Petunia azotó las cortinas con disgusto. Draco Malfoy estaba jugando nuevamente con su roñoso pequeño sobrino. A pesar de sus mejores esfuerzos en el último mes para lograr que Draco y Dudley jugaran juntos, el pequeño estúpido aún prefería la amistad de Harry. Había tenido que contratar a un hombre que se encargara del jardín, se había visto obligada a comprar algunas prendas nuevas para el mocoso y en algunas ocasiones, se había visto obligada a advertir a Vernon sobre su comportamiento hacia el niño. No quería preguntas molestas. Había tenido algunas de los vecinos en Privet Drive y estaba decidida a que allí fuera diferente. El favor de Narcissa Malfoy era la llave para asegurar el éxito.

Harry estaba teniendo el mejor momento de su vida. Había pasado aproximadamente un mes desde que Draco y él habían comenzado a jugar juntos y no podía creer cuanta diversión estaba teniendo. Harry había deseado desesperadamente que las cosas fueran diferentes allí y comenzaba a creer que lo serían. Tenía menos tareas, algunas prendas que le quedaban y hasta un amigo. Un amigo que se había burlado de los torpes intentos de su primo de interponerse entre ellos a la fuerza. Harry había estado muy feliz por eso.

—¿Quieres quedarte a pasar la noche? —preguntó Draco casualmente mientras continuaba formando un "caballero" con palitos e hilo. Iban a jugar al castillo encantado tan pronto como dispusieran de su pequeño y diminuto pueblo.

—No puedo, —dijo Harry al tiempo que agregaba un techo de paja hecho de corteza a una casita redonda de piedra—. Tía Petunia dice que he pasado demasiado tiempo en tu casa y que es descortés.

—Eso es estúpido, —dijo Draco mientras colocaba su pequeño caballero de palitos en el suelo. Una pluma de arrendajo se unió al caballero errante como su estandarte y escudo de armas—. Ojalá tuviéramos pintura o algo.

—Hmm, —Harry asintió mientras terminaba varias casitas de piedra—. Necesitamos algo para el tesoro, —dijo mientras empezaba a buscar algo en el suelo.

—¿Qué tal esto? —preguntó Draco mientras buscaba en su bolsillo y sacaba la pequeña piedra que Harry le había dado.

Harry se quedó sin aliento. —¿Aún la tienes? ¿La tienes contigo?

Draco resopló. —Por supuesto, tú me la diste y además, en un tesoro pirata genuino.

Harry sintió una ola de afecto verdadero por su amigo. Sonrió. —Sí, por supuesto.

—¡Chico! —La voz nasal de tía Petunia vino de la distancia.

Draco rodó los ojos. —Es como si no supiera tu nombre, o algo, —bromeó.

Harry sonrió débilmente. —Sí. O algo.

—Parece que tendremos que jugar al castillo encantado mañana —dijo Draco, nada ansioso por ponerse de pie e irse a casa.

—Si —respondió Harry, sintiéndose triste.

—¡Chico! ¿Dónde estás? —Volvió a llamar tía Petunia.

—Tengo que irme, Draco.

Draco asintió. —Hasta mañana.

—Sí. Nos vemos —Harry respondió mientras volvía trotando a su casa.

Draco escuchó a la tía de Harry decir algo. Sonaba enojada pero, ¿cuándo no sonaba así?. La puerta trasera del señor Culpepper —no, la casa de Harry ahora— se cerró de golpe. Draco se puso de pie y caminó hacia su casa, dejando que su propia puerta trasera se azotara.

—Draco, que te he dicho sobre la puerta, —dijo Narcissa sin levantar la vista del periódico.

—Lo siento mami, —Draco se dejó caer en una de las sillas de la cocina.

Narcissa levantó la vista. —¿Por qué tan triste, dragón?

—Harry no puede quedarse a pasar la noche.

