Por quinta vez, Harry trató de aplanarse el cabello. Era, por supuesto, una causa perdida. Le lanzó una mirada a Draco que estaba puliendo sus zapatos en la habitación. Ignorándolo. Harry suspiró mientras se alisaba los jeans y quitaba la pelusa invisible de su jersey de cachemira negro. Los pantalones vaqueros se sentían demasiado apretados, al igual que el jersey en realidad, pero Blaise le había asegurado que todo encajaba correctamente. Sin embargo, Blaise también le había dicho que dejara de tratar de alisarse el cabello y, en cambio, lo alborotara aún más, porque "las chicas se vuelven locas por el aspecto rebelde", haciendo que Harry dudara de su consejo de moda.
—¿Están listos para irnos?— Preguntó Blaise mientras entraba a la habitación.
—Er—, dijo Harry, reconsiderando la decisión de asistir a la fiesta.
—Deja de ser un bebé—, espetó Draco. —Salgamos de aquí—, le dijo Draco a Blaise, pasando junto a Harry como si no existiera.
Harry quería empujar, patear o gritar a Draco mientras salía de la habitación. Pero Blaise lo estaba mirando, como desafiándolo a hacer cualquiera de esas cosas. Hubiera sido más fácil si Harry simplemente hubiera podido olvidarse de Draco, fingir que no existía, pero Harry pronto había descubierto que no podía hacerlo. No otra vez. Se preocupaba por Draco. Echaba de menos a su amigo.
—Todavía enojados, ya veo—, dijo Blaise mientras estudiaba sus uñas. —Lo que sea que hayas hecho, lograste hacerlo enfurecer.
—No hice una maldita cosa—, dijo Harry mientras daba la vuelta. —Draco Malfoy es un mocoso consentido que quiere joder todo lo que me importa—, gritó Harry, esperando que Draco lo hubiera escuchado.
Blaise rodó los ojos. —Lo que sea. Escucha, nos vamos en cinco minutos. Si no estás abajo, nos iremos sin ti—, dijo mientras se apartaba de la pared. —Deberías venir, sin embargo. La mejor venganza es pasar un buen rato—, dijo Blaise con un guiño antes de irse.
—Claro—, dijo Harry a su reflejo. —Porque podré pasar un buen rato en una fiesta en la que me sentiré cohibido, rodeado de personas que no conozco, pero que ya se conocen entre ellas, y preguntándome por qué diablos mi mejor amigo está actuando como un maldito idiota.
Blaise no llegó muy lejos antes de que Draco lo arrastrara a una pequeña alcoba. — Draco, no tenía idea de que te sintieras así hacia mí—, bromeó con un movimiento de sus pestañas.
—Deja de ser un idiota—, escupió Draco. —Mira, ya he hablado con Ron, ahora es tu turno.
—Está bien... ¿es este el momento en que me dices que los niños y niñas pueden jugar juegos especiales, pero solo deben hacerlo mientras usan guantes especiales de protección? ¿Necesitas practicar antes de tener que hablar con el pequeño Harry?.
—Púdrete, Zabini, lo digo en serio.
—¿En serio? Es tan difícil de decir contigo. Tu rutina de hermano mayor con Harry en las últimas semanas ha sido un poco exagerada y, francamente, un poco inquietante. Y ahora no hablan entre ustedes. ¿Qué es lo que te tiene tan enojado, de todos modos?.
Draco resopló. —Eso no es asunto tuyo.
—Por supuesto que no—, murmuró Blaise. —Entonces, ¿qué es? ¿Qué es lo que quieres?.
Draco tiró de su manga, un gesto nervioso al que casi nunca recurría. Blaise lo notó de inmediato. —¿Está todo bien? En serio, Draco, ¿qué está pasando?.
Draco dejó caer sus manos y respiró profundamente antes de mirar hacia arriba. —Prométete que cuidarás a Harry esta noche.
—¿Qué?.
—Prométeme que cuidarás de Harry. Que no permitirás que se comporte como un pendejo. Que lo mantendrás alejado de Pammy o cualquiera de las otras chicas. Ese tipo de cosas.
Blaise parpadeó y luego parpadeó un poco más. —Lo siento, pero creo que acabo de escuchar que me estás pidiendo que lleve a Harry a una fiesta, pero le impida divertirse en la ella. Emborracharnos y acostarnos con las chicas es lo que hacemos en ese tipo de eventos, Draco. Y Pammy está bastante interesada en nuestro Harry Potter. ¿Por qué negarle las delicias carnales? Ciertamente no la rechazaste cuando ella te eligió. ¿Me puedes decir por qué con Harry es diferente? ¿O es que no quieres ver a Pammy con nadie más? —Blaise preguntó con una sonrisa astuta.
—Harry no es así—, espetó Draco.
Blaise entrecerró los ojos. No había pasado por alto el hecho de que Draco no estaba respondiendo sus preguntas. —¿Y cómo es Harry, Draco?.
—Solo quiero decir... Mira, él ha vivido una vida realmente hermética... Nunca ha estado en una fiesta como esta y sabes que los tiburones lo devorarán si pueden. Quiero... mira, solo te estoy pidiendo que cuides de él, eso es todo. Simplemente no quiero que le pase algo malo.
Blaise se rio. —¿Y festejar a lo grande y besar chicas son cosas malas?.
—Eso no es lo que dije. Sabes tan bien como yo que Pammy no está solo interesada en eso. Solo cuida de él, ¿de acuerdo? Evita que se meta en demasiados problemas. Eso es todo lo que pido.
Blaise negó con la cabeza. Un millón de preguntas volaban por su mente, pero sabía que Draco no respondería a ninguna de ellas. —¿Por qué nosotros? ¿Por qué no tú?.
—Pensé que era obvio que Harry y yo estamos en medio un desacuerdo en este momento.
—Sí, Draco, lo notamos. Es un poco difícil no darnos cuenta cuando solo somos cuatro viviendo juntos y dos de los cuatro pretenden que el otro no existe.
—Lamento eso—, dijo Draco, comenzando a juguetear con su manga otra vez. —Es complicado.
Blaise resopló. —Complicado ni siquiera puede describir lo que está pasando. Sin ofender, Draco, pero si estás demasiado molesto como para hablar con él, ¿por qué te importa lo que le pase?.
—Mira, solo porque no nos hablamos no significa que quiero que le pase algo malo. De todos modos, ¿qué pasa con todas estas preguntas? ¿Vas a hacer lo que pedí o no?— Draco exigió.
—Sí, claro—, dijo Blaise, confundido por las reacciones de Draco.
—Bueno, entonces, estamos perfectamente claros, ¿verdad?— Preguntó Draco antes de salir de la alcoba, dejando atrás a un incrédulo Blaise.
—¿Todo en orden?.
Blaise se dio la vuelta. Harry estaba allí, mirándolo con una expresión extraña mientras simultáneamente tiraba de su jersey como si un halar la tela de manera repetida pudiera hacerlo agrandar una o dos tallas.
—Deja eso—, dijo Blaise automáticamente. —Lo vas a arrugar. Créeme, no se verá bien, amigo.
Harry suspiró y se pasó las manos por el cabello, haciéndolo levantar en todas direcciones. —No conozco a nadie.
—Mentira. Me conoces a mí, a Ron y a Draco.
Harry rodó los ojos. —Sabes a qué me refiero. Esto no es... nunca he estado en algo así. Es una mala idea. Voy a volver. Tengo que estudiar un poco y algunas cosas que hacer.
