Harry se despertó sobresaltado. Echó un vistazo alrededor mientras se apartaba el sudoroso cabello de la frente y conseguía controlar su respiración. Se preguntó qué lo había despertado. Luego se movió un poco y notó una fría pegajosidad en los pantalones del pijama.
—¡Maldita mierda! No otra vez. Había tenido ese sueño otra vez. No podía creerlo.
Se sentó, haciendo que los muelles de la cama crujieran, su sonido rebotando en las paredes de la habitación de invitados de la casa del Profesor Snape. Harry dejó de moverse, temeroso de haber despertado a Draco. Ladeó la cabeza hacia la derecha y escuchó. Las largas y lentas respiraciones le dijeron a Harry que Draco todavía estaba dormido.
Miró el pequeño reloj junto a su cama. Eran las cuatro y media; no tenía sentido volver a dormir. Con un suspiro de cansancio, recogió sus cosas de la ducha y una muda de ropa. Iba a ser un largo fin de semana.
—
Severus entró a trompicones en la cocina a las seis menos un cuarto, desesperado por café y el periódico de la mañana antes de tener que pasar un tedioso día recogiendo muestras de tejido para su proyecto de hibridación más reciente. Se detuvo en seco al ver a Harry encorvado sobre una colección de libros y varias libretas de apuntes. Si las bolas de papel arrugadas eran alguna indicación, había estado allí durante bastante tiempo.
Severus se quedó en silencio, sopesando si no sería un buen momento para hablar con Harry sobre algunas cosas, cosas que había querido decir, pero que no eran apropiadas para las aulas o los paseos por los invernaderos. Cosas que no podían posponerse más, no después de la interpretación de Narcissa de los eventos en los establos de Wolsford el día anterior y sus propias observaciones mientras conducían a casa.
Su boca se curvó cuando Harry murmuró en voz baja, —¿A quién le importa el arte de los etruscos?.
—Si tan solo Draco fuera tan dedicado con sus estudios—. Severus entró tranquilamente a la cocina y puso la cafetera.
El libro que Harry estaba leyendo cayó al suelo cuando saltó hacia atrás en su asiento, haciendo que la silla de madera se tambaleara. —¡Profesor Snape! Lo siento. Me asustó.
—Sí, bueno, imagínate mi sorpresa al encontrar a un adolescente leyendo libros de texto antes de la salida del sol.
—Lo siento. Me iré en un momento—. Harry comenzó a juntar sus libros.
Severus suspiró y luchó contra la ácida réplica preparada para brotar de sus labios. En ocasiones era difícil lidiar con Harry y sus ataques de inseguridad, como en ese momento, cuando Severus acababa de despertar, cuando aún estaba privado de cafeína y se sentía con la lengua bastante afilada. —¡No seas tonto! Nunca dije que tengas que moverte—, dijo en cambio, satisfecho con su autocontrol.
Las manos de Harry se movieron sobre los libros que había reunido. Él mordió el interior de su mejilla. —¿Está seguro?.
Severus se giró y lo miró, con una taza de café en la mano y una puntiaguda burla lista. Sus ojos se estrecharon cuando vio la cara de Harry. Estaba más pálido que de costumbre y tenía círculos oscuros debajo de los ojos, como si no hubiera dormido nada la noche anterior, o posiblemente la noche anterior a esa.
—¿Qué te pasa? ¿Por qué no estás durmiendo?— Severus se acercó más y lo miró.
Harry miró hacia otro lado. —Nada. E-ya sabes. Un nuevo entorno, diferentes sonidos. Tuve problemas para dormirme anoche, eso es todo.
—¿Y por qué te levantaste tan temprano? ¿Estás tan emocionado por...—, Severus se inclinó sobre Harry para echarle un buen vistazo a sus libros, —...la historia de la civilización etrusca que no podías dormir hasta más tarde?
Harry tenía el rostro colorado. —Tengo un trabajo para la próxima semana.
—¿Tiene esto algo que ver con la actitud hosca de Draco ayer?— Severus no estaba de humor para esas tonterías.
—Er, ¿qué?.
—No lo hagas. Es demasiado temprano para poner a prueba mi paciencia, te lo aseguro.
—No, quiero decir, a Draco simplemente le dolía la cabeza. No peleamos ni nada. No mucho, en realidad.
Severus entrecerró los ojos. —Parece que ambos tienen un buen número de debilitantes dolores de cabeza últimamente. Qué interesante.
Harry miró hacia otro lado.
—Cierra esos libros. Me gustaría hablar contigo—. Severus se sentó al lado de Harry y tomó su diario de botánica.
—No tenemos que entregar eso hasta dentro de dos semanas—, lloriqueó Harry mientras intentaba arrebatarle su diario. —No está terminado. Tengo dos semanas más.
—Los peligros de pasar tus vacaciones con un profesor. Ahora volviendo a lo que estaba diciendo. Hay cosas importantes que deseo abordar. Entiendo que has sido invitado de vacaciones a esquiar con la familia de Cecilia Buttersley—. Severus no levantó la vista, sino que se concentró en las tareas de laboratorio en el diario de Harry.
—¿Cómo lo supo? Quiero decir, sí, fui invitado.
—Has estado pasando un poco de tiempo con ella, ¿verdad?— Severus dio vuelta una página.
Harry se retorció en su asiento. —Un poco—, se encubrió.
—Y antes de eso, creo que pasabas bastante tiempo con la señorita Smythwick.
—Er, bueno, ya ve, eso no funcionó.
Severus colocó el diario de botánica de Harry sobre la mesa, fingiendo no darse cuenta de la velocidad con que Harry lo agarraba y lo metía debajo de sus otros diarios. —¿Alguna otra jovencita ha llamado tu atención? O... ¿quizás alguien más?
—No, señor—, dijo Harry, mientras agachaba la cabeza y aclaraba su garganta.
Severus se dio cuenta de que Harry no entendía el significado de su última pregunta, que respondía algunas cosas pero dejaba grandes asuntos sin resolver.
—¿Asumo que has sido cuidadoso?.
—¿Cuidadoso? Yo no...
Severus vio como la comprensión iluminaba la cara de Harry.
—¡Oh! No he... No ha habido... er, sí, he tenido cuidado.
—Entonces, no has...
—No, no lo hice, eh. No, no lo hice.
Severus se aclaró la garganta. —No hay nada vergonzoso en abstenerse de las actividades sexuales.
La risa nerviosa de Harry sonó por toda la cocina. —Díselo a los otros chicos en mi dormitorio.
—¿Alguno de ellos te ha presionado para tener sexo? ¿Draco lo hizo?.
—No, en realidad no. De hecho, eh, una vez Draco detuvo algo que pudo haber ido demasiado lejos.
—Bueno, al menos uno de ustedes aún conserva el sentido común que Dios le dio. Ten en cuenta, Harry, que no hay nada vergonzoso en tener instintos sexuales. Puede ser bastante confuso. Pero quiero que entiendas que tener esos sentimientos es natural. Sin importar qué.
—No deberíamos tener esta conversación. Quiero decir, usted es mi maestro y esas cosas.
—Si no soy yo, ¿quién?
Harry volvió a agachar la cabeza y se frotó la parte posterior del cuello con la mano. Se encogió de hombros. Su incomodidad era palpable.
—Siempre puedes venir a mí, Harry. Siempre que tengas preguntas sobre el sexo o de otro tipo—. Severus vaciló. —Incluso si el problema o la pregunta involucra a Draco.
