Harry escuchó las zalamerías de tío Vernon quién muy preocupado le pedía alguna explicación del por qué Narcissa Malfoy había decidido dejar de ser una de las socias de su empresa. El pelinegro guardaba la ropa que necesitaría para los pocos días que permanecería en la casa de los Malfoy así como todo lo que necesitaría para el colegio; incluyendo los libros que había conseguido en el callejón Diagon un par de semanas atrás y su túnica de gala. Draco le había comentado que su padre había escuchado por los pasillos del ministerio que durante navidad habría un baile por el torneo de los tres magos que se celebraría en Hogwarts y que todos los chicos a partir de cuarto año tenían permitido asistir.

Harry había comprado su túnica el mismo día en que fue por la lista de materiales que McGonagall había enviado a todos aquellos que habían llegado al cuarto año. Draco lo había acompañado por supuesto y le había ayudado a elegir. Su túnica había resultado ser una bastante sencilla, Draco le había dicho que lucía mejor sin tanta tela encima; era de color negra, muy fina, con algunos bordados de plata a juego con su anillo en forma de serpiente. Draco había elegido una muy similar, negra de cuello alto con los bordados muy similares, un poco más ajustada que la de Harry. Potter creía que se veía como todo un rey enfundado en esa túnica, pero no lo había dicho en voz alta.

—Si pudieras preguntarle, porque mi jefe de verdad, de verdad, contaba con la inversión de los Malfoy desde el mes pasado...

Continuaba diciendo Vernon, con las manos juntas y apretándolas, ansioso. Su gesto era suplicante y por su frente caían pequeñas gotitas de sudor que al mirar causaron en su sobrino un gesto de disgusto. Cuanto le recordaba su tío a Peter Petigrew; rechonchos, con falta de cabello, ambos unos oportunistas de primera, arrastrándose a los pies de cualquiera que les ofreciera un poco de poder o dinero. La única razón por la que no se deshacía del hombre era porque probablemente el siguiente verano no tendría que volver a aquella horrible casa, donde incluso tía Petunia se había cansado de las hipocresías de su marido, donde Dudley cada vez más acobardado por la fuerte presencia de Harry ya ni si quiera intentaba molestarlo, pese a tener el triple de volumen corporal.

Harry suspiró mientras su tío seguía repitiendo las ventajas de invertir en una fábrica de taladros y se lamentó internamente de no poder hacer magia fuera del colegio. ¡Cuánto habría dado por poder hacer un simple hechizo silenciador!. No creía ser capaz de soportar ni un segundo más así que con voz tranquila dijo:

—Voy a pensarlo —, y sonrió hipócritamente—. ¡Dobby! —Exclamó y el elfo apareció de inmediato—. ¿Puedes llevarme a Malfoy Manor? No te aparezcas dentro, eso sería maleducado, déjame en la reja principal.

Tío Vernon chilló por la sorpresa de ver a semejante criatura en medio de la habitación de Harry y Dobby simplemente aceptó complacido.

Dobby servía a Harry como si se tratara de un rey. Aunque Harry realmente se sentía uno. Siempre estaba al pendiente de sus necesidades, trayendo directamente de las cocinas de Hogwarts los mejores manjares aún en vacaciones. Le hacía la limpieza de la habitación y le ahorraba la horrible experiencia de compartir mesa con los Dursley con quienes había tenido mucho cuidado de no mostrar a su pequeño y bien portado sirviente.

Dobby solía decir que Harry era mil veces mejor que Lucius Malfoy y aquello solo podía subirle el ego hasta niveles realmente altos. Y es que Potter tenía cierta debilidad por aquellos que le lamían los zapatos, Dobby entre ellos. Y aquella era la razón principal por la que lo trataba relativamente bien, nunca lo había mandado a plancharse las orejas o algo similar, aunque no solía pedir nada incluyendo el por favor y el gracias. Era amable, porque ya sabía que el elfo era capaz de traicionar a su amo, pero solo eso.

Dobby lo tomó del brazo y se apareció con él y todo su equipaje en las puertas de la mansión de los Malfoy. Harry le dijo:

—Vuelve a mi habitación y asegúrate de que Vernon no siga dentro antes de asegurarla, no quiero que esté husmeando por allí. Luego vuelve a Hogwarts a hacer lo que sea que te guste hacer cuando estás allí, te llamaré si necesito algo.

