Se encontraba a la mitad de la sala común de Slytherin, todo estaba oscuro y lo único que alumbraba el lugar era él mismo; su cuerpo emanaba un extraño brillo, una especie de luz negra que le permitía ver todo con poca nitidez. La luz rebotaba en los muebles y las cortinas, volviéndolos siluetas verduzcas cuyos bordes estaban demasiado difuminados. El ambiente era todavía más frío y húmedo que de costumbre, como si los encantamientos de calefacción hubiesen fallado en pleno invierno. Pero sin duda lo más inquietante de aquella situación era el hecho de saberse solo y no sentirse de aquella manera. Había una presencia que danzaba en la oscuridad, observándolo, haciéndolo sentir como hacía mucho tiempo no se sentía; como una presa.
Sabía que se encontraba ahí porque podía sentir el poder que emanaba, uno poderoso pero al mismo tiempo bloqueado por algún otro elemento que no era capaz de describir. Y se movía entre las sombras de manera sigilosa, susurrándole en el alma, como un débil siseo que le parecía conocido y a la vez ajeno. Miraba en todas direcciones, buscando, tratando de ver más allá de lo que sus ojos desprovistos de gafas podían, incapaz de moverse de su sitio, incapaz de dar un paso en falso sabiendo que lo que fuera que le observaba podía atacar directamente y él no podría defenderse pese a sentir la varita en el bolsillo de la túnica del colegio.
Entrecerró los ojos cuando un ligero ruido proveniente de su espalda le hizo ponerse a la defensiva. Instintivamente llevó su mano dentro de la túnica y aferró su varita. Un paso, luego dos y finalmente tres, el ruido se detuvo y él contuvo la respiración, en espera de un movimiento más por parte de su adversario. Harry lo sintió moverse aunque sus pisadas ya no eran sonoras, el ciclo mágico que antes se encontraba allí cambió y el moreno se dio vuelta para encarar a aquel misterioso ser solo para encontrarse cara a cara con Draco Malfoy.
Harry había levantado la varita contra su mejor amigo, apuntándole directamente el pecho, sin embargo, el rubio no pareció inmutarse ante tal ofensa, no al menos como Harry sabía que el verdadero Draco reaccionaría. Se miraron por un largo rato, parecía que el contacto de su varita contra el pecho del chico trasmitía luz y aquello le permitía mirarlo perfectamente bien; Malfoy, al igual que los últimos días, lucía pálido y ojeroso, cansado, agotado, como si las pociones que los medimagos le habían recetado después de su desmayo no sirvieran para nada. Lucía como los primeros dos días después de haber perdido el conocimiento y aquello no le gustó.
Los ojos de Draco, cansados como se encontraban, le observaban somnolientos y sin una chispa de brillo. Harry pensó que la única razón por la que podía distinguirlos era porque eran tan claros como la luna que misteriosamente no alumbraba las mazmorras aquella noche. Sus verdes ojos se clavaron en esos orbes grises y Harry sintió la extraña sensación de reconocer al chico frente a él pero desconocerlo por completo, como si su esencia mágica no fuera la misma. Harry no reconoció a Draco Malfoy bajo aquella apariencia.
Abrió la boca para soltar un maleficio, consiente aún en aquel extraño sueño de que debía aplicarse con los encantamientos no verbales, pero de su garganta no salió más que un débil suspiro cuando el rubio lo tomó de la nuca y le besó. Aquel beso no era para nada parecido a los que había recibido de él anteriormente, aquel besito corto en los labios o el cariñoso beso en la mejilla, aquel beso había sido grotesco y húmedo, completamente desagradable, Harry sabía, aquel no era Draco por mucho que luciera como él. El beso podía compararse como aquellos que regularmente veía a alumnos de cursos superiores compartir por los pasillos cuando ningún profesor o prefecto estaba mirando y era incómodo; la saliva de su acompañante sabía a sangre.
Intentó apartarse, empujando con fuerza el cuerpo de la persona frente a él, sin éxito aparente, aquellas manos le sujetaban la nuca con una fuerza sobrenatural. Sintió algo líquido escurrir por su mentón y Harry no sabía si se trataba de saliva o sangre. Mantenía los ojos abiertos de par en par y seguía forcejeando, aquellos ojos grises tan parecidos a los de Draco le miraban introduciendo su lengua dentro de su boca y entonces, en un parpadeo, dejaron de ser ojos humanos; una serpiente, aquellos eran los ojos de una serpiente.
