Draco tenía un estilo de besar para todos los ánimos. Tenía besos suaves y ligeros que cosquilleaban la piel de Harry y lo hacían querer hacer cosas estúpidas, como reírse o estar enredado con Draco en la cálida hierba del verano. Besos exigentes que lastimaban los labios de Harry y lo hacían jadear y besarlo con la misma fuerza. Y luego estaban los besos largos y lentos; labios que se deslizaban contra labios, lenguas que se deslizaban adentro y afuera. Nada se sentía más perfecto. Esos besos hacían que Harry se olvidara de todo por un momento. Le gustaba olvidar, olvidar adónde iría al final del trimestre, si podría permanecer en Wolsford. Cuando Draco abriera los ojos y se diera cuenta de que Harry no tenía nada que ofrecerle.
Dedos deslizándose sobre su mejilla sobresaltaron a Harry de sus pensamientos.
—Estoy empezando a creer que te gusta tener manchas de tierra en toda la cara—, dijo Draco, risueño.
Harry apartó de los dedos de Draco. —Es un solo un poco de suciedad y estoy en los establos trabajando. No me importa si tengo una mancha aquí o allá.
—No, no te importa, ¿verdad?
—Nunca.
Los dedos de Draco rozaron la mejilla de Harry una vez más antes de retirarse. —Tal vez algún día verás el error de tus maneras, pero supongo que por ahora puedo lidiar con eso.
—No sabía que aguantarme era una tarea tan pesada—, dijo Harry, divertido.
—Eres un idiota.
—No puedo evitarlo. Eres demasiado influyente.
—No entiendo como no puedo hacer que te des cuenta de lo bien que te ves cuando no estás todo revuelto y sucio.
—Hmm—, respondió Harry, resistiéndose a la urgencia de frotar la tierra de su cara. Tal vez debía prestar más atención a cómo lucía. ¿A Draco le gustaría más? Pero, realmente, ¿por qué debía importar cómo se veía? ¿Por qué Draco estaba tan interesado en eso? ¿Estaba avergonzado de Harry? ¿Por eso que actuaba de manera tan diferente cuando habían otras personas alrededor?
—¿Qué estás pensando? — Draco preguntó.
—Solo cosas. El final del trimestre, mi proyecto de Botánica —. Preguntándome cuándo tendré que dejar atrás esta vida que no me pertenece—. Ya sabes, lo de siempre.
Draco lo besó, suave y ligeramente. Escalofríos bailaron arriba y abajo de la columna vertebral de Harry. —No pienses en eso. Lo harás bien. Las clases no comienzan hasta mañana.
—Sí, lo sé. Yo simplemente...
—Simplemente nada. Honestamente, Harry, no tienes nada de qué preocuparte. ¿Es esto lo que te ha tenido tan inquieto desde la semana pasada? ¿Las clases? Has estado peor que una chica.
—Caramba, gracias.
—Sabes a qué me refiero. Has estado muy temperamental y quieres discutir por todo. Excepto, por supuesto, cuando me atacas por una rápida sesión de sexo. Debe de haberte gustado mucho lo que hicimos en Año Nuevo.
Harry miró hacia otro lado. Podía sentir que se sonrojaba —Fue brillante. Lo sabes.
—Es bueno saber que ese no es el problema. Así que dime, Potter, ¿qué te tiene tan nervioso?
—Nada en particular—, murmuró Harry. —Solo... cosas. Como dije antes.
—Bueno, tal vez un buen magreo te distraiga.
Los labios de Harry se curvaron en una sonrisa perezosa. El contacto sexual sonaba como algo bueno. Agarró la camisa de Draco y tiró de él hacia adelante, besándolo con fuerza. —¿Lo crees?
—Sí. Todos están cenando. Regresemos a nuestra habitación. Podemos cerrar las cortinas y practicar venirnos en silencio—, dijo Draco, apretándose contra Harry.
Harry gimió. —No creo que pueda llegar tan lejos—. Inclinó sus caderas, su erección frotando la de Draco.
—Joder, Harry.
—Esa es la idea general—, murmuró Harry antes de inclinarse para otro beso.
La puerta del establo se abrió de golpe. Harry y Draco se separaron, sus erecciones se marchitaron por el pánico al ponerse en pie.
—Hola, ¿alguien aquí?
Fuertes pasos se acercaron. Draco y Harry se esforzaron por ponerse presentables. Harry intentó compartir una sonrisa cómplice con Draco, pero Draco evitó su mirada, permaneciendo rígidamente a un lado. Harry abrió la boca para preguntarle qué le pasaba cuando un chico fanfarrón apareció. Llevaba pantalones de montar y botas como si fuera perfectamente normal hacerlo a las siete y media de un domingo por la tarde en enero. Era ese idiota, Cormac McLaggen.
—Ah, ahí estás, Draco—, dijo McLaggen, ignorando a Harry. —Zabini me dijo que podrías estar por aquí. Checando a los caballos, ya veo. Es bueno ver a alguien más tomar al equipo de doma clásica tan seriamente como yo.
McLaggen se puso delante de Harry como si fuera invisible. Draco, notó Harry, no hizo nada para corregir el desaire. Harry pateó una paca de heno cercana, intentando deliberadamente hacer que al menos uno de ellos dejara de ignorarlo. Ninguno lo hizo.
—Ahora, tenemos que decidir qué hacer con ese tipo, Davies. Su asiento está mal y la línea de embestida no está ayudando—, dijo McLaggen con una voz demasiado seria.
—Ahora no es un buen momento. ¿Qué tal más tarde?
—Pero los dos estamos aquí. Ahora es el momento perfecto.
—Estaba en el medio algo. ¿Qué tal más tarde?
—Sí, él estaba hablando conmigo—, dijo Harry, irritado por ser mencionado como una "cosa".
McLaggen se giró, mirando a Harry de arriba abajo. —Oh, es Potter—, dijo, como si apenas hubiera notado que Harry estaba a menos de un pie de distancia de él.
McLaggen se volvió hacia Draco frunciendo la nariz, despidiendo a Harry con poco más que una mirada—. Puedes hablar con el chico establo en cualquier otro momento que desees. Esta es una emergencia, Draco.
