Draco había llegado hasta la mesa de la serpientes acompañado de sus amigos de siempre y cargando una caja de regalo escondida debajo de la gruesa y larga túnica de invierno que lo cubría de aquel frio navideño.
Se sentó y recibió un trozo de tarta que Pansy le ofreció con una cálida sonrisa. Había pensado que, ahora que no había tanta gente en el castillo (por ser vacaciones) podría darle a Harry su regalo personalmente.
El rubio miró al pelinegro sentado junto a su amigo Weasley, ambos comían tarta y parecían bastante tensos. Draco se preguntó si su amigo le estaría escondiendo cosas nuevamente.
Suspiró.
Desde hacía bastante tiempo que Malfoy sabía que Harry no era completamente sincero con él, no al menos en la forma que lo era con sus compañeros leones. Constantemente tenía que ser él quién le preguntara por las cosas, como había sucedido con el asunto del pársel, aunque en aquella ocasión Harry había asegurado que ni él sabía que podía hablarlo.
Después de aquel incidente, muchos en Hogwarts habían comenzado a expandir el ridículo rumor de que Potter era el heredero de Slytherin, cosa que Draco no había creído ni por un segundo, Harry era tan Gryffindor como nadie que él conociera.
Aquello había dejado la popularidad de Potter por los suelos, muchos provenientes de familias muggles lo evitaban y lo miraban con terror, temerosos de ser petrificados como Colin o la señora Norris.
Malfoy sabía lo mal que la estaba pasando su amigo, constantemente (en sus encuentros por las noches) parecía ausente y muy inseguro, también se le notaba pensativo y algo temeroso. Draco no tardó en deducir que Potter se estaba metiendo de nuevo en cosas peligrosas, seguramente buscaría al verdadero heredero de Slytherin y al monstruo que rondaba el castillo.
Draco vio a la sangre sucia entrar al gran comer y acercarse a sus dos amigos para inmediatamente salir de ahí con ambos chicos detrás. Tomó aire y se puso de pie dejando su trozo de tarta en la mesa.
—¿No vas a comer? —Preguntó Blaise.
—Tal vez más tarde, ahora debo volver a los dormitorios.
—Iremos contigo —Le dijo el moreno poniéndose de pie junto a Pansy. —Pans y yo aún tenemos que hacer algo de tarea.
—Gregory y yo los alcanzaremos en un momento —Aclaró Vincent con la boca llena de pastel, haciendo que Malfoy hiciera una mueca de desagrado.
—Por Merlin, Vince, come decentemente —Le regañó. —Es repugnante.
Negando salió del gran comedor dejando que sus enormes amigos disfrutaran de aquella tarta navideña.
Llegaron a la sala común donde se quedó charlando un rato con sus amigos, quienes hacían sus deberes (tareas que Malfoy ya había terminado de manera exitosa).
—¿No los tiene algo intrigados el tema del heredero? —Preguntó Pansy.
Malfoy se encontraba leyendo El Profeta.
—Es bastante extraño, la verdad, aunque por aquí no he visto a nadie lo suficientemente sospechoso para especular —Aclaró Blaise.
—Le he preguntado a mi padre, al parecer no es la primera vez que abren la "cámara". Nadie agarró al culpable la primera vez, y dudo que lo hagan ahora, con lo incompetentes que son las autoridades en esta estúpida escuela. —Se quejó el rubio y sus amigos soltaron una carcajada.
—¿A qué te hubiera gustado más ir a Durmstrang? —Le preguntó su amiga.
—Por supuesto que sí, muchos de mis amigos están allí. Pero estar aquí con ustedes hace todo menos aburrido.
—¿Pans, trajiste el libro de herbología, verdad? —Blaise buscaba entre los montones de libros.
—Oh... no... creo que lo olvidé. Podemos ir a buscarlo.
—Iré con ustedes, al menos la mitad del camino. Ustedes van a la biblioteca y yo al gran comedor por los gordos de Vincent y Gregory.
