Harry despertó aquella mañana realmente contento de que fuese viernes y no tuviera que volver a verle la cara a Severus Snape si no hasta el lunes, pues totalmente contrario a lo que Malfoy creyera, para él, Snape no solo era el peor de los profesores, sino además, también el más desagradable; era injusto, era grosero, déspota y además su nariz le distraía durante las lecciones. Tan solo la primera clase el profesor de pociones había aprovechado para intentar humillarlo con un montón de preguntas que Harry sabía era de cursos avanzados y, aunque había contestado bien, la sola intención de rebajarlo frente a sus compañeros y además frente a los Gryffindor, le había hecho odiarlo. Ahora la primera semana por fin había terminado y estaba realmente aliviado de simplemente tener a Snape lo suficientemente lejos como para no tener que mirar su horrible y grasiento cabello.

Estirándose como un gato se giró hasta la cama de Malfoy en la que el rubio aún descansaba, con la luz verduzca que se colaba por la ventana, efecto del lago negro que les rodeaba, golpeándolo en el rostro, haciéndole lucir mas pálido que de costumbre. El rubio se encontraba descansando boca arriba, completamente inmóvil y con las manos cruzadas sobre el pecho, haciéndolo lucir como un muerto, solo su pecho subiendo y bajando le hacían saber que seguía respirando. Mantenía sus finos y rosados labios ligeramente entreabiertos, inhalando y exhalando y su cabello platinado y perfectamente ordenado reposaba sobre la almohada, completamente contrario a la apariencia de Harry al despertar; por su cama parecía haber pasado un torbellino y su cabello estaba más desastroso que de costumbre, pero Harry ya se estaba acostumbrando a las diferencias que tenía con Draco Malfoy quién parecía haber sido educado con rigor y rectitud, incluso para dormir.

Entonces el ojigris abrió los ojos, muy lentamente y lo primero que hizo, una vez se acostumbró a la luz y se desperezó un poco, fue dedicarle una pequeña sonrisa que el mismo Harry correspondió amablemente para ponerse de pie inmediatamente y dirigirse al pequeño baño a tomar una ducha.

Ahora comenzaba a ver las ventajas de pertenecer a Slytherin; Ron le había contado, durante las clases de pociones en las que coincidían, que en Gryffindor compartía habitación con cuatro chicos más, y que todo el tiempo se la pasaban peleando por quién se ducharía primero. Draco le había dicho que probablemente era porque la casa con más miembros era Gryffindor y tal vez tenía razón, porque charlando con Hermione, con quién compartía defensa contra las artes oscuras, se enteró que incluso los Ravenclaw dormían de a tres personas en una sola habitación.

Salió de la ducha y Malfoy entró de inmediato, miró el reloj colgado en la pared y se dio cuenta de que estaban a tiempo para ponerse el uniforme, arreglar sus cosas y finalmente ir al desayuno sin prisas. Estaba un poco nervioso, aquel día tendrían como primera clase las lecciones de vuelo y, como él nunca había volado en escoba, pues temía hacer el ridículo. Sabía por charlas con sus compañeros que la mayoría de ellos había montado una escoba apenas habían tenido fuerza suficiente para sostenerse y él, bueno, criado por unos muggles completamente mezquinos con él, ni si quiera le habían enseñado a andar en bicicleta o a nadar, por lo que sus posibilidades de fracaso eran altas. Por supuesto que no había compartido esta información con nadie, ni si quiera con Draco que parecía dispuesto a ser su aliado, sentía demasiada vergüenza.

Una vez con el uniforme puesto y con los morrales colgando del hombro, ambos chicos se dirigieron a la sala común donde se encontraron con Gregory Goyle, Vincent Crabbe, Blaise Zabini, Theodore Nott, Pansy Parkinson y Millicent Bulstrode, con quienes rápidamente se envolvieron en una charla sobre el ensayo de treinta centímetros de pociones. Draco le había asegurado que todos ellos eran de su confianza, había crecido con Pansy y Blaise y había hecho muy buena amistad con el resto apenas un par de años atrás y a Harry lo habían incluido como si siempre hubiera sido parte del grupo, aunque en el fondo él no se sintiera como tal.

