Draco se encontraba sentado en una de las aulas completamente vacías en el sexto piso del castillo, sobre sus piernas descansaba la libreta de piel de dragón donde repasaba el último mensaje que Potter le había enviado.

"Estaré allí en un momento, primero necesito deshacerme de Herms y Ron"

A Draco le había producido una fea sensación en la boca ver la manera en que Potter se dirigía a la sangre sucia pero se limitó a mandar una respuesta de una sílaba y a aguardar en dónde habían quedado.

Llevaba esperando lo que a él le parecieron horas, el banquetee de bienvenida había terminado hacía mucho tiempo y Harry no había aparecido, finalmente el rumor de que Potter había llegado en un auto volador junto a Weasley llegó a sus oídos y supo por que el pelinegro no había acudido a su cita en el tren.
Sabía que la posibilidad de que expulsaran al idiota de Potter y al aún más idiota de su mejor amigo eran altas, pero ahí estaba él, esperando, pues Harry no había mencionado nada sobre una expulsión.

Draco estuvo a punto de ponerse de pie y volver a su sala común cuando Harry apareció, aunque fue curioso que Draco no lo viese llegar, pues había mirado impacientemente por la ventana a cada segundo.
Con un movimiento de varita quitó el seguro de la puerta y dejó que Potter entrara.

El pelinegro lucía realmente agitado, como si, de manera literal, hubiese escapado de alguien. Lo miraba con ojos de cachorro que sólo le indicaban a Malfoy lo muy arrepentido que estaba por haber demorado tanto y por haberlo dejado plantado en primer lugar, pero aquella expresión no hizo que Draco aligerara sus facciones, lo miró con la nariz bien en alto y con arrogancia.

—Te juro que iba a llegar antes —Se excusó el niño que vivió.

—Teníamos una hora acordada, desde las once en el tren... —Le recordó el rubio haciendo mucho esfuerzo por que aquello no sonara como un reclamo.

—Lo sé, pero es que la entrada mágica a la estación se cerró y Ron y yo no sabíamos que hacer y luego el auto y finalmente Hermione...

Draco hizo un gesto de fastidio, no quería escucharlo hablar de Granger o de la Weasley o de ninguna niña que pareciera interesada en el cara rajada.

—Como sea. Estamos aquí por algo ¿No? —Se cruzó de brazos y se recargó en el respaldo de su asiento mientras miraba altaneramente a su acompañante que se sonrojó ante aquellos penetrantes ojos grises.

—Si... Yo, bueno, es que... —Draco casi suelta una carcajada ante la forma tan extraña en la que Potter se estaba comportando.

Fue entonces cuando el rubio notó que la diferencia de estaturas entre ellos comenzaba a hacerse notable, Harry comenzaba a quedarse abajo y aquello sólo le pareció adorable.

—Lo siento ¿Si? Me porté como un patán, tú nunca me has hecho nada y parecías dispuesto a ser mi amigo y yo te desprecié y de verdad lo lamento, no sé por qué, pero de verdad quiero poder ser tu amigo o lo que sea. —Lo dijo rápido, tan rápido que Malfoy a duras penas había logrado procesar todo, aquella era una disculpa curiosa, pero para el rubio era suficiente, al menos por el momento.

Draco lo miró con una sonrisa divertida, lo que hizo que Harry se enojara ligeramente, ¿A caso Malfoy creía que era divertido?
El rubio pareció percatarse por inmediatamente le extendió la mano y un muy confundido Harry, por primera vez, se atrevió a mirarlo a los ojos.

Aquel fue un momento bastante extraño para ambos, el verde y el gris se encontraron y chocaron inmediatamente haciendo que muchas chispas imaginarias brotaran. Draco se sintió alarmado por la manera en la que su corazón saltó, pero Harry aceptó aquel sentimiento con total naturalidad haciéndolo sonrojar ligeramente.

—¿Piensas dejarme con la mano extendida de nuevo? —Preguntó el rubio intentando romper el silencio no tan incómodo.

