Se miró en el espejo, lucía sumamente desgastado y ojeroso. La noche anterior no había logrado pegar el ojo más que un par de minutos y aquello le estaba pasando factura justo el día en que debía lucir mejor que nunca en su vida, pero aquello, por supuesto, no era su culpa, era culpa de Draco Malfoy, el bastardo de Draco Malfoy. Desde que habían pasado una última noche de placer carnal el miserable mago sangre pura no había salido de su cabeza, ni un segundo, ni si quiera cuando había caído rendido al sueño por cortos diez minutos. La imagen mental que tenía de aquel joven le inundaba hasta la coronilla y le dejaba sin oxígeno, porque aquel hombre se había convertido en una obsesión poco sana que sabía que debía controlar, sobre todo ahora que le había dado un ultimátum.

Sabía que era su culpa, que todo aquello había terminado así por sus impulsos idiotas y egoístas, por su cobardía y, aunque intentaba convencerse de que tal vez que Malfoy se alejara de él para siempre sería lo mejor, la verdad era que no estaba seguro de nada. Draco siempre había sido una constante en su vida, siempre había estado presente y el perderlo de manera tan obvia le parecía ahora realmente deprimente. Draco había sido el primer niño mago que había conocido, también había sido un gran rival, alguien con quien competir y con quien compararse, incluso después de la guerra había estado cerca de él durante los juicios, pero ahora todo era mucho más difícil y doloroso, porque había pasado casi año y medio conociendo a aquel hombre del que descubrió no sabía nada, encariñándose con él encariñándose hasta de la manera tan snob en la que tomaba de su copa y es que joder, se había colado entre su piel como nunca nadie lo había hecho y ahora lo había perdido.

Estaba a horas de casarse, a horas de contraer matrimonio con la mujer más maravillosa del mundo y sin embargo no se sentía para nada emocionado. Y quería salir corriendo, dejar todo y no solo por Malfoy, si no por él mismo, pero la costumbre y la inseguridad no le dejaban y se sentía sumamente desdichado por que aquella vida que él había imaginado perfecta estaba a punto de convertirse en un infierno ¿Cómo se suponía que se metería en la misma cama con Ginny por el resto de su vida sin pensar en cierto rubio de ojos imposiblemente grises? ¿Cómo se suponía que mantendría aquel matrimonio que de amor ya no tenía nada?

Él había sabido que aquel momento llegaría, el momento en que se arrepentiría de no haber tomado una decisión con tiempo, de haber elegido entre Ginny o Draco y sin embargo lo había visto tan lejano que se había dejado llevar por el momento. Muchos, muchos meses atrás hubiera dado todo porque las cosas salieran tal cual estaban en su presente, con su relación con la chica Weasley intacta y Draco "Ángel" Malfoy lejos de su vida, donde no pudiera arruinar su matrimonio feliz, lejos, muy lejos, donde nadie se enterara jamás de su pequeña aventura. Pero las cosas habían cambiado a medio camino y pronto se encontró deseando una realidad diferente, una donde no le hubiera tomado tanto tiempo sacar a Malfoy de aquel burdel, una donde hubiera tenido el valor de aceptar antes sus sentimientos y encarar a la gente que había sido como su familia por años y decirles la verdad, que se había enamorado de la persona que menos imaginaba y que por eso no podía seguir con el compromiso.

Sin embargo las cosas eran completamente diferentes, si, había logrado romper el contrato que lo ataba al Lonely Hearts Night Club, incluso se las había arreglado para que el resto de los trabajadores dejaran de estar obligados a pertenecer como parte del personal, pero eso no le garantizó el perdón ni el amor de aquella persona por la que había jurado no sentir nada más que atracción y tensión sexual. Pese a que el trabajo había sido arduo y laborioso y que debía sentirse satisfecho con el resultado, la verdad era que se sentía sumamente decepcionado, la recompensa no había sido la esperada y jamás en su vida se había sentido menos tranquilo por haber ayudado a alguien, por haberse hecho el héroe. Con el fin de aquella situación también terminaba su lazo con Draco Malfoy; los besos, las caricias, las cenas, las tardes en compañía, las risas y las bromas, nada había valido y todo aquello se sentía tan surreal que dolía.

