Era de noche, Draco se encontraba en el vestíbulo con la mirada en alto, fingiendo que encontraba fascinante todo lo que había alrededor mientras Potter y la sangre sucia llegaban hasta donde él y Filch se encontraban.
Malfoy le daba mil y un vueltas a lo que había pasado a noche anterior, sabía que era tonto seguir pensando en la traición de Potter, pero no podía evitarlo, le había dolido demasiado que lo humillasen de aquella manera. Nadie, pero absolutamente nadie se atrevía a humillar a Draco Malfoy.
—Síganme —dijo Filch, encendiendo un farol y conduciéndolos hacia fuera—. Seguro que lo pensarán dos veces antes de faltar a otra regla de la escuela, ¿verdad? —dijo, mirándolos con aire burlón—. Oh, sí... trabajo duro y dolor son los mejores maestros, si quieren mi opinión, es una lástima que hayan abandonado los viejos castigos... colgarlos de las muñecas, del techo, unos pocos días. Yo todavía tengo las cadenas en mi oficina, las mantengo engrasadas por si alguna vez se necesitan —exhaló—. Bien, allá vamos, y no piensen en escapar, porque será peor para ustedes si lo hacen.
Marcharon cruzando el oscuro parque.
Draco comenzó a respirar con dificultad, pero intentando mantener su orgullo intacto se obligó a relajarse.
Harry se preguntó cuál sería el castigo que les esperaba. Debía de ser algo verdaderamente horrible, o Filch no estaría tan contento. La luna brillaba, pero las nubes la tapaban, dejándolos en la oscuridad.
Delante, Harry pudo ver las ventanas iluminadas de la cabaña de Hagrid. Entonces oyeron un grito lejano.
—¿Eres tú, Filch? Date prisa, quiero empezar de una vez.
El corazón de Harry se animó: si iban a estar con Hagrid, no podía ser tan malo. Su alivio debió aparecer en su cara, porque Filch dijo:
—Supongo que crees que vas a divertirte con ese papanatas, ¿no? Bueno, piénsalo mejor, muchacho... es al bosque adonde irán y mucho me habré equivocado si vuelven todos enteros.
Al oír aquello, Hermione dejó escapar un gemido y Malfoy se detuvo de golpe.
—¿El bosque? —repitió, ya tan indiferente como de costumbre—. Hay toda clase de cosas allí... dicen que hay hombres lobo.
Hermione se aferró de la manga de la túnica de Harry y dejó escapar un ruido ahogado.
—Eso es su problema, ¿no? —dijo Filch, con voz radiante—. Tendrían que haber pensado en los hombres lobo antes de meterse en líos.
Hagrid se acercó hacia ellos, con Fang pegado a los talones. Llevaba una gran ballesta y un carcaj con flechas en la espalda.
—Menos mal —dijo—. Estoy esperando hace media hora. ¿Todo bien, Harry, Hermione?
—Yo no sería tan amistoso con ellos, Hagrid —dijo con frialdad Filch—. Después de todo, están aquí por un castigo.
—Por eso llegaron tarde, ¿no? —dijo Hagrid, mirando con rostro ceñudo a Filch—. ¿Has estado dándoles sermones? Eso no es lo que tienes que hacer. A partir de ahora, me hago cargo yo.
—Volveré al amanecer —dijo Filch—, para recoger lo que quede de ellos —añadió con malicia. Se dio la vuelta y se encaminó hacia el castillo, agitando el farol en la oscuridad.
Entonces Malfoy se volvió hacia Hagrid.
—No iré a ese bosque —dijo, ya no le importaba lo que Harry pensara de él, no le importó parecer caprichoso.
Pero Harry no pensaba que Malfoy fuera un cobarde o caprichoso, sentía que Draco estaba en su derecho de reclamar, después de todo si estaba ahí era por su culpa.
—Lo harás, si quieres quedarte en Hogwarts —dijo Hagrid con severidad—. Hicieron algo mal y ahora lo van a pagar.
—Pero eso es para los empleados, no para los alumnos. Yo pensé que nos harían escribir unas líneas, o algo así. Si mi padre supiera que hago esto, él...
—Te dirá que es así como se hace en Hogwarts —gruñó Hagrid—. ¡Escribir unas líneas! ¿Y a quién le serviría eso? Harán algo que sea útil, o si no se irán. Si crees que tu padre prefiere que te expulsen, entonces vuelve al castillo y coge tus cosas. ¡Vete!
Draco no se movió. Miró con ira a Hagrid, pero luego bajó la mirada mientras temblaba ligeramente, se encontraba más enojado consigo mismo que otra cosa, se había empeñado tanto en conseguir la amistad de Potter que ahora se encontraba ahí castigado con el estúpido guardabosques, una sangre sucia y el traidor de Harry.
