—Buenos días, Potter,—Blaise dijo arrastrando las palabras mientras giraba la perilla de la ducha junto a la de Harry y se ocupaba de sus asuntos.
Harry hizo una mueca y se arrastró lo más lejos posible de Blaise. Su primera semana en Wolsford había sido una rápida demostración de la vida allí y había tenido muy poco tiempo para convivir con otros chicos de quince años. Se había sentido realmente mortificado cuando se había enterado de que solo los prefectos y los premios anuales tenían baños privados. Las duchas comunes eran demasiado normales para ellos, aparentemente. Harry, quien nunca se había embarcado o participado en deportes o educación física, nunca había sufrido ese particular rito de iniciación. Lo hacía sentir muy consciente de su cuerpo de una manera en la que nunca antes se había detenido a pensar. Eso, por supuesto, lo hacía sentir incómodo, al igual que la forma en que los otros chicos llevaban a cabo conversaciones bulliciosas y tomaban prestado el champú de los demás con la despreocupación de pedir el azúcar en el té.
—Tienes el Coloquio de Botánica esta tarde, ¿verdad?— Preguntó Blaise mientras se lavaba en círculos perezosos.
—Sí—, dijo Harry con los dientes apretados mientras fregaba lo más rápido posible. Había decidido que, para evitar la indecencia de tener que bañarse con los otros chicos, se levantaría a las cinco en punto todas las mañanas. Blaise Zabini también resultó ser madrugador. Una completa tontería.
—Cuida tu en esa clase, Potter. Los castigos del profesor Snape y las ataduras de lengua[1] son legendarias. Mantén la cabeza gacha y no llames la atención. Lo último que quieres es ser la primera persona llamada en su clase. Confía en mí. He escuchado historias —, dijo Blaise con una rápida mirada en dirección a Harry, como para agregar énfasis.
Harry se lanzó a la esquina de la ducha, fingiendo lavarse el pelo. Las duchas estaban muy separadas, y estaban separadas por pequeñas paredes que llegaban hasta la cintura, esas pequeñas indulgencias solo daban la ilusión de privacidad. Uno podía ver todo si uno quisiera mirar. Harry no estaba mirando y tampoco quería mirar. De hecho, estaba haciendo grandes esfuerzos para evitar mirar o ser observado. —Honestamente, ¿esta maldita y costosa escuela no puede permitirse duchas privadas?—. Harry murmuró para sí mismo mientras se lavaba tan rápido como podía.
—¿Qué dijiste?— dijo Blaise mientras se inclinaba hacia atrás y miraba por encima del muro a Harry.
Harry volvió la cabeza. —Dije, gracias por el consejo.
—No hay problema.
Harry esperaba que Blaise hubiera terminado con su parloteo, pero fue en vano. Justo cuando comenzó a relajarse, Blaise comenzó de nuevo. —Solo tres semanas más para la primera fiesta oficial en la cabaña. La lista de invitados es muy exclusiva, ya sabes. Por supuesto, ser mi compañero de dormitorio y amigo de Draco te otorga un lugar automático en la lista. Es una fiesta fantástica. Las chicas de Collenton estarán allí —, dijo Blaise en voz cantarina y un movimiento de sus cejas.
—De acuerdo. Fiesta. Gracias—, dijo Harry, mientras lavaba lo último del jabón, apagaba la ducha y agarraba su bata. Nunca había estado más agradecido por la insistencia de la señora Malfoy de que tuviera una bata. —Nos vemos—, dijo mientras recogía sus cosas y corría hacia su armario.
Harry sabía exactamente lo que Blaise había estado tratando de transmitir con ese movimiento de cejas. Sus compañeros de dormitorio habían estado hablando sin parar sobre la próxima fiesta. Ron no podía esperar para despertar junto a Hermione, tan pronto como ella se lo permitiera, por supuesto y si los chistes eran algo cercano a la realidad, no estaba muy lejos de ocurrir. Mucho peor era el paso fanfarrón que Blaise había adoptado cada vez que surgía el tema de las chicas de Collenton, lo que inevitablemente conducía a francas discusiones entre Blaise y Draco sobre su destreza sexual, y las risas culpables de Ron acerca de cuál de las chicas Collenton se había hecho senos.