Sin la ayuda de los aurores, el liberar a los hijos de mortífagos de aquel contrato había sido difícil, mucho, sobre todo porque el ministerio tenía conocimiento de aquel tipo de lugares, que sin duda no era el único, y no hacía nada por solucionarlo. Al ministerio y a los aurores en general no les importaba que hubiera personas cuya integridad física y emocional fuera afectada por las actividades que estos clubs llevaban a cabo. La mayoría de los empleados eran ex convictos recién salidos de Azkaban por cargos menores, personas por las que nadie se preocuparía, personas como Draco Malfoy quien se había quedado sin nada, sin bienes materiales sin una familia que reclamara por sus heridas y a Harry le dolió muchísimo saber que, pese a que su mundo no estaba amenazado por un señor tenebroso, sí que lo estaba por las injusticias que otros magos creían pequeñeces y era horrible saber que aquello había estado pasando bajo sus narices, había sido terrorífico abrir los ojos ante aquel mundo que él había creído perfecto, una gran utopía imaginaria.

El mundo mágico tenía más defectos de los que podía soportar, no solo los prejuicios sobre los muggles o los nacidos de éstos, defectos contra los que nadie luchaba por ser considerados nimiedades, incluso su propio jefe, aquel que había considerado un hombre justo y aunque él había puesto su granito de arena al ayudar a Draco y a muchos otros, no era suficiente. Le habían dicho sus superiores que todo era para no iniciar un conflicto interno, que todo estaba regulado, que lo mejor era seguir haciendo a la vista gorda para mantener la paz, pero Harry no se sentía satisfecho por ello, la doble moral le atormentaba y le recordaba que, de no haber existido aquel lugar, su reencuentro con Malfoy probablemente nunca habría tenido lugar, aunque la sola idea de recordar la manera tan brutal en que el rubio había sido tratado sentía que lo mejor era que desaparecieran.

Y todo era sumamente injusto, aunque tal vez debió haberlo sospechado desde que el ministerio lo había tratado como un completo parásito de la sociedad, antes de que Voldemort fuera vencido, pero la decepción no aminoró. Sin embargo, su problema principal, como desde hacía muchos meses, no eran las injusticias humanas y sus horrores, si no Draco Malfoy, siempre Draco Malfoy, como desde que asistía al colegio. A veces se preguntaba cómo había podido ser tan necio y ciego como para negar que, entre ellos había algo, incluso desde Hogwarts; la conexión entre ambos siempre había sido intensa, se atraían el uno al otro y en su inmadurez lo habían expresado con rivalidad y bromas de mal gusto, pero sin duda, había sido después de tercer año que la tensión sexual se había vuelto insoportable, y fue en sexto que Harry había logrado obsesionarse con él de manera nada sana. Solamente le había hecho falta un poco de convivencia con el rubio para revelar sus verdaderos sentimientos, pero ahora era demasiado tarde.

Caminando hasta la ducha abrió el grifo y sin esperar demasiado se zambulló bajo la caída de agua, estaba fría, pero no tanto como su cuerpo sin la presencia de Draco Malfoy. Mientras terminaba de enjabonarse sintió las protecciones de su casa vibrar, seguramente serían Hermione y Ron, quienes habían prometido pasar con él su última tarde se soltero, a falta de una despedida que se negó a tener por sus ya terminados planes de liberar a Draco Malfoy de la tortura, y de todas formas no tenía ganas de celebrar que estaba a un día de matar por completo cualquier oportunidad verdadera que tuviera con aquel endemoniado joven de cuerpo de ensueño y rostro de ángel. Sí, era miserable.

