Harry había aprendido una valiosa lección que no olvidaría ni dentro de vente años: sin Draco Malfoy de su parte, las cosas podían ser realmente difíciles, no solo dentro de Slytherin, aunque era el lugar en que más se notaba, sino en todo el colegio.

Draco había sabido hacer muy bien su trabajo al demostrarle que sin él, no sería ni la mitad de Slytherin que se esperaba que fuera y sus compañeros comenzaban a darse cuenta de ello.

Se sentía un tanto desprotegido, para que negarlo, intentaba con todas sus fuerzas actuar como le había sido instruido desde principio del curso pero la verdad era que le costaba más trabajo del que generalmente le costaba cuando Draco estaba su lado, mostrándole silenciosamente como debía comportarse, como responder, incluso, como imponerse con una sola mirada y es que Harry se sabía completamente perdido sin su amigo.

Sin Draco, Harry no podía ser un Slytherin, sin Draco no era nada, no era una serpiente, no pertenecía a ningún lado, no tenía a nadie que lo respaldase, que lo respaldase de verdad. Había intentado hacerse con más amigos, pero los mejores Slytherin ya tenían su lealtad con Malfoy y no iban a cambiarla por nada del mundo.

La estadía en su casa se había vuelto insoportable y la compañía de Ron o Hermione solo empeoraba todo, en Slytherin se comenzaba rumorear que Potter moría por cambiarse de casa y aquello los tenía realmente enojados, pero sobre todo, los hacía sentir traicionados y la traición era algo que los Slytherin no soportaban. Para ellos la traición era una vergüenza y Harry los estaba avergonzando frente a todo el colegio.

Ser el salvador del mundo mágico había perdido importancia para ellos y Harry se encontró de repente con que no valía nada, nuevamente. No valía el respeto, no valía si quiera un saludo en los pasillos y se estaba volviendo loco, estaba hasta el cuello con la frialdad y la indiferencia de los miembros de su casa, aquellos que no creía que le importaran hasta que aquello ocurrió.

Había sentido lo que era pertenecer a alguna parte, lo que era ser notado, lo que era ser respetado, lo había probado todo y había sido tan dulce que ni si quiera había notado cuanto había necesitado algo así en su vida. El respeto de las otras cosas ya no era tan importante, no cuando en su hogar volvían a tratarlo como si fuese invisible, como si estuviera con los Dursley y ni el quidditch le había ayudado a recuperar su posición, aunque si le ganaron un par de simpatizantes más.

Pensó que tenía mucho que aprender, era sumamente ingenuo comparado con sus compañeros, comparado con Draco Malfoy. Pensaba que necesitaba que alguien le instruyera de nuevo, pero no había más Slytherin que aquel que ya había sido su mentor, además, claro de Blaise Zabini que parecía haber tomado su lugar de mejor amigo con una rapidez que no era ni medio normal.

¿De qué le había valido atrapar la snitch en los primeros cinco minutos de su juego contra Gryffindor si no había podido celebrar con nadie? Por qué no era que Harry estuviera solo de verdad, era que las personas que le acompañaban como perros falderos le hacían sentir así. Algunos Slytherin de bajo rango que no hacían más que lamerle los zapatos haciéndole sentir incómodo. Extrañaba a Malfoy y sus comentario altivos, burlándose de él, extrañaba que le corrigiera, que le instruyera, que lo viera como un igual, estaba cansado de ser invisible para él.

Incluso, el haber descubierto que Snape trataba de extorsionar a Quirrell para llegar a la piedra le había sabido a nada. Los había atrapado escabulléndose al bosque prohibido después del partido contra Gryffindor, cuando había estado en la cabaña de Hagrid y les había visto pasar frente a la ventana.

Ahora sabía que la piedra era custodiada por más cosas además del perro, pero a Harry ya no le importaba si Voldemort era traído a la vida o si Snape se volvía un nuevo señor oscuro, pensaba que tal vez aquello era lo que necesitaba, vencer a otro loco para recuperar la gloria y la fama, al menos entre sus serpientes. Ni si quiera el haber visto por primera vez un dragón, el dragón mascota de Hagrid —que un extraño le había regalado— le había subido el ánimo y en lugar de eso había terminado por deprimirlo más, pues Ron y Hermione ya estaban haciendo planes para sacarlo de Hogwarts en los que él estaba incluido pero no lo hacía sentir como parte de un grupo.

