Se aparecieron a la mitad de la pequeña sala de estar del apartamento de Draco, ambos completamente empapados y escurriendo de pies a cabeza. El suelo de madera, ligeramente oscuro por la humedad crujió bajo los pies de Harry cuando intentó dar un paso hacia atrás. Lucia nervioso y ansioso a partes iguales. Draco no sabía si había pescado un resfriado o si sus mejillas estaban tan enrojecidas de pura vergüenza.

Draco abrió la boca para ofrecerse a traer algunas toallas y algo de ropa seca pero Potter se encargó del agua con un movimiento de varita. La sensación cálida de su magia fluyendo hizo que Draco se estremeciera. Había pasado mucho tiempo desde había estado en contacto con un poder similar y era agradable. Extrañaba muchísimo poder hacer magia por sí mismo.

Habiéndose esfumado su pretexto para salir de allí, Draco se removió un poco incómodo. Él y Harry estaban demasiado cerca debido a la aparición conjunta y ninguno se había atrevido a moverse demasiado. El rubio finalmente dio un paso hacia atrás y aunque Harry le miró como si temiera que escapara, él simplemente caminó hasta la cocina donde encendió la estufa y colocó la tetera con algunas de las pocas hiervas que le quedaban en la alacena.

—Me alegra ver que te has adaptado —dijo Harry, recargado en la barra de la cocina.

Draco sonrió.

—Tenía que hacerlo si no quería morir de hambre. Hubieras visto la primera vez que intenté usar el horno de microondas, el chico de la mudanza tuvo que enseñarme, parecía realmente divertido de que no supiera en lo más mínimo como conectarlo —sonrió, recordando el ridículo que había hecho—. Pansy consiguió varios libros de estudios muggles para mí después de eso. Así conocí los DVD.

Harry volteó, su mirada atravesando la pequeña cocinita, hasta la sala de estar, donde una enorme caja de cartón llena de cajas plásticas de DVD descansaba junto al televisor. Los ojos de Draco siguieron esa dirección y se sonrojó al percatarse de que todas las películas en la cima de la pila eran comedias románticas o películas animadas de Disney. Draco estaba especialmente encantado en ese momento con Pocahontas y Aladdin. Incluso creía que el disco de Aladdin aún se encontraba dentro del reproductor de DVD.

Harry sonrió conmovido y Draco se sonrojó aún más. Parecía que el chico dorado de Gryffindor había superado su momento de nerviosismo y ahora manejaba mucho mejor sus emociones que el propio Draco.

—Con que a eso te referías cuando dijiste "exceso de películas románticas" —dijo el moreno recordando la declaración de Draco momentos atrás.

El rubio no se había percatado de lo vergonzoso que había sido decir todas esas tonterías hasta ese momento. Era verdad que no había mentido, pero no porque fuera verdad se hacía menos vergonzoso, sino todo lo contrario. Prácticamente había confesado frente a Harry que estaba enamorado de él y además, haber estado fantaseando con él en más de una ocasión, creando vergonzosas escenas de amor donde ambos eran los protagonistas. Su rostro se encendió en color rojo al recordarlo, ciertamente había esperado que Harry no fuera Harry, sino su Harry imaginario.

Incluso cuando el destino estaba a su favor era un desgraciado.

—Sí, algo así... —respondió Draco, agregando el té a la tetera, intentando que su tono de voz no sonara tan avergonzado.

—No pareces demasiado entusiasmado en tocar el tema —Harry no parecía ofendido, o molesto, más bien comprensivo y el corazón de Draco se aceleró únicamente por ese pequeño gesto de amabilidad.

—Estoy un poco... nervioso —se animó a confesar. Se encontraba dándole la espalda a Harry y así era mucho más fácil ser sincero.

—Nunca creí que llegaría el día en que vería a Draco Malfoy nervioso.

—He cambiado, no soy el mismo chiquillo arrogante del colegio —respondió con hostilidad. Recordar lo que había sido en el pasado nunca era satisfactorio.