Blaise estudió a Harry y pensó en lo que Draco le había dicho. Una vez tomada la decisión, se acercó a Harry antes de que pudiera escapar y colgó su brazo sobre sus hombros. —Escucha atentamente. Lecciones más difíciles aprenderás. Vamos a una fiesta. Las fiestas son divertidas. Debes divertirte. Si no te estás divirtiendo, será mi deber asegurarme de que lo hagas. Habrá bebidas, y música, y chicas medio borrachas en esta fiesta. ¿Sabes qué es lo mejor de las chicas medio borrachas?
Harry negó con la cabeza.
—Les gusta besar.
—Oh—, dijo Harry suavemente mientras tiraba de su jersey.
Blaise rodó los ojos. —Relájate, Potter. No te chuparán el alma ni nada.
Harry se mordió el labio y asintió. —Bien. Entonces. Fiesta. Diversión. Beber, eh, no bebo realmente. Bueno, nunca, en realidad. Quiero decir, no lo he hecho. Todavía no, quiero decir.
Blaise se rio entre dientes. —Ah, un dulce corderito. No te preocupes, Harry, lo solucionaremos esta noche. Te divertirás. Lo prometo. ¿De acuerdo?.
Harry dejó escapar un largo suspiro. —Sí, vale.
Blaise le apretó el hombro y lo soltó. —Me gusta escuchar eso. Vamos, movámonos, mi hermano Kevin es un tipo bastante inquieto. No te preocupes, Potter. Te cuidaremos.
Harry asintió de nuevo y se preguntó en qué se había metido.
—
Mientras Harry se recostaba en el sofá y saludaba a los transeúntes con una sonrisa torcida, todavía se preguntaba en qué se había metido, pero descubrió que no le importaba en ese momento en particular. Se sentía como si estuviera flotando en un cálido charco de agua, las pequeñas olas lamían suavemente los bordes de su mente. Pasó los dedos por los suaves patrones de la tapicería de felpilla, maravillado por la forma en que le hacía sentir un hormigueo en sus brazos. Se sentía relajado, y todo parecía un poco gracioso.
Se había molestado cuando Blaise lo había obligado a salir de su escondite y le había metió una botella fría en la mano una hora antes. La molestia parecía tonta ahora.
—Ayudará—, había dicho Blaise.
—¿Con que?— Harry había respondido.
—Estás demasiado tenso. No puedo divertirme cuando estás tenso. Y tengo que decir que, la pequeña fase lúgubre que estás pasando, acurrucándote en las sombras, frunciendo el ceño y mirando fijamente a todos, no te está ayudando, ni a ti ni a mí. Así que tómatelo, Potter. Te prometí una noche de diversión, y no hay nada como el coraje líquido.
Harry se había terminado esa botella. Y luego había obtenido otra. Y después de eso, los otros invitados ya no parecían tan atemorizantes o intimidantes. Se había alejado de su esquina y había conversado con ellos. Incluso había sonreído a algunas de las chicas de Collenton cuando Pammy saludó en su dirección.
Ahora, estaba extendido en el sofá, observando las locuras de todos los demás, riéndose de la tapicería de los sillones. Por primera vez en mucho tiempo, Harry se sentía cómodo.
Y luego vio a Draco de pie en el rincón más alejado de la habitación, su brazo alrededor de una morena rala. Un fuerte silbido en el estómago de Harry lo distrajo de su felicidad. Había logrado evitar a Draco hasta ese momento, con la esperanza de que Draco lo buscara y hablara con él, pero parecía que lo único que le interesaba a Draco era hablar con una tonta chica. Harry no podía apartar la mirada. Vio como Draco se inclinaba y la besaba. La boca de Harry se secó y miró hacia otro lado. A Draco, al parecer, no le importaba tener que cuidarse del mundo.
—¡Hola, Harry!— Ron dijo mientras él y Blaise se acercaban. Ambos estaban agradablemente desarreglados, si sus ojos inyectados de sangre, sus palabras arrastradas y sus risitas eran algo en lo que fijarse
—Hey, Ron, Blaise—, dijo Harry, sintiendo como si la habitación se moviera un poco mientras se ponía de pie.
—¿Pasándola bien?— preguntó Blaise.
—Sí—, dijo con una sonrisa perezosa. —A lo grande.
—Bien. Aquí,— dijo Ron mientras le ofrecía a Harry un vaso que contenía un líquido de color ámbar, casi derramándolo sobre él en el proceso. —Blaise dijo que... eso... espera... ¿qué dijiste?.
Blaise se rio y se dobló a la mitad. —Dije eso-eso-eso... espera, ¿qué dije? ¡Oh! Ya lo cuer... recu... er, recuerdo ahora. Dije que Harry solo había tomado dos cervezas hasta ahora.
—Entonces—, contestó Ron, — te trajimos un poco de jugo para beber. Parecías triste hace un momento, Harry. No puedes estar triste en la fiesta de la cabaña. ¡Es hora de un jugo feliz!.
Harry tomó el vaso y lo olió cautelosamente. Olía a jugo de manzana. —¿Jugo de manzana?— preguntó.
—Sí. Jugo. Jugo de manzana, refresco y... felicidad—, dijo Ron. —Solo que, tienes que... debes beberlo rápido.
—¿Por qué?— Preguntó Harry, todavía olfateando el contenido del vaso.
—¿Por qué? ¿Por qué? Porque es una tradición. Un brindis entre amigos—, dijo Ron mientras blandía su propia cerveza.
—Oh—, dijo Harry, sintiéndose un poco fuera de sí. —¿Deberíamos llamar a Draco, entonces?.
—¡No!— Blaise chilló, antes de callar a Ron mientras Ron lo callaba. —No—, susurró Blaise. Se adelantó y puso su mano sobre la oreja de Harry. —Está ocupado—, Blaise susurró solemnemente.
Harry miró y vio que Draco y la chica morena aún se estaban besando. —Sí, supongo que sí—, dijo con el ceño fruncido.
—Prometer... er, le prometí que cuidaría de ti—, dijo Blaise al oído de Harry, obviamente pensando que estaba susurrando. —Y necesitas un trago.
—¿Prometiste qué?— Preguntó Harry, tratando de analizar lo que Blaise había dicho.
—¡Shh!— Blaise amonestó antes de sostener su bebida. —Vamos, es tradición.
—Bien— dijo Harry levantando su vaso, su atención dividida entre Draco y la morena. —Por la amistad—, dijo Harry, mientras chocaba su vaso de plástico contra el cuello de las botellas de cerveza de Ron y Blaise.
—¡Por los amigos!— exclamaron mientras tiraban hasta el fondo el resto de su cerveza y miraban con complicidad mientras Harry tragaba su "jugo".
Harry se limpió la boca con el dorso de la mano y frunció el ceño. —Me quemó la garganta—, dijo con voz ronca.
Ron y Blaise intercambiaron miradas. —Er, sí. Es el agua de soda.
Harry, distraído por Draco llevando a la morena a otra habitación, solo asintió con la cabeza.
—¿Qué tal si te consigo un poco más?— Preguntó Ron mientras tomaba el vaso de la mano de Harry y se escabullía.
Harry se giró hacia Blaise y la habitación se tambaleó un poco a su alrededor. —Whoa—, dijo, cayendo de nuevo en el sofá.