—Oh. —Narcissa vaciló. Harry prácticamente había vivido con ellos en el transcurso del mes. Draco estaba tan feliz que a Narcissa no le había importado en lo más mínimo, pero sí pensó que era una buena idea que los chicos pasaran un tiempo separados. de lo contrario, con el tiempo se cansarían el uno del otro. —Bueno, estoy segura que podrán jugar mañana. Los Dursley nos han invitado a cenar. Podrás ver a Harry.

La cara de Draco se iluminó. Nunca había estado en la casa de Harry. No podía esperar para ver su habitación y jugar con todos los juguetes de Harry. Debía tener unos muy inusuales, pensaba Draco, porque siempre parecía asombrado por los mundanos juguetes de Draco.

—Tenemos que pasar por Mark y Spencer y comprar algo para Dudley—, dijo Narcissa mientras continuaba leyendo el periódico.

—¿Por qué haríamos eso?

—La Sra. Dursley dijo que había sido el cumpleaños de Dudley la semana pasada y que no habían hecho una fiesta para él porque no conocía a nadie.

—Bueno, deberíamos conseguir algo para Harry también—, exigió Draco.

Narcissa levantó la vista del periódico con una expresión inquisitiva.

—¿Recuerdas? Dijo que su cumpleaños era pronto. Tal vez los Dursley estén organizando una fiesta sorpresa para los dos.

—Tal vez. Bien, entonces, mi pequeño dragón, ¿qué propones que compremos?

Draco frunció el ceño, pensando. —Dudley no parece ser muy activo. ¿Tal vez un libro de aventuras?

—De acuerdo. ¿Y para Harry?

Draco pensó, y pensó, y pensó. —¡Lo tengo! A él realmente le gustan mis juguetes de baño. ¿Tal vez su propio set de botecitos? ¡Oh! Y podemos obtener crayones de jabón y todo ese tipo de cosas.

Narcissa sonrió. —Perfecto.

Harry se quedó en la cocina y vio a su tía pasear de un lado a otro. Ella apenas había dicho una palabra desde que lo llamó de jugar con Draco. Abrió la boca cada vez que oía al tío Vernon arrastrarse por el piso de arriba. Eventualmente, empujó un pedazo de papel en las manos de Harry. Era una lista de quehaceres. Quehaceres dentro de casa. Harry estaba sorprendido. Era muy rara ocasión en que a Harry Potter se le permitía tocar las "preciadas" cosas de los Dursley.

—Los Malfoy vendrán a cenar mañana por la noche. Para celebrar el cumpleaños de Dudley.

Harry se abstuvo de señalar que su cumpleaños había llegado y se había ido sin un solo susurro.

—Esta casa debe estar impecable si quieres siquiera pensar en poder asistir.

—Sí, tía Petunia—, murmuró Harry automáticamente, mientras miraba la lista.

—¿Y bien? ¿Qué estás esperando? ¡Ponte a trabajar!— ella espetó antes de salir de la cocina.

Harry suspiró y se puso a trabajar.

Varias horas después, Harry estaba sirviendo la cena. Estaba cansado, pero estaba a punto de terminar todo en su lista. Había visto a tía Petunia lavando algunas de sus ropas "buenas", por lo que estaba seguro de que iba a unirse a la cena la noche siguiente.

—¿Qué sabemos sobre los Malfoy?— preguntó tío Vernon, mientras apuñalaba su cerdo asado con su cuchillo y tenedor.

—Son ricos y, en su mayor parte, muy bien vistos. Será bueno para nosotros ganarnos su favor.

—Fa —, dijo Vernon, deseando que la cena no tuviera lugar. —Tienen que estar completamente mal de la cabeza al haber decidido juntarse con esta pequeña plaga —, dijo Vernon, su cabeza volviéndose hacia Harry.

La cara de Harry estaba colorada de ira. No por él, sino por Draco y la señora Malfoy. Ellos eran amables y agradables, se aseguraron de que tuviera mucho que comer, no le habían gritado, y lo hicieron sentir feliz.

—Vernon—, espetó Petunia. —Solo fue un pequeño fallo de juicio, estoy segura. Simplemente no han tenido la oportunidad de conocer realmente a nuestro dulce y pequeño Dudders. Una vez que lo hagan, se olvidarán del chico.

