Un Harry de diez años, sentado en el centro de la mesa del comedor miraba con júbilo y mal disimulada curiosidad el correo. La prolija escritura negra en los frentes de los sobres gruesos y cremosos hacía que los nombres mundanos de "Harry Potter" y "Dudley Dursley" parecieran casi reales. ¿Quién le enviado una carta? ¿Y a Dudley también? Mordisqueó su tostada, demasiado emocionado para comer más que unas pocas mordidas. ¡Él quería su carta!

—Padre, por favor, ¿puedo abrir mi carta?— Dudley preguntó de nuevo en un gimoteo de cerdito. Sus ojos pequeños y brillantes habían estado corriendo entre el correo y su desayuno toda la mañana.

—No hasta después del desayuno—, dijo Vernon por décima vez mientras pasaba la página del periódico de la mañana. —Petunia, ¿leíste la historia sobre este tipo yendo por allí robando macetas?— Vernon resopló. —¿Quién en su sano juicio podría robar una maceta? Una maceta siendo usada.

—Quiero abrir mi carta. ¡Ahora!— Dudley exigió mientras golpeaba sus puños carnosos sobre la mesa.

Vernon miró por detrás del papel. —Estoy tratando de leer, Dudders—, dijo antes de suspirar y gesticular hacia las cartas, —Bien, bien.

Dudley saltó hacia la suya, tomándola de golpe y enviando la de Harry al otro lado de la mesa donde aterrizó en el plato de mantequilla. Harry luchó contra el impulso de quitarla de allí.

Vernon miró a Harry cuando Dudley abrió su carta y arrojó el sobre detrás de él. —¿Supongo que querrás abrir tu carta también?.

Harry asintió.

—Bien, bien—, dijo antes de revolver las páginas del periódico y volver a la fascinante y apasionante historia sobre Mum Marauder.

Harry tomó su carta del plato de mantequilla y la limpió cuidadosamente con la esquina de su servilleta. A diferencia de Dudley, Harry examinó su carta durante bastante tiempo antes de abrir la solapa con su dedo índice. Sin prestar atención a la charla al final de la mesa, retiró la pesada cartulina de dentro. Había un hermoso dragón bailando en la parte superior de la tarjeta, respirando fuego y casi pareciendo animado. Harry la escaneó rápidamente. Era una invitación a la undécima fiesta de cumpleaños de Draco dentro de dos semanas. Harry pasó los dedos por las elegantes letras y sonrió.

—Aburrido—, bufó Dudley antes de dejar caer la invitación sobre la mesa y volver a su medio pomelo.

—Anda, anda, Duddekins,— murmuró Petunia mientras examinaba la invitación con un leve ceño fruncido. Ella miró a Harry. —¿Supongo que te enviaron lo mismo, entonces?— dijo mientras señalaba hacia la invitación.

Harry asintió.

Petunia suspiró. —Bueno, Dudders, tendremos que encontrar a Draco un regalo especial. No todos los días un joven cumple once años.

Dudley gruñó mientras terminaba su pomelo y miró el resto de la tostada de Harry.

Al ver esto, Harry acercó su pequeño plato de pan tostado hacia él y lo rodeó con su brazo, protegiéndolo, mientras miraba a Dudley.

Suspirando, la mirada de Dudley volvió a la invitación. La sacó del agarre suelto de Petunia y la apretó con sus manos carnosas, arrugando los bordes. Entrecerró los ojos y silenciosamente soltó algunas de las palabras escritas en ella. —Tempus? Lo-Locus? ¿Qué tipo de palabras divertidas son estas? ¿Qué significan?— Dudley murmuró.

—Es latín, Dudley. Tempus significa tiempo. Locus significa ubicación—, dijo Harry, ocultando su sonrisa detrás de su propia invitación.

Dudley lo miró con sus pequeños ojos saltones antes de lanzar la invitación sobre su hombro. —Tiene sentido que un pequeño fenómeno como tú lo sepa. Y que tu extraño amiguito te envíe una invitación de una fiesta de cumpleaños escrita en latín también—. Dudley resopló.

Harry lo ignoró y se concentró en su invitación, emocionado de ser incluido, sin prestar atención a la conversación sobre Mum Marauder o qué tipo de regalo costoso podría gustarle a un niño de once años.

—¿Recibiste la invitación?— Preguntó Draco mientras él y Harry caminaban por la calle hacia el parque.

—¡Si gracias!— Dijo Harry, radiante.

—¿Te gustó? Mamá la eligió —, dijo Draco, muy interesado en lo que pensaba su amigo. Últimamente, Draco se había vuelto bastante consciente de lo que la gente pensaba de él y sus decisiones, de lo que Harry pensaba.