El moreno hizo su último intento y empujó usando energía mágica que para su suerte le libraron de aquel ser. Los amarillentos globos oculares le miraban fríamente y Potter, recuperándose del momento recobró la postura, levantando la varita.
Draco le sonrió, como si se tratara del verdadero, soltando una carcajada burlesca, sus delgados labios abiertos solo lo suficiente como para dejar escapar el sonido. Entonces la rosada boca del rubio se abrió más y más hasta volverse inquietantemente grande, lo suficiente como para que una enorme serpiente saliera de sus entrañas y se burlara de Harry, siseando de tal forma que imitaba una carcajada.
El príncipe, al verse enfrentado a algo que jamás había visto trastabilló y calló al suelo, despavorido y atónito, mientras la serpiente dejaba atrás su antigua piel, aquella que alguna vez había sido Draco Malfoy y que en ese momento solo era una masa de carne, sangre y fluidos que apestaban a muerte.
Harry gritó, abrumado con la idea de que aquel cuerpo sin forma sobre la alfombra hubiese sido Draco, completamente acobardado ante lo desconocido. Sabía que debía actuar, que debía hacer algo, pero estaba tan acostumbrado a tener todo planeado que la incertidumbre lo hacía actuar torpemente. Su instinto de supervivencia le gritaba que se pusiera de pie, que dejara de lado las tonterías, que aquello era cuestión de vida o muerte y él obedeció a aquella vocecita que en más de una ocasión le había sacado de problemas.
La serpiente, tan grande como él se arrastraba hasta su lugar, llenando el suelo de sangre, Harry levantó su varita y cuando se dispuso a atacar la voz de Draco, llamándole desde el suelo le dijo:
—Harry, por favor Harry, asesínalo por mí, Harry.
Harry abrió los ojos de golpe, en medio de la oscuridad de su habitación, sentía su magia desbordándose por todo el cuarto, intentando protegerle de aquella pesadilla. Algunos libros y frascos que levitaban cayeron al sueño haciendo muchísimo ruido, las velas de la habitación se encendieron de golpe y luego se extinguieron, con las llamas tan fuera de control que una de las cortinas se prendió en fuego y se consumió hasta que Draco la apagó haciendo uso de un aguamenti. El moreno, perlado en sudor y con la respiración entrecortada buscó a su mejor amigo, encontrándolo con expresión alerta en caso de que algo más grave sucediera a causa de su descontrol mágico tan repentino.
El sonido de las puertas de los otros dormitorios se escucharon pero Harry no prestó atención, demasiado sofocado como para intentar procesar si quiera que su magia había alertado a todos los Slytherin. Entonces, como si fuese algo automático el moreno se puso de pie y camino hasta su rubio amigo quién en espera de una respuesta a lo sucedido únicamente recibió un abrazo y un suspiro aliviado. Al hacer contacto, Harry se percató que la esencia mágica de Draco era la misma de siempre y aquello le trajo un alivio sobrehumano. Era verdad que su magia se sentía débil, pero dadas las circunstancias de salud en que su amigo se encontraba no era anormal.
El moreno se apartó y sujetó su rostro como si creyera que desaparecería, el rubio se sonrojó ligeramente y justo cuando iba a decir algo la puerta se abrió, mostrando a Severus Snape detrás de ella. Ambos chicos se apartaron bruscamente y miraron al jefe de casa.
—¿Qué significa esto? —preguntó con el tono desagradable que siempre usaba cuando Harry estaba involucrado.
—Ha sido una broma, señor —dijo el rubio finalmente, después de mirar a su amigo quién al parecer no tenía una respuesta —. Por Halloween, señor.
Snape miró Malfoy como si intentara leerle la mente y Harry creyó que probablemente Snape sería capaz de hacerlo. Draco le tomó de la mano cuando el profesor posó sus oscuros ojos sobre él, protegiéndolo silenciosamente. Sin embargo, después de unos segundos en silencio, el profesor simplemente bufó con fastidio, seguramente consiente de lo estúpido que sería quitarle puntos a su propia casa por algo como una broma pre-Halloween.