Harry no se atrevió a enojarse porque estaban hablando de él como si él no existiera.

—Bien, bien, bien—, se quejó Vernon. —Sabes, Pet, he escuchado cosas sobre esa familia. ¿Sabías que el esposo de Narcissa fue brutalmente asesinado hace un año? La mayoría de las personas piensan que quedó atrapado en un fuego cruzado. Suena sospechoso para mí. Apuesto a que estaba metido en cosas turbias con los hombres equivocados.

Las manos de Harry se detuvieron. Mantuvo la cabeza gacha, esperando ver qué se diría a continuación.

—Sí, escuché algo sobre eso—, dijo maliciosamente su tía. —Si es verdad, estoy segura de que Narcissa estuvo involucrada. Uno solo puede imaginar cómo fue que escapó de todo el embrollo.

Vernon se rio entre dientes. —Oh, estoy seguro de que podemos imaginarlo.

Harry no sabía lo que significaba esa sonrisa, pero conocía el tono de voz. Su tía y su tío estaban diciendo cosas malas sobre la señora Malfoy. Un destello inusual de fuego burbujeó en él, una sensación de lealtad hacia los Malfoy que nunca había sentido por los Dursley. Antes de que pudiera detenerse, gritó: —¡Eso no es verdad! ¡No digas esas cosas!.

Vernon se volvió hacia él con una velocidad tan sorprendente que Harry estaba seguro de que no había sido real. La cara de su tío comenzó a tornarse en ese particular tono púrpura que siempre significaba problemas para Harry. Harry se encogió de miedo, deseando más allá de la esperanza poder retractarse de sus palabras. Aunque él lo había dicho en serio.

—¿Qué dijiste, muchacho? —Vernon gruñó mientras sus manos se curvaban en puños, apretando y soltando.

—Yo... yo... nada. Yo... no dije nada, señor—, susurró Harry, sintiéndose muy pequeño.

Vernon se levantó, sacudiéndose las débiles protestas de Petunia. Se acercó a Harry, quien había retrocedido contra la pared. —¿Quién te dio permiso para hablar? Nadie. Y cómo te ATREVES a hablarme de esa forma. Piensas que eres mejor que yo, ¿verdad?

—No, no señor. No, no. Lo siento —, dijo Harry suplicando, deseando, deseando desesperadamente, que tío Vernon pasara por alto su falta.

—Conoces tu lugar, muchacho. Parece que lo estás olvidando últimamente. ¿Es porque los vecinos sienten lástima por ti y te dan sus sobras? ¿Es eso? Necesitas que te lo recuerden. ¡Mírame cuando te estoy hablando! —Rugió Vernon mientras tomaba a Harry por los hombros y lo sacudía bruscamente.

Cerró los ojos con fuerza, deseando poder volar o desaparecer. —Lo siento, lo siento, lo siento—, dijo Harry una y otra vez mientras las lágrimas resbalaban de sus ojos cerrados.

—Todavía no, pero lo harás, —susurró Vernon.

Harry soltó un sollozo estremecedor y cerró los ojos aún más.

Draco se levantó, se lavó y salió por la puerta a la mañana siguiente en tiempo récord. Trepó a su patio trasero y se sintió aliviado al ver que su pueblo mágico no se había derrumbado en el transcurso de la noche. Puso más caballeros en el suelo y creó una princesa con una pequeña piedra, cordeles y hojas mientras esperaba a Harry.

El sol se movió un poco más alto en el cielo y Harry todavía no había llegado. Draco construyó algunas casas de piedra y fortificó el castillo mientras esperaba. Harry aun no llegaba. Draco se movió nerviosamente, preguntándose por qué su amigo no había ido a jugar. Suspiró y decidió ir a la puerta de los Dursley y preguntar por Harry. ¿Tal vez lo había olvidado?

Draco caminó hacia la puerta y llamó. Unos momentos más tarde, la tía de Harry atendió la puerta.

