Caminó entre los pasillos rodeado de su séquito de amigos Slytherin, con Draco a su derecha como ya era costumbre. Se dirigían a su última clase antes de que las vacaciones de navidad comenzaran, la clase de pociones.
Para las serpientes era la mejor clase de todas, pero solo porque Snape les favorecía por sobre los Gryffindor y no porque de verdad aparecieran el arte de crear pociones, elíxires que les podían salvar el pellejo en alguna ocasión. Malfoy en cambio estaba fascinado con la materia y además ponía toda su atención y esmero en memorizar todo lo que le fuese posible. Harry en cambio, aunque era bastante bueno, detestaba la clase por el simple hecho de no soportar a Severus Snape, con su grasiento y horrible cabello oliendo a humo de caldero y su nariz ganchuda metiéndose donde no le importaba, como en el caso del pársel.
Oh si, aquel había sido todo un acontecimiento, no se había hablado de otra cosa en días y Harry podía comprender por qué a la perfección, no en vano había pasado el verano entero aprendiendo sobre Slytherin todo lo que le era posible. Sabía que Salazar Slytherin era famoso por dominar el pársel, la lengua de las serpientes y que aquella era la razón principal por la que el emblema de su casa era una serpiente. El que Harry dominara aquella extrañísima lengua dio pie a nuevos rumores que solo reforzaron la teoría de que él era el heredero de Salazar, incrementando el terror de aquellos cuya sangre era impura y el respeto de los que no tenían nada de qué preocuparse, todo a partes iguales.
Harry sabía que la probabilidad de ser el heredero de Slytherin era bastante nulas, había estudiado el árbol genealógico de los Potter hasta seis generaciones atrás (que era hasta donde había registro) y no había ni una sola señal de estar emparentado con el fundador de su alma mater. Sin embargo, Salazar Slytherin había vivido muchos años atrás, muchísimos y como la mayoría de las familias sangre pura estaban emparentadas de algo, era posible, mínimamente, pero lo era. El apellido Slytherin pudo haberse perdido con el tiempo, pero la sangre mágica siempre perduraba.
El haber descubierto que era poseedor de tal habilidad que muchos calificaban como "obscura" le sorprendió únicamente al principio y únicamente por la manera en que le miraron todos en el gran comedor. Una vez que salió de allí de mano de Draco y pudo pensar con claridad, recordó un evento que había tenido lugar más de dos años atrás, durante una visita al zoológico cuando sus tíos no habían tenido con quién dejarlo encargado para no tener que llevarlo. Nada más entrar al serpentario se percató de las pequeñas voces de las serpientes que parlaban entre ellas. Una en específico se había dirigido a él y Harry asombrado como se encontraba le había respondido como si se tratara de una persona. Por supuesto que cuando fue descubierto por su tío fue castigado, una semana entera valiéndose únicamente de la comida, ni cena, ni desayuno y tareas domésticas todos los días después del colegio.
Sin embargo para él había sido una buena noticia que aquello que su familia había castigado con tanto rigor, en su casa, entre los suyos, fuera bien visto. Aquella habilidad había terminado de ganarse a todos los Slytherin, desde los más pequeños hasta los mayores. Tan solo los primeros días había recibido un montón de masivas de padres sangre pura y bien posicionados pidiéndole que cuidara bien de sus hijos y Harry jamás se sintió tan importante.
Las otras casas no se lo habían tomado demasiado bien, pero aquello no podía importarle menos, nadie se metía con él, demasiado asustados como para enfrentársele, temerosos de terminar igual que Filch o Colin. Algunos rayaban en la cobardía total, lamiéndole la suela de los zapatos, intentando simpatizar con él, algunos otros simplemente le rehuían. Eran pocos los que se atrevían a meterse con él por creerlo oscuro y malvado, la mayoría de ellos, magos sangre pura de otras casas que se creían lo suficiente como para gritarle en la cara su condición, tipos como Ernie MacMillan, un odioso Hufflepuff de su edad, sangre pura y bastante irritante. Al estar Cedric de parte de Harry, los tejones necesitaban a alguien que no simpatizara con él, al menos una minoría y Macmilln, dispuesto a hacerse el salvador había tomado ese papel. Patético, pensaban todos en Hogwarts, que el chico fuese un sangre pura no lo hacía mejor que nadie, al contrario, Harry creía que para haber sido criado entre magos de la alta sociedad (como Draco) era bastante vulgar y poco poderoso, su magia no le hacía ni cosquillas.