—¿Que se supone que significa eso?.
La respuesta de Harry fue aguda, demasiado nerviosa, pensó Severus. —Dímelo tú. Ustedes dos son groseros o se molestan el uno al otro como si fueran una pareja casada.
—Las cosas están bien. Todos los amigos tienen problemas de vez en cuando. Parece que tenemos bastante de ellos últimamente.
—No hay necesidad de ponerse tan a la defensiva. Solo estoy investigando sobre el estado de las cosas.
—¿El estado de las cosas?.
—Sí, y eso me lleva al siguiente tema. Se deben hacer arreglos para las vacaciones de Navidad. No puedes quedarte en la escuela.
—Lo sé.
—Supongo que no te apetece volver con los Dursley para las vacaciones.
—Preferiría no tener que hacerlo.
—Bueno, entonces. ¿A dónde irás?.
—Hubiera... Esperaba que... ya ves, supuse, bueno, no debería asumirlo, supongo...
—No eres un babuino parlanchín, sino un joven educado. Escúpelo.
—Los Malfoy. Yo hubiera... Pensé, tal vez, que podría quedarme con los Malfoy.
—¿Y qué pasa si Draco decide pasar sus vacaciones lejos? Entiendo que está bastante entusiasmado con una jovencita que lo invitó a pasar las vacaciones con ella. Él podría aceptar. ¿Y entonces qué?.
—No... no había pensado en eso, señor.
Severus vio como Harry se hundía en la silla ante la idea de que Draco se fuera, sus ojos brillando con lo que Severus solo podía llamar celos. —Por suerte para ti, él no va a irse, y Narcissa ya ha preguntado sobre tus planes de vacaciones. Escribiré a tus tíos y te aseguraré el permiso necesario.
—Gracias.
—Harry...
—¿Sí?.
Severus negó con la cabeza. Había visto la forma en que Draco miraba a Harry el día anterior —partes iguales de lujuria desesperada y odio incondicional— mientras Harry miraba por la ventana, totalmente ajeno. Y cuando Harry no estaba siendo indiferente, miraba a Draco como si fuera el mismo sol. Los niños que descubrían que les gustaban los niños no era nada nuevo. Lo había visto antes. Trabajaba en un internado masculino, por el amor de Dios, pero hasta ahora, sus descubrimientos siempre habían sido desde lejos. Nunca pensó que algo así golpearía tan cerca de casa. Por el momento, Harry y Draco parecían satisfechos únicamente mirándose con anhelo y tirando un poco de coleta[1]. No había necesidad de forzar nada a la luz. Pensando que era mejor dejar a los perros dormir[2], Severus cambió de tema.
—Ahora. ¿Por qué te levantas tan temprano durante las vacaciones?.
—Se lo dije. No podía dormir. He tenido malos sueños.
—¿Pesadillas?.
—Yo, sí. No. Yo... no sé. Solo sueños.
Severus dejó caer la conversación. Bebió el resto del café mientras Harry jugueteaba con los bordes de sus libros.
—Tengo mucho trabajo por hacer. Entiendo que vas a ir a montar mientras Narcissa pasa el día en la ciudad.
—Sí señor.
—Los caballos son enérgicos, aunque Draco me asegura que puedes cabalgar lo suficientemente bien como para manejar al menos uno de ellos. Espero que tengas cuidado y no hagas nada más allá de tu capacidad.
—Sí señor.
—Vuelve a tiempo para almorzar o iré a buscarte.
—Sí señor.
—Evita los pastizales de atrás: hay un buen número de lugares donde es probable que los caballos se asusten. Estaré muy molesto si tengo que acompañarte al hospital.
—Sí, señor—, respondió Harry diligentemente, aunque esta vez con una sonrisa.
Severus frunció el ceño. Miró el pequeño indicador de temperatura que se encontraba junto a la ventana. —Usa una chaqueta. Se supone que va a ser un día frío. Tampoco tengo la intención de jugar a la niñera. Espero que desayunes antes de irte.
Harry asintió con la cabeza y Severus salió de la cocina, esperando que durante mucho tiempo simplemente tuviera que aconsejar a Harry sobre su seguridad y la necesidad de usar una chaqueta en vez de qué hacer cuando descubriera que le gustaban más los niños que las niñas.
—
Draco se sentía como mierda. No había dormido más que unas pocas horas, consumido como estaba por pensamientos sobre Jordan y Harry y qué coño era lo que significaban. Cuando finalmente se quedó dormido, aterrizó en sueños en los que tenía relaciones sexuales con Jordan, solo para de repente presenciar cómo su rostro se transformaba en el de Harry mientras penetraba dentro de él. Ella. Él. ¡Maldición! Si los sueños no se hubieran sentido tan bien, Draco habría insistido en que habían sido pesadillas.
Se tambaleó hacia la cocina a las ocho y media, tropezando al ver el jersey de Harry subir por su torso, mientras echaba la cabeza hacia atrás con placer y estiraba los brazos por encima de su cabeza. El calor se acumuló en la ingle de Draco y se sintió endurecer. ¡Mierda! No ahora. ¡No ahora! —¿Qué coño estás haciendo tan temprano?— Draco acechó alrededor de la cocina en busca de una taza de café, dando portazos a los gabinetes mientras lo hacía.
—Alguien no durmió lo suficiente.
—¿Quién podría dormir con todos esos malditos gemidos y movimientos que estabas haciendo?
Hubo un momento de silencio antes de que Harry preguntara, —¿Tienes otro dolor de cabeza, o algo así?.
—No. Aunque si lo tuviera, sería tu culpa.
—¡Está bien! Soy muy inquieto al dormir. Déjalo ir.
—Es difícil dejarlo ir cuando ni siquiera puedo pensar con claridad, tan privado del sueño como estoy.
—¿Sabes qué? A la mierda. No estoy de humor para tu porquería esta mañana. Ve a montar solo. Tengo otras cosas que hacer—. Harry se levantó y comenzó a juntar sus libros y diarios.
Draco frunció los labios, tratando de controlarse. No tenía razón alguna, ninguna razón, para pensar en lo suave que probablemente era la piel de Harry, o si sería capaz de sentir sus costillas si deslizara sus dedos por el estómago de Harry, o si Harry haría algún sonido si lo hacía, o cualquier otra cosa remotamente pervertida. Pero eso era todo en lo que parecía capaz de pensar, y eso lo enojaba.
—Dios, eres un poco patán a veces. No todo se trata de ti, ya sabes. El maldito mundo no gira en torno a Harry Jodido Potter—. Bueno. Eso no había estado bien. De hecho, lo había empeorado todo, como se dio cuenta cuando oyó que la silla de la cocina raspaba el suelo y se volcaba.
—¿Quién podría olvidar eso con Draco Maldito Narcisista Malfoy rondando en todas partes?.
—¿Ahora quién es el que no durmió lo suficiente?.
—¿Cuál es tu maldito problema conmigo? Dices que me quieres aquí, pero todo lo que haces es insultarme. Si hubiera querido pasar por eso, podría haberme ido con...
Draco dio media vuelta. —No mierdas digas lo que creo que estás a punto de decir. Nunca me compares con esa gente.
La cara de Harry se arrugó y las furiosas manchas de color que lo hacían lucir tan hermoso desaparecieron. Enderezó la silla y se sentó. Draco se giró y cerró los ojos.
