decía que necesitaba un héroe y Harry podía serlo, por él, por Draco Malfoy podía ser todo lo que se propusiera.

—No sé qué haré ahora —respondió pero Harry supo que mentía, algo, no sabía exactamente qué, se lo decía. —Y sobre nuestra amistad... será mejor que no continúe.

—¿Qué? —preguntó con genuino estupor, aquello no lo había visto venir.

—Lo que has oído, lo mejor será dejar de vernos, quiero decir... a tu esposa no le va a hacer mucha gracia que seas amigo de... de alguien como yo y seguramente a tus amigos tampoco. Y lo siento Harry, pero después de esto quiero dejar de ocultarme, ya he soportado muchos años bajo las sombras, no me interesa seguir con lo mismo.

—Pero yo no pienso ocultar nuestra relación y además...

—¿Y qué les dirás si te preguntan cómo fue que nos hicimos amigos? —Le interrumpió— ¿Les dirás que nos conocimos en un bar nocturno? ¿Les dirás que por un tiempo fuiste mi cliente? ¿Cómo crees que se lo tomarán?

—Pero Draco... —sintió que su corazón se estrujaba, la idea de no volver a verlo le enfermaba.

—Por favor... Harry... —le pidió, con voz calmada— Ya he tenido demasiado, yo, yo no puedo adjudicarme más problemas solo por... por tu amistad... no, no me malentiendas, has sido como un rayo de luz en medio de toda esta locura pero... pero si seguimos con ello las cosas no van a terminar bien, ni para ti, ni para mí.

El moreno le miró, Draco lucía sereno y tranquilo, incluso su tono de voz había sido relajado, la máscara estaba puesta, pero él podía ver a través de las grietas, algo le preocupaba, y no necesariamente su reputación o el como fueran a tomar sus amigos su relación. Pensó en presionar, pero temió romperlo y no poder arreglarlo. ¿Y si Malfoy tenía razón? Y si simplemente era el hecho de que a había tenido demasiado de aquello? ¿Quién era él para arruinarle más la existencia?

El mesero llegó con la comida y ambos en silencio y sin apetito comenzaron a degustar. Lo único que se escuchó por minutos enteros fueron los cubiertos sobre los platos y las tranquilas charlas de los alrededores. Cuando el postre llegó Harry ya estaba en el límite, su lado Slytherin le decían que fuese egoísta una última vez, que pensara su estrategia y se adueñara de Malfoy, su lado Gryffindor le gritaba que debía ser valiente y hacer lo que había ido a hacer, ser sincero con él y esperar una respuesta favorecedora, o de lo contrario, retirarse como un buen perdedor. Draco, completamente ajeno a su duelo mental comía su tarta de manzana, perdido en las motitas de canela que tenía espolvoreada en la superficie.

—Creo que estoy enamorado de ti —le dijo de pronto y Draco bajó el pequeño tenedor que iba de camino a su boca. Completamente relajado lo dejó sobre la mesa y alzó la vista hasta el ojiverde, alzando una ceja. —Creo que estoy enamorado de ti —repitió bajando su propia taza de café, sin apartar su mirada de la de Draco.

—¿Y cuando has decidido que lo estabas? —Preguntó.

—Yo no lo decidí... —respondió intentado no sonar ofendido.

—Responde.

—Después de tu orgía con Nott, Zabini y Parkinson —Draco colocó las manos sobre la mesa.

—Tú no estás enamorado Harry, tú crees estar enamorado, pero no te culpo, conmigo descubriste muchas cosas, cosas placenteras, cosas completamente nuevas, en mi descubriste un nuevo amigo, alguien que no te mira como el héroe.

—Estoy celoso de Nott —insistió.

—Por supuesto que lo estás, es él quién te ha arrebatado a tu juguete nuevo, siempre has tenido lo que has querido, Harry, y yo, bueno, no fui la excepción hasta que él llegó ¿no es verdad? Es lógico que sientas celos de él, él tiene algo que creías tuyo.

—No lo estás entendiendo, yo de verdad estoy enamo...

—¡No lo estás! —Exclamó golpeando la mesa, llamando la atención, luego tomó aire y cerró los ojos, tranquilizándose— Piénsalo bien, Harry ¿Por qué estarías enamorado de mí? Trabajo como prostituto en un bar de quinta, toda tu vida me has odiado por ser insoportable, lo que yo creo es que tienes algún tipo de capricho sexual.

—Eso no es verdad.

—Merlín... —resopló con fastidio— pide la cuenta.

Harry lo miró con el ceño fruncido pero obedeció, pagó la cuenta y se pusieron de pie rumbo hacia la calle, llegaron hasta un callejón y Draco lo tomó del brazo.

—Vamos a tu casa —ordenó con voz indiferente y Harry volvió a obedecer.

Nada más poner un pie en el vestíbulo el rubio lo asaltó con beso salvaje que se la puso dura en un dos por tres, había pasado bastante tiempo desde que le había besado de aquella manera y su saliva le sabía a gloria. Sus manos rápidamente se dedicaron a recorrer el cuerpo ajeno, sin reparos, de manera ruda, tan ruda como Draco le había besado y era fantástico, sublime. Aquella era la primera vez que Malfoy estaba en su casa, pero no se detuvo a pensar en ello mientras el rubio lo colocaba en el sofá y se subía en él para acariciarlo con premura, sus delgadas manos se aferraban a su piel morena sin recato, hasta dejarla completamente roja por la fuerza empleada. Harry no perdió el tiempo, ya sabía a donde se dirigía todo aquello, no en vano había sido amante de Ángel por meses, arrancó la camiseta de un tirón y se deshizo de aquellos pantalones de manera hábil. Ambos eran un manojo de piernas y brazos intentando quitar la tela de en medio.