Pero que el chico fuese una broma no lo hacía menos irritante y cada que Harry y sus amigos se topaban con él era fácil meterse en un lío. Nunca los habían cachado en medio de sus discusiones por los pasillos, que más que discusiones se trataba de Ernie hablando demasiado fuerte sobre "ciertas personas que no debían admitir en el colegio" y Harry rodando los ojos antes de responderle algo sarcástico que dejaba al tejón en vergüenza. Por eso, cuando salieron de trasformaciones, se dirigieron a las mazmorras y se percataron de que los Hufflepuff y los Ravenclaw estaban saliendo de la clase, los Slytherin no tardaron en aglomerarse junto a su príncipe, sin intención de perderse el espectáculo.
—Pero si es el príncipe serpiente —dijo MacMillan con clara aversión en su voz.
—Para ti "Su majestad", MacMillan —Le respondió el moreno pasando de largo por el pasillo, haciendo que el tejón detuviera su paso. Todos echaron a reír, incluso algunos Hufflepuff.
—Se ve que lo disfrutas mucho —volvió a decirle el chico, intentando picarle y hacerle desatinar, pero Harry era un Slytherin y esos trucos baratos poco funcionaban con él.
—¿Por qué no lo dejas ya, Ernie? —intervino Hermione quien acababa de salir del aula con sus libros en brazos y con un grupo de chicos con los que Harry la había visto últimamente—. Nos hemos cansado de repetirte que Harry no es el heredero de Slytherin.
—Por favor, Hermione, no gastes saliva, no lo merece —dijo Harry posando una mano sobre el hombro de la chica.
—Creo, Granger, que el lugar en Ravenclaw te ha quedado demasiado grande, no puede ser que alguien tan brillante como tú no pueda verlo; Potter habla pársel, ¿recuerdas lo que apareció escrito en la pared? «Enemigos del heredero temed.» Potter estaba enemistado con Filch y resultó agredido. Ese chico de primero, Creevey, molestó a Potter en el partido de quidditch, sacándole fotos mientras estaba tendido en el barro. Y entonces aparece Creevey petrificado. He oído también que detesta a los muggles con los que vive, no me sorprendería que el siguiente fuese Justin —dijo mirando a su compañero Hufflepuff que palideció de inmediato— la primera semana le ganó su lugar a Potter en herbología y no creo que se lo hubiese tomado muy bien, además es hijo de muggles.
—¡Ernie! —exclamó el mencionado con claro pánico en la voz.
—Déjame maldecirlo —le dijo Draco a Harry en voz apenas audible para él. El moreno negó casi imperceptiblemente.
—Yo no creo que Harry... —intervino Hannah Abbot, otra Hufflepuff. Sus mejillas estaban sonrosadas. —él acabó con el-que-no-debe-ser-nombrado.
—Nadie sabe cómo pudo sobrevivir al ataque de Quien-ustedes-saben —rebatió Ernie, desafiante—. Quiero decir que era tan sólo un niño cuando ocurrió, y tendría que haber saltado en pedazos. Sólo un mago tenebroso con mucho poder podría sobrevivir a una maldición como ésa. —Bajó la voz hasta que no fue más que un susurro, y prosiguió—: Por eso seguramente es por lo que él quería matarlo antes que a nadie. No quería tener a otro Señor Tenebroso que le hiciera la competencia.
Todos se quedaron en silencio, Harry, quien anteriormente ni se había molestado en mirarlo ahora le escrutaba con la mirada. Harry jamás se había preguntado la razón por la que Voldemort había querido acabar con él, pero si lo ponían de esa forma...
Sin embargo, antes de que aquella idea tomara forma, una estruendosa carcajada irrumpió en el silencio sepulcral. Draco Malfoy se desternillaba de risa ante el comentario de Ernie a tal punto de que una pequeña lágrima resbaló por su mejilla, demasiado divertido como para intentar secarla. A la risa del rubio se le unió la de los otros Slytherin, e incluso Hermione soltó una carcajadita discreta.