Potter rápidamente limpió la palma de su mano sobre sus jeans, pues aún no se había puesto la túnica y tomó la pálida mano de Draco Malfoy, fue en ese momento en que ambos confirmaron sus sentimientos, aquello debía ser de esa manera, no había posibilidad de que fuese diferente.

Pasaron el resto de la noche hablando sobre lo que había pasado el año pasado y aunque Draco estaba impresionado y sorprendido por que Voldemort estuviese paseándose en el castillo sin que nadie lo sospechara no dijo nada, si era cierto que Severus estaba tan implicado tendría que preguntarle después, tendría que sacar provecho a su padrino de alguna manera.

—Entonces miré en el espejo y... —Harry había estado demasiado entusiasmado con su anécdota, pero justo en ese momento flaqueó ligeramente.

Draco no lo pasó desapercibido y recordó claramente las palabras de Harry cuando le había pedido que fuesen amigos y había mencionado cierto espejo.
El rubio arqueó una ceja y elegantemente se inclinó hacia adelante animando a Harry a hablar.

—Y ahí estaba la piedra —Completó. —Voldemort se dio cuenta demasiado tarde y entonces cuando toqué al profesor éste se deshizo, como si lo quemara mi tacto...

Draco volvió a recostarse en el asiento, un poco desilusionado, esperaba que ahora que Harry era su amigo se sincerara con él por completo, pero tampoco podía forzarlo por lo que dejó que terminara aquella maravillosa anécdota.

Mientras él se había pasado los días molestando a otros alumnos entre los que estaban amigos íntimos del héroe, Potter había resuelto un misterio y había evitado que el mago más tenebroso de todos los tiempos regresase para aterrorizar la gente.

Draco soltó una pequeña sonrisa, una divertida que Harry jamás le había visto.

—Con lo pequeño que eres no creí que fueras tan valiente Potter, de verdad estoy sorprendido.

Harry enrojeció y puso un gesto que el rubio tradujo como indignación.

—Aún estoy creciendo —Se defendió el pelinegro.

—De acuerdo —Levantó las manos en señal de paz. —Vamos a relajarnos pequeño Potter, no quiero iniciar un duelo mágico aquí, hay muy poco espacio.

Potter rodó los ojos y suspiró pero se relajó al posar los ojos sobre el pecho de Malfoy, el rubio portaba el broche que le había dado por navidad.

—Malfoy ¿Cuándo es tu cumpleaños? —Preguntó y el rubio lo miró extrañado.

—El cinco de junio.

—Apenas dos semanas antes de terminar el curso —Concluyó el pelinegro más para sí que para su acompañante.

Draco se quedó en silencio, debatiéndose entre preguntar o no por el cumpleaños de Potter.
—Sé que probablemente todo el mundo mágico lo sabe —Empezó a decir el rubio. —Pero la verdad es que yo no... no sé cuál es tu fecha de cumpleaños.

Potter abrió los ojos, demasiado hubiera dicho Malfoy, parecía realmente sorprendido, tal vez no esperaba que Draco preguntara también.

—El treintaiuno de julio. —Contestó con una sonrisa radiante.

—Hace un mes, más o menos. —Reflexionó Draco. —Tal vez si lo hubiera averiguado antes hubiera podido...

Harry negó con la cabeza, aun sonriendo.

—Está bien, después de todo yo tampoco te he dado nada.

—¿Tus... Tus otros amigos te regalaron algo?

—Sí, pero fue por que pasé mi cumpleaños en la madriguera. —Draco frunció el ceño ¿Qué diablos era la madriguera?

—Bueno, prepárate para el mejor regalo de cumpleaños el siguiente año. —Dijo de manera altanera. —Y espero uno igual de tu parte Potter.

Harry sonrió mientras negaba con la cabeza, sabía que Draco Malfoy era ese tipo de chicos, parecía tan despreocupado, tan indiferente, pero en el fondo (o al menos con él) era amable y considerado y la sola idea de pensar que Draco sólo se portaba así con él lo entusiasmó de sobre manera, tanto que olvidó regresar junto a sus amigos y pasó el resto de la noche comiendo dulces junto a su nuevo amigo.