—¿La cerveza se te está subiendo, amigo?— Blaise preguntó con una sonrisa.
—Sí. Creo que sí—, dijo Harry, sintiendo una agradable oleada de mareo sobre él. Chasqueó los labios, se sentían un poco entumecidos. Su garganta se sentía reseca, también.
—¿Sediento?— Ron preguntó, volviendo.
Harry asintió y se acercó al zumo. Se lo tragó de nuevo, notando que apenas ardía esta vez. Encogiéndose de hombros, extendió su vaso por más.
Ron y Blaise intercambiaron miradas. —Er, tal vez quieras reducir la velocidad del jugo, amigo.
—¿Por qué?— Dijo Harry, preguntándose por qué las cosas sonaban tan lejanas. —Es solo jugo y refresco, ¿no?.
—Claro,— chilló Blaise mientras él y Ron se callaban y se alejaban dando tumbos, dejando a Harry confundido y desorientado en el sofá.
A Harry le pareció que alguien había puesto una gran pared de vidrio ondulando entre él y todos los demás. Todo lo que veía, todo lo que escuchaba, tenía una calidad distorsionada. Se habría levantado y se habría quejado si hubiera creído que podía. Tal como estaba, Harry estaba contento de poder tumbarse en el sofá, con los ojos medio cerrados. Había tomado unos cuantos vasos más de "jugo feliz", preguntándose por qué la cerveza parecía afectarlo tanto. Después de un rato, dejó de preocuparse y simplemente disfrutó del acogedor sofá de chenille.
Y luego sintió unas suaves manos apretando sus brazos. Alguien había logrado colocarse detrás del vidrio. Giró la cabeza hacia un lado, un acto que parecía tomar una increíble cantidad de esfuerzo, y abrió los ojos.
—Hola Harry—, dijo Pammy con una risita.
Los ojos de Harry se cerraron por un segundo. —Hola, Pammy,— dijo arrastrando las palabras, preguntándose por qué era tan difícil hacer que salieran las palabras que quería decir. Él la miró con ojos vidriosos y brillantes. —¿Dónde está tu sombrero?— preguntó con el ceño fruncido. —No llevas sombrero—. Harry dejó caer su cabeza en el respaldo del sofá. —Pammy siempre usa sombreros. Sombreros horribles—, soltó una risita y murmuró para sí mismo.
Pammy se acurrucó a su lado y le pasó el brazo por los hombros. —No hay sombreros esta noche, Harry—, le susurró al oído. —Podrían estorbar.
Harry trató de levantar la cabeza y abrir los ojos. Encontró imposible hacer ambas cosas. Se conformó con abrir los ojos. —¿Estorbar para qué?— preguntó.
—Esto—, dijo Pammy, mientras se inclinaba hacia adelante y flotaba por un segundo. Harry se volvió bizco mirándola, preguntándose qué estaba haciendo. Los labios de la chica comenzaron a fruncirse mientras inclinaba la cabeza. Harry fue asaltado por el empalagoso olor de gardenias demasiado maduras. Abrió la boca para toser, pero fue silenciado mientras los fríos y regordetes labios de Pammy se apretaban contra los suyos. La presión fue suave y casta y sabía a cerezas. Terminó antes de que comenzara.
Ella se echó hacia atrás y le dio a Harry una mirada calculadora. Harry le devolvió la mirada, con los labios fruncidos, percatándose de que acababan de besarlo, por primera vez. Pammy Smythwick lo había besado. Harry estaba completamente impresionado.
—¿Te gustó, Harry?— Pammy susurró.
—Sí, claro—, dijo Harry, preguntándose por qué se sentía tan despreocupado acerca de todo el asunto. No se había sentido en absoluto como había pensado que sería. No hubo chispas o fuegos artificiales o cualquier otro sentimiento que la gente usaba para describir los primeros besos. Era solo una presión en los labios: fríos, regordetes y pegajosos. —¿Por qué?— arrastró las palabras.
Pammy se encogió de hombros. —Sentí deseos de besarte, así que lo hice. ¿Nunca haces cosas solo porque sientes ganas de hacerlo, Harry?.
—Er...
—¿Cosas como esta?— Preguntó Pammy mientras se inclinaba y lo besaba nuevamente, solo que esta vez con un pequeño mordisco en el labio inferior que lo invitó a abrir la boca.
Harry retrocedió, bastante perplejo. —Me mordiste. ¿Por qué me morderías?— preguntó, mientras miraba a su alrededor, esperando ver a Blaise, o, más importante aún, a Draco, quién rondaba en su cabeza. No tenía idea de lo que estaba haciendo. La independencia no se sentía tan aplastante como se había sentido antes.
Pammy soltó una risita. —No te mordí. Mordisqueé. Eso es lo que hace la gente cuando besa. Seguramente lo sabías, ¿no?— preguntó con una ceja arqueada.
—Bueno... quiero decir... ¿eh, qué?— Harry tartamudeó.
Pammy puso los ojos en blanco y fue directamente al grano. —Me gustas, Harry. ¿No te gusto? ¿Aunque sea solo un poco?.
—Claro—, dijo Harry. —Amigo. Como tú. Esp... espepcial... especialmente sin los sombreros—, dijo con una sonrisa, creyéndose terriblemente listo. Quizás había reaccionado exageradamente. Podía manejar a Pammy Smythwick.
—Eres muy lindo, Harry. ¿Lo sabías? —, Preguntó Pammy mientras se acurrucaba más cerca de él y le pasaba una mano por el estómago.
Harry se quedó sin aliento en la garganta. Era extraño tener a alguien tan cerca, tocándolo de esa manera, de una manera agradable. Se concentró en la mano suave que acariciaba la parte delantera de su jersey, moviéndose hacia adelante y hacia atrás, hacia adelante y hacia atrás. Una extraña sensación de aleteo burbujeó y lo hizo retorcerse un poco y emitir extraños sonidos de asfixia.
Pammy se inclinó y besó a un lado del cuello de Harry. Le hizo cosquillas y Harry intentó alejarse. —Sí, muy, muy lindo. Sabes que todas las chicas aquí piensan que sí. Pero yo soy la única que te gusta, ¿no es así?— preguntó ella mientras su mano bajaba y cubría la polla de Harry.
—¡Santa mierda!— Exclamó Harry, casi saltando del sofá. Era como si todas las terminaciones nerviosas de su cuerpo hubieran cobrado vida. Nunca había sentido algo como eso. Nadie lo había tocado allí. Harry supo entonces que no podía manejar a Pammy Smythwick: se movía demasiado rápido y sabía qué hacer para hacerle sentir que era el día más caluroso y el más frío del mundo, todo al mismo tiempo. Levantó la vista, esperando ver a Draco. Él no estaba allí. Harry no sabía qué hacer, y tanto su cerebro como sus piernas —que notó, para su horror, se estaban extendiendo un poco para darle mejor acceso a Pammy— no estaban para nada interesados en su confusión o angustia. Cuando volvió a apretar, Harry gimió y echó la cabeza hacia atrás. Y cedió.
Pammy soltó una risita. —Te gusta eso, ¿verdad?.
Harry gimió en respuesta. —Nadie me ha tocado así antes—, admitió, su concentración, junto con el resto de él, se concentraban únicamente en su endurecido pene.
—Lo sabía. Sabía que eras virgen. Ninguna de las otras chicas me creía. Y, aún mejor, te tengo todo para mí—, dijo con voz cantarina mientras frotaba y apretaba su agarre a un ritmo frustrante que Harry no podía descifrar.