—Harry no puede jugar hoy —, dijo bruscamente, mirando hacia la calle.

—¿Por qué?— Preguntó Draco, lleno de la impetuosidad de la juventud.

Petunia se sobresaltó por la pregunta. Ella miró hacia la cara seria de Draco y suspiró. —Está enfermo. Te ha dicho sobre su enfermedad, ¿cierto?— preguntó con un toque de desesperación en su voz.

—Sí, señora. ¿Puedo ir a su habitación entonces? Le prometí que jugaría con él, incluso si estuviera enfermo.

—Er, no, está durmiendo. Probablemente no querrá visitas durante unos días.

—¿Va a estar bien? ¿Qué hay de la cena? ¿De su fiesta sorpresa?.

—¿De qué estás hablando, muchacho?.

—La cena de esta noche. ¿No es por el cumpleaños de Dudley y Harry?.

Petunia palideció. —¿Es eso lo que el chi-Harry te dijo? —Preguntó con los dientes apretados.

Sin darse cuenta de la actitud de Petunia, Draco negó con la cabeza. —Sólo lo supuse, sé que pronto será su cumpleaños.

Petunia se relajó un poco. —No, la cena no es para el cumpleaños de Harry. Sólo para Dudley —.Petunia dudó. —¿Por qué no juegas con Dudley hoy, Draco? Creo que Harry no podrá jugar por unos días.

Draco suspiró. Realmente no quería jugar con Dudley. A él no le agradaba Dudley. Pero, tal vez Dudley podría hablarle más sobre Harry. —Claro—, dijo.

Petunia sonrió. —¡Maravilloso! Él ya estará listo—, dijo mientras cerraba la puerta y gritaba a "Dudders".

Jugar con Dudley fue horrible, decidió Draco. Había destruido su aldea mágica unos momentos después de haberla visto, se negó a buscar tesoros o a espiar a los gatos de la Sra. Figg, y le había exigido a su madre bocadillos.

—Entonces, ¿cómo es vivir con Harry? —Preguntó Draco, esperando salvar la tarde.

Dudley le lanzó una mirada asesina mientras tomaba otro gran bocado de su sándwich. El tercero. —¿Por qué te preocupas por él? —, murmuró entre bocado y bocado.

—Es mi amigo —, dijo Draco, encontrando a Dudley terriblemente grosero y corriente.

Dudley se encogió de hombros. —Está un poco loco —, dijo, como si eso lo explicara todo. —¿No tienes nada divertido por aquí? ¿Tienes una consola de videojuegos?.

—Er, no —, dijo Draco.

Dudley resopló. —No tan lujoso entonces, ¿verdad? Tengo dos consolas, una computadora y montones de juegos —, dijo Dudley como si fueran cosas impresionantes. Draco no estaba impresionado.

—¿Por qué querrías pasar todo el día jugando juegos de computadora cuando podrías estar afuera explorando?— Preguntó Draco, su nariz se arrugó con disgusto cuando un trozo de mayonesa del sándwich de Dudley aterrizó en el borde de la mesa de la cocina.

Dudley resopló y dijo algo que sonó como, —Eres un fenómeno, como él.

Narcissa entró a la cocina, lista para despedir a Dudley Dursley. Era ruidoso, desconsiderado y odioso. Narcissa no entendía cómo él y Harry podían pertenecer a la misma familia. —¿Dudley? Creo que es hora de que te vayas a casa a prepararte para la cena.

Dudley se encogió de hombros, dejó lo que quedaba de su sándwich en la mesa y se levantó sin despedirse. Cuando se fue, Draco preguntó: —¿Tenemos que ir esta noche? Harry no estará allí y no voy a sentarme al lado de esa ballena.

—Draco, —advirtió Narcissa, aunque le resultó difícil agregar algo más después de eso. —Vamos, amor, preparémonos para la cena. Es una noche, y tal vez puedas subir sigilosamente y visitar a Harry por un momento. Apuesto a que le gustaría eso.

El rostro de Draco se iluminó. —Está bien—, dijo mientras corría a su habitación para cambiarse.