—Lo sé —dijo Harry y sonaba sincero. La pequeña burbuja de molestia se desvaneció tan rápido como había aparecido—. Lo sé bien, Draco. Yo tampoco soy el mismo, la guerra cambia a la gente, el tiempo cambia a la gente.

Draco se mordió el labio y la tetera silbó. No le gustaba hablar del pasado, porque en el pasado había hecho cosas horribles y había sufrido terribles consecuencias por ello. No le gustaba hablar del pasado por el Draco Malfoy que había sido alguna vez, le desagradaba tanto que no podía evitar sentir nauseas de sí mismo. No le gustaba porque aunque a mitad del camino no había más opción que seguir a Lord Voldemort, ciertamente habría podido elegir antes y se hubiera ahorrado muchísimo sufrimiento, para él y su familia. Y sin embargo, era agradable conocer a alguien que le entendiera, que entendiera lo difícil que había sido pelear a ciegas, por el simple hecho de sobrevivir.

Estiró una de sus manos hasta uno de los anaqueles a su izquierda, donde la puertita de madera colgaba ligeramente de las bisagras. Abrió la puertita y ésta rechinó, mostrando en su interior unas cuantas tacitas dispares de cerámica. De repente, Draco se sintió un poco avergonzado, había habido un tiempo en que hubiera podido ofrecerle a Harry más que té de limón en unas tazas baratas, había habido un tiempo en el que hubiera podido ofrecerle té exportado de la mejor calidad en tazas de porcelana. No parecía que Harry fuese de a los que les importaba demasiado si bebían té en un vaso de plástico o en una taza, pero Draco hubiera querido darle algo mejor, después de todo, era su salvador y la persona de la que estaba enamorado.

Pensó en ofrecerle algunas galletas, pero pronto recordó que no había podido comprarlas desde que había reducido su lista de compras, así que simplemente sirvió el té en silencio, el vaporcito subiendo hasta el techo, cálido y agradable. Le dio a Harry la mejor de sus tazas, por supuesto, no que fuera mejor por mucho, pero era al menos un detalle que tenía que contar ¿no?

La lluvia en el exterior arreció de repente, azotándose contra las frágiles ventanas de cristal del apartamento. Un maullido se escuchó desde una de las ventanas de la sala de estar y Draco, sobresaltándose, corrió a abrir nuevamente la ventana. El agua se coló durante el breve espacio de tiempo en que un gato negro de ojos verdes se adentraba y se sacudía las gotas de lluvia de sobre su sensible pelaje. Él gato no era suyo, por supuesto, pero Draco lo alimentaba y lo dejaba pasar las noches dentro cuando el clima estaba tan salvaje como en ese instante. Por supuesto, no podía costearse comida para gato así que le daba las sobras de su propia comida, guardándolas en pequeños contenedores de plástico dentro del refrigerador.

—Tienes un gato —dijo Harry aún en la barra de la cocina, con la taza de té entre sus manos.

—No es mío —respondió, aunque había cierta nota de afecto en su voz—. Vive en la calle, pero a veces viene de visita, generalmente cuando tiene hambre o cuando está lloviendo. Duerme en la alfombra frente al televisor.

—Es realmente bonito —dijo sonriendo amablemente hacia el gato que se deshacía entre las manos cariñosas de Draco.

Y Draco no pudo más que estar completamente de acuerdo con Harry, porque le recordaba a Harry, siempre lo había hecho, él gato era intrépido y demasiado entusiasta para ser un gato, su pelaje profundamente negro siempre era un desastre y esos ojos verdes, aunque no idénticos a los de Harry, sí que eran muy similares. Probablemente, si Potter decidiera ser un animago y resultara ser un gato, sería igual a éste que tenía de compañía de vez en cuando.

