Durante las siguientes semanas Harry no volvió a acercarse a Malfoy, aunque de vez en cuando le regalaba sonrisas discretas cuando se encontraban por los pasillos y ninguno de los demás alumnos se daban cuenta. Por supuesto que Malfoy no podía pedir mucho más, pues sabía lo mucho que sus amigos detestaban a Potter y lo muy extraño que sería para toda la escuela que una serpiente y un león tuvieran una amistad.
Una mañana durante el desayuno Malfoy y Zabini se encontraban lo suficientemente cerca de la mesa de los Gryffindor como para escuchar una extraña conversación que Potter mantenía con sus amigos.
—Hermione, ¿cuántas veces en nuestra vida veremos a un dragón saliendo de su huevo? —preguntó Ronald a la chica de cabellos alborotados.
—Tenemos clases, nos vamos a meter en líos y no vamos a poder hacer nada cuando alguien descubra lo que Hagrid está haciendo...
Blaise quién no se había perdido ni una sola palabra de aquella frase sonrió hacia Draco quién ya había volteado a mirar a Harry.
Notó cómo el pelinegro le dedicaba una mirada de pánico mientras hacía un gesto a sus amigos para guardar silencio al notar la presencia de las serpientes.
Draco miró a su amigo quien ya se dirigía a la mesa de Slytherin con una sonrisa radiante y antes de seguirlo dedicó a Potter una expresión que le indicaba que él se haría cargo, que no debía preocuparse.
Las siguientes semanas fueron una real tortura para los tres Gryffindors, Ron insistía en que Malfoy los delataría, Hermione por primera vez se puso de acuerdo con Ronald y lo apoyó, pero Harry, aunque no decía nada, estaba seguro de que no ocurriría, confió en que Draco lograría hacer que Blaise guardara silencio.
—Escuché que Weasley está en la enfermería —dijo Pansy con voz burlona a la hora del almuerzo—. Al parecer algo lo ha mordido.
Blaise que había guardado silencio en cuanto a tema del dragón, sólo por que Malfoy había insistido en que era mejor guardarse aquel dato para usarlo mejor contra los leones, le sonrió a su rubio amigo con malicia y Draco, a pesar de todo, también sonrió, Weasley no le caía nada bien y menos después de la pelea que habían tenido durante el partido de quidditch.
El moreno se acercó a Malfoy para que nadie más los escuchara.
—Deberíamos pasar a saludar nuestro amigo.
Draco rio por lo bajo y asintió, ir a burlarse de Weasley sería divertido después de todo.
En cuanto tuvieron una hora libre tanto Draco como Blaise se dirigieron a la enfermería donde seguramente aún se encontraría el pelirrojo, habían pensado en una excusa perfecta para que los dejaran pasar a verlo sin problemas.
Malfoy, que era bastante bueno mintiendo, se acercó a la enfermera y con el tono de voz más educado y a la vez inocente que tenía dijo:
—Buenas tardes señora Pomfrey, Weasley se encuentra aquí ¿verdad?
—Así es, cariño, pero ahora no creo que sea buena idea que reciba visitas.
—Será rápido, necesito que me preste su libro de pociones hay algo que no entendí del todo y él me dijo que podía pedirle prestado sus apuntes si quería.
La mujer pareció dudarlo un instante pero finalmente dejó pasar a los dos Slytherin y salió de la enfermería no sin antes aclarar que volvería rápidamente.
—Pero si es nuestro amigo Ronald —dijo Blaise acercándose a la camilla y golpeando la mano vendada de pelirrojo—. Merlín, ese dragón debe tener los dientes bastante grandes.
Ronald los miró con bastante odio mientras su rostro se ponía colorado de enojo.
—¿Te duele Weasley? —se burló Draco tocando la mano lastimada sin nada de cuidado—. Apuesto que mueres porque llamen a tu madre pero no lo haces porque sabes que no tendrían para pagarle a un médico decente.
—Cierra la boca Malfoy —le respondió con los dientes apretados—. En cuanto la enfermera llegue le diré que solo han venido a molestar.
—¿Nos estás amenazando? —preguntó el rubio con claro enojo y prepotencia.
—Que no se te olvide Weasley que podemos decirle que fue lo que te mordió realmente —intervino Zabini casi tan enojado como Draco.
Ronald se quedó en silencio sabiendo que lo que decían era verdad.