Exactamente a las siete, sonó el timbre de los Dursley. Como practicado, Dudley abrió la puerta y sonrió a la Sra. Malfoy con obvia falsedad—. Buenas noches, señora Malfoy —. Sus pequeños ojos de cerdito se posaron en los regalos brillantemente envueltos—. ¿Puedo tomar esos por usted? —preguntó.

—Gracias, Dudley —, dijo Narcissa con una sonrisa complaciente. Las apariencias lo eran todo. Ella sabía cómo se jugaban esos juegos—. Este —, dijo señalando el más grande de los dos paquetes,— es para Harry. Tengo entendido que su cumpleaños será pronto

Petunia intervino cuando vio la expresión asesina en el rostro de su hijo ante la idea de que Harry recibiera un regalo más grande. —Muchas gracias, Narcissa. Estoy segura de que Harry disfrutará abrir esto cuando se sienta mejor.

—Sí, Draco mencionó que estaba enfermo. Pobre. ¿Cómo se está sintiendo?.

Petunia y Vernon intercambiaron miradas. —Mejor. Pero hemos pasado por esto varias veces. Pasarán algunos días antes de que pueda volver a jugar.

Narcissa vaciló un momento antes de volverse hacia Draco. —Conoces a Draco, por supuesto.

—Hola —, dijo Draco, mostrando la encantadora y pequeña sonrisa que había aprendido de su madre.

—Bueno, ¿deberíamos? —dijo Petunia, mientras señalaba hacia la sala de estar.

Después de que todos se establecieron, el tema una vez más se dirigió a Harry. Para disgusto de los Dursley.

—Harry nos dijo que se enferma a menudo. Yo, bueno yo, no quiero ser entrometida, pero ¿qué ocurre exactamente con él? —Preguntó Narcissa, queriendo llegar al fondo de aquel pequeño misterio llamado Harry Potter.

—Supresión del sistema inmune —, dijo Petunia con fuerza. —Nació prematuramente. Su madre se negó a amamantar —, Petunia olfateó. —¿Y cuál fue el resultado? Una pequeña cosita enfermiza.

Narcissa abrió la boca y se sonrojó avergonzada. —Me disculpo, no quise inmiscuirme.

—No, no —, dijo Petunia, su mirada se suavizó. —Soy yo quién debería disculparse. Perdóname, Narcissa. Es un tema difícil. Uno que causa mucho dolor a nuestra familia, especialmente a Harry. Realmente no le gusta hablar sobre eso. Quiere ser visto como alguien normal —, dijo Petunia vigorosamente.

—Por supuesto —, dijo Narcissa, observando las expresiones de dolor en los rostros de los Dursley. Por supuesto, ella confundió sus expresiones con preocupación en lugar de lo que realmente eran. —Bueno, ciertamente no le preguntaremos a Harry sobre eso, ¿verdad, Draco?— Preguntó Narcissa.

Draco asintió. No quería decir nada que hiciera sentir incómodo o tímido a Harry. No le gustaba sentirse incómodo.

La conversación pasó a asuntos mucho más agradables. Los adultos charlaron durante un buen rato sobre cosas intrascendentes mientras Dudley miraba el paquete envuelto con su nombre. Draco soñó despierto que él y Harry eran caballeros que luchaban en una batalla épica contra el malvado rey, Dastardly Dudders. Un temporizador sonó en la cocina.

—Oh, ese es el asado—, dijo Petunia.

—Déjame ayudarte —, dijo Narcissa. Se giró y le guiñó un ojo a Draco. —Draco, ¿por qué no usas el baño antes de la cena?. Todavía tenemos unos minutos. ¿Verdad, Petunia?

—Sí, por supuesto —, respondió Petunia. —El baño está subiendo las escaleras hacia la derecha.