Draco dejó al gato a un lado y volvió a la cocina donde se percató de que no le había ofrecido a su visitante el jarrón de azúcar. Harry al parecer no había querido incomodarlo con ese pequeño detalle, pero cuando Draco le ofreció el azúcar, rápidamente vertió dos cucharadas dentro de su té, como no queriendo la cosa. A Narcissa nunca le había gustado que Draco ingiriera mucha azúcar, pero desde que había comenzado a vivir sólo, el rubio se había dejado llevar por su libertad y ahora consumía todas las cosas azucaradas que se le daban la gana.

Y entonces Harry se aclaró la garganta y dijo por sobre el ruido de la lluvia:

—Estaba siendo totalmente serio cuando dije que estaba enamorado de ti.

El corazón de Draco golpeteó salvaje contra su pecho y respirar de repente le representó una gran dificultad.

—No tienes que sentir lástima por mí, Harry, Potter, sé que lo que dije allá fue una... una muy vergonzosa confesión de amor, pero no por eso tú... quiero decir, no necesito tu lástima —intentó sonar casual pero la verdad es que sus propias palabras le dolían.

—No es lástima, Draco, es una verdad que he estado guardando por mucho tiempo, demasiado asustado de no ser correspondido como para arriesgarme a decirte algo, pero no por eso es mentira.

Draco clavó sus ojos en su taza, realmente inseguro de preguntar lo que quería preguntar. Sin embargo, se obligó a tomar aire y a dejar salir sus dudas.

—¿Desde cuándo? —y su voz tembló tanto que era imposible que Harry no lo hubiese notado.

Pero Harry no se burló de su inseguridad, ni de sus miedos, únicamente dejó ver en su rostro una sonrisa nostálgica y respondió:

—Sexto año. Por supuesto, no me di cuenta hasta que Hermione tuvo la amabilidad de apuntar que tal vez estaba obsesionado contigo. Yo me negué al principio, porque tú... bueno, eras el enemigo, pero luego, no sé, no parecía incorrecto. Y luego aquel día en tu mansión, cuando te negaste a reconocerme, pude ver en tus ojos que sentías por mi algo que yo mismo había intentado ocultar y no pude más. Realmente me dolió mucho dejarte atrás, en la misma casa donde sabía que Voldemort no dudaría en castigarte por haber mentido. Lo lamento tanto...

Draco se encogió de hombros, porque al parecer era lo único que su cuerpo podía hacer sin ponerse a temblar por la expectativa de ser correspondido. Él había estado enamorado de Harry desde cuarto año pero aquello no importaba mientras hubiera tan solo una pequeña oportunidad de estar juntos. Hubiera querido decir algo, pero parecía que Harry simplemente necesitaba desahogarse así que lo dejó continuar.

—Cuando la guerra terminó no dudé ni un segundo en testificar a favor de ti y de tu madre quién me había salvado la vida. Por Lucius no podía hacer nada. Y cuando todo terminó y saliste libre lucías tan feliz y aliviado que tenía que abrazarte, así que lo hice, pero después de eso no pude dejar de pensar en ti, en cómo te sentías, en como olías y... Merlín, me estaba volviendo loco, Draco, realmente loco. Todos esperaban que Ginny y yo retomáramos nuestra relación, que me uniera a los aurores y que viviera una vida perfecta. Así que un día simplemente tomé mis cosas y me fui del mundo mágico —sonrió—. Por supuesto fue la mejor decisión que pude haber tomado.

«Nada más él primer día me encontré contigo mudándote a éste lugar, parecías tan perdido en medio de ese mundo tan diferente a lo que conocías y los de la mudanza parecían tener problemas para hacer que entendieras algunas cosas tan comunes para los muggles. Recuerdo que incluso fingiste ser francés para tener un pretexto por no entender nada de lo que te decían. El chico que te ayudó con el horno de microondas, era yo, bajo un encantamiento de cambio de apariencia.