—Sí, Harry Potter, señor, muchas gracias señor, ¿señor?

—¿Si? —preguntó haciendo que su magia le dijera a las protecciones que había llegado y mandaran a algún elfo por él.

—Dobby nunca supo si su regalo de navidad y de cumpleaños fue bien recibidos por Harry Potter, señor —se removió incómodo estrujando sus manitas de elfo. Harry solo rodó los ojos y dijo:

—Muy bonitos, Dobby. Ahora márchate —el elfo pareció muy complacido con ello así que obedeció sin más. Harry suspiró fastidiado recordando aquel par de gorros de lana mal tejidos con figuras bastante feas en ellas.

Entonces un elfo de los Malfoy apareció frente a él.

—Señor Potter, lo esperábamos —Hizo una reverencia tal que su nariz tocó el suelo.

Lo tomó del brazo y lo dejó en medio de la sala principal. El salón era un cuarto de forma redonda con muebles del más puro blanco. La luz de los jardines se colaba entre sus delgadas cortinas de seda dorada, reflejándose en los espejos y jarrones que decoraban la habitación. En una de las paredes había una chimenea de mármol blanco con un enorme cuadro de los Malfoy que le miraban con curiosidad desde su lienzo. Harry dejó que el elfo a su lado se llevara su equipaje a la habitación que ya era costumbre que le otorgaran, Narcissa se puso de pie en un gesto amable y Draco también. Pero Harry estaba demasiado ocupado mirando a Pansy Parkinson como para saludar a la señora Malfoy como era debido.

Parkinson estaba sentada junto a Draco, con una túnica bastante fina y elegante, con su cabello negro peinado perfectamente pese a tenerlo corto. La muchacha se puso de pie segundos después, pues lo respetaba como el líder de Slytherin y como el mejor amigo de Draco. Harry, sin embargo, no sintió menos ofensiva su presencia por el gesto. La sentía como una intrusa y decir que estaba irritado era poco. Sin embargo se forzó a mostrar una sonrisa y a saludar a todos —Lucius incluído— con suma amabilidad, con una elegancia que había aprendido de los mismos Malfoy y que servía para darle una máscara a la frialdad a sus sentimientos.

—Narcissa —dijo tomando la mano de la mujer y besándola.

Hizo lo mismo con Pansy, aunque siendo sincero consigo mismo, tal vez, solo tal vez, había tomado con más fuerza de la necesaria su fina mano de porcelana. Estrujó a Draco en un abrazo cariñoso, perdiéndose en el aroma de su loción y la suavidad de aquellos cabellos que le rozaron la nariz. A Lucius únicamente le dedicó un apretón de manos en el que ambos imprimieron demasiada fuerza. Harry no podía hacer uso de su aura mágica, si la casa decidía que estaba amenazando al patriarca Malfoy, lo desintegraría o al menos le dejaría muy lastimado y el planeaba pasar los últimos días de sus vacaciones en buena condición.

Extrañamente, y para sorpresa de Harry, Lucius se portó bastante cortés con él por lo que al ambiente solo se sentía pesado para él quién no dejaba de preguntarse mentalmente cuando se marcharía Parkinson. Estaba harto de las miradas coquetas, las sonrisas dulces y de aquel mechón de negro cabello que parecía tener vida propia y se le colocaba frente al rostro, causando que Draco se lo acomodara gentilmente detrás de la oreja. Estaba cansado de oírla reír por algo que decían los padres de Draco como si creyera que la economía mágica y el nuevo decreto de exportación de criaturas mágicas era divertido. Pansy jamás había sido así de hueca, Harry pensaba que estaba nerviosa.

Lucius se retiró antes del almuerzo, una lechuza había llegado y se había despedido de manera cortés. Harry notó que la masiva no llevaba el sello del ministerio, o de alguna de las antiguas familias sangre pura pero lo dejó pasar, lamentando no haber podido practicar ni un poco de legeremancia durante el verano y sospechaba que Lucius era un experto detectando cuando alguien intentaba meterse en su mente. Saber únicamente la teoría del proceso no era para nada una ventaja. Se prometió que regresando a Hogwarts le pediría a Draco que le ayudara a practicar.

