Draco y Harry se encontraban dentro de una de las aulas vacías del castillo, una que usaban con frecuencia y que se encontraba justo a la mitad del camino entre sus respectivas salas comunes, se encontraban sentados en el escritorio del profesor con un tablero de ajedrez mágico entre ellos. Malfoy comía despreocupadamente una varita de regaliz mientras Harry, con el ceño fruncido planeaba su siguiente movimiento, movimiento que creía inútil, pues Malfoy era bastante bueno en aquel juego y seguramente le ganaría una vez más.

Harry hizo ademán de tomar la pieza del único caballo que le quedaba, pero al escuchar la pequeña risita que Draco soltó se arrepintió enseguida. Por su parte el rubio miraba todo con paciencia, le gustaba molestar a Harry fingiendo que cada movimiento que planeaba lo tenía cubierto, le parecía maravilloso el rostro de frustración de su amigo.

Finalmente el pelinegro hizo su movida, Draco perdió un peón, pero inmediatamente después perdió a su preciado caballo.
—No entiendo por qué seguimos jugando a ésta cosa —Se quejó el chico de ojos verdes.

—Por que jugar a los naipes explosivos llamaría demasiado la atención —Respondió su amigo terminando su dulce. —¿Ya te has aburrido de perder, Potter?

Harry resopló con fastidio, sabía que tarde o temprano la burla llegaría.
—Te crees demasiado —Dijo con fingido fastidio. Draco sonrió con suficiencia.

Durante toda la tarde Malfoy había notado que su pequeño amigo parecía bastante nervioso, más distraído de lo normal, incluso MÁS torpe de lo normal. Era verdad que Harry no era tan bueno como él en el ajedrez, pero desde que habían comenzado a jugar Harry no había durado ni cinco minutos y Draco (con el paso de los días) había aprendido a conocer a Potter lo suficiente, algo le pasaba, algo quería decirle y no se atrevía.
Por supuesto que el rubio tampoco se atrevía a preguntar nada, su rígida educación impartida en casa no le permitía entrometerse en los asuntos de otras personas, o al menos eso era lo que se decía para convencerse de no parecer un entrometido frente a Harry.

Finalmente el pelinegro suspiró fuertemente y se dejó caer por completo sobre el escritorio, recargando sus mejillas sobre la fría madera del mueble, Malfoy lo miró con la ceja levantada y metiéndose a la boca una rana de chocolate.
Harry refunfuñó por sus adentros, como si aquello que quería decir se lo estuviese comiendo vivo, pero a la vez, estaba tan indeciso que luchaba entre abrir la boca o no y a Draco le parecía realmente gracioso pues pensaba que Harry lucía como un pez fuera del agua tratando de respirar.

—A veces eres realmente patético, Potter —Dijo Malfoy soltando una carcajada, no había podido resistir mucho más aquella ridícula expresión que su amigo había puesto.

Harry lo miró entrecerrando los ojos, como si aquello lo hubiera ofendido realmente.
—No todos tenemos la lengua tan floja como tú. A algunos nos gusta pensar antes de hablar —Se defendió.

—Será mejor que no te esfuerces demasiado, tu cabeza podría explotar al no estar acostumbrada a semejante actividad.

—¿Recuérdame de nuevo por que somos amigos? —Dijo con un falso tono de aflicción que Draco supo reconocer al instante, haciéndolo reír.

—Porque soy Draco Malfoy. —Contestó al tiempo que comenzó a recoger las piezas del ajedrez.

Harry se quedó ahí, tendido sobre el mueble de madera y admirando cada movimiento que Draco hacía, como recogía lentamente pieza por pieza y de vez en cuando se detenía a meterse un trozo de chocolate a la boca. Harry sabía el tipo de persona que era Draco, era cruel, burlón, carecía de paciencia y tenía un terrible complejo de superioridad que hacían que más de uno lo detestara, pero aquello sólo hacía que Potter lo encontrara más fascinante, sobre todo porque Draco jamás actuaba así con él, no a menos que estuviera muy enojado. El Draco que pocos conocían y que a Harry le alegraba conocer era amable, si bastante creído, pero amable y un poco bondadoso.
Y viéndolo ahí tan tranquilo con su rubio cabello reluciendo por las antorchas y sus amables ojos grises concentrados en su tarea de ordenar todo, Harry no pudo evitar cierto sentimiento de culpa. Culpa por que había asistido a aquella reunión con el único propósito de pedirle a Draco que se quedara durante navidad para así sacarle información sobre la cámara de los secretos, información que no se había atrevido a preguntarle directamente por miedo.

