Draco se encontraba en el aula donde había quedado con Harry, aún tenía hinchada la mejilla por el golpe que Granger le había dado en la mañana y no podía sentirse más humillado, una sangresucia lo había golpeado, le había llamado puerco y malvado ¡Y lo había amenazado con su varita!
Pateó una de las sillas del aula y el golpe resonó por todo el lugar. Mierda.
Se acercó a la puerta, buscando señales de que alguien lo había escuchado, pero al ver que todo seguía tan tranquilo como siempre volvió a sentarse en el escritorio del profesor.
Sacó su varita y comenzó a lazarle encantamientos a su propio libro de Historia, este se desintegraba en pequeños trozos de papel y volvía a su forma original una y otra y otra vez.
—Malfoy... Hola... —Dijo Harry entrando a la sala, se le notaba bastante avergonzando, pero cuando vio el rostro rojo de Malfoy, su expresión empeoró —Oh... por Merlín... lo siento mucho...
Draco levantó el rostro, orgulloso. Regresó su libro a la normalidad y miró a Potter con desdén.
—¿Para eso querías que viniera?
Draco sabía que Harry no tenía la culpa de nada, de cierta manera él se había ganado el golpe, se había burlado del guardabosques, había perdido el juicio y el hipogrifo sería sacrificado, a Granger eso le dio rabia y sin que nadie pudiera verlo venir lo había golpeado en el rostro con los ojos llenos de lágrimas. Luego había sacado la varita y se la había puesto bajo el cuello.
Aquello lo había tomado por sorpresa, sabía que Granger tenía carácter, pero no uno tan fuerte. Lo peor de todo es que había quedado como un completo imbécil frente a Harry, había lucido patético y miedoso.
—No, bueno en parte... Quería saber si estabas bien y...
—¡Por supuesto que estoy bien! ¡Esa asquerosa sagresucia no podría dañarme ni aunque se lo propusiera!
Harry había abierto mucho los ojos, Draco jamás había usado esa expresión con él, al menos no en privado.
—No hables así... Ella solo...
—¿Ahora vas a defenderla, Potter? —Preguntó con rencor y apartó de manera ruda un mechón de cabello rubio que caía por su frente. —Bien, me largo.
—¿Por qué estás tan enojado? Por tu culpa Buckbeak va a...
—¡Yo no provoqué al maldito animalejo ese! ¡Si lo van a sacrificar es porque el inepto de tu amigo Hagrid no supo controlarlo!
—¡¿Podrías dejar de hablar de mis amigos de esa manera?!
Draco lo miró, incrédulo y enojado.
—Te molesta que hable mal de esos idiotas, pero no te molesta que ellos me agredan de igual manera y me golpeen en el rostro.
—¿Y cómo esperas que reaccionen si te la pasas provocándolos?
Malfoy entrecerró los ojos, caminó hasta Harry y se agachó ligeramente para tener su rostro frente al del moreno.
—No soy el único que lo hace y podría apostar mi anillo familiar a que nunca les has reclamado una mierda. —Empujó a Harry que le bloqueaba la puerta.
—Espera, Draco...
—Púdrete, Potter.
Y salió del aula haciendo que algunas armaduras del pasillo explotaran por la magia que emanaba a causa de la rabia, ya no le importaba ser descubierto por el conserje, ya no le importaba nada.
No se volvieron a ver hasta pasadas las vacaciones de primavera, hasta que el partido de Gryffindor y Slytherin tuvo lugar, lo que todos esos meses había sido un evento anhelado y esperado, en ese momento no era más que un recordatorio de la pelea que no habían arreglado, en parte porque tenían muchos deberes por hacer y por qué Draco Malfoy era la persona más orgullosa del universo.
Draco entró al comedor y tomó asiento junto a sus amigos, toda la mesa de las serpientes se encontraba bastante animada, todos estaban al tanto del talento de su buscador y nadie dudaba ni por poco que Slytherin ganaría aquel partido y se llevaría la copa una vez más.
El rubio apenas tocó su desayuno, había evitado rotundamente mirar la mesa de los leones, no había volteado ni una vez y aun así podía sentir la mirada de Potter sobre él, penetrante, tratando de llamar su atención.
—¿Nervioso? —Preguntó Pansy y le dio un ligero beso en la mejilla —Lo vas a hacer bien, Draco.
El rubio le sonrió con cariño y tomó aire.
—Sólo un poco preocupado —Respondió y movió el brazo derecho, aquel que Buckbeak le había lastimado. —Durante el entrenamiento no me sentí del todo recuperado.