—Deja de llamarme chico establo—, dijo Harry, tratando frenéticamente de captar la mirada de Draco. Lo vio hacer una mueca de dolor y sintió una fría conmoción.
Draco —aún evitando firmemente la mirada de Harry— rodó los ojos y resopló. —Oh, está bien—, le dijo a McLaggen. Dieron media vuelta como si fueran a marcharse.
Harry no sabía lo que estaba pasando. —Oye, espera un momento. Draco y yo estábamos hablando. Tu pequeña emergencia ponderosa puede esperar.
McLaggen dio vuelta otra vez. —Nadie está hablando contigo. Vuelve a lo que sea que los estudiantes de becas hacen cuando no están corriendo, jadeando de asombro al ver las copas de cristal y las lujosas cosas de la escuela. McLaggen lo miró de arriba abajo, con los ojos fijos en la cara de Harry, donde estaban las manchas de tierra—. La Junta de Gobernadores realmente necesita reconsiderar esta ola de caridad—, dijo en voz baja antes de volverse hacia Draco.
Una vez más, Draco no dijo nada. No hizo nada. Las manos de Harry se cerraron en puños apretados. —Que te jodan, McLaggen.
—Al caso en cuestión, entonces. Vamos, Draco, dejemos a Potter con sus cepillos de caballos y pacas de heno—. McLaggen resopló. —Probablemente mejor que cualquier cosa con la que creció.
Harry se sentía furiosamente caliente y enfermo. Lo estaban ignorando. La ira se apoderó de él y rugió en sus oídos.
—Lo digo en serio, Draco. Entiendo que Potter es algo así como un pequeño proyecto para ti, pero en ocasiones tienes que dejar el trabajo imposible de lado.
La mirada de Harry se dirigió a Draco, suplicando en silencio, pero Draco estaba mirando al suelo, frunciendo el ceño. Todos los temores que tenía sobre las intenciones de Draco —su madre, el profesor Snape— saltaron a primer plano con un apretón desgarrador.
Un grito estrangulado sonó profundo en la garganta de Harry. Se lanzó hacia adelante, abordando a McLaggen.
—¿Qué demonios? — Harry escuchó a McLaggen gritar antes de aterrizar con fuerza en el suelo, Harry encima.
—¡Aléjate de mí, maldito, pequeño salvaje!
Harry lanzó un golpe, sus nudillos rozando la sien de McLaggen. —¡No soy un maldito proyecto, ni un maldito chico de establo, maldito imbécil! ¡O... o un salvaje!
—¡Basta! Los dos, deténganse, gritó Draco, alejando a Harry de McLaggen. —¿Qué sucede contigo? — Preguntó Draco, sacudiendo los hombros de Harry con fuerza.
—Y a tú—, dijo Draco, señalando a McLaggen, —deja de ser tan idiota.
McLaggen se puso de pie. Se alisó los pantalones de montar. Harry se puso de pie también, respirando con dificultad y frunciendo el ceño.
—Debería informarlo—, dijo McLaggen.
—Nadie informa nada a nadie. Piénsalo, si reportas a Harry, él se verá obligado a contarle al Director sobre tus sentimientos anti-becas. Creo recordar que te reprendieron por eso el año pasado—, dijo Draco.
McLaggen bufó en dirección a Harry y Harry se inclinó hacia adelante. Solo la mirada severa de Draco lo detuvo de lanzarse nuevamente sobre él.
—Honestamente, ustedes dos son unos idiotas, — susurró Draco en voz baja.
Esas palabras lastimaron a Harry más de lo que quería admitir.
—Ahora. Cormac, hablemos de tu maldita emergencia de escuela. Harry, volveré más tarde.
—No te molestes—, dijo Harry y se giró, agarrando un cepillo y dirigiéndose al puesto de Buckbeak.
—¡Hey!, Potter—, llamó McLaggen.
Harry se tensó, negándose a darse la vuelta.
—Cuando quieras pelear como un ser humano civilizado en lugar de un neandertal ignorante, házmelo saber. Estoy seguro de que podemos arreglar algo.
—Cállate, McLaggen—, dijo Draco.
Harry oyó que los dos se iban, McLaggen se rio entre dientes. Podía sentir cómo se evaporaba la ardiente sensación de la ira, dejando solo la inseguridad a su paso. —Genial, Harry. Jodidamente genial.
—
—¿Por qué insistes en hacer el trabajo de ese idiota?
El shush, shush, shush del cepillo de Harry se detuvo por un momento antes de continuar. Estaba sorprendido de que Draco hubiera regresado. —El señor Hagrid no es un idiota. No lo llames así. Pedí que me permitieran cepillar a Buckbeak. Me gusta, y si es demasiado ofensivo para tus delicadas sensibilidades, puedes malditamente largarte de aquí.
Harry escuchó el suspiro de Draco. Tragó saliva y siguió cepillando.
—Eso fue realmente estúpido, ya sabes. McLaggen podría haber ido con el director, independientemente de lo que dije.
Harry había pensado en eso. Había pensado en todo, incluso en cómo había estado peligrosamente cerca de joder su vida porque había estado enojado. Asustado. —Como sea—, dijo Harry.
—Cristo, Harry. Podría haberte lastimado.
Cualquier otra cosa que Draco hubiera querido decir fue interrumpida por el sonido de los cascos de Buckbeak. —Tranquilo, muchacho—, murmuró Harry, pasando su mano por el flanco del caballo.
—Te gusta mucho ese caballo. Aunque, ahora que lo pienso, es más bestia que caballo.
—No lo es. Solo es muy animado, es todo—, dijo Harry, continuando con su mano sobre el flanco de Buckbeak.
Harry sentía que él y Buckbeak eran espíritus afines de algún tipo. Ambos entendían lo que era tener emociones incontroladas corriendo a través de ellos, cuyo primer instinto era reaccionar en lugar de procesar. Él entendía lo que era tratar de contenerse y actuar de la manera en que la gente alrededor quería que actuara. A veces, sin embargo, Harry quería azotar sus cascos contra el suelo y resoplar y morder, un poco como lo había hecho antes. Eso, por supuesto, como le había recordado Draco, era una salida directa de Wolsford y una entrada de regreso a los Dursley.