Harry jadeó por los confusos sonidos de fondo mientras resistía el impulso de cubrir la mano de la chica con la suya y hacerla ir más rápido. ¿Y qué si Draco rondaba por su cabeza? Lo que fuese que Pammy estuviera haciendo se sentía grandioso, y nada malo podía provenir de algo que se sentía tan bien.
—Creo que es hora de que tengas una lección, ¿verdad, Harry? ¿Hmm? ¿Te gustaría una lección?.
Harry deseaba desesperadamente que Pammy se callara. Sus brillosos labios que se movían para hablar y reír, su sabor a cereza y su perfume fétido de gardenia se interponían en el camino de la sensación más increíble que jamás había experimentado. —¿Qué?— dijo eventualmente cuando se le preguntó, una vez más, si quería una lección de algún tipo. —Estamos en una fiesta. No tengo mis notas—, murmuró, dispuesto a que Pammy estrujara un poco más y mucho más rápido.
—Está bien. No necesitas tus libros para esta lección. Vamos. Vamos a un lugar un poco más privado—, dijo mientras se levantaba y tiraba de Harry del sofá.
Harry maulló y se sintió muy enojado de que ella hubiera apartado la mano. Pammy debía haber entendido, porque soltó una risita y prometió a Harry que lo que le enseñaría le gustaría mucho más, que sería mucho mejor. Así que Harry se tambaleó desde el sofá y siguió a Pammy tontamente, su cerebro empañado de lujuria y alcohol, sin prestar atención a donde iba.
—Aquí estamos—, dijo Pammy mientras guiaba a Harry a una cama pequeña y cerraba la puerta detrás de ella. Vio a Harry tirado en la cama. Negó con la cabeza y rio disimuladamente. Sospechaba que Blaise y Ron le habían dado a Harry el jugo feliz de los gemelos para beber, una potente combinación de agua de soda, jugo de manzana y alcohol. Iba a tener una resaca infernal por la mañana, pero ella iba a disfrutarlo mientras pudiera. No había nada tan maravilloso como un chico lindo y obediente. Ella se acercó y le desabrochó el cinturón y los botones del pantalón.
—¿Qué... qué estás haciendo?— Harry farfulló mientras trataba de sentarse. Los besos y las caricias lo hacían sentir cosquillas. Su mente estaba borrosa y el mareo perezoso de antes parecía más pronunciado.
Pammy lo empujó hacia atrás suavemente y lo hizo callar. —Prometo que te va a gustar. Te gustó cuando te estaba tocando, ¿verdad?— preguntó mientras apretaba su pene en recordatorio.
Los ojos de Harry se movieron hacia atrás y él gimió. —Oh, joder—, susurró en voz baja, su cuerpo se volvió flojo.
—Eso pensé—, dijo Pammy, mientras comenzaba a bajar los pantalones de Harry.
—
Draco estaba pasando un momento miserable. Ni siquiera su agradable borrachera podía sacarlo del caos. Todavía estaba enojado con Harry. ¿Cómo se había atrevido a hacerlo a un lado una vez que llegaron a la escuela? Draco debía ser siempre su prioridad, ¿Harry no lo sabía? Draco siempre lo ponía a él primero. Él había movido su propio su horario de estudio para enseñarle a Harry a montar. Incluso había hecho presentaciones para Harry: había dejado en claro que Harry era su amigo y, como tal, merecía respeto y reconocimiento. ¿Y qué había hecho Harry? Le había dado la espalda y se había unido a grupos de estudio, había aceptado invitaciones a compromisos a los que Draco no estaba invitado, y había hecho amigos que Draco no conocía. Había actuado como si Draco no le importara. Gruñó y negó con la cabeza. No quería pensar en Harry nunca más. Pensar en Harry lo lastimaba. Además, Harry no era su responsabilidad, no esa noche.
Sacó otra cerveza de la cocina y escudriñó a la multitud. La morena había desaparecido, notó. Había intentado hablar con ella, había llegado incluso a besarla un poco, pero, por mucho que lo intentara, no podía ponerse de buen humor. Necesitaba una forma de escaparse, había pensado para sí mismo. Dio un largo trago y buscó a alguien más que pudiera llamar su atención. Fue entonces cuando notó que Harry no estaba en ninguna parte. "Tanto para no pensar en Harry", pensó, mientras maldecía por lo bajo y buscaba a Blaise.
—Blaise—, dijo Draco cuando encontró a su amigo.
—¿Qué? —Blaise dijo mientras se ponía a un lado, tratando de darse la vuelta. —Draco—, dijo en voz alta y con una ridícula sonrisa en su rostro. —Draco, Draco, Draco... mi mejor amigo—, cantó mientras tiraba de Draco en un abrazo de oso, haciendo caso omiso de su graznido indecoroso.
—¡Déjame ir! Dios, hueles como si te hubieras bañado con cerveza—, dijo Draco mientras se libraba de las manos de Blaise. —¿Dónde está Harry? Creí que te había dicho que lo vigilaras.
Blaise hizo un gran ademán de balancearse, buscando a Harry, llamándolo como si fuera un gatito. —No. No veo a Harry en ninguna parte.
Draco gruñó con frustración. —Lo sé, idiota. Te pregunté dónde estaba. ¿Dónde está Harry?.
Blaise miró a su alrededor otra vez. —No sé.
—Jodido Cristo—, juró Draco por lo bajo. —¿Cuándo fue la última vez que lo viste?.
Blaise dejó su bebida para poder pensar. Cerró los ojos y arrugó la cara en profunda concentración. —¡Pammy!— dijo finalmente. Blaise se inclinó hacia delante, agarrando a Draco por los hombros en busca de apoyo. —Ella lo estaba besando—, dijo con una risita cómplice.
Una rabia caliente e indefinida recorrió a Draco. —Maldita sea, Blaise. ¿Cómo pudiste dejar a esa pequeña mujerzuela cerca de Harry?.
—A Harry no parecía importarle, amigo,— dijo Blaise, casi pareciendo serio en ese momento. —¿Por qué te importa, de todos modos? No es como si estuvieras interesado en ella. ¿O lo estás?.
—Que te jodan,— escupió Draco mientras giraba sobre sus talones, luchando por encontrar a Pammy y Harry antes de que las cosas fueran demasiado lejos.
No pasó mucho tiempo antes de encontrarlos. La cabaña no era tan grande y no había muchos lugares a donde ir. Draco tenía una buena idea de lo que Pammy tenía intención de hacer, pero eso no lo preparó para la sorpresa y la rabia que sintió cuando entró en un pequeño dormitorio y encontró a Harry tendido en la cama, completamente borracho, y Pammy equilibrándose para darle una mamada.
—¿Qué crees que estás haciendo?— Draco gritó mientras atacaba a Pammy y la empujaba fuera del camino.
—¿Cuál es tu problema, Malfoy?— Pammy escupió, ya no era una colegiala risueña. —Tendrás la habitación libre suficientemente pronto. Danos al resto de nosotros una oportunidad de usarla—, dijo mientras volvía a levantarse.
—Ni siquiera lo pienses,— gruñó Draco, interponiéndose entre ella y Harry.