—¿Qué está pasando, Draco? No entiendo. ¿He hecho algo? ¿Debo cambiar algo? Solo dímelo. No puedo, solo dímelo. No soporto lo que sea que está pasando. Primero insistes en que esté aquí y al siguiente, actúas como si te repugnara.
Draco odiaba lo inseguro que Harry sonaba, pero él había sido la causa, ¿no?. Una parte bastante grande de él quería tomar su mano y hacer algo completamente ridículo como abrazar a Harry. Descartó ese pensamiento tan aborrecible. Admitía sentirse un poco "sensible" en relación con Harry, pero en general, sabía que los chicos no abrazaban a otros chicos. Por supuesto, los chicos tampoco pensaban en masturbarse con otros chicos o mirando a otros chicos correrse. No los chicos normales, de todos modos. Draco quería más que nada ser normal.
—Te quiero aquí—, dijo finalmente, uniéndose a Harry en la mesa. —No... no entiendo. No puedo explicarlo, está bien. No eres tú. Soy yo.
—Entonces dime qué está pasando para que pueda entender.
Draco miró hacia otro lado. La seriedad en la mirada de Harry era demasiado para tomar. —Acabo de decir que no puedo explicarlo.
—Eso es estúpido. Por supuesto que puedes explicarlo. Solo inténtalo. Es esto... Quiero decir, ¿esto es por Patricia? ¿Están teniendo problemas? ¿Es por lo que estabas tan molesto ayer?
—No se trata de Patricia.
—Oh.— Harry jugueteó con el borde de la mesa.
Draco se preparó, cuando Harry comenzaba a juguetear con las cosas, era una clara señal de que estaba incómodo. ¿Harry lo había descubierto? ¿De alguna manera había visto las cosas que Draco imaginaba que le hacía? Era difícil respirar mientras estaba sentado allí, esperando el pronunciamiento de Harry.
—¿Esto es sobre Jordan?— Preguntó Harry. Su mirada aburrida en un libro de texto de civilizaciones antiguas.
—¿Qué?— Draco sintió que se estaba ahogando. ¿Realmente Harry lo había descubierto? Oh Dios. Oh, joder. ¡Oh, jodida, jodida, mierda!
—Eso es. La extrañas, ¿verdad? No has sabido de ella en todo este tiempo, ¿o sí?
Draco cerró los ojos con alivio, tratando de ignorar el rastro de decepción que se enroscaba en su interior al darse cuenta de que Harry no había descubierto nada. —En realidad no la extraño. Pero tienes razón. Se trata de ella. Indirectamente.
—¿Quieres hablar de eso?.
—No particularmente, no.
—Oh.— Harry comenzó a juguetear con los puños de su jersey. —El profesor Snape dice que está bien, ya sabes, que t-te s-sientas así y esas cosas. Es natural.
—¿Qué?.
—Ya sabes, eh, sentirte así—. Harry se aclaró la garganta y miró a la pared. —Es natural que extrañes el sexo con ella. Estoy seguro de que te encuentras comparándola con las demás. Debe ser difícil.
—No tienes idea.
Harry asintió. —Claro. Haré el desayuno, entonces. ¿Tostadas están bien?.
Draco extendió la mano y agarró el antebrazo de Harry, apretando un poco mientras lo hacía. —Escucha, Harry. Lo... lo siento, está bien. He sido un idiota en los últimos días. Lo siento.
Harry frunció los labios en una sonrisa suave. —Está bien. Dormiré en el sofá o algo así, para que puedas dormir bien esta noche.
—No seas estúpido.
—¿Estás seguro?
—Sí. Te lo dije. Solo estaba siendo un idiota.
—Bueno.— Harry se levantó, sacudiendo suavemente su antebrazo del alcance de Draco.
Draco dio un pequeño brinco, no se había percatado de que lo había estado tocando demasiado tiempo.
—
Severus estaba de pie en el momento en que escuchó a Harry maldecir y a Draco diciendo, —Cuidado, déjame ayudarte a sentarte.
—Puedo hacerlo yo mismo—, Severus escuchó decir a Harry, aunque las palabras sonaron entrecortadas.
—No, no puedes. Ya lo intentamos, ¿recuerdas? Vamos, vamos a resolverlo antes de que tío Severus te vea.
—¿Antes de que tío Severus vea qué?— dijo Severus mientras entraba al pasillo. Las cabezas de Harry y Draco se dispararon, ambas bocas abiertas con sorpresa. El brazo de Draco estaba alrededor de la cintura de Harry, mientras que el brazo de Harry estaba alrededor de los hombros de Draco. Severus podría haber pensado que era un abrazo de amante, pero no lo hizo por el hecho de que Harry estaba sucio y revuelto, y sus pantalones estaban rasgados en algunos puntos. Harry trató de dar un paso, pero siseó de dolor mientras titubeaba. Draco lo acercó, agarrándolo y manteniéndolo derecho.
Severus no perdió ni un segundo para moverse al otro lado de Harry para poder ayudarlo a llegar al sofá.
—Estoy bien—, se quejó Harry mientras trataba de alejarse de Draco y ahora de Severus.
—Demonios que lo estás. Siéntate. Ahora. Draco, saca las bolsas de hielo del congelador y trae algunas toallas.
Draco asintió y salió corriendo de la habitación.
Severus se sentó en un pequeño taburete y tiró del tobillo a Harry. Lo giró con cuidado, ignorando el silbido de dolor del muchacho —Un esguince leve.
—Le dije que estaba bien.
Antes de que Severus pudiera reprender a Harry por su tono cortante, Draco estaba a su lado, con las bolsas de hielo en la mano.
—Ponlos alrededor de su tobillo mientras envuelvo las toallas.
Draco asintió y comenzó a cubrir el tobillo de Harry con las bolsas de hielo. Se estremeció ante el grito de Harry.
—Ignóralo, Draco. Haz lo que digo.
Draco asintió de nuevo y regresó al trabajo, obviamente molesto por lo que estaba pasando.
Cuando Severus estuvo satisfecho con el suficientemente helado y elevado tobillo de Harry, se sentó y miró a los dos muchachos con su gesto más malévolo. —¿Qué pasó?
Los chicos intercambiaron miradas. Severus suspiró. Iban a tratar de mentir sobre lo que había sucedido. Maravilloso. Justo lo que necesitaba la primera tarde de sus vacaciones, tener que reprender a un par de muchachos recalcitrantes que pensaban que podían mentirle. La única pregunta era cuál de los dos sería la táctica de apertura. Draco se mordía el labio, fascinado, al parecer, por el borde de los cojines de Severus. Fue Harry quien levantó la vista, con una sonrisa avergonzada en su rostro.
—Moraea se asustó por algo. No estaba preparado para eso y me caí cuando ella se levantó. Realmente estúpido de mí, lo sé.
Hubo otra sonrisa tímida y disgustada, la que Severus sabía que Harry había usado una y otra vez para encantar a los demás y luego desatenderse. Encorvó sus manos en apretados puños, sin dejar que su expresión mostrara su enojo. Harry continuó.
—Draco siempre está recordándome que debo afianzar las riendas. Supongo que aprendí la lección de la manera más dura. ¿No es así, Draco?.
La mirada de Severus se volvió hacia Draco, preguntándose si sería cómplice en esa vergonzosa burla.