—Es una bestia. Sabías que estuvo a punto de tirar a McLaggen al final del periodo. El idiota decidió que quería montarlo, dijo que era el único que podía entrenarlo para una doma adecuada. —Draco resopló. —Obviamente estaba equivocado.
Harry no estaba listo para perdonar y olvidar. —McLaggen es una amenaza.
—Es solo un idiota, como la mayoría de los muchachos aquí.
Harry dio media vuelta, su cara enrojecida por la ira. —Nadie más me llama chico establo, o jodido salvaje.
—Maldita sea, Harry, es solo otro idiota en un mar de idiotas. Realmente necesitas dejarlo ir. Es un idiota. Fin de la historia.
—Lo que sea. Bien. Ni siquiera quería hablar de él.
—No, solo querías derrotarlo en una jodida pelea.
—¿Y qué si quería?
—¿Qué te pasa?
—Ni siquiera me defendiste. Dejaste que me hablara así, que me tratara así, como si yo no fuera nada. Como si fuera peor que nada. ¿Es eso? ¿Es eso lo que piensas de mí?
—Lo dejaste llegar a ti, Harry. Estabas completamente fuera de control y fuera de lugar.
—¿Estaba fuera de lugar? ¿Estaba fuera de lugar?
—Lo enfrentaste como una especie de gamberro callejero porque te insultó. Sí. Diría que estuviste fuera de lugar.
—Tal vez solo estaba molesto porque mi maldito novio no pudo defenderme.
Draco dio varios pasos hacia adelante, un brillo febril en sus ojos. —Te dije que no podemos contarle nada a nadie. No lo entenderían, Harry.
—¿Y eso significa que no puedes defenderme?— Harry se golpeó la cara, dándole la espalda a Draco, negándose a dejarle ver cuánto lo había herido.
—Mira, lamento eso. Como regla general, no me involucro en tonterías estúpidas. Soy... Cristo, Harry, esto es nuevo para mí también, ya sabes. No es como si fueras una chica cuyo honor tengo que defender o algo así. Era solo McLaggen, siendo McLaggen. Sé que lo sabes, así que, ¿qué está pasando realmente?
Los hombros de Harry se desplomaron, la renovada ira desangrándolo, lo dejó sintiéndose perdido y vulnerable. —No es nada.
—Mentiroso.
Harry quería decirle que temía tener que volver con los Dursley, que estaba seguro de que los últimos siete meses no habían sido más que unas vacaciones. Quería decirle que McLaggen tenía razón, que no pertenecía a ese lugar, y que esa era la razón por la que se había enojado tanto. Pero él no diría nada de eso. No era del tipo sentimental, de voluntad débil que no pudiera manejar su propia vida. Entonces no dijo nada, guardando sus miedos.
—Mira, olvidemos lo que sucedió antes. Vayamos a cenar—, dijo Draco.
—No. Te dije que tenía un trabajo que hacer. Los estudiantes becados entendemos lo que es el trabajo duro.
—¿Que se supone que significa eso?
—Tómalo como quieras.
Draco lo miró por un largo rato antes de negar con la cabeza. —Bien. Nos vemos.
Harry lo vio irse, el cepillo para caballos colgando de sus dedos.
—
Harry sofocó un bostezo mientras miraba alrededor de la habitación, evaluando en silencio los otros proyectos de botánica. El injerto de Jason DuPrez se veía bastante enfermizo en opinión de Harry, al igual que el de George Smith. Echó un vistazo al suyo, preguntándose de nuevo si había una ligera variación de color en las vetas de las hojas que no debería estar allí.
—Dios, estoy cansado—, dijo Smith, desplomándose contra la pared.
Hubo algunos murmullos de asentimiento, pero nadie en la clase del Coloquio pudo responder realmente. En cambio, tropezaban medio despiertos. Harry también estaba medio despierto, pero no porque hubiera pasado la noche despierto terminando su diario o dando los toques finales a su proyecto. No, había estado pensando en Draco y en la espectacular pelea que habían tenido el día anterior. La tercera en menos de una semana.
—Cristo, él es una amenaza—, gruñó Thomas Wright mientras se sentaba en el taburete de laboratorio junto a Harry.
Harry no se perdió la obvia mirada de Wright hacia su proyecto.
—¿De qué estás hablando?— Preguntó Harry, empujando su maceta a un lado.
—Del viejo Snapey, por supuesto.
—Escucha, Wright—, comenzó Harry, con la intención de defender al Profesor Snape, pero Wright continuó como si Harry no hubiera dicho una palabra.
—Tenía que establecer el proyecto para la primera semana. A las ocho en punto de la maldita mañana de nuestro primer sábado de regreso, nada menos. Ni siquiera tenemos clases los sábados.
Harry cerró la boca. Una clase el sábado por la mañana era realmente bastante cruel, pensaba Harry. —Mejor eso que el lunes pasado.
—Supongo. Sin embargo, él no lo hubiera pasado por alto—, dijo Wright echándose hacia atrás, sin intentar ocultar su mirada evaluativa del proyecto de Harry.
Harry frunció el ceño.
—No está mal, Potter, pero ¿viste el de Coatfield? Nos hará quedar mal.
Un momento de pánico se apoderó de Harry. —No, no lo hice. ¿Está bien?.
Wright asintió de esa manera irritantemente grave que tenía. —Será mejor que vaya a mi asiento. Nos vemos en el grupo de estudio el próximo lunes.
—Nos vemos—, dijo Harry, tratando de echar un vistazo al proyecto de Dennis Coatfield.
—¡Harry!— Gritó Neville, tropezando mientras se dirigía a su mesa de laboratorio. —Estuve despierto la mitad de la noche terminando mi diario. Sin embargo, apuesto a que ya habías hecho el tuyo hace siglos.
Harry estiró su cuello, todavía tratando de vislumbrar el proyecto de Coatfield. —Er, yo también me quedé hasta tarde.
—Estoy encantado de terminar con esto. Tengo los nervios de punta.
Harry resistió el impulso de reírse de eso. Neville le gustaba bastante, pero se había dado cuenta de que "Nervioso Neville" no era solo una burla entre los chicos del colegio. —Sé lo que quieres decir.
Harry suspiró. Demasiadas personas rodeaban a Coatfield y no pudo ver su proyecto adecuadamente.
—Tu injerto se ve muy bien—, dijo Neville.
