Si a Harry le hubieran dicho que aquella portada en El Profeta con Lockhart le iba a traer una cantidad enorme de simpatizantes jamás lo hubiera creído, sobre todo porque a kilómetros podía notar lo inútil que era aquel tipo. Un fanfarrón, un mentiroso cuya única habilidad era la de mantener las apariencias, un arte que Harry comenzaba a dominar con maestría.
Lockhart no solo era el nuevo profesor de defensa contra las artes oscuras, quién sustituyera a Quirrell después de su... accidente, sino que además el tipo era sumamente popular entre las chicas pese a ser un vividor de primera. Draco decía que el tipo solo era un embustero, que no podía encontrar en él nada de especial y que, para haber sido un Ravenclaw, era tan inteligente como Crabbe, pero bueno, era imposible que todos encajaran tan bien en sus casas.
Tan solo en la primera clase, el nuevo profesor había demostrado lo inepto que era, no solo en habilidad mágica, sino en conocimiento. Hermione y él mismo Harry habían tenido que arreglar el desastre del profesor cuando había dejado libres a algunas doxys en el aula. Draco hubiera podido hacer algo, pero en su lugar, se rio de la miseria del prójimo sin disimularlo, sentado en su pupitre, mirando el caos a su alrededor sin inmutarse mientras Harry petrificaba a las creaturas con ayuda de Granger, salvando el trasero de algunos Ravenclaw de quienes Harry se ganó su respeto. Por supuesto que Lockhart (como en todo lo que hacía) se había aprovechado de la situación alegando que aquello era justamente lo que esperaba, identificar a los alumnos más capaces y se alegró de que Harry estuviera entre ellos.
Ravenclaw ganó puntos, Slytherin también, Harry ganó una nueva ventaja y Draco un nuevo dolor de cabeza que con el tiempo se volvió insoportable.
Arreglar lo que Lockhart jodía era la mejor publicidad que Harry hubiese recibido nunca, además de que por los pasillos ya comenzaban a escucharse rumores sobre sus nuevas habilidades mágicas y su manera de destacar en clases —incluso en la de Snape—, los alumnos de todos los grados se le acercaba en busca de ayuda académica o de una simple fotografía que Colin Creevey, al parecer su nuevo admirador número uno, estaba encantado de tomar.
Parecía que todos en Slytherin estaban maravillados por la manera en que su nuevo príncipe estaba tomando las riendas, no solo lideraba a las serpientes, sino que además, influenciaba a los leones, las águilas y los tejones. Todos los Slytherin excepto Draco, quién más que encantado por cómo se estaban dando las cosas, parecía fastidiado.
Parecía que Harry había aprendido, después de su desliz en primer año, a aceptar que su lugar estaba y siempre estaría entre serpientes. Al moreno le impresionaba de sobremanera la forma en que sus compañeros parecían aceptar con facilidad su liderazgo. Él era un alumno de segundo año que tenía mucho por aprender y sospechaba que la razón principal por la que se encontraba a la cabeza era Draco y solo Draco. El rubio no parecía interesado en ser el líder, parecía más interesado en que Harry lo fuera y el ojiverde encantado tomaba las riendas, después de todo, jamás le habían relegado tan importante responsabilidad en su vida y él quería demostrar que lo valía, que podía ser un gran líder, que podía ser el príncipe de Slytherin y de Hogwarts.
Todo lo que tenía se lo debía a su mejor amigo y Harry había creído que tener el control de aquella manera tan sutil le alegraría, que se enorgullecería de ver que había aprendido bien y que seguía aprendiendo, que era capaz de lograr la unión de las cuatro casas a su favor y solo con doce años de edad. Pero el efecto deseado fue todo lo contrario, Draco estaba irritado todo el tiempo y aislado, como si no le importara ser parte de eso que habían comenzado a construir juntos el año anterior. Y Harry estaba realmente confundido, pues él pensaba que lo estaba haciendo perfectamente bien, tal vez era que había actuado sin consultarlo con él, tal vez era que ahora rodeado de tanta gente se sentía desplazado. Fuese lo que fuese Malfoy no estaba contento y se encargaba de demostrárselo cada que podía.