Después de ese día decidí que iba a ayudarte, pensé no querrías recibir mi ayuda directamente, aunque tal vez era mi pretexto para no acercarme, así que decidí no aparecer como yo mismo. Tú primer día en el supermercado lancé un confundus al cajero que te atendió y me hice pasar por varios empleados para ayudarte a comprar una buena despensa que llevar a casa. Yo fui el viejecito que te enseñó cómo usar el autobús y la chica de los periódicos que te lo dio abierto en la sección de empleos.

Estuve detrás de ti por meses, pero cada vez me necesitabas menos y yo no sabía cómo manejarlo. Necesitaba un pretexto para estar cerca de ti, de cualquier manera.

Y entonces... un día simplemente apareciste en esa librería, cada martes al medio día, no sabía si era una coincidencia o estabas allí por mí, pero debía averiguarlo.

Sabía que era mi oportunidad, Hermione decía que simplemente debía acercarme a ti si tanto deseaba hablar contigo, pero yo jamás he sido un hombre de palabras —admitió avergonzado— así que simplemente fui, esperando que en algún momento alguno de los dos reuniera el valor suficiente como para iniciar una charla amigable. Cuando elegí ese libro en lo alto de la repisa lo hice pensando que tal vez... —se sonrojó—, tal vez querrías ayudarme a bajarlo pero tu... simplemente llegaste tarde y yo ya lo había bajado con magia no verbal para no parecer un idiota. Yo ni si quiera soy fan de las plantas, simplemente estaba allí porque sabía que trabajabas en una florería y pensé que era una buena manera de iniciar una charla.

Pero las cosas salieron mal y yo estaba nervioso y choqué contra el estante así que salí de allí corriendo... Godric no estaría muy orgulloso de mí.

Pero luego nos encontramos en esa cafetería y comencé a creer que era el destino —y parecía creerlo genuinamente por la forma en que brillaban sus ojos—. Por supuesto empaparte con mi té helado de fresa fue un accidente, pero había pensado en invitarte a tomar algo para disculparme por mi descuido y Ron tenía que llegar a interrumpir y yo no tenía ni idea de lo que pasaba por tu mente, parecías confundido, nervioso, a punto de un ataque de pánico y no sabía si era por mi o por el hecho de haberte derramado todo encima.

Estaba tan confundido, porque pensaba que te gustaba, pero no estaba seguro de nada. La noche en que te asaltaron yo te había estado siguiendo, tenía que hablar contigo, había llegado a mi límite. Pasé cada noche detrás de ti mientras tratabas de conseguir trabajo, juntando el coraje para encararte y decirte todo esto. Esa noche en específico saliste por la puerta trasera y yo estaba en la parte delantera del local, por lo que encontrarte me costó algo de tiempo y cuando lo hice... estabas tan lastimado y aun así tuviste las fuerzas para levantarte.

Creo que terminé de enamorarme de ti en ese momento, habías cambiado tanto, te volviste fuerte e independiente y no dejaste que las cosas malas te derribaran y yo estaba tan orgulloso. Todos en el mundo mágico habían augurado tu inminente fracaso, pero yo sabía que lo lograrías, Draco.

Cuando te traje a casa a curarte, pensé que finalmente tendría mi oportunidad. Estaba nervioso y no sabía si era un buen momento y luego me pediste un beso y pensé que... pensé que simplemente podías estar confundido por los golpes que te habían dado y no creí correcto aprovecharme de eso, así que me marché, localicé a tus asaltantes y traje tus cosas de vuelta.

Después de eso decidí que no podía seguir retrasando las cosas pero tenía que arreglar algunas cosas en el mundo mágico así que por eso tardé algunos días en venir a por ti.

Cuando te vi con ese tipo, el de tu trabajo, pensé que había perdido, que había tardado demasiado tiempo en decidirme y me sentí tan miserable. Vi cómo te miraba, la forma en que te cuidaba y me sentí tan celoso que, aunque sabía que lo mejor sería dar la vuelta y nunca volver, no pude evitar encararlos. Pensé que recordarías la noche en que curé tus heridas, el día en que me pediste que te besara y que querrías hablar de eso, pero de repente estabas gritando algo sobre soñar despierto y películas románticas y lo poco dispuesto que estabas a volver a caer en los juegos de tu propia mente.