Harry no se sentía bien en absoluto. Su estómago estaba haciendo gorgoteos extraños, su corazón latía con fuerza, y el mareo era mucho peor que antes. Y el tiempo parecía estarle jugando trucos divertidos, también. Un segundo, Pammy estaba hablando con él en el sofá (sin preocuparse por su incapacidad para responder de manera coherente) y al siguiente estaba recostado en una cama en una habitación que no reconocía. Un segundo llevaba toda su ropa; al siguiente, ya no. No tenía idea de lo que Pammy estaba haciendo o de lo que estaba sucediendo. Cada vez que la niebla en su mente se alzaba lo suficiente como para preguntar, Pammy lo distraía con delicados toques y tirones. Reducido a gimoteos y maullidos, carente de pensamiento racional, Harry solo dejó que las cosas sucedieran.
Hubo voces que hicieron que le doliera la cabeza. Pammy había dejado de tocarlo, dejó de hacerlo sentir bien. ¿Por qué Pammy no lo estaba haciendo sentir bien? Ella estaba hablando con alguien más. Sonaba como Draco. ¡Draco! Draco sabría qué hacer. Siempre le decía a Harry si estaba haciendo algo mal, o si tenía que estar haciendo otra cosa, o por qué ya no llevaba zapatos, pantalones o calzoncillos. ¿Por qué Draco estaba allí? ¿Quería que Pammy lo tocara también? ¿Estaba enojado porque ella estaba tocando a Harry?
Harry trató de sentarse y preguntar, pero el mundo, que había estado dando vueltas de forma agradable unos momentos antes, se convirtió en un malhumorado torbellino que hizo que Harry quisiera vomitar. Trató de ponerse en posición fetal, esperando que eso lo hiciera sentir mejor, pero solo logró torcer la parte superior de su cuerpo hacia un lado. Gimió. Todo lo que quería hacer era acurrucarse e irse a dormir. —¿Draco? ¿Pammy?— llamó, pero ninguno le prestó atención.
—Lo siento, Draco, —dijo Pammy con un movimiento de sus pestañas, —No sabía que todavía estabas interesado en mí. Déjame ocuparme de Harry y luego podemos irnos. Será rápido, estoy segura —, dijo con una risita.
Draco estaba furioso. —¡Tú, pequeña perra barata! ¿Aprovechándote a Harry y luego pensando que dejaré que me toques? ¿Por quién me tomas?.
—Un cachondo chico de quince años que no podrá ver a ninguna otra chica hasta las vacaciones de otoño—, dijo Pammy con naturalidad. —Además, Draco, la última vez que me fijé, Harry no necesitaba de ningún guardián.
—Harry está borracho, Pammy. Y nunca ha hecho algo como esto.
—¡Lo sé! Pobrecito. ¿Te imaginas, Draco? ¿Quince años y siendo virgen? No te preocupes, ahora está en mis manos—, dijo mientras ella, nuevamente, hacía un movimiento para volver a su posición.
—Una mierda, no lo harás,— bramó Draco, alejando a Pammy.
Las fuertes voces lastimaban los oídos de Harry. —Ow—, lloriqueó mientras trataba de cambiar a una posición más cómoda. Esta vez, sin embargo, rodó hacia el lado equivocado y se cayó de la cama con un fuerte golpe. —Joder—, soltó, agarrándose la cabeza y preguntándose, de nuevo, dónde estaban sus pantalones y sus calzoncillos. Nada más sobre la surrealista situación en la que estaba lo golpeó, el único misterio digno de su atención eran sus pantalones y calzoncillos faltantes. ¿A dónde demonios se habían ido?
Draco y Pammy se voltearon al sonido de Harry cayendo de la cama. Draco corrió. —Fuera—, bramó por encima de su hombro a Pammy. —Diles a Blaise y Ron que quiero verlos. Ahora.
Pammy puso los ojos en blanco y suspiró. —Fenómeno—, murmuró entre dientes antes de enderezarse la falda, alisarse el pelo y salir de la habitación como si acabara de tener el mejor sexo de su vida.
Draco no le prestó atención a Pammy, estaba concentrado en Harry. —¿Harry? ¿Harry? ¿Puedes oírme?— preguntó.
—¿Draco?— Harry maulló lastimosamente. —Me duele. No tengo pantalones. Yo... No puedo sentir mis labios. ¿Por qué no tengo pantalones?— preguntó.
Draco suspiró y llevó a Harry a una posición más cómoda. —Jodido Cristo, Harry. ¿Qué voy a hacer contigo?.
—¿Buscar m' pantalons?" Preguntó Harry, sus ojos finalmente se abrieron. Su expresión era aturdida.
—Maldita sea—, juró Draco. —Acuéstate y levanta las piernas—. Harry obedeció y Draco comenzó a jalar los pantalones y los calzoncillos de Harry, los cuales estaban enrollados alrededor de sus tobillos y probable la razón por la que se había caído de la cama.
Los ojos de Draco se desviaron hacia abajo y notaron que Harry todavía estaba medio duro, su erección marcada a raíz de la partida de Pammy. Se balanceaba de un lado a otro, casi guiñando un ojo a Draco, mientras Harry intentaba levantar sus piernas. Las manos de Draco se detuvieron. Lo miró, comparándolo silenciosamente con el suyo, como había hecho con otros chicos, y como otros chicos habían hecho con él. El de Harry era rosado y parecía del mismo tamaño que el suyo. Por la forma en que la luz lo golpeaba, Draco imaginó que era suave como el terciopelo. Tenía un poco de vello negro y enmarañado alrededor de su escroto, que, a su manera, parecía igualmente suave. Draco tenía bastante vello en el mismo lugar, pero había algo en el negro, la virilidad de eso contrastaba con la inocencia de Harry.
Draco miró fijamente, sin prestar atención a los reticentes movimientos de Harry, el ruido sordo del estéreo en la otra habitación o a la charla bulliciosos de borrachos, a nada de eso. Era como si el mundo se hubiera reducido a ese momento, esa habitación. El tiempo se extendió hasta que dejó de moverse por completo. Era surrealista. Por lo tanto, en ese contexto, y atrapado como estaba en la agradable bruma del alcohol, no parecía haber nada de malo en alcanzar y tocar el pene de Harry para ver si se sentía tan aterciopelado como aparentaba. La mano de Draco se extendió. Sus dedos comenzaron a enrollarse con anticipación. Su respiración se aceleró. Estaba casi allí.
La voz de Harry lo detuvo cuando sus dedos se movieron hacia la cabeza del pene de Harry. —Tengo frío. ¿Has encontrado mis pantalones?— Preguntó con voz suave y cantarina mientras movía las piernas hacia una posición más cómoda.
Draco arrebató la mano. El sonido bajo de la música y la cháchara bulliciosa de la otra sala lo golpearon como un gong cacofónico. Jadeó, incrédulo por lo que casi había hecho. —Joder, debo estar muy ebrio—, murmuró en voz baja mientras levantaba apresuradamente los pantalones y los calzoncillos de Harry, manteniendo la cabeza girada hacia un lado todo el tiempo. Se dijo a sí mismo que simplemente había tenido un breve lapso de curiosidad. Después de todo, él siempre había sido un chico curioso. Tenía sentido que hubiera tenido curiosidad por Harry.
Y ahora tenía que concentrarse en evitar que Harry se lastimara a sí mismo. Estaba tratando de rodar hacia un lado y hacerse bolita, con los ojos cerrados.
