—Creo, por los colores que estás manejando, que lo mejor sería utilizar flores de colores tenues que se distingan del blanco de la boda, pero que tampoco se roben toda la atención, algo sutil como un color rosa bebé... ¿Qué piensas de algunos tulipanes?
La clienta asintió pensativa, mirando su organizador de boda como si intentara imaginarse los tulipanes rosa bebé en los floreros de los recortes e ilustraciones que había pegado en él. Luego, después de un momento comenzó a asentir lentamente y una sonrisa se ensanchó en su rostro.
—Perfecto —dijo ella—. Aunque también me gustaría mirar más flores, en realidad no sé mucho sobre ellas ¿hay algunas más que sean de ese mismo color rosa que puedan usarse para armar algunos ramos?
Draco asintió y tomó uno de los catálogos que descansaban en el mostrador, abriéndolo en la sección de flores rosas. Una suerte que él mismo hubiera sugerido reorganizar los catálogos por colores. La gente generalmente no sabía los nombres de las flores y lo único que les interesaba era como se veían, buscaban primero por color y luego por forma y finalmente preguntaban con qué otras flores quedarían bien los arreglos. Había sido todo un acierto reorganizar los catálogos, ahorraba tiempo, mucho y su jefe había quedado tan encantado que le había dado un pequeño aumento.
Draco le mostró a la mujer las flores que él, en su experiencia, sabía que quedarían bien en un arreglo floral y ella aceptaba o desechaba las ideas reemplazándolas con otras. Al final, habían acordado que Draco armaría el bouquet que habían acordado y ella volvería en unos días para verlo y darle el visto bueno o hacerle algunas modificaciones. El pedido era grande, lo que significaba un alivio para Draco quién aún no había conseguido un segundo trabajo y cuya comisión seguramente le dejaría para pagar la renta de ese mes y del siguiente.
Era como el arcoíris después de la tormenta.
Satisfecho vio a su clienta salir por la puerta del local, haciendo que la campanita sonara una vez más y volvió su atención a la organización de los pedidos de esa semana. No era una buena temporada, casi no tenían pedidos y Draco quería darles el mejor servicio posible a aquellos que les habían confiado sus eventos y fechas especiales.
—Pareces de buen humor —le dijo Minie y Draco sonrió hacia el organizador en sus manos.
—La chica que acaba de irse, va a casarse, parece emocionada y es contagioso.
—Olvidaba que eres un romántico empedernido.
—Puedes culpar al cine —ella soltó una risita.
—Para ser alguien que disfruta de las historias de amor profundo nunca te he escuchado hablar de nadie especial. ¿O es acaso que aún no llega el príncipe azul? —Draco suspiró.
—Hay alguien, por supuesto, el —hizo comillas con sus dedos— príncipe azul. Pasé toda mi adolescencia fingiendo que lo odiaba y él me odiaba a mí y después ya no, pero en realidad no hemos tenido ninguna charla normal. Siempre que lo encuentro estoy siendo un idiota inseguro o él me ha derramado alguna especie de bebida fría encima en un café demasiado concurrido.
—A mí me suena bastante como una historia cliché de amor.
—Créeme, Minie, no lo es. Todo apunta a que lo es, pero no lo es porque cuando algo así pasa, el desenlace es tan desastroso que dan ganas de llorar.
—Tal vez estás siendo demasiado fatalista.
—Ojalá fueran sólo exageraciones mías —volvió a suspirar—. Aunque de todas formas, si las cosas hubieran salido bien desde el principio él me hubiera rechazado.
—¿Heterosexual?
—Heterosexual.
—Bueno, tal vez entonces es momento de que lo dejes ir.
—Lo sé, pero sabes, últimamente me encuentro demasiado tiempo teniendo sueños extraños con él, dormido y despierto. Tan sólo el otro día soñé que unos asaltantes me daban una paliza y él me encontraba mal herido en una calle oscura y solitaria, me llevaba a casa, curaba mis heridas y luego me arropaba antes de irse. Pero el dolor de los golpes había sido tan real... y luego su aroma cuando se acercó a arroparme, pero cuando desperté no estaba herido y las cosas que supuestamente me habían robado estaban sobre la mesa. Creo que me estoy volviendo loco.
—Nada de eso, sólo estás enamorado, Draco. Lo anhelas y eso no puede estar mal. Lo que está mal es que dejes de lado la realidad. Eres guapo, muy atractivo, he visto cómo te miran hombres y mujeres cuando vamos por la calle. No deberías dejar que un amor no correspondido te consuma ¿entiendes?
