—¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó claramente enojado.

—Porque quería decírtelo cuando volviera de Francia, era obvio que no te lo tomarías nada bien, no iba a arriesgarme a que perdieras la cabeza y salieras a buscarle —le respondió irritado, colocando sobre el compartimento del tren un encantamiento silenciador. Harry bufó con ironía.

—Lo dices como si fuese un Gryffindor idiota e impulsivo — ofendido entrecerró los ojos.

—No, Harry, pero eres un Slytherin vengativo, no se me olvida lo que le hiciste a Lockhart solo porque intentó desamarte. Black prácticamente te arruinó la vida, serías capaz de hacerlo y lo sabes, no ibas a conformarte con un poco de información y definitivamente ibas a ir tras él. Black no es como el inútil de Gilderoy, sabes lo peligroso que es, sabes de lo que es capaz y no iba a dejar que echaras a perder tu oportunidad de venganza haciendo las cosas en caliente.

—Nada justifica tu falta de lealtad, Draco.

—Nada demuestra mejor mi lealtad que habértelo ocultado —rebatió.

Ambos estaban de pie, muy cerca de la puerta del compartimiento del tren, con la cortina abajo para que ninguna persona decidiera husmear por el cristal. Se miraban a los ojos, con decisión, ambos tratando de ganar aquella absurda discusión que sabían, muy en el fondo, que no les llevaría a ninguna parte. Draco había tenido razones válidas para ocultar aquello, Harry no toleraba la traición y sabía que se debía principalmente a lo que Black le había hecho a su familia, todos en el mundo mágico sabían lo muy unidos que habían sido Sirius y James, mejores amigos, camaradas, cómplices, aliados, todo lo que Draco era para Harry y Draco sospechaba que el solo imaginar terminar igual que su padre, hacía que Potter enloqueciera de paranoia, pero sobre todo, le hacía hervir en sed de venganza.

Y es que con Black dentro de Azkaban las posibilidades de ponerle un dedo encima se reducían a cero. Su cadena había sido perpetua, había asesinado a varios muggles aquel día, además de a otro de sus amigos y había revelado a Lord Voldemort la ubicación de los Potter quienes en ese momento eran unos de los miembros más fuertes de la orden del fénix. Los cargos eran muchos y muy graves, y, aunque una persona normal se hubiera dado por bien servida sabiendo que perdería lo cordura en una reducida celda, húmeda y oscura, rodeado de dementores, Draco sabía que para Harry no era así. Para el moreno era esencial hacer justicia por mano propia, así era él y no le juzgaba, Draco creía ser igual a él. Y ahora que Black estaba libre, todos sospechaban que su siguiente movimiento sería encontrar a Potter y acabar con él, lo que no sabían era que Harry seguramente estaría preparado para aquel momento.

—Ni una mentira más, Draco —sentenció Harry—. ¿Qué es lo que sabes del tema?

—Sólo lo que el profeta ha estado publicando —respondió relajándose. Caminó hasta uno de los asientos y se colocó junto a la ventana —. Y deja de mirarme así, sé que estás enojado pero en ningún momento te he traicionado, guarda esas energías para cuando Black se presente.

Harry se quedó de pie junto a la puerta, su rostro reflejaba odio, pero no por Draco, sino por Sirius Black.

Recordando que había prometido proteger al rubio y ser un buen amigo, decidió tomar aire e intentar relajarse, convencerse de que las intenciones de Malfoy habían sido las mejores, Draco jamás le había dado razones para pensar de otra manera. Cuando se sintió mucho mejor se sentó frente a su amigo, la cólera había sido rápidamente reemplazada por vergüenza, no se suponía que alguien como él reaccionara de aquella manera tan primitiva, pero simplemente habían días en que le era imposible controlar su carácter.

—Lo lamento —dijo con un suspiro, al tiempo que pasaba una mano por su cabello.

—Disculpa acepada —le respondió el rubio fríamente.