—¿Cuánto bebiste, Harry?— Preguntó Draco mientras trataba de mantener a Harry quieto mientras terminaba su tarea de colocarle la ropa.
—Dos cervezas—, dijo Harry. —Basta—, murmuró. —Quiero darme la vuelta.
—Todavía no, no, y eso es imposible. ¿Cuánto bebiste realmente?.
—Eso es todo. Lo juro. Y luego, y luego,... hey, hueles bien—, dijo Harry con una risita. —Mejor que Pammy.
Draco puso los ojos en blanco, pero estaba secretamente complacido de que la tonta Pammy no hubiera impresionado a Harry tanto como creía haberlo hecho. —Y luego qué, Harry—, insistió mientras terminaba de arreglar los botones del pantalón de Harry y abrochaba su cinturón, todo con precisión clínica.
—Y luego, y luego... jugo. Tuve jugo. No me gustó mucho al principio. Oye, oye, oye—, dijo Harry, golpeando a Draco con su mano, tratando de llamar su atención.
—Detente. Estoy aquí. ¿Qué quieres?— Preguntó Draco, tratando de apartarse de la palma de Harry.
—¿Sabías que el zumo de manzana es efervescente? ¿También que te quema la garganta al principio? No creo que me guste el jugo de manzana, no más—, dijo Harry frunciendo el ceño. Rodó y se agarró el estómago. —¿Draco? No me siento tan bien—, gimió lastimosamente mientras se ponía a cuatro patas y luego en cuclillas, como si quisiera intentar ponerse de pie.
En ese momento, Blaise y Ron entraron tambaleándose, luciendo bastante malhumorados.
—¿Qué diablos le hiciste? ¿Le diste el jugo? ¿Lo hiciste?— Rugió Draco mientras se ponía de pie y miraba a sus compañeros de dormitorio.
—¿Draco?— Harry llamó mientras jalaba de la pierna del pantalón de Draco.
—Solo un poco. Era como la maldita muerte cuando llegó. ¿Cómo se suponía que sabríamos que era un maldito peso ligero?— Preguntó Ron, sintiéndose mucho más sobrio frente a la desconcertante ira de Draco. Pammy les había advertido que Draco estaba actuando como un lunático trastornado. Estaba agradecido de que Hermione hubiera insistido en que dejara de beber una hora antes. Nunca hubiera podido tratar con Draco si hubiera estado cayéndose de borracho, como Blaise.
—Nos dijiste que... nos dijiste que cuidrams", bramó Blaise mientras se mecía de lado a lado. —No estaba feliz. Lo hicimos feliz—, dijo.
—¿Draco?— Harry gimió, tirando con insistencia.
—Sabías que nunca había estado en una fiesta como esta. Te dije que lo vigilaras. ¿Y qué es lo haces? Lo encierras y lo dejas en las garras de Pammy. ¿Sabes lo que trataba de hacer? ¿Lo que pudo haberle hecho si no hubiera llegado? —Preguntó Draco, ignorando los torpes golpecitos de Harry.
—Tiene quince años, Draco. Puede cuidar de sí mismo. No es un niño pequeño. Además, probablemente necesitaba lo que Pammy le iba a hacer, y, si yo fuera él, me hubiera molestado de que me hubieras interrumpido. Ya sabes cómo funciona Pammy. Según recuerdo, fuiste una de sus primeras "selecciones". Ella escogió a Harry este año, eso es bueno para él. Estoy seguro de que estaba rogando por eso —, dijo Ron. Blaise asintió vigorosamente en apoyo.
Draco se lanzó hacia adelante, arrastrando a Harry con él. —Retráctate, hijo de puta. ¡Harry no es así!.
Ron levantó las cejas. —Espera. ¿Estás defendiendo la virtud de Harry? ¿No de Pammy? ¿Eso está permitido?— le preguntó a Blaise, quien tartamudeó, parpadeó e intentó lucir como si tuviera algo inteligente que agregar a la conversación.
Antes de que Draco pudiera responder, Harry golpeó su pierna otra vez y gimió, —Draco,— tan fuerte como pudo.
—¿Qué?— Draco espetó, finalmente mirando a Harry.
—Creo que... Creo que... oh, joder—, dijo antes de vomitar sobre los zapatos nuevos y muy caros de Draco. —Creo que voy a vomitar—, susurró mientras caía de lado y se desmayaba.
—
Harry iba a matar a quienquiera que le hubiera hecho eso. ¿Cómo se atrevía alguien a meterle calcetines sucios en la boca, sujetarle con una prensa de acero la frente y cubrirlo con mantas de plomo? ¿Y qué pasaba con el olor? ¿Se había quedado dormido en una cervecería? ¿Y por qué estaba tan caliente? Arrugó la nariz y gimió: el sonido era demasiado fuerte y le dolió aún más la cabeza. Se aclaró la garganta, arrepintiéndose al instante siguiente. El trastornado bastardo le había vertido ácido en la garganta también. Eso era lo único que podía explicar el terrible sabor en su boca, la forma en que su estómago se retorcía y se gruñía, y la sensación cruda en su garganta.
—Vamos Harry, date la vuelta—, alguien muy cerca terminó de quebrarlo.
Harry retrocedió por la voz y trató de esconderse entre las mantas a su alrededor. ¿Si se escondía del ruido, el olor y todo lo demás, el vicioso revoloteo en su estómago desaparecería? Su estómago pareció encontrar esa idea muy graciosa, ya que se retorció de dentro hacia afuera y empujó su contenido hacia la garganta de Harry, al menos eso era lo que sentía.
—Voy a vomitar—, farfulló Harry mientras pateaba las mantas e intentaba darse la vuelta
—Haces que todo sea difícil—, murmuró la voz mientras unas manos expertas lo ponían de lado y le guiaban la cabeza por el costado de la cama, justo cuando comenzó a vomitar.
—Eso es todo. Todo al cubo—, murmuró la voz, sonando un poco más amable, —¿Más?.
Harry negó con la cabeza y la sacó del cubo. Se arrastró un poco y se acurrucó. Quería volver a dormirse, pero esas malditas manos no lo dejaban en paz. Ahora estaban tratando de llevarlo a una posición sentada. Esas manos deseaban su muerte.
—Basta—, farfulló Harry.
—Vamos. Debes beber esto—, dijo la voz mientras empujaba el borde de un vaso entre sus labios.
Harry volvió la cabeza. —No—, gimió, su estómago amenazaba con un motín si algo volvía a pasar por sus labios.
—Harry, tienes que beber esto. Te hará sentir mejor.
—No,— Harry gimió de nuevo, tratando de luchar cuando las manos giraron su cabeza y volcaron el vaso, forzándolo a tragar su contenido. Era gaseoso y frío y sabía un poco como agua de limón con tiza. Tragó un poco del agua, sin importarle que la mayor parte cayera por su barbilla.
—¿Más?.
Harry negó con la cabeza e intentó deslizarse debajo de las sábanas, pero fue frustrado una vez más.
—Oh no, no lo harás—, dijo la voz mientras alejaba las mantas. —Tienes que levantarte. Te sentirás mejor si lo haces.
Harry gimió. Levantó sus rodillas y las rodeó con sus brazos. Escuchó un suspiro y el sonido del vidrio que era depositado en la mesita de noche.
—A veces eres un bebé.