Los tres jóvenes caminaron de regreso entre conversaciones sin sentido, quejas sobre los Gryffindor, criticando a Dumbledore y hablando sobre la cámara de los secretos (que en aquel momento era el tema de moda)
Finalmente Pansy y Blaise siguieron su camino hasta la biblioteca y Draco dio vuelta en un pasillo en el que pudo divisar a sus dos amigos junto a una cabeza pelirroja.
—Están ahí —dijo él, mirándolos—. ¿Se pasaron todo este tiempo en el Gran Comedor, poniéndose como cerdos? Los estaba buscando, Pans y Blaise están en la biblioteca.
Malfoy echó una mirada fulminante a Percy Weasley, quién era la cabeza pelirroja que Malfoy había divisado.
—¿Y qué haces tú aquí, Weasley? —le preguntó con aire despectivo. Percy se ofendió aún más.
—¡Tendrías que mostrar un poco más de respeto a un prefecto! —dijo—. ¡No me gusta ese tono!
Malfoy lo miró despectivamente e indicó a Crabbe y a Goyle que lo siguieran
Ambos salieron a toda prisa detrás de Malfoy, que les decía, mientras tomaban el siguiente corredor:
—Ese Peter Weasley...
—Percy —le corrigió automáticamente Crabbe.
—Como sea —dijo Malfoy—. He notado que últimamente entra y sale mucho por aquí, a hurtadillas. Y apuesto a que sé qué es lo que pasa. Cree que va a pillar al heredero de Slytherin él solito.
Lanzó una risotada breve y burlona.
Malfoy se detuvo ante un trecho de muro descubierto y lleno de humedad.
—«¡Sangre limpia!» —dijo Malfoy, y se abrió una puerta de piedra disimulada en la pared. Malfoy la cruzó y sus amigos lo siguieron. La sala común de Slytherin era una sala larga, semisubterránea, con los muros y el techo de piedra basta. Varias lámparas de color verdoso colgaban del techo mediante cadenas. Enfrente de ellos, debajo de la repisa labrada de la chimenea, crepitaba la hoguera, y contra ella se recortaban las siluetas de algunos miembros de la casa Slytherin, acomodados en sillas de estilo muy recargado.
—Esperen aquí —dijo Malfoy, indicándoles un par de sillas vacías separadas del fuego—. Voy a traerlo. Mi padre me lo acaba de enviar. Pansy y Blaise ya lo han visto.
Preguntándose qué era lo que Malfoy iba a enseñarles, Crabbe y Goyle que en realidad eran Ronald Weasley y Harry Potter (respectivamente) se sentaron, intentando aparentar que se encontraban en su casa.
Habían muchas cosas que aquellos dos sentían en aquel momento, Ron estaba ansioso, nervioso y algo asustado y Harry se sentía exactamente igual a excepción de que él también se sentía realmente culpable por estar ahí engañando a uno de sus amigos (y uno muy preciado).
Desde que había visto a Malfoy aparecer en el pasillo sintió ganas de vomitar, sabía que debía seguir el plan que había trazado con Ron y Hermione, pero no le agradaba nada hacer eso a espaldas de Draco.
Malfoy volvió al cabo de un minuto, con lo que parecía un recorte de periódico. Se lo puso a Ron debajo de la nariz. —Te vas a reír con esto —dijo.
Harry vio que Ron abría los ojos, asustado. Leyó deprisa el recorte, rió muy forzadamente y pasó el papel a Harry. Era de El Profeta, y decía:
INVESTIGACIÓN EN EL MINISTERIO DE MAGIA
Arthur Weasley, director del Departamento Contra el Uso Indebido de la Magia, ha sido multado hoy con cincuenta galeones por embrujar un automóvil muggle.
El señor Lucius Malfoy, miembro del Consejo Escolar del Colegio Hogwarts de Magia, en donde el citado coche embrujado se estrelló a comienzos del presente curso, ha pedido hoy la dimisión del señor Weasley.
«Weasley ha manchado la reputación del Ministerio», declaró el señor Malfoy a nuestro enviado. «Es evidente que no es la persona adecuada para redactar nuestras leyes, y su ridícula Ley de defensa de los muggles debería ser retirada inmediatamente.»