Y parecía que Malfoy realmente estaba disfrutando con su miseria, como si aquella fuera una lección que tenía que aprender y aunque tal vez era su imaginación, Harry estaba cayendo redondito en ello. A veces simplemente quería encararlo y decirle que había entendido, pero él era un Slytherin y arrastrarse de aquella manera decepcionaría mucho al que había sido su mejor amigo y no se había dado cuenta. Sabía que necesitaba una manera más digna de recuperar todo lo que había perdido, sabía que necesitaba planear y calcular pese a que la salida más rápida era simplemente pedir disculpas, cosa que no iba a hacer, necesitaba hacer algo que hiciera que Draco volviera, algo que le dejara en claro que él valía, que valía mucho, no quería volver a ser nada, no quería volver a ser el chico que dormía bajo las escaleras en un horrible cuarto oscuro y húmedo. El sombrero le dijo que estaba hecho para la grandeza y grandeza era lo que quería.

Lo primero que se lo ocurrió fue simplemente ganarse el favor de aquellos que se dejaran comprar con falsas sonrisas y ranas de chocolate, Draco apreciaba un buen estatus, él se relacionaba únicamente con los mejor posicionados como Nott, Zabini, Parkinson o Greengrass. Lo segundo que pensó fue en fortalecer sus conocimientos mágicos, Draco valoraba el poder y Harry, aunque tenía el potencial, era verdad que no se había esforzado mucho en desarrollar sus habilidades mágicas. Sabía mucho más que sus compañeros de su edad pero en cuanto a la práctica era verdad que no se había animado a hacerlo fuera de la visión de algún adulto responsable, por si algo salía mal. Ahora aquello era lo que menos le importaba, estaba consciente de lo difícil que era volver a ganarse su favor y estaba frustrado, muy frustrado.

Pensaba que era un completo tonto, con lo accesible que Malfoy había sido con él desde el principio, jamás lo había visto actuar con otra persona como había actuado con él, dándole una oportunidad para incluirse, para ser alguien y él lo había arruinado completamente. ¿Quién además de Malfoy hubiera visto algo más allá de su apariencia desaliñada? ¿Quién además de Malfoy hubiera visto en él algo más que lo que aquella tonta cicatriz representaba? ¿Zabini? Él ni si quiera hubiera volteado a verlo con la facha que llevaba encima el día que conoció a Draco, en el callejón Diagon. ¿Parkinson? Ella se habría burlado de él y luego se abría marchado con aire resuelto. ¿Nott? Después de una mirada a su ropa, veinte tallas más grande, simplemente hubiera alzado la nariz y se habría volteado. Harry debía admitirlo, apreciaba como nada en el mundo que existiera alguien capaz más allá de su apariencia, de la cicatriz.

Sin embargo los días siguieron pasando, los exámenes finales se acercaban y Draco cada vez parecía más lejano pese a dormir en la cama de al lado. A veces intentaba hablarle de manera sutil, pero siempre recibía escuetas respuestas con una educación tan sobreactuada que le revolvía el estómago y es que la indiferencia marca Black era sumamente hiriente. Pero si Harry había aprendido algo en la casa de las serpientes, había sido sobre paciencia y estaba dispuesto a esperar el tiempo necesario su oportunidad de recuperar a Malfoy como amigo y aliado, así tuviera que pasar meses esperando.

Para su buena —o mala— suerte, aquella oportunidad llegó finalmente durante los últimos meses de clases, Harry se había metido en problemas por estar fuera de la cama cuando, con ayuda de Ron y Hermione, habían entregado a Norberto —el dragón mascota de Hagrid— a algunos amigos de Charlie Weasley, hermano mayor de Ron. Y es que tener un Dragón de mascota era ilegal y Harry lo último que necesitaba era que Hagrid fuese despedido y metido en Azkaban, aún necesitaba que le dijera como sortear al perro de tres cabezas y si era posible, obtener información sobre lo que custodiaba la piedra filosofal además de él. Malfoy se había enterado de alguna manera que iban a entregar al dragón en la torre de astronomía y lo había seguido, solo para terminar descubiertos por Filch quién los llevó ante McGonagall.

El resultado había sido un castigo para Granger, Longbottom —quién había ido a advertirles sobre Filch—, Harry y un Draco Malfoy muy, muy enojado por haber terminado envuelto en aquella tontería. Los cuatro muchachos no habían sido expulsados, por supuesto, pero Harry había perdido su capa de invisibilidad por las circunstancias, sin manera de recuperarla y como castigo cada uno había perdido cincuenta puntos para su respectiva casa y debían pasar la noche en el bosque prohibido en compañía de Hagrid. Para la Ravenclaw y el Gryffindor era una tortura, pero para Potter era su oportunidad de convencer a Malfoy de que valía muchísimo ¿Qué mejor lugar para demostrar sus habilidades que un bosque lleno de creaturas oscuras? Sí, tenía algo de miedo, pero podía manejarlo sin problemas.