—Bien, entonces —dijo Hagrid—. Escuchen con cuidado, porque lo que vamos a hacer esta noche es peligroso y no quiero que ninguno se arriesgue. Síganme por aquí, un momento.
Los condujo hasta el límite del bosque. Levantando su farol, señaló hacia un estrecho sendero de tierra, que desaparecía entre los espesos árboles negros. Una suave brisa les levantó el cabello, mientras miraban en dirección al bosque.
—Miren allí —dijo Hagrid—. ¿Ven eso que brilla en la tierra? ¿Eso plateado? Es sangre de unicornio. Hay por aquí un unicornio que ha sido malherido por alguien. Es la segunda vez en una semana. Encontré uno muerto el último miércoles. Vamos a tratar de encontrar a ese pobrecito herido. Tal vez tengamos que evitar que siga sufriendo.
—¿Y qué sucede si el que hirió al unicornio nos encuentra a nosotros primero? —dijo Malfoy, incapaz de ocultar el miedo de su voz; sabía perfectamente que sólo un ser realmente despiadado se atrevería a herir a un unicornio.
—No hay ningún ser en el bosque que los pueda herir si están conmigo o con Fang —dijo Hagrid—. Y sigan el sendero. Ahora vamos a dividirnos en dos equipos y seguiremos la huella en distintas direcciones. Hay sangre por todo el lugar, debieron herirlo ayer por la noche, por lo menos.
—Yo quiero ir con Fang —dijo rápidamente Malfoy, no le apetecía ir junto a Potter o a Granger, prefería ir sólo con aquel imponente perro.
—Yo iré con él —se ofreció Harry ganándose una mirada extrañada de su amiga—. No creo que sea buena idea que simplemente vaya con Fang.
—En ese caso prefiero ir con Granger —agregó rápidamente el rubio, Hermione quién no se perdía nada entrecerró los ojos y finalmente asintió.
Draco caminó a una distancia considerable lejos de Hermione, tal vez había dicho que prefería ir con ella, pero tampoco era que le agradase demasiado.
—No entiendo cómo pueden dejar que los estudiantes hagan éste tipo de cosas —dijo la chica sonando realmente petulante y bastante asustada—. Es totalmente irracional y peligroso...
—¿Siempre eres así de quejumbrosa? —preguntó Malfoy rodando los ojos.
—¿No te mordiste la lengua?
Pero Draco no había tenido tiempo de responder, pues en ese mismo momento ambos chicos vieron pasar a una extraña creatura que no pareció reparar en su presencia. Ambos jóvenes se quedaron quietos y en silencio mientras aquella figura de negro se deslizaba lejos de ahí.
Hermione se había colocado tras Draco y aunque no estaba tan cerca de él, Malfoy pudo notar que temblaba ligeramente por lo que aun muriendo de miedo apuntó su varita hacia la creatura, por si se le ocurría volver dónde ellos. Fang simplemente se ocultó tras Malfoy justo a un lado de Granger.
—¿Qué era eso? —dijo Hermione con voz entrecortada.
—No lo sé tú eres la sabelotodo —argumentó el rubio mirando en todas direcciones.
Entonces el crujir de unas ramas hizo que Hermione se alterara lo suficiente para lanzar chispas rojas hacia el cielo con su varita.
—¿Estás loca? —le reclamó—. ¡Si esa cosa ve las chispas volverá por nosotros!
—Lo siento... —respondió ahora más nerviosa que antes—. Es que el ruido de hace un momento...
Malfoy soltó aire con fastidio, debía admitirlo él también estaba asustado, pero si algo le había enseñado su padre era a mantener la cabeza fría en cualquiera de las situaciones que se le presentaran.
El viento de la noche era bastante frío y ambos chicos se habían juntado mucho más de lo que hubiesen deseado, aunque ninguno parecía cómodo con ello.
—¿Sigues enojado con Harry? —preguntó ella finalmente.
—¿Por qué debería estar enojado con Potter? —contestó con indiferencia, apretando su varita con fuerza y tan alerta como le era posible estar.
—Porque crees que te pusimos una trampa. Tú fuiste a buscarnos para advertirnos que tú amigo nos delataría ¿No es así?
Malfoy soltó una carcajada y negó con la cabeza.
—Potter es mi rival ¿Por qué crees que haría algo para ayudarlo?
—Te escuché advertirle, todos lo hicieron —Malfoy se sonrojó ligeramente—. ¿Tú y Harry son amigos o algo?
—¿A caso no estudias en el mismo castillo? Los leones y las serpientes no nos soportamos, y Potter cómo "príncipe" —hizo comillas con sus dedos—, de Gryffindor parece demasiado inmerso en aquella regla.
