Severus miró a sus dos cargas durante el desayuno a la mañana siguiente. Estaba lloviendo, lo que significaba que no habrían juegos en el exterior para los niños y, como consecuencia, no había trabajo para Severus. Su mirada se deslizaba hacia el reloj de vez en cuando; solo tenía unas pocas horas antes de que Narcissa regresara. Gracias a Dios. Severus nunca había sido más feliz de ser soltero que en ese momento. Oh, amaba a su ahijado como si fuera suyo y el amiguito de Draco no era tan irritante como había imaginado, pero Severus sabía por experiencia propia la cantidad de problemas en que podían meterse los pequeños niños traviesos. El Señor los ayudara a todos el día en que Draco Malfoy decidiera causar problemas reales.
Por ahora, sin embargo, Severus solo quería terminar el desayuno. El tintineo de los tenedores en la cerámica y la charla incesante de Draco sobre los malditos gatos de una mujer lo tenían al borde de la cordura. Siguió chasqueando y crujiendo las páginas del periódico de la mañana en un esfuerzo por hacer que Draco se detuviera. Pero hasta ahora, no había captado la indirecta.
Peor aún era su pequeño amigo que sorbía. Mientras Draco hablaba una y otra vez, Harry no decía nada. Asentía con la cabeza cada pocos minutos o emitía un pequeño sonido de "hmmm" en el momento apropiado de las historias de Draco mientras sorbía, mantenía la cabeza gacha y revolvía los huevos en el plato. Harry tomó pequeños bocados de su tostada, su rostro se contorsionó mientras tragaba. Severus estaba convencido de que Harry no padecía alergias. El niño estaba enfermo.
—Tu madre estará en casa alrededor del almuerzo, Draco. Sugiero que todos pasemos la mañana leyendo.
Harry alzó la vista, aliviado.
Draco, sin embargo, frunció su carita en un gesto enojado. —¿Leer? ¿Leer? ¿Por qué haríamos eso? Eso es aburrido—, declaró Draco. —Haznos una tienda de campaña, tío Severus.
—No—, dijo Severus mientras agitaba su periódico y volvía a arrugar las páginas.
—No queremos leer—, dijo Draco exasperado. —Dile Harry, dile que queremos una tienda de campaña con lucecitas colgantes y almohadas blanditas.
Harry miró de un lado a otro entre Draco y Severus, sus ojos muy abiertos y nerviosos.
—¿Y Bien? Dile —Draco exigió de nuevo.
—Y-yo—, comenzó Harry. —Prefiero leer—, susurró.
Fue el turno de Draco de verse sorprendido. —¿Qué?.
Harry sorbió y se echó hacia atrás el cabello. Severus notó que la piel de Harry estaba enrojecida y cubierta con una ligera capa de transpiración.
—Dije que prefería leer. Estoy cansado, Draco—, explicó Harry.
—¿Cansado? Acabamos de levantarnos.
—Lo sé—, espetó Harry, haciendo que Draco retrocediera sorprendido. —Simplemente no estoy... Estoy cansado, Draco. Además, me gustaría mirar los libros de plantas del señor Snape—, dijo Harry, su mirada tímida se lanzó hacia Severus para confirmar que era aceptable.
Severus inclinó su cabeza una fracción a petición de Harry. —Eso suena maravilloso. Draco, ¿por qué no armamos un rompecabezas tu y yo?— La separación en ese punto era clave en lo que a Severus se refería. Mantener los gérmenes contenidos. Evitar que los chicos pelearan. Evitar que los chicos hicieran travesuras. Mantener la cordura de Severus intacta.
Draco luchaba consigo mismo. Estaba molesto de que Harry quisiera leer en lugar de jugar con él. Pero a él le gustaban los rompecabezas y el tío Severus siempre le permitía juntar las piezas del borde solo. —Está bien—, dijo, con tanta renuencia como pudo reunir, lanzando miradas feas a Harry.