Harry se giró ante el cumplido, cambiando su enfoque.
—Gracias. Tu proyecto también se ve bien.
Neville se sonrojó. —Eh, no lo sé. Tu tallo está firme y recto. El mío es un poco inestable, creo.
Inestable no era la mitad de lo que describía a su tallo. El injerto de Neville estaba prosperando, pero retorcido en un ángulo tan extraño que Harry no podía concebir cómo lo había hecho. —Estoy seguro de que está bien.
—Gracias, Harry, pero está un poco inestable.
Harry se rio entre dientes. —Sí, supongo que es así.
—Oye, un montón de nosotros vamos al pueblo para el festival de cine esta noche. El transporte organizado de la escuela y todo. ¿Quieres venir?
—Er, gracias, Nev, pero ya tengo planes.
—La fiesta en la cabaña, ¿verdad?
La cara de Harry se calentó de vergüenza. —Sí. Erm, lo siento.
—No luzcas tan arrepentido. Hace tiempo que renuncié a ser invitado a una de esas fiestas. Me sorprende que vayas, es todo. Pensé que te sentirías un poco solo esta noche.
—¿Qué quieres decir? ¿Por qué piensas eso?
—Bueno... no quise hacerlo, no estaba espiando, ni nada, yo solo... bueno tú y Malfoy se ponen muy ruidosos cuando pelean... Solo asumí... es decir, considerando que estaban peleando, solo asumí que no irías.
Un nuevo tipo de pánico se apoderó de Harry. —Solo fue... solo estábamos... ¿qué fue lo que oíste?
Neville se encogió de hombros, manteniendo sus ojos en la mesa del laboratorio. —Solo que no querías ir. Estoy de acuerdo contigo, por cierto. Cormac McLaggen es un completo idiota. Puedo ver por qué no quieres ir a la fiesta cuando él también va—. Neville vaciló y levantó la vista. —Si no quieres ir, ¿por qué aceptaste? No me pareces el tipo de persona que sigue las órdenes de Malfoy.
—No me lo ordenó, Neville. Él solo...— Harry se frotó la cara. Todo estaba tan desordenado. Nada tenía sentido. —Simplemente hizo un buen punto acerca de tratar de llevarse bien con personas difíciles.
—¿Por qué te importa? Quiero decir, no te llevas bien con McLaggen, incluso lo odias. ¿Por qué a Draco le importaría eso?
Harry se salvó de tener que responder por la impresionante entrada del Profesor Snape en la habitación.
—¿Confío en que todos ustedes tienen sus proyectos?— El Profesor Snape preguntó.
—Sí, profesor—, dijeron.
—Bien. Preséntelos, por favor. Proyecto a su izquierda, diario a su derecha.
Hubo un montón de locos movimientos para presentar los diarios y los pequeñas plantas de madera de durazno con ramas de almendras injertadas.
El Profesor Snape recorría la habitación, escudriñando cada proyecto, evaluando poco a los que no le gustaban, y asintiendo con la cabeza a los que sí lo hacían. Coatfield, notó Harry, recibió un asentimiento excepcionalmente agudo. En poco tiempo, el Profesor Snape se dirigió a su mesa.
—Las maravillas nunca cesan, señor Longbottom. Su injerto parece estar prosperando.
Neville sonrió.
—Sorprendente, teniendo en cuenta el ángulo contorsionado en el que ha injertado esta pequeña y pobre rama de almendras. Un esclavo cautivo de la madera durazno más resistente.
Hubo una risita. El rostro Neville se arrugó un poco, y la cara de Harry ardió de vergüenza por su amigo.
—Tenga cuidado, señor Longbottom. Lo que hacemos aquí es tanto arte como ciencia. Debe poseer cierta sensibilidad estética si desea sobresalir.
—Sí, profesor—, dijo Neville, mirando la mesa del laboratorio.
El Profesor Snape se volvió hacia el proyecto de Harry, su fría mirada evaluando cada vena y zarcillo de la hoja. Asintió con la cabeza bruscamente. Harry soltó el aliento que había estado conteniendo.
—El injerto parece estable y bien formado. Sin embargo, el color en las vetas está un poco apagado. Necesitará observar la ingesta de nutrientes durante las próximas semanas para evitar el rechazo. De lo contrario... Esto es aceptable, por ahora, señor Potter.
Harry se negó a ceder ante la sonrisa que amenazaba con partirle la cara por la mitad. —Sí, profesor—, dijo con un suspiro entrecortado.
Los labios del Profesor Snape se curvaron en las comisuras de su boca. Se dirigió al frente de la clase, sus brazos descansando sobre el podio de madera.
—Deben tener especial cuidado en esta fase del injerto. No queremos el rechazo. Antes de partir hoy, tomen nota del proyecto del señor Coatfield, que es por mucho el mejor del grupo.
Harry resistió el impulso de fruncir el ceño.
—Para mis asistentes, el señor Coatfiled, el señor Wright, el señor Potter y el señor Longbottom, si no completan esta etapa del proyecto, se le quitará el estatus de asistente y tendré que considerar seriamente el mantenerlos dentro del Coloquio.
Neville hizo un sonido en la parte posterior de su garganta que conjuró en Harry la imagen de un cerdo estrangulado. Neville casi derribó su proyecto de injerto en su prisa por cubrirse la boca con la mano, pero Harry extendió la mano y la mantuvo firme.
—¿Estás bien, Nev?— Susurró Harry mientras el Profesor Snape hablaba sobre la precariedad de los injertos.
—Sí. S-lo siento. Acabo de... él es tan... tan intimidante.
Harry le dio a Neville una cálida sonrisa y devolvió su atención al Profesor Snape.
—Ahora, antes de comenzar la siguiente parte de nuestro proyecto, deseo compartir una oportunidad con ustedes. He recibido una beca de investigación para el verano para estudiar una nueva especie de flora en Chile que ha aparecido espontáneamente. La investigación requerida estudiará si este espécimen particular es nuevo o simplemente uno que se ha adaptado en respuesta a los patrones del cambio climático.
El Profesor Snape hizo una pausa, sus ojos rozando a cada estudiante. Harry pensó que descansaban en él un poco más que en el resto
—Me permiten dos asistentes y los elegiré de este grupo.