—Es genial. Me encantó el dragón en la parte superior. Dudley no entendía el latín—. Dijo Harry con una risita cómplice.

—Tiene sentido—, dijo Draco con un movimiento en las cejas. Un peso curioso se levantó de él al darse cuenta de que a Harry le gustaba la invitación, que pensaba que era brillante, incluso. —Tío Severus envió la siguiente lección. ¿Quieres trabajar en ella conmigo? ¿Puedes quedarte a pasar la noche?

—Tendré que preguntar—, dijo Harry. —Pero, sí. Claro. No puedo creer que esté aprendiendo latín. ¡Por diversión!

—Sí, bueno, ese es el tío Severus. Siempre está preguntando por ti, ¿sabes?.

Harry sintió una cálida burbuja a través de él ante la idea de que alguien preguntara por él. —Oh—, dijo.

—Él viene a la fiesta, creo. ¿Vas venir?.

—Sí. Creo que tía Petunia habló con tu mamá sobre eso.

Draco asintió. —Me alegro de que puedas venir—, murmuró. —Mamá tiene chocolate eclairs[1]. ¡Solo para ti!.

Harry se detuvo en seco. —¿Sólo para mí?— preguntó.

Draco ladeó la cabeza. —Sí. ¡Considerando que te comiste casi todos la última vez!— Draco se rio mientras Harry se sonrojaba.

—Cállate. Tu madre dijo que podría tener tantos como quisiera.

—Y los tuviste, ¿no? ¿Quién podía pensar que un mocoso tan flacucho como tú podía comer tantos pastelillos rellenos.

—Soy un niño en crecimiento—, se defendió Harry olisqueando.

—E hiciste todos esos sonidos graciosos—, continuó Draco, imitando los gemidos de Harry con gran exageración.

Harry frunció los labios. —Sí, ¿y qué hay de ti y esas estúpidas rocas que encontramos la semana pasada?— Harry arqueó las cejas. —¡Oh, Harry! ¿Crees que es un tesoro?— imitaba con voz aguda mientras ponía sus manos bajo su barbilla.

—¡Oye, no sueno así! —, escupió Draco. La imagen se arruinó, sin embargo, cuando comenzó a reírse. —¡Al menos yo no hago todos esos sonidos graciosos cuando como chocolate!.

Harry se acercó para empujarlo, sus labios todavía fruncidos, pero sus ojos danzaban con diversión. Draco se escabulló, todavía riendo. Continuó imitando a Harry mientras Harry lo perseguía por la calle, tratando de empujarlo o hacerle cosquillas. Draco tomó represalias, y pronto ambos muchachos se estaban riendo y persiguiéndose el uno al otro mientras corrían el resto del camino hacia el parque.

Pasaron la tarde construyendo fuertes, jugando algunas cortas rondas de atrapadas y haciendo curiosas pilas de palitos por razones que solo conocen los niños pequeños. Completaron el día en el columpio mientras la tarde se desvanecía y las familias recogían y dejaban el parque.

—Oye, Draco. ¿Cómo es que no has tenido una fiesta antes?— Preguntó Harry mientras sus pies trazaban los surcos en el suelo debajo de él.

Draco se encogió de hombros. —Las tenía todo el tiempo cuando era más pequeño. Después de papá...— Draco se encogió de hombros de nuevo. —Simplemente no las tuve, supongo.

Harry asintió.

—¿Qué hay de ti? ¿Por qué no has tenido una fiesta de cumpleaños?— Preguntó Draco mientras se mecía perezosamente de lado a lado.

Harry se encogió de hombros. —No sé—, mintió.

—¿Es porque te enfermas mucho? Invitando a todos esos niños, quiero decir— Draco preguntó en voz baja. Era raro que le preguntara a Harry sobre lo qué le pasaba. Ya no enfermaba tan seguido y siempre parecía estar bien, así que Draco no vio razón para hacer demasiadas preguntas.

—Hmm—, dijo Harry en respuesta, dejando que Draco creyera lo que quisiera.

—¿Cuándo es tu cumpleaños, de todos modos?— Draco preguntó. —Es durante el verano, lo sé. Mamá y yo siempre adivinamos.

—Julio treinta y uno—, espetó Harry, mirando al suelo.

—Julio treinta y uno—, repitió Draco. —Tendré que recordar eso. Faltan solo cuatro meses. Tal vez podamos tener una fiesta para ti este año. Tú y yo, mamá, tío Severus, Pansy. Ah, y tus tíos por supuesto—, Draco se apresuró para agregar

Harry sonrió. —Claro—, dijo.

—Vamos, vámonos—, dijo Draco con un suspiro mientras se levantaba del columpio. Le tendió la mano a Harry. —Mamá se estará preguntando dónde estamos.