—¿Por qué no vas a buscar el rompecabezas, Draco? Tu amigo puede ayudarme con los platos—, dijo Severus, viendo la tormenta que se auguraba en la alegre cocina.
Draco se fue y Harry comenzó a recoger platos, solo para ser detenido por la mano de Severus.
—Quédate sentado, muchacho. Parece que te vas a caer en cualquier momento.
—Lo siento, señor—, dijo Harry.
Severus resopló. —Bueno, no creo que te hayas enfermado intencionalmente. Aunque, debo decir, es terriblemente grosero presentarse en la casa de alguien así, sin saberlo podrías infectarnos con tus estornudos y catarro.
Harry levantó la vista, sorprendido de que Severus supiera que no se sentía bien. —No estoy enfermo—, tartamudeó. Sin embargo, el estornudo que siguió a esa declaración lo desmintió.
Severus se cruzó de brazos y arqueó una de sus cejas en una pose que Harry comenzaba a conocer bastante bien.
Intimidado, Harry miró hacia abajo. —Lo siento, señor—, murmuró, esta vez con una tos. No levantó la mirada cuando escuchó el suspiro exasperado del señor Snape.
Estuvo en silencio por un momento y Harry se sentó allí, tenso, preguntándose qué pasaría. Ese hombre le recordaba mucho a su tío, con sus movimientos bruscos, sus palabras duras, su tamaño. Pero, al mismo tiempo, Harry creía que el señor Snape no se parecía en nada a Tío Vernon. Ese pensamiento se confirmó cuando sintió algo pequeño y frío golpeando su boca. Sorprendido, se empujó para alejarse.
—Tu temperatura, muchacho. Solo estoy tratando de tomar tu temperatura. Ahora deja esta estupidez y abre la boca.
Atónita ante la muestra de preocupación, la boca de Harry se abrió por sí sola mientras Severus deslizaba el termómetro dentro.
—Espera el pitido—, dijo antes de volver a los platos.
Harry se sentó allí, esperando. Podía oír a Draco corriendo por las escaleras, buscando su rompecabezas. Harry notó que la lluvia caía en cascadas constantes. El tic tac del reloj de la cocina parecía más fuerte de lo que debería. Fue gracioso lo que uno notó cuando eligió hacerlo.
El termómetro emitió un pitido. Severus lo retiró, chequeó los resultados y comenzó a buscar dentro de un pequeño gabinete. Unos minutos más tarde regresó con dos tabletas pequeñas y un vaso de agua.
—Aspirinas para niño—, dijo. —Mastícalas, trágalas, bebe esto.
Harry asintió e hizo lo que le dijeron, terminando justo cuando Draco bajaba corriendo las escaleras, rompecabezas en mano.
—¿Dónde deberíamos armarlo, tío Severus?—, Dijo Draco.
—Aquí en la mesa de la cocina, creo. Empieza a separar los bordes de los demás, Draco, mientras llevo a Harry arriba y le doy un libro.
Draco asintió y dejó el rompecabezas en la mesa, tarareando para sí mismo mientras comenzaba a ordenar las piezas.
Harry tuvo la clara impresión de que estaba siendo ignorado por Draco. A él no le importaba mucho. De hecho, él estaba bastante enojado con Draco. ¿Por qué Draco no podía entender que Harry no siempre tenía ganas de hacer lo que él quería? ¿Por qué Harry no podía tener sus propios intereses? ¿Por qué su amigo no podía ver que estaba sufriendo, especialmente cuando el señor Snape podía?
—Ven, Harry—, dijo Severus mientras salía de la cocina y comenzaba a subir las escaleras. Harry lo siguió a la habitación de invitados.
—Acuéstate aquí—, dirigió Severus, señalando la cama.
Harry dudó por un segundo antes de subir y sentarse rígidamente en el medio.
—Dije que te acostaras—, espetó Severus mientras continuaba buscando algo.
Harry asintió y se apresuró a ponerse más cómodo.
