Draco y Snape se encontraban terminando la poción mensual que le permitía a Remus Lupin pasar por su licantropía sin tantos problemas. El rubio cortaba los ingredientes de manera delicada y precisa, con paciencia y devoción mientras Severus pesaba el resto de los ingredientes. Aquella poción no podía fallar, el más mínimo error podría costarle la vida a cualquiera que pudiera cruzarse con el hombre lobo en luna llena. E incluso, arriesgar la vida del mismo profesor de defensa contra las artes oscuras.
Malfoy terminó de cortar las algas y observó como la poción burbujeaba lentamente mientras su padrino ajustaba los últimos detalles.
—Parece que todo está en orden —Dijo Snape con su gélida e indiferente voz.
—Por supuesto que todo está en orden— Replicó Draco —Jamás me he equivocado haciendo una poción y tú tampoco.
Snape mostró una muy diminuta sonrisa ladina y suspiró divertido.
—¿Cuándo vas a dejar de portarte como un mocoso? Creo recordar que pronto cumplirás catorce.
—Soy bastante maduro, si es a lo que te refieres, por ejemplo, no le he dicho a nadie de la condición de Lupin, por muy mal que me caiga.
—Al menos puedo estar seguro de que Lucius hizo de ti un hombre de palabra— Le respondió el profesor mientras recogía todo el desastre que habían causado.
—¿Has hablado con él? Parece demasiado ocupado, como siempre, como para responder mis cartas.
—Si yo fuera tu padre tampoco te contestaría, no haces más que quejarte de todo y hablar de Harry Potter.
Draco se sonrojó ligeramente.
—Yo no me la paso hablando de Potter y mucho menos me la paso quejándome.
—Lo haces, mocoso malcriado; Potter y sus amigos esto, Potter y sus amigos, aquello, Potter, Potter, San Potter, el cara rajada, cuatro ojos y Potti Potter el otro día... Créeme, lo haces.
Draco bufó con fastidio y se recargó en la barra donde había estado trabajando.
—¡Es que es insoportable! —Mintió.
—Créeme, Draco, lo detesto tanto como tú, pero no por eso me la paso hablando de él. Al contrario, entre menos piense en ese pequeño bastardo mejor.
—Nunca me has dicho porque lo detestas —Snape que terminaba de acomodar unos cuantos frascos en las repisas se detuvo y se quedó quieto.
—Su padre y yo tomamos clases juntos. Son idénticos y no solo físicamente, Harry es tan malcriado e insoportable como James Potter lo fue.
—¿Potter padre te rompió el corazón o algo así? —Preguntó Draco con una sonrisa burlona —Porque en realidad no parece haber razón para... —Pero no terminó su frase, Snape ya lo había golpeado con un grueso libro en la cabeza —Ya... ya... era broma, lo entiendo, simplemente los Potter son insoportables.
Snape lo miró fríamente y con un movimiento de varita vertió el contenido del caldero en una botella de cristal.
—Vamos, que Lupin tiene que beber ésto esta noche.
Los dos caminaron hasta el despacho del hombre lobo, en silencio.
Draco conocía a Snape de toda su vida, era íntimo amigo de sus padres, su padrino y una de las pocas personas a las que realmente quería y, estaba casi seguro, de que Severus lo quería de la misma manera.
Severus Snape siempre había estado en su vida, le había enseñado pociones desde los cinco años y defensa contra las artes oscuras desde los diez. Su padrino era el hombre que llenaba el agujero que su padre dejaba al no tener tiempo para él, era quién le había enseñado muchísimas cosas sobre la vida y de quién había copiado el gesto indiferente con el que se paseaba por el colegio.
Llegaron hasta la oficina de Remus y Snape, quién había perdido su postura indiferente al estar junto a su ahijado, se volvió a erguir y puso la expresión más fría que tenía, Draco lo imitó pero sonrió internamente.
Severus tocó la puerta un par de veces, pero no recibieron respuesta, el pelinegro miró por una de las ventanas del pasillo, esa noche sería luna llena, pero al ver que aún no anochecía por completo se alivió bastante.
Draco resopló con fastidio, detestaba que lo hicieran esperar.
—¿En dónde puede haberse metido? —Preguntó el rubio —Casi anochece ¿Qué tan inconsciente se puede ser como para irse por ahí sabiendo que puede matar a alguien?
Entonces Severus abrió la puerta y entró con Draco siguiéndolo a pocos pasos.