Llegaba al dormitorio tarde por las noches, cuando Harry ya estaba durmiendo y se levantaba antes que el sol, perdiéndose de vista. Las clases en las que antes habían sido pareja, Draco lo había reemplazado con Pansy y aunque a Harry le sobraban personas dispuestas a ser parte de su equipo, le dolía verse desplazado de aquella manera tan obvia. Era tan claro el contraste que quemaba; el resto del colegio le adoraba por haber demostrados solidaridad con todas las casas, por haber demostrado que no solo era Harry Potter por la estúpida cicatriz en su frente, si no que era Harry Potter por sus habilidades, por sus destrezas y que Draco Malfoy se diera el lujo de ignorarle como si no hubiera trabajado arduamente para conseguir lo que tenía le hacía sentir enojado.
Ron le decía que debía encararlo, Hermione que le debía pedir una oportunidad para charlar, incluso Cedric había propuesto que le escribiera expresándole lo que sentía, pero Harry sabía perfectamente bien cómo funcionaba la mente de su mejor amigo que además de ser un Slytherin era un Malfoy, y aquello no iba a funcionar. Draco debía dejarlo pasar por voluntad propia, Harry solo debía estar atento cuando aquella pequeña rendija se mostrara ante él.
Sin embargo conforme pasaban los días Draco no solo estaba más distante con él, sino con todos en general, incluso Parkinson y Zabini estaban preocupados. Con el tiempo, Malfoy dejó de asistir a los desayunos, las cenas y las comidas y nadie tenía prueba de que estuviese probando bocado, Harry le dejaba algunas porciones que tomaba del comedor en el escritorio, pero la comida se mantenía intacta sobre el mueble y eran tan pocas las veces que le veía la cara que comenzó a preocuparse de verdad.
En Slytherin no se hablaba de otra cosa, del chico que había el año anterior había tomado de forma natural el liderazgo de los suyos y que ahora se había hecho a un lado y había dejado el paso libre a Potter sin pelear. Y aquello aunque era una cuestión de honor y dignidad, Malfoy no reaccionó ante los comentarios.
A veces se le veía completamente solo en los jardines, con su diario en manos, escribiendo frenéticamente. A veces simplemente lo hacía durante las clases, sin que le importara ser reprendido. Y fue entonces que Harry comenzó a creer que tal vez no era que Draco estuviese enojado con él, tal vez era que simplemente se traía algo entre manos. Comenzó a vislumbrar la idea de que Malfoy se hubiera hecho a un lado solo para que Harry tomara el control de Slytherin, eso sonaba a algo que el rubio haría, después de todo, ya le había dejado bien en claro en algunas ocasiones que él no necesitaba la gloria. Sin embargo no le encontraba sentido al hecho de cortar lazos con todos los que le rodeaban. Draco conocía la importancia de las alianzas y las estaba dejando ir todas.
Sin embargo y aparte de eso, las cosas para Potter iban viento en popa, su nombre se escuchaba en cada rincón y a diferencia del año anterior era por cosas positivas. Por supuesto que siempre existían aquellos que no querían verlo brillar y no desaprovechaban cada oportunidad para manchar su imagen con comentarios poco inteligentes que la mayoría ignoraba porque nadie quería escuchar que el héroe del mundo mágico probablemente no era perfecto. Aquellos comentarios decían generalmente que Potter además de ser manipulador era sumamente hipócrita, Harry habría respondido que él se consideraba un estratega selectivo pero no tenía caso escuchar a la minoría y desgastarse, después de todo, sus aliados lo defendían a capa y espada cada que podían y Harry solamente debía sonreír ampliamente fingiendo agradecimiento.