Ambos se quedaron en silencio, mirando hacia el paisaje. Sabían perfectamente bien que las cosas serían así entre ellos ahora que Harry sabía que Lucius jugaba para un bando completamente diferente al suyo y que Draco podía elegir la sangre antes que la amistad. Y Harry estaba aterrado de perderlo, porque sabía, aunque le hiriera el orgullo, que aunque pensara en él como un traidor, no podría tratarlo como un traidor y sinceramente creía que le explotaría la cabeza si seguía pensando en ello. A veces creía que las cosas serían más fáciles sin la existencia de Voldemort, aunque planeaba darle solución a ese problemilla lo antes posible, antes de que Draco decidiera que Tom Riddle era mucho mejor que él.

—Draco...

—Déjalo ya, Harry.

—Pero...

—Pero nada, yo no soy mi padre ¿entiendes? —le miró, sus ojos grises no mostraban más que decepción—. Eres mi mejor amigo y ya te he jurado lealtad, nunca he hecho nada que te haga creer que te traicionaré y aun así insistes en lo mismo. Si sigues dudando de ti mismo de esa manera, jamás llegarás a ser un buen líder y entonces sí que tendré que marcharme de tu lado, los débiles mueren primero y yo quiero seguir con vida. ¿Tú crees que no me entero de lo que pasa? Sé que en algún momento tendré que elegir entre tú, o Voldemort o Dumbledore, o cualquier otro que se levante en un nuevo bando poderoso, ¿quieres conservar mi lealtad? Entonces demuestra que la mereces y deja de portarte como un príncipe mimado y llorón.

Harry, furioso por aquellas palabras se puso de pie y le apuntó con la varita. Draco alzó el rostro con los ojos entrecerrados, retándole a si quiera intentar hacerle daño. Se miraron largamente, con la tensión creciendo entre ellos que solo se vio interrumpido por los gritos de Ron en el pasillo; al parecer el nuevo gato de Hermione había decidido hacer de su rata mascota el almuerzo de esa tarde y el pelirrojo estaba evitando que cayera en sus garras a toda costa. Harry bufó y bajó la varita, desviando la mirada, Draco se puso de pie y le encaró, era más alto que él, pero ambos sabían que aquello significaba nada, sus fuerzas mágicas probablemente eran muy iguales.

—Te estás desviando de tu objetivo —le dijo el rubio finalmente—. El Lord es tu objetivo y Black va a interponerse, tú decides, pelear contra ellos contando con mi ayuda o seguir con esto y que yo busque a alguien más capaz de controlar sus inseguridades.

—No entiendes lo importante que eres para mí —rebatió mirándole a los ojos. Draco sorprendido abrió la boca en una perfecta "o", pero rápidamente se recompuso—. Si estoy aquí es gracias a ti, sin ti probablemente hubiera ido a rogarle a Dumbledore que me pusiera en Gryffindor, demasiado asustado de mi debilidad como para vivir permanentemente rodeado de serpientes. No quiero perderte, no puedo perderte, eres mi aliado más valioso, mi mejor amigo.

—Mejor amigo... —repitió el rubio con resignación—. De acuerdo... entonces, olvidemos esto y concentrémonos en lo importante ¿Qué harás cuando tengas a Black frente a ti?

—Dudo que sea más poderoso que Voldemort y a él ya lo he enfrentado tres veces —no intentaba presumir, solo recalcaba lo obvio.

—Pero es astuto, logró engañar a tus padres, tendríamos que irnos con cuidado.

—Tu padre...

—Él no ha mencionado absolutamente nada, todo lo que sé es que logró escapar sin ayuda, evitando a los aurores y a los dementores, el ministerio ya puso manos a la obra para su recaptura, pero nada ha dado resultados. Probablemente la casa de tus tíos muggles se encontraba bajo vigilancia sin que tú te percataras de ello, ya sabes, para protegerte. Black sabe que estarás en edad de ir al colegio, no dudo que intente irrumpir en el castillo con tal de atraparte, dicen que está demente y que Dumbledore esté allí no es garantía para tu seguridad.