—Joder, amigo, luces como si acabaras de descubrir que eres el horrocrux accidental de cualquier otro loco ¿estás bien? —le preguntó Ron nada más salir del baño.

Harry, completamente desganado suspiró y se encaminó hasta su habitación donde Hermione se encontraba desarrugando con magia la túnica que utilizaría aquella noche, una de seda completamente negra y con bordados en hilo de oro cuyas runas auguraban un matrimonio feliz y todas esas tonterías de las que oír le causaban dolor de cabeza. Su amiga le tendió su ropa de diario con un gesto preocupado, tal vez por la expresión en su rosto, pero no preguntó nada, había aprendido que, si su moreno amigo quería guardar un secreto, iba a hacerlo por mucho que insistiera, como aquella ocasión en que salió despavorido de su propia casa y volvió deprimido sin decir nada, o cuando le preguntó que era tan importante que no se permitía tener una despedida de soltero decente y él solo respondió "él caso en que me ayudaste, secreto, ya sabes" y simplemente desapareció una noche entera.

El auror tomó sus prendas y comenzó a vestirse en presencia de sus amigos, importándole poco si Mione se avergonzaba de presenciar tal acto. Su mente se encontraba ocupada repitiéndole las escenas de todos los errores que había cometido en los últimos meses; rememorándole el glorioso sabor de la saliva de Draco Malfoy, de su piel, recordándole lo mucho que le gustaba el olor de su cuerpo, de su miembro, de su cabello. Oh, Draco, Draco Malfoy, un ángel disfrazado de demonio que había llegado inesperadamente a mostrarle cual equivocada estaba su perspectiva sobre la vida, solo para marcharse dedicándole unas horribles palabras que aún resonaban en su cabeza:

"Esto es realmente de lo que estás enamorado, Harry, no de mí, sino de lo que te hago sentir. No voy a dejar que me uses para tu tranquilidad personal. Mañana ve y cásate, como lo habías planeado, no pienses en mí nunca más, porque no me vas a encontrar. Ve y cásate, porque no fuiste capaz de romper ese compromiso aun cuando ya habías llegado a la conclusión de que me querías, ve y cásate porque yo no voy a ofrecerte más que miseria, ve y cásate Harry Potter y olvida al desdichado mortífago. Hoy me habrás salvado y tu tarea conmigo se ha terminado, ve y cásate, porque aunque yo sí estoy enamorado de ti, sé que no merezco las migajas que me has dado y que me seguirás ofreciendo si no lo detengo ahora."

Y joder como había dolido, porque era la verdad, nada más que la verdad y ni los crucio recibidos a lo largo de su vida le habían revuelto tanto las entrañas, ni lo habían desgarrado como aquello. Draco se había marchado rencoroso y sumamente decepcionado, se había marchado herido y la manera en que follaron aquella noche había sido la prueba; Harry había jurado que había algo diferente entre ellos aquella vez, y ahora lo entendía, Malfoy estaba transmitiéndole con sus besos, sus caricias y sus embestidas todo su sufrimiento, todos los sentimientos negativos que Harry le había hecho sentir por meses y meses. Y se sentía como una basura, porque aunque le había pedido perdón y había intentado reivindicarse con el paso del tiempo, nada había sido suficiente, porque había terminado de quebrar aquello que había jurado proteger.

Por qué Draco era un hombre fuerte, había soportado cosas inhumanas, torturas, desprecios, pérdidas y desolación, había soportado mucho más que muchas personas que él conocía y joder que conocía gente realmente desdichada y sabía que Draco era un guerrero, pero a esas alturas le tenía preocupado haber sido la gota que derramó el vaso y no soportaba la idea de encontrarse un día con la noticia de que Malfoy se había dado muerte, sobrepasado por todas las circunstancias a las que él había contribuido. Tampoco era quisiera hacerse el importante, dando por hecho que significaba algo realmente fuerte para Draco, o al menos lo suficiente como para haberlo hundido con sus malas decisiones, de hecho, no sabía si prefería haber significado algo o no haber significado nada si con eso Draco Malfoy podía vivir tranquilo, a lado de alguien que si lo mereciera, alguien como Theodore Nott.