Pese a su disponibilidad a ser un buen Slytherin, la verdad es que tenía sus reservas sobre quienes podían ser buena compañía y quienes no y prefería mantenerse al margen; él confiaba en Draco y Draco confiaba en él, y para Harry aquello era suficiente. Sin embargo y pese a sus dudas, a veces optaba por no pasar tiempo con las serpientes, embarcándose en algunas escapadas con Hermione a la biblioteca o con Ron a los jardines, incluso pasaban tiempo de calidad los tres juntos, pese a las negativas de Ron de soportar a la Ravenclaw por su actitud mandona y sabelotodo. Draco por supuesto no estaba muy contento, le ofendía que prescindiera de su amistad, pero Harry se las había arreglado para convencerlo de que tener amigos fuera de Slytherin podía ser beneficioso, y aquello lo dejaba solo un poco más tranquilo.

Por ello, cuando iban entrando al gran comedor y Hermione le invitó a la mesa de las águilas, él no se negó y despidiéndose de sus compañeros y sus miradas de incredulidad siguió a la castaña hasta un lugar apartado. Vieron llegar a Ron minutos después y le hicieron señas para que se acercara, al pelirrojo no le hizo demasiada gracia no sentarse en su mesa pero aquello era necesario, Ravenclaw era un terreno neutral, donde ninguno de los dos chicos sería atacado por no estar en su lugar correspondiente. Si Harry había aprendido algo en aquella semana de su estadía en Hogwarts era la profunda rivalidad que existía entre los leones y las serpientes y que Ron decidiera seguir siendo su amigo no dejaba de maravillarle.

—A Neville le han dado una recordadora —dijo Weasley con la boca atascada de comida, haciendo que Hermione hiciera un mohín de disgusto—. Es realmente despistado y torpe, en serio, no sé como va a sobrevivir a la clase de vuelo —los tres chicos miraron a la mesa de los leones justo a tiempo para ver como Neville derramaba su vaso con leche de chocolate.

—Bueno... —dijo Harry— al menos no seré el único en hacer el ridículo— se auto consoló.

—Yo creo que lo harás bastante bien —le animó Hermione con una sonrisa— yo tuve mi primera clase con los Hufflepuff ayer, ni si quiera logré que la escoba se levantara del piso... —dijo un poco desanimada pero inmediatamente agregó de manera digna— aunque de todas formas no me interesa el quidditch o el vuelo en escoba, hay cosas más importantes sobre las cuales preocuparse, como... historia de la magia, por ejemplo —Harry y Ron intercambiaron una mirada que decía que ambos pensaban lo zafada que debía para pensar aquello pero no dijeron nada en voz alta.

Finalmente terminaron el desayuno y ambos chicos se despidieron de Granger. Casi de inmediato, Ron y Harry se encaminaron hacia la salida donde se separaron nuevamente, para ir cada uno con los chicos de su respectiva casa. Draco lo alcanzó nada más se perdió Weasley entre la gente, no lucía muy contento, pero nunca lo estaba cuando pasaba tiempo con sus otros amigos, así que Harry decidió ignorar su mal humor y comenzar a charlar con él sobre la temporada de quidditch que venía, recibiendo como respuestas palabras monosílabas y sonidos que afirmaban o negaban de manera escueta. Draco a veces era así, demasiado acostumbrado a obtener todo lo que quería y eso incluía la atención de todo el mundo, Harry pensaba que no podía ser de otra manera, con padres como los Malfoy cualquier chico se malcriaría; recibiendo a diario enormes cajas llenas de golosinas, siempre consentido, siempre atendido, siempre escuchado. Todo lo contrario a él; Harry, quién no tenía ni a quién escribirle una carta, mucho menos a alguien que le hiciera sentir querido llenándolo de regalos absurdos y a veces aquello le hacía sentir solitario, solo un poco.

No se podía extrañar lo que nunca se había tenido, o eso pensaba él.

—Mi madre te ha mandado esto —le dijo el rubio finalmente, mientras esperaban a la profesora de vuelo en los jardines, muy cerca del campo de quidditch. Le tendió una pequeña bolsita de celofán cerrada con un moño plateado donde dentro descansaban algunas golosinas —en realidad me ha dicho que la mitad de la caja de dulces de hoy es para ti, pero como me has dejado desayunando solo, creí que lo mejor era darte solo unos pocos, no voy a premiar tu falta de lealtad, Potter.

—Gracias —dijo negando divertido. A veces Malfoy podía ser realmente envidioso.