—Por Merlín, Macmillan, sabía que eras bastante lento y poco astuto pero esto... —dijo Draco, intentando tomar aire—. ¡Comparar a Harry con el Lord! —soltó otra carcajada y los demás siguieron riendo. Entonces, así como si nada, Draco se puso serio y acercándose al tejón le dijo en voz baja y peligrosa —. Sé que los magos poco hábiles como tú tienden a utilizar recursos como la magia oscura para no ser unos fracasados, pero sé que no te asombrará saber que Harry no necesita de absolutamente nada para serlo —Ernie, como petrificado ni parpadeaba— ¿puedes sentirlo, no es así? La magia de Harry es tan poderosa que puedes sentirla invadiendo el pasillo, magia pura, porque Harry, a comparación tuya... —miró al moreno— o de Voldemort —los presentes soltaron un pequeño jadeo de sorpresa al escuchar el nombre— nació de esta manera y me parece patético y una completa falta de respeto que oses compararlos —Draco sonrió satisfecho al verlo intimidado—. Harry no es el heredero de Slytherin, pequeña sabandija y quiero que le pidas una disculpa.
Todos guardaron silencio, asombrados por la intervención nada discreta de Malfoy, aquel no era para nada su estilo.
—Lo siento, Potter —tartamudeó Ernie. Harry sonrió.
—No te he escuchado, MacMillan —dijo más por rencor que otra cosa.
—Lo siento, Potter —repitió rojo de vergüenza.
Los tejones salieron de ahí, unos mirándoles a forma de disculpa, otros tantos cautelosos. Harry sabía que aquello no bastaría para acallar los rumores sobre él siendo el supuesto heredero, pero al menos a pocos les quedarían ganas de seguir fastidiando. Draco podía dar miedo, muchísimo, aunque la mayoría del tiempo luciera con un angelito, un niño mimado y frágil que no era capaz de romper ni un solo plato.
—¿Puedo? —preguntó Draco volviendo a su lado, mirándolo como alguien que espera un regalo, Harry rodó los ojos y asintió —. Crabbe, Goyle —dijo y ambos chicos asintieron para inmediatamente después ir tras Ernie. El Hufflepuff no iba a pasarlo nada bien.
—¿Nos vemos en la cena? —preguntó Hermione y Harry asintió para después verla partir a su última clase.
Entraron a pociones, Snape debía haber ido a la parte trasera del aula pues no se le veía por ninguna parte. Harry acomodó su caldero y sus ingredientes en la mesa y con Draco a su ladopronto se embarcaron en una charla sobre la poción revitalizante que prepararían aquella tarde.
Hablar con Draco de pociones y defensa contra las artes oscuras siempre era interesante, Draco sabía todo lo que tenía que saber. Ser un genio de las pociones lo hacía en automático un genio en herbología y al ser bueno en defensa automáticamente lo volvía un erudito de los encantamientos y trasformaciones. Draco, al contrario de muchos chicos de Slytherin, se tomaba muy en serio su papel como próximo heredero de un apellido ancestral, desde muy pequeño había sido introducido en el arte de la magia y en todas sus ramas. Harry había escuchado de su propia boca que había tenido profesores en casa que le habían enseñado de todo y que sus propios padres se habían encargado de guiarlo en el camino, para que en el futuro, Draco fuese mucho más que su apellido, para que fuese más grande y el muchacho había aprendido bien, pues cada paso que daba lo llevaba por el camino hacia su objetivo.
Entonces Harry recordó una de las frases usadas por Ernie solo un par de momentos atrás, aquella en que aseguraba que Harry detestaba a los muggles con los que vivía, su familia. Era tanta la diferencia que había entre la familia de Draco y la suya que creía tenerle un poquito de envidia. Los Malfoy siempre estaban dispuestos a hacer lo que fuese necesario para ver a su hijo brillar, colmándolo de dulces y juguetes de manera innecesaria, de las mejores ropas, de los mejores zapatos y libros. El amor que le tenían era palpable pese a lo poco expresivos que podían ser. Sin embargo y en comparación con su niñez, Harry hubiera preferido unos padres poco expresivos a tener que soportar un solo día de vida con los Dursley. Si Harry era bajito y delgado era a causa de la mala alimentación de todos esos años, si había llegado a ser inseguro era porque a él le habían enseñado que nada valía.
