Draco, Pansy y Blaise se encontraban de pie junto al andén nueve y tres cuartos de la estación King's Cross mientras esperaban la llegada de Crabbe y Goyle que ya estaban bastante retrasados. Los tres chicos se mantenían inmersos en una divertida conversación sobre sus vacaciones cuando sus dos amigos llegaron prácticamente corriendo.
Habían acordado encontrarse los cinco por primera vez sin presencia de sus padres, quienes muy a su pesar los dejaron partir solos al reconocer que tal vez sus hijos comenzaban a hacerse un poco más grandes.

—Llegan tarde, par de brutos. —Dijo Malfoy con fastidio, tanto Vincent como Gregory negaron divertidos.

—¿No puedes simplemente saludarnos cómo lo haría un amigo normal? —Preguntó Crabbe.

—¿Cuándo vas a aprender que Draco no es normal? —Contestó Zabini pasando su brazo por el hombro del rubio. El moreno era apenas un poco más alto que su amigo, pero le gustaba aprovecharse de eso para hacerlo enojar.

Draco quitó a su amigo con un gesto de fastidio en el rostro.
—Subamos, aún debemos encontrar compartimento. —Ordenó. Sus amigos no se lo tomaron a mal pues estaban acostumbrados a aquellas frases tan directas.

El rubio extendió su mano hacia Pansy quién gustosa la tomó, Blaise no pasó desapercibida aquella acción, no era que Malfoy no le hubiera contando que estaba saliendo con Pansy, por que como su mejor amigo, había cumplido en contárselo el mismo día que Pansy había dicho "si". Pero no por eso Blaise se sintió mucho mejor, al contrario, se sintió terriblemente mal, no había dormido, sentía náuseas y un enojo irracional que cada vez le costaba más controlar (a aquello tal vez se le podía denominar celos, pero él, siendo un niño de trece años no conocía el término) y hacía un esfuerzo sobre humano por no interponerse entre ellos y llevarse al rubio lejos de ahí.

Blaise sabía muchas cosas sobre Draco Malfoy y una de ellas era que aquella decisión de tener una novia de manera tan repentina había sido algo extraño. Sabía que Pansy estaba enamorada del rubio desde que tenían ocho años y él le había regalado una bonita flor solo para que dejara de llorar después de que la tiró de su escoba, pero no podía decir lo mismo de Malfoy. Su amigo siempre había sido distante y cortante en cuanto a sentimientos se refería, incluso parecía costarle muchísimo trabajo ser un poco afectuoso con él siendo su mejor amigo, por eso, cuando lo veía con Pansy y actuar de manera tan forzada no podía evitar sentir que algo iba realmente mal.

Las cinco serpientes caminaron entre la gente que les abría paso sin si quiera replicar, aquel era el efecto Malfoy que ya bien conocían todos los amigos de Draco, nadie se atrevía a cruzarse en el camino del rubio.
Blaise dirigió una última mirada al andén, pensando que quizás si le hubiera gustado que sus padres lo acompañaran, pero aquel pensamiento se desvaneció en cuanto su rostro se encontró con el de Harry Potter quién miraba en otra dirección, en la dirección de Draco para ser más preciso.
Blaise no se perdió ningún detalle, la mirada de Potter era de inconfundible tristeza y enojo. Por un instante le vio la intención de alejarse de todos los Weasley que lo rodeaban y acercarse hasta Draco, quien ya había subido al tren junto al resto.
Pero justo cuando Blaise creyó que Potter por fin había sacado lo Gryffindor que creía que era, el padre Weasley lo detuvo para decirle algo.

Zabini retomó su camino de vuelta al tren donde Crabbe y Goyle lo esperaban con un gesto distraído.
—Draco ya se ha adelantado. —Le anunció Vincent y los tres comenzaron a caminar.

Pansy había arrastrado a Draco hasta la parte frontal del tren, había un pequeño pasillo que dirigía a la cabina del conductor y donde no habían alumnos ni maestros deambulando, el rubio con mucho pesar había seguido a su nueva novia hasta allí porque tal vez no era muy expresivo, pero era un caballero y sabía cómo comportarse.
—¿Puedes decirme ahora por qué me has traído aquí? —Preguntó él con tranquilidad.