Finalmente Severus dijo:
—No quiero más tonterías de estas —sus ojos fijos en Harry a cada segundo.
Y casi de inmediato salió de la habitación mientras corría a gritos a todo aquel que se atreviera a husmear fuera de su habitación.
Con un hábil movimiento de varita, Draco bloqueó el sonido del cuarto para que nadie del exterior intentara acercarse a averiguar algo y con otro más selló la puerta para que cualquiera que intentara abrirla recibiera una descarga eléctrica que le dejaría los pelos de punta y soltando pequeños choques eléctricos por una semana. Harry sintió la ausencia de aquella mano sobre la suya casi de inmediato pero no alegó nada a sabiendas de lo que vendría; el interrogatorio, Draco no le dejaría evadirlo y Harry no se sentía capaz de hacerlo, no cuando tenía pocos días de haber recuperado su amistad.
—¿Qué fue lo que sucedió? —le preguntó sin rodeos.
—Una pesadilla— respondió con sinceridad y Draco no dudó de él, así como Harry jamás dudaría de Draco.
—Pues será mejor que aprendas a controlarlo, Snape lo sospecha y seguramente hablará con Dumbledore. Si llegan a la conclusión de que eres peligroso no te dejarán volver a Hogwarts.
—¿Qué? —preguntó incrédulo.
—Lo que escuchaste, un mago que no puede controlar su magia es peligroso, sobre todo si se tiene la cantidad de magia que tu posees... —tomó aire y exhalo, sentándose a la orilla de su cama— si mi padre... si él se entera que eres incapaz de... él va a pedir que me cambien de compañero de habitación y Severus estará contento de complacerlo, no eres precisamente de su devoción.
—Tu padre no puede hacer eso...
—Mi padre está en el consejo escolar, puede y va a hacerlo si piensa que es peligroso que duerma junto a alguien que puede prender en llamas la habitación completa —suspiró—. Nada personal, mi madre te adora y él, bueno, te respeta muchísimo pero yo...
—Siempre vas a ser su prioridad, lo entiendo —se sentó en su propia cama—. No lo he hecho a propósito, no quería dañarte... tú... no estás lastimado... ¿cierto? —Draco hizo una mueca de preocupación y luego negó para inmediatamente después acostarse a dormir.
—Será mejor que descanses, mañana es Halloween y pasaremos la noche entera en la celebración.
Harry lo vio enderezarse para intentar tomar su diario, pero arrepintiéndose a medio camino y acostándose, tapándose hasta la cabeza con las cobijas, protegiéndose del frio del otoño.
Las velas se apagaron pero el moreno no se acostó, en su lugar se quedó observando el diario. Miró a su amigo quién con los ojos cerrados descansaba y se planteó solo por un segundo tomar el objeto y darle un vistazo, idea que se esfumó nuevamente, reacio a invadir la privacidad de Draco.
Finalmente se acostó y se acomodó lo mejor que pudo, le costó trabajo conciliar al sueño, pero a la mañana siguiente apenas y recordaba la pesadilla que había alertado a todos en las mazmorras.
Despertó únicamente por que Draco había dejado caer un par de libros accidentalmente, Harry se desperezó tallándose los ojos y colocándose las gafas casi de inmediato. Malfoy lucía duchado y arreglado, listo para salir a desayunar. Harry le dedicó una sonrisa matutina y se levantó para darse un baño e ir juntos al gran comedor.
Una vez terminó de vestirse y de meter en el morral todo lo que necesitaba para las clases matutinas, ambos muchachos salieron en dirección al gran comedor. Draco permanecía callado, pero últimamente lo hacía demasiado, como si su mente estuviera en todas partes menos allí. Harry, paciente caminaba a su lado, comentándole diversas cosas de vez en cuando, pero ni las bromas a otros estudiantes parecían levantarle mucho el ánimo.