—Sí, sí, es correcto. Harry, él... él siempre tiene las riendas demasiado sueltas. Moraea vio un pájaro o algo, no sé qué, y eso la sobresaltó. Se levantó y Harry se cayó de lado y se torció el tobillo.
—Lo siento, señor—, agregó Harry e inclinó la cabeza con contrición.
Los ojos de Severus se estrecharon en pequeñas rendijas. Estaba furioso. ¿Cómo se atrevía Harry a tratarlo como si fuera un de esos adultos más pasando por su vida, de los que solo querían escuchar las palabras de Harry y no entenderlas? Severus reprimió los insultos y las maldiciones que tenía preparadas. En cambio, se tragó su ira y decidió usar la situación a su ventaja.
—¿Eso fue lo que paso?.
Harry y Draco intercambiaron miradas de nuevo. —Sí, señor—, corearon.
—Bueno. Eso lo explica, supongo—. Severus se levantó. —Draco, por favor consigue a Harry algunas pastillas para aliviar el dolor de la caja de primeros auxilios en el armario de la ropa. Tengo que llamar al doctor Anderson.
—Se lo dije, estoy bien—, dijo Harry mientras se levantaba del sofá.
—Siéntate. El doctor Anderson es un veterinario, no un médico.
Draco se detuvo en seco. —¿Para qué necesitas un veterinario?.
—Bueno, no puedo tener un caballo que se asusta al ver un pájaro. Imagínate lo que haría si un zorro pasara de largo. No, es mejor si llamo al doctor Anderson. Él encontrará un buen lugar para ella—. Severus dio un paso.
—¡Espere!— Harry lloriqueó.
—¿Sí? ¿Hay algo que quieras decir?.
La mirada de Harry se dirigió a Draco y luego a Severus. —Yo... yo... podría haber sido algo más grande que un pájaro. No pudimos verlo, por supuesto, pero probablemente era algo mucho más sorprendente que un pájaro. Y no tenía las riendas correctamente. Draco lo dijo. Lo escuchó.
—Sin embargo, creo que es sabio que ya no esté en mi establo—. Severus se dio vuelta y dio otro paso, preguntándose cuál de los chicos hablaría a continuación, esperando que fuera Draco.
—¡Tío Severus, espera! ¡Fue mi culpa! Por favor no te deshagas de Moraea.
—A menos que tengas algo más que agregar, realmente no veo otra opción.
—Fue mi culpa. Como dije.
—¡Draco!— Harry siseó.
—Tranquilo. No voy a dejar que tú o Moraea sufran consecuencias por esto. Fue culpa mía que tuviéramos esa disputa.
—¿Otra pelea? Ustedes, muchachos, parecen bastante combativos últimamente. ¿Ahora me van a decir lo que realmente sucedió, o debo mantener la mentira y llamar al doctor Anderson?.
—¿Estabas mintiendo?— Preguntó Harry, su voz se quebró con incredulidad.
—Sí. Me has inspirado.
—¿Qué?.
—No tome ese tono conmigo. No olvide que lo conozco, señor Potter. Sé cómo fue tratado por esas horribles personas, y sé de las mentiras que le ordenaban decir para encubrirlo todo. No toleraré tal hipocrecía. No en mi casa, y ciertamente no en ti. Espero, señor Potter, que piense más de mí que eso.
La cabeza de Harry se inclinó de nuevo. Severus estaba seguro de que la contrición era genuina esta vez.
—No quise decir... solo quería... lo siento.
Severus regresó a su asiento y le dio unas palmaditas a Harry en la espalda, un incómodo intento de consolarlo. —No lo hagas de nuevo—. Severus se volvió hacia Draco. —Y tú. No lo ayudes—. Hubo otro coro de "Sí, señor".
Harry era un joven tan extraordinario que era fácil olvidar lo que había pasado toda su vida. A pesar de su exhibición exterior de arrogancia y confianza, era un niño vulnerable y necesitado que estaba desesperado por un poco de aceptación y amor. Severus se preocupaba por la dinámica que el pasado de Harry agregaría a lo que estaba sucediendo entre él y Draco. El sonido de alguien aclarando su garganta sacó a Severus de sus pensamientos.
—¿Querías decir algo, Draco?.
—Salimos a dar un paseo y tuvimos una discusión. Estaba tratando de enseñarle a Harry cómo ir más rápido. Estaba detrás de él, vigilándolo... de todos modos, dije algo que no debería haber dicho y una cosa llevó a otra y...y...
Harry retomó desde el punto en que Draco se había quedado. —Y me enojé, empujé a Moraea al galope y no pude controlarla cuando despegó. Me caí y aterrice de costado.
Severus dejó que el silencio se implantara entre ellos, sin decir nada hasta que ambos muchachos se sintieron verdaderamente arrepentidos. —Ya veo—, dijo por fin.
—Yo empecé, tío Severus. Fue mi culpa que Harry despegara así. Por favor, no te enojes con él. Si alguien debe ser castigado, ese soy yo.
Severus se sorprendió por la protección de Draco, aunque una vez que lo pensó mejor, creyó que no tenía razones para sorprenderse. —Creo que un tobillo torcido y el resto del día en la cama son castigos suficientes para Harry.
—¿Cama? No necesito ir a la cama. Es un tobillo torcido. Nada más.
Severus ignoró las protestas de Harry. A Draco le dijo: —Puedes cuidar de los caballos tú solo. Imagino que no te tomaste el tiempo para cepillarlos o cualquier otra cosa.
—No, señor. Ambos están ensillados todavía. Quería llevar a Harry a la casa lo más rápido posible.
—Vete, entonces. Cuidaré de Harry.
Draco abrió la boca, como para protestar, pero la cerró rápidamente y se apresuró a salir por la puerta.
—No te muevas,— Severus le dijo a Harry. Salió de la habitación, solo para regresar unos minutos después con un vaso de jugo y dos tabletas pequeñas y blancas. —Esto ayudará con la inflamación y el dolor.
—No es tan malo. Realmente. Incluso puedo moverlo ahora. ¿Ve? Y además, lo que pasó fue mi culpa.
—La falla no tiene nada que ver con si se te permite aliviar el dolor o no. Ese no es un método aceptable de castigo.
—Pero...
—No más de esto, Harry. Tú y Draco hicieron cosas estúpidas hoy y por eso creo que no más montar a caballo por el resto de las vacaciones es castigo suficiente. Mantenerte adolorido no es un castigo apropiado.
Harry rodó sus ojos y murmuró un brusco, —Sí—, por lo bajo mientras extendía la mano para tomar las tabletas.
Severus retiró su mano. —¿Lo entiendes? ¿De verdad?.
Harry miró a Severus por un largo rato. —Estoy empezando a hacerlo.
—Bien. Tómate estas y luego te llevaremos al baño. Estás sucio y helado.
—Sí señor.
Severus tomó el brazo de Harry y luego lo ayudó a ir al baño. —¿Estarás bien por tu cuenta o necesitas ayuda?.
—Puedo hacerlo. Realmente no es tan malo. Puedo presionarlo en el suelo y todo. No veo por qué todo éste alboroto.
—Estás herido. Necesitas un poco de cuidado el resto de la tarde. De eso se trata todo el alboroto. Ahora. Te he dejado unos pijamas frescos. Veo que Draco ha usado contigo todas las toallas. Conseguiré algunas más.