—La verdad es que estoy algo preocupada —Comenzó a decir mientras lo miraba a los ojos con decisión. —Le pregunté a mi madre que se supone que debía hacer como tu novia y se burló de mí. Creí que podría llegar hoy y actuar como una novia decente, pero la verdad es que no sé nada sobre esto. —Suspiró dramáticamente, como si aquello fuese una verdadera situación de vida o muerte. —Y por supuesto que tú tampoco sabrás nada sobre ser novios ¿O no, Draco?

—Nos tomamos de las manos —Dijo el rubio encogiéndose de hombros, como si aquella fuera la respuesta más obvia.

—Es obvio que debemos tomarnos las manos, torpe. —Le contestó ella con dulzura. —Pero se supone que debemos hacer más cosas juntos.

—Justo ahora estamos juntos y estamos hablando. Estamos haciendo algo juntos.

Pansy pareció pensárselo en serio, porque en su mirada reflejó comprensión y sorpresa.
—¡Tienes razón! —Dijo ella con alegría. —Bueno, por algo debemos empezar.

—¿En serio te preocupa tanto? —Le preguntó el chico de manera condescendiente. No era que no le importara, Pansy le gustaba, era linda con él, le consentía, le regalaba cosas que le gustaba y siempre estaba para apoyarlo, pero algo le hacía creer que su novia se lo tomaba mucho más en serio de lo que debía tomárselo una niña de trece años.

—Por supuesto que sí, Draco. —Contestó orgullosa. —Yo te quiero muchísimo y no quiero que salgas con nadie más. —Si Pansy sentía vergüenza por aquello no se notó, estaba segura y claramente orgullosa de ser la novia de Draco Malfoy.

—De acuerdo —Respondió con simpleza. —Pero hay que tomárnoslo con calma ¿Quieres?

Ella asintió sonriente y lo tomó del brazo para caminar en busca de sus amigos.

El tren ya había avanzado y todos los compartimentos se encontraban ocupados, Draco se asomaba discretamente por todos y cada uno de las cabinas en busca de sus amigos mientras Parkinson hablaba nuevamente sobre lo mucho que le había costado elegir el regalo de cumpleaños de Draco, pues ahora que eran novios no podía regalarle cualquier cosa.

De repente uno de los compartimientos se abrió, dejando ver una despeinada cabellera azabache que nada más ver a la pareja se congeló.
Pansy le dirigió a Potter una mirada cargada de odio que el mencionado ignoró completamente. Su atención estaba únicamente en Malfoy quien le dirigía la más fría de sus miradas.

—Malfoy... —Dijo Harry casi como un suspiro.

—Bueno, mira quiénes están ahí —dijo Malfoy con su habitual manera de hablar; arrastrando las palabras. Miró por el hombro de Potter y divisó a Weasley y a Granger sentados dentro del compartimento. — La comadreja, la niña dientes de rata y su majestad, el príncipe de los leones. —Lo último lo dijo con tal nivel de sarcasmo que Harry se sonrojó.

Pansy soltó una risa burlona.

—He oído que tu padre por fin ha tocado oro este verano —dijo Malfoy a Ron—. ¿No se habrá muerto tu madre del susto?

Ron se levantó tan aprisa que tiró al suelo el cesto de Crookshanks, el gato de Granger.

—¿Quién es ése? —preguntó Malfoy en cuanto se percató de la presencia de una cuarta persona en el compartimento.

—Un nuevo profesor —contestó Harry, que se había interpuesto entre su mejor amigo y su ex amigo. Su voz había sonado un tanto insegura, pero Draco decidió restarle importancia.

—¿Qué decías, Malfoy? —Le retó Weasley.

Malfoy entornó sus ojos claros y le dedicó a los Gryffindor una sonrisa burlona.
—Vámonos Pansy, no me apetece discutir con un personas que necesitan de un profesor para defenderse.

Y se marcharon tomados del brazo a paso elegante, ligero y silencioso.