—Creo que lo mejor será fingir debilidad, si él cree que estoy asustado se acercará y atacará directamente... solo me pregunto ¿cuánto tiempo le tomará romper las protecciones de Dumbledore?

—Lo mejor será estar listos para cuando ocurra, entrenaremos en la habitación después de la cena, sin excepción —Harry asintió pensativo y finalmente volvió a sentarse, acción que Draco imitó.

La charla sobre los aspectos que tendrían que reforzar llegó casi de inmediato; ambos eran buenos en casi todas la materias. Desde su entrada a Hogwarts siempre se habían dedicado al estudio fervientemente, compitiendo por el primer lugar de su generación en cuanto a notas. Sin embargo era obvio que Harry destacaba por mucho en encantamientos y Draco en pociones, aquellas materias eran su punto fuerte y lo mejor era explotarlas al máximo.

Sobre aquello discutían cuando el clima del exterior comenzó a tornarse nublado y pequeñas gotas de lluvia golpearon la ventana que Harry cerró con un movimiento de mano.

—No sabía que podías hacer magia sin varita —Draco no parecía muy asombrado, solo consternado, Harry suponía que su amigo pensaba que solo era cuestión de tiempo para que aprendiera a hacerlo.

—Es la primera vez que lo hago —dijo encogiéndose de hombros—. Como fuera de Hogwarts no tenemos permitido hacer magia, pensé que practicarla aquí estaría bien. Empezar por cosas pequeñas.

Draco le sonrió y con un movimiento de manos levantó la cortina de la puerta del compartimento, Harry sonrió de lado, orgulloso de que su amigo no planease quedarse atrás en cuanto a habilidad.

—A que puedo lanzar la maldición de las piernas saltarinas sin varita primero —le retó Harry y Draco soltó una carcajada.

—A que puedo lanzar esa maldición y el encantamiento que te cambia el cabello de color primero y no verbal.

Ambos echaron a reír. La lluvia arreciaba a medida que el tren avanzaba hacia el norte; las ventanillas eran ahora de un gris brillante que se oscurecía poco a poco, hasta que encendieron las luces que había a lo largo del pasillo y en el techo de los compartimentos. El tren traqueteaba, la lluvia golpeaba contra las ventanas y el viento rugía.

El tren iba cada vez más despacio. A medida que el ruido de los pistones se amortiguaba, el viento y la lluvia sonaban con más fuerza contra los cristales. Harry, que era el que estaba más cerca de la puerta, se levantó para mirar por el pasillo. Por todo el vagón se asomaban cabezas curiosas. El tren se paró con una sacudida, y distintos golpes testimoniaron que algunos baúles se habían caído de los portaequipajes. A continuación, sin previo aviso, se apagaron todas las luces y quedaron sumidos en una oscuridad total.

—No hemos llegado a Hogwarts —dijo Draco sacando su varita de la túnica y encendiendo un lumos.

Draco limpió el empañado cristal con la manga de su túnica, afuera estaba cada vez más oscuro, Harry lo vio entrecerrar los ojos para poder observar bien lo que ocurría afuera. El moreno miró de nuevo hacia el pasillo pero apenas y podía distinguir nada. Algo definitivamente no estaba bien.

—Algo pasa afuera —sentenció el rubio, bajando la ventana para asomar la cabeza —... Parece que hay gente subiendo... No... ¡No son personas, Harry, cierra la perta!

Harry vio en el rostro de su amigo la seriedad y la gravedad del asunto, Draco cerró la ventana de golpe y él se giró rápidamente para cerrar la puerta frente a él, pero de pie, en el umbral, iluminado por el lumos de Draco, había una figura cubierta con capa y que llegaba hasta el techo. Tenía la cara completamente oculta por una capucha. Harry miró hacia abajo y lo que vio le hizo contraer el estómago. De la capa surgía una mano gris, viscosa y con pústulas. Como algo que estuviera muerto y se hubiera corrompido bajo el agua... Dementores, habían dementores.