Susurros excitados y furiosos estallaron, sonando como un enjambre de abejas adolescentes en su camino a la polinización cruzada por primera vez. Para Harry, las palabras del Profesor Snape sonaron como la respuesta a una oración silenciosa.
—Silencio.
El zumbido se detuvo.
—Mi decisión se basará en el trabajo de su proyecto y el trabajo regular del curso. Debo enfatizar que será un trabajo duro y se esperará mucho de mis asistentes. El alojamiento será deficiente, las comidas escasas en el mejor de los casos y el trabajo sucio, caliente e implacable. Pero, por otro lado, si alguno de ustedes habla en serio acerca de la botánica como profesión, una oportunidad de investigación como esta no tiene paralelo. Cualquiera en esta clase puede expresar interés, no solo mis asistentes actuales. Con ese fin, Espero que cada uno de ustedes me informe en la próxima clase si desea ser considerado.
Harry no escuchó mucho de lo que dijo el Profesor Snape después de eso. Él ya estaba soñando con un verano en Chile.
—
Harry hizo un trabajo lento al reunir sus libros y proyectos. Esperó a que todos salieran antes de acercarse al Profesor Snape.
—¿Er, Profesor Snape?
—Sí, señor Potter?
—Solo... solo quería que supiera que me gustaría ser considerado. Me refiero al proyecto de investigación.
Harry tragó saliva cuando el Profesor Snape le devolvió la mirada, su expresión en blanco.
—¿Estas seguro acerca de esto?
—Sí, señor. Absolutamente.
El Profesor Snape vaciló. —El trabajo será muy, muy difícil y, hasta cierto punto, tedioso. No será un viaje de vacaciones.
Harry bufó. —¿Desde cuando lo son mis vacaciones de verano?—, dijo en voz baja antes de que pudiera pensarlo.
—De eso se trata. De hecho, quiero asegurarme de que no se trata de los Dursley.
—Por supuesto que no. Quiero ser botánico. Quiero esta oportunidad. Trabajo duro y creo que sería bueno. Me refiero a que sería un buen asistente.
—No tengo dudas sobre tu ética laboral o tus deseos profesionales. Solo quiero asegurarme de que hayas pensado en esto.
—Bueno, lo hice.
—No tomes ese tono conmigo.
—Lo siento, señor.
El Profesor Snape hizo una pausa, mirando a Harry de nuevo con esa expresión en blanco que hacía que Harry quisiera disculparse por algo y quedarse parado en la esquina. —Muy bien—, dijo finalmente. —Serás considerado.
—Gracias Señor. Harry se dio vuelta para irse.
—Harry, sé que estás preocupado por el verano, pero no deberías. Las cosas estarán bien, no importa que. ¿Entiendes lo que estoy diciendo?
Harry sonrió, pensando que lo entendía. —Sí, señor. Por supuesto.
—
—¿Rojo o negro?— Preguntó Blaise, quitándose la camisa negra que acababa de ponerse y señalando la roja que tenía en la mano.
Harry rodó los ojos. —¿Por qué me estás preguntando?
—Porque eres gay y se supone que debes saber estas cosas.
Harry miró su arrugada camiseta y luego a Blaise, como diciendo: —No puedes hablar en serio.
Blaise sacudió la camisa roja hacia él e inclinó la cabeza en respuesta.
—¿Me veo como alguien que sabe de estas cosas? Solo elige una y póntela.
Blaise suspiró, tirando la camisa roja al suelo y poniéndose de nuevo la negra. Dio media vuelta y miró a Harry, de arriba abajo. —No vas a ir así, ¿o sí?
—¿Por qué todos están tan preocupados por la forma en que me visto?
—Las bragas de alguien están demasiado ajustadas, al parecer.
—Tal vez sea porque estás haciendo preguntas estúpidas. Dudo que a alguien le importe si usas una camisa roja o negra.
Blaise se rio. —Sí, tal vez. Pero en serio, Potter, ve a ducharte o algo así. Mi hermano estará aquí dentro de media hora.
—No estoy pensando en ir, en absoluto—, dijo Harry, sin levantar la vista del libro que intentaba leer.
—Joder, Potter. No esto otra vez. Mira, no bebas tu peso en alcohol, y estarás bien.
Harry pasó la página. —No es eso.
—Qué es, entonces, porque se supone que debemos irnos pronto.
—Simplemente no quiero ir.
—Esto no se trata de la pelea que tú y Draco tuvieron ayer en Bloomsbury Hall, ¿o sí?
—Por el amor de Dios, ¿estaba toda la escuela allí o algo así?
—¿Qué?
—Nada—, dijo Harry, tirando su libro a un lado. —Nada importante.
—¿Así que...?
—¿Así que, qué?
—Sabes, a veces puedes ser un completo bastardo.
Harry sonrió, asegurándose de que sus labios se curvaran hacia atrás desde sus dientes. —Parte de mi encanto.
—No es de extrañar que a Draco le gustes, entonces. Pero en serio, Potter, ¿es por esa pelea? ¿O alguna de las otras que han tenido esta semana?
Los dedos de Harry se abrieron paso a través de los pliegues de su manta verde. —Sí y no.
Blaise se abalanzó sobre la cama de Harry, la expresión de su cara ansiosa. —Dime la parte del sí, entonces. Draco no dirá una palabra, solo pisa fuerte y bufa hacia los pájaros y esas cosas.
—Es que... no sé. McLaggen tiene que ver con eso en parte.
—Te lo dije, el hermano de McLaggen y mi hermano son buenos amigos. La fiesta habría sido cancelada si no hubiese invitado a ese idiota. Me habrían asesinado si no lo hubiera hecho.
—Sí, lo sé. Draco me lo contó todo.
—¿Entonces todo esto es sobre McLaggen?
Harry vaciló. —Yo... no. Supongo que no.
—¿Qué? ¿Qué es?
—Draco dice que nadie puede saber que estamos juntos, y entiendo eso, supongo, pero eso no significa que quiera pasar la noche viendo a todas esas pequeñas rameras colgadas de él.
Blaise aplaudió. —¡Sabía que eras del tipo celoso!
—¿Estás seguro de que no eres gay, Blaise? Eres terriblemente pretencioso.
