Después de aquella noche Harry y Draco no volvieron a verse a solas, aunque constantemente se regalaban miradas, pequeñas sonrisas o asentimientos pero jamás una palabra. Draco ya se había resignado a que sería de aquella manera, no podía, ni quería competir contra Weasley y Granger que se habían vuelto los mejores amigos de Potter y que parecían detestarlo tanto como él a ellos, aunque en realidad la sangre sucia no le desagradaba tanto como el pelirrojo.
—¿Escuchaste lo que dije? —preguntó Zabini quien se encontraba sentado sobre la verde alfombra entre Draco y la chimenea.
—No lo molestes más Blaise —defendió Pansy—. Es de mal gusto interrumpir a la gente que está ocupada.
Draco suspiró y dejó a un lado su libro de pociones, la verdad era que había escuchado absolutamente toda la queja de su amigo sobre lo mucho que le molestaba lo muy popular que Potter se había vuelto a lo largo del año, queja que se repetía cada noche a cada segundo, era obvio que Blaise detestaba más a Harry de lo que supone que Draco fingía hacerlo.
Crabbe y Goyle que se encontraban sobre un sillón cercano simplemente se mantenían en silencio, dependiendo de la respuesta de Malfoy ellos acertarían a seguirle la corriente a Zabini o simplemente mantenerse callados.
—Creo que simplemente es popular porque creen que mató a quien-no-debe-ser-nombrado —apuntó Malfoy dejando el libro sobre su regazo, Crabbe y Goyle asintieron energéticamente.
—Pero es molesto —replicó Zabini—. Quiero decir, era un bebé ni siquiera sabe cómo diablos lo hizo.
—Tal vez deberías retarlo a un duelo y asistir esta vez —dijo Pansy con ligereza mientras quitaba el libro de Draco de sus piernas y ponía su propia cabeza—. Si lo vences entonces todos sabrán que no es más que un niño con mucha suerte.
—¿Y meter a nuestra casa en más problemas? —preguntó Malfoy con fastidio mientras alejaba el cabello de su amiga de su libro con algo de fastidio—. Nos quitaron puntos cuando me encontraron tratando de acusarlos y para colmo terminé con el mugroso guardabosque, la sangre sucia y Potter en medio del bosque prohibido buscando a un estúpido unicornio.
—Draco tiene razón —agregó Goyle.
—El curso termina mañana, vamos a la cabeza, nuestra casa se llevará la copa, eso debe ser suficiente humillación para los leones —razonó el rubio mientras movía una mano, restándole importancia.
Blaise se puso de pie suspirando, no parecía satisfecho.
—De acuerdo, su majestad —le dijo con sarcasmo—. Ahora creo que deberíamos ir a dormir, mañana será la fiesta de fin de curso.
Todos asintieron y se pusieron de pie, todos excepto Malfoy que dando una excusa un tanto absurda logró que sus amigos se marcharan.
Draco se encontraba frente a la chimenea, se sentía un tanto cansado pero había algo que no lo dejaba tranquilo. En el pecho sentía algún tipo de sensación cálida y reconfortante, a veces sentía que aquello latía muy fuerte dentro de sí y en la mayoría de las veces, cómo en aquel preciso momento, podía ver brillar algo dentro de su pecho. Había descubierto que nadie más podía verlo, pues le había sucedido más de una vez rodeado de gente y nadie parecía maravillado.
Draco se había preguntado una y otra vez qué sería aquello que brillaba dentro de él y le brindaba aquella reconfortante sensación, incluso había leído más libros que en toda su vida buscando una respuesta pero simplemente no encontró nada que le sirviera. Aunque llevaba bastante tiempo con aquella sensación en el pecho había sido poco después de su excursión al boque prohibido que aquello había comenzado a emitir luz y él sabía que había sido justo después de pensar que no quería que nadie dañase a Harry.
Un momento después se puso de pie, la pequeña luz rojiza casi se desvanecía por completo, dejando una ligera sensación de vacío. Llegó a su cama y se recostó con pereza mientras se deshacía de sus zapatos y justo cuando la luz terminó de extinguirse tuvo una visión horrible, el castillo en ruinas, gente herida y llena de tierra, una voz, una muy aterradora voz gritaba que Harry Potter estaba muerto.
Y aquello fue suficiente para dejarlo completamente confundido y paralizado, al menos durante los primeros diez segundos, pues inmediatamente después terminó por desplomarse en su cama.
Al día siguiente despertó de la manera más normal, aquel recuerdo lo había abandonado, parecía no haber ocurrido nunca. Se puso de pie y se dio cuenta de que aún tenía puesto el uniforme, por lo que, aprovechando que sus compañeros de cuarto aún dormían se despojó de su ropa y tomó una ducha rápida para después volver y vestirse rápidamente.
Tomó un par de libros de la mesita junto a su cama y salió de la sala común, era el último día que tenía para devolverlos, después de eso debía volver a su mansión y el no regresarlos representaría una tarde completa de servicio en la biblioteca por cada libro que no se devolvía.