Te fuiste y yo tardé aproximadamente un par de minutos en entender a qué te estabas refiriendo —Draco se sonrojó profundamente pero no apartó su vista del rostro de Harry quién le dedicó una sonrisa enorme—. Estabas enamorado de mí y soñabas despierto en estar conmigo tan constantemente que creías estabas soñando una vez más. Tú realmente creías que todo estaba pasando en tu mente.

Estaba conmovido, enternecido.

Y luego...»

—Yo te pedí que nos besáramos, creyendo que así despertaría.

—Y estabas equivocado.

—No estarás esperando que de verdad crea que llevas años enamorado de mí en secreto ¿o sí? —preguntó pero su voz sonó tan esperanzada que la hostilidad quedó enterrada veinte metros bajo tierra—. No estás esperando de verdad que crea que llevas más de un año siguiéndome a todas partes, cuidándome en un mundo del que no sabía nada, facilitándome la vida por que estabas enamorado de mí y no tenías el valor suficiente como para decírmelo. No puedes esperar a que creas que eso es verdad, porque sin duda es uno de los clichés más grandes que conozco. Simplemente no puede ser verdad.

Pero él esperaba que fuera verdad.

—Tal vez otro beso te convencerá de lo opuesto —dijo desvergonzado y Draco se sonrojó violentamente.

Harry soltó una risita.

—¿Por qué te parece tan imposible, Draco? Tú te enamoraste de mí.

—Pero es diferente —respondió sin molestarse en negar la afirmación de Harry—. Quiero decir, tú eras un héroe, guapo, amable y sincero. Yo era... bueno... un Malfoy... un mortífago, no encuentro ninguna buena razón para que te sientas atraído por mí.

Harry sonrió como si hubiera estado esperando a que Draco dijera exactamente eso y tuviera una lista de las razones por las que se había enamorado de él.

—Eres muy atractivo, Draco, pero no solo fue eso lo que me hizo fijarme en ti. Tu siempre fuiste una constante en mi vida y era imposible ignorarte, tu actitud arrogante y superior podía ser no muy bien vista por la mayoría, pero a mí me intrigaba y cuando comenzaste a cambiar, a mejorar, por ti, para demostrarle al mundo que podías ser diferente, simplemente caí rendido, muy pocos hubieran hecho lo que tú hiciste: luchar para salir adelante, luchar contra tus prejuicios, incluso dejar atrás tus raíces. Te convertiste en un hombre amable y comprensivo, incluso pareces más expresivo que antes, ya no sólo eres furia y egocentrismo, ahora confusión y felicidad, cansancio, satisfacción... amor.

—Parece que pasaste demasiado tiempo mirándome —y la sola idea de que hubiera sido así le hacía terriblemente feliz. Él también había pasado mucho tiempo espiando a Harry en la librería.

—Lo hice, sí. Quería saber todo de ti, del nuevo Draco.

—No hay nada de interesante en mí —dijo con modestia pero aun así se sonrojó de orgullo.

Se quedaron en silencio, únicamente mirándose el uno al otro. El té en sus tazas ya se había entibiado pero ninguno de los dos pareció percatarse. Draco trataba de encontrar en los ojos de Harry alguna chispa que le indicara que todo aquello era una broma cruel. No encontró nada, pero tampoco le sorprendió, Harry jamás se hubiera prestado para hacerle algo así y sin embargo no podía evitar sentirse confundido. Jamás había esperado que las cosas salieran de esa forma, tenía veinte años y había esperado pasar el resto de su vida tratando de superar a ese hombre que ahora estaba sentado frente a él, confesándole que no solo le amaba, sino que además llevaba haciéndolo durante mucho tiempo.