Que los adolescentes pensaran en esas cosas no era nuevo para Harry, incluso si él no pensaba en esas cosas ni participaba en esas conversaciones. Lo que era bastante sorprendente era que sucediera en Wolsford. Honestamente, creía que las conversaciones gráficas sobre el sexo (muy mal informadas, pensaba Harry), el tamaño y la sensación de los pechos de las chicas, masturbarse —Dios, hablaban incesantemente sobre masturbarse— y cómo saber si una chica era fácil, estaban restringidos a los lavabos de su antigua escuela local, o a la trastienda de pubs poblados por borrachos de baja clase. Era desagradable, realmente. ¿No tenían ningún sentido del decoro? Aparentemente no. Que Harry no tuviera nada para contribuir (aparte de un maldito sonrojo exasperante en la punta de sus orejas que no podía hacer desaparecer) le había provocado una serie de bromas sobre ser tenso e ignorante de los placeres del mundo. Ron y Blaise habían decidido que era su misión personal familiarizar a Harry con todos sus vicios favoritos. Harry no pensaba que fuera una buena idea, pero no dijo nada. Draco simplemente se había burlado de ellos y había dicho algo desagradable sobre sus elecciones en vicios.
La agitación de sus soñolientos compañeros de dormitorio hizo que Harry volviera al presente. Era hora de prepararse para las clases. Sintió un escalofrío de nerviosismo mientras se ponía el uniforme. Se preguntó si ese sentimiento alguna vez desaparecería. Miró al chico en el espejo. Esta vez no parecía tan extraño e inaccesible.
—
Draco paseaba por los pasillos de Wolsford como si fueran parte de su feudo y todos los otros chicos estuvieran allí para trabajar sus tierras. Se volvió hacia Harry, a quien estaba buscando para su próxima clase, y le recordó que estaría esperándolo al final de la clase para llevarlo a cenar.
—Draco, te dije que no necesito una escolta para cada maldita clase.
—Casi te pierdes de camino a la clase de literatura el otro día y esos chicos mayores te hubieran enviado a la Torre Norte, hacia la clase de Historia, si yo no hubiera estado allí y los hubiera escuchado. Estás nervioso. Solo estoy tratando de hacer lo posible para que sea un poco más fácil para ti. Es un maldito castillo, Harry, es fácil perderse.
—No estoy nervioso.
—De todo lo que acabo de decir, ¿eso es en lo que te enfocas?.
Harry se frotó los ojos y dejó de caminar. Estaba cansado, abrumado y de mal humor y estaba aterrorizado por el Coloquio de Botánica. No le importaba mucho lo que sus otros profesores pensaran de él, pero el Profesor Snape era completamente diferente. —Está bien. Estoy un poco nervioso—, admitió. Se dejó caer contra la pared y se mordió el labio.
Draco puso los ojos en blanco y se inclinó junto a él, golpeando a Harry en el hombro para llamar su atención. —No tienes nada de qué preocuparte. Has sobrevivido a Literatura, Matemáticas, Biología, Latín e Historia —no puedo creer que trajeron a al aburrido y viejo Binns de vuelta, por cierto— y a una reunión con el chiflado de nuestro director el lunes. Has sido medido, analizado y probado en todas las clases y has salido completamente ileso.
Harry se puso un poco pálido ante eso. —¿Qué quieres decir con 'medido y analizado y probado'?.
—Una vez más, Harry, enfocándote en las cosas equivocadas. Lo importante es que estás a punto de entrar a una clase, un lugar, donde sabes que vas a destacar y donde tienes al profesor en tu esquina. Relájate y ve a jugar con tus plantas.
—No juego con las plantas, Draco.
—Enfoque. Incorrecto. Otra vez.
Harry bufó. —Gracias—, dijo.
—Cuando quieras. Ahora, listo. Después de la cena, pensé que podríamos empezar a trabajar en la revisión de nuestro ensayo de Literatura.
Harry se mordió el labio. —Um. De alguna forma dije que estudiaría Biología con algunos de los otros chicos en la Biblioteca Principal después de la cena.
La sonrisa de Draco en respuesta era tan rígida y tensa como sus hombros. —Por supuesto. Después de eso, entonces.
—Uh, claro. Nosotros... yo... podría llegar algo tarde...— Harry se detuvo.
Algo brilló en los ojos de Draco, algo que Harry no pudo comprender en la fracción de segundo que se mantuvo. —No hay problema—, dijo Draco con perfecta y fría cortesía mientras se alisaba los pantalones. —De todos modos, debería empezar a ayudar a Blaise a coordinar la lista de invitados para la fiesta.
—Sobre eso. Estaba pensando en no ir. Nunca terminaré todas mis tareas a tiempo y tenemos ese ensayo en pareja de Literatura inmediatamente después. ¿Y si nos atrapan? Realmente no quiero ser expulsado después de solo estar aquí unas semanas. Así que, sí, no creo que vaya.