—¡Ajá! Creíste que caería con eso, ¿verdad? Deberías saber ahora, Potter, que se necesita mucho más para desviarme del camino que un insulto contra mi hombría.
—En realidad, no estaba hablando del tamaño de tu pene.
Blaise se rio, cayendo contra el poste de la cama. —Buen espectáculo, Potter. Finalmente has aprendido. Y ni siquiera te atragantaste con la palabra pene—. Blaise fingió limpiarse una lágrima de su ojo. —Mi pequeño Harry ya creció. Puede decir polla sin sonrojarse ni tartamudear.
Harry empujó el hombro de Blaise, esforzándose mucho para no reírse. —Cállate, pervertido. Estoy tratando de hablar en serio contigo.
Blaise se enderezó, sin ningún signo de alegría. —Sí, lo entiendo. Pero la cosa es, Harry, tienes que dejarlo ir. Tú, de todas las personas, debes saber que no puedes obligar a Draco a hacer nada que no quiera.
—Entonces, ¿qué estás tratando de decir? ¿Qué debería quedarme y sonreír mientras él coquetea con todas esas chicas, como si no pasara nada? ¿Qué debería hacer lo que él me diga que haga?
—Sal de ahí, amigo. Hay muy pocas personas que pueden decirte lo que tienes que hacer. Eres bastante resistente a que te ordenen. Escuché a Draco refunfuñar al respecto toda la noche.
—Bien por él—, escupió Harry.
—Ustedes dos son jodidamente increíbles, ¿saben? Antes de las fiestas, me preocupaba venir aquí y encontrarlos enredados en las sábanas. Ahora solo me preocupo por ustedes matándose el uno al otro, y solo ha pasado una semana desde que volvimos. ¿Qué pasa contigo?
Harry miró hacia otro lado. No entendía por qué habían estado peleando tanto, especialmente cuando él era el que instigaba la mayor parte. Era como si todo hubiera sido perfecto en Año Nuevo y eso lo aterrorizaba, porque la vida de Harry Potter no tenía nunca tal brillantez. A veces se sentía como si simplemente estuviera esperando a que cayera el hacha.
—¿Entonces qué debo hacer?— Preguntó Harry.
Blaise se encogió de hombros. —No sé qué decirte, aparte de que vas a tener que tratar con las zorras, o estar preparado para decirle al mundo que tú y Draco son homosexuales, sabiendo que vas a perder a Draco por eso.
—No debería avergonzarse de mí o de lo que tenemos.
Blaise se puso de pie. Jugueteó con su cinturón y se alisó los pantalones. —Nunca dije que lo estuviera, amigo, pero él es Draco—, dijo, como si eso explicara las cosas. Desafortunadamente, Harry pensó que sí las explicaba.
—Y yo soy yo—, se dijo Harry a sí mismo.
—
En lo que a Harry se refería, estar de acuerdo en ir a la fiesta de la Cabaña ocupaba un lugar destacado en la lista de las peores ideas posibles que había tenido alguna vez. Se sentó en la esquina, tomando una cerveza, deseando no haber aceptado ir. En primer lugar, estaba el imbécil de McLaggen, fanfarroneando e intentando estrechar la mano de todos, acorralando a algunos de los muchachos más populares, sin duda presionándolos sobre sus opiniones sobre el equipo de doma clásica.
Harry podía lidiar con eso, en realidad. Había sacado lo peor de su ira la semana anterior. Al menos se sentía de esa manera en este momento, cuando estaba agradablemente borracho.
Lo que era mucho más difícil era ver a las chicas moviendo sus brillantes pestañas hacia Draco, o sacudir sus pequeños pechos, o, peor, tratar de besarlo con sus labios rosados, pegajosos y brillantes. Mientras Draco había hecho un buen trabajo al defenderse de las pequeñas rameras, no había mirado a Harry en absoluto. Ni una sola vez. Ni siquiera había hablado con él. No había hablado con él desde su pelea el día anterior, en realidad.
Una chica de cabello increíblemente rubio se rio de algo que dijo Draco, sonando como una hiena salvaje. Harry gruñó. Terminó su cerveza y se levantó para tomar otra.
Al extender la mano sobre la mesa, alguien lo llamó por su nombre.
—Ey, Potter.
Harry se tensó y maldijo por lo bajo. —¿Qué quieres, McLaggen?
—Sorprendido de verte aquí, es todo. ¿Cómo lograste que te invitaran a la fiesta? ¿Es noche de caridad, o algo así?
La ira familiar burbujeaba en Harry, la sensación era espesa y ácida. Se acercó, sin estar seguro de lo que haría, pero listo para hacerlo. Cualquier cosa. Abrió la boca, preparado para escupir cada asquerosa palabra que se le ocurriera, pero Blaise lo interrumpió.
—Sí, McLaggen, lo es, me alegra ver que recibiste tu invitación—, dijo Blaise, paseándose detrás de ellos. —Mi hermano tiene una debilidad por los brutos como tú, bueno, eso y que tu hermano básicamente rogó por una invitación para ti. Algo sobre que no te llevabas bien con los demás y que necesitabas toda la ayuda que pudieras obtener.
Harry soltó una risita cuando McLaggen enrojeció.
—Ahora, a diferencia de ti, Harry ha estado en todas las fiestas de la cabaña, tiene una invitación permanente—, dijo Blaise.
Los ojos de McLaggen se entrecerraron y se lanzaron entre Blaise y Harry. Bufó. —Por supuesto que Potter tiene una invitación a esta lastimosa y patética fiesta. ¿Cerveza barata y sidra? Sí, gran fiesta—. McLaggen arrugó la nariz. —Lo único que falta son las prostitutas baratas y los snakebite[a].
—Puedes irte entonces, si te lo estás pasando tan mal. No creo que a nadie le importe—, dijo Blaise.
McLaggen sacudió la cabeza, luciendo como un caballo por un momento, antes de bufar hacia Blaise y marcharse.
—Que imbécil. ¿Estás bien, Harry?
—Sí, bien.
—Bien. Tengo que mantener las agresiones al mínimo, ya sabes—, dijo Blaise con un guiño. —Toma algo más de beber, aunque no demasiado, y menos si pretendes pasar un buen rato, ¿de acuerdo?
—Por supuesto.