—Aquí,— dijo Severus, empujando un grueso libro bajo la nariz de Harry. —Puedes quedarte con él. Tengo varias copias. Si estás realmente interesado en las plantas, puedes encontrarlo de interés.
Harry no podía creerlo. Recorrió con los dedos la cubierta del libro y trazó las letras con reverencia. —Gracias—, murmuró, asombrado de que alguien le diera tal premio, tal regalo.
Severus le restó importancia su agradecimiento. —Los obtengo de forma gratuita del editor. Sin embargo, sospecho que esta edición en particular sería difícil de conseguir de otra manera.
Harry trató de descifrar las palabras. —Par-par-di-si ... par-a-di-si—, se debatió.
—Paradisi in sole—, dijo Severus con una floritura. —Más de esas palabras divertidas para ti.
—¿Tío Severus?— Dijo Draco desde la puerta, mirando lo que sucedía en la habitación con ojos extrañamente brillantes.
—Ah, Draco. Dime, ¿tu escuela no enseña latín? ¿No es un curso obligatorio para cuarto año?
—No, por supuesto que no—, dijo con una risita.
—Sí, por supuesto que no. ¿Por qué enseñar algo útil?— Severus murmuró por lo bajo.
—¿Estás enseñando a Harry latín?— Preguntó Draco, entrando a la habitación y parándose al lado de Harry en la cama.
—Estoy intentando explicar el título de este libro.
Draco le arrebató el libro de las manos a Harry, lo que solo sirvió para hacer que Harry se sintiera muy, muy enojado.
—Paradisi in sole—, dijo Draco, su pronunciación perfecta. — ¿Parque... en el sol? Draco preguntó.
—Muy bien, Draco, sí.
El enojo de Harry estaba creciendo más poco a poco. Ese era su libro. Su lección, su lenguaje secreto Le arrebató el libro de las manos a Draco y miró las palabras en la cubierta, deseando que tuvieran sentido. —Par-a-di-si in sol-e—, susurró, tratando de hacer que su pronunciación sonara tan buena como la de Draco.
—Muy bien, Harry—, dijo Severus, tratando de evitar el conflicto entre los dos. Por lo que Narcissa le había contado, Harry era la parte pasiva, siempre haciendo lo que Draco quería, cuando Draco quería. Severus sospechaba que Harry estaba cansado de ser un juguete; una de las pertenencias de Draco. Y no sentirse bien no estaba ayudando a su disposición. Entonces Severus trató de distraerlos. —Es un juego de palabras, Harry—, dijo con la voz más amable que pudo reunir. El niño era inteligente y hábil, pero poco mundano. Deseducado.
Harry inclinó la cabeza hacia un lado, pensativo, antes de mirar la portada del libro. Sus ojos se dirigieron al nombre del autor: John Parkinson. Levantó la vista, la comprensión cruzando en sus ojos. —¿Parkinson escribió un libro que llamó Park-in-sun?"
Los labios de Severus se curvaron en una pequeña sonrisa. —Sí. Muy inteligente, Harry.
—¡Sí, Harry!— Draco estuvo de acuerdo, distraído de sus celos por el momento. —¡Es como semper ubi sub ubi!.
—¿Qué?— Preguntó Harry.
—Semper ubi sub ubi,— repitió Draco. —El tío Severus me lo enseñó. Le gustan los juegos de palabras en latín, ¿verdad, tío Severus?— Sin esperar la respuesta de Severus, Draco continuó. —Significa 'siempre usa ropa interior', bueno, más o menos—. Draco soltó una risita como solo un niño pequeño en un humor tan obvio. "¿Lo entiendes? Semper significa siempre, "always" en inglés, ubi significa dónde, "where" en inglés y sub significa debajo, "under" en inglés. Semper ubi sub ubi. ¡Always wear underwear! ¡Siempre usa ropa interior!. (1)
Harry lo entendió y no pudo evitar un leve sonrojo al escuchar algo que él consideraba un poco atrevido. Tampoco podía detener el torrente de risitas infantiles que también escapaban de su boca. Pronto, los dos niños se encontraron cantando alternativamente "Semper ubi sub ubi" y "Siempre usa ropa interior", "encontrándolo cada vez más hilarante con cada repetición de cada canción.