Fue en ese momento cuando Harry reconoció con quién estaba hablando. Draco. Draco estaba allí. Hablando con él, haciéndole beber agua de tiza y sosteniendo un balde para vomitar. Mientras partes de la noche anterior regresaban corriendo, Harry gimió y dejó caer la cabeza sobre sus rodillas. —Por favor dime que no vomité en tus zapatos—, graznó mientras presionaba su rostro aún más contra sus rodillas.
Draco resopló. —No pensé que lo recordarías. Ya te habías ido muy lejos en ese punto.
Harry levantó la cabeza lentamente y abrió los ojos por primera vez esa mañana. La luz del sol le lastimó los ojos y giró la cabeza para que se acostumbraran. Escuchó a Draco murmurar algo en voz baja acerca de "Harry y las ventanas" antes de que la habitación se oscureciera. Harry se giró y parpadeó. Instintivamente buscó sus lentes en el pequeño soporte de la cama, tirando cosas, hasta que Draco los empujó en su mano.
—Gracias—, dijo Harry mientras se los ponía y miraba hacia arriba. El cabello de Draco estaba revuelto y sus ropas arrugadas. El cansancio estropeaba sus facciones, creando líneas y sombras en su cara —¿Qué te ha pasado?— Harry espetó, haciendo una mueca por lo fuerte que sonaba su voz en la pequeña habitación. Miró a su alrededor. —¿Dónde estamos?.
—Alguien tuvo que quedarse despierto toda la noche y evitar que su mejor amigo se enfermara por completo. Y todavía estamos en la cabaña—. Draco ladeó la cabeza. —¿No recuerdas haber venido anoche?.
Harry miró a su alrededor. —Erm, no.
Draco puso los ojos en blanco y bufó. —Me imagino—, murmuró. Draco jugueteó con su manga. —Er, ¿qué es lo que recuerdas?.
Harry presionó las palmas de sus manos contra sus ojos. Le dolía la cabeza y obligarse a sí mismo a recordar no estaba ayudando. Era como tratar de desenredar una cuerda metafísica, pensó, mientras recorría sus recuerdos. —Recuerdo haber bebido la cerveza que Blaise me dio. Me sentí bien, ya sabes. Relajado y feliz. Recuerdo haberme sentado en el sofá y pensar que la tapicería era fantástica—. Harry bufó. —Esa debería haber sido la primera pista de que había bebido demasiado, creo.
—Jodido peso ligero—, murmuró Draco mientras se sentaba en la cama, cerca de los pies de Harry.
—Entonces Blaise y Ron vinieron y brindamos... por la amistad, o algo así. No sé exactamente, no lo sé. Y luego me dieron ese jugo.
—Sí, oí todo sobre el maldito jugo—, ladró Draco.
Harry hizo una mueca y cubrió sus oídos. —No tan fuerte. Por favor.
—Lo siento. Bueno, sigue.
—Me dijeron que era solo agua de soda y jugo de manzana como en la fiesta de los Smythwicks, solo...
—¿Sí?.
—Bueno, me quemó la garganta al principio.
Draco suspiró con exasperación. —¿Por qué lo bebiste, entonces? Honestamente, Harry. Esa debió ser la primera pista de que no debiste haber bebido tanto.
Harry miró hacia abajo y rozó sus dedos contra la sábana. La escena de Draco besando a esa pequeña zorra morena mientras lo ignoraba parpadeando ante sus ojos. —Vi... pensé... supongo que no me importó mucho después de eso.
—¿Que se supone que significa eso?.
Harry suspiró y levantó la vista. —¿Por qué hemos estado peleando?.
Draco parpadeó. —¿Disculpa?.
—¿Por qué hemos estado peleando? Es estúpido. Eres mi mejor amigo y siento que somos prácticamente extraños.
Draco resopló. —No puedo imaginar por qué—, dijo.
—¿Qué?.
Draco se cruzó de brazos y miró por la ventana. No estaba seguro de qué decir, en realidad. —Desde que llegaste a Wolsford, es como si hubieras salido del camino para evitarme a m mis consejos—. Draco frunció la nariz. —Eres mi mejor amigo, y preferiste pasar más tiempo con nervioso Neville que conmigo. Me heriste, estúpido idiota.
La boca de Harry se abrió y sus ojos se agrandaron. —Desde que llegué a Wolsford, fue como si hubieras tenido que manejar mi vida dictando de quién puedo ser amigo, cómo debo actuar, qué puedo vestir. Honestamente, Draco, soy capaz de resolver mis propios asuntos.— Harry presionó las palmas de sus manos contra sus ojos. Todo el asunto de hablar no estaba ayudando a su dolor de cabeza. —Mira, esto, todo esto, es nuevo para mí. Fiestas, chicas, ropa de lujo, escuela de lujo, compañeros de clase elegantes... amigos. No, no estoy seguro de quién soy o de quién debo ser la mayoría del tiempo. Solo estoy tratando de resolverlo, Draco. No estoy tratando de hacerte daño. Y tú, de todas las personas, debes saber que no soy... no soy... bueno, ya sabes, bueno para relacionarme con la gente, —terminó Harry en un susurro.
Draco se miró las manos. —Solo quiero que encajes. Quiero que lo pases fácil.
—Sí, pero en tus términos—, le advirtió Harry a la ligera. —No soy tú. Solo soy... bueno, solo soy yo, solo Harry. Eso es todo lo que quiero ser, Draco. Me haces sentir que no es suficiente.
—Por supuesto que es suficiente. Solo quiero un poco de consideración, ya sabes. Siento que a veces tenemos muy poco en común, y, bueno, como las lecciones de equitación...— Draco dejó de hablar.
La habitación permaneció en silencio cuando ambos chicos comenzaron a pensar en todo lo que había sucedido.
Harry rompió el silencio primero. —¿Cómo puedes decir eso? Tenemos muchas cosas en común. Somos los reyes errantes, ¿recuerdas?.
Draco resopló, pero no levantó la vista.
—Hablo en serio—, dijo Harry mientras se arrastraba por la cama, más cerca de Draco. —Nadie sabe de la mierda por la que hemos pasado. Y mira, lo siento. Debería haber sido más considerado. Simplemente... no sé. El profesor Snape me dijo que necesitaba ser más independiente y creo que me lo tomé demasiado en serio—. Harry se mordió el labio. —Sobre las lecciones de equitación. Realmente lo siento mucho. Entiendo por qué no quieres enseñarme. Puedo inscribirme en las clases para el próximo trimestre, o algo así.
Draco suspiró. —Eres bastante denso, ¿lo sabías?— gruñó.
La cabeza de Harry estaba inclinada hacia un lado y su nariz estaba arrugada en concentración. Draco casi se rio. —Por supuesto que todavía voy enseñarte. Y lo lamento. Lo hago, eh, entiendo lo de Neville y todos los demás. Entiendo que no eres igual a mí, y no me importa que no lo seas, realmente. Yo solo... No quiero que eso nos impida ser amigos.
—No lo hará. Me gusta que seas diferente a mí. Entonces, ¿eh, amigos otra vez?.
—Amigos. Quiero decir, te dejé vomitar en mis zapatos, ¿no?.
Harry hizo una mueca, más recuerdos de la noche anterior regresaron a él. Sostuvo su cabeza en sus manos y gimió. Sintió un movimiento en la cama y había estado a punto de golpear a Draco para que dejara de moverse, cuando sintió una mano en su hombro y vio el borde de un cubo.
—¿Estás bien? ¿Necesitas vomitar?.