Lo que no podía manejar era el incremento del odio hacia su persona por haber hecho que su casa perdiera tantos puntos y es que nadie le echaba la culpa a Malfoy quién se había defendido alegando que solo había ido tras él para detenerle. Lo tachaban de ingenuo y tonto por haber colaborado con chicos de otras casas en semejante tontería —nadie sabía que lo del dragón era real— y la degradación a su persona le enervaba, él no era un ingenuo, él no era tonto, ¿pero a quién convencería de lo contrario si últimamente actuaba como si fuera verdad? Incluso había recibido notitas tontas y comentarios entre susurros de que debía pedir su cambio de casa a Gryffindor si era tan impulsivo como para actuar sin pensar. Pero Harry no podía ser un Gryffindor, él estaba orgulloso de estar donde estaba, Draco le había enseñado a estarlo.

Con el castigo, los exámenes, el quidditch y el asunto del destierro de su propia casa, Harry no había tenido tiempo para pensar en nada más, ni si quiera la piedra filosofal. Y así había sido hasta que una noche, saliendo de la biblioteca, completamente solo —como ya se había hecho su costumbre desde que había sido exiliado de Slytherin y Ron y Hermione estaban demasiado ocupados con sus propios exámenes— escuchó, pasando por una puerta, al profesor Quirrell que sollozante accedía a algo que Harry no alcanzó a escuchar pero que él sabía que se trataba del asunto de la piedra. Imaginaba que Snape estaba con él, amenazándole y entonces fue palpable que la piedra ya no estaba a salvo, el profesor de pociones por fin había obtenido lo que deseaba y Harry, bueno, a él no podía importarle menos.

La noche del castigo los cuatro chicos finalmente se encontraron frente a la cabaña del guardabosque quien ya los esperaba con una lámpara y su perro Fang. Filch se marchó rebosante de alegría al ver los rostros de pánico de Hermione y Neville, Harry por su parte intentó mantener la máscara, cosa que Malfoy hizo también. Finalmente, cuando estuvieron frente a Hagrid el rubio le miró con plasmada indiferencia en su rostro y dijo:

—No voy a entrar ahí.

—Lo harás, si quieres quedarte en Hogwarts —dijo Hagrid con severidad. Malfoy sonrió.

—Ni Durmstrang ni Beauxbattoms tendrán problema en aceptarme. Hazte cargo tú de lo que sea que debamos hacer allí dentro, que para eso están los empleados —se cruzó de brazos.

—Tu padre no va estar muy contento si te expulsan —le susurró entonces Harry, conciente del respeto que le tenía a Lucius y aprovechándose de eso para hacer que se quedara. — No dudo que te mande a otra escuela, pero él definitivamente reprobaría que te corrieran de Hogwarts por algo tan estúpido —El rubio le miró con una ceja elevada, luego le dedicó lo que Harry creyó era una pequeña sonrisa, tan fugaz que por un momento creyó que fue su imaginación.

—Bien, entonces —dijo Hagrid. — Escuchen con cuidado, porque lo que vamos a hacer esta noche es peligroso y no quiero que ninguno salga lastimado. Síganme por aquí, un momento —Los condujo hasta el límite del bosque. Levantando su farol, señaló hacia un estrecho sendero de tierra, que desaparecía entre los espesos árboles negros. Una suave brisa les levantó el cabello, mientras miraban en dirección al bosque. —Miren allí —dijo Hagrid—. ¿Ven eso que brilla en la tierra? ¿Eso plateado? Es sangre de unicornio. Hay por aquí un unicornio que ha sido malherido por alguien. Es la segunda vez en una semana. Encontré uno muerto el último miércoles. Vamos a tratar de encontrar a ese pobrecito herido. Tal vez tengamos que evitar que siga sufriendo.

Malfoy bufó fastidiando mientras sus ojos paseaban por el borde oscuro del bosque. Harry se preguntó si tendría miedo, él lo tenía, un poco, aún a sabiendas de que Hagrid no dejaría que nadie los dañara, aún a sabiendas de que tenía el conocimiento necesario para repeler a algunas creaturas oscuras.