Severus se recostó, divertido por sus payasadas, y esperó que todo lo que se estaba gestando entre los dos chicos hubiera pasado. Harry bostezó y Severus tomó eso como su señal. —Draco, creo que tenemos un rompecabezas por armar.
—Está bien—, dijo con renuencia. —Ven a armarlo con nosotros, Harry.
Harry se mordió el labio. —Realmente me gustaría mirar este libro.
Los ojos de Draco se volvieron tormentosos por un momento antes de que olfateara y dijera —Bien—, saltando de la cama y bajando las escaleras.
Harry suspiró cuando Draco salió de la habitación. —Gracias, señor—, dijo de nuevo, haciendo un gesto hacia el libro.
—Ciertamente—, dijo Severus mientras se giraba para irse. En el último momento giró de nuevo y abrió las puertas del armario. Encontró una suave manta y la colocó al lado de Harry. —En caso de que tengas frío—, dijo antes de deslizarse fuera de la habitación y dejar a Harry con su libro.
Draco estaba aburrido. Había unido las piezas del contorno del rompecabezas y estaba esperando a que su padrino empezara a ayudarlo con la parte central. Pero su padrino había recibido una llamada y ahora estaba en la sala de estar gritándole a alguien en una combinación de inglés e italiano. Por lo que Draco pudo deducir, alguien no había atendido adecuadamente las plantas de su padrino en el internado donde enseñaba.
Draco tamborileó con los dedos sobre la mesa durante unos minutos antes de probar algunas de las piezas del medio por su cuenta. Fue inútil. Era la parte que necesitaba de dos personas. Así era como funcionaba. Cuando la conversación de su padrino se hizo más acalorada, Draco se deslizó de su silla y subió sigilosamente las escaleras.
—¿Harry?.
Harry abrió los ojos ante el sonido de su nombre. Le llevó un momento orientarse. Estaba acostado en la cama de invitados en la casa de Draco con una suave manta que lo cubría. Su nuevo libro estaba acunado en el hueco de su brazo. Miró alrededor de la habitación y vio a Draco de pie en la puerta. —¿Draco?— graznó.
—¿Por qué estás durmiendo?
—Estoy cansado—, dijo Harry, deseando poder volver a dormirse.
—Bueno, deja de estar cansado. Tío Severus está hablando con alguien y no tengo a nadie para armar el rompecabezas conmigo.
—¿Y entonces...?
—¿Entonces? Tienes que venir y ayudarme—, espetó Draco.
—No, yo no—, siseó Harry. —No quiero ayudarte a armar ese estúpido rompecabezas. Quiero leer mi nuevo libro y tomar una siesta.
—¡Bueno, eso no es lo que quiero!— Draco dijo, su voz subiendo de tono.
—¡Qué mal, Draco! No quiero y no tengo que hacerlo.
Sin que los niños se percataran, Severus había subido las escaleras al sonido de sus pequeñas y enojadas voces. Por mucho que hubiera querido evitar esa confrontación, tal vez era mejor que la tuvieran en ese momento, antes de que una consentidora Narcissa pudiera ponerle los pelos de punta. Tanto Draco como Harry tenían lecciones que aprender, Severus lo sabía.
Draco jadeó. Estaba tan enojado. Se quedó allí, esperando que Harry se levantara de la cama y bajara a la cocina con él. Pero Harry no lo hizo. En cambio, volvió su atención a su nuevo libro, tratando de pronunciar las palabras en latín. El hecho de que Harry eligiera al libro sobre él, que Harry eligiera a su padrino sobre él, hizo que Draco hirviera de celos. Cruzó la habitación y arrebató el libro de las manos de Harry. —¡Quiero trabajar en el rompecabezas!.