Draco asintió y le dio las gracias a Petunia antes de subir por las escaleras. Cuando estuvo seguro de que todos habían emigrado a la cocina, comenzó a explorar—. Harry —, susurró en el pasillo—. ¿Harry? ¿Dónde estás? —Ninguna respuesta. Draco suspiró y comenzó a abrir todas las puertas. Los primeros tres fueron dos dormitorios y el baño. Se burló de la pocilga que era la habitación de Dudley. Otra puerta conducía a un armario de ropa blanca, y otra conducía a un dormitorio estéril y poco usado que Draco supuso que era para invitados. Eso dejó una puerta al final del pasillo. Cuando lo abrió, escuchó un suave jadeo. —¿Harry? ¿Eres tú?.

—¿Draco? ¿Qué estás haciendo aquí? —Harry susurró.

Draco entró en la habitación oscura, momentáneamente cegado. Buscó a tientas un interruptor de luz en la pared.

—¡No lo hagas! —Harry gritó. —Er, la luz me lastima los ojos.

—Está bien —, dijo Draco, avanzando a tientas por la pared. Oyó el leve crujido de las sábanas y se topó con lo que parecía la cama. Sus manos extendidas tocaron la pared. —Ug, es una habitación muy pequeña, Harry. ¿Y dónde está tu ventana?

Harry se movió sobre la cama y suspiró. —No me gustan las ventanas —, mintió, —y pensé que esta era una habitación pequeña y ordenada. Umm ... es como nuestra tienda de campaña, ¿sabes?.

Draco sonrió, aunque Harry no podía verlo. —Brillante —, dijo antes de desplomarse al pie de la cama. —¿Está bien que me siente aquí? —preguntó.

—Sí, está bien —, dijo Harry en voz baja.

—Entonces, ¿qué pasa contigo? —Draco preguntó.

Las sábanas susurraron nuevamente. —Yo... me enfermo, como dije.

Draco se mordió el labio, recordando la promesa que acababa de hacerle a su madre y a los Dursley, deseando desesperadamente romperla. —Tu tía dijo que pasarán unos días antes de que puedas volver a jugar.

—Hmm —, dijo Harry. —Sí, normalmente me toma algunos días recuperarme.

—Ella dijo que estabas durmiendo todo el día.

Harry vaciló. —Hmm —, dijo de nuevo.

—¿Estás cansado ahora? —Draco preguntó, esperando que la respuesta fuera no. Él realmente no quería tener que volver a bajar las escaleras.

—Sí, más o menos —, murmuró Harry, no muy cansado, pero no estaba de humor para ningún castigo adicional si encontraban a Draco en su habitación.

El silencio se posó entre los dos amigos.

—¡Te trajimos un regalo de cumpleaños! —Dijo Draco, recordando el paquete brillantemente envuelto abajo.

—¿Lo hicieron? ¿De verdad? ... Gracias.

—Son botes, crayones de jabón y otras cosas divertidas para el baño —, espetó Draco. No podía verlo, pero Harry sonrió.

—Perfecto —, dijo Harry, sabiendo que nunca vería los botes ni ninguna de las otras cosas. Pero, era suficiente que Draco hubiera pensado en eso; que hubiera pensado en él.

—Sé que no puedes jugar ni nada, pero ¿hay algo que podamos hacer que sea divertido? Antes de que tenga que volver a bajar, quiero decir —, preguntó Draco.

Las sábanas crujieron y Draco pudo ver que Harry yacía completamente tumbado. —Cuéntame una historia —, pidió Harry, sabiendo que esa era la actividad favorita de Draco. Y, esa noche, un cuento de hadas era justo lo que él necesitaba.

Draco decidió contar el mejor cuento de hadas que se le ocurrió, cualquier cosa para que Harry se sintiera mejor. —Bueno, ¿alguna vez te hablé sobre el viejo Sr. Culpepper?"

—No, no lo hiciste.

—Bueno —, comenzó Draco, —él solía vivir en esta misma casa, ya ves. Era un pirata disfrazado. Siempre deambulaba por el patio, cavando agujeros en todo momento del día y de la noche. Recibía paquetes extraños por correo. Bueno, un día, Sr. Culpepper... —y Draco continuó contando su historia hasta que estuvo seguro de que Harry se había quedado dormido.