Hermione puso una película e hizo palomitas, pero Harry no estaba prestando atención, bebía de su cerveza de mantequilla cada vez más ansioso, muriendo de ganas por emborracharse hasta la inconciencia si con ello evadía aquella realidad que a cada minuto se volvía más aplastante. Necesitaba hacer algo, necesitaba asegurarse de que Draco estaba bien, necesitaba asegurarse de que estaba lo suficientemente fuerte como para levantarse. No lo había visto desde aquella noche que le había aplicado a Cherry una imperio y la había obligado a liberar a todos los chicos del club. Lo había visto pasar brevemente con un hombre quién le había manoseado de manera horrible y grotesca y con el que al final había ido a parar a su habitación. Harry había tenido que contenerse muchísimo cuando lo miró, quería saltar sobre aquel bastardo y hacerlo pagar por intentar corromper a aquel bello ser que le había enseñado tantas cosas.

Entonces se puso de pie y se excusó para ir al baño donde se encerró y sin pensárselo demasiado se apareció frente al apartamento de Draco, no pensó en los muggles que vivían en el mismo piso, no pensó en nada, la ansiedad se lo estaba comiendo vivo y sabía que solo existía una manera de tranquilizarse. Tocó la puerta pero no hubo respuesta, cerró los ojos, pero ninguna muestra de magia residía ya en aquel lugar y entonces tuvo miedo. Abrió la puerta con un sencillo alohomora solo para confirmar que dentro de aquel lugar no había nada, ni un solo mueble, las desgastadas paredes estaban desnudas, el despostillado de piso de madera también y dentro no quedaba ni una sola señal de que Draco Malfoy había vivido ahí alguna vez. Se adentró a la propiedad luciendo claramente desesperado y entró a cada habitación, nada, no había nada.

Se recargó en la ahora vacía barra de la cocina y jaló su cabello, recordando que Draco le había advertido de aquello, no lo encontraría, no lo encontraría nunca, jamás. Joder. Necesitaba verle, necesitaba tenerle una vez más, necesitaba decirle la verdad sobre sus sentimientos, necesitaba... necesitaba... joder necesitaba todo de él, todo de aquel hombre, lo necesitaba por completo. Golpeó una de las paredes hasta que sus nudillos sangraron y entonces se detuvo ¿estaba llorando? Lo estaba. Tomó aire, necesitaba calmarse y poner en práctica sus habilidades en rastreo y encontrarlo, necesitaba volver a casa y cancelar esa estúpida boda sin sentido a la que se había aferrado por idiota. Que terrible era haberse dado cuenta hasta que el aire se volvió tan denso sin Draco Malfoy que le costaba respirar.

Se apareció de nuevo en Grimmauld Place, la aplastante sinceridad de Draco la noche anterior le habían hecho reaccionar y debía apresurarse, excusarse con Ron, Hermione, y disculparse con Ginny, debía pedir perdón a todos los Weasley y mierda, ya hasta podía leer lo titulares del profeta al día siguiente: "El niño que vivió para ser un patán cancela boda a horas de llevarse a cabo" y una sarta de titulares horribles más, pero sin duda el favorito de la gente sería "Harry Potter se fuga para vivir vida homosexual junto a Draco Malfoy" si, pero joder aquel sería su favorito si lograba encontrar al rubio y remediar toda la mierda que había regado. Ahora era de vida o muerte, era esencial encontrarlo y besarlo hasta convencerlo de que lo amaba. Lo amaba... joder sí, sí lo amaba.

—¿Harry? —preguntó Hermione con el ceño fruncido.

—Si, lo siento... tenía que... escuchen... —sonrió ampliamente— estoy enamorado.