—No puedes hablar en serio—, jadeó Draco, cambiando su comportamiento. —Mira, Harry, la fiesta es durante las vacaciones escolares oficiales. El hermano de Blaise nos llevará a ti, a mí y a Blaise durante el fin de semana. No hay de qué preocuparse. Además, no puedes perderte esa fiesta.
—No soy una persona fiestera. No he asistido a demasiadas, ya sabes.
—Has estado en mis fiestas.
Harry soltó una breve carcajada. —Sí, cuando cada uno cumplió once años. De alguna manera dudo que esta fiesta sea del tipo torta y ponche.
—Oh, habrá ponche—, dijo Draco con un movimiento de sus cejas.
Harry lo estudió por un largo rato. —¿Tomas clases de eso?.
—¿Clases de qué?
—Arremeter maliciosamente con las cejas. Parece que cada vez que alguno de ustedes quiere hacer insinuaciones o discutir planes clandestinos, mueve las cejas. ¿Cómo lo hacen? De todos modos, ¿no cree que los profesores lo notan? Todo ese movimiento antinatural de cejas seguramente llamará la atención de alguien.
El rostro de Draco pasó de pálido a rojo brillante y luego a pálido de nuevo, todo mientras su mandíbula se movía arriba y abajo como un pez desembarcado. —Mira, Potter—, comenzó, pero se detuvo ante la risa de Harry. —Así que piensas que eres gracioso, ¿verdad? Solo por eso, no mencionaré que hablé con el guardabosque, el señor Hagrid, sobre enseñarte a montar fuera de clases, o que él dijo que sí, o que dijo que podría considerar dejar que te subieras a Buckbeak algún día, —dijo Draco mientras giraba sobre sus talones y comenzaba a alejarse.
—¡Draco, espera!.
Draco se giró, su rostro presumido y desdeñoso. —¿Sí? Oh, lo siento, espero que mis cejas no se muevan. Sé cuánto te ofende.
—Deja de ser un idiota, ¿realmente le preguntaste? ¿Realmente dijo que sí?— Harry cuestionó en una carrera sin aliento.
Draco sonrió. —Claro. Te dije que lo convencería, ¿no? Comenzaremos la próxima semana, primero veremos cómo te va con una de las yeguas más grandes. Asumiendo que puedes hacerte tiempo entre tus citas de estudio.
—Brillante—, dijo Harry, sin darse cuenta de la amargura en la voz de Draco sobre las "citas de estudio" de Harry. La campana sonó a lo lejos y varios estudiantes corrieron por allí. —Esa es mi señal, creo. Nos vemos—, dijo mientras se despedía y corría hacia el salón de clases.
—Nos vemos—, dijo Draco a espaldas de Harry, sintiéndose inquieto por algo, pero incapaz de entender lo que era.
—
Lo primero que Harry notó fue que, incluyéndolo a él, solo había unos doce estudiantes en la clase del Coloquio. Lo siguiente que notó fue que diez de esos estudiantes estaban en grados superiores, dejándolo a él y a un tímido chico llamado Neville Longbottom, que también estaba en el año de Harry. Neville parecía tan asustado en esa clase como en literatura, donde había dejado caer sus libros y había enviado a volar sus libretas y bolígrafos solo tratando de llegar a la clase. Harry había comenzado a pararse para ayudarlo, pero se detuvo cuando Draco y Blaise se burlaron y bromearon sobre la torpeza de "Nervioso Neville". Al ver a Neville en ese momento, tan inseguro y desconfiado como antes, Harry lamentó aquella decisión y decidió rectificarla.
—Disculpa, ¿el asiento está ocupado?— Harry le preguntó a Neville, quien se alarmó enormemente al ser notado por otra persona y envió su kit de disección al suelo y casi se cae de su taburete. Harry hizo una mueca ante las risas a su espalda. Ese sentido de superioridad, de desdén por parte de los otros estudiantes era lo que había estado esperando todo el tiempo, solo que había esperado que fuera dirigido a él. Que estuviera dirigido a otra persona, y que Harry tuviera que tomar una decisión acerca de cómo lidiar con eso, era un dilema sorprendente con el que se había encontrado. Si hubiera estado en su ex-escuela integral, Harry se habría reído junto con los otros estudiantes, habría dicho algo inteligente y habría encontrado otro lugar donde sentarse. Little Whinging se había tratado de supervivencia y sobrevivir significaba mantener la cabeza baja y permanecer fuera de reflectores tanto como fuera posible. Pero ya no estaba en Little Whinging. Se negaba a dejar que su nueva vida fuera dictada por las mismas reglas.