—Lo harás bien, le ganaste la snitch a los Ravenclaw y por poco le ganas a Diggory —Le recordó su novia que lo miraba cariñosamente y acariciaba su mano.
—No puedo dejar que Gryffindor nos gane... —Soltó de repente.
—Lo sabemos, pero no te presiones ¿Quieres? —Le dijo Blaise pasando su brazo por sus hombros. —Diviértete como siempre y verás que el partido sale solo.
Draco sonrió y asintió dispuesto a seguir comiendo, no podía presentarse a un partido con el estómago vacío y con riesgo de desmayarse a la mitad.
Salieron del gran comedor y al salir al campo Draco se separó de sus amigos quienes lo alentaron una vez más antes de marcharse.
Malfoy caminó un poco apartado del resto del equipo, flexionaba su brazo una y otra vez, lo sentía tenso y rígido, aquello podía afectarle demasiado a la hora de sujetar la escoba y de ir tras la snitch. Suspiró, estaba perdido, iba a perder, lo sabía.
Potter era un gran contrincante, tenía un talento innato para aquel deporte y Draco llevando el brazo en ese estado hacían posible únicamente un resultado.
Por un segundo pensó en pedirle a Flint que lo reemplazara, Slytherin no había perdido en años, y no quería que por su culpa todo se arruinara.
—¿Te molesta mucho? —Preguntó una voz conocida a sus espaldas.
Por un momento Draco pensó en ignorar a Potter y seguir su camino hasta los vestidores, pero algo le hizo volverse. Al encontrarse con los verdes ojos de Harry, llenos de preocupación y tristeza el corazón se le detuvo. ¿Por qué el idiota lo miraba de aquella manera?
—No mucho —Respondió con el poco aire que le quedaba.
—Yo... quería hablar contigo antes de que iniciara el partido...
Draco hizo un gesto para que continuara y Harry tomó aire.
—Lamento lo que te hizo Hermione, no debió golpearte, pero es que a veces eres tan cruel y malvado, ella no lo soportó, trabajó mucho para que Buckbeak se salvara, y no la estoy defendiendo, a mí no me molesta que seas malvado, a mí me gustas mucho tal y como eres.
Había hablado rápido, casi no se le había entendido nada, pero las últimas palabras que Harry pronunció resonaron en la cabeza de Draco haciendo eco una y otra vez... Le gustaba a Harry, le gustaba a Harry Potter.
El pálido rostro de Malfoy se tiño de mil colores, llenos de vergüenza ¿Qué había sido aquello? ¿Una declaración de amor? No, claro que no, había sido una disculpa, pero entonces ¿Por qué Draco se sentía como si el corazón se le fuese a salir del pecho?
Joder... Joder... Joder...
Iba a vomitar.
—¡Eh, Malfoy! —Le gritó Flint. —¡No te desgastes antes del partido, destrózalo en la cancha!
Harry que por fin había mirado a Draco al rostro estaba estupefacto, y no podía decidir quién estaba más avergonzado, si Draco o él.
Al final, antes de poder decir nada más el rubio ya se había marchado a los vestidores.
Demonios, demonios, demonios.
Repetía Harry mentalmente una y otra vez, le había dicho a Draco que le gustaba, lo había hecho sin pensarlo y ahora lo había arruinado, su disculpa se había ido a la basura y Draco seguramente no volvería a hablarle, porque él tenía a Pansy. Pero lo suyo no había sido una declaración ¿O sí?
No, no lo había sido, o al menos no completamente, aun podía fingir que nada había pasado y seguir siendo amigo de Draco, sí, eso era lo que iba a hacer. Iba a jugar y divertirse con su amigo (amor secreto), iban a divertirse un montón y luego se encontrarían en la noche y platicarían de lo divertidísimo que había sido volver a jugar juntos y luego...
Luego cada uno volvería a su sala común y Draco seguiría con Pansy y él estaría solo pensando en que aquello era lo mejor.
El partido duró más de lo que todos esperaban. Gryffindor había ganado, pero Harry no era tonto ya había notado que el brazo de Draco le había dejado todo más fácil y no podía sentirse peor por ello.
Había visto el rostro del rubio durante todo el partido, se le notaba adolorido y frustrado, le costaba mantenerse en la escoba y parecía tan molesto consigo mismo que no disfrutó ni un poco del partido.
El festejo que se estaba llevando a cabo en la sala común de los leones era extraordinaria, cientos de golosinas por todas partes, fuegos artificiales para interiores, música y cientos de gritos de vitoreo a Harry quien, a pesar de todo no había dejado de pensar en Draco Malfoy.