Llegaron a la mesa de las serpientes donde sus lugares de siempre permanecían intactos; al centro de la mesa, con vista a las mesas de las otras casas. Harry saludó a algunos de sus conocidos de Gryffindor, Ravenclaw y Hufflepuff, deteniéndose un poco más de tiempo con Cedric que animadamente hablaba del partido entre sus equipos y que solo fue interrumpida por el moreno cuando se percató que el rubio se había alejado para ir a desayunar.
Potter tomó su lugar, a la derecha de Draco quién se había servido pequeñas porciones de comida, demasiado pequeñas.
—Escuchaste a Madame Pumfrey, Draco, debes comer mejor... ¿has traído las pociones de hoy? —preguntó en voz baja, cuidándose de que nadie más escuchara. Revelar alguna debilidad sobre Draco podía ser peligroso. —De acuerdo, vayamos al baño del tercer piso, el que está abandonado, las tomarás y luego iremos a clase.
—Ese es un baño de chicas —se quejó en voz baja.
—Nadie nos verá, tranquilo.
—¡Buenos días Harry! —Dijo entonces una voz acercándose. Los Slytherin hicieron mala cara.
—Colin, buenos días —saludó al chico.
—¿Podría sacarte algunas fotografías durante la cena de Halloween? En historia de la magia me han pedido hacer un ensayo sobre alguien que admire y... —se sonrojó notoriamente. Draco rodó los ojos y Harry sonrió fingiendo amabilidad.
—Por supuesto, pero si alguien más te las pide no se las des, ¿de acuerdo? —respondió el moreno, guiñándole el ojo. Colin se puso de un notorio color rojo y asintió torpemente.
—¡Creevey! —dijo entonces la voz de Ginny quién furiosa iba hasta su compañero de curso —No se supone que estés aquí molestando a Harry —miró al Slytherin y le sonrió—. Vamos —Y se llevó al león de ahí, prácticamente a rastras.
Cuando Harry volvió la vista a su mesa Draco ya se había marchado sin haber probado más que un par de bocados y un vaso de jugo de calabaza. Suspiró seguro de que tampoco tomaría sus pociones revitalizantes antes de clase. Draco a veces podía ser increíblemente maduro, hablar como un adulto experimentado, y a veces, con cosas como su salud, era como un niño de verdad, rejego para tomar sus medicinas y ni si quiera decirle que su madre estaría muy preocupada si no lo hacía funcionaba.
Harry había recibido una carta de Narcissa quién le había pedido fervientemente se encargara de que su dragón tomara todas las medicinas y Harry no quería quedar mal con los Malfoy, por lo que pasaba la mayor parte del tiempo detrás del chico insistiéndole, casi obligándolo a tomar sus pociones. Y estaba preocupado, no se imaginaba lo que diría Lucius Malfoy si supiera que no podía si quiera con las rabietas de su heredero, Harry sabía que si quería seguir prosperando debía ganarse a aquel hombre, aquel apellido.
Sin embargo ser niñera de su mejor amigo comenzaba a volverse fastidioso, él no tenía tiempo de ser niñera de nadie, Draco estaba bastante grandecito como para entenderlo, Draco era suficientemente cercano a él como para comprender que Harry no podía ir por allí perdiendo el tiempo, que Harry tenía asuntos importantes como formar alianzas con las otras casas, alianzas que incluso Ron y Hermione entendían, y Harry pensaba que si Draco pudiera ser un poco, solo un poco sensato y cuidar de su salud sin necesidad de recordárselo cada dos por tres, pues sería lo mejor.
Sin Malfoy alrededor Zabini y Nott se le pegaron como moscas a la miel, Harry podía ver a través de sus ojos y comprendía que al igual que él buscaban beneficios, por lo que dejó que la charla fluyera y que ellos comprendieran que él tenía el control, que ya no era más el niño soso de primero que no comprendía nada. Y ellos le respetaban, todos lo hacían, incluso los alumnos mayores, todos querían un poco de Harry Potter y Potter necesitaba todo de todos, consciente de que en ellos podría encontrar alianzas, posición y estatus, consciente de que ellos querrían algo a cambio en el futuro, no como Draco, Draco era diferente, él quería verlo en alto porque le quería y Harry le quería a él y le entregaría el mundo entero en agradecimiento, algún día.