Vacío, tal y como habían esperado.
—Por Salazar, Lupin, no puedo creer que seas tan irresponsable —Murmuró Snape con fastidio.
Draco comenzó a inspeccionar la habitación, había un montón de cosas interesantes, objetos que detectaban la magia oscura, cientos de libros sobre el tema, objetos mágicos de protección y unas cuantas creaturas enjauladas. Malfoy podría no soportar a Lupin (porque era demasiado bondadoso para su gusto) pero debía admitir que se tomaba bastante en serio su trabajo.
El rubio caminó hasta el escritorio, su mirada aún curioseaba por el resto de la sala, pero aquello terminó en cuanto sus ojos se posaron sobre la vieja madera de la mesa donde Lupin trabajaba. Un pergamino.
Se acercó, lo tomó y lo miró detenidamente...
Tal vez a Draco le hubiese maravillado que aquel mapa no solo mostrara las áreas del castillo, sino también a todos los habitantes de éste, pero el nombre de Harry Potter desapareciendo en una de las esquinas del pergamino robó toda su atención.
Potter estaba junto a Granger en lo que parecía un pasadizo para salir del colegio... Aquel no podía ser otro más que el mapa del merodeador, Harry le había hablado de él, se lo habían quitado la vez que se escapó del colegio y le había lanzado una bola de lodo en su precioso cabello plata.
—¿A dónde te estas metiendo esta vez...? —Preguntó en voz muy baja sólo para él.
Siguió el puntito con el nombre de Potter hasta que desapareció, tomó aire y trató de decidir qué hacer, podía decírselo a su padrino, pero estaba seguro de que Severus lo metería en problemas, o podía seguirlo él mismo, ir con la varita y ayudarlo si estaba en problemas.
Suspiró.
¿Realmente Harry necesitaría su ayuda? ¿O solamente se estaba escapando con Granger a un lugar donde pudieran estar solos y en intimidad?
—¿Qué es eso? —Preguntó Snape quitándole el mapa de las manos con suavidad. Aquello había tomado desprevenido a Draco y se lo dejó sin pelear. —¿La casa de los gritos? —Dijo el hombre con estupor, entonces sus ojos brillaron con enojo y malicia a la vez, Draco muy rara vez había visto aquella expresión en su rostro, y no le agradó nada. —Escúchame bien, Draco, vuelve a tu sala común y no hables con nadie de esto ¿Entiendes?
-Pero...
-Largo, ahora.
Lo tomó de los hombros y lo sacó de la oficina con él detrás. Cuando Draco se disponía a preguntar qué era lo que ocurría, Snape se había marchado.
"Por favor, que no le haya pasado nada, por favor, por favor" Decía por sus adentros.
Se quedó de pie frente a la puerta y después de unos segundos decidió volver a entrar, el mapa aún estaba sobre el escritorio, caminó hasta él y lo miró.
No había señal de Harry o de Granger, pero sí pudo divisar al profesor Lupin yendo por el mismo pasadizo por el que su amigo acababa de pasar, Snape tenía razón, aquel pasillo solo podía llevar a la casa de los gritos.
Suspiró y se sentó detrás del escritorio. ¡Odiaba tanto quedarse fuera de cosas como esas! ¡Primero se había perdido el asunto de la piedra filosofal, después, la de la cámara de los secretos! Y ahí estaba Potter, en camino a una nueva aventura a donde él no había sido invitado.
No lo entendía, porque, él era bueno en todo, podría ser para Potter un aliado importante, tenía gran conocimiento en pociones y defensa contra las artes oscuras, joder, si hasta conocía remedios mágicos que podían sacarlo de un apuro. ¿Por qué Harry se empeñaba en no confiar en él?
Minutos más tarde pudo ver a Snape recorrer el mismo pasadizo que Lupin y Potter, aquel que comenzaba a los pies del sauce boxeador.
—Esto es una tontería... —Dijo con enfado, poniéndose de pie —¿Por qué tengo que quedarme sentando a esperar? ¡Soy tu amigo, pequeño idiota! —Y soltó un golpe sobre la madera.
Suspiró nuevamente y volvió a tomar asiento.
Milagrosamente, Draco Malfoy se quedó a esperar, por unos largos minutos que le parecieron horas, aunque tal vez si lo habían sido.
Esperó entre protestas y reproches hacia la nada hasta que divisó el nombre de Harry volver al castillo.