La señora Hooch llegó casi de inmediato, apresurada, con un montón de escobas levitando tras de ella, escobas que se colocaron frente a cada estudiante, estudiantes que ya se encontraban en ordenada fila, esperando. Después de la primera mitad de la clase recibiendo instrucciones de como sujetar la escoba y de cómo montarse en ella sin caerse, finalmente les dejó levantar un poco el vuelo, cosa que terminó en inminente desastre cuando Neville, nervioso, había perdido el control de su escoba, cayendo de ella y dándose un gran golpe. Cuando la profesora se retiró con el herido muchacho hacia la enfermería Malfoy se acercó a Harry y le dijo:

—Vamos a volar.

—La profesora ha dicho...

—Sé lo que ha dicho —le interrumpió— pero va a tardar lo suficiente como para atraparnos —entonces su gris mirada se enfocó en el piso, sobre la recordadora que Neville había dejado caer.

Harry lo vio tomarla del piso.

—Eso no es tuyo, Malfoy —le dijo Ron en tono serio.

—Eso ya lo sé, Weasel —respondió y luego miró a Harry mientras su escoba se elevaba— ¿vienes?

Harry miró a los indignados Gryffindor y suspiró, sabía que Draco no regresaría aquella cosa a menos que le siguiera el juego y volara con él, solo un poco, así que haciendo acopio de todo lo aprendido aquel día tomó su escoba, se sujetó fuertemente y finalmente, y en contra de lo que había creído, se elevó sin problemas; su escoba no se balanceaba inestable, ni se zarandeaba como lo había hecho la escoba de Longbottom y la sensación del vuelo le traía paz y tranquilidad, como si aquel fuera su elemento, aunque la verdad no lo entendía, pues aquella era la primera vez que volaba en escoba.

Draco comenzó a volar a su al rededor y riendo le pidió que lo alcanzara, haciendo volteretas que Harry solo se animó a hacer después de unos minutos. Sobrevolaron los jardines a gran velocidad, con el viento golpeando su cara y dando un espectáculo digno ver, incluso los Gryffindor parecían asombrados y ni si quiera se molestaban en disimularlo. Entonces Draco se detuvo de repente, con las mejillas encendidas y una enorme sonrisa en el rostro y le dijo al moreno:

—¡Vamos a hacerlo más divertido! —y sacó de su bolsillo la recordadora de Neville— ¡Atrápala Potter! —y con una fuerza que Harry no creyó que tendría la arrojó lejos, muy lejos.

Por puro instinto Harry se arrojó tras ella, forzando a su escoba a ir lo más rápido posible, tanto que el viento casi le arrancaba las gafas de la cara. Finalmente logró atrapar la pelotita, no sin antes hacer una dramática pirueta que ni él sabía que podía hacer y que había sido necesaria para no dejar caer la recordadora. Todos estaban asombrados, sonriendo le recibieron en el suelo donde Draco ya esperaba igual de impresionado que el resto pero disimulándolo mucho mejor. Potter le regresó la recordadora a Ron quién le aseguró que se la devolvería a su dueño solo después de contarle tan increíble hazaña. Harry se sonrojó ante las ovaciones y nervioso se rascaba la nuca hasta que una severa voz interrumpió en los jardines, haciendo que todos se pusieran serios de repente; Harry conocía esa voz, era la profesora de transformaciones, Minerva McGonagall, la maestra más severa de todo el castillo.

—¡HARRY POTTER! —exclamó la mujer y todo se paralizó. —¿Cómo te atreves...? Pudiste romperte el cuello... —Malfoy se aclaró la garganta y dio un paso hacia ella.

—Fue mi culpa profesora —dijo solemnemente— yo le pedí que voláramos un poco y para hacer las cosas más divertidas le arrojé la recordadora, él solo fue tras ella para que no se rompiera.

—Y que buen lanzamiento —susurró Parkinson.

—Silencio —sentenció la profesora— Los dos, vengan conmigo, busquemos a Severus.

Draco comenzó a caminar despreocupadamente por los pasillos del colegio, siguiendo a McGonagall de cerca. No parecía ni un poco asustado, Harry sabía que se debía a que Snape parecía tener cierta preferencia por él, pero Harry no correría la misma suerte, Snape lo detestaba, lo odiaba hasta la médula y aquello le costaría semanas de detención.

Suspiró. Al menos ya había comprobado que Malfoy era un buen amigo, no lo había dejado morir solo y había dicho la verdad para que no solo él recibiera un castigo.