—Lo sé... es sólo que... lo amo tanto, Minie, para mí él es cómo un súper héroe más que como un príncipe y llevo tanto tiempo enamorado de él que no sé si seré capaz de superarlo algún día. Antes jamás hubiera sido capaz de aceptarlo, mis padres... ellos me ensañaron que querer de esa manera era para débiles y yo no quería ser débil, pero ahora que he dejado que todo fluya no puedo detenerlo y comienzo a pensar que mis padres tenían razón y que amar así me hace débil.
—El amor nunca es una debilidad, Draco.
—¿Y por qué me siento tan patético cuando estoy frente a él y no tengo el valor de si quiera darle las gracias por todo lo que ha hecho por mí? —bajó la tablilla donde estaba anotando algunas cosas con pesar.
—Eso no es por el amor que le tienes, es por el miedo a ser rechazado y es totalmente normal. Tal vez lo que necesitas es buscarlo, hablar con él, decirle todo lo que tengas que decirle, y si te rechaza, entonces podrás seguir adelante sin mirar atrás, pero si no lo hace, entonces tal vez todos tus sueños se hagan realidad.
—Lo dices como si fuera tan fácil —Draco volvió a su trabajo, con una sonrisita triste en los labios—. Cómo sea, he decidido dejar de pensar en él, no puedo seguir viviendo así. Es demasiado desgastante y tengo demasiados problemas ahora mismo cómo para que mi mente se concentre de más en un amor imposible del colegio.
—Supongo que tienes razón —ella le sonrió con cariño—. Has lo que creas mejor para ti.
La campana de la puerta sonó cuando Draco terminó de organizar los pedidos. Connor había entrado por la puerta, vistiendo el uniforme del negocio y una gorra que hacía juego con el delantal verde. Sus ropas estaban algo manchadas de tierra, al igual que su rostro, pero a él no parecía importarle en lo más mínimo, una sonrisa enorme se dibujaba en su rostro. Draco salió de detrás del mostrador y le entregó una botella de agua. Connor le sonrió y el tic en su ojo volvió al ataque, haciendo que Draco rodar los ojos.
—He vuelto, querida, ¿cómo están los niños? —le preguntó y Minie soltó una carcajada.
—Parece que la entrega salió sin contratiempos —respondió Draco caminando hacia las vitrinas donde acomodó los arreglos florales en exhibición. Casi era hora de cerrar.
—Incluso recibí propina —le respondió el chico, recargándose en el mostrador junto a Minie—. Por supuesto, vamos a repartirla, fue bastante generosa ésta vez, el cliente estaba maravillado con tus arreglos, Draco.
—Por supuesto que lo estaba —intervino Minie—. Yo le enseñé.
Los tres soltaron a reír.
—La lista con los pedidos de mañana está en el mostrador —dijo Draco entonces—. La organicé para que puedas entregar todos los pedidos en un solo viaje. Por supuesto, necesitaremos la camioneta mediana —sus dedos se posaron en un capullito de petunia y quitó un pétalo especialmente maltratado.
—Gracias, no sé qué haría sin ti.
—Yo tampoco, Connor —respondió Draco, con su marcado tono de voz aristocrático.
—Me gusta cuando hablas así —dijo Minie—. Hasta preces alguna especie de príncipe.
Draco separó su atención de las flores y volteó a verla con una sonrisa arrogante en su rostro.
—Es porque soy un príncipe.
—¿Y su majestad se dignará a salir con nosotros ésta noche? —preguntó Connor.
La sonrisa de Draco se desvaneció.
—Lo siento, pero aún debo seguir buscando trabajo.
Sus amigos no dijeron nada más y Draco volvió su atención a las flores. Un par de clientes entraron en ese momento y Connor los atendió mientras Draco dejaba la vitrina izquierda y se dirigía a la vitrina derecha. Las flores allí comenzaban a marchitarse lentamente, por lo que Draco quitó todos los pétalos oxidados con sumo cuidado y agregó un poco más de agua a los ramos. Sintió que un mechón de cabello le caía por la frente y se lo apartó con un soplido, tenía las manos ocupadas.