El puntito de Potter iba acompañado del de Granger, Weasley, Lupin, Snape y muy cerca de ellos Sirius Black.
El corazón se le detuvo, aquello no podía estar pasando, Snape no lo hubiera permitido y mucho menos Lupin pero...
Entonces todo en su cabeza encajó. Lupin era amigo de Black, Lupin había sido amigo de James Potter, Severus se lo había dicho antes, y Black había sido amigo de Potter también, todos ellos debían tener la misma edad ¡Había sido una trampa!
Lupin había dejado entrar a Black al castillo cuando atacaron la sala común de Gryffindor, Lupin y Black tenían secuestrado a su padrino y a Harry Potter.
Olvidándose totalmente del mapa salió del despacho y corrió lo más rápido que pudo hasta los jardines.
En ese momento todo rastro de elegancia que siempre le había rodeado se esfumó, corría desesperadamente entre los pasillos, tropezándose de vez en cuando y cayendo un par de veces a causa de su túnica.
Harry, Harry estaba en peligro y debía hacer algo.
Llegó hasta la oscuridad del exterior y fue entonces que se percató de lo inconsciente que había sido. ¿Qué iba a hacer un muchacho de trece años contra un poderoso y oscuro mago como lo era Sirius Black.
—No es momento de ser cobarde, eres Draco Lucius Malfoy, no un bebé muggle de tres años, joder —Se regañó a si mismo y comenzó a caminar.
Sujetaba la varita con fuerza, la mano le temblaba ligeramente, pero se había convencido de que tenía que ayudar a Harry costara lo que costara, tenía que demostrarle que era de fiar y que podía ser tan útil como la comadreja o la sabelotodo de Granger.
Llegó hasta el sauce boxeador y se mantuvo lo suficientemente alejado de él, no había nadie a los alrededores, por lo que decidió dirigirse al lago, que era el segundo destino más probable. Empezó a rodearlo y a cada paso que daba comenzó a recuperar la seguridad.
Fue entonces cuando escuchó un horrible grito que le hizo paralizarse por un segundo.
—¡Noooo! —gemía un hombre a lo lejos— ¡Noooooo, por favor!
Draco estaba seguro de que aquel hombre no era Snape, ni Harry, pero suponiendo que podía ser Black, comenzó a correr con mayor velocidad, quería ayudar, quería hacer algo, tenía que hacer algo.
Conforme más avanzaba comenzó a percatarse del frio colándose en sus huesos y de una terrible sensación de tristeza y agobio. Dementores, habían dementores cerca.
Pensó nuevamente en Harry, sabía lo mucho que aquellas creaturas lo afectaban. Corrió aún más rápido, estaba seguro que había rodeado por el lado más largo.
"Algo le pasó a Severus" Pensó. "Él ya los hubiera detenido, él ya hubiera hecho algo."
La sensación de tristeza se hacía cada vez más profunda en su pecho, le hacían querer salir huyendo, le hacían querer tirarse a llorar.
Fue la voz de Harry quién le dio el valor suficiente para continuar avanzando, se escuchaba lejos tan lejos y la vez tan cerca.
—¡Hermione, piensa en algo alegre! —Dijo Potter.
Draco no tuvo más que seguir el sonido y entrecerrar un poco los ojos para divisarlo. Harry se encontraba a bastantes metros, del otro lado del lago, a sus pies tenía a Sirius Black y Granger se mantenía a su lado con una expresión total de terror.
Los dementores se acercaban a ellos, era muchísimos.
—Corre idiota... —Dijo en voz baja, pero Draco ya había comprendido lo que estaba pasando, Harry trataba de proteger a Black.
—¡Expecto patronum! ¡Expecto patronum! —Decía Harry con la varita al cielo. —¡Expecto patronum! ¡Ayúdame, Hermione! ¡Expecto patronum!
—¡Expecto...! —susurró Hermione—. ¡Expecto... expecto!
—Vamos... Vamos... —Decía Malfoy mirando la escena. —Vamos Harry, ya lo has hecho antes...
—¡EXPECTO PATRONUM! —gritó Harry, desesperado— ¡EXPECTO PATRONUM!
Un delgado hilo de plata salió de su varita y bailoteó delante de él, como si fuera niebla. En ese instante, Harry notó que Hermione se desmayaba a su lado. Estaba solo, completamente solo...
—¡No... no! —exclamó Harry entrecortadamente—. Es inocente. ¡Expecto patronum! —Le decía a los dementores que buscaban abalanzarse sobre Black.