Cuando Severus regresó, Harry estaba en la bañera y la cortina de la ducha estaba medio cerrada. Puso las toallas sobre el pijama de Harry. —Te he dejado toallas.
—Gracias—, salió de detrás de la cortina. —¿Señor? Yo estaba... me preguntaba si tendría unos minutos para hablar.
Severus vaciló por un segundo. —Por supuesto.— Se sentó en el taburete de sándalo junto al baño. —Supongo, hay algunas cosas de las que me gustaría hablar también.
—Por supuesto. Um, ¿por qué no empieza, entonces?
—¿Que paso hoy?
—Se lo dijimos. Tuvimos una discusión, me enojé...
—No, quiero decir, ¿de qué se trataba la disputa? ¿Qué lo precedió?.
El agua salpicó cuando Harry cambió de posición. Severus podía ver las puntas de los dedos de su pie bueno flexionándose contra la pared de porcelana fría.
—Me estaba gritando acerca de mi forma de montar. Dijo algo sobre que siempre estaba mostrando el trasero. Yo no...él estaba...fue realmente extraño. En realidad, eso era de lo que quería hablar con usted.
—Continúa.
—Él... Las cosas han sido muy extrañas últimamente. Creo que ya no quiere ser mi amigo, pero no sabe cómo decirlo. Siempre ha sido un poco posesivo, incluso cuando éramos niños. Ahora es como si él no pudiera alejarse lo suficiente de mí o como si quisiera estar encima de mí.
Severus mordió el interior de su mejilla, esperando contener su lengua sobre qué era exactamente lo que Draco quería.
—A veces me mira como si le disgustara. Quiero decir, sé que no soy demasiado bueno de mirar y no actúo lo suficientemente elegante. Pero no pensé que esas cosas importaran.
—No lo hacen. Eres muy importante para Draco. Nunca lo olvides.
—¿Qué pasa con él, entonces?.
—Harry, ¿recuerdas nuestra conversación de esta mañana? ¿Sobre qué es un momento confuso para ti y para el resto de tus amigos? Bueno, también es confuso para Draco.
—¿Confuso cómo, exactamente?.
Severus miró hacia el techo, maldiciendo a Dios y a los cielos. —Quizás confusión es la palabra incorrecta. El punto es que ustedes, todos ustedes, van a estar sintiendo cosas que tal vez piensen que no son... normales, tal vez. Pero no quiero que piensen sobre eso. Normal es un término relativo.
Hubo más salpicaduras de agua y flexión de dedos de pies. —No estoy seguro de entender.
—Lo harás. Con el tiempo, comprenderás todo. Y cuando lo hagas, Harry, no habrá nada malo con lo que encuentres.
—Er, está bien, ¿profesor?.
—¿Sí?.
—¿Es... quiero decir, los chicos de mi edad todavía tienen... sueños?.
Severus frunció los labios y luego el ceño mientras intentaba descifrar lo que Harry estaba preguntando. Abrió la boca para pedirle que fuera más claro, cuando la claridad lo golpeó. —¿Te refieres a sueños sobre...
—Sí, ese tipo de sueños.
—¿Son solo sueños, o estás teniendo em..?.
—No solo sueños. Erm, sueños y lo otro.
—Bueno... bueno... por supuesto que es normal. Es solo la forma en que tu cuerpo te está ayudando en este momento. Los sueños nos ayudan a enfrentar lo que tememos ver en nuestras vidas conscientes.
—Oh. Entonces, ¿es normal, entonces?.
—Sí. Es normal. Pero recuerda lo que dije, Harry.
—Lo sé, lo sé... lo normal es un término relativo. Gracias por la charla, profesor. Y por cuidar mi tobillo de y por todo.
—De nada.— Severus observó los dedos de los pies de Harry flexionarse nuevamente.
—Significa mucho para mí. Creo que siempre imaginé que así era como... hablan padres e hijos.
Severus cerró los ojos.
—No es que yo piense, ya sabes, que somos de esa manera, solo es, eso...
—Está bien, Harry. De verdad. Estas son la clase de cosas que las personas hacen por aquellos que les importan. Está bien sentirse de esa manera. Y a mí me importas. Pensé que eso era evidente. No ladré ni me burlé de ti, como cualquier otra persona.
Harry se rio. —Sí, supongo que sí. Gracias.
—Cuando quieras.
—
Severus oyó que la puerta trasera se cerraba y el sonido de pies con botas entraba en la cocina. Draco había vuelto de una tarde de cuidar de los caballos.
—¿Cómo está Harry?— Preguntó Draco mientras abría la puerta de la nevera y miraba su contenido, como si esperara que los huevos comenzaran a bailar tap.
—Dormido.
Draco no dijo nada mientras continuaba mirando la nevera.
—Hay una tormenta horrible en Londres. Tu madre está atrapada allí por la noche. Llamó hace unos minutos para decir que no volvería hasta mañana.
Draco asintió. Agarró una botella de jugo y comenzó a salir de la cocina.
—Detente, siéntate.
Draco vaciló, pero hizo lo que le ordenaron.
—Quiero hablar contigo sobre Harry. Y sobre ti.
La botella de jugo se detuvo a medio camino de la boca de Draco. Volvió a dejar la botella. —¿Qué pasa con nosotros?.
—Todos estos dolores de cabeza y peleas, ¿sabes a qué me recuerdan?.
—No.
—Cuando eras pequeño, estabas fascinado con Pansy Parkinson. Tanto que siempre que querías llamar su atención, que era todo el tiempo, le tirabas de las coletas, o le arrojabas hamburguesas de barro, o le pisabas los pies.
—No es verdad.
Severus se rio entre dientes. —Oh, pero lo es. Y luego, cuando tu padre te llamó para regañarte por eso, ¿sabes lo que dijiste?.
—No.
—Dijiste que la amabas.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire durante un largo rato.
—Bien. Entonces, cuando tenía cinco años, le dije a una chica que la amaba. ¿Qué tiene que ver eso con Harry y conmigo?.
—Piensa, Draco. Sustituye peleas e insultos por coletas y hamburguesas de barro, ¿y qué tienes?.
—Nada. No tenemos nada. —Draco resopló y se pasó las manos por el cabello. Su mirada recorrió la habitación. —¿Terminamos?.
—No—. Severus se inclinó hacia adelante. —Lo sé, Draco.
—No sé de qué hablas...
—Yo lo sé.
Draco lo miró fijamente antes de tambalearse violentamente desde su asiento y retroceder hacia la pared más cercana. Su gesto de burla estaba llena de falsa confianza. —Entonces, ¿qué?. Entonces, ¿qué?.
—Draco...
—¿Harry lo sabe? ¿Es por eso que me obligaste a irme? ¿Para qué pudieras hablarle de mí?.
—Deja esto. Ahora. Siéntate. No estoy enojado contigo, ni decepcionado de ti, o cualquier otra cosa ridícula que hayas conjurado en tu mente. Pero tenemos que hablar de esto. Harry podría haber sido gravemente herido hoy. Esto ya no es tirar de las coletas.
El desafío abandonó a Draco. Se arrastró hacia la mesa y se sentó. —¿Harry lo sabe?.
—No. Está herido y confundido y está seguro de que ya no quieres ser su amigo. Sé que estás lidiando con algo muy confuso en este momento, pero debes detenerte y pensar en Harry. Con todo lo que hay en su pasado, no hace las mismas suposiciones ni reacciona de la misma manera que otros.