Harry echó un vistazo por la esquina de la sala de estar mientras Petunia se preocupaba por varios juguetes de colores brillantes. Era el día antes de la fiesta de cumpleaños de Draco y Petunia todavía estaba tratando de decidir sobre el regalo perfecto para Draco de parte de Dudley.

—¿Calabacita?— Petunia llamó. —¿Cuál de estos crees que le gustaría más a Draco?.

Dudley suspiró, se levantó del sofá y avanzó pesadamente hacia la cocina. Dirigió una mirada rápida a los dos regalos que Petunia levantó y se encogió de hombros. —No me importa—, dijo antes de regresar al sofá.

Petunia frunció el ceño, miró los dos regalos y se decidió por el más caro. —Este, entonces—, dijo, sacudiéndolo en dirección a Dudley.

Con gran esfuerzo, Dudley levantó la cabeza y miró el regalo que Petunia había elegido. —Lo que sea—, dijo antes de volver a su programa.

Harry suspiró. Sabía que el otro obsequio volvería a la tienda; de todos modos, no habría ningún regalo envuelto en papel de parte de Harry, cortesía de los Dursley. Sin embargo, no importaba, porque Harry estaba preparado.

Con un poco de adquisición creativa, se le ocurrió el regalo perfecto para Draco. Había dibujado un mapa del tesoro "genuino" -completo con pistas- en un pedazo de pergamino arrugado que había sacado de la papelera al lado de la secretaria de los Dursley. La señora Malfoy le había dado una vieja lata con tapa, que había rociado con pintura vieja que había encontrado en el garaje de los Dursley. La profesora de ciencias de la escuela había planeado tirar a la basura una gran cantidad de piedras semipreciosas: azurita, oro falso, cuarzo, pero Harry la había convencido para que se las diera. Puso las piedras en la lata y, con la ayuda de la señora Malfoy, enterró el pequeño cofre del tesoro en el jardín trasero de la casa de Draco. Había rasgado y arañado los bordes del pergamino antes de enrollarlo y atarlo con un trozo de cinta que había encontrado entre los suministros de regalo de su tía.

No podía esperar para dárselo a Draco, su mejor amigo. Su único amigo, en realidad. En los casi tres años que habían sido amigos, Harry había llegado a conocer a Draco bastante bien, y casi le había contado sus secretos más profundos. Pero, nunca lo hizo. No creía que Draco entendiera sobre su familia. Y no era como si alguna vez le doliera mucho, bueno, no tan a menudo, de todos modos. Muchos niños lo pasaban mucho peor que él.

El portazo de la puerta principal sobresaltó a Harry. Escuchó el gruñido antes de ver a su tío. Decidido a mantenerse fuera de su camino, Harry corrió hacia el pasillo, con la intención de subir las escaleras antes de que Vernon tuviera la oportunidad de avanzar más. Sin embargo, su sincronización fue terrible, y se las arregló para chocar contra Vernon en su lugar. Vernon cayó hacia atrás contra la pared, derribando el paragüero en el proceso, mientras que Harry rebotaba contra la otra pared y comenzaba a caerse.

—¿Por qué, pequeño monstruo ingrato?—, Siseó Vernon mientras se enderezaba. Agarró a Harry por el hombro, lo levantó y lo sacudió con fuerza.

—Lo lamento—, murmuró Harry, tratando de alejarse.

Vernon lo agarró con más fuerza, haciendo que Harry se estremeciera y gimiera.

—Lo lamentarás cuando termine contigo—, dijo Vernon mientras levantaba el revés de la mano hacia la cara de Harry.

—No—, gritó una voz.

Harry y Vernon miraron sorprendidos.

—Déjalo ir, Vernon—, dijo Petunia. —Ve a tu habitación, muchacho, y quédate ahí hasta que te llame—, le espetó a Harry.

Él asintió y al instante el agarre de Vernon se aflojó, subió las escaleras y corrió a su habitación. No tenía idea de qué había poseído a su tía para evitar que su tío lo golpeara, pero estaba agradecido por el pequeño favor.

Cuando oyó que se cerraba la puerta de la habitación de Harry, Petunia fue a la sala, le susurró algo al oído a Dudley, le dio varios billetes de cinco libras y lo vio salir de la casa antes de volverse hacia un desconcertado Vernon.

—¿Que te pasa?— Vernon rugió, una vez que la casa estuvo en silencio. Su cara estaba morada de furia. Sus manos estaban fuertemente apretadas en sus costados.

La mayoría de la gente habría retrocedido ante tal espectáculo. Petunia Dursley dio un paso adelante. —Debería preguntar lo mismo. ¿Qué pasó? ¿Por qué estás en casa tan temprano?.