Sólo estuvo a la vista una fracción de segundo. Como si el ser que se ocultaba bajo la capa hubiera notado la mirada de Harry, la mano se metió entre los pliegues de la tela negra. Y entonces aspiró larga, lenta, ruidosamente, como si quisiera succionar algo más que aire. Un frío intenso se extendió por encima de ambos muchachos. Potter fue consciente del aire que retenía en el pecho. El frío penetró más allá de su piel, le penetró en el pecho, en el corazón...

Los ojos de Harry se quedaron en blanco. No podía ver nada. Se ahogaba de frío. Oyó correr agua. Algo lo arrastraba hacia abajo y el rugido del agua se hacía más fuerte... Y entonces, a lo lejos, oyó unos aterrorizados gritos de súplica.

Por su cabeza desfilaron un montón de cosas desagradables que hasta ese momento él había creído bajo control; se vio a si mismo con cinco años siendo castigado por su tío a golpes por primera vez, la taza favorita del hombre había explotado sin razón aparente y había sido culpa de Harry, aunque él se encontraba bastante lejos del comedor cuando aquello ocurrió. Se vio a si mismo con nueve años, muriendo de frio en su cuarto debajo de la alacena, los Dursley se habían ido de vacaciones y habían olvidado quitar el seguro de afuera de la puerta, o tal vez no y simplemente lo dejaron allí por tres días únicamente con un paquete de galletas y una botella de agua. Se vio a si mismo con diez, siendo perseguido por su primo y su pandilla, con las gafas rotas y un golpe en el ojo, apenas escapando por poco, sintiéndose humillado, débil y lleno de rencor. Veía también imágenes creadas por su mente, escenas imaginarias de cuando sus padres habían sido asesinados, recuerdos falsos, pues él era demasiado pequeño como para recordar; veía a su padre peleando por salvarle la vida a él y a su madre, lo veía caer muerto ante los pies de Voldemort quién con toda la facilidad del mundo pasaba sobre el cuerpo inerte del hombre, casi pisoteándolo a propósito. Veía al Lord dirigirse a su madre quien con su vida le había protegido, burlándose de ella por ser débil y Harry amargamente lo entendía, pero no por eso era menos doloroso.

El odio que sentía era tanto que le hervía en la sangre, amenazándolo con reventarle los oídos. Su madre gritaba de terror, el lloraba como el bebé de un año que era, Voldemort se reía de su desgracia y Harry lo detestó más que nunca. Si se suponía que los dementores te causaban tristeza, a Harry solo lograron hacerlo enfurecer y sabía que aquello estaba causándole un descontrol mágico tal que le quemaba las entrañas. Esos recuerdos, esas memorias se sentían tan vívidas, tan reales que creía estar viviéndolo todo de nuevo.

—No dejes que te domine —escuchó a Draco decir a lo lejos, como algo irreal —. Tú tienes el control.

Aquellas palabras fueron como salir del fondo de un lago, no supo como lo hizo, solamente que logró recuperar el control de su cuerpo con aquellas simples palabras... no, no habían sido las palabras, había sido el dueño de la voz el que le había hecho reaccionar. El grito de súplica de su madre le retumbaba en el oído, pero decidió ignorarlo, no iba a perder el alma a causa de un dementor.

Extendió su mano, y su piel sintió la textura viscosa del rostro de aquel ser tan desagradable. Le apartó empujándole con su mano y con una onda de magia que él sabía que no sería suficiente, que necesitaba de un patronus si quería deshacerse de aquella cosa que ansiaba devorarle. Consiguió aferrar su varita, escuchaba los gritos de pánico de los otros estudiantes que al parecer se encontraban en situaciones similares y con voz ahoganda logró exclamar:

Expecto patronum.

Pero de su varita no salió aquella luz plateada que los libros de texto que había leído describían, lo que salió de su varita fue más bien un rayo de luz púrpura, casi negro que golpeó contra el dementor, iluminando todo el tren de manera excesiva. Harry podía sentir como la varita de le resbalaba de la mano, pues la sustancia viscosa del cuerpo del ser que enfrentaba se había quedado impregnada en la palma de su mano. Abrió los ojos, frente a él la luz oscura seguía brillando y entonces, el dementor explotó, volviéndose cenizas.