El señor Weasley no ha querido hacer declaraciones, si bien su esposa amenazó a los periodistas diciéndoles que si no se marchaban, les arrojaría el fantasma de la familia.
—¿Y bien? —dijo Malfoy impaciente, cuando Harry le devolvió el recorte—. ¿No les parece divertido?
Harry miró a Malfoy con el ceño fruncido, sabía qué tipo de persona era su amigo, pero jamás terminaba de sorprenderle que se portara de aquella manera tan fea, con él, Draco era un niño educado que se comportaba relativamente bien y aunque sabía de lo mucho que Malfoy odiaba a Ron, no podía evitar enojarse, el señor Weasley era una gran persona.
—Ja, ja —rió Harry lúgubremente.
—Arthur Weasley tiene tanto cariño a los muggles que debería romper su varita mágica e irse con ellos —dijo Malfoy desdeñosamente—. Por la manera en que se comportan, nadie diría que los Weasley son de sangre limpia.
A Ron (o, más bien, a Crabbe) se le contorsionaba la cara de la rabia.
—¿Qué te pasa, Crabbe? —dijo Malfoy bruscamente.
—Me duele el estómago —gruñó Ron.
—Bueno, pues ve a la enfermería y dales a todos esos sangre sucia una patada de mi parte, sobre todo a Creevey —dijo Malfoy, riéndose—. ¿Saben qué? Me sorprende que El Profeta aún no haya dicho nada de todos esos ataques —continuó diciendo pensativamente—. Supongo que Dumbledore está tapándolo todo. Si no para la cosa pronto, tendrá que dimitir. Mi padre dice siempre que la dirección de Dumbledore es lo peor que le ha ocurrido nunca a este colegio. Le gustan los que vienen de familia muggle. Un director decente no habría admitido nunca una basura como el Creevey ése.
Malfoy empezó a sacar fotos con una cámara imaginaria, imitando a Colin, cruel pero acertadamente.
—Potter, ¿puedo sacarte una foto, Potter? ¿Me concedes un autógrafo? ¿Puedo lamerte los zapatos, Potter, por favor?
Harry que ya había escuchado aquel chiste sobre Colin soltó una pequeña carcajada que Ron imitó pensando que se trataba de actuación. Potter no podía estar de acuerdo para nada con lo que Malfoy y su familia profesaba, pero al fin y al cabo era su amigo y sabía que con el tiempo podría hacerlo cambiar de opinión (o al menos eso esperaba).
Draco bajó las manos y se quedó mirando a Harry y a Ron. Por supuesto que el rubio no era ningún idiota y aquello le parecía tan sospechoso como nada en el mundo, generalmente sus amigos reían de aquellos comentarios hasta casi vomitar y ahora parecían tan reservados que daba miedo.
—¿Qué les pasa?
—Creo que comimos demasiado —Se defendió Harry en el cuerpo de Goyle.
Draco negó con la cabeza.
—San Potter, —dijo Malfoy lentamente—. No entiendo como puede ir por ahí con esa sangre sucia presuntuosa que es Granger. ¡Y se creen que él es el heredero de Slytherin! Es absurdo, porque Potter podrá ser lo que quieran, pero es demasiado noble para hacer algo así.
Harry se sintió conmovido por aquella defensa que Malfoy le había dado frente a los que creía eran sus amigos.
—Pero tú sabes quién es el heredero ¿Verdad? —Preguntó Ron.
—Ya sabes que no, Vicent, ¿cuántas veces tengo que decírtelo? —dijo Malfoy bruscamente—. Y mi padre tampoco quiere contarme nada sobre la última vez que se abrió la Cámara de los Secretos. Aunque sucedió hace cincuenta años, y por tanto antes de su época, él lo sabe todo sobre aquello, pero dice que la cosa se mantuvo en secreto y asegura que resultaría sospechoso si yo supiera demasiado. Pero sé algo: la última vez que se abrió la Cámara de los Secretos, murió un sangre sucia. Así que supongo que sólo es cuestión de tiempo que muera otro esta vez... Espero que sea Granger — dijo con deleite, dejándose llevar por los celos que le producía saber que Hermione estaba enamorada de Potter.