Vernon miró hacia abajo y raspó sus zapatos sobre la alfombra jaspeada. "Esa buena para nada, eso sucedió. La estúpida gerencia creyó su montón de mentiras. Me destituyeron por seis meses. Justo en frente de los muchachos. ¿Y a qué sucede cuando llego?, ese muchacho bueno para nada viene y me empuja. ¡Necesita un castigo!.

Los dedos de Petunia rozaron el lado izquierdo de su elegante peinado francés con irritación. No solo el chico la avergonzaba, ahora su esposo también lo hacía. —Hoy no, Vernon. Encuentra otra manera de desquitarte—, dijo entre dientes.

—¿De qué estás hablando? Ese chico merece una buena paliza, estrellándose contra mí de la forma en que lo hizo. Sin modales, Petunia, ese pequeño monstruo no tiene modales. Debe aprender.

—No de esa manera. No esta vez.

Vernon se infló aún más, fanfarroneó y dio un paso adelante. Cuando no intimidó a Petunia, flaqueó y se desplomó contra la pared. —Nunca te ha importado, Pet. ¿Por qué ahora?— él gimió.

—¡Porque tiene que ir a esa maldita fiesta de los Malfoys mañana, por eso!.

—Pero...

—No, Vernon. NO. No puede 'enfermarse' y no puede tener un 'accidente'. Ya habrán suficientes especulaciones sobre tu... tu destitución, muchas gracias. No necesitamos más preguntas sobre el niño. Narcissa Malfoy está muy encariñada con él, ya sospecha que algo no está bien, no le daré munición a ella ni a nadie en este vecindario. ¿Necesito recordarte la conversación casi desastrosa que tuve con ella hace dos años? Me molestó durante meses por la información del médico del chico antes de finalmente darse por vencida. ¿Sabes lo duro que trabajo para mantenerlo fuera de la vista después de que lo has castigado? Y sé que el chico se lo merece, Vernon, así que guarda tus fanfarronadas. No es culpa nuestra que él haga todo mal, no lo es. No es nuestra culpa que se magulle tan rápido. Pero no todos entienden. Demasiadas preguntas, Vernon. No permitiré ninguna pregunta. ¿Entiendes?

—Bien—, gruñó Vernon. —Pero se va sin cenar el resto de la semana y se le encomendará el doble de tareas. Ese niño necesita aprender su lugar.

—De acuerdo—, dijo Petunia.

—Mantenlo fuera de mi camino, Petunia. O no seré responsable de lo que le pase a ese pequeño mocoso.

Petunia asintió.

Vernon se alejó, pateando el paragüero volcado mientras lo hacía. Una vez que se instaló frente a la tele, Petunia suspiró aliviada. No iba a permitir que ese chico arruinara su vida más de lo que ya lo había hecho, incluso si eso significaba interferir con su bien merecido castigo. Las apariencias eran todo en una ciudad como Little Whinging y Petunia tenía mucho por cubrir.

Dragones de papel bailaban con la suave brisa mientras los niños corrían y los adultos se quedaban a un lado. Verde, dorado, rojo, plateado, azul: los dragones formaban un espléndido despliegue de color contra la gran tienda de picnic que festoneaban. El clima inusualmente cálido había hecho una ideal fiesta de jardín.

Harry, Dudley y Petunia estaban de pie en el jardín, observando todo, cuando Narcissa los vio. —Ah, Petunia. Qué bueno verte—, dijo Narcissa con falsa dulzura. —Harry, Dudley, me alegra que pudieran unirse a Draco para su fiesta.

—Gracias por invitarnos, señora Malfoy—, murmuró Harry. Narcissa le guiñó un ojo, haciendo que Harry se sonrojara y mirara hacia otro lado.

—Sí, muchas gracias por invitar a los chicos a la fiesta—, dijo Petunia, mientras clavaba su huesudo codo en el costado de Dudley.

Dudley se salió de su estupor. —Sí, gracias—, dijo antes de caminar hacia la mesa de refrigerios.

—¡Harry!— Gritó Pansy mientras corría, lo agarraba de la mano y comenzaba a jalarlo. —Ven y siéntate conmigo—, lloriqueó. —Los chicos están corriendo y arruinando mi vestido de fiesta.

—Pero, yo soy un niño—, dijo Harry, desconcertado ante la insinuación de Pansy. —Quizás también quiera correr.

Pansy puso los ojos en blanco y tiró de su mano. Cuando él no se movió, ella cambió de táctica. —¿Señora Malfoy? Su jardín es adorable ¿Ha plantado algo nuevo? Digamos ¿Cerca de ese pequeño banco en el rincón más alejado?.

—Vaya, sí, Pansy—, dijo Narcissa, sofocando una risa ante las tácticas obvias de la niña. —Me sorprende que lo hayas notado, cariño.