Dejó la regadera a sus pies y tomó un banquito de madera que reposaba en una de las esquinas del local. Colocó el banco frente a la vitrina, tomó de nuevo la regadera y subió a él con sumo cuidado, una de las patitas estaba floja y habían logrado afianzarla con cinta adhesiva, lo que no era demasiado seguro. Regó las flores con delicadeza y usó sus tijeritas para cortar el exceso tallo de algunas flores.
El sol comenzaba a caer y pronto sería hora de cerrar pero a Draco le gustaba invertir cada segundo de su tiempo haciendo algo útil en el trabajo así que continuó con la tarea de quitar pétalos y hojas especialmente deñadas por el clima y el paso del tiempo mientras el resto de sus compañeros limpiaban el mostrador o reacomodaban las plantas y flores que estaban en exhibición. Cuando Connor comenzó con el inventario y Minie se encontraba barriendo las hojas que se habían soltado de las plantas, Draco estaba atendiendo al último grupo de flores; unos preciosos narcisos blancos que por supuesto, le recordaron a su madre. Acarició sus pétalos y se llenó de su aroma mientras inhalaba y exhalaba.
Se sentía tan solo.
Regó los narcisos, acomodó sus pétalos y cortó las hojitas que no les favorecían. Cuando finalmente estuvo satisfecho con el tratamiento, dirigió su vista al exterior donde la gente pasaba caminando tranquilamente, sus siluetas delineadas por el sol del atardecer que lentamente era opacado por un grupo de gruesas nubes de lluvia otoñal.
Draco soltó un jadeo.
Del otro lado de la calle, mirándole intensamente se encontraba Harry, enfundado en unos jeans de mezclilla y una camiseta negra casual sobre la que se encontraba una sudadera color verde que hacía que sus ojos brillaran con más intensidad. Su cabello negro se revolvía como un torbellino por el viento y cuando se percató de que Draco le había descubierto mirándole sonrió de manera avergonzada y alzó una mano para saludarlo.
El banquito se tambaleó de la patita floja cuando Draco saltó de la impresión, haciéndolo caer hacia el suelo sobre su trasero. Minie soltó un jadeo y Connor llegó rápidamente para ayudarlo a levantarse, sus brazos rodeándole y sus manos tocándolo más de lo necesario, pero la mente de Draco no dejaba de burbujear mientras se repetía una y otra vez:
No más sueños ridículos sobre Harry Potter. No más historias de amor imaginarias.
Con algo de miedo, volvió la vista hacia la calle de enfrente donde Harry no había desaparecido y además, su gesto de preocupación por verle caer se había transformado en un ceño fruncido.
—¿Estás bien? —le preguntó Connor y Draco se percató, por primera vez, de lo cerca que estaban sus cuerpos.
—Sí, sí... —le respondió apartándose de él lentamente y emprendiendo su camino hasta la trastienda para recoger sus cosas y marcharse a casa.
Respiró profundamente para calmar sus nervios, le parecía imposible que su mente le siguiera jugando esa clase de broma cuando él se había propuesto, específicamente, no volver a la rutina de imaginar una historia de amor perfecta junto a Potter y luego despertar para darse cuenta de lo miserable y solitaria que era su vida.
Se deshizo del delantal con manos temblorosas y metió dentro de su casillero sus herramientas de trabajo antes de recuperar su mochila, su abrigo y su bufanda. Connor entró momentos después e hizo un preocupado comentario sobre lo mucho que debió haberle dolido el golpe y que si quería ir a ver a un médico él podía acompañarlo. Pero Draco negó, primero porque aunque la caída hubiera estado fea, él no podía sentirla por la adrenalina y segunda, porque no tenía ganas de ir a perder su tiempo al doctor.
Connor no muy convencido le dejó estar.
Minie fue la primera en marcharse, tenía tareas pendientes de la universidad y una cita con su novio un poco más tarde. Draco estaba convencido de que, mientras pudiera mantener una conversación con alguien y distraer su mente, Harry Potter no volvería a materializarse frente a él, así que cuando Connor le propuso caminar juntos hasta la parada del autobús, el rubio aceptó. No fuera que Harry apareciera de nuevo mientras cruzaba una calle y un auto lo atropellara.
Juntos, ambos muchachos cerraron la tienda, tomaron sus pertenencias y salieron por la parte de atrás justo cuando la primera gota de lluvia caía del cielo. Connor sacó de su propia mochila un paraguas que desplegó con un solo movimiento. Tomó a Draco de la cintura y lo acercó a él diciendo:
—No te separes demasiado, Dray, podrías mojarte.