—¿Puedo?— Harry preguntó de nuevo, cuando Neville permaneció con los ojos abiertos y en silencio.
—Por supuesto,— tartamudeó Neville.
—Gracias. Er, soy Harry Potter, por cierto—, dijo mientras se sentaba y le tendía la mano.
Neville pareció asustado por un momento antes de empujar su propia mano y sacudir la de Harry con demasiado entusiasmo. Su radiante sonrisa hizo que Harry se sintiera un poco triste. —Es un placer conocerte, Harry. Soy Neville. Neville Longbottom.
Harry no tuvo la oportunidad de decir nada más, porque en ese momento la puerta en la parte posterior de la habitación se abrió de golpe. El chasquido y el crujido de gruesas túnicas sonaron al tiempo que unos pasos seguros cortaron el aire, precediendo al Profesor Snape como una banda de heraldos.
—Dejen de parlotear y siéntense derechos, miren hacia adelante—, ordenó el Profesor Snape mientras caminaba a zancadas a través de la clase y hacia el frente. Se giró con la precisión de un cuchillo antes de desplegar sus manos de dedos largos y dejarlas sobre el podio. La habitación estaba en silencio.
—Soy el profesor Severus Snape. Cada uno de ustedes está aquí porque ha mostrado cierto interés en la botánica y cierta capacidad en el área de las ciencias biológicas. Tenemos demasiado material por cubrir en este curso, lo que significa que trabajarán muy arduamente en esta clase. Tendrán mucho trabajo por hacer y no suficiente tiempo para hacerlo. Sospecho que me considerarán horriblemente injusto en mis tareas y mis calificaciones. No me gusta la indulgencia, así que no esperen estrellas de oro en sus frentes —, Dijo el profesor Snape con una sonrisa burlona.
El profesor Snape soltó una breve carcajada. Harry se preguntó por qué, pero luego Neville susurró que otro profesor solía distribuir estrellitas de oro y había sido despedido por sus bajos estándares académicos.
—Exijo lo mejor de cada uno de ustedes—, continuó el Profesor Snape, poniendo fin a las risitas y al murmullo. —Sí creo que no están trabajando con todo su potencial, me reservaré el derecho de rechazarlos. Miren por la habitación, señores. Algunos de ustedes se irán de Wolsford a fines de año y otros presentarán exámenes antes de pasar a los A Levels. Puede que estén en años diferentes, pero en esta clase todos serán tratados de la misma manera. No hago excepciones. Todos deberán cumplir con los mismos rigurosos estándares. Algunos de ustedes no podrán, pocos los superarán. Esos pocos serán mis asistentes de investigación para el proyecto de este año. Si creen que es demasiado para ustedes, márchense. Ahora.
Harry estuvo tentado a irse. Lo que había pensado que sería un momento fácil, bueno, más fácil que sus otros cursos, se había convertido en una pesadilla. Sus manos se arrastraron hacia su mochila, pero antes de que pudiera agarrar la correa del hombro correctamente, la mirada del Profesor Snape se posó en él y le dijo en silencio: "No te atrevas". Harry miró hacia atrás en silencio mientras las manos se desenroscaban de la mochila y volvían a su regazo.
—Muy bien—, dijo el profesor Snape, ya que ningún otro estudiante había hecho el intento de irse. Cruzó sus brazos dentro de las voluminosas mangas de su túnica. Se apartó del podio. —A muy pocos estudiantes se les permite estudiar el noble y sutil arte de la Botánica. Puedo enseñarles a crear cosas que creían inimaginables: flores tan hermosas y con un perfume tan potente que atrapan y embrujan, plantas tan prodigiosas que parecen multiplicarse y dividirse frente a sus ojos, híbridos tan raros que jurarán que son de otro mundo. Sin embargo, antes de que podamos lograr esas cosas, está la cuestión de los fundamentos.
El Profesor Snape voló a su podio y deslizó el dedo índice de su mano derecha hacia abajo sobre una página. —Señor Potter—, ladró, —¿Cuál es el propósito de la clasificación del nombre botánico?
Harry sintió como si hubiera sido alcanzado por un rayo. Las palabras de Blaise de esa mañana volvieron a él y sonaron como una campana clamando dentro de su cabeza. No podía creer que el Profesor Snape lo hubiera llamado. ¿Por qué le estaba haciendo eso? ¿A él? ¿No sabía lo nervioso que estaba? ¿Era realmente tan cruel?