Harry no sabía si Draco había comprendido el punto o si buscaba demostrar algo en especial con aquel ataque imprevisto, pero su mente no trabajaba muy bien con la boca de Malfoy sobre su pene, así que se dijo que lo pensaría después, que por el momento se dedicaría a demostrarle que no mentía, que le amaba, que se había enamorado de él a lo largo de todos esos meses, que para él era más que solo sexo. Le besó y le acarició con la devoción que se merecía, pero Draco no pareció notar el gesto pues continuaba con sus rudos movimientos, estimulándolo casi de manera dolorosa y Harry de repente se sintió... usado, no comprendía por qué, pero así era y aquello le devastó por completo. ¿Qué se suponía que estaban haciendo? ¿Qué planeaba Draco? No lo sabía pero el rumbo que aquello estaba tomando no le gustaba para nada.

El rubio subió sus piernas, prácticamente doblándolo sobre el sillón y con un movimiento ágil comenzó a lamer su entrada, arrancándole suspiros pesados y cargados de excitación. Quería pedirle que se detuviera, que primero necesitaban hablar, que le quería, le quería de verdad, pero aquella húmeda lengua lo dejaba balbucear apenas y cuando menos se dio cuenta se encontró al borde del orgasmo únicamente por aquel gesto. Sus nalgas eran apretadas con fuerza, y su entrada era estimulada como nunca en la vida, pero entonces se detuvo y su cerebro volvió a conectar.

—Draco, Draco, por favor, tengo que decirte... —Pero el rubio lo calló con un beso húmedo.

Sus pálidas manos recorrieron su pecho, deteniéndose en sus tetillas mientras su miembro se alineaba con su entrada, todo estaba siendo demasiado rápido, demasiado caliente, pero se sentía tan vacío que quería llorar, no entendía nada, ¿Por qué si le había confesado sus sentimientos éste le correspondía con simple sexo?, uno que para colmo no podía detener, embriagado por las sensaciones. Ultrajado, usado, vacío, seco y miserable, así se sentía. Y entonces pensó que así debió sentirse Malfoy cada que alguien le tocaba contra su voluntad, incluso él lo había hecho. ¿Aquel era el mensaje? Ya lo había comprendido, entonces ¿por qué no se detenía?

Le penetró, lenta y suavemente, y Harry soltó un jadeo que indicaba lo mucho que había extrañado tenerlo dentro. El rubio comenzó a moverse, primero de manera lenta y luego un poco más rápido, de sus labios rosados brotaba el nombre de Harry como si fuese una letanía en voz muy bajita y muy, muy rápido. Harry, Harry, Harry. Decía y por primera vez el moreno sintió algo diferente a la desolación, los sentimientos habían cambiado y se transformaban de manera abrumadora en cariño, amor y agradecimiento mientras su nombre bailaba en toda la habitación.

—Draco, Draco, todo es verdad, todo es verdad, estoy enamorado de ti —la bipolaridad del rubio lo tenían al límite, pero encontró valor de alguna parte y lo soltó.

—Shh... —le pidió silencio mientras sus ojos grises le penetraban hasta el alma.

Sus estocadas certeras dieron en aquel punto delicioso que le hicieron retorcerse y arquear la espalda, quería a Draco, quería todo lo que él pudiera otorgarle; aquellos sentimientos explosivos, aquellas sensaciones abrumadoras, el dolor, la felicidad, lo físico y lo espiritual. Aquello estaba pensando cuando sintió su orgasmo llegar y explotar entre sus vientres.

El rubio se inclinó hacia adelante, le besó la frente y le dijo en un susurro:

—Esto es realmente de lo que estás enamorado, Harry — de repente su nombre sonó sumamente mal, erróneo, sucio— no de mí, sino de lo que te hago sentir. No voy a dejar que me uses para tu tranquilidad personal. Mañana ve y cásate como lo habías planeado, no pienses en mí nunca más, porque no me vas a encontrar. Ve y cásate, porque no fuiste capaz de romper ese compromiso aun cuando ya habías llegado a la conclusión de que me querías, ve y cásate porque yo no voy a ofrecerte más que miseria, ve y cásate Harry Potter y olvida al desdichado mortífago. Hoy me habrás salvado y tu tarea conmigo se habrá terminado, ve y cásate, porque aunque yo sí estoy enamorado de ti, sé que no merezco las migajas que me has dado y que me seguirás ofreciendo si no lo detengo ahora.

Harry quiso replicar algo, lo que fuese, pero la mano de Draco sobre sus ojos comenzó a relajarle de sobre manera. Lo único que sintió antes de perder aquel peso y calor sobre su cuerpo fue un tierno beso en los labios. Ahora comprendía tantas cosas y se sintió tan idiota por no haberlo visto antes. Antes de quedarse dormido llegó a la conclusión de que Draco tenía razón, había sido un hijo de puta y al final había tenido lo que había merecido y ahora, había perdido a la única persona a la que había amado de verdad, por sus inseguridades, por su egoísmo y su ceguera. Pensó que debía corregirse, que debía pedir perdón pero no podía moverse y pronto se encontró inconsciente, soñando con aquella vida que siempre había soñado y que ahora se transformaba en una pesadilla; estaría condenado a ser el esposo de alguien que no amaba, en una casa en el campo que ya no deseaba, anhelando a alguien que ahora le detestaba por sus malas decisiones.