Caminó entre varios alumnos que le abrían paso de manera respetuosa (incluso los de años más avanzados) y que le regalaban miradas de cierto respeto, respeto que se había ganado siendo un canalla y claro, perteneciendo a una de las familias de magos más influyentes de toda Inglaterra.
Al llegar a la biblioteca entregó los libros rápidamente para no perderse el desayuno y se decidió a salir, pero escuchar el nombre de Harry tras los anaqueles hizo que Malfoy se detuviera y fingiendo entretenerse un poco con los libros de un estante cercano se acercó hasta la voz de Longbottom que susurraba.
—¡Te estoy diciendo que es verdad! —exclamaba el chico en voz muy baja—. Ron me lo ha dicho ayer, quien-tu-sabes estuvo aquí, quería robarse la piedra filosofal para volver al poder, ¡estaba usando el cuerpo de Quirrell!
—Escuché a unos Ravenclaw decir lo mismo —afirmó Dean—. Al parecer Harry lo detuvo a tiempo y por eso se encuentra en la enfermería desde hace días.
«¿Días?», pensó Malfoy mientras intentaba volver a seguir el hilo de aquella conversación a la que no había sido invitado.
—Creo que despertó ayer —afirmó Seamus—. Pero no dejan que cualquiera vaya a verlo, Dumbledore fue muy estricto sobre dejarlo descansar—. Es una lástima que no lo hiciera antes, con él hubiéramos podido ganarle el partido a Ravenclaw.
Draco entrecerró los ojos, Harry había estado inconsciente por días (cosa de la que él no se había enterado por que nadie creía importante contarle cosas sobre Potter o sus amigos), había derrotado una vez más a Voldemort y sus estúpidos compañeros de casa sólo pensaban en el estúpido partido de quidditch.
Caminó directo a la enfermería, mentiría diciendo que tenía dolor en el estómago o lo que fuera necesario para que lo dejasen pasar, necesitaba una explicación, Potter simplemente no podía meterse en problemas y dejarlo de lado.
Al llegar se percató de que el lugar estaba vacío, suponía que nadie se había atrevido a contradecir las órdenes de Dumbledore, lo que le facilitaba las cosas, simplemente debía entrar y encarar a Potter.
Se detuvo en seco al ver Hagrid junto a la que seguramente sería la cama de Harry, no podía verlo porque el enorme cuerpo del guardabosque cubría toda la vista. El rubio bufó con fastidio y se quedó de pie junto a la puesta hasta que escuchó los pesados pasos del guardabosque acercarse. Con algo de pánico se escondió tras una de las armaduras y dejó que el hombre se alejara lo suficiente para poder entrar a la sala.
Harry se encontraba mirando algo que Malfoy no pudo distinguir en primera instancia, pero notó que el pelinegro se encontraba tan feliz que por un momento le dio pena interrumpirlo. Finalmente tomando algo de valor caminó hasta la cama donde Harry descansaba y este aún con una sonrisa en el rostro lo miró. Su sonrisa se ensanchó más al percatarse que era Malfoy quién había ido a visitarlo, pero aquello sonrisa duró poco, pues el semblante de Draco le indicaba que estaba enojado.
—Hola —dijo Draco con semblante serio—. Escuché que casi mueres.
Harry se removió incómodo en su cama, parecía un poco avergonzado.
—Sólo exageran, no iba a morir —se apresuró a decir el pelinegro, pero sin atreverse a mirar a Malfoy a la cara y manteniendo la vista sobre las sábanas.
—Y supongo que creíste conveniente no decirme lo que pasaba con la piedra y con quién-ya-sabes, aún después de estar presente cuando lo vimos en el bosque. Porque era él ¿no? —Harry asintió lentamente sin levantar la vista, lucía realmente avergonzado—. Pero supongo que si encontraste conveniente contarles a Granger y Weasley.
—Ellos son mis amigos —se defendió Harry finalmente ante el reclamo.
—¡Y yo también lo era! —atajó el rubio ya gritando, cosa que no pareció agradar mucho a Harry que ahora lo miraba fijamente.
—¡Ellos son mis mejores amigos! ¡Tú y yo ni si quiera hablamos! ¡Se supone que debemos ser rivales, no entiendo en primer lugar porque estás aquí!
Draco se quedó en silencio ante aquella respuesta, tomó el aire suficiente y se irguió más que nunca. Entrecerró los ojos y clavó una fiera mirada en Harry que pronto había entendido lo hiriente que había sonado aquello.
El rubio dio la vuelta haciendo que su túnica se levantara con aire teatral y comenzó a caminar hacia la salida, sin decir ni una sola palabra.
—Draco... —se aventuró a llamarlo Harry, sin reparar en que era la primera vez que le decía su nombre de pila, al menos en su cara.
—¿Te dije que podías tomarte tanta confianza conmigo? —le recriminó el rubio sin voltearlo a ver—. Yo creo que no, Potter.
Soltó aquel nombre casi escupiendo veneno y finalmente salió del lugar sin detenerse, aun cuando la voz de Harry lo llamó un par de veces más.