—Primera lección, Harry —le susurró— jamás dejes que vean cuan preocupado estás, tus enemigos se aprovechan de tus debilidades —Harry frunció el ceño—. Párate un poco más recto, sí, así y ahora no pongas esa cara, parece que de verdad crees que nos van a expulsar o algo —le sonrió—. Y ahora, cuando entremos, observa y aprende.

Llegaron a las mazmorras, donde la oficina de Snape. La jefa de la casa de los leones tocó y luego de recibir autorización para entrar, los tres se adentraron. Draco tomó asiento frente al escritorio del profesor de pociones sin mostrar ni una señal de duda, Harry, en cambio, aunque lo intentó no lo logró, haciendo que Snape le mirara con una ceja en alto y que sus oscuros ojos le gritaran "¿Qué diablos has hecho ahora?".

—Severus, sé que has de estar un poco ocupado pero he creído conveniente charlar esto contigo —miró a los dos chicos—. Atrapé a tus alumnos volando sin permiso de la profesora Hooch por los jardines —Severus los miro con imprimido enojo— y debo decir, que lo que vi me pareció realmente maravilloso —Draco parpadeó claramente confundido, Harry volteó a ver a la mujer tan rápido que casi se saca un esguince en el cuello. — Tengo entendido que Flint aún busca un buscador y un cazador, pues bien, creo que éstos dos son tus mejores opciones.

—¿Disculpe? —preguntó Snape incrédulo.

—Que he visto a Malfoy arrojar una recordadora con una habilidad de campeonato y vi a Potter atraparla como todo un profesional, sé que por regla general ellos no deberían ser tomados en cuenta pero... —volvió a mirarlos y le dedicó a Harry una sonrisa cálida que él respondió agradecido— sería un desperdicio no hacerlo, sobre todo ahora que mi capitán ya ha encontrado buscador y Gryffindor está listo para aplastarlos en el primer partido de la temporada. —sonrió orgullosa y Snape hizo una mueca, pensativo.

—¿Dices que has venido aquí a ayudar al equipo rival, Minerva? —preguntó Snape finalmente.

—La competencia sana siempre es divertida, además, tú me ayudaste con un golpeador hace unos años. Manda llamar a Flint, que les haga una prueba si no confías en mí, estoy segura que Dumbledore no se opondrá a hacer una excepción con ellos —sonrió—. En fin, tengo que marcharme ahora y... —se puso seria— cinco puntos de cada uno, muchachos, no intenten seguir rompiendo las reglas —y salió de la oficina de Snape.

Harry miró a Draco, parecía fascinado con la idea de pertenecer al equipo de Slytherin y su insistente mirada sobre Snape lo demostraba. El profesor de pociones en cambio los miraba de forma seria, como si ni si quiera lo estuviese pensando, como si la idea fuese tan absurda que ni si quiera valía la pena tomarla en cuenta. Pero Malfoy no se rendía y Harry, inquieto, esperaba a que los regañara por haber perdido diez puntos o que simplemente los dejara marchar.

Minutos que se sintieron como horas pasaron para Potter, mientras Snape le miraba con aquel gesto de desprecio que tenía solo para él, hasta que finalmente se reclinó hacia el escritorio y dijo:

—De acuerdo —y Draco casi salta de su asiento de alegría—. Pero van tener que demostrarle a Flint que lo valen, Slytherin no ha perdido en años y no vamos a hacerlo ahora —se recargó en el respaldo de su silla—. Ahora largo, que estoy muy ocupado —ambos se pusieron de pie de inmediato y justo cuando llegaron a la puerta Snape añadió—. Díganle a Flint que venga lo antes posible y Draco, diez puntos por romper las reglas en nuestro beneficio.

Prácticamente corrieron hasta la sala común, Draco estaba radiante de alegría y Harry no sabía exactamente como sentirse, estaba confundido y estaba feliz, pero algo abrumado porque de quidditch no sabía más lo que había leído y lo que había escuchado de Draco o de Ron.

El rubio prácticamente tiró a bajo la puerta del dormitorio de Flint y lo mandó de inmediato a la oficina de Snape para finalmente regresar a su propia habitación, con un aún incrédulo Harry tras él; incrédulo porque cundo se subió a esa escoba y comenzó a corretear a Malfoy por diversión, jamás esperó terminar con un lugar en el equipo de quidditch de su casa y mucho menos con el permiso de Snape quién debía ser realmente competitivo si había aceptado dejarlo jugar.