—No te metas con nosotros —dijo como ultimátum Malfoy en cuanto escuchó los pasos de la enfermera.
Blaise tomó el libro que Ronald había dejado sobre la mesita a un lado de la cama y dijo:
—Le hemos dicho que veníamos por esto, no te preocupes no nos lo quedaremos, los libros de segunda mano nunca han sido de nuestro agrado.
Después de despedirse educadamente de la enfermera, que no sospechó absolutamente nada, ambas serpientes corrieron de camino a su siguiente clase.
Al llegar la noche Draco se encontraba jugando con una pequeña escoba de juguete que volaba por toda la sala común que ahora era alumbrada sólo por la chimenea.
Pansy se encontraba mirándolo de manera casi reverencial, él sabía que ella estaba enamorada de él, había estado enamorada casi desde siempre, pues su familia, los Parkinson, eran muy cercanos a los Malfoy, pero Draco no podía verla como algo más. Era verdad que era bonita y muy atenta pero sabía que su cariño no era suficiente para corresponderle.
—Me encanta tu broche —le dijo la chica que se encontraba sentada con elegancia a su lado.
—Fue un regalo —respondió con simpleza.
—Tal vez consiga uno igual y podremos ser los reyes de Slytherin. —Volteó el rostro bastante sonrojada. Draco que ya estaba acostumbrado a esos comentarios simplemente se encogió de hombros.
—No vas a adivinar lo que encontré —anunció Blaise sentándose entre Parkinson y el rubio, cosa que a la chica no le agradó demasiado.
El moreno le extendió a su amigo lo que parecía una carta, Draco lo miró con curiosidad y sin perder tiempo desdobló el papel y se dispuso a leer.
Querido Ron:
¿Cómo estás? Gracias por tu carta. Estaré encantado de quedarme con el ridgeback noruego, pero no será fácil traerlo aquí.
Creo que lo mejor será hacerlo con unos amigos que vienen a visitarme la semana que viene. El problema es que no deben verlos llevando un dragón ilegal. ¿Podrías llevar al ridgeback noruego a la torre más alta, la medianoche del sábado? Ellos se encontrarán contigo allí y se lo llevarán mientras dure la oscuridad.
Envíame la respuesta lo antes posible.
Besos,
Charlie.
Draco sabía perfectamente lo que significaba aquella maliciosa sonrisa de su amigo, por un momento pensó en disuadirlo pero simplemente no encontró las palabras perfectas para no parecer que estaba defendiendo a los Gryffindor.
—¿Escucha y si es una trampa? —dijo el rubio en voz baja.
—¿Cómo podría serlo? Él no sabía que nos llevaríamos su libro.
—Tal vez nos escuchó.
—Lo dudo demasiado, Draco —le sonrió—. Esta vez no se nos escaparán.
Malfoy lo dudó por un instante pero finalmente dijo.
—Yo alertaré a McGonagall personalmente —sonrió fingiendo satisfacción—. Iré a su oficina con esto y Potter y sus amigos estarán de vuelta Londres a primera hora del sábado.
Zabini sonrió y asintió con entusiasmo, pero había pensado que tal vez debía acompañar a su amigo, después de todo la broma era de ambos.
El sábado siguiente pasó demasiado lento tanto para Harry y Hermione pues estaban sumamente nerviosos, debían transportar a Norberto, el dragón de Hagrid, hasta la torre de astronomía y aunque sabían que era imposible que los descubrieran bajo la capa de invisibilidad que le habían dado a Harry por Navidad, eso no quitaba el riesgo que significaba salir a media noche de su sala común y más con los Slytherin a tanto de su plan.
Por su parte Blaise estaba tremendamente entusiasmado y repetía a Malfoy una y otra vez el plan que debían seguir, Blaise iría a alertar a McGonagall y Draco se aseguraría de que Potter y la sangre sucia no se movieran de su lugar, aunque en realidad dentro de su cabeza las cosas no serían así de simples.
Cuando dieron las doce en punto ambos Slytherin salieron de la sala común y se separaron en el camino, Blaise de camino al dormitorio de McGonagall y Draco de camino a la torre de Gryffindor.
El rubio esperaba poder llegar a tiempo, sabía que la sala común de los leones se encontraba en la torre norte de castillo, pero al ser de otra casa no podía estar seguro cerca de que retrato esperar a que Harry saliera.