—Draco mencionó algo sobre mostrárselas a Harry más tarde,— dijo Pansy mientras Harry entrecerraba los ojos y se inclinaba hacia adelante, tratando de distinguir cuáles eran las nuevas plantas.

Pansy le apretó la mano y parpadeó rápidamente. —Ven y dime ¿qué son, Harry?— ella persuadió con voz cantarina.

—Erm, claro—, dijo mientras le sonreía débilmente antes de despedirse rápidamente de su tía y de la señora Malfoy.

Petunia olfateó en su dirección, pero de lo contrario no hizo ningún reconocimiento de su partida. Estaba demasiado ocupada preparándose para la batalla de conversaciones cortésmente educadas en las que ella y Narcissa siempre parecían participar. Era una relación extraña que compartían, una basada en la desconfianza mutua y el miedo.

—Draco preguntó si Harry podía quedarse a pasar la noche. ¿Asumo que eso no será un problema?— Preguntó Narcissa.

—Por supuesto que no—, respondió Petunia mientras mostraba el regalo envuelto en brillante papel. —¿Dónde puedo poner esto? Es de parte de Dudley—, agregó Petunia.

Sin inmutarse, Narcissa sonrió, —Por allá—, dijo, señalando una mesa que ya crujía por el peso de los regalos. —Sin embargo, me atrevo a decir que a Draco le gustará más el regalo de Harry.

Un asomo de sorpresa revoloteó en la cara de Petunia. —Ya veo—, dijo ella. —No es de extrañar que Harry se haya negado a dejarme encontrar un regalo adecuado para él.

—Sí, estoy segura de que fue eso—, dijo Narcissa.

—¿Estás segura de que Harry no será un problema?.

—Por supuesto que no—, respondió Narcissa. —Tengo un pijama extra y cosas solo para él. Le encontramos algunas cosas adorables el otro día, Es una alegría poder comprar para él, ¿no crees? Siempre tan educado, feliz de tener todo lo que des. Extraño en realidad.

Petunia acomodó el suéter sobre sus hombros. Olfateó. —Qué afortunada eres de que el chi- que Harry realmente se comporte. Tiene modales atroces en cualquier otro momento.

—Interesante. Encontramos a Harry encantador. Ahora, sé que nunca nos has dado su información médica, pero me atrevo a decir que podría llamarte si algo pasara, no planeas escaparte de la ciudad sin dejar ninguna información, ¿verdad?— Preguntó Narcissa con una sonrisa.

La sangre de Petunia hervía. ¿Cómo se atrevía? ¡Cómo se ATREVÍA! Habían estado bailando de aquella forma durante dos años, ninguna de las dos quería que se divulgaran ciertos rumores. Pero, Narcissa siempre lo llevaba demasiado lejos. Porque podía. Sin importar qué, ella era la matrona de la sociedad en Little Whinging y Petunia Dursley, a pesar de sus grandes esfuerzos, todavía era vista como una perdedora. Y ahora, ese desagradable asunto con Vernon había empeorado las cosas. Petunia estaba segura de que todos en la fiesta lo sabían, podía decirlo por la forma en que todos la estaban mirando.

—Por supuesto que no—, se burló Petunia, fingiendo que el comentario de Narcissa había sido una broma, como si fueran viejas amigas.

—Maravilloso—. Narcissa miró a Petunia, como solía hacer a menudo. —Encantada de verte otra vez—, dijo con perfecta gracia y dignidad, sin lamentar ni una palabra.

—Debo decir, Narcissa, me sorprende que estés teniendo una fiesta tan grande para Draco, —soltó Petunia cuando Narcissa se dio vuelta para irse.

Narcissa dio media vuelta. —¿Por qué te sorprendería?.

—Bueno, con lo que ha sucedió, estoy sorprendida. Tener una fiesta grande. ¿Al aire libre? ¿Dónde alguien podría simplemente... entrar?— Petunia no estaba segura de lo que la había impulsado a actuar así, solo tenía que ver a Narcissa desmoronarse. Por una maldita vez, Narcissa iba a salir mal parada.

—Si tienes algo que decir, dilo—, siseó Narcissa, cansada de Petunia Dursley y, una vez más, maldiciendo el nombre de Lucius Malfoy. Soportaba a esa repugnante mujer para proteger a su familia, para proteger a Draco, pero estaba cansada de todo eso.