Draco asintió ausentemente, sus ojos mirando en todas direcciones en busca de alguna señal de que había comenzado a soñar despierto sin darse cuenta pero Harry no estaba por ninguna parte y ciertamente Draco no estaba fantaseando sobre Connor.
Caminaron en un silencio pacífico, con paso lento y esquivando a algunas apresuradas personas que se habían olvidado el paraguas en casa. Connor a veces hacía pequeños comentarios sobre cómo le estaba yendo en la universidad o lo entusiasmado que estaba ahora que había encontrado un apartamento y finalmente podría vivir solo. Draco le escuchaba a medias y asentía por amabilidad después de vez en cuando. No que su compañero de trabajo le desagradara, no que quisiera ser grosero en absoluto, simplemente estaba demasiado paranoico como para ser amigable.
La lluvia cayó con más fuerza, generando charcas en el suelo y haciendo que las zapatillas deportivas de Draco se empaparan un poco. Un automóvil pasó a gran velocidad junto a ellos y si Draco no se mojó por el agua que salpicó fue únicamente por que Connor lo abrazó contra su cuerpo y lo protegió del agua.
Para ese momento Draco estaba seguro de que el nuevo protagonista de su imaginario cliché romántico era Connor. Y no entendía a qué rayos estaba jugando su mente, reemplazando a Harry con Connor de manera tan descarada. O al menos no lo había entendido hasta que miró al frente y se encontró con Harry Potter caminando hacia ellos con gesto enfurecido.
Draco pensó:
Por supuesto, el peor de los clichés románticos. El amante celoso.
Suspiró pesadamente mientras intentaba despejar su mente y salir lo antes posible de aquella nueva escena imaginaria que estaba tomando forma pero pronto descubrió que no tenía idea de cómo hacerlo. Frunció el ceño mirando sus pies caminando todavía hacia la inminente coalición con Potter y luego se pellizco la palma de la mano fuertemente. Dolió, pero Harry todavía estaba caminando hacia él, con la lluvia empapándolo y ese gesto de asesino de señores tenebrosos plasmado en su rostro.
—Draco —dijo Potter secamente, plantándose frente a él.
A pesar de que Harry se encontraba frente a Draco y había pronunciado su nombre, sus ojos verdes se encontraban clavados en Connor quién frunció el ceño bastante confundido. Era lógico, Harry y Draco jamás se habían encontrado frente a los amigos muggles de Draco y Draco jamás había mencionado a Harry, ya demasiado patético se sentía amándolo en secreto por años como para además darle a sus amigos una descripción detallada sobre lo preciosos que eran sus ojos verdes y lo maravilloso y suave que parecía su cabello salvaje.
La gente seguía pasando a su alrededor, ignorando a los tres muchachos que se habían quedado de pie, muy cerca de la parada del autobús.
—¿Tienes algo de tiempo? —le preguntó Harry, tomándolo de la mano y halándolo levemente para alejarlo de Connor.
—Viene conmigo, amigo —intervino su compañero de trabajo —Y no me gusta tu tono de voz.
Los ojos verdes Harry chocaron con furia contra los orbes azules de Connor con tanta intensidad que Draco casi había visto saltar chispas entre ellos. El ojiazul había tomado a Draco de la cintura para que no saliera de debajo del paraguas, pero Harry no había soltado su mano y de manera sutil halaba de él cada vez más. Draco miró la escena con frustración, no creía soportar un segundo más, él sabía que todo eso no podía ser real.
—Estoy hablando con Draco, si no te importa —espetó Harry y Connor apretó más el cuerpo del rubio junto al suyo.
Draco pensó:
Y además de todo, soy la chica.
—No veo que él tenga demasiadas ganas de ir contigo.
Y por primera vez, ambos hombres le miraron como esperando una respuesta de su parte. Draco les devolvió la mirada a ambos, llevando sus ojos grises de Harry a Connor una y otra vez antes de soltar una carcajada desquiciada. Ambos chicos fruncieron el ceño, cómo no entendiendo que tenía de divertido que se estuvieran peleando por él en plena vía pública, pero Draco no aclaró nada, simplemente siguió riendo amargamente.