—Todo lo que hago es pensar en Harry. ¡No puedo sacarlo de mi maldita mente!.
—Estoy tratando de mantener una conversación abierta y sin prejuicios contigo. No me insultes con tus vulgaridades adolescentes.
—No soy gay.
—No dije que lo fueras.
—¿Qué es lo que dijiste, entonces?.
—Me refería a tu atracción por Harry. No dije que eras gay. Esa no es una determinación que pueda tomar sobre o para ti.
—Pero... pero dijiste que podías decir que me sentía atraído por él. ¿No significa eso... no significa que soy gay? Es decir, ¿crees que soy gay?.
—La atracción puede significar muchas cosas. Has sido tan insistente en alejar esos sentimientos que no te has tomado el tiempo de entender lo que significan. Como consecuencia, estás atacando a todos a tu alrededor, sobre todo a Harry, quién ahora únicamente está lidiando con la idea de cualquier tipo de sexualidad.
—¿Entonces, qué es lo que estás tratando de decirme?.
—Estoy diciendo que necesitas dejar de alejar tus sentimientos. Debes resolverlos.
Draco resopló. —Sí, claro. Puedo ver la conversación ahora. Hola, Harry. Adivina qué, tengo sueños sobre follarte. Er, lo siento, tío Severus.
—Eso no es exactamente lo que quise decir, pero tener una conversación con Harry podría no ser una mala idea.
—Has perdido la cabeza. No hay forma de que tenga ese tipo de conversación con él. Estos sentimientos, o lo que sea, no son normales. No sé lo que significan, pero voy a hacer que se vayan. De ninguna manera estoy enamorado o me siento atraído sexualmente o lo que sea con mi mejor amigo. Mi mejor amigo.
—Draco...
—No.— Draco se levantó y retrocedió. —No soy gay. Éstos sentimientos no... no son importantes.
—No me importaría si fueras gay, tampoco a tu madre. Ni a Harry.
—Bueno, no importa, ¿verdad? Porque esta atracción, o lo que sea, es simplemente... simplemente es ... no es nada. Ahora si me disculpas, creo que necesito un poco de aire.
Severus oyó el portazo de la puerta principal. Se masajeó las sienes, preguntándose qué lo había poseído para intentar resolver ese asunto.
—
Draco no podía dormir. Pateó sus mantas y se dejó caer sobre la espalda. No importaba cuánto lo intentara, no podía dejar de pensar en su conversación con su padrino, lo que le había hecho pensar en su conversación con Ron, lo que inevitablemente lo llevó a pensar en Harry. Harry. Casi se había ahogado en la cena cuando le había pasado la sal a Harry y sus dedos se tocaron.
Él no ese sentía atraído por Harry. No de esa manera. Simplemente no. Volvió a rodar y bufó cuando los muelles de la cama crujieron.
Dios, no podía dejar de pensar en él. ¿Qué lo había poseído para tratar de enseñarle a Harry a montar de todos modos, sabiendo que estaba teniendo todos estos pensamientos confusos y antinaturales? Había estado detrás de él, observando cómo su trasero se movía hacia arriba y hacia abajo en sintonía con el modo de andar lacónico de Moraea. Todo lo que había querido hacer era extender la mano y darle al culo de Harry un buen apretón. Gritó de frustración y le dijo a Harry que la equitación no requería que mostrara su trasero como una especie de prostituta barata y que dejara de hacerlo porque era repugnante.
Draco resopló y rodó de nuevo. ¿Por qué se estaba escondiendo así? ¿Realmente creía que había algo de verdad en lo que había dicho su padrino? Por supuesto no. Simplemente se había asustado y había hecho de eso, ese tema, algo mucho más grande de lo que era. No importaba lo que fuera, tenía que dormir un poco. Se sentía como una eternidad desde que había dormido por última vez.
Estaba empezando a adormilarse cuando escuchó el crujido de las sábanas de Harry y el crujido de los muelles de su cama. Harry gimió. Draco se sintió endurecerse. Cerró los ojos con fuerza y lo rechazó. Era solo otro ejemplo de cómo había dejado que ese asunto se le escapara de las manos. Sin embargo, cuanto más intentaba hacer que desapareciera, más difícil se volvía. Cuanto más se esforzaba, más pensaba en Harry. Imágenes de él tocando a Harry, de Harry tocándolo, pasaron volando por su mente, excitándolo y desgarrándolo al mismo tiempo.
Y luego recordó lo que su padrino le había dicho antes. Si seguía alejando la atracción, solo empeoraría. Draco se sentó. Por supuesto. ¿Por qué no lo había pensado antes? Había tenido tanto miedo de tocar a Harry, o acercarse demasiado a él por miedo a lo que podría suceder, que solo lo había empeorado. Esa era la respuesta. Él iría y le daría un pequeño masaje a Harry. Sabía que estaba dolorido por la caída. Obviamente, Harry lo necesitaba dada la cantidad de vueltas que estaba dando en la cama, y Draco se demostraría a sí mismo que no se sentía atraído por Harry en absoluto.
—
Estaba tirado en el pasto otra vez. Algo en el fondo de su mente le susurró que estaría molesto cuando despertara si no dejaba el sueño en ese momento, pero Harry no podía molestarse por eso. Nada que se sintiera tan bien podía estar mal. Sonrió cuando esa presencia familiar (y no familiar) lo acarició con su toque fantasma.
Los dedos se arrastraron a lo largo de su espalda, dejando a Harry con la sensación de remolinos eléctricos girando sobre su piel. Se estremeció. Manos amasando en la base de su espina dorsal. Eran fuertes y largos dedos. Eso no había sucedido antes en los sueños de Harry, pero se sentía tan bien, tan, tan bien, que no pensó en eso. Se permitió relajarse.
La suave hierba comenzó a desvanecerse y al igual que el sol del verano. Pero la presencia detrás de él no flaqueó. En todo caso, se sintió con más fuerza, más real. Harry parpadeó. ¿Qué estaba pasando? Cuando la luz del sol dio paso a la noche, cuando la hierba se transformó en sábanas y mantas, Harry volvió a la realidad, aunque todavía no del todo despierto.
Mientras regresaba, notó que la habitación estaba fría y las sombras agudas e inclinadas. Echaba de menos la hierba, calentada por el sol de verano. La cama crujió y sus músculos se tensaron, como si estuviera a punto de ser golpeado. Esa misma sensación pesada todavía estaba allí. Todavía sentía la neblina de la excitación. No entendía. ¿Todavía estaba dormido? ¿Estaba soñando?
—Deje de tensarte. Solo soy yo, Harry—, le susurró al oído la presencia, no, la persona. Él conocía esa voz. La conocía.
Cabello suave rozó el hombro de Harry. El olor combinado de luz solar, hierba y tierra flotaba por entre manos de dedos largos, amasando, amasando y amasando. Escuchó su nombre otra vez.
Harry jadeó.
Realidad y fantasía superpuestas, robaron el aliento de Harry y deteniendo su corazón por un momento. Santa madre de Dios, Harry había estado teniendo sueños húmedos sobre su mejor amigo. Era Draco tocándolo, besándolo, excitándolo, en sus sueños. No eran Pammy, ni Cho, ni Cecelia. Era Draco. Siempre Draco.
Bien. Harry no tenía idea de qué hacer con eso. Las palabras del Profesor Snape más temprano ese día regresaron a él. ¡El Profesor Snape lo sabía! Él sabía que Harry se... se sentía atraído por Draco. ¡Mierda! Eso significaba que Draco también lo sabía. ¿Qué haría?