Petunia sonrió, sonrió genuinamente. Había logrado irritar a la reina de hielo de Magnolia Crescent. Habría querido mantener esa información para ella un poco más, mientras que en silencio reunía más, pero Narcissa lo había llevado demasiado lejos. —¿Quieres decir que no sabes?— empezó. —Lo leí justo esta mañana, que Trotter Blackmun había sido liberado de la prisión. ¿No solía vivir en Little Whinging? ¿No fue él el que estuvo involucrado en el trágico asesinato de tu esposo? Escuché que estaba relacionado con algún tipo de red criminal subterránea —. Petunia se estremeció en un esfuerzo por ocultar su alegría ante el rostro pálido y desdibujado de Narcissa Malfoy. —Personalmente, no podría imaginarme asociándome con un hombre así. Pero estoy segura de que Lucius no lo sabía. Y ciertamente pagó el precio, ¿no?— Escuché que Blackmun dijo algo sobre venganza.

Los ojos de Narcissa se movieron rápidamente hasta que encontraron a Draco. Ella se relajó, sabiendo que, por el momento, estaba a salvo. —Debo decir, Petunia, que hoy estás en excelente forma. Te felicito. Sin embargo, qué triste para ti que tengas que rebajarte a esto como un medio para ganar un lugar en la sociedad... uno para el que eres sumamente inadecuada. Pero, supongo que hacemos lo que debemos hacer. Si me disculpas, realmente debo atender a los otros invitados de Draco.

—Por supuesto, cariño—, dijo Petunia con una sonrisa maliciosa, pensando que había ganado esa ronda. —Me llaman los deberes en el hogar, después de todo. Los maridos, aunque sean criaturas maravillosas, pueden ser realmente exigentes, ¿no estás de acuerdo? Sin embargo, no sé qué haría sin el mío—. Su mano voló a su boca ante el ligero arrugamiento alrededor de los ojos de Narcissa. —Oh, cariño. Espero no haberte molestado— preguntó con fingida preocupación.

Nunca habían sido tan directas. Nunca había revelado su danza por lo que era. —Por supuesto que no, Petunia. Me imagino que necesita toda tu atención en este momento. ¿Qué pasa con ese terrible asunto en la compañía?—, Dijo en voz suficientemente alta para que los adultos que la rodeaban escucharan.

El rostro de Petunia perdió color.

—Mala forma de esa chica declarar que él pondría sus manos en... bueno, mejor no decirlo en compañía educada—. Varios adultos cerca se rieron. —¡Bueno, gracias!— Narcissa dijo con una brillante sonrisa, sin preocuparse ni un poco cuando Petunia se alejó enojada.

Narcissa escudriñó a la multitud hasta finalmente encontró a Severus. Siendo una criatura de hábito, estaba parado con Draco y Harry, examinando la hoja de una planta mientras Pansy resoplaba en el banco al lado de ellos.

—No, no, no—, ladró Severus cuando Narcissa se acercó. —Se pronuncia Calliandra. ¡Cal-li-an-dra! Pensé que estaban haciendo sus deberes—, dijo, mientras miraba con disgusto a Harry y Draco.

—Los hago, quiero decir, los estamos haciendo —, le respondió Harry. —¡No es mi culpa que ésta no esté en ninguno de ellos!.

Severus entrecerró los ojos. —Se ha vuelto bastante grosero, señor Potter. No me gusta la grosería. Has pasado demasiado tiempo con mi ahijado.

Harry y Draco intercambiaron una mirada y se rieron.

Severus suspiró y se pellizcó el puente de la nariz. —No toleraré nada de esto—, gruñó Severus. —Ahora, presten atención. Deben aprender a extrapolar. La raíz de la palabra es...

—Severus,— interrumpió Narcissa, —Necesito hablar contigo. Hola muchachos, Pansy. ¿Disfrutando de la fiesta?.

—Sí, señora—, murmuraron los tres.

—¿Maravilloso, Severus?— Preguntó Narcissa mientras tiraba de su brazo.

—¿Qué sucede, Narcissa? Estoy a medio a instruir a estos niños sobre las habilidades básicas que deberían haber aprendido hace años. Su falta de conocimiento es espantosa.

—Este realmente no es el momento para eso, Severus—, dijo Narcissa con los dientes apretados.

Severus observó la piel demasiado pálida, los ojos ligeramente abiertos y asintió una vez. —Muchachos, señorita, volveré—, dijo Severus antes de irse.

—Draco, ¿por qué no comienzas a abrir tus regalos? Harry, si lo ayudas por favor, y Pansy, ¿podrás señalar de quién es cada regalo?.

Los tres niños asintieron y corrieron a los regalos. Una vez que todos comenzaron a gritar "ohh" y "ahh", Narcissa se dirigió a Severus.

—¿Qué ha pasado?— preguntó sin preámbulo. Sus ojos encapotados buscaron la mirada asustada de Narcissa.

—¿Sabías que Trotter Blackmun salió de prisión hoy?.

La boca de Severus se abrió. —No lo sabía— , dijo mientras se acercaba. —¿Cómo lo sabes?.