—Señor Potter, estamos esperando—, dijo el Profesor Snape, todavía estudiando las tiras de papel en su podio, como si no quisiera molestarse en mirar a Harry.
Harry se sonrojó de vergüenza cuando varios de los estudiantes mayores se rieron. Sus manos, sin embargo, se enroscaron con ira. No sería la burla de nadie. Estaba furioso con el Profesor Snape. —Proporcionar una clasificación neutral de flora y fauna libre de identificadores culturales y locales—, ladró Harry, sin importarle que sonara beligerante.
—Es correcto—, dijo el Profesor Snape, aún sin levantar la vista. —Un ejemplo, por favor, Cirsium lecontei, tal vez. Defínalo, señor Potter.
Los ojos de Harry se abrieron con sorpresa. Su boca se abrió un poco y sus manos se desenroscaron antes de agarrarse. Harry no le prestó atención al susurro furioso que barría detrás de él o a los sonidos estrangulados que venían de Neville. El Profesor Snape no estaba siendo cruel en absoluto; estaba siendo extrañamente amable.
—Cardo, señor. Cirsium desciende del griego, que significa cardo. Lecontei hace referencia a LeConte, el botánico al que se le atribuye el descubrimiento de esa especie particular de cardo.
—Sus atributos físicos, Sr. Potter.
Más sonidos furiosos de susurros y ahogamientos le siguieron. —Flores rosadas, señor, y una púa desagradable.
—¿Por qué entonces, señor Potter, no lo llaman simplemente cardo rosado con una púa desagradable?.
Unas cuantas risas estallaron. Harry sonrió también, pero por razones diferentes que nadie más en la sala entendería a menos que se hubieran encontrado con el Profesor Snape como un niño curioso de ocho años. —Porque hay una gran cantidad de especies y variedades de cardo rosado, señor, pero solo hay un Cirsium Lecontei.
—Precisamente. Dígame, señor Potter, por qué es eso importante.
Harry se mordió el labio y trató de pensar en una respuesta. El Profesor Snape había dejado de lanzar preguntas fáciles. Dependía de Harry resolver eso. —Cada especie de planta tiene sus propias peculiaridades. Aunque, a primera vista, dos tipos de cardo rosado se parezcan, son bastante diferentes biológicamente. Es importante comprender la clasificación de la planta para que siempre sepamos con qué estamos trabajando. Por ejemplo, en el trabajo de hibridación, no saber con qué cardo rosado estás trabajando podría ser desastroso.
La habitación estaba en silencio cuando Harry terminó. La mirada del profesor Snape se clavó en él. Ni si quiera el aire se atrevió a moverse. Harry resistió el impulso de salir disparado de la habitación.
Sin apartar sus ojos de los de Harry, el Profesor Snape gruñó, —¿Por qué ninguno de ustedes está anotando eso?
Al segundo siguiente, hubo una explosión de sonido cuando los compañeros de clase de Harry se apresuraron a buscar sus mochilas, murmurando emocionados entre dientes todo el tiempo. Harry oyó el crujido de las páginas de las libretas nuevas a su alrededor y el sonido de bolígrafos y lápices raspando las finas hojas de lino. Segundos después, el Profesor Snape comenzó con su propia conferencia, en la que Harry se apresuró a buscar su bolso y libreta.
—Venga un momento, señor Potter,— dijo el Profesor Snape mientras terminaba su conferencia y despedía a la clase.
Harry asintió y se dispuso a recoger sus cosas.
—Sabes mucho—, dijo Neville, mientras metía sus cosas en su bolsa en un gran revoltijo.
Harry se encogió de hombros. —Me gustan las plantas—, dijo en voz baja.
Neville asintió. —A mí también. Es lo único en que soy bueno en realidad.
Harry sonrió, sintiendo un poco de empatía por Neville.
—Tal vez... bueno, quiero decir... estaba pensando... la carga de trabajo parece brutal, pensé que tal vez podríamos...— pero Neville no tuvo la oportunidad de terminar. Un chico mayor se acercó a ellos, se paró frente a Neville, y le tendió la mano a Harry.
—Potter, soy Thomas Wright. Este es Dennis Coatfield y Jason DuPrez—, dijo mientras dos muchachos mayores se les unían. —Lo hemos discutido y hemos decidido que deberías estar en nuestro grupo de estudio. Martes y jueves, Biblioteca principal, a las ocho en punto.