El rubio y la chica de ojos verdes encontraron al resto de sus amigos después de un momento y se sentaron junto a ellos, la charla sobre todo y nada comenzó casi de inmediato pero Draco no había podido concentrarse en absolutamente nada.
Recordaba todas sus vacaciones y la cantidad de veces que Harry había intentado comunicarse con él, las cartas, el regalo de cumpleaños que le envió y que ni si quiera había abierto y las veces que miró la libreta y que Harry le pedía (cada vez más insistente) que hablaran. Por supuesto que también recordaba que en todas aquellas ocasiones él había ignorado olímpicamente al niño que vivió, sus cartas estaban sin abrir al igual que el regalo y la libreta simplemente la miraba para ver si Harry por fin se había rendido, cosa que no había ocurrido.

En muchas ocasiones, Draco se había visto tentado a ceder ante la insistencia de Harry, pero le bastaba con recordar la manera en la que le había gritado y recriminado, cómo había acusado a su padre de haber causado el desastre de la cámara de los secretos el curso anterior y la forma en la que (nuevamente) había desconfiado de él. Si, le había perdonado la primera, pero la segunda había sido demasiado, y para alguien tan orgulloso como Draco Malfoy aquello había sido un milagro sin precedentes que no se volvería a repetir.
Aun así se alegó muchísimo de ver a Potter completamente bien, temía que con Sirius Black rondando por ahí le hubiese pasado algo.

Fue cuando las luces del vagón comenzaron a parpadear que el rubio salió de sus pensamientos, un frio terrible comenzó a inundarle y una sensación de terror, vacío y tristeza se alojó en su pecho.
Pansy se pegó muchísimo a él, en busca de confort. De manera instintiva Draco sacó la varita de la túnica y bloqueó la puerta con un encantamiento.
Miró a sus amigos, Blaise estaba tan serio como él, tal vez un poco más asustado, pero levantaba la varita con la misma seguridad que Draco. Crabbe y Goyle buscaron imitarlos, aunque el miedo era más notorio en ellos. Pansy quién solo necesito de un ligero apretón en la mano de parte de su novio se irguió con valentía y apuntó con la varita hacia la puerta.

Una espeluznante sombra pasó frente a su cabina haciendo que Draco se aferrara más a su varita y entornando los ojos susurró:
—Dementores...

—¿Qué hacen aquí? ¿No se supone que debes quedarse en Azkaban? —Preguntó Blaise en tono bajo y ligeramente preocupado.

—Seguramente están buscando a Black... —Dijo Draco con suspicacia.

—¿Creen que va a venir a plena luz del día a matar a Potter? —Preguntó Pansy como si aquello fuera lo más estúpido del mundo.

—Potter de verdad tiene un potente imán de problemas —Opinó Crabbe ahora un poco más tranquilo.

—Y una suerte de la misma magnitud —Apoyó Goyle. —Cualquiera de nosotros hubiera muerto ya desde el asunto de la piedra filosofal. Bueno, todos excepto Draco.

El rubio soltó una ligera risa, le parecía simpático que compararan su suerte con la de Harry, cuando él creía que no existía un chico con más suerte para evadir la muerte y el pelinegro.

La sensación de vacío comenzó a inundar la cabina nuevamente y Draco supuso que más Dementores estaban llegando al tren.
La sensación se extendió por bastante tiempo, hasta que finalmente desapareció y todas las serpientes bajaron las varitas nuevamente.
—Creo que sería buena idea aprender a hacer un patronus —Dijo Zabini después de suspirar aliviado.

—Sobre todo ahora que estas cosas estarán cerca de Potter y por lo tanto cerca del colegio. —Apoyó Pansy.

—El problema es que no conocemos a nadie que pueda hacer un patronus y en el colegio dudo que algún profesor quiera hacerlo, creerán que somos demasiado jóvenes. —Rebatió Draco recargándose en su asiento con los ojos cerrados.

—Pues lo somos. —Recalcó Vincent. —Además, Dumbledore no dejará que esas cosas se paseen por el colegio ¿No?