—He tenido suficiente —declaró cuando pudo calmarse—. Esto no está pasando, estoy soñando despierto de nuevo y estoy cansado de despertar para darme cuenta de que tú —empuñó su dedo contra el pecho de Harry— no eres real y de que a ti —clavó el dedo índice de su otra mano en el pecho de Connor— mi mente sólo te está usando para crear una escena donde Potter se pone celoso, me toma de la muñeca y me lleva lejos de ti, luego me dice que lleva años enamorado de mí en secreto y que no ha soportado verme con otro —soltó otra carcajada incrédula—. Y yo, por supuesto, voy a creerme todo y voy a caer rendido a sus pies porque lo amo tanto que voy a ignorar por mucho el hecho absurdo de que mi mente me esté haciendo otra de sus bromitas. La lluvia va a caer con más fuerza y nos vamos a empapar y Harry va a besarme pero cuando menos me dé cuenta, voy a despertar a la mitad de la calle, completamente mojado o en el suelo de la florería donde perdí la conciencia cuando caí del estúpido banco de madera que no hemos podido cambiar y ¡ya no estoy dispuesto a caer de nuevo en mis propias fantasías! —Señaló a Harry de nuevo—. ¡Tú no eres real! ¡Esto no es real! ¡Es otra de esas ilusiones causadas por el exceso de películas románticas y mi entusiasmo por ser correspondido! Y ahora, si me disculpan, me largo antes de que las cosas empeoren. Estoy huyendo, no me importa en absoluto, me largo.
Connor y Harry le miraban con la boca abierta, confundidos y un tanto asombrados pero Draco no perdió más tiempo y dio la media vuelta. No le importó que la parada del autobús que lo dejaba directamente frente a su apartamento estuviera a un metro de allí, necesitaba huir, escapar de su propia mente y caminar podía ser el mejor método para despejarse.
Una risita histérica salió de su garganta al tiempo que sus ojos se llenaban de lágrimas. Era tan injusto que existieran un millón de escenarios posibles y perfectos para que Harry y él tuvieran una historia de amor y ninguna fuera real. Era tan dolorosa la manera en que Draco amaba a Harry y tan intensa, que su propia mente confabulaba en su contra para llevarlo a un mundo feliz donde incluso era posible que Potter se sintiera celoso de uno de sus compañeros de trabajo y decidiera encararlos con esa valentía Gryffindor que había cautivado a Draco desde el principio.
Y se sentía acabado, destrozado y desolado, sólo quería que aquellos sueños infantiles se detuvieran, le estaban haciendo demasiado daño, ya no era una escapatoria a su cruel realidad, era el recordatorio de que Draco jamás tendría un final feliz.
Chocó con un hombre que corría en dirección opuesta a él para refugiarse de la lluvia. Draco trastabilló un poco pero no detuvo su andar. Estaba completamente empapado, la lluvia empeoraba a cada segundo pero Draco no estaba pensando en refugiarse o en volver a casa, sólo quería seguir caminando hasta que ningún Harry Potter imaginario apareciera frente a él.
Claramente no tenía tanta suerte.
Sintió que era sujetado por la muñeca de su brazo derecho y se negó a voltear y a dejarse llevar por su mente. Él era más fuerte que eso.
—Draco, por favor —dijo Harry, pero ese no era Harry y el corazón de Draco latió dolorosamente.
—Déjame en paz —susurró—. Ya tuve suficiente, déjame ir, no eres real.
—¿De qué estás hablando? Soy yo, Harry...
—Por supuesto que lo eres, pero no eres el Harry de verdad, Harry nunca hubiera venido tras de mí, nunca se hubiera puesto celoso de Connor y definitivamente no estaría tras de mi cuando tiene una vida perfecta en el mundo mágico, con sus perfectos amigos Gryffindor y su perfecta novia Gryffindor-Weasley y su perfecto trabajo como auror. Tú no eres real.
Harry guardó silencio, pero su agarre no menguó. Draco estaba esperando el momento en que Harry simplemente se desvaneciera entre la lluvia.
—¿Puedes probarlo? —Le preguntó finalmente—. Que no soy real.
Draco se giró lentamente para encararlo. Harry no parecía abrumado, sino mortalmente serio, como si estuviera dispuesto a dejar que Draco comprobara que tenía razón. Y por supuesto que el rubio iba a demostrarlo, porque estaba seguro de que aquello era una más de sus historias de amor imaginarias. La lluvia y la forma en que Harry lo miraba eran la prueba.
—Por supuesto que puedo, el Harry real... —comenzó a decir pero fue interrumpido.
—Eso ya lo dijiste, Draco, pero yo no me siento menos real. Vas a necesitar convencerme de verdad.