Su respiración estaba mil por hora, pero no le dio tiempo de recuperarse, de entre el cuerpo del dementor, una luz comenzó a brillar y como si naciera de entre los restos de ese ser, el patronus de Harry se alzó, mostrando a una criatura que Harry jamás había visto pero que había visto ilustrada en su enciclopedia de criaturas mágicas; una especie de caballo alado con cuerpo esquelético, rostro de rasgos reptilianos y unas alas de aspecto curtido que recordaban a las de un murciélago, un Thestral que se desvaneció tan rápido como llegó.

—¿Se encuentran bien? —preguntó una voz proveniente del pasillo, las luces del tren volvían a la normalidad y Harry vio que Draco había llegado a su lado.

Potter se sentía débil, sumamente débil, apenas y podía mantenerse de pie pero hizo el esfuerzo de girarse hacia el hombre que le hablaba; sus cabellos eran castaños y sus ojos eran dorados, por su rostro se atravesaban algunas marcas, cicatrices como de una bestia, era un hombre atractivo, pero lucía sumamente cansado y ojeroso, lo que le agregaba años de más que seguramente no tenía. Harry pensó que lo conocía de algún lado, pero no lograba recordar en su condición. Cuando menos se dio cuenta ya se encontraba de rodillas en el suelo, con Draco sujetándole para que no se desplomara.

—Un dementor intentó atacarnos —dijo Draco, pálido como un muerto, Harry creyó que estaba asustado.

—Lo he alejado con un patronus —aclaró el moreno.

—Parece que más bien le has destruido —dijo el hombre mirando las cenizas en el suelo. Sonrió—. Bien hecho Harry ¿Qué forma tiene tu patronus?

—Un... —iba a decir la verdad pero Draco se le adelantó.

—Un ciervo.

El hombre sonrió ampliamente mientras sus ojos se llenaban de algo parecido a melancolía y añoranza, sacó de su túnica vieja y gastada una tableta de chocolate y se la ofreció a Harry con la mirada más amable que el moreno hubiera visto nunca. Harry quiso usar legeremancia con él y saber que era lo que estaba pasando por su mente, no le sorprendía que le conociera, su cicatriz gritaba su nombre a los cuatro vientos, pero Harry sospechaba que había algo más. Sin embargo aún no dominaba el arte de la legeremancia y usarla podía ser contraproducente así que simplemente se abstuvo y decidió que ya indagaría más sobre el hombre y el por qué Draco no había querido revelar la verdadera apariencia de su patronus.

—¿Quién es usted, de todas formas? —preguntó Draco ayudando a Harry a ponerse de pie, era obvio que estaba bastante reacio a dejar que un desconocido se les acercara.

—Mi nombre es Remus John Lupin y soy el nuevo profesor de defensa contra las artes oscuras. Lamento no haber llegado antes, los dementores estaban por todo el corredor y auyentarlos a todos me costó algo de trabajo —miró a Hrry con sumo entusiasmo y le preguntó— ¿ya habías hecho algo así.

—No señor —respondió acomodándose en su asiento —había leído sobre los dementores y me sabía prácticamente toda la teoría, esto... me ha tomado por sorpresa. Supongo que han llegado buscando a Sirius Black —la expresión de Lupin se ensombreció.

—Como si fuera a estar aquí, descansando en alguno de los compartimentos —repuso Draco con sumo enfado—. Tendré que hablar con mi madre sobre esto.

—Veo que ambos se encuentran bien —dijo el profesor—, iré a ver al resto de los alumnos y a hablar con el maquinista.

Y salió del compartimento.

Harry miró a Draco quién le observaba con gesto indescifrable. El rubio abrió la boca para decir algo pero la cerró de inmediato al notar que Granger y Weasley llegaban con gesto abatido. Harry no sabía porque, pero presentía que lo que había hecho con el dementor y el asunto del patronus no era del todo normal.