Terminando el desayuno se encontró con Hermione y Ron quienes le invitaron a pasar Halloween en la fiesta de muerte de Sr. Nicholas en las mazmorras. El moreno se negó, ya tenía una cita con Draco esa noche en el comedor. Sin embargo, cuando las clases terminaron y fue hora de alistarse para la celebración de esa noche el rubio simplemente se negó a abandonar su habitación y Harry tuvo que asistir a la fiesta de Sr. Nicholas. Había sido mortalmente aburrido, los fantasmas, como era lógico, no comían nada que él pudiera ingerir, hacía frio, incluso para él que estaba acostumbrado a las mazmorras. Al final él y sus amgos decidieron ir al gran comedor donde la fiesta estaba en todo su esplendor.
Harry aprovechó el momento para hacerse de más amigos, los tejones parecían reacios a confiar en él del todo y su tarea principal era ganárselos a como diera lugar. Comió, bebió y charló con cualquiera que estuviera dispuesto a escucharlo hablar. La magia de Halloween le hacían sentir más poderoso que cualquier otro día y sabía que los que le rodeaban podían sentirlo, pues parecían más sumisos que de costumbre.
Fue poco después de media noche que comenzó a sentirse vacío, el estar rodeado de gente que no era del todo sincera con él de pronto le pareció abrumante; Hermione charlaba con unos chicos de su casa, Ron intentaba gastarle una broma a Snape con ayuda de sus hermanos y Harry decidió que había tenido suficiente, que necesitaba cambiar de ambiente así que tomando algunas cosas del festín decidió volver a su habitación donde Draco aseguró se quedaría, demasiado cansado para hacer algo más.
El moreno se aseguró de llevar solo las cosas que más le gustaban a su mejor amigo, teniendo especial cuidado de no llenarse las manos únicamente con dulces y chucherías. Finalmente salió del gran comedor en dirección a las mazmorras pensando en que tal vez Draco quisiera ayudarle a practicar ajedrez y en que tendría que obligarlo a tomarse la medicina a base de sobornos... tal vez hacerle la tarea de historia sería suficiente. Fue cuando estuvo en las escaleras que descendían hasta las mazmorras que una presencia le agobió, una presencia muy similar a la de su sueño la noche anterior.
Las horribles imágenes de la serpiente saliendo de las entrañas de su mejor amigo le hicieron tirar todo al suelo y salir disparado hasta su habitación. Esta vez estaba preparado, había pensado sobre ello casi toda la mañana y se había obligado a repasar los encantamientos que sabía para repeler reptiles mágicos pequeños. Miró el anillo de serpiente que descansaba en su mano derecha y aferrando la varita entró a su habitación solo para encontrarla completamente vacía, la cama del rubio estaba deshecha y aún caliente, lo que quería decir que no tenía mucho de haberse marchado. Con más decisión que nunca Harry salió en busca de Draco. No había llegado al tercer piso cuando lo escuchó:
—... Desgarrar... Despedazar... Matar... —La misma voz, la misma voz fría, asesina, que había oído días antes, justo antes de que Draco cayera enfermo.
A esas alturas estaba convencido de que algo malo estaba ocurriendo, algo grave que solo se intensificaba por la fecha en que se encontraban. Se quedó de pie frente a algunas aulas y pensó que tal vez sus encantamientos no le serían tan útiles y él definitivamente no estaba hecho para correr tras el peligro. Sin embargo la voz comenzaba a alejarse y si no iba tras ella le perdería el rastro. Perdió bastante tiempo pensando que era lo que debía hacer; si volvía a por un profesor podía ser demasiado tarde y Draco podría estar muerto y si avanzaba se pondría en peligro a sí mismo. Harry era poderoso, si y bastante inteligente, pero seguía siendo un muchacho y un Slytherin y su instinto de conservación le gritaba que no fuera, pero era Draco de quién hablaba y cuando menos se dio cuenta sus pies ya se habían movido en dirección a la voz.
El suelo estaba repleto de agua, por lo que sus pisadas, aunque cuidadosas, se escuchaban chapotear por los charcos en su andar lento y precavido. Continuó avanzando, con la varita en ristre y con el oído agudo, la voz era cada vez más baja y el movimiento de la criatura o lo que fuera se perdía cada vez más, frustrándolo. Dio vuelta a una esquina y se topó con Ron y Hermione a los que casi maldecía por la sorpresa. Hermione abrió los ojos de golpe, Ron sacó valientemente su varita al no reconocerlo de inmediato, luego los tres se miraron y sonrieron.