Almorzó con Pansy aún entre ellos, Harry siguió todas las pláticas de manera atenta. Notó que algo en el comportamiento de Draco y el de la chica había cambiado, pero la única idea que se le cruzó por la cabeza lo horrorizó tanto que prefirió desecharla. ¿Si Parkinson y Malfoy hubieran comenzado a salir, Draco le hubiera dicho, cierto? Después de todo habían estado intercambiando correspondencia todos los días desde que el colegio había terminado, incluso cuando Harry había pasado unos días con los Weasley habían seguido en contacto. ¿No era él su mejor amigo? Y a los mejores amigos se les contaba esas cosas. Aunque ciertamente Harry no se sentía únicamente como su mejor amigo.

Cuando el postre llegó Narcissa y él se adentraron en una charla sobre Cornelius Fudge y tanto Draco como Pansy aprovecharon para meterse dentro de su propia burbuja. Narcissa era agradable, inteligente y llena de comentarios acertados sobre los hombres que regían su mundo, pero Harry no lograba concentrarse por completo en lo que ella le decía. Disimulaba bastante bien, eso sí, la mujer no le miró extraño ni un poco, al contrario, había fingido tan bien que estaba dentro del tema que al final la señora Malfoy sonreía complacida de que el muchacho estuviese tan de acuerdo con ella en cuanto a política se refería.

A Harry la tarta de melaza jamás le había sabido tan agria.

Después del almuerzo todos se dirigieron a los jardines, Draco había propuesto un juego de buscadores amistoso entre ellos dos y, aunque Harry esperaba que aquello implicara que Pansy se marchaba, no fue así; la chica se sentó junto a Narcissa en una de las mesitas de exterior a tomar el té y a charlar con ella. Harry estaba sopesando la idea de lanzarle la imperius discretamente. Ya lo había hecho una vez y había funcionado. Sin embargo Narcissa había permanecido demasiado cerca como para hacerlo y si Draco se percataba se ofendería seguramente, Pansy era una de sus amigas más íntimas y además una de las más antiguas.

Ambos chicos se elevaron en la escoba vistiendo sus túnicas de quidditch del colegio. Harry por supuesto atrapó la snitch sin mucho esfuerzo, la especialidad de Draco era arrojar la quaffle después de todo, no ir tras la pelotita dorada. Sin embargo, Harry sospechaba que parte de su derrota se debía a los constantes gritos de Pansy animándolo. Era tan asquerosamente dulce que Potter por poco vomitaba. Durante la segunda ronda fue igual, Parkinson saludando a Draco cuando pasaba cerca, sonriéndole y animándolo a seguir adelante. Harry tomó la snitch nuevamente. La tercera ronda y la cuarta fueron igual, Harry aparte de comenzar a aburrirse también comenzaba a irritarse mucho más. Sólo Merlín sabía lo mucho que deseaba freír a crucios a Parkinson.

Decidieron entrar cundo Draco admitió que jamás podría ganarle a Harry y en su lugar decidieron sentarse en el salón principal a jugar al ajedrez. Era obvio el esfuerzo del rubio porque ni Harry ni Pansy se sintieran apartados y Narcissa parecía cómplice de ellos. Si Draco estaba pasando un rato con Harry, ella atendía a Pansy o al revés.

El ajedrez fue mucho mejor, Pansy había optado por leer un libro de encantamientos mientras Narcissa leía otro de pociones. Draco parecía realmente entusiasmado con aquella partida, ahora que Harry había mejorado lo disfrutaba muchísimo. Entre ellos un poco de competencia siempre era necesaria, los ayudaba a mejorar en lo que fuese que estuviesen incursionando. Por supuesto que Potter no era ni tres cuartos de bueno de lo que era Malfoy, pero estaba bien, al menos ya duraba más de diez minutos en cada partida. Harry recordaba aquella prueba en primer año para encontrar la piedra filosofal y a Voldemort, Draco había dirigido a sus piezas como si fuesen un verdadero ejército y solo tenía once años.