Harry miró a los chicos mayores con cautela. Estrechó la mano ofrecida mientras pensaba qué debía hacer. Por su visión periférica, pudo ver que Neville se desinflaba un poco. Era obvio que había estado a punto de pedirle a Harry que fuera su compañero de estudio. Harry ya había aprendido que los grupos de estudio eran esenciales en Wolsford y su formación tenía tanto que ver con la posición social como la inteligencia. Se formaban rápidamente y eran celosamente exclusivos. A Harry, por supuesto, no le importaba nada sobre las tonterías políticas que acompañaban a esos grupos.
—Er, gracias—, dijo Harry, mirando la postura decaída de Neville y su ceño mal disimulado. —Estoy seguro de que a Neville también le gustaría unirse, ¿verdad, Neville?.
—¿Y-y-yo?— Neville chilló. —Y-Y-Y... ¿Yo?— repitió, aunque nadie estaba prestando atención.
Thomas resopló. —¿Nervioso Neville? ¿Estás bromeando?— se burló, mientras que los otros chicos se reían.
—No, no lo estoy—, dijo Harry, furioso de que esos muchachos pensaran que eran mejores que Neville. —Supongo que solo somos tú y yo, Neville—, dijo Harry mientras se alejaba y guardaba sus cosas.
Thomas farfulló y se puso de un fantástico tono púrpura. —Mira, Potter—, comenzó, mientras Neville dejaba caer su mochila, sorprendido, tartamudeó: —¿Yo?— de nuevo.
Harry se giró y miró a Thomas con una mirada furiosa, la mirada que en el pasado había reservado para los profesores que hacía demasiadas preguntas o a los otros niños que habían intentado criticarlo en su vieja escuela.
Thomas retrocedió. —Mira, Potter. Normalmente ni siquiera nos molestamos en invitar a chicos de años inferiores, pero claramente sabes cosas y has impresionado a Snape, una proeza imposible. No tenemos nada en contra de... tu amigo, simplemente no tenemos tiempo para perder. ¿Puedes entender eso?
—Neville es bastante bueno con las plantas, de lo contrario no estaría aquí. Un grupo de estudio parece brillante, voy a estudiar con Neville. Biblioteca principal. Los lunes y miércoles a las siete y media. —Harry miró a Neville, quien asintió con un movimiento de cabeza en señal de confirmación, con el rostro enrojecido por la vergüenza o la felicidad. Harry no sabía cuál. Volvió su atención a Thomas. —Eres bienvenido a unirte a nosotros—, dijo encogiéndose de hombros antes de darse la vuelta y dirigirse al frente de la sala. —Nos vemos—, le gritó a Neville por encima del hombro, quien respondió algo antes de que Thomas comenzara a interrogarlo sobre lo que sabía sobre la clasificación del nombre botánico.
—Impresionante, señor Potter,— dijo Severus mientras Harry se dirigía al frente de la clase.
Harry se sonrojó. —Bueno, me lo hizo un poco fácil—, murmuró.
—No es a lo que me refería—, dijo Severus mientras miraba a Neville y Thomas, quienes parecían estar en medio de una discusión teórica mientras salían de la clase.
Harry giró para ver qué estaba mirando el Profesor Snape, y agachó la cabeza cuando Neville y Thomas se dieron la mano y se fueron.
—¿Cómo van tus clases?.
—Er, bien—, dijo Harry mientras daba media vuelta, sorprendido por la pregunta.
—Si tienes algún problema, ten en cuenta que siempre puedes acudir a mí.
Harry asintió.
—¿Cómo es la experiencia en tu dormitorio hasta ahora?.
Harry se sonrojó y bajó la vista a sus pies. Se aclaró la garganta. —Erm, no es exactamente a lo que estoy acostumbrado—, dijo.
Hubo una larga pausa antes de que Severus volviera a hablar. —La mayoría de los chicos con los que vives han estado internados durante mucho tiempo. No tienen sentido de la modestia, como habrás adivinado.
Harry se mordió el labio y mantuvo la cabeza baja. Asintió. —Sí, estoy empezando a tener esa sensación. Ellos son más bien, eh, descarados—, dijo, recordando lo que había escuchado dos noches antes. La forma en que Ron había pensado que las cortinas de terciopelo de la cama mantendrían en privado sus asuntos, Harry sabía que no.
—¿Qué pasó? ¿Te han estado acosando los muchachos? ¿Hay algo que deba manejarse?.
—No, señor. Nada de eso—, dijo Harry apresuradamente. —Es solo que...— miró hacia otro lado y apretó más la correa del hombro. —Solo pensé que podría ser diferente, es todo. Quiero decir, pensé que hablaríamos de filosofía y esas cosas. En cambio...— Harry vaciló.