En cuanto se dividieron por parejas Harry se encargó de que le dejaran ir con Malfoy quién lucía totalmente indiferente a ello; parecía que le daba igual ir acompañado de una roca que de él y aquello le hirió. ¿Acaso Draco no se daba cuenta que con Harry estaría seguro? Nadie en aquel grupo de chicos castigados podía compararse a él en habilidad mágica y en conocimientos, ni si quiera Hermione que, aun siendo una Ravenclaw, carecía de la habilidad natural de Potter para hacer que las cosas funcionaran.

Cuando finalmente los dos Slytherin se quedaron solos Potter intentó iniciar una charla.

—Podría ser un hombre lobo, ya sabes el que anda tras los unicornios.

—No son suficientemente rápidos —respondió Malfoy, con voz cansina y distante. — No es tan fácil cazar un unicornio, son criaturas poderosamente mágicas. Nunca había oído que hubieran hecho daño a ninguno —explicó como si fuera lo más obvio del mundo y Harry se sintió avergonzado.

—Tal vez un hombre lobo —intentó de nuevo pero esta vez solo recibió como respuesta una mueca de fastidio.

Siguieron caminando, siguiendo el rastro de sangre de unicornio, en medio de la oscuridad, únicamente alumbrados por una lámpara que Malfoy sostenía y un lumos que Harry había conjurado; era uno de esos encantamientos que había aprendido fuera de clases.

El silencio era asfixiante, el moreno moría porque algo más fuera dicho pero Malfoy parecía reacio a ceder, el ojiverde iba por su tercer intento de plática cuando algo entre algunos arbustos los alertó. Draco desenfundó su varita, apuntando hacia el lugar de donde provenía el ruido, Harry alumbró y mantuvo la mirada fija, alerta. Cerró los ojos por un instante, intentando sentir algo, la energía proveniente de los arbustos era positiva así que se relajó y dijo.

—No van a atacarnos.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Draco sin bajar la varita.

—Puedo sentirlo, lo que sea que esté ahí no... —entonces una figura se abrió paso y Harry sonrió al darse cuenta de que estaba en lo correcto, solo era un centauro. —Lo ves, mira, no van a hacernos daño. Buenas noches. —saludó cortésmente al centauro. Draco lo miró, inspeccionándolo y luego miró a la criatura.

—Alumnos de Hogwarts —dijo el centauro en respuesta.

—Estamos aquí con Hagrid, buscamos a un unicornio, herido ¿usted no habrá visto nada, cierto? —continuó Harry y el centauro respondió mirando al cielo.

—Esta noche marte brilla mucho —aún sin mirarlos continuó. —Los inocentes son siempre las primeras víctimas —dijo. — Ha sido así durante los siglos pasados y lo es ahora. —Harry le miró con los ojos entrecerrados, comprendiendo.

—Debemos salir del bosque —interrumpió Draco tomándolo de la mano y Harry asintió. —Muchas gracias —dijo el rubio al centauro quién únicamente asintió, dejándolos partir.

Comenzaron a caminar, regresando por el que creían era el camino correcto. Harry comprendía lo que el centauro había tratado de decir y no le sorprendió que Malfoy lo hiciera también, tal vez no había sido directo, pero lo que aquella criatura había intentado decir era que había peligro y ellos dos no iban a quedarse a averiguar qué clase de peligro, aquello era para los Gryffindor.

Aún con las manos entrelazadas subieron unas colinas, esquivaron ramas de árbol caídas e intentaron divisar el final del bosque pero era imposible, el sendero se había desvanecido también, estaban perdidos. Draco miró a su alrededor, Harry suponía que intentaba orientarse o reconocer algún tipo de peligro, él por su parte intentó con un hechizo brújula, pero el bosque estaba tan plagado de energía mágica que apuntaba para todas partes.

—No podemos quedarnos, tenemos que salir de aquí —dijo Malfoy, ligeramente alertado— sabes lo que significa, sabes que lo que nos dijo el centauro no es bueno, nada bueno.

—¿No estarás asustado o sí? —preguntó el moreno, ganándose una mirada furiosa de su compañero que un instante después le sonrió.

Harry vio la boca de Draco abrirse para decir algo, luego sus ojos se desviaron a una sustancia plateada a los pies de un árbol, un enorme charco, espesa y brillante como la luna misma. El moreno vio algo moverse entre las sombras y automáticamente se interpuso entre el rubio y lo que fuera que estaba ahí; podía sentirlo, esta vez había algo, algo malvado, algo que no dudaría en hacerles daño. Permanecieron quietos, Malfoy con la varita en alto, por sobre el hombro de Potter, temblando ligeramente, tal vez él también podía sentir todo ese terrible poder proveniente de solo Merlín sabía donde.

—El unicornio... —susurró Draco a su oído y Harry giró un poco la cabeza.