Blaise alborotó el cabello de Harry. —Buen chico. Mi trabajo aquí ha terminado. Ahora, a intentar reconciliar a Ron y Hermione. Creo que intentó tocar sus bragas.
Harry se rio, levantando la lata en silencioso saludo. Por un momento lo estaba pasando bien. La buena sensación se desvaneció, sin embargo, cuando se volvió y vio a esa horrible pequeña rubia apretada al costado de Draco. Al menos Draco parecía estar sufriendo. Harry sonrió un poco sombrío.
De repente, la música parecía demasiado fuerte, la multitud demasiado sofocante. —Correcto—, se dijo Harry, bebiendo el resto de su cerveza, tomando otra, y yendo al jardín trasero.
Caminó por el sendero, el ruido de la multitud disminuyendo a cada paso. Si recordaba bien, había un banco al otro lado del gran árbol que rodeaba, perfecto para sentarse y resolver las cosas en silencio. Solo que cuando llegó allí, el banco ya estaba ocupado. Harry suspiró.
—Hola, Pammy.
Pammy Smythwick se giró al oír la voz de Harry. Su cabello y maquillaje estaban revueltos y su blusa parecía un poco en peor estado. Tenía un vaso de sidra en la mano.
Harry estuvo a su lado en un instante. —¿Estás bien? Te ves cómo... quiero decir... bueno... ¿estás bien?
Pammy se rio y tomó un trago. Harry notó que su mano temblaba un poco.
—No me di cuenta de que me veía tan malditamente horrible.
—Yo... es... luces... afligida.
Pammy se rio de nuevo.
—Está bien. Estoy bien. Realmente. Mi, uh, cita se ha vuelto demasiado entusiasta, supongo.
Harry no tenía idea de cómo responder. —Oh—, dijo finalmente.
—Oh, es correcto.
—¿Él... te hizo daño?
Pammy hizo caso omiso de su preocupación. —No es nada, Harry. De verdad, no te preocupes. No es como si él no hubiera tenido motivos para pensar que puedo ser un poco fácil.
Harry pensó que podría haber preferido ver a la rubia risueña flirtear descaradamente con Draco antes que lidiar con eso. No tenía idea de qué decir, así que no dijo nada. A Pammy no pareció importarle. Así que se sentaron allí, bebiendo en silencio.
—¿Alguna vez has pensado que te estás haciendo pasar por alguien que no eres?— Preguntó Pammy después de un largo rato. —¿O que te has convertido en alguien que nunca quisiste ser?
Harry rio tristemente. —No tienes idea.
—Hmm. Sospeché que no habías nacido en cuna de oro, eso me gustó de ti. Tienes cierto grado de desaliño. Me gusta. Me gustaste.
—Yo, eh, lo siento, Pammy, yo solo... yo no...
—No te preocupes, no estoy haciéndote una declaración de amor. Solo quería que supieras que realmente me gustaste.
Harry no tenía idea de lo que Pammy estaba hablando y la expresión de su rostro debió haber dicho lo mismo.
—No tienes idea de lo que estoy hablando.
—Lo siento, no.
—Probablemente es lo mejor.
—¿Esto es... es por los... besos y todo eso? ¿En la primera fiesta?
La sonrisa de Pammy se torció hacia un lado. —De algún modo.
—Oh, no. No importa, de todos modos. Siempre quise agradecerte por eso. El beso, quiero decir. El resto es un poco confuso y, de alguna manera, involucra cosas en las que prefiero no pensar.
—Sí, bueno, agua debajo del puente y todo eso, pero ¿por qué me estás agradeciendo?
Harry miró hacia otro lado. Podía sentir su cara ardiendo de vergüenza. —Solo eso... Dios, no puedo creer que esté admitiendo esto... Fuiste mi primer beso.
Harry se volvió y miró a Pammy. Ella tenía una expresión ilegible en su rostro. —Estás bromeando—, dijo finalmente.
—Créanme, ojalá estuviera haciéndolo.
—Bueno, eso es solo la punta del iceberg, ¿verdad?
—¿Qué?
Pammy hizo un gesto para que lo dejara ir. —Nada. Nada. Así que fui el primer beso de Harry Potter. Conozco a muchas chicas que estarían muy celosas de saberlo.
—Genial. Muchas gracias. Ya lo estoy pasando muy bien y estoy seguro de que ese pequeño chisme mejorará las cosas—. Los hombros de Harry se desplomaron. —Le dije a Draco que nunca encajaría bien, sin ofender, Pammy, no podría encajar con personas como tú, Draco y todos los demás en Wolsford. No pertenezco aquí y tarde o temprano todos se darán cuenta de eso.
Pammy dejó su bebida y se giró, tomando las manos de Harry en las suyas. —No digas eso, Harry. Mándalos a todos al diablo. Ojalá pudiera decir que no importa, pero para algunos de los miembros de algunas viejas familias sí lo hace. Sin embargo, eso no debería impedir que pases tu encantador rostro en alto frente a todos ellos y decirles que se jodan. Eres grandioso tal como eres, Harry.
—Uh, gracias. Erm, ¿y tú? ¿Por qué vas haciendo lo que haces si no quieres?
Pammy se encogió de hombros. —No es tan fácil. No, olvida eso. Esa parte de mí me gusta mucho, pero es fácil trazar un límite, supongo—. Ella le dio a las manos de Harry un suave apretón. —Pero ya hablamos suficiente de eso. Deberíamos regresar.
—Sí, deberías, Pammy.
La cabeza de Harry giró al oír la voz de Draco. A la luz de la luna, pudo ver a Draco mirando a Pammy.
—¿Qué estás haciendo aquí?— Preguntó Harry, sorprendido de lo sorprendida que sonaba su voz, incluso para él.
—Podría preguntarte lo mismo.
—Me sorprende que incluso te hayas dado cuenta de que no estaba cerca, con la risa de la hiena por todas partes.
—Habla por ti mismo. Estás prácticamente en el regazo de la madre de todas las zorras.
Pammy aclaró su voz. —Creo que es aquí donde me deslizo en la noche y dejo que los dos terminen su disputa en privado. No creo que me importe saber a dónde va esto.
Harry vio un destello de miedo genuino en los ojos de Draco. —Cállate, tonta—, dijo Draco con una sonrisa burlona. —Vuelve y encuentra otro pequeño polvo.