Ron apretaba los grandes puños de Crabbe. Dándose cuenta de que todo se echaría a perder si pegaba a Malfoy, Harry le dirigió una mirada de aviso y dijo:
—¿Sabes si cogieron al que abrió la cámara la última vez?
—Sí... Quienquiera que fuera, lo expulsaron —dijo Malfoy—. Aún debe de estar en Azkaban.
—¿En Azkaban? —preguntó Harry, sin entender.
—Claro, en Azkaban, la prisión mágica, Goyle —dijo Malfoy, mirándole, sin dar crédito a su torpeza—. La verdad es que si fueras más lento irías para atrás.
Se movió nervioso en su silla y dijo:
—Mi padre dice que tengo que mantenerme al margen y dejar que el heredero de Slytherin haga su trabajo. Dice que el colegio tiene que librarse de toda esa infecta sangre sucia, pero que yo no debo mezclarme. Naturalmente, él ya tiene bastantes problemas por el momento. ¿Sabían que el Ministerio de Magia registró nuestra casa la semana pasada? —Harry intentó que la inexpresiva cara de Goyle expresara algo de preocupación—. Sí... —dijo Malfoy—. Por suerte, no encontraron gran cosa. Mi padre posee algunos objetos de Artes Oscuras muy valiosos. Pero afortunadamente nosotros también tenemos nuestra propia cámara secreta debajo del suelo del salón.
—¡Ah! —exclamó Ron.
Harry lo miró, Ron se puso rojo, incluso el pelo se le volvió un poco rojo. También se le alargó la nariz. La hora de que disponían llegaba a su fin, de forma que Ron estaba empezando a convertirse en sí mismo, y a juzgar por la mirada de horror que dirigía a Harry, a éste le estaba sucediendo lo mismo. Se pusieron de pie de un salto.
—Necesito algo para el estómago —gruñó Ron, y sin más preámbulos echaron a correr a lo largo de la sala común de Slytherin, lanzándose contra el muro de piedra y metiéndose por el corredor, y deseando desesperadamente que Malfoy no se hubiera dado cuenta de nada.
Draco se puso serio y en sus ojos se endurecieron, por supuesto que Draco Malfoy no era ningún imbécil y sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo.
Suspiró, sabía que algo extraño pasaba con sus amigos y había corroborado aquello cuando "Goyle" se había reído con el mismo chiste de Creevey que había hecho reír a Harry una semana atrás. Y lo confirmó cuando "Crabbe" se había enojado al escuchar que deseaba que Granger muriera a manos del monstruo de Slytherin. Todo eso sumando el pequeño mechón rojo que apareció repentinamente en la cabeza de Vincent.
No se debía ser un genio para sumar dos más dos, así como Draco no debía serlo para saber que Harry Potter y Ronald Weasley habían logrado hacer una poción multijugos para colarse a su sala común y averiguar si él era el heredero de Slytherin.
Se sintió decepcionado, no podía creer que Harry no hubiera tenido la confianza de preguntarle directamente y lo peor de todo era que había dudado de él. ¿No le había demostrado que no era tan malo como todos creían?
Al principio se había planteado la idea de hacerle creer a ese par de idiotas que sí, que él era el heredero solo para entorpecer la investigación que seguramente estarían haciendo, pero decidió que aquello era estúpido, se limitó a decir la verdad, a mostrarle a Harry la parte de Draco Malfoy que todos veían a diario, se limitó a mostrarle la parte de su familia de la que todos hablaban.
Draco tomó una decisión ese día, si Harry no confiaba en él, él no tenía por qué confiar en Potter y lo mejor para una amistad tan absurda como aquella era dejarla de lado. Si Potter creía que Draco Malfoy era lo suficientemente malvado y cruel para dudar de él, entonces lo sería y Harry Potter se arrepentiría de haber pensado de él de aquella manera, de haber confiado más en los leones que en él.