—Lo del dragón era verdad, nadie te puso un cuatro —aclaró la castaña, pero Draco no pudo rebatir aquello, pues Hagrid había aparecido entre los árboles cargando una lámpara.
—¿Todo en orden? —preguntó el hombre hacia Hermione que asintió aliviada—. ¿Te molestó? —Malfoy alzó las cejas en señal de incredulidad.
—Sólo lo normal —afirmó ella—. Hemos visto algo, me asusté y lancé las chispas. —Comenzaron caminar por donde el guardabosque había llegado—. Creo que me sentiría mejor yendo contigo.
—De acuerdo —dijo el hombre sonriendo.
Llegaron hasta donde Harry se encontraba esperando sentado bajo un árbol, parecía ligeramente ansioso y temeroso, y no era menos, el bosque prohibido era realmente aterrador aun de día.
—Vamos a necesitar mucha suerte para encontrar algo, después del alboroto que han hecho. Bueno, ahora voy a cambiar los grupos... Hermione, tú te quedas conmigo. Harry, tú vas con Fang y este idiota. Lo siento —añadió en un susurro dirigiéndose a Harry—, pero a él le va a costar mucho molestarte y tenemos que terminar con esto.
Harry se sintió ligeramente molesto por la forma en que su amigo se había dirigido a Malfoy, él no era ningún idiota y mucho menos molesto, no con él al menos. Pero no dijo nada y fingió permanecer calmado ante el comentario, simplemente asintió y caminó junto a Draco que no parecía dispuesto a mirarlo ni una sola vez.
Así finalmente volvieron a internarse en el bosque con el perro detrás de ellos.
Harry sabía que debía decir algo, cualquier cosa, pero no sabía por dónde empezar realmente. Sabía que Draco debía seguir enojado con él por la forma en que con gesto indiferente pasaba totalmente de él.
Aquella era una de las pocas oportunidades en que podían hablar a solas sin que nadie los mirara extraño por ser los príncipes respectivos de sus casas, casas rivales.
—Creo que estamos internándonos demasiado —comentó Harry, Draco lo ignoró monumentalmente mientras alumbraba el camino con la lámpara—. Sí, el bosque parece más espeso por ésta zona. —Nuevamente el silencio.
Harry suspiró, sabía que hablar con Malfoy sería difícil, pues era orgulloso y arrogante. Pero aquello lo sobrepasaba, no soportaba que el chico lo ignorara de aquella manera, no después de que lo viera en el espejo de Oesed tranquilamente entre sus padres sonriendo con suficiencia y extendiéndole la mano.
Había sabido por aquello que había sido un error no aceptar que Malfoy se quedara en el mismo compartimento que él y Ron rumbo a Hogwarts e incluso se arrepentía ligeramente de haberle insistido tanto al sombrero seleccionador que no lo mandara a Slytherin. Fue hasta que Dumbledore le había explicado lo que aquel espejo mágico hacía, que se dio cuenta que de verdad deseaba ser amigo de Draco Malfoy pese a que toda la escuela esperaba lo contrario.
La verdad era que Harry no podía encontrar a una persona más distinta a él, no sólo en el aspecto físico si no también en el carácter; él solía ser calmado y alegre, no se metía con nadie y por supuesto tampoco le gustaba que se metieran con otros. Malfoy era bastante caprichoso y arrogante, le gustaba la atención de todos, aun si la ganaba por hacer cosas malas como lanzar maleficios a quienes se dejaran como Neville.
—Escucha —dijo Potter finalmente—. Lo del dragón no fue ninguna trampa, yo no quería meterte en problemas. ¿De acuerdo? —Esperó pacientemente mirando cada paso que daba, no se atrevía a mirar al rubio a la cara.
—De acuerdo —respondió el rubio finalmente con voz indiferente.
Draco había comenzado a creer que Potter no le mentía, pero no podía ceder tan fácilmente y estar como si nada, después de todo no estaba en su naturaleza ser tan flexible.
Harry no dijo nada más, pero se le notaba bastante más aliviado.
Anduvieron cerca de media hora, internándose cada vez más profundamente, hasta que el sendero se volvió casi imposible de seguir, porque los árboles eran muy gruesos. Harry pensó que la sangre también parecía más espesa. Había manchas en las raíces de los árboles, como si la pobre creatura se hubiera arrastrado en su dolor. Harry pudo ver un claro, más adelante, a través de las enmarañadas ramas de un viejo roble.
—Mira... —murmuró, levantando un brazo para detener a Malfoy
Algo de un blanco brillante relucía en la tierra. Se acercaron más. Sí, era el unicornio y estaba muerto.