Demasiado acostumbrado a que las cosas le salieran terriblemente mal, Draco esperaba las malas noticias, un nuevo golpe de la realidad. Te amo Draco pero no podemos estar juntos porque voy a casarme con Ginny. Te amo Draco pero no podemos estar juntos porque eres un exmortífago. Te amo Draco pero no creo poder soportar la mala publicidad de El Profeta cuando se enteren que estamos juntos. O algo similar.

Pero Harry no dijo nada más. Sus mejillas encendidas, aguardando por una respuesta de parte de Draco quién había permanecido en silencio más tiempo de lo que Harry debía haber esperado, a juzgar por la sonrisa que lentamente se desvanecía en su rostro moreno y se transformaba en una expresión de inseguridad. Draco comprendió que Harry le había abierto su corazón sin titubear y él no había tenido la decencia de decir algo.

De repente, las palmas de sus manos comenzaron a sudar y su piel hormigueó como cada vez que había tenido la intención de acercarse a Harry. Sabía que no había más tiempo para su cobardía pero era inevitable que se sintiera así de nervioso. Harry siempre lo había hecho sentir así, solo que ahora no podía lidiar con ello colocándose su máscara de aristócrata insoportable, tenía que ser sincero.

—En las películas que me gustan... —comenzó a decir— el tipo malo nunca consigue a la chica. Y soy el tipo malo, Harry.

—Voldemort era el tipo malo, Draco, no te confundas, incluso tu padre era el tipo malo, menos malo que el tipo malo pero algo malo. Tú... nosotros sólo fuimos un par de niños usados para diferentes causas, nadie nos preguntó nada lo que queríamos, nos prepararon para ser una pieza en ese juego extraño.

Draco guardó silencio por un momento, reflexionando.

—Te amo —le dijo finalmente, cerrando los ojos con fuerza, cobarde —. Siempre te he amado.

Aferró con fuerza la cerámica de su taza de té frio, aún con los ojos cerrados. Lo único que podía escuchar eran las gotas de lluvia azotando contra su ventana y los maullidos de su gato que intentaba tirar sus libros del anaquel. No podía escuchar la respiración de Harry, ni ninguna señal que le dijera que estaba acompañado de otro ser humano. Comenzó a pensar que tal vez, después de todo, si había sido su imaginación así que para comprobarlo volvió a abrir los ojos.

Harry no estaba allí.

Apenas y pudo suspirar de resignación cuando sintió unos fuertes brazos rodeándolo por la cintura, a su espalda. La cabeza de Harry apareció por sobre su hombro, se recargó en el hueco de su cuello y aspiró su aroma sin recato. Parecía que temblaba y Draco no lo entendió hasta que sintió que su camisa se humedecía, allí donde los ojos de Harry reposaban.

Estaba llorando.

Draco posó sus manos delicadamente sobre la cabeza de Harry en un gesto que esperaba fuese consolador. Harry se estremeció aún más y Draco sintió las primeras lágrimas escurrir por su propio rostro. Era la primera vez que lloraba de felicidad.

Harry se apartó de él con el rostro enrojecido por las lágrimas y antes de que Draco pudiera si quiera sonreírle le besó. Fue un beso tranquilo y amoroso que decía mucho más que todas las palabras dichas ese día. Draco se aferró a Harry, su Harry, el de verdad, sabía que no era una fantasía, porque su mente jamás hubiera podido idear un escenario tan perfecto como el que estaban viviendo en ese momento. Harry aferrándose a él como si fuera a desvanecerse, aliviado y expectante a partes iguales y Draco entregándole todo el amor que había guardado por años.

—¿Y vivieron felices para siempre? —preguntó Harry alejándose sólo un momento, para inmediatamente después volver a lanzarse sobre los labios de Draco.

—Y vivieron felices para siempre —le respondió profundizando el beso.

Porque a veces la realidad podía ser mejor que soñar despierto.