—Eso ya lo sabemos, te casas en unas horas —aclaró Ron entre extrañado y divertido, la sonrisa de Harry se esfumó.

Entonces comprendió que no iba a ser sencillo, miró a sus amigos, parecían genuinamente confundidos pero él ya había tomado una decisión, la mejor que había tomado en meses. Miró a Mione y ésta parecía haber comprendido de pronto lo que ocurría, miró a su novio y luego a Harry con horror, el moreno le dedicó una mirada de disculpa y luego miró a Ron.

—No puedo casarme con tu hermana, lo siento —y se apareció de ahí antes de que el pelirrojo reaccionara.

Sabía que Ron estaría furioso, tan furioso como cuando tenía el guardapelo de Slytherin en su poder y creía que él y Hermione tenían algo. Joder, iba a crucearlo en cuanto lo encontrara y todos los Weasley lo despellejarían vivo, pero él ya no tenía miedo, encontraría a Draco y se marcharía con él, lejos, muy lejos, donde nadie los reconociera y pudieran llevar una vida tranquila, juntos, felices, donde pudieran crear su propia familia aquella que les había sido negada.

Aterrizó en la madriguera, directamente en la habitación de la que pronto dejaría de ser su prometida, le alivió notar que las protecciones le dejaban pasar sin problemas. La pelirroja se encontraba sentada frente a su enorme espejo, ya vistiendo el vestido de novia mientras su madre la peinaba con ayuda de Fleur, la esposa de Bill y Luna ayudaba con el maquillaje. Las mujeres lo miraron entre extrañadas y horrorizadas.

—¡Harry! —Exclamó Molly— ¡No puedes mirar a la novia antes de la ceremonia y lo sabes!

—Lo siento Molly, lo siento Ginny —se escuchaba agitado— he venido porque la boda tiene que cancelarse...

—¿A ocurrido algo? —preguntó Luna preocupada.

Ginny se levantó con el cabello a medio peinar, su expresión era seria y miraba a Potter con intensidad, tal vez adivinando la verdad. La bofetada llegó sin avisar y fue dolorosa y sonora, pero había sido mucho mejor de lo que había esperado.

—¡Ginevra Weasley! —le regañó su madre, sin entender la gravedad de la verdad.

—Lo siento —Dijo Harry mirando a su ex novia, cuyos hermosos ojos café comenzaron a tornarse rojos y las lágrimas comenzaron a caer. —De verdad lo siento Ginn. —Ginny lo golpeó nuevamente, joder que su entrenamiento con las Harpies daba resultados.

—Eres un maldito bastardo, Harry Potter —dijo con voz llorosa y a Harry se le encogió el corazón.

—¿Desde cuándo lo sabes? —le preguntó con voz baja.

—Desde lo del portarretratos, lo vi entero en tu cajón, no estaba roto, solo... solo no querías nuestra foto en tu escritorio y luego... dios no dejabas de decir su nombre en sueños durante el verano que pasé en Grimmauld Place y yo... lo soporté porque pensé que sería igual a aquella ocasión en sexto curso pero ahora... en tus ojos... joder, cuanto te odio Harry —se soltó a llorar, haciendo que el maquillaje se le corriese. —Te esperé por años, ¡años! Tú sabías que estaba enamorada de ti desde que te conocí y sabías lo importante que... y yo creí que con ello sería suficiente, porque, por que intenté ser perfecta para ti, darte todo lo que necesitabas, porque te amaba más que nadie y ahora, ahora...

Harry intentó acercarse y abrazarla, pero Luna se interpuso, estaba furiosa, Harry jamás la había visto así, nunca, ni durante la guerra. Alzó la mirada, Molly lo apuntaba con su varita y lo amenazaba, Fleur se había alejado hasta la puerta, dispuesta a correr en busca de los hermanos Weasley de ser necesario y Harry comprendió que había roto todo. Ginny no se cubrió el rostro para llorar, nunca, le miró a cada segundo, diciéndole de manera silenciosa que era fuerte y que lo superaría pero que, si volvía a aparecerse frente a ella no dudaría en maldecirlo. Y entonces salió de allí cuando la voz furiosa de Ron se escuchó llegar a la madriguera.