Su pequeño reinado que apenas comenzaba se veía reforzado por ser el jugador estrella de quidditch de Slytherin. Marcus Flint, el capitán y buen amigo suyo había comenzado los entrenamientos antes que cualquier equipo, solamente para lucir a su buscador frente a las otras cosas y Harry sospechaba que para intimidarlos también.
En Hogwarts no había mejor buscador que él pero fingir modestia siempre le traía más seguidores y él, encantado cedía ante sus peticiones. Cedric Diggory le daba consejos que Harry sabía que no necesitaba. Cho Chang, la buscadora de Ravenclaw iba a verlo a las prácticas y al final siempre le hacía algún comentario constructivo y Nancy Dyler, la buscadora de Gryffindor, aunque nunca se había acercado directamente, parecía admirarlo de verdad.
Aquella mañana Harry se levantó muy temprano para su entrenamiento, era sábado y él estaba por salir, el moreno miró la cama de Draco esperando verlo ahí, era tan temprano que ni si quiera él se hubiese levantado para evadirle. El rubio se encontraba durmiendo aún, su rostro lucía agotado, como si apenas hubiera dormido un par de horas, su lacio cabello sobre la almohada, perfectamente arreglado y la boca ligeramente entreabierta, pálida como la de un muerto. Harry debía admitir que era la primera vez en semanas que le veía con detenimiento y la verdad es que lucía ligeramente enfermo. Se acercó hasta la cama y apartó delicadamente un mechón de cabello de su rostro, temeroso de despertarle. Sin embargo, Malfoy no se movió ni un poco y aquello no terminó de gustarle; a diferencia de él, Draco solía tener el sueño bastante ligero.
Miró la mesita de noche junto a la cama de su mejor amigo, ahí descansaba su diario. El moreno extendió la mano para tomarlo pero se detuvo casi de inmediato, no muy seguro de querer invadir su privacidad. Sin embargo aquel pensamiento fue opacado por una sensación mágica bastante extraña, la libreta ya no emanaba aquella magia poco común que Harry había sentido en un principio. Parecía que ahora la única magia que residía en él era la de Draco, el chico suponía que por la cantidad de tiempo que el rubio pasaba pegado a él.
Ignorando aquel hecho, Harry volvió a mirar a su amigo preguntándose si sería buena idea despertarlo para el entrenamiento. Recordó la amenaza de Flint la semana anterior en que Draco no se había presentado ni una sola vez, si volvía a faltar estaría fuera del equipo.
—Draco... —dijo en voz bajita, sacudiéndolo ligeramente—. Draco... —volvió a llamarlo y éste hizo un mohín de disgusto mientras se removía en su cama y se giraba para darle la espalda—. Vamos Draco, tenemos entrenamiento y no creo poder cubrirte de nuevo, Flint estará furioso.
Pero Draco en vez de responder se limitó a cubrirse la cabeza con la cobija y a encogerse en su lugar. Harry frunció el ceño, pensando que definitivamente su amigo no estaba muy bien, después de todo, Malfoy jamás habría permitido que se le corriera del equipo, disfrutaba demasiado el quidditch y de ser el cazador más joven de la historia de Hogwarts. El moreno usó entonces su varita para hacer desaparecer la colcha, dejando al rubio completamente descubierto.
Draco reaccionó enderezándose sobre el colchón y tomando su varita de debajo de la almohada. Le apuntó en silencio por un momento, luciendo cansado y algo desorientado. Tardó unos segundo en reaccionar y cuando lo hizo simplemente bufó y se puso de pie, de camino a la ducha.