Harry negó con la cabeza. —No, todavía me siento terriblemente mal, pero estoy bien. Er, lo siento por tus zapatos, y por haber tenido que pasar toda la noche despierto, cuidándome. Realmente no quería beber tanto, realmente pensé que el jugo era solo jugo.
—Lo sé. ¿He mencionado que voy a matar a Blaise y a Ron?.
—¿Puedo ayudar?.
—No lo haría sin ti—. Draco devolvió el cubo al suelo y se alejó de Harry. Jugueteó con su manga. —Entonces, eh, ¿recuerdas algo más de lo de anoche?.
Harry cerró los ojos e intentó recordar cualquier otra cosa. Después de su brindis con Blaise y Ron, todo lo demás se había vuelto un poco confuso. Recordaba manos que lo tocaban. Las manos de Pammy. Los labios de Pammy. ¡Mierda! Su primer beso y él había estado demasiado borracho como para recordarlo correctamente. Ah, y había más, algo sobre lecciones... ¡maldita sea! Harry inhaló bruscamente y su cara se volvió de un carmesí brillante.
—¿Qué? ¡Que!
—Pammy me besó—, comenzó Harry lentamente. —Y luego... bueno... ella, eh, ella me tocó, creo.
—Te tocó...—, repitió Draco, como si persuadiera a Harry a decir más.
—Sí. Ya sabes... eh, abajo... abajo allí.
Draco rio disimuladamente. —¿Ahí abajo? Jesús, Harry, tenías los pantalones y los calzoncillos alrededor de los tobillos. Creo que puedes decir perfectamente pene, polla o verga, o algo así.
Harry farfulló y se puso rojo mientras Draco seguía riéndose y sacaba otros eufemismos para su pene.
—Basta—, siseó Harry.
—Está bien, está bien—, dijo Draco con una sonrisa. —Bebe esto—, murmuró, señalando el vaso cuando el silencio se extendió un poco.
—Oh, sí señor—, Harry gruñó, pero hizo obedeció de todas formas. —Ugh. ¿Qué es esto, exactamente?.
Draco sonrió. —Una antigua receta familiar. No la comparto con nadie, pero creo que eres un caso especial. Y realmente no puedo permitirme perder más zapatos.
—Ja, ja, ja—, farfulló Harry mientras se acomodaba en la cama, agradecido de que Draco no insistiera en que se levantara o en algo igualmente ridículo. Ahora que había comenzado a recordar cosas, no podía apartar el beso de Pammy de su cabeza. Estaba teniendo dificultades para conciliar lo poco atractivo que había sido. —¿Cómo fue tu primer beso?.
—¿Qué?— Draco preguntó, sorprendido.
—Tu primer beso. ¿Cómo fue?.
—¿Por qué quieres saber?.
Harry se encogió de hombros. —Sólo curiosidad.
—¿Qué significa eso? ¿Quieres decir que Pammy fue tu primer beso?.
—Sí, lo fue. ¿Vas a burlarte sobre eso?.
—No voy a burlarme. Lo prometo. Estoy sorprendido, es todo.
Harry se encogió de hombros otra vez y comenzó a hurgar en el borde de la manta.
Draco suspiró e intentó recordar su primer beso. Tenía trece años, recordaba. —No fue nada especial. Presión en los labios, dientes golpeándose. Había demasiada saliva involucrada. Bastante estándar en lo que respecta a los primeros besos, supongo.
—¿Así que no hay fuegos artificiales, entonces?.
—¿Fuegos artificiales? ¿Qué has... quién te dijo? Maldita sea, Harry. ¿Has estado leyendo novelas románticas, o algo así?.
Harry se sonrojó y miró hacia abajo. —No. Es solo que todos dicen que tu primer beso es, como, brillante o algo así.
Draco resopló. —Solo las chicas dicen cosas estúpidas como esa. Es solo un beso, Harry. No tiene nada de mágico. De todos modos, para mí no fue nada extraordinario. Prefiero tener contacto allí—, dijo. Moviendo las cejas.
Harry estalló en carcajadas. —Sí, esa parte fue bastante buena. Lo que recuerdo de ella—, dijo con el ceño fruncido. —Pammy es una chica bastante... avanzada.
Draco se mordió el interior de la mejilla y se alejó. —Pammy se habría aprovechado de ti, ya sabes. Quiero decir, ella habría...
—Lo entiendo, Draco. Gracias por lo que sea que hayas hecho. Pude haber estado preparado para algunas cosas, pero no estaba preparado para eso, especialmente porque no hubiera sido capaz de detenerlo.
Draco asintió.
—¿Crees que eso es normal?.
—¿Que? ¿Que quieres decir?.
—Quiero decir, ¿crees que es normal que esté feliz de que ella no haya hecho... bueno, ya sabes?. Parece que la mayoría de los chicos estarían orgullosos de haberlo hecho.
—Tú no eres la mayoría de los chicos. Y antes de mortificarte por tu falta de experiencia, o lo que sea, no puedes dejar a un lado eso. Es decir, anoche fue una experiencia totalmente nueva para ti. No puedes hacer todo en una noche.
Harry asintió. —Entonces, ¿crees que eso significa que soy normal, entonces?— él empujó.
Draco puso los ojos en blanco y suspiró. —Sí, Harry. Creo que eso significa que eres normal. Habrá muchas otras oportunidades para tener sexo.
—Sí. Supongamos que debemos levantarnos—, dijo Harry, cambiando de tema.
—¿Te sientes bien?.
Harry resopló. —No soy un inválido.
—No, pero la primera resaca puede ser realmente mortal.
—Bueno, entonces, supongo que ahora es un buen momento para aprender a superar el dolor—, dijo Harry con una sonrisa descarada mientras estiraba las piernas e intentaba levantarse de la cama. La mano de Draco en su brazo lo detuvo.
—No digas esas cosas—. La expresión de Draco era seria, tanto que hizo que Harry perdiera el equilibrio.
—¿Qué?.
—Quiero decir, no lo digas como si estuvieras acostumbrado. Sé que estás acostumbrado. Pero se supone que ya no tienes que lidiar con ese tipo de cosas.
Harry sonrió. —Gracias. Eso no es lo que quise decir, pero entiendo por qué lo malinterpretaste. Significa mucho mí. Pero si voy a asistir a más de estas cosas, es mejor que me acostumbre al día siguiente.
Una sonrisa astuta se extendió por la cara de Draco. —Lo siento, Harry, hay muchas cosas a las que puedo acostumbrarte—. Ante la mirada curiosa de Harry, Draco se rio y lo despidió. —Lo entenderás algún día. Ahora vamos. Estaba pensando en preparar un enorme desayuno con huevos fritos y tocino.
Harry se puso un poco verde. —Joder, Draco, ¿te has vuelto loco?— dijo con voz ronca, mirando el cubo en la esquina.
—No. Estarás bien; ya te he dado mi brebaje secreto—, dijo señalando el vaso vacío. —Lamentablemente, sin embargo, ni Blaise ni Ron tendrán tanta suerte. ¿Te importaría golpear algunas ollas y sartenes conmigo?
Harry se dio cuenta y sonrió. —Absolutamente no—, dijo mientras se dirigían a la cocina.
Recuerden amigos, si la persona que les gusta (chico o chica) se encuentra en estado de ebriedad, nunca, jamas, en sus vidas, deben intentar aprovecharse sexualmente, eso es delito y Diosito no lo aprueba jajaja.