Ron y Hermione estaban casi cien por ciento seguros de que Malfoy era el heredero de Slytherin, aquel que había petrificado a la señora Norris y a Colin Creevey un tiempo después, cuando el joven nacido de muggles iba a la enfermería para llevarle a Potter un racimo de uvas.
Claro que el comportamiento de Draco frente a todos no ayudaba en lo más mínimo, se la pasaba gritando a los cuatro vientos lo fantástico que era que los sangre sucia estuvieran en peligro constante, aunque simplemente lo dijera para molestar a Granger y porque Creevey no le caía nada bien.
El plan del trio dorado era buscar que Draco se quedara durante navidades y tomando poción multijugos, adoptar la forma de sus amigos más cercanos, Crabbe, Goyle (o Zabini) y Pansy para que Draco soltara todo y admitiera ser él el origen de aquellos ataques que amenazaban con no cesar hasta que todos los sangre sucia desaparecieran.

Harry sabía que simplemente debía corroborar (frente a sus amigos si se podía) que Draco era inocente y así podrían dejar todo ese tema de lado e incluso podría hablar con el rubio de aquello, de sus avances en la investigación y hasta tal vez quisiera ayudarlo a encontrar al verdadero heredero.

Se aferró a esa idea y sin darle más vueltas preguntó:
—¿Qué es lo que harás en navidad?

Draco levantó la vista hasta que el gris y el verde de sus ojos se encontraron, cerró con suavidad la cajita del ajedrez y comiendo el último trozo de chocolate que aún le quedaba sonrió con descaro.

—¿Es por eso que estabas tan nervioso y poco concentrado? —Preguntó con burla. —¿Por qué querías pedirme una cita?

Harry abrió muchísimo los ojos y sintió como poco a poco el calor iba subiendo a su rostro, haciéndolo lucir exageradamente rojo.

—¡Por supuesto que no, imbécil! —Dijo con una titubeante voz, casi un tartamudeo.

Draco soltó una carcajada y suavizó su expresión.

—Ya lo sé, cara rajada, ya lo sé, sólo quería alivianar un poco la tensión, parecía que ibas a explotar de nervios.

Harry suspiró, aunque el rubor de su rostro no menguó.
—¿Y bien?

—Este año me quedaré en el colegio —Afirmó mientras juntaba todas las envolturas de los caramelos que ambos chicos habían comido. —Mis padres estarán fuera del país y no pueden llevarme con ellos, cosas de negocios o algo así.

—Yo... me quedaré también —Dijo Harry —Me alegra que podamos vernos, así podré entregarte tu regalo en persona.

Draco sonrió y metió todas sus cosas en su mochila.

—Será agradable. Ahora tenemos que irnos o Filch nos meterá en problemas.

Harry asintió y se sintió ligeramente mal por Draco, pues a comparación de él, no tenía una capa invisible que lo protegiera y tampoco se había atrevido a decirle Malfoy que él poseía una.

Se despidieron con una sonrisa y cada uno partió a su sala común, Draco con paso firme y elegante y Harry de manera presurosa y poco agraciada.

Cuando Draco Malfoy por fin pudo poner un pie dentro de su sala común ya pasaba del toque de queda y había tenido que evadir al conserje para no ser descubierto, pero justo cuando creía que se había librado de todos y que podría entrar a su habitación sin llamar la atención, notó que Blaise se encontraba frente a la chimenea, esperándolo con ojos acusadores.

El moreno ya portaba su pijama y tenía en las piernas un libro de encantamientos (materia en la que no le estaba yendo muy bien), miraba al rubio con clara molestia y esperaba pacientemente lo que su amigo tuviera que decir a su favor.

—Es tarde —Dijo Draco ignorando todas aquellas señales de enojo que su amigo le mandaba. —Vamos a dormir.

—Te escapaste de nuevo —Lo acusó Zabini.

—¿Lo hice?

—No va a funcionar de nuevo, Draco, no voy a volver a ignorar algo como esto.

—¿Y qué es lo que quieres entonces?

—La verdad.

—La verdad... —Repitió el rubio con fastidio.

—Te escabulles al menos tres veces por semana de la sala común, te vas a quien-sabe-donde con quien-sabe-quien y no vuelves hasta mucho después del toque de queda. ¿A caso no entiendes lo peligroso que estar por los pasillos tan tarde?

—Nada va a pasarme Blaise, si te refieres a Filch no va a atraparme y si te refieres al "monstruo" de Slytherin espero que no hayas olvidado que hablas con un sangre limpia.

—Draco tú... Eres tú quien...

—No Blaise, no soy el heredero de Slytherin. —Contestó con fastidio, aquella había sido una pregunta común entre sus compañeros aunque ninguno se había atrevido a hacérsela directamente.