Severus se rio entre dientes. —En cambio, tus compañeros de dormitorio están más interesados en hablar sobre chicas y fiestas.
Las cejas de Harry se dispararon hacia su cabello, como preguntando, '¿Cómo es posible que lo sepas?'
Severus bufó. —Alguna vez también fui un hombre joven, ¿sabes?.
—No quise dar a entender que... quiero decir... yo solo... nunca pensé demasiado en ese tipo de cosas—, farfulló Harry, terminando con un susurro.
—No, supongo que tenías cosas más importantes en mente. Pero ahora puedes pensar en esas frivolidades, y deberías, Harry. Hay mucho acerca de la adolescencia que es bastante agradable.
La cara de Harry ardió de vergüenza. Esa no era el tipo de conversación que quería tener con el profesor Snape, ni con nadie, en todo caso.
—Entiendo que estás considerando aprender a montar,— dijo Severus, cambiando el tema una vez más.
—¿Montar, señor?.
—Sí. Montar. Caballos, creo que se llaman.
Harry frunció el ceño y resistió el impulso de sacarle la lengua. —Sí, Draco decidió enseñarme. Siempre he querido montar a caballo. Será genial, creo. Draco dice que él piensa que lo haré de manera natural, aunque no estoy seguro de cómo puede decir que a será así. Dice que cree que voy a tener un buen asiento[2], lo que sea que eso signifique.
—Draco parece haber pensado mucho en eso—, dijo Severus. Su tono era un poco vacilante, pero Harry no se dio cuenta.
—Creo que sí. Ya organizó un cronograma, creo, aunque no me lo mostró. Cree que eventualmente podré montar a Buckbeak.
—¿Esa bestia viciosa? Creo que no—, se burló Severus, ya pensando que una visita y unas pocas palabras con Hagrid pondrían todo en orden.
—¡Le gusto!— Harry desafió. —Y no soy una delicada muñeca de porcelana, ¿sabe?—
La boca de Severus se curvó en los bordes. Harry hizo todo lo posible por demostrar lo "duro" que era. —Sea como sea, ese caballo es peligroso. Se necesita un jinete especialmente dotado para manejarlo. Simplemente quiero que tengas cuidado. Y en cuanto a ser una muñeca de porcelana, no tienes que temer demostrarme tu dureza. Espero demasiado de ti como para pensar que eres delicado.
Harry hizo una mueca. —Yo... lo siento, señor—, susurró.
Severus asintió. —En ese sentido, hay algunas cosas que debemos discutir. Sé de lo que eres capaz, Harry, lo que te pone en una gran desventaja. Exigiré más de ti que de cualquier otro estudiante, y no solo en esta clase. Voy a dar seguimiento de tu desempeño con todos tus profesores de forma regular, dudo mucho que los Dursley lo hagan. Te digo esto ahora para que entiendas lo que se espera de ti.
Harry asintió. Una parte de él se irritaba ante la idea de tener la mente de un niño pequeño, pero la mayor parte de él se sentía ridículamente complacida de que alguien como el Profesor Snape se interesara tanto por él. —Haré lo mejor que pueda, señor. Lo prometo.
—Bueno—. Severus vaciló por un segundo, como si estuviera decidiendo qué tema abordar a continuación. —¿Supongo que planeas asistir a la fiesta de cabaña del señor Zabini?.
La pregunta surgió de la nada y Harry, que nunca había sido bueno para repeler los ataques laterales del profesor Snape, tartamudeó y balbuceó antes de soltar bruscamente: —¿Sabe sobre eso?
—Por supuesto que sí. Todos los profesores lo hacen. Y todos hablamos con los estudiantes mayores y les dejamos muy en claro cuáles serían las consecuencias para ellos si algo les sucediera a estudiantes más jóvenes como usted.
—Pero... pero... hay... cosas y, y... sí... eh... pasan cosas en esas fiestas, o al menos eso me han dicho—, añadió Harry apresuradamente. .
Severus se irguió en toda su altura y miró a Harry. —¿Cree, señor Potter, que su generación es la primera en concebir la idea de tener fiestas ilícitas los fines de semana de vacaciones?
—Y-Y-Yo...
—Asistir a una fiesta no es una licencia para hacerte el tonto. Te pido que actúes de manera responsable, como corresponde a un joven de Wolsford. No eres un gamberro ni una bestia. Si descubro que has actuado de manera tonta, imprudente o de cualquier forma que sea un peligro para tu bienestar, personalmente me encargaré del castigo. ¿Lo tienes claro?