—No estés tan seguro, el viejo es una gran caja de sorpresas —Aseguró el rubio.

El silencio reinó dentro del compartimento, los cinco amigos se encontraban dubitativos, todos ellos sabían lo que era un dementor y lo que hacían, sabían la manera de repelerlos y de contrarrestar los efectos de tener a uno cerca, pero jamás creyeron que deberían ver a uno de tan cerca, porque, aunque una puerta los había separado de aquella creatura, el miedo y la incertidumbre había sido tal que no podían imaginarse someterse al beso de aquella criatura.

Fue la voz de Neville Longbottom en el pasillo lo que hizo que todas las serpientes salieran de sus divagaciones.
—Fue horrible, el dementor se acercó a Harry y por un momento creímos que le sacaría el alma, si no hubiera sido por el profesor nuevo no sabemos que hubiéramos hecho. El pobre de Harry se desmayó.

Draco se tensó ante aquel comentario, se sentía ansioso. ¿De verdad Harry se había desmayado?
La risa escandalosa de Blaise lo hizo salir de sus pensamientos, risa que fue seguida por Pansy, Crabbe y Goyle.

—¡Potter se desmayó! —Exclamó el moreno con muchísima burla en la voz.

Todos rieron, aunque Draco solo lo había hecho para que no luciera extraño que no lo hiciera.

Aquello había roto toda tensión, las serpientes comenzaron a burlarse de Potter entre risas divertidas y bastante escandalosas.

Llegaron hasta la estación de Hogsmeade y tomaron carruaje entre divertidos comentarios sobre Potter, comentarios que a Draco de verdad comenzaban a parecerle graciosos ahora que se había tranquilizado pensando que Harry estaba bien, que estaba con un profesor (que seguramente sería el de defensa contra las artes oscuras y que, si no era como Lockhart, sabría auxiliar al cara rajada).

Cuando su carruaje llegó hasta el castillo las cinco serpientes que ya habían dejado el tema del desmayo de Potter bajaron dispuestos a cenar y a descansar alrededor de chimenea en las mazmorras.
Habían caminado apenas unos pasos cuando Draco divisó la despeinada cabellera de Potter, que bajaba del carruaje que estaba justo frente a ellos junto a sus amigos.

Blaise notó la mirada preocupada de su mejor amigo, era obvio que a Draco le importaba lo que le pasara al cara rajada. Aquel ataque de enojo (celos) fue tan rápido que ni él mismo se percató de lo que hacía, no hasta que fue demasiado tarde.

—¿Te has desmayado, Potter? ¿Es verdad lo que dice Longbottom? ¿Realmente te desmayaste?

Zabini le dio con el codo a Hermione al pasar por su lado, y salió al paso de Harry, que subía al castillo por la escalinata de piedra. Sus ojos castaños y su cara alegre brillaban de malicia.

—¡Lárgate, Zabini! —dijo Ron con las mandíbulas apretadas.

—¿Tú también te desmayaste, Weasley? —preguntó Malfoy, levantando la voz, saliendo de su trance con Harry—. ¿También te asustó a ti el viejo dementor; Weasley?

—¿Hay algún problema? —preguntó una voz amable. El profesor Lupin acababa de bajarse de la diligencia que iba detrás de la de ellos. Malfoy y sus amigos le dirigieron una mirada insolente al profesor Lupin por los remiendos de su ropa y su maleta desvencijada.

Con cierto sarcasmo en la voz, Malfoy dijo:
—Oh, no, eh... profesor...

Entonces dirigió a sus amigos una sonrisita, y subieron hacia el castillo.
A veces hasta Draco se sorprendía de la manera rápida en la que se colocaba la máscara de "Malfoy".

Harry no pasó por inadvertida la manera en que Draco pretendía ser lo que todos pensaba que era, se sintió feliz por haber conocido al chico rubio sin su máscara, pero inmediatamente después un dolor punzante se instaló en su pecho al recordar que había perdido la amistad de aquel chico que podía ser tan amable como arrogante, tan inteligente como astuto y tan noble como frío y calculador.