—¿Y vas a marcharte si lo pruebo? ¿No volverás a asaltarme con ninguna otra fantasía romántica en medio del trabajo o de camino a casa?
—Palabra de Gryffindor —dijo Harry levantando una mano solemnemente y colocando la otra contra su pecho.
—Bien... —dijo Draco distraídamente mientras pensaba en algo que funcionara, mordiéndose el labio inferior. Una idea se le vino a la mente—. Ya lo sé —Dijo muy seguro de sí mismo. Harry levantó una ceja y sonrió divertido—. Si intentamos besarnos vas a desaparecer y yo voy a despertar, siempre ocurre.
La sonrisa de Harry se ensanchó.
—De acuerdo —dijo acercándose a Draco y tomándolo de las caderas.
—Una vez que desaparezcas no vas a volver —sentenció el rubio, colocando sus manos sobre los hombros de Harry quién asintió aun sonriendo.
Draco se sentía nervioso pese a que sabía que nada de aquello era real. Harry, con sus ojos verdes le miraba de manera intensa y juguetona, como si esperara, realmente, que Draco estuviera equivocado. Pero no lo estaba y el beso bajo la lluvia sería prueba suficiente. Las manos de Harry eran como fuego sobre su cuerpo y Draco quería y no al mismo tiempo, terminar con todo rápidamente. Aferró Harry con fuerza de los hombros y se inclinó ligeramente hacia abajo para comenzar a acercar sus rostros. El aliento del moreno era dulce y suave y se mezclaba con la fría brisa y la lluvia.
Draco cerró los ojos lentamente, mientras su visión se hacía borrosa por el agua que escurría por su rostro y por la cercanía al cuerpo de Potter. La piel se le erizó y un relámpago azotó no muy lejos de allí. La gente pasaba a su alrededor sin mirarlos, únicamente preocupados por llegar a sus destinos y no mojarse. Se inclinaban hacia adelante muy lentamente y cuando sus labios se rozaron apenas Draco esperó el momento en que Harry se desvaneciera entre sus brazos, como siempre.
Pero aquello no sucedió.
Y se besaron.
Los labios de Harry eran suaves y cálidos y le besaban con una intensidad tan abrumante que pronto Draco sintió que sus piernas le fallarían. Era como si el agua de lluvia se hubiera evaporado al contacto con los labios de Harry y se sentía tan maravilloso que ahora era Draco el que deseaba que aquello no fuera una simple fantasía, no podían arrebatarle eso, simplemente no podían.
Harry llevó sus manos a la espalda de Draco y la acaricio como si buscara consolarlo, como si supiera que estaba aterrado de lo que fuera a suceder después. Pese a la seguridad con la que Harry lo sujetaba, Draco pronto descubrió que temblaba igual que él y que la única razón por la que no caían al encharcado suelo era porque estaban apoyados entre ellos.
Draco aferró la nuca de Harry con pasión y entonces los labios se volvieron una lengua discreta, explorando la cavidad bucal ajena. El olor a Harry se mezcló con el olor a lluvia y con el olor de Draco y justo cuando Draco creía que no podría parar nunca una señora a sus espaldas dijo:
—Si siguen haciendo eso aquí van a pescar un resfriado, será mejor que se refugien —les dedicó una sonrisa conmovida y se fue.
Draco miró a Harry después de eso, sus mejillas estaban rojas de la vergüenza y estaba sumamente empapado, en ningún momento se había separado de él, sus manos aferradas con fuerza a su espalda, como si temiera que fuera Draco el que se desvaneciera.
—Sigo aquí —le dijo entonces y Draco sintió el rubor de su rostro intensificarse.
—Así parece —respondió el rubio, algo inseguro—. Simplemente no puedo creer que tú...
—¿...Sea real y este profundamente enamorado de ti y hayamos compartido un beso bajo la lluvia? ¿El cliché más grande las películas de amor? —Draco asintió avergonzado.
Conmovido, Harry se paró ligeramente de puntitas y depositó un pequeño beso en sus labios. Draco se sonrojó aún más.
—Siempre he estado enamorado de ti, Draco Malfoy.
—Ahora te estás burlando de mí —le recriminó pero no parecía que fuera una broma.
Harry sonrió y se apartó de él, le tomó de la mano y dijo:
—Ven, tenemos mucho de qué hablar.
Y Draco le siguió sin dudarlo, porque si eso no era un sueño, era el mayor golpe de suerte que hubiera tenido nunca y no iba a desaprovecharlo por nada del mundo.