Harry se quedó ahí parado, con expresión serena pero sumamente enojado, no creía soportar mucho más la indiferencia del que se había convertido en su mejor amigo. Entonces se le ocurrió que tal vez podía hacer algo, algo que no había intentado hasta ese momento. Draco era un Black y Harry había esperado por su perdón silenciosamente como haría cualquiera que hubiera aprendido suficiente sobre el apellido. Pero también era un Malfoy y un muchacho consentido. Potter sonrió y se mordió el labio inferior, tomó su varita y la agitó con simpleza. La cama de Draco se hizo sola y de inmediato su uniforme de quidditch salió del armario y se acomodó sobre el colchón de manera perfecta. Con un movimiento más de varita la escoba del rubio se colocó junto a la cama y una rana de chocolate salió disparada del escritorio del chico de vivió para terminar sobre el uniforme.
El sonido del agua de la ducha dejó de escucharse dentro del cuarto de baño y Harry miró a su alrededor, pensando en si había algo más que pudiera ofrecerle. Finalmente tomó una de sus toallas y esperó firmemente junto a la puerta del baño que no tardó en abrirse. Draco salió de allí empapado y con expresión ligeramente compuesta. Estaba envuelto en una bata de baño color verde que contrastaba con su pálida piel y su delgado cuerpo. Sin mirar a su compañero de cuarto se dirigió a su cama y arqueó una ceja cuando vio su equipo de quidditch bien arreglado y a su disposición sobre su ya tendida cama. Sin embargo no se giró para mirar a Harry, en su lugar se deshizo de la bata, mostrando unos calzoncillos oscuros que rápidamente desaparecieron bajo la tela del pantalón del uniforme.
Harry le miró dándose cuenta de que jamás le había visto en tan poca ropa, cosa que era extraño para haber compartido habitación un año entero. Pensó que Draco era muy delgado, pero que además su piel era tan perfecta que no mostraba ni un solo lunar.
Cuando el rubio finalmente terminó de colocarse los pantalones, Harry se acercó hasta él y le colocó sutilmente la toalla en la cabeza. Comenzó a secarle el cabello, lentamente, frotando la tela contra aquellos mechones dorados de cabello oscurecidos por el agua. Al principio Draco parecía realmente tenso, como si desease alejarlo a maldiciones imperdonables, pero que no lo hiciera fue motivación suficiente para que Harry continuara con lo suyo. Draco se relajó un instante y cuando Harry terminó con su tarea se encontró con su mejor amigo mirándole con el ceño fruncido.
Malfoy se colocó la camisa y luego la túnica, se sentó en el borde de la cama para colocarse los zapatos. Harry le miró pacientemente, sus ojos verdes insistentemente sobre sobre los orbes grises que por primera vez en días le miraban, le miraban de verdad, aunque lo que expresaban no era precisamente perdón. Él ladeó la cabeza entonces y le dedicó una pequeña sonrisa para finalmente arrodillarse frente a él y colocarle el zapato derecho. Draco levantó ambas cejas, regalándole al príncipe de las serpientes una expresión de genuino asombro. Harry sonrió mientras ataba las agujetas y colocaba el zapato izquierdo. Cuando terminó se colocó de pie y dijo:
—Te traeré algo ligero para el desayuno —y salió de la habitación.
Un tanto nervioso se dirigió a las cocinas, era demasiado temprano como para que alguien le reprendiera por andar en los pasillos. Esperaba que Draco comprendiera las intenciones detrás de sus actos, aquellas que gritaban que para Harry él era importante, su mano derecha y que así como Malfoy le cuidaba, él le correspondería. Sabía que era un truco demasía Slytherin y que se estaba jugando más de lo que tenía pues Draco era diferente al resto, él era observador y siempre lograba encontrar las segundas intenciones de la gente y si creía, aunque fuese por un segundo que Harry no era sincero, no solo no iba a volver a ser su mejor amigo, sino que además perdería la alianza más fuerte que tenía en el colegio. Draco Lucius Malfoy era el pez gordo, podía engañar a Ron, a Hermione, e incluso a algunos de los profesores, pero Harry sabía, nadie jodía con Draco Malfoy.