Disculpándose con todos tomó aire y subió a su habitación, tomó la libreta que lo comunicaba con el rubio y le pidió que se encontraran en el aula de siempre, aún era temprano y nadie lo castigaría si lo veía en los pasillos. Aun así tomó la capa de invisibilidad y aún extrañando el mapa del merodeador que Lupin le había confiscado se dirigió a reunirse con Malfoy.
Cuando llegó el aula estaba completamente vacía y Harry no podía sentirse más nervioso. Después de semanas volvería a hablar con Draco. ¿Pero, qué le diría? Que lo de esa mañana no era un confesión de amor? ¿Qué si lo era?
Suspiró. ¿Por qué simplemente no podía pararse frente a él como lo había hecho Colin y le decía lo que sentía? ¿Por qué cada que lo miraba se sentía tan nervioso? Lo peor es que esa sensación era tan relativamente nueva que todavía no se acostumbraba a sentirla. Tenía claro que le quería, si hasta había usado sus recuerdos con él para invocar su patronus, lo que no tenía muy claro era como sobrellevar ese sentimiento, sobre todo sabiendo que probablemente Draco no le correspondía. Lo apreciaba, tal vez le quería un poco como amigo, pero sólo eso.
La puerta se abrió y dejó ver a un Draco Malfoy vistiendo aún el uniforme de quidditch, su rostro estaba serio, tal vez reflejaba un poco de tristeza, pero al ver a Harry sonrió sinceramente y le extendió la mano.
—Felicidades —Le dijo.
Pero aquello había sido demasiado para Harry Potter cuyo corazón era enrome y lleno de amor transparente hacia Draco Malfoy y se abalanzó contra él para abrazarlo, no de la manera que se abraza a un amigo, si no sincera y noblemente amorosa.
Draco se quedó estático con ambos brazos a sus costados, aprisionados por el abrazo que Harry le estaba otorgando. No sabía qué hacer, aquel nivel de contacto físico jamás lo había vivido y eran tan extraño y a la vez tan familiar que lo dejaban en un estado catatónico.
—Oh... Draco, lo siento tanto... el partido no fue justo, tu brazo... —Dijo finalmente el pelinegro sin apartarse del cuerpo más alto del rubio. —Quería que nos divirtiéramos, pero te veías tan preocupado...
Malfoy reaccionó, levantó lentamente los brazos y para sorpresa de Harry le devolvió el abrazo, un poco tembloroso e inseguro, pero lo hizo.
—Te merecías al snitch, no tienes nada de que disculparte.
Harry, asombrado, se separó ligeramente de Draco y lo miró a los ojos, aquel gris tan hermoso ya no tenía ni una sola pizca de tristeza, estaba genuinamente feliz por su victoria.
Fue cuando Draco le sonrió ampliamente que Harry comprendió que si no se separaba de él en ese momento iba a derretirse en sus brazos y estando seguro de que lo arruinaría si eso pasaba se apartó del ojigris.
—Tengo algo para ti —Le dijo Harry y buscó entre la túnica de quidditch. Después de unos segundos encontró lo que buscaba y le extendió a Draco una cajita color rojo rubí.
Draco la tomó con curiosidad, reconociendo aquella caja de algún dulce que vendían en Hogsmeade. Dentro estaba la snitch.
Su corazón comenzó a latir rápidamente. Algo debía estar realmente mal con él, jamás en su vida se había sentido tan nervioso y tan feliz y aquella sensación se la debía únicamente a Harry, el chico bajito de cabellos desastroso, hermosos ojos esmeralda, tersa piel apiñonada, lentes tontos y sonrisa encantadora que se encontraba frente a él luciendo como si acabase de pedirle una cita y él no hubiera respondido.
—Pero... es tuya... —Le dijo voz temblorosa y ridículamente feliz.
—Si pero yo quería dártela...
—Es... es genial, gracias, Harry.
Aquella fue la primera vez que Draco le agradeció algo y la primera vez que lo llamó por su nombre, Harry no cabía dentro de sí por tanta felicidad.
—Ahora será mejor que vuelvas a tu sala común —Le dijo con una cálida sonrisa en los labios —Les has dado la victoria, se preguntarán dónde estás.
—Yo quiero quedarme contigo...
Draco le alborotó un poco más el cabello, se detuvo un momento y sin pensarlo demasiado le dio un beso en la mejilla.
El beso duró muy poco, Draco se alejó lentamente y caminó hasta la puerta.
—No comas demasiados dulces —Dijo antes de abrir la puerta, sin mirarlo. —Y Potter, gracias de nuevo.