—Esa vil mujer Dursley me lo restregó en la cara, insinuando que vendría detrás de mí o de Draco.

—¿Que planeas hacer?.

—No sé. Nada, tal vez.

—Tonto, —siseó Severus.

—Sí, sé lo que piensas. Si fuera por ti, estaría viviendo en tu casa y Draco estaría internado en Wolsford, pero me rehúso a doblegarme más de lo necesario.

—Cissa—, Susurró Severus, tomando sus manos entre las suyas, —esto ya no se trata de doblegarse. Si crees que hay un riesgo real, envía a Draco a Wolsford. Puedo protegerlo allí.

—Yo también puedo protegerlo—, susurró Narcissa.

Severus suspiró con exasperación y apretó sus manos antes de soltarlas. —Solo prométeme que lo pensarás. ¿Por favor?.

Narcissa asintió. —Deberíamos regresar a la fiesta.

—Narcissa, espera—, dijo Severus mientras impedía que Narcissa se fuera. —Lucius era mi mejor amigo. Era un buen hombre. Uno equivocado, pero bueno. Sí, se volvió codicioso. Sí, se involucró con el tipo equivocado. Pero, él te amaba, amaba a Draco. Eso tiene que contar para algo .

—No. No, Severus, por favor —, suplicó Narcissa.

Severus suspiró. —Me quedaré el fin de semana. Por cualquier cosa.

Narcissa asintió.

La fiesta había terminado hacía mucho. Harry y Draco estaban en pijama, revisando todos los juguetes nuevos de Draco. Cuando Draco se giró hacia un lado para guardar algo, Harry deslizó al regazo de Draco el rollo de pergamino que había estado escondiendo.

Draco se volvió sorprendido. —¿Qué es esto?— preguntó, mientras tocaba el rollo de pergamino.

—Er, feliz cumpleaños—, murmuró Harry.

Draco miró a Harry con curiosidad mientras halaba el nudo de la cinta y desplegaba el pergamino. Lo miró, sus ojos cada vez más abiertos a cada segundo. —¡Harry!— el exclamó. —¿Es esto lo que creo que es?.

Harry sonrió, emocionado por la forma en que los ojos de Draco brillaban de placer. —Sí. Es un verdadero mapa del tesoro. Lo hice para ti.

Draco asintió y miró su mapa del tesoro un poco más antes de declararlo brillante. Se puso de pie, agarró la mano de Harry y lo arrastró escaleras abajo. —¡Mamá!— gritó. —¡Ma-mi, tío Severus!.

Draco y Harry entraron en la sala de estar donde Narcissa y Severus estaban sentados demasiada cerca, hablando seriamente.

—¿Qué sucede, Dragón?— Preguntó Narcissa, alarmada. —¿Te asustó algo? ¿Viste algo?.

—Narcissa, por favor, —susurró Severus.

—¡No! Mira, ¡mira!— Dijo Draco, saltando de un pie a otro mientras empujaba su mapa del tesoro en dirección a su madre y su tío.

Severus tomó el pergamino y lo examinó. Una pequeña sonrisa jugó en sus labios después de varios segundos. —Parece que has encontrado un mapa del tesoro—, dijo.

—No, Harry lo hizo para mí. Por mi cumpleaños. Hay un tesoro real, tío Severus—. Dirigiéndose a su madre, Draco dijo: —Mamá, ¿podemos ir a buscar el tesoro ahora?.

—Por supuesto que no—, se rio. —Es tarde, Draco. Ambos necesitan dormir.

—Bien, ¿mañana?.

Narcissa se mordió el labio. Ella no iba a dejar que Draco desapareciera de su vista. Ni por un segundo. —Tal vez más tarde Draco. Ya veremos.

—Pero, mamá—, gimió Draco.

—Draco—, advirtió Severus.

—¿Pero por qué?— Draco continuó gimiendo.

—Este no es el momento para esto—, siseó Narcissa. —Deja de actuar como un niño mimado.

Pronto Draco, Narcissa y Severus estaban gritándose el uno al otro, golpeando el piso con los pies. Harry se apartó, más y más lejos del conflicto.

—Es un regalo de Harry. No puedes evitarlo. Quiero encontrar el tesoro, y lo haré—, desafió Draco.

—¡Dije que no!— Narcissa estalló.

La habitación quedó en silencio, salvo por el jadeo de Draco. Harry estaba parado en las sombras. Observando. Nunca había visto a la señora Malfoy tan enojada. Lo asustaba.

La cara de Draco mostró enojo, le arrebató el mapa del tesoro a Severus y corrió escaleras arriba hacia su habitación.

—Draco—, llamó Narcissa, corriendo detrás de él.