Llegó a las cocinas y los elfos halagados con su presencia le ofrecieron un desayuno completo y saludable para entes del entrenamiento. Volvió a las mazmorras olvidando el nerviosismo, Draco no debía verle inseguro o le creería débil y le rechazaría.
Entró a la habitación en un silencio que procuró fuera agradable. Colocó el desayuno en el escritorio de su compañero y le miró. Draco estaba completamente listo para salir al campo, sentado a la orilla de la cama, sujetado una caja de rana de chocolate vacía, con el cromo en la mano derecha.
Harry le iba a ofrecer jugo cuando el rubio le mostró el cromo y dijo:
—"Harry J. Potter, nacido el treinta y uno de julio de mil novecientos ochenta, hijo de Lily y James Potter. También conocido como el niño que vivió y el elegido. Venció al-que-no-debe-ser-nombrado, librando a la comunidad mágica de su dictadura." —Harry lo miró con el ceño fruncido, en una expresión divertida, no tenía idea de que estaba en los cromos— Aquí le faltó agregar que además es un manipulador de primera —y entonces fue que Harry soltó una carcajada.
—En mi defensa, —contestó—, todo ha sido con la genuina intención de recuperar tu amistad.
—Muy inteligente, muy Slytherin, si... —respondió poniéndose de pie—. Es obvio que con tu actitud los miembros de nuestra casa te acepten como líder... sin embargo, Harry¸ tienes mucho que aprender —se paró frente a él, encarándolo— Y yo ya no estoy dispuesto a enseñarte.
—¿Por qué estás tan enojado? —Le preguntó entonces, directamente y sin amilanarse. Draco soltó una risita irónica.
—¿De verdad perteneces aquí? —preguntó con sarcasmo—. Desde que nos conocimos no he hecho más que darte una mano, ser tu mejor amigo y la a más mínima oportunidad me das una bofetada. Vas por ahí haciendo "amigos" nuevos, disfrutando de las fotografías que Colin te toma, de la presencia de Ginevra Weasley cada segundo del día. Pero lo peor, Potter, lo peor es la manera en que me sacaste de una patada de esto, robándote el respeto que tanto trabajo me costó ganarme en primer año, has dejado que ellos hablen de mí y yo me hice a un lado creyendo que era lo mejor, que tal vez comprenderías que es gracias a mí que tienes esto. Pero estaba equivocado y yo no necesito un pupilo malagradecido, yo necesito de alguien que me de lo que me corresponde —sonrió—. Tomaste muy en serio aquella última lección, has tomado lo que querías a costa mía, muy Malfoy, nada Black, te hace falta estilo y elegancia, así no llegarás a ser más que un arrogante bueno para nada y créeme, me regocijaré el día en que te des cuenta que yo era importante.
Arrugó entre sus manos el cromo de Harry y lo dejó caer al suelo, el moreno lo miró salir de la habitación mientras la magia del rubio vibraba furiosa por el cuarto. No entendía como era que Draco había llegado a aquella conclusión tan tonta, Harry jamás había querido hacerlo a un lado, Harry comprendía la importancia que tenía Malfoy en su presente y su futuro. Para él aquella furia era completamente injustificada. Estaba a punto de salir tras él para explicarle todo aquello cuando una extraña voz le detuvo:
—Ven..., ven a mí... Deja que te desgarre... Deja que te despedace... Déjame matarte... —decía, muy suavemente, escalofriante.
Harry sintió la cicatriz arder y de repente la sensación de que algo malo estaba ocurriendo le hizo salir corriendo tras su amigo quién debía estar solo, vagando por los pasillos. Draco no estaba a la vista y la voz había desaparecido. Cuando llegó al campo todos estaban presentes, incluyendo Malfoy, apartado del resto, como si quisiera estar solo, su rostro contorsionado en un gesto de incomodidad, entonces el rubio simplemente se desvaneció sobre la hierba. Harry corrió hasta él, estaba ardiendo en fiebre.