El moreno suspiró aliviado, Blaise era casi tan malvado y burlón como Draco, pero una cosa era ser un brabucón y otra muy diferente un asesino.

—Pero entonces ¿A dónde vas por las noches? ...La vez que Creevey fue atacado tu escapaste de aquí y...

Draco suspiró, Blaise era su mejor amigo, ¿pero acaso comprendería si le dijera que tenía una amistad secreta con Potter?
Zabini pareció comprender aquel gesto casi silencioso y sintió que le oprimían el pecho.

—Estás saliendo con alguien que no es un Slytherin, ¿verdad?

Draco lo miró sin cambiar su fría expresión del rostro, pero Blaise lo conocía de bastantes años y sabía que su amigo no estaba siendo totalmente sincero.

—Es Potter...

Soltó y aquello fue suficiente para que Draco flaqueara por completo.

—Estás saliendo con Potter...

—No seas idiota, Blaise, por supuesto que no. —Hizo una pequeña pausa. —No al menos en el sentido que tú crees.

—¡Por Merlín Draco, él es tu enemigo!

—¿Mío? ¿Cuándo has escuchado aquello salir de mi boca?

Blaise pareció analizarlo por un segundo.
—Nunca... —Suspiró.

Blaise Zabini conocía demasiado bien a Draco, habían crecido juntos prácticamente, eran mejores amigos desde sus más tiernos años y jamás había dejado pasar nada que tuviera que ver con el rubio. Aquellas miradas que Potter y él se dedicaban, las muy discretas sonrisas, las escapadas, el que Draco ayudara a Potter durante el partido de quidditch, las escapadas y el misterioso broche con el emblema de Slytherin que jamás se quitaba de encima y que estaba extrañamente cargado de un poder que Blaise rápidamente pudo relacionar con el Gryffindor, una magia muy poderosa.

—Escucha Blaise... Nadie puede enterarse ¿Entiendes?

—Por supuesto que no, Draco —Lo miró de manera enojada. —Has perdido la cabeza, un Gryffindor, Harry Potter, el príncipe de Gryffindor... Si tu padre lo supiera...

—Mi padre quería que me llevara bien con él.

—Tu padre solo quería que FINGIERAS que lo admirabas.

—Estás exagerando las cosas.

—No, no estoy, Flint sería capaz de sacarte del equipo, Slytherin y Gryffindor jamás han sido capaces de llevarse bien.

—Eso es una niñería estúpida, Blaise.

—¿Tú crees? ¿Entonces por qué la mayoría de los chicos que molestamos son Gryffindor?

—Pues porque... —Draco no supo que contestar, era verdad que la mayoría de sus víctimas eran leones, aunque no sabía muy bien por qué.

—Porque es algo natural —Explicó su amigo. —No puedes ser amigo de Potter y menos siendo nuestropríncipe. Salazar volvería a morirse si lo supiera. Además, Potter es un Mestizo, Draco...

—Snape también lo es y es mi padrino, gran amigo de mi madre, una sangre limpia.

—Pero el profesor Snape era un Slytherin.

—De acuerdo, entiendo el maldito punto —Draco no levantó la voz, pero la mirada que le dirigió a Zabini fue suficiente para que éste entendiera que mejor era quedarse callado si no quería recibir una maldición justo entre las cejas. —No voy a dejar mi amistad con Potter a un lado. —Sentenció finalmente. —Y tú no le vas a contar nada a nadie, ni a Vincent, Gregory o Pansy ¿Escuchaste?

Blaise tomó aire y se relajó, sabía que pelear era imposible, él siempre tenía lo que quería y si quería ser amigo de Potter iba a serlo, solo esperaba que aquel capricho se le pasara rápido (como todos sus caprichos anteriores).

—¿Te gusta? —Le preguntó de manera serena, Draco se irguió y lo miró interrogante. —¿Te gusta Potter?

—Por supuesto que sí. ¿Por qué otra cosa lo haría mi amigo?

—Me refiero a que si te gusta de la otra manera.

Draco tomó aire y lo dejó salir lentamente, su cerebro comenzó a correr rápidamente y reparó en el calor de su pecho, ¿Gustar? ¿Cómo pareja? ¿No era acaso muy joven para ello?
Negó con la cabeza sin decir nada, pasó junto a su amigo que se paralizó al sentirlo tan cerca y finalmente llegó hasta las escaleras que lo llevaban hasta los dormitorios.

Blaise esperó a que Draco se marchara, sabía que Malfoy jamás admitiría algo como eso. Sintió su corazón partido en unos cuantos pedazos pensado en que seguramente el tampoco sería capaz de admitir que estaba enamorado del rubio, nunca, ni bajo tortura, porque aquello podía significar perder su muy valiosa amistad.