Harry solo pudo asentir con la cabeza en respuesta.
—Bien.
—Erm, será mejor que me vaya. Creo que Draco me está esperando en el pasillo.
—Lo está—, Dijo Severus. Era una afirmación, no una pregunta.
—Sí. Se le ha metido en la cabeza que necesito una escolta oficial para todas mis clases durante la primera semana más o menos. Puede ser bastante extraño a veces—, dijo Harry riendo.
Severus entrecerró los ojos y presionó sus labios en una fina línea.
Al malinterpretar la razón detrás de la mirada entrecerrada del Profesor Snape, Harry parloteó, esperando aclarar a qué se refería. —No me refiero a extraño, extraño, simplemente, eh, extraño. Supongo que no estoy acostumbrado a que alguien me guie y cosas así—, balbuceó Harry, tratando de aflojar la línea sombría que se había formado en la boca del profesor Snape. —Sin embargo, eso no es estrictamente cierto. Quiero decir, cuando éramos niños, en Bennington-Bright, Draco, bueno, ya sabe, él me cuidaba. Creo que aquí no es diferente. Es decir, ha hecho todo tipo de cosas. Presentaciones para mí. Y tenemos esa cena de Smythwick este fin de semana. Draco me ha estado dando sugerencias sobre todos los que van a estar allí, sobre el tipo de preguntas que debo hacer y cosas por el estilo. Dice que es importante hacer las amistades adecuadas. Impresionar. Algo así como lo que usted dijo antes, solo que Draco lo dijo de manera diferente. Y, bueno, sí... —Dijo Harry, perdiendo el hilo y sintiéndose bastante fracasado ya que la mirada del profesor Snape aún era estrecha, su boca aún comprimida en la misma línea sombría.
—Me parece que puedo recordar a un joven descarado que dejó perfectamente claro a Draco Malfoy que no era algo que podía ser arrastrado a todas partes—, dijo Severus por fin.
—¿Qué? ¿Qué quieres decir? No es así—, dijo Harry.
—¿No es así?.
—No. Draco está tratando de ayudarme. No me haga parecer una especie de juguete.
Severus suspiró. —Estoy seguro de que Draco tiene las mejores intenciones, pero creo que sería prudente que hicieras tus propios amigos, en tus propios términos, al igual que lo hiciste con el señor Longbottom y el señor Wright. No dejes que Draco dicte cada momento de tu día. Sé que todo esto es bastante abrumador y es más fácil confiar en alguien que conoce el estado de las cosas. Pero eres más fuerte que eso. Puedes hacerlo por tu cuenta.
Harry se acercó la correa del hombro de su bolso. —Lo sé—, dijo frunciendo la nariz, preguntándose si, de hecho, había estado dejando que Draco se hiciera cargo porque era más fácil que hacerlo él mismo.
—Asegúrate de recordarlo—, dijo Severus. —Ahora vete, Harry. Hazme saber si necesitas algo. Cualquier cosa.
Harry asintió y se fue, cerrando la puerta detrás de él con un suave chasquido.
Cuando la puerta se cerró, Severus se sentó pesadamente en su silla. No le gustaba la forma en que Draco guiaba a Harry por la escuela como si estuviera en posesión de un premio, en absoluto. Pero, a decir verdad, Severus tenía sus sospechas sobre las verdaderas razones detrás del comportamiento de Draco. Dudaba que Draco supiera por qué actuaba de la manera en que lo hacía. Severus sabía que Harry no tenía ni idea. Severus pensaba que, si lo forzaba, Draco le daría una muy vaga excusa sobre el pasado traumático de Harry y la relación de amistad de su infancia como la razón de su sobreprotección. Aunque plausible, Severus dudaba que eso fuera todo. Draco estaba bastante confundido con Harry. Era obvio para aquellos a quienes les importaba mirar. ¿Pero qué significa eso exactamente? ¿Qué haría Draco cuando se diera cuenta de eso? Peor aún, ¿qué haría Draco con la frustración porque no entendía lo que sucedía?.
[1]Cuando Blaise habla de las ataduras de lengua se refiere a que puede dejarte sin palabras.
[2]Tener buen asiento en equitación se refiere a que, cuando se monta un caballo, el movimiento del cuerpo del jinete (las nalgas) no choquen contra el caballo (la silla) sino que lleven el mismo ritmo, arriba y abajo del galope. Ahora puedes entender por que Snape le dice a Harry de manera vacilante "Draco parece haber pensado mucho en eso".