Harry nunca había visto nada tan hermoso y tan triste. Sus largas patas delgadas estaban dobladas en ángulos extraños por su caída y su melena color blanco perla se desparramaba sobre las hojas oscuras.
Harry había dado un paso hacia el unicornio, cuando un sonido de algo que se deslizaba lo hizo congelarse en donde estaba. Un arbusto que estaba en el borde del claro se agitó... Entonces, de entre las sombras, una figura encapuchada se acercó gateando, como una bestia al acecho.
Harry, Malfoy y Fang permanecieron paralizados. La figura encapuchada llegó hasta el unicornio, bajó la cabeza sobre la herida del animal y comenzó a beber su sangre.
—Merlín... —Malfoy dejó escapar un susurro, Fango ladró y huyó.
La figura encapuchada levantó la cabeza y miró directamente a Harry. La sangre del unicornio le chorreaba por el pecho. Se puso de pie y se acercó rápidamente hacia él... Harry estaba paralizado de miedo. Entonces, un dolor le perforó la cabeza, algo que nunca había sentido, como si la cicatriz estuviera incendiándose.
Draco no sabía que hacer exactamente, simplemente optó por colocarse entre Potter y la creatura, apuntando a ésta con la varita bien en alto mientras su mano temblaba ligeramente. El sonido de unos cascos llamó la atención de ambos y algo saltó limpiamente y atacó a la figura.
El dolor de cabeza era tan fuerte que Harry cayó de rodillas. Pasaron unos minutos antes de que se calmara. Cuando levantó la vista, la figura se había ido. Un centauro estaba ante ellos. Tenía cabello rubio muy claro, cuerpo pardo y cola blanca.
Firenze, el centauro llevó a los chicos fuera de aquel lugar no sin antes tener una acalorada discusión con un par de centauros más que se oponían totalmente a que el centauro hubiera ayudado a dos magos.
—¿Por qué Bane está tan enfadado? —preguntó Harry, pero Draco no se enteraba de cual de los centauros era Bane—. Y a propósito, ¿qué era esa cosa de la que nos salvaste?
Firenze redujo el paso y previno a los chicos que tuvieran la cabeza agachada, a causa de las ramas, pero no contestó. Siguieron andando entre los árboles y en silencio, durante tanto tiempo que Harry creyó que Firenze no volvería a hablarle. Sin embargo, cuando llegaron a un lugar particularmente tupido, Firenze se detuvo.
—Harry Potter, ¿sabes para qué se utiliza la sangre de unicornio?
—No —dijo Harry, asombrado por la extraña pregunta—. En la clase de Pociones solamente utilizamos los cuernos y el pelo de la cola de unicornio.
—Eso es porque matar un unicornio es algo monstruoso —dijo Firenze—. Sólo alguien que no tenga nada que perder y todo para ganar puede cometer semejante crimen. La sangre de unicornio te mantiene con vida, incluso si estás al borde de la muerte, pero a un precio terrible. Si uno mata algo puro e indefenso para salvarse a sí mismo, conseguirá media vida, una vida maldita, desde el momento en que la sangre toque sus labios. Harry clavó la mirada en la nuca de Firenze, que parecía de plata a la luz de la luna.
—Pero ¿quién estaría tan desesperado? —se preguntó en voz alta—. Si te van a maldecir para siempre, la muerte es mejor, ¿no?
—Es así —dijo Firenze—, a menos que lo único que necesites sea mantenerte vivo el tiempo suficiente para beber algo más, algo que te devuelva toda tu fuerza y poder, algo que haga que nunca mueras. ¿Harry Potter, sabes qué está escondido en el colegio en este preciso momento?
Draco escuchaba en silencio, totalmente perdido de aquella conversación, se sentía como un intruso.
—¡La Piedra Filosofal! Por supuesto... ¡el Elixir de Vida! Pero no entiendo quién...
—¿No puedes pensar en nadie que haya esperado muchos años para regresar al poder, que esté aferrado a la vida, esperando su oportunidad?
Fue como si un puño de hierro cayera súbitamente sobre la cabeza de Harry. Por encima del ruido del follaje, le pareció oír una vez más lo que Hagrid le había dicho la noche en que se conocieron: «Algunos dicen que murió. En mi opinión, son tonterías. No creo que le quede lo suficiente de humano como para morir».
—Quieres decir —dijo con voz ronca Harry—, ¿qué era Vol...?
Draco se estremeció de sólo pensarlo, aquello era una locura, demasiada información para una sola noche, se sintió realmente extraño y se preguntó si el-que-no-debía-ser-nombrado buscaría venganza contra Potter, después de todo, era gracias a él que el Lord había desaparecido. Su corazón se encogió ante aquella idea, no quería que él volviera y le hiciera daño a Harry.