—No puedo creerlo, no puedo creerlo —repetía Malfoy mientras arrojaba sus cosas sin cuidado a la cama y se dirigía a su escritorio—. Madre y padre van a estar orgullosos ¡Somos los jugadores más jóvenes de la historia de Hogwarts, Harry! —sacó un trozo de pergamino y con su pluma comenzó a escribir a gran velocidad, de repente un golpe de entusiasmo llegó hasta Harry quién decidido también se sentó en su escritorio solo para darse cuenta de que no tenía a quién darle la noticia.

Se quedó ahí, sentado, la pluma de Draco dejó de escribir y sintió su mirada encima pero él decidió no voltear, no quería que le viera como un idiota solitario, aunque él fuese precisamente eso. Entonces la pluma de su amigo volvió a escribir a gran velocidad y Harry decidió hacer tres notas, una para la profesora McGonagall, agradeciéndole el gesto, otra para Ron y otra pera Hermione, contándoles la nueva noticia, seguro de que ellos se alegrarían por él.

—Yo... voy a la lechucería —dijo el rubio en tono cauto, como si quisiera medir su estado de humor.

—¿Podrías llevar éstas también? —le sonrió tendiéndole las pequeñas notas.

—¿Por separado? —preguntó y Harry asintió— de acuerdo, volveré en seguida —llegó a la puerta y luego se detuvo—. Esta mañana mamá envió todos los periódicos de los últimos dos meses para que puedas ponerte al tanto del mundo mágico, le pedí a los elfos que los dejaran junto a tu baúl.

—¿Los elfos? —sacudió la cabeza—. Luego hablaremos de ello —Draco asintió y salió.

Harry se dirigió hacia los periódicos únicamente por tener algo que hacer, se sentía un poco abrumado y triste, solitario, pero toda su vida se había sentido así, con los Dursley no había conocido el cariño o el afecto, ellos nunca le habían mostrado si quiera simpatía o apoyo moral, para ellos Harry no existía y él nunca se había dado cuenta de lo mucho que le había afectado hasta que conoció a sus amigos, él incluso hubiera preferido tener escasez de dinero como Ron si eso significaba que podía tener una enorme y cariñosa familia, incluso Malfoy tenía unos padres estupendos y Hermione ni se diga, pero él no tenía nada, ni si quiera un par de recuerdos sobre Lily y James Potter.

Tomó el primer periódico sobre el bonche de papel y lo hojeó sin cuidado, luego pasó al siguiente y luego al siguiente, así hasta que encontró el ejemplar del día de su cumpleaños. El gran titular decía:

RECIENTE ASALTO EN GRINGOTTS

Continúan las investigaciones del asalto que tuvo lugar en Gringotts el 31 de julio. Se cree que se debe al trabajo de oscuros magos y brujas desconocidos.

Los gnomos de Gringotts insisten en que no se han llevado nada. La cámara que se registró había sido vaciada aquel mismo día.

«Pero no vamos a decirles qué había allí, así que mantengan las narices fuera de esto, si saben lo que les conviene», declaró esta tarde un gnomo portavoz de Gringotts.

Harry recordaba aquel día, había ido con Hagrid al callejón Diagon e incluso había estado en Gringotts, por lo que el robo pudo haber ocurrido mientras ellos estaban allí... Entonces una idea se cruzó por su cabeza, recordaba que después de haber pasado a su cámara, Hagrid y él habían hecho una parada en otra, con encargo del profesor Dumbledore, había dicho el guardabosques. Y la nota decía que la cámara que habían intentado robar había sido vaciada aquel mismo día... sí, era posible, aquel único paquetito arrugado que Hagrid se llevó podía ser lo que esos magos oscuros buscaban. El guardabosque le había dicho que el banco mágico era el segundo lugar más seguro del Londres mágico, que el primero era Hogwarts... Tal vez aquella cosa importante ya se encontraba resguardada dentro del colegio.

Se mordió el labio, pensativo y curioso. Sabía que Hagrid no le contaría nada, ya antes le había pedido no hacer preguntas ni decir que habían estado allí cuando habían hecho la parada en la cámara. Pero la curiosidad le picaba y sentía la imperiosa necesidad de saber. Resopló. Bien, si esa cosa era tan importante ya se enteraría. Y así pasó al siguiente ejemplar del profeta.