Estaba en casa nuevamente, caminó de un lado a otro en la sala de estar y entonces decidió que levantaría todas las protecciones, nadie, absolutamente nadie podría pasar excepto él o Draco Malfoy, y no que le temiera a la pandilla Weasley, sabía que llegando el momento los tendría que enfrentar a todos y recibir su merecido castigo pero, por el momento, lo más importante era rastrear a Malfoy. Se puso a ello tan rápido como le fue posible, necesitaba hacer uso de su magia, de su varita, de algunas runas y un par de pociones que por suerte tenía en su almacén personal. Vio el sol pasar a través de sus párpados hasta que se ocultó y toda la sala quedó en penumbra.

Entonces sucedió, lo encontró y no estaba lejos, estaba en Londres, en el Londres muggle, joder, tenía una oportunidad, la tenía. Se apareció directamente donde el rastro de magia le dijo que Draco Malfoy se encontraba pero las protecciones mágicas del lugar le mandaron a un par de metros de ahí. No sabía dónde estaba, solo sabía que se encontraba en un barrio de clase media en Londres y que un mago vivía en la casa frente a él, un mago cuya magia no reconoció ni como la de Draco, ni como la de ninguno de sus amigos. La modesta casita se levantaba entre la oscura calle, le había tomado casi todo el día encontrarlo.

Caminó hasta la entrada, no sabía qué hacer, temía que tocar le alertara y se marchara lejos, pero las protecciones le impedían el paso y a menos que usara su autoridad como auror, definitivamente no podría acceder. Decidió que ya había hecho demasiadas cosas mal y que empezar por el pie derecho sería lo mejor. Tocó el timbre y éste sonó de manera tranquila, haciéndolo sentir extrañamente intranquilo. Las luces de la propiedad estaban apagadas, pero el encantamiento de rastreo insistía en que Draco estaba dentro así que volvió a tocar, una, dos, tres veces más. Se preguntó si el rubio lo había visto desde alguna de las ventanas y había decidido fingir que no estaba.

Entonces una verde luz se alzó en el cielo, aquella marca que llevaba años sin ver estaba de vuelta y no entendía que pasaba pero decidió que no podía quedarse ahí plantado sin hacer nada más. Usando su poder se encargó de romper las protecciones, la marca tenebrosa estaba ahí y solo aparecía cuando alguien había sido asesinado por un mortífago. Aterrado con la idea de que Draco hubiese sido atacado por un ex mortífago recorrió toda la planta de abajo, no había nada salvo por un par de copas que habían contenido vino y la botella de licor vacía a un lado. Subió entonces y revisó cada habitación hasta que se encontró frente a la última.

La duda le hizo detener la mano sobre el pomo de la puerta, pero finalmente abrió, del otro lado estaba Draco, Draco Malfoy, pero no estaba solo, estaba con un hombre que él reconocía muy bien. Albert Jones descansaba sobre la cama, atado y completamente desnudo, la sangre salpicaba cada rincón de la habitación, aquel cuarto había servido para una de las torturas más brutales y sanguinarias que Harry hubiera presenciado nunca; el hombre presentaba con marcas de cortes por todas partes, marcas de golpes y hasta quemaduras, estaba completamente desfigurado por el daño recibido y estaba muerto.

En una esquina el cuerpo Draco Malfoy descansaba, vistiendo tan elegantemente como lo había hecho en el pasado, con el brazo izquierdo completamente separado de su cuerpo y con ello la marca tenebrosa por fin eliminada de él. Su níveo rostro estaba manchado de sangre casi negra y sus ojos permanecían cerrados. Estaba muerto.