Las cosas habían cambiado, claro estaba, pero no gracias a que los Dursley se dieran cuenta de la mala idea que significaba tratarlo mal, si no por que Draco había llegado a enseñarle que podía lograr lo que deseara, con perseverancia, ambición, astucia y un poco de ayuda de las personas correctas. Y Harry le pagaba cada día con su amistad incondicional, jurándole silenciosamente que, el día que lograse llegar a la cima, lo haría con él a su lado y dejaría todo a sus pies, porque así agradecían los Slytherin, así querían las serpientes.
La clase de Snape vino y se fue tan rápido como comenzó. Harry charló un poco con Ron y Neville sobre su encuentro con MacMillan y negando rotundamente haber tenido algo que ver con que de repente su cabello empezara a caerse de su cabeza y que los dientes se le tiñeran de color verde. El profesor de pociones quitó unos cuantos puntos a Gryffindor, le dio otros tantos a Draco por su siempre perfecta demostración de talento y finalmente los dejó partir no sin antes dejar un poco de tarea para las vacaciones, era el único profesor que lo hacía.
Cuando se encontraban a la mitad del camino hacia el gran comedor, Harry recordó que debía regresar un par de libros a la biblioteca, le pidió a Draco amablemente que se adelantara pero el rubio le respondió que había olvidado preguntarle algo a Snape y que necesitaba volver a las mazmorras. Ambos se separaron, dejando que el resto de los Slytherin se adelantaran.
Los pasillos estaban prácticamente vacíos, Harry creía que era por la hora. Sin embargo, al llegar a la biblioteca se encontró con unos cuantos alumnos más que le saludaron cortésmente y le desearon buenas noches. Antes de devolver sus libros, Harry tomó prestados un par más sobre criaturas mágicas que le estaban sirviendo en su investigación. Tenía real curiosidad por saber que sería el monstruo que albergaba la cámara de los secretos y junto con Draco había comenzado a investigar un poco. Devolvió, finalmente los tomos que ya había memorizado a la encargada que siempre traía mala cara y solicitando un par nuevo de libros se marchó de nuevo hacia el comedor.
Harry bajó unas escaleras y volvió por otro corredor. Estaba mucho más oscuro porque el viento fuerte y helado que penetraba por el cristal flojo de una ventana había apagado las antorchas. Iba por la mitad del corredor cuando tropezó y casi cayó contra algo que había en el suelo. Se volvió y afinó la vista para ver qué era aquello con lo que había tropezado, y sintió un sabor amargo al descubrirlo. Sobre el suelo, rígido y frío, con una mirada de horror en el rostro y los ojos en blanco vueltos hacia el techo, yacía Justin Finch-Fletchley. Y eso no era todo. A su lado habían un par de figuras, componiendo la visión más extraña que Harry hubiera contemplado nunca. Se trataban de Ernie Macmillan y Nick Casi Decapitado, que no era ya transparente ni de color blanco perlado, sino negro y neblinoso, y flotaba inmóvil, en posición horizontal, a un palmo del suelo. La cabeza estaba medio colgando, y en la cara tenía una expresión de horror idéntica a la de Justin.
En ese momento caviló que tenía dos opciones, largarse de ahí de inmediato y esperar a que alguien más les encontrara o ir directamente en busca de algún profesor. La segunda opción podía meterlo en problemas, ya algunos maestros comenzaban a mirarlo con sospechas y, aunque Harry se sabía inocente, comenzaba a sospechar que el heredero buscaba justamente perjudicarlo con mala fama. Es decir, el agresor o buscaba de buena fe darle su merecido a MacMillan o culparlo de aquella agresión de manera fácil, cosa que después del enfrentamiento solo un par de horas atrás facilitaba.