—¡Entonces ve a trabajar en el rompecabezas!— Gritó Harry mientras alcanzaba su libro.
—No. Tienes que trabajar en eso conmigo.
—No, no voy a hacerlo, Draco. ¡Dame mi libro!.
—¡NO!.
—¿Por qué estás haciendo esto?— Harry gritó mientras se desenredaba de las mantas y se ponía de pie.
—Porque... porque,— dijo Draco, buscando a tientas la respuesta, —¡Porque eres mi chico! ¡Mi león! ¡Mi Harry! ¡Tienes que hacer lo que yo diga!— dijo bruscamente.
La boca de Harry se abrió en estado de shock. —No soy una cosa—, siseó. —No te pertenezco—, rugió. —No quiero armar tu estúpido rompecabezas y no voy a hacerlo. ¡No soy un pequeño juguete que puedes golpear y hacerme hacer lo que quieras!— gritó. Se suponía que Draco era su amigo, no como... bueno, no como su familia que le ordenaban como si sus sentimientos no importasen.
Draco se quedó allí, parpadeando, sin tener idea de qué decir. El libro se cayó de sus manos y golpeó el piso con un fuerte golpe. —¿Qué dijiste?.
Harry jadeó y su mano voló a su boca. ¿Cómo pudo haber dicho tales cosas? Él no tenía permitido decir tales cosas. —Y-yo —, tartamudeó, con la intención de decir que lo sentía. Pero las palabras estaban atrapadas en su garganta, no dispuestas a acudir a él. En lugar de eso, corrió más allá de Draco y casi se chocó contra Severus mientras salía corriendo de la habitación. Al ver a Severus, Harry jadeó de nuevo, tartamudeó —Y-yo —, otra vez, antes de pasar corriendo junto a él y bajar por las escaleras.
Severus intentó evitar que Harry escapara, pero el chico era demasiado rápido. Severus estaba casi orgulloso de la fortaleza y el desafío de Harry. Hacerle frente a Draco, alguien que le hiciera frente a Draco, había tardado mucho en llegar.
—Draco,— gruñó Severus.
Draco dio media vuelta. Sus ojos se agrandaron al ver a su padrino.
—Siéntate,— ordenó Severus. —Creo que es hora de que tengamos una pequeña charla.
Severus escuchó los sorbidos antes de encontrar el origen. Harry se había escondido casi una hora atrás. Severus acababa de terminar su conversación con Draco. Ahora Draco estaba llorando por su cuenta.
Severus se movió por el sótano, caminando hacia los sollozos. Ah, el escritorio. Harry estaba escondido debajo del escritorio. Severus suspiró y se frotó la parte posterior del cuello con la mano. —Karma, será mejor que obtenga algo de buen karma por esto—, murmuró para sí mismo, mirando hacia el cielo, antes de que se agachara y avanzara arrastrando los pies. Era muy poco digno, se arrastraba por el sucio suelo del sótano, y Narcissa escucharía de eso por años. Se detuvo cuando pudo distinguir un pequeño cuerpo apretujado contra la parte trasera del escritorio.
—¿Qué estás haciendo allí? Vas a atrapar tu muerte.
Harry volvió a sorber. —Lo siento, señor—, murmuró.
Se veía tan pequeño, tan vulnerable, sentado, hecho una pequeña pelota en la esquina trasera del estrecho escritorio. Harry volvió a sorber. Severus le pasó otro pañuelo. Comenzaba a gustarle el chico, tanto como odiaba admitir algo tan tonto y sentimental.
—Gracias—, susurró Harry.
Severus dejó pasar unos momentos antes de volver a hablar. —Eso fue terriblemente grosero, te lo hago saber.
Harry dejó caer la cabeza. —Yo-yo...
Pero antes de que pudiera terminar, Severus comenzó a hablar de nuevo. —Las reglas dictan que uno debe darle a su oponente la oportunidad de salvar su pellejo y disculparse adecuadamente después de ser derrotado. Draco te debe una disculpa, muchacho. Fue una grosería no permitir que te la diera.