—Te estábamos buscando —dijo la chica—, te fuiste sin despedirte.
—Lo lamento pero... —la voz sonó muy cerca y Harry calló de golpe, entonces preguntó—: ¿Escuchan eso?
—... deseado... durante tanto tiempo... —decía la voz que ahora se alejaba hacia arriba, debían encontrar unas escaleras, pronto.
—¡Por aquí! —dijo Harry de forma autoritaria, sus amigos se pusieron firmes y no dudaron en seguirle hasta lo que fuese que estuviese ocurriendo. Ni la Ravenclaw ni el Gryffindor se atrevieron a cuestionarle mientras subían al cuarto piso.
Corrieron por los pasillos hasta que finalmente dieron con unas escaleras que subieron a toda velocidad. Harry había dejado que Ron fuese por delante mientras él los guiaba con gestos silenciosos, sabía que si algo ocurría Ronald no dudaría en defenderlos y Hermione encontraría una manera rápida de ponerlos a salvo, conocía casi tantos encantamientos que él mismo. Y se sintió mucho más seguro, lo suyo no era arriesgar el pellejo, ir al campo de batalla a ciegas, incluso cuando sucedió lo de la piedra filosofal se tomó el tiempo de investigar que encontrarían debajo de la trampilla. Sin embargo, parecía que a Ron se le daba muy bien ir a tientas valientemente así que le dejó, esperado no tener que darle su pésame a la señora Weasley que había sido muy amable con él durante el verano.
—... matar... Es la hora de matar... —dijo la voz una vez más.
—Va a matarlo... —susurró más para si que para sus amigos que no terminaban de entender.
Potter corrió como alma que lleva al diablo, con Ron a su derecha y Hermione a su izquierda. Los corredores estaban desiertos, todos o la mayoría debían estar en la fiesta de Halloween. Entonces al final del último pasillo de aquel piso Harry se detuvo y haciéndoles un gesto a sus amigos se aventuraron a encarar lo que fuese que estuviera en el recodo, sin embargo allí no había nada y la voz había desaparecido. Todo estaba realmente oscuro, pero para alivio del moreno no había rastro de Malfoy, lo que era buena señal, no quería ni saber lo que harían los Malfoy si supieran que...
—Ahí —dijo la voz de Hermione que con un movimiento de varita encendió las antorchas del corredor. Entonces Harry fue capaz de ver.
Ahí, en el rincón más apartado junto a una ventana descansaba el cuerpo de un hombre; Argus Filch, el conserje, junto a su gata la señora Norris, ambos tendidos en el suelo y sobre sus cabezas, en la pared y escrito con sangre rezaba:
LA CAMARA DE LOS SECRETOS HA SIDO ABIERTA. ENEMIGOS DEL HEREDERO TEMED.
—Vámonos de aquí —dijo Harry.
—No deberíamos intentar... —comenzó a decir Ron, sin encontrar las palabras.
—Háganme caso —respondió Harry—; mejor que no nos encuentren aquí.
Pero era demasiado tarde. Un ruido, como un trueno distante, indicó que la fiesta acababa de terminar. De cada extremo del corredor en que se encontraban, llegaba el sonido de cientos de pies que subían las escaleras y la charla sonora y alegre de gente que había comido bien. Un momento después, los estudiantes irrumpían en el corredor por ambos lados.
La charla, el bullicio y el ruido se apagaron de repente cuando vieron a la gata y al conserje en el suelo. Harry, Ron y Hermione estaban solos, en medio del corredor, cuando se hizo el silencio entre la masa de estudiantes, que presionaban hacia delante para ver el truculento espectáculo.
—¿Harry? —preguntó una voz entre la multitud y el moreno se giró para encontrarse con el rostro de Draco Malfoy quién al parecer había decidido bajar a la fiesta en última instancia.
—Esto no ha sido cosa mía —dijo entonces con voz firme y Draco sonrió de una manera que Harry no comprendió.