Sus ojos se posaron en el cuerpo muerto del unicornio que reposaba entre las raíces de los árboles y entonces, de entre las sombras, una figura encapuchada se acercó gateando, como una bestia al acecho. Harry y Draco permanecieron paralizados, incapaces de hacer el más mínimo movimiento, no por miedo, sino por la enorme presión que aquel poder ejercía sobre ellos. La figura encapuchada llegó hasta el unicornio, bajó la cabeza sobre la herida del animal y comenzó a beber su sangre. Harry abrió los ojos muchísimo, aquello era terrible, nadie, absolutamente nadie debía hacerlo, pero aquella cosa lo estaba haciendo. Entonces, un dolor le perforó la cabeza, algo que nunca había sentido, como si la cicatriz estuviera incendiándose. Casi sin poder ver, retrocedió, pisando una ramita de árbol que atrajo la atención de aquella cosa que de inmediato se puso de pie y como deslizándose se acercó a ellos, a una gran velocidad.

—¡Protego! —exclamó Malfoy y un escudo se levantó entre ellos y la criatura encapuchada.

Harry solo pudo ver la luz del encantamiento cuando el rubio ya lo había tomado de la mano, tironeando de él para largarse de allí lo más rápido posible.

Era insoportable, aquel dolor no lo dejaba reaccionar, no le dejaba pensar y se sentía tan indefenso que el miedo comenzó a apoderarse de él. El protego se quebró, la poderosa magia oscura de aquel ente se coló por las gritas del escudo, haciéndolo caer a pedazos, Malfoy tropezó junto con Harry quién al mirarse realmente desprotegido solamente atinó a ponerse entre aquella cosa y su amigo, estiró una mano hacia el ente y presa del pánico dejó que su magia fluyera y explotara, alejando a tan terrible creatura. Escuchó la respiración agitada de su compañero, él aún tenía una mano al aire y la otra en la cicatriz, así que relajándose un poco se dejó caer sobre las hojas secas en el suelo.

—Eso fue... ¿lo habías hecho antes? —preguntó el rubio y Harry negó, sintiéndose repentinamente cansado. —Nos has salvado, Potter —entonces Malfoy se arrastró hasta él y le abrazó con fuerza— ¡Nos has salvado! —El sonido de galopes interrumpió justo cuando Harry se disponía a corresponder la muestra de afecto. Ahí a su alrededor, una horda de centauros se había congregado, mirándole profundamente, con un respeto que le hizo engrandecerse.

—Harry Potter —dijo uno de los centauros y de inmediato todos inclinaron la cabeza, mostrándole sus respetos— has demostrado tu poder y nosotros los centauros nos sentiremos orgullosos de seguirte hasta la victoria —miró en la dirección en que el ser oscuro había desaparecido. — Prepárate, cosas terribles se acercan y ahora —miró hacia el cielo— será mejor que se marchen, no es seguro permanecer aquí. —Draco mostró una reverencia y Harry le imitó.

Ambos chicos caminaron en silencio con la frente en alto y escoltados por algunos de los centauros que los guiaron hasta la salida del bosque. Cuando Harry divisó la cabaña del guardabosque pudo respirar con tranquilidad, los centauros los dejaron junto a ella, a salvo y con un asentimiento de cabeza se marcharon. Harry miró a Draco quién, con sus profundos ojos grises inspeccionaba a aquellas creaturas, como calculando algo.

—Sabes para qué es la sangre de unicornio ¿cierto? —le preguntó luego de un largo silencio.

—La sangre de unicornio te mantiene con vida, incluso si estás al borde de la muerte, a un precio terrible.

—Si alguien mata algo puro e indefenso para salvarse a sí mismo, conseguirá media vida, una vida maldita, desde el momento en que la sangre toque sus labios. —completó Draco entrecerrando los ojos. — ¿Sabes lo que eso significa?

—Que no va a conformarse solo con la sangre... esa cosa va tras...

—La piedra filosofal, él... —entonces se giró y lo miró penetrantemente. Harry comprendió.

—Voldemort, él sigue con vida —el rubio asintió seriamente. —Snape... él busca la piedra para su amo.

—¿Y vas a dejar que eso ocurra? —preguntó el rubio. —Es el asesino de tus padres, Potter —Harry endureció la mirada y Draco sonrió. —Prepárate para lo peor... —una luz brillante venía del bosque, Hagrid, en compañía de Hermione y Neville volvían — Pero tranquilo, no voy a dejarte solo. Esta vez, Harry Potter, vamos a hacer esto al estilo Slytherin y tú... nosotros, venceremos.