Harry levantó la cabeza. —¿Qué?.
—Sal de allí—, dijo Severus. —No tendré esta conversación con un niño enfermo que se esconde bajo muebles viejos y polvorientos en un sótano con corrientes de aire. Tu capacidad para el melodrama supera a la de Draco, lo que nunca hubiera creído posible. No es de extrañar que esté tan enamorado de ti.
—¿Qué?— Dijo Harry, sin entender la mitad de lo que Severus acababa de decir.
—¡Sal de ahí, en este instante!.
Harry se apresuró a cumplir. Abrió la boca para disculparse.
—Detente. Cesa. Desiste. No más disculpas. Me estás dando un maldito dolor de cabeza con todas tus disculpas.
Harry había comenzado a disculparse por eso también antes de detenerse.
—Ahora, Harry, sugiero que llevemos nuestros asuntos a otra parte. ¿Estás de acuerdo?.
Harry asintió. Aún no sabía exactamente de lo que Severus estaba hablando, pero siempre parecía mucho más feliz cuando Harry asentía.
—Muy bien. Sígueme. Limpia tu rostro—, dijo mientras miraba al chico con la cara enrojecida detrás de él.
Llegaron a la sala de estar, donde Draco, igualmente con las mejillas enrojecidas, se paseaba y se retorcía las manos. Al ver a Severus y a Harry, Draco voló hacia Harry y lo arrastró al sofá.
—Lo siento mucho, Harry. Lo siento. Realmente lo siento. Por favor, no dejes de ser mi amigo. ¡Por favor!— rogó.
Harry estaba más desconcertado de lo que había estado en toda su vida. ¿No debía ser él quien dijera esas cosas? —Sí, está bien—, respondió, sus ojos se dirigieron a Severus.
—Lo siento. Realmente lo siento. Simplemente... pensé... ¿Por qué no me dijiste que estabas enfermo?— dijo Draco mientras se preocupaba por amigo.
Harry negó con la cabeza. —No sé.
—¡Te dije que jugaría contigo aún si estuvieras enfermo! Solo porque esa vieja yegua malvada no...
—Draco, —amonestó Severus.
Draco puso los ojos en blanco. —Quiero decir, solo porque tu tía no me deja verte cuando estás enfermo no significa que no quiera jugar contigo.
Harry asintió. —Lo sé. Es mejor que no vayas a verme. No sirve de nada que te enfermes también.
—Sin embargo, aquí estás, infectándonos con tus estornudos—, dijo Severus, entrecerrando los ojos y evaluando.
El corazón de Harry voló a su garganta. ¡Él no estaba siendo cuidadoso! Tía Petunia siempre le decía que tenía que tener cuidado. —Yo-yo... Yo no... Solo quería...
—Sí, sí, solo querías jugar con tu amigo. Todos ustedes son unos pequeños cretinos egoístas —, dijo Severus.
Harry asintió. Con el paso de los años había descubierto que si se quedaba callado, las personas respondían por sí mismas y la respuesta generalmente era lo que querían creer.
—No importa. Lo que está hecho, hecho está. Sube las escaleras. A la cama, debajo de las mantas. Sin ruido, sin hablar, sin juegos bulliciosos—, dijo Severus mientras se levantaba y se retiraba a la cocina, hacia el rompecabezas medio terminar.
—Vamos, Harry—, dijo Draco mientras lo levantaba suavemente. —¿Quieres la radio? Me gusta la radio cuando no me siento bien. Te puedo contar otra historia sobre el Sr. Culpepper si quieres.
Harry asintió, todavía tambaleándose por los extraños sucesos del día.
(1) En inglés "where" (donde) se pronuncia de manera similar a wear (vestir). La frase original es Always wear underweare (Siempre usa ropa interior). Lo extraño es que la traducción literal de ubi no es "donde", sino "cuando" que en todo caso sería when, no where. No sé. jajaja