Se cruzó de brazos y suspiró antes de decidir que lo mejor sería marcharse. O al menos ese había sido su plan hasta que las antorchas se encendieron y McGonagall apareció por el corredor. Harry tuvo apenas un par de segundos para reaccionar y fingirse completamente afligido.
—Profesora, tiene que ver esto, hay un par de chicos... y el señor casi decapitado... ellos...— no terminó su frase, la profesora lo pasó de largo para observar la escena. Harry se felicitó internamente por la manera tan natural en que había mentido, una cosa era que los alumnos le creyeran culpable y otra muy diferente que los profesores lo hicieran. No se le antojaba ser expulsado, gracias.
—Por aquí, Potter —indicó ella afligida, pero no parecía culparle de nada.
Él asintió aun fingiendo aflicción y la siguió en silencio hasta la gárgola detrás de la cual él sabía se encontraba el despacho del director. McGonagall dijo la contraseña: "sorbete de limón" y ambos entraron. Dejaron la escalera de piedra y la profesora McGonagall llamó a la puerta. Ésta se abrió silenciosamente y entraron. La profesora McGonagall pidió a Harry que esperara y lo dejó solo. Harry miró a su alrededor. Una cosa era segura: de todos los despachos de profesores que había visitado aquel año, el de Dumbledore era, con mucho, el más interesante. Si no hubiera estado demasiado ocupado cavilando como zafarse de aquello para no ser expulsado del colegio, habría disfrutado observando todo a su alrededor.
Era una sala circular, grande y hermosa, en la que se oía multitud de leves y curiosos sonidos. Sobre las mesas de patas largas y finísimas había chismes muy extraños que hacían ruiditos y echaban pequeñas bocanadas de humo. Las paredes aparecían cubiertas de retratos de antiguos directores, hombres y mujeres, que dormitaban encerrados en los marcos. Había también un gran escritorio con pies en forma de zarpas, y detrás de él, en un estante, un sombrero de mago ajado y roto: era el Sombrero Seleccionador.
—Harry Potter —lo saludó el viejo sombrero— veo que portas con orgullo la túnica de tu casa ¿has terminado de convencerte que ese era el mejor lugar para ti? ¿o sigues deseando pertenecer a Gryffindor? —Harry sonrió, mirándolo un segundo y luego al viejo fénix que descansaba en una percha, junto a la silla de Dumbledore. El fénix se prendió en llamas y se consumió y Harry olvidó por un momento lo que hacía allí, maravillado con aquella criatura.
—Debo darte las gracias —le respondió amablemente.
Entonces la puerta del despacho se abrió. Entró Dumbledore, con aspecto sombrío. Harry se sintió intimidado, pues el viejo director era uno de los pocos magos que imponían con su sola presencia. Sin embargo, poniendo su mejor cara de cachorrito mantuvo la compostura, dispuesto a defenderse.
—Señor, yo no he sido —dijo sonando seguro y el hombre ablandó su expresión.
—Eso lo sé Harry —le respondió— Hagrid te ha visto salir de biblioteca minutos antes y me lo ha contado, sin embargo, comprenderás que este asunto es muy delicado —el muchacho asintió.
—¿Usted... usted tiene una idea de quién... o qué...? —preguntó no muy seguro de hacerlo.
—Me temo que no, mi querido muchacho, me temo que no. Sin embargo, he escuchado por ahí que hablas pársel.
—¿Es eso algo malo? —preguntó y Dumbledore alzó una ceja.
—Por supuesto que no, aunque muchas personas crean lo contrario —hizo una pequeña pausa— Harry ¿cónfías en mí?
—Por supuesto, señor —mintió.
—Entonces estarás de acuerdo en acudir a mi si... algún suceso extraño aconteciera ¿cierto? —Harry pensó en las voces que escuchaba entre las paredes y los sueños extraños que tenía últimamente. Pensó en su investigación privada del asunto y sin embargo no dijo nada además de:
—Por supuesto.
—De acuerdo, ve a cenar y... visítame de vez en cuando —le pidió con una sonrisa amable que Harry no supo cómo interpretar. Dumbledore era todo un misterio, algo en sus ojos le inquietaba y le hacía dudar.
Sin embargo desechó aquel pensamiento y volvió al gran comedor donde Draco ya le esperaba.