Potter suponía que aquella era una de las cosas que le habían cautivado de Malfoy; la firmeza con la que tomaba sus decisiones, sin miedo a sacrificar lo que fuese necesario para llegar al objetivo. También le gustaba su temperamento; rara vez explotaba en rabia o algo similar, mantenía su furia fría y aquello era mucho más temible, no temía en tomar represalias contra cualquiera que osara desafiarlo. Draco Malfoy lucía como un ángel, pero era tan poderoso y tenía una mente tan maquiavélica que jamás esperarías que te golpeara por la espalda y te destrozara en cuestión de segundos. Su lengua afilada como la de la serpiente más venenosa pero tan sigiloso que no esperabas la mordida. Sí, Draco podía ser peligroso, Draco podía ser el demonio mismo si lo provocabas lo suficiente y que luciera como alguien que no podía romper ni un plato era una máscara excelente. Draco era su arma secreta, su guardián, su paladín.

—Concéntrate Potter o no temeré en destrozarte —le dijo y Harry sonrió satisfecho.

—Lo sé —respondió y le ordenó a uno de los caballos que se moviera.

Y vaya que Harry lo sabía. Si Draco no lo había destrozado era porque simplemente no quería y no estaba hablando precisamente de ajedrez. Draco sabía cosas de Harry que podían acabar con su reinado en Slytherin y en Hogwarts, cosas que podían terminar con su reputación en todo el mundo mágico, pero Potter creía que no existía mejor persona para que guardara sus más sucios secretos. Ron seguramente lo habría entregado a los aurores de solo saber que podía usar una imperdonable y Hermione le entregaría solo por haber robado todos aquellos libros de la sección prohibida. Todos creían en lo que él había dejado ver al mundo exterior; al Harry que iba tras el mago tenebroso más peligroso de los últimos tiempos solo por el gusto de servir. Nadie conocía al chico que era capaz de torturar a sus enemigos hasta la muerte y que no temería usarlos de escudo para protegerse de cualquier daño.

Draco por supuesto era diferente, Harry jamás lo usaría para amortiguar ningún golpe. Incluso se creía capaz de actuar como escudo para mantener su linda y tersa piel intacta de cualquier daño. Y sabía que Draco lo comprendía, ambos podían entenderse con una sola mirada, estaban tan sincronizados que ni si quiera era necesario decirlo en voz alta. Draco le había dado una nueva vida y Harry le daría el universo completo a cambio. Algún día gobernaría el mundo mágico, cuando ni Voldemort, ni Dumbledore se interpusieran y entonces, entonces Draco podría ver que había elegido bien, que Harry siempre sería su mejor opción.

Sabía que sentía todo eso por Draco y era tan intenso que le costaba trabajo negarlo. Pero estaba justo en esa etapa en la que no le veía ni pies ni cabeza a sentirse así por su mejor amigo y ni si quiera había tenido el valor de hablarle a Sirius para que le aclarara algunas cosas, y vaya que él había intentado, junto con Remus, escribirle todos los días para aprender a conocerlo de manera más personal. Ambos parecían genuinamente preocupados por él y habían expresado en más de una ocasión que si bien no buscaban reemplazar a Lily y a James, sí que podía confiar en ellos como si lo fueran. Como si fueran sus padres.

Pero Harry era un Slytherin, era precavido y le gustaba irse con cuidado, Sirius podía ser su padrino y el mejor amigo de su padre pero también sabía (por los libros y por el mismo Sirius) que Black había traicionado a su propia familia. Y Harry no soportaba la traición, a menos que esta fuese a su favor, por supuesto. Remus era otro caso, el hombre era amable y parecía sincero la mayoría del tiempo, pero el que pudiera ocultar su licantropía a todo el mundo lo hacía un gran mentiroso y a Harry no le gustaba que le ocultaran cosas. ¿Qué clase de familia serían? Una conformada por dos padres, situación que a Harry podría costarle seguidores. Dos padres Gryffindor con un hijo Slytherin que era capaz de usar imperdonables contra sus enemigos más acérrimos y que planeaba, más temprano que tarde, crear un nuevo mundo mágico donde las cosas fueran mejor para él y para los que decidieran seguirlo. ¿Remus y Sirius le seguirían viendo con ese cariño tan extraño si supieran lo que le había hecho a Pettigrew?