Lágrimas de frustración e ira empujaron a través de los ojos de Harry. Luchó contra ellas. Salió de debajo de Draco y saltó de su cama, sacudiendo sus mantas y a Draco en el proceso. —Joder—, dijo, lo suficientemente alto como para despertar al Profesor Snape, si el grito estrangulado de Draco no lo había hecho. —Lo siento mucho.
—¿Perdón por qué?— Draco preguntó, luciendo un poco aturdido.
Harry se dio cuenta de que Draco no lo sabía. —Lo s-siento, ¡calambre de pierna!— Harry espetó mientras corría hacia la puerta, calculando la forma más rápida de salir de la casa y el mejor lugar para esconderse, esperando sin esperanza que Draco no lo siguiera.
—¿Qué sucede contigo?.
Harry no le prestó atención mientras salía de la habitación, giraba a la izquierda y corría directamente hacia el Profesor Snape.
—Lo siento señor—, tartamudeó Harry, con vergüenza, mientras se apresuraba a mantener el equilibrio, con el tobillo doblado por el dolor. —Yo solo... necesito... y él... y yo... discúlpeme—, terminó apresuradamente cuando pasó de largo y salió corriendo de la casa, dando un portazo detrás de él.
—
Severus miró hacia la puerta, desconcertado por el desaliñado Harry que acababa de pasar corriendo. El destino parecía decidido a hacer que lo que fuese que estuviese pasando entre Harry y Draco se desarrollara en el transcurso de unas vacaciones escolares mientras la madre de Draco estaba atrapada en Londres, dejando el trabajo duro a Severus.
Con la boca en una línea firme, Severus entró en la habitación que los chicos compartían con la intención de descubrir qué estaba pasando. Sin embargo, se detuvo cuando vio a Draco sentado en la cama de Harry entre sábanas y mantas enmarañadas, con las almohadas medio cayéndose de la cama.
—¿Qué pasó? ¿Por qué Harry huyó de la casa?.
Draco levantó la vista, sorprendido por sus pensamientos. —Eh, lo siento, tío Severus. Harry tenía un calambre en la pierna.
—Un calambre en la pierna... Esa debe ser la razón por la que salió corriendo de esta habitación, cojeando junto con un tobillo herido, dando un portazo detrás de él.
—Supongo,— murmuró Draco, distraído y distante.
—¿Por qué estás en su cama, Draco? ¿Por qué parece que ha pasado una tormenta por la habitación? ¿Qué ha sucedido? ¿Qué has hecho?.
—Oh—, dijo Draco mientras miraba a su alrededor. —Harry necesitaba que lo frotara.
Los pasos de Severus vacilaron. —¿Qué dijiste?.
—Harry está adolorido por la caída del caballo. Necesitaba un masaje. Se lo di.
—¿Harry pidió tal cosa?.
—¿Hmm? No, supongo que no. Solo quería averiguarlo, ya sabes. La atracción. Si era real. ¿Tío Severus? Es real.
—Lo sé, Draco.
Draco asintió. Se sentaron en silencio por un largo tiempo.
—¿Tío Severus?
—¿Sí?.
—Creo que... creo que soy gay.
El rostro de Severus se suavizó. —¿Y qué te ha llevado a esta conclusión?.
—Harry.
Severus se sentó al lado de Draco. —Ya veo. Está bien, Draco. Mi opinión sobre ti no ha cambiado por eso.
—No quiero serlo.
—Sé que no quieres. Pero si lo eres, está bien. No es un camino fácil, imagino, pero no es algo por lo que tendrás que caminar solo. Lo prometo.
—¿Tío Severus? Yo también creo que amo a Harry.
Severus se rio entre dientes. —Tal vez lo hagas, Draco. Pero la pregunta es, ¿qué vas a hacer al respecto?.
—Tuvimos esta conversación. ¿Recuerdas?.
Severus miró hacia otro lado y maldijo a quien lo hubiera puesto en esa situación. Él no era un maldito hacedor de parejas. Sin embargo. Estaba el pequeño problema de su falta de sueño, sin mencionar su proyecto de hibridación. Ya estaba retrasado, después de haber jugado al consejero y a la enfermera todo el día. Si eso iba a suceder, sucedería cuando fuera conveniente para Severus.
—Creo que encontrarás que Harry es más receptivo de lo que crees.
Los ojos de Draco se iluminaron. —¿Qué dijiste?.
—Estoy diciendo que deberías encontrar a Harry y hablar con él.
Draco se mordió el interior de la mejilla por un momento antes de saltar de la cama y colocarse cualquier ropa que pudiera encontrar. —Está en los establos. Estoy seguro. Es a donde va en la escuela cuando quiere pensar en cosas. Será mejor que le lleve una chaqueta. Y un par de zapatos. No creo que estuviera usando zapatos cuando salió. Harry siempre sale corriendo de casa sin zapatos. Volveré. Quiero decir, volveremos. No nos esperes.
Y con eso, Draco voló de la habitación.
Severus sonrió cuando escuchó el portazo de nuevo.
—
Draco entró al establo, sin aliento por haber corrido desde la casa. Las linternas de gas estaban encendidas por todas partes, lanzando un brillo alegre a través de la madera oscura de los puestos e infundiendo luz a las pacas de heno. Moraea estaba en el centro del establo, tranquilamente parada mientras Harry hacía largos trazos con el cepillo. Su pelaje negro brillante y su larga melena brillaban bajo la suave luz. En cualquier otro momento, Harry habría parecido ridículo parado descalzo en pijama, empequeñecido por Moraea, pero en ese momento solo parecía aumentar el atractivo surrealismo de la escena.
—¿Harry?.
Harry se puso rígido, pero no hizo ningún otro reconocimiento de la presencia de Draco. Continuó acariciando a Moraea, murmurando cariños mientras ella movía la cola y doblaba el cuello de placer.
—¿Harry?.
—¿Sabes lo que significa el nombre de Moraea?.
—Harry, por favor...
—Se llama así por la Moraea iridioides, el lirio de quincena, una flor de un blanco puro que solo florece por la noche. Es bastante inteligente, realmente. Un caballo de un negro sólido, elegante y poderoso, llamado así por una flor blanca que solo florece por la noche. Me percaté por mi cuenta, ya sabes.
—Harry, quiero hablar contigo sobre algo.
El cepillo vaciló por un segundo. —¿Qué pasa?.
—Sobre lo que ha estado sucediendo en los últimos días. Semanas, incluso.
Harry dejó caer la brocha y se dio la vuelta. Había una mancha de algo en lo alto de su mejilla. Draco reprimió el impulso de acercarse y limpiarla.
—¿Qué?— Harry bajó la vista y miró al suelo. Jugueteó con el dobladillo de la parte superior de su pijama.
Draco intentó ordenar sus pensamientos. No tenía idea de lo que iba a decir, cómo iba a explicarle a su mejor amigo que estaba enamorado de él. Se pasó las manos por el cabello y se alejó. Por el rabillo del ojo, vio que Harry levantaba la cabeza y lo miraba. Se giró un poco y miró como Harry lo veía. No lo miraba de manera diferente a como lo había hecho alguna vez, pero Draco había notado hasta ese momento lo que había estado oculto en su mirada desde el principio. Deseo. Por Draco. De repente, Draco no tenía ganas de hablar.