Harry se levantó. —Es suficiente. Eres un completo idiota, Draco. Pammy no te ha hecho nada, déjala en paz. Si estás enojado conmigo, desquítate conmigo, no con ella.
—Así que defendiendo su honor, ¿verdad?
—Estoy sorprendido de que te hayas dado cuenta, ya que es un concepto tan extraño para ti.
—Muy bien muchachos—, interrumpió Pammy, —Me voy ahora. Denme unos cinco minutos y luego podrán golpearse los sesos. No tengo idea de por qué están peleando y, créanme, no tengo ningún deseo de saber, y no te preocupes, Draco, lo que sea que esté sucediendo aquí se queda entre nosotros.
—Por supuesto que sí.
—No lo hago por ti, Draco. Es por Harry. Ya tiene bastante en su plato, especialmente si tiene que lidiar contigo—. Con un guiño a Harry, Pammy volvió la cabeza y se alejó, ignorando el balbuceo de Draco.
—Bueno, eso estuvo bien—, dijo Harry.
Draco se volvió hacia él. —¿Qué estabas haciendo aquí con ella?
—No estaba aquí con ella, Draco. Vine aquí para alejarme de ti, y de McLaggen, y de esa ridícula fiesta. Resultó que estaba por aquí.
—Que conveniente—. Draco se paseaba de un lado a otro, mirando a Harry todo el tiempo. —Te veías muy cómodo. Querías darle la oportunidad de chupártela, ¿verdad?
—Has perdido la cabeza.
—Correcto. Y ella solo estaba sosteniendo tus manos porque algo aterrador saltó de los arbustos.
Las cosas parecieron ponerse en su lugar en ese momento y Harry se dio cuenta de que él y Draco no eran tan diferentes después de todo. Sonrió, su primera sonrisa genuina en lo que le pareció un largo tiempo. —Estás celoso.
Draco entornó los ojos. —No lo estoy. Retráctate.
—Lo estás. Estás celoso—. Harry caminó hacia adelante, causando que Draco retrocediera hacia el árbol. —No puedes soportar la idea de que Pammy Smythwick me toque, ¿verdad?
Draco tragó saliva. Su respiración era desigual.
—¿Verdad?— Preguntó Harry, inclinándose y mordisqueando el costado del cuello de Draco. Dios, habían pasado años desde que había lo había tocado. Lo besó. Quería tener sexo contra el árbol, quería sentirse conectado con Draco de una manera que no implicara palabras o subtextos.
—Te estaba tocando—, dijo Draco, su voz áspera por la ira y lo que sonó para Harry como lujuria.
Harry mordisqueó el camino por el cuello de Draco. —Y no te gustó, ¿verdad?— Cuando Draco no respondió, Harry inclinó sus caderas hacia adelante.
Draco gimió cuando sus erecciones se presionaron una contra la otra. —Por supuesto que no. No quiero que nadie te toque. Que toquen lo que es mío—. Draco agarró las caderas de Harry y presionó hacia adelante. Se inclinó y chupó con fuerza el costado del cuello de Harry.
—Ahora sabes, ah, Dios, ahora sabes cómo se siente.
Draco gruñó y los giró para que la espalda de Harry quedara presionada contra el árbol. Se lanzó hacia delante, besando a Harry con tanta fuerza que sus dientes castañearon. La lengua de Harry se clavó en la boca de Draco. Todo el tiempo frotándose furiosamente uno contra el otro, presionando, apretando, tomando.
—Te quiero—, gimió Draco antes de atacar el cuello de Harry con los dientes y la lengua.
Harry gruñó en la parte posterior de su garganta. Giró su pie y los giró, golpeando a Draco contra el árbol.
Se frotaban fuerte y rápido, la fricción en la dolorosa cúspide.
Fueron más y más rápido, sus respiraciones silbaban y resollaban mientras luchaban uno contra otro, necesitando estar más cerca, necesitando la liberación.
Draco fue el primero, su cuerpo arqueándose contra el árbol, empujando aún más a Harry, su boca abierta en un grito silencioso. Harry lo siguió poco después, gruñendo mientras su orgasmo lo inundaba.
Draco se desplomó contra el árbol y ambos se deslizaron hasta que estuvieron sentados en el suelo. A medida que la necesidad frenética se disipaba, comenzaron a sentir el cansancio. Harry estaba muy, muy cansado. Cerró los ojos.
—
Sintió dedos acariciándole el cabello. Harry sonrió. Se movió un poco. Los dedos se detuvieron. Labios presionados ligeramente contra la parte superior de su cabeza.
—Deberíamos volver. Podemos colarnos por la puerta lateral y limpiarnos. Ojalá todos estén demasiado borrachos como para darse cuenta de todo nuestro desastre.
Harry asintió.
—Mira, lo siento por lo de esta noche. Y lo de la semana pasada. Debería haber... Dios, Harry, no sé qué hacer. No sé cómo hacer esto. No tiene nada que ver contigo, lo sabes, ¿verdad?
Harry tragó saliva. Estaba demasiado cansado y demasiado contento en este momento como para meterse en esas cosas con Draco. —Sí, claro—, dijo, desenredándose y poniéndose de pie.
Draco lo detuvo antes de que pudiera comenzar a caminar de regreso. Harry se giró, su expresión cuestionando.
Draco lo miró por un largo rato, luciendo como si quisiera decir algo pero no pudiera encontrar las palabras correctas. Al final se inclinó hacia adelante, dándole a Harry uno de sus largos y lentos besos, del tipo que hacían que Harry se olvidara de todo por un momento. Harry cayó en el beso.
[1] El Snakebite es una bebida inglesa compuesta de un tipo especial de cerveza y sidra.
Creo que lo único que nunca me gustó de ésta historia es la manera en que los chicos se refieren a las chicas. "Zorras", "Rameras". Quiero decir, ellas no saben que ellos están una relación, por lo que coquetear no las hace unas mujerzuelas. Por otra parte, creo que tanto las chicas como los chicos tienen derecho a vivir su sexualidad como se les de la gana, siempre responsablemente, por supuesto, como Pammy, y que un tipo haya intentado lastimarla o forzarla solo por que tiene fama de "fácil" no está chido, se le debería de respetar igual.