Sus dudas eran tantas que al final no había logrado externar ninguna. ¿Sentir cosas por Draco que no sentía por nadie más estaba bien? ¿Desear poder besarlo lo estaba? ¿Querer dar como aperitivo a su basilisco a cualquiera cuyas intensiones fueran más allá de una amistad estaba bien? No lo sabía y pensaba que si alguien le decía que sí, que estaba bien, seguramente se acobardaría, considerando su reputación como algo demasiado importante como para echarla a perder yendo por los pasillos de la mano de un hombre o besándose frente a todos ellos. Su ser le gritaba que lo correcto era decirle a Draco como se sentía, pero su sentido de auto conservación le decía que no podía arriesgarse. Nadie quería a un líder marica y él no sería un líder marica.

Finalmente perdió contra Draco quién radiante se puso de pie y se burló de él con la mirada. Harry estuvo seguro de que lo hubiera hecho en voz alta pero se encontraban frente a su madre y ella jamás hubiera aceptado tal falta de respeto. Harry solo se limitó a lanzarle una mirada de fingido enfado. Porque si estaba enojado, pero no por haber perdido la estúpida partida de ajedrez. Sin embargo, cuando Draco le tomó la mano para ayudarlo a levantarse del sofá frente a la chimenea que estaba encendida, pareció olvidarlo.

Y entonces todo mejoró porque Pansy anunció que se marchaba, justo antes de que fuera hora de cenar. Harry pensaba que sería capaz de comer como era debido sin que el estómago se le revolviera.

—Será mejor que tomen una ducha antes de bajar a cenar —dijo Narcissa mirándolos aún con sus túnicas de quidditch.

Harry y Draco asintieron en silencio y subieron hasta sus respectivas habitaciones. Draco se quitó la túnica a medio camino una vez que se aseguró de que su madre no miraba, quedando únicamente en camiseta. Harry a forma de broma amenazó con contarle a la mujer aquella terrible falta de modales a lo que Draco le respondió dándole un empujón amistoso. Ambos rieron en voz bajita ganándose las malas miradas de algunos de los retratos que se encontraban en el camino y finalmente se separaron para ir cada uno a su habitación.

Harry se desvistió y se metió a la ducha. No tenía tiempo para disfrutar de la enorme tina así que dejó que el agua que caía de la regadera enjuagara la tensión del día. El agua caliente relajaba sus músculos y le hacía sentir mucho mejor. Decidió que si quería mantener sus nervios intactos debía idear una forma sutil de mantener a Parkinson alejada de Draco todo lo que venía del curso escolar. Draco era demasiado bueno para ella de todas formas; con su cabello rubio platinado que brillaba como el sol, sus profundos ojos grises y ese cuerpo que poco a poco iba ganando musculatura debido a los cambios hormonales. Cerró los ojos con fuerza cuando sintió que aquello sucedía de nuevo. Por supuesto que sabía lo que era, pero no le apetecía pensar en ello, no cuando acababa de pensar en Draco y dejó que pasara por sí sola.

Era la quinta vez desde que había regresado de Hogwarts que le ocurría. Una erección totalmente involuntaria.

Un poco de agua fría y recordar como Snape solía mirarlo con odio fue suficiente para calmarse, salir de la ducha y enfundarse en sus mejores pantalones a los cuales había tenido que aplicar un encantamiento para que le quedaran bien. Estaba creciendo y eso estaba bien. Incluso había tenido que comprar un uniforme completamente nuevo. Parecía que ahora que se alimentaba con propiedad tendía a estirarse más cada año. Por supuesto, no era tan alto como Draco e imaginaba que jamás lo sería, pero aquello no le molestaba demasiado.

Se terminó de vestir, se aseguró de que nada ocurría bajo sus pantalones y entonces continuó con la tarea de hacer lucir a su cabello mucho más decente.

La puerta sonó y Harry dijo:

—Adelante.

Draco apareció por la puerta, recién bañado y luciendo realmente guapo con su ropa de aristócrata. Harry le sonrió y Draco se animó a entrar, cerrando la puerta a sus espaldas.

—¿Sucede algo? —le preguntó el moreno al ver que Draco le observaba mucho y hablaba poco.

—Si, en realidad... —se aclaró la garganta—. Hay algo que debo decirte.

Harry se dio la vuelta y lo encaró. Arqueó una ceja, expectante.