Draco cruzó el establo y se paró frente a Harry. Dejó que él lo buscara con su mirada. No quería que Harry se asustara. No de lo que pasara entre ellos.
Moraea blandió y presionó su casco delantero en el suelo. Draco levantó su mano, dejándola flotar cerca de la cara de Harry.
—¿Qué estás haciendo?.
—Tienes una mancha—. Draco se inclinó hacia adelante y ahuecó la parte posterior de la cabeza de Harry con una mano, dejando que su pulgar se deslizara sobre su mejilla. Sonrió cuando los ojos de Harry se cerraron.
—No tienes que hacerlo.
—Lo sé.
Harry no hizo ningún esfuerzo por moverse o detener a Draco.
Draco pasó su pulgar por la mejilla de Harry otra vez, barriendo lo último de la tierra. Sin embargo, no dejó de mover el pulgar. Había pensado que las ganas de tocar a Harry se irían cuando hubiera eliminado la mancha. No fue así. En todo caso, el deseo parecía hacerse más fuerte con cada pasada de su pulgar.
—¿Todavía está allí?.
Draco no dijo nada. Su mirada estaba fija en el movimiento de su dedo, viéndolo deslizarse de un lado a otro a través de la piel que era tan suave como lo había imaginado. Se sintió hechizado.
—¿Draco?.
Draco alzó la vista a sus grandes ojos verdes. Había motas doradas en ellos, pensó. Se inclinó hacia adelante para obtener una mirada más cercana, ahora solo a centímetros de Harry. Tenía que hacerlo si quería saber si había motas doradas, justo como cuando tenía que saber, sentir, lo suave que era la piel de Harry.
—¿Draco? ¿Qué?.
Draco apartó su mirada de los ojos verdes con manchas doradas y descansó su mirada en los suaves labios, más rosados que rojos. El labio superior era delgado, mientras que el inferior era gordo y un poco picante. Perfecto para chupar, lamer y morder, pensó Draco mientras se inclinaba, sin importarle que fuera su mejor amigo, o que fue un hombre. Enroscó su otra mano en la nuca de Harry.
El tiempo se detuvo, atrapado en la pendencia de los pensamientos de Draco. Su aliento apareció en los labios de Harry, mientras la cabeza de Harry se inclinaba ligeramente hacia la izquierda.
Hubo un momento de vacilación, un momento en el que comprendió que todo lo que había conocido estaba a punto de cambiar. No le importaba. Agachó la cabeza, cerró los ojos y se inclinó.
Sintió el suave calor de los labios de Harry encontrándose con los suyos. Hubo chispas, hormigueos eléctricos y algo que saltaba y se enroscaba alrededor de la excitante oleada de deseo que lo recorría. Sintió unas manos vacilantes que lo rodeaban y le rozaban la parte baja de la espalda mientras buscaban algo. Escuchó y sintió el gemido bajo y profundo en la garganta de Harry.
Mientras presionaba sus labios contra los de Harry otra vez, y cuando sintió que Harry devolvía el beso, Draco Malfoy supo que nada —nada— se había sentido tan bien como besar a Harry Potter. Fue entonces cuando supo que la magia existía en el mundo.
Draco aplastó a Harry contra un poste cercano, haciendo caso omiso de los cascos y los bufidos de diversión de Moraea. Harry hizo más ruidos —gemidos, pequeñas respiraciones— mientras Draco arrastraba sus manos por el cabello de Harry, se aferraba a él, y lo acercaba, porque, joder, no estaban lo suficientemente cerca. Sus labios chocaron contra los de Harry, Sus dientes se humedecieron en el labio inferior de Harry, contento porque era tan rollizo y suave como él había imaginado. Sintió a Harry moverse contra él, devolviéndole el beso, igualando la ferocidad de Draco. La lengua de Harry salió disparada y lamió el labio inferior de Draco. Draco respondió a la invitación y pronto ambos gimieron cuando los dientes hicieron clic y las lenguas se entrelazaron.
Ambos respiraban como si estuvieran corriendo una maratón, pero ninguno cedió. Como si supieran que el mundo cambiaría en el momento en que se detuvieran, Draco y Harry se rehusaron a dejarse ir mientras se besaban, besaban y besaban.
Finalmente, la electricidad se convirtió en un suave zumbido. La necesidad de respiraciones adecuadas superó la necesidad desesperada. Draco apartó los labios, temblando ante la sensación de las chispas que todavía bailaban entre ellos. —Yo...— comenzó, pero Harry lo hizo callar con otro beso, esta vez torpe, dulce y agonizantemente lento.
Se separaron, pero enredaron entre sus brazos. Draco sintió una cálida satisfacción cuando los ojos de Harry brillaron con asombro.
—Me besaste—, dijo Harry.
Los ojos de Harry se volvieron vidriosos hacia Draco, como si pensara que, tal vez, estaba en un sueño. —Sí, lo hice—, dijo Draco.
—¿Por qué?.
—Quería saber si lo que sentía era real.
—Oh.
—Lo siento por el beso.
Harry miró hacia abajo con un leve ceño fruncido. Dejó caer los brazos y dio un paso atrás, obligando a Draco a soltarlo. —Está bien. No te preocupes. Experimento terminado, ¿verdad?.
—No. Quiero decir, te besé sin preguntar. Es por eso que lo siento—, soltó Draco, luchando por encontrar palabras, cualquier palabra, que no fueran las incorrectas.
—Oh.
Moraea volvió a pisar con los cascos y relinchó, infeliz porque ya no era el centro de atención. Fuera del establo, algo se movió a través de la maleza. Harry arrastró su pie por el suelo.
—¿Te... es decir, te gustó?— Draco preguntó.
—Yo... no sé. Creo que sí. No sé qué pensar.
Draco vio la incertidumbre en los ojos de Harry. Le hizo latir el corazón y quemarle los pulmones. —Me gustó también, ¿sabes?.
—¿De verdad?.
—Por supuesto que sí. Quiero hacerlo de nuevo, en realidad. Si me lo permites, por supuesto. Debería haber preguntado antes de hacerlo, es por eso que dije que lo sentía.
—Mencionaste eso.
—Sí. Lo siento, lo olvidé.
—Está bien.
Harry se movió más cerca. Sin pensarlo, los brazos de Draco rodearon la cintura de Harry. Harry no se opuso. Levantó los brazos e hizo lo mismo con Draco. Su toque fue tentativo y... reverente, pensó Draco. Él levantó una de sus manos y apartó el flequillo de Harry de sus ojos.
—Así que... ¿Puedo besarte de nuevo? Para ayudarte a resolverlo, si quieres. Si te gustó o no, quiero decir.
—Si, vale.— Harry sonrió. —Creo que me gustaría eso.
Draco se inclinó y Harry se encontró con él a medio camino, la mirada aturdida todavía en sus ojos. Sus labios se tocaron y el mismo hormigueo familiar de magia siguió. Draco cerró los ojos y lo besó, la calidez de Harry lo cubrió y le devolvió el beso.
Era demasiado pronto para pensar en que significaba ese beso para Harry a gran escala. Por el momento, era mejor besarse, porque nada se había sentido tan perfecto.
[1] Ya saben que cuando dicen que le gustas a un niño siempre te molesta jalándote el cabello.
[2] Dejar dormir a los perros es una manera de decir que vas a dejar las cosas como están.