Severus se sentó en el sofá y puso su cabeza entre sus manos. Harry se quedó quieto y (pensó) sin ser detectado. Harry miró fijamente el patrón en la alfombra persa en el suelo, y se encontró preguntándose cuándo los Malfoy la habían comprado, preguntándose si habían buscado y buscado hasta que habían encontrado esa alfombra en particular. Se preguntó si les había complacido finalmente encontrarla, se preguntó cuántas peleas, lágrimas, sonrisas y risas había presenciado la alfombra.

—Tus pistas fueron bastante ingeniosas—, murmuró Severus después de varios minutos.

—¿Qué?— Dijo Harry, sacudido por sus meditaciones.

Severus levantó la cabeza. —Dije que tus pistas eran bastante ingeniosas. En el mapa del tesoro. Una buena demostración, señor Potter. Un regalo muy bien pensado.

Harry tragó saliva y dio algunos pasos vacilantes desde las sombras. —Gracias—, susurró.

Arriba, Draco y Narcissa continuaron discutiendo. Harry levantó la vista y se mordió el labio.

—No te preocupes por ellos—, dijo Severus.

Harry volvió su mirada hacia Severus. Asintió.

—Todo irá bien. Todos los niños pelean con sus padres. Estoy seguro de que has tenido algunas disputas con tus tíos.

Harry miró hacia abajo, de nuevo al patrón en la alfombra. Podía sentir la pesada mirada de Severus sobre él. En lugar de responder la pregunta de Severus, Harry le preguntó: —Está enterrado en el patio trasero. El tesoro, quiero decir. ¿Qué está mal? ¿Por qué está tan enojada?.

Severus suspiró. —No hay nada de lo que preocuparse, Harry. Y estoy seguro de que puedo convencer a Narcissa para que me permita supervisar su pequeña expedición de búsqueda de tesoros—, dijo con una sonrisa burlona.

Harry asintió. El silencio descendió entre ellos, los sonidos apagados de Draco y la señora Malfoy apenas rompiendo el silencio. Harry tragó saliva. —Er, Calliandra. Nos estaba hablando de la Calliandra—, dijo. Las plantas, Harry había descubierto, siempre eran un tema seguro. A diferencia de las personas o las emociones, las plantas no podían lastimarlo o albergar malas intenciones. Y hablar de plantas era como tener una conversación agradable a la intemperie, pero sin la parte seria. A menos que estuvieras hablando con el señor Snape, por supuesto.

Severus se animó, claramente con la misma idea que Harry. —Sí, lo estaba—, dijo, haciendo un gesto hacia el asiento junto a él.

Harry se deslizó en el asiento y dobló sus piernas debajo de él. —Er, Calli significa hermosa, ¿verdad?.

—Correcto. ¿Y Andra? ¿Sabes lo que significa?.

Harry frunció el ceño mientras pensaba por unos momentos. —No señor.

—No esperaba que lo hicieras. Andra se refiere a los estambres de la planta: las partes masculinas de la flor.

—¿Partes masculinas? — dijo Harry con un chillido y un sonrojo.

Severus rodó los ojos. Abrió la boca para hablar, pero antes de que pudiera, Draco y Narcissa regresaron a la sala de estar. Ambos parecían haber derramado una lágrima o dos.

—Narcissa—, dijo Severus, feliz de cambiar de tema, —¿por qué no me dejas supervisar la búsqueda del tesoro de los chicos mañana? Me gustaría encontrar algunos especímenes de árboles nativos para llevar a la escuela y estoy seguro que a los niños no les importará si nos detenemos de vez en cuando para poder obtener un corte.

Draco miró a Narcissa, suplicándole.

Ella suspiró. —Sí, está bien. Además—, dijo con un guiño hacia Harry, —no queremos que todo el duro trabajo de Harry se desperdicie.

Harry se sonrojó y no pudo sofocar su pequeña sonrisa. Se preguntó, no por primera vez, si así era ser parte de una familia real.

Draco se llenó de alegría y comenzó a juntar sus "provisiones", exigiendo mantequilla de maní y sándwiches de miel, manzanas, cajas de jugo, palas, lámparas y cualquier cosa que se le ocurriera.

Narcissa se rio cuando quedó atrapada en el entusiasmo de Draco. Incluso Severus se unió, sugiriendo que las naranjas eran una mejor opción que las manzanas y señalando la necesidad de un pequeño diario y unos pocos lápices para documentar la aventura. Harry se sentó y observó, se rio entre dientes, y volvió a mirar la alfombra. Sonrió, sabiendo que él era parte de ese recuerdo. Se sintió conectado con esas personas, se sintió entrelazado en los patrones y ritmos de sus vidas, tal como ellos estaban entrelazados con la suya.


[1] El chocolate Eclairs es una especie de pan alargado relleno de chocolate.