Esperó por bastante tiempo subiendo y bajando una y otra vez las escaleras móviles hasta que mirando uno de los relojes que se encontraba colgado en el pasillo se percató que había perdido bastante tiempo ahí, casi una hora.
Corrió hasta el otro extremo del castillo rogando que no fuera demasiado tarde, debía llegar a la torre de astronomía y advertirle a Harry, aunque aún había la posibilidad de que los Gryffindors no hubieran salido aquella noche a deshacerse del dragón.
No había llegado hasta allá cuando vio a Harry dentro de lo que parecía una oficina, un tanto alterado se detuvo en seco y comenzó a explicar apresuradamente sin percatarse de la presencia de Hermione o de Filch.
—¡Harry! —estalló—. Estaba tratando de encontrarte para prevenirte, Blaise fue en busca de McGonagall para decirle lo del drag...
Harry negó violentamente con la cabeza, para que Draco no hablara más, la profesora McGonagall se encontraba detrás de Malfoy quién se tensó en cuanto sintió a la mujer a sus espaldas.
—Nunca lo habría creído de ninguno de ustedes. El señor Filch dice que estaban en la torre de Astronomía. Es la una de la mañana. Quiero una explicación.
Ésa fue la primera vez que Hermione no pudo contestar a una pregunta de un profesor. Miraba fijamente sus zapatillas, tan rígida como una estatua.
—Creo que tengo idea de lo que sucedió —dijo la profesora McGonagall—. No hace falta ser un genio para descubrirlo. Te inventaste una historia sobre un dragón para que Blaise Zabini saliera de la cama y se metiera en líos. Te he atrapado. Supongo que te habrá parecido divertido que Malfoy oyera la historia y también la creyera, ¿no?
Harry captó la mirada de Draco y trató de decirle, sin palabras, que aquello no era verdad, porque Draco parecía asombrado y herido. Harry se sentía terriblemente culpable, pues sabía lo que debía de haberle costado a Malfoy buscarlos en la oscuridad, para prevenirlos.
—Estoy disgustada —dijo la profesora McGonagall—. Cuatro alumnos fuera de la cama en una noche. ¡Nunca he oído una cosa así! Tú, Hermione Granger, pensé que tenías más sentido común. Y tú, Harry Potter... creía que Gryffindor significaba más para ti. Los tres sufrirán castigos... sí, tú también, Malfoy, nada te da derecho a dar vueltas por el colegio durante la noche, en especial en estos días: es muy peligroso y se les descontarán cincuenta puntos de Gryffindor y cincuenta menos para Slytherin.
El regaño y las protestas duraron un poco más, pero Draco ya no las escuchaba, estaba demasiado ofendido para siquiera para darse cuenta que su propia casa había perdido cincuenta puntos por su culpa y que Blaise no sería castigado, pues según la subdirectora no era más que una víctima de la cruel broma de Potter.
Draco miraba hacia el suelo con el cuerpo rígido, ¿Acaso Potter había sido capaz de hacer algo así? Tal vez esa había sido la única razón por la que le había ofrecido su amistad, para que se confiara y al final meterlo en problemas ¡Y él había ido a advertirle que podía meterse en problemas! ¡Qué ingenuo había sido!
Finalmente y después de que la profesora les dijera que debían cumplir su castigo al día siguiente con Hagrid, Malfoy se fue con la cabeza bien en alto hasta su sala común. Había notado que Harry parecía querer acercarse pero él no se lo permitiría, no después de la horrible treta que le había puesto a él y a su amigo.
Cuando llegó a la sala común Blaise lo esperaba con expresión preocupada.
—Lo lamento, McGonagall no me quiso creer y me castigó, tuve que volver —se disculpó.
—Tranquilo, te levantará el castigo porque fuiste a buscarla directamente. En cambio, conmigo no tuvo tanta compasión.
—¿Te atraparon?
—Justo cuando encontré a Potter y a Granger —suspiró—. Al parecer si era una trampa. Potter se inventó la historia del dragón junto con sus amigos para que los escucháramos y saliéramos a buscarlos.
—Qué mal... debí haberte escuchado Draco, de verdad lo siento.
—Ya encontraremos la forma de desquitarnos —contestó con seguridad—. Si Potter quiere jugar sucio, nosotros jugaremos igual.