—Es sobre Pansy... —comenzó a decir y el corazón de Harry se oprimió. Ahora definitivamente quería asesinar a alguien—. Yo... nosotros estamos comprometidos —Draco debió verlo ponerse pálido porque rápido agregó—. No que vayamos a casarnos ahorita, sus padres y los míos han hablado... acordado, que será después de que terminemos el colegio. Es una gran ventaja para nuestras familias y todas esas mierdas de los sangrepura... Mucho dinero, nuevos aliados, un linaje libre de sangre impura, ya sabes... —parecía realmente atribulado.

—Un matrimonio por conveniencia... —dijo Potter casi en un susurro. ¿De verdad Narcissa había accedido a algo similar.

—Si, exactamente. De ahora en adelante Pansy y yo somos algo así como...

—...novios...

—Ajá...

Se quedaron en silencio. Por la mente de Harry cruzaban un montón de cosas. Opciones. Si Pansy desparecía misteriosamente Draco no tendría que salir con nadie y entonces él... ¿él que? Si antes no se había dado el valor de admitir que sentía algo por Draco no lo haría en ese momento. Se mordió el labio inferior y decidió que dejaría que ocurriera, que Draco se casara con ella podía ser una ventaja incluso para él. Por mucho que le doliera. Además, aún faltaba muchísimo para que cumplieran la mayoría de edad. Tres años.

—Quería decírtelo en persona, ya sabes, por aquello de ser mejores amigos —la frase mejores amigos retumbó en sus oídos y le enfureció.

—De acuerdo, pues, felicidades —se forzó a decir.

Draco abrió la boca para decir algo más pero Harry ya se había colocado su túnica y había salido de la habitación. Cruzó algunos alfombrados corredores echando humo. Se sentía tan patético, pero sobre todo vulnerable. Draco nunca se había sentido como un punto débil en su vida, pero ahora lo era y uno muy grande. Sentía que debía actuar pero su instinto le incitaba a esconderse. Sabía que Draco jamás se negaría a una petición como aquella, mucho menos si habían beneficios de por medio. Ahora definitivamente Draco no volvería a besarle, ahora tenía una novia con quien compartir aquel gesto y entonces los besos que ellos habían compartido sin saber lo importantes que eran quedarían en el olvido.

Se detuvo. Frunció el ceño y se mordió el labio. Al alzar la mirada de sus pies se percató de que no sabía dónde estaba. La casa era inmensa y él había comenzado a caminar sin rumbo. Despejó su mente y trató de controlar su furia demoledora. No quería romper un jarrón antiquísimo y costoso. Él, a diferencia de Parkinson, no tenía una fortuna que le permitiría reponerlo. Y aquel solo pensamiento le hizo enervar una vez más.

Bufó y comenzó a caminar hacia donde él creía se encontraban las escaleras. Y entonces, frente a él pasó Lucius Malfoy. Éste no se había percatado de su presencia, caminaba erguido con gesto furioso, vistiendo una túnica de color negro con una capucha que caía a su espalda. Su cabello con friz indicaba que acababa de quitársela. Harry le vio pasar frente a él y luego alejarse por el pasillo perpendicular al suyo y antes de que desapareciera por el recodo del corredor, le vio la mano derecha donde no sujetaba su varita, sino una máscara que él conocía muy bien de los libros de texto; la máscara de los mortífagos.

Todo pensamiento sobre Draco y su compromiso se evaporó de su mente. De todas formas no tenía muchas ganas de pensar en ello.

Parecía que Lucius no había abandonado los malos hábitos y ahora incluso se reunía con los otros simpatizantes de Voldemort. Probablemente a aquello se debía que el hombre no buscara pelea con él ni por un segundo. Harry no sabía que significaba exactamente, pero entonces recordó la profecía y se preguntó si Voldemort estaba de vuelta.

Esperó que sí, tenía muchas frustraciones que desquitar y ¿qué mejor que usar a tu peor enemigo para ello? Si él triunfaba al final, quien sabe, tal vez incluso podría impedir la boda de su mejor amigo quién estaría demasiado ocupado siendo su mano derecha, ocupándose de él y solo de él.

Sonrió internamente. Jamás había tomado tan en serio la idea de ser el gobernante del mundo mágico.

Se hizo la nota mental de contarle sus planes a Draco y se fue rumbo al comedor.