Draco tenía los ojos llenos de lágrimas, aquello era demasiado. Alzó su varita con inseguridad, jamás había hecho un patronus y si bien lo había practicado, jamás había llegado tan lejos como Harry al invocarlo.
Tomó aire y pensó en su recuerdo feliz, tenía que ser el más feliz de todos. Cerró los ojos, pero el escuchar a Harry gritar a unos metros lo dejaron paralizado...
—No... el beso no... —Dijo con desesperación. —¡Él no ha hecho nada!—Exclamó —¡Expecto patronum!
Pensó en la vez que había estado enfermo y que su madre lo había consentido aún más, incluso había fingido un par de días más para pasar más tiempo con ella. No funcionó.
—¡Expecto patronum! —Esta vez pensó en cuando le habían dicho que podía quedarse en Hogwarts y no ir Beauxbatons ¡Podría conocer a Harry Potter en persona!
Sin resultado.
—Por favor... Por favor... —Dijo al borde de las lágrimas.
Entonces su tembloroso brazo fue sujeto por alguien a sus espaldas, le ayudaban a mantener firme la varita y percibió el aroma de Harry entrar por su nariz.
Quería saber quién era pero las lágrimas no le permitían ver absolutamente nada y de todas maneras no quería perder de vista a su amigo que se encontraba en peligro a unos cuantos metros.
Cuando la persona a sus espaldas estuvo segura de que Draco podía mantener la varita firme se alejó y extendió su propio brazo a los dementores con su propia varita en mano.
—Tu recuerdo más feliz, Draco. —Aquella voz le sonaba como la de un ángel, tal vez podía ser el efecto de alivio que se había instalado en su pecho.
Draco Malfoy extendió el brazo y sin mirar a ninguna otra parte más que a Harry al otro lado del lago exclamó:
—¡Expecto patronum!
Su voz se mezcló con la del joven a sus espaldas, ambos habían conjurado su patronus al mismo tiempo.
De la varita de su acompañante emanó una luz plateada y brillante, jamás había visto algo como eso y entonces, cuando Draco no podía estar más fascinado, su varita hizo lo mismo y poco a poco ambas luces comenzaron a tomar forma, un ciervo con unas elegantes astas, imponente y protector y un pavo real, elegante y hermoso.
Ambas creaturas prácticamente flotaron hasta los dementores y los ahuyentaron, aquellos patronus eran tan poderosos que habían podido deshacerse de todas aquellas horribles creaturas.
Aliviado, Draco soltó un suspiro y miró a sus espaldas sólo para encontrarse con un sonriente Harry Potter.
—Sabía que eras tú —Le dijo —Cuando vi tu patronus supe que habías sido tú.
El rubio, bastante desconcertado dirigió su mirada al otro lado del lago, ahí también estaba Harry, junto a Granger y Black, los tres inconscientes.
—Un giratiempo... —Dijo casi en un susurro y Harry sonrió aún más.
—Me salvaste la vida. Gracias.
Harry esperaba un largo abrazo o tal vez un beso más en la mejilla, pero definitivamente no esperaba que Draco se pusiera rojo del enojo y le diera un empujón haciéndolo casi caer al suelo.
—¡Eres un idiota, Potter! —Le gritó. —¡¿Qué mierdas pensabas al ponerte entre los dementores y Sirius Black?! ¡Si no aprecias tu miserable vida es tu maldito problema, pero casi me muero de la maldita angustia, estúpido, desconsiderado!
Harry abrió muchísimo los ojos cuando vio que Draco había comenzado a llorar aún con la furia reflejado en su rostro.
—Draco... lo siento...
—¡No me llames Draco, no quiero oír tus disculpas! —Volvió a empujarlo. —¡¿Sabes lo horrible que fue verte a punto de ser dementorizado?! ¿Qué hubiera pasado si no hubiera podido hacer el patronus? ¿Y si no hubieras tenido el estúpido giratiempo?
Pero Harry ya no escuchaba sus reclamos, todo lo que su mente podía procesar en ese momento era que Draco Malfoy estaba llorando por él, porque le preocupaba su seguridad. El rubio había corrido hasta un lago lleno de dementores sólo para ayudarlo.
El pelinegro no pudo más, se acercó a Malfoy y lo envolvió en un cálido abrazo.
—Gracias por preocuparte tanto por mí —Le dijo con una enorme sonrisa en los labios.
—Por supuesto que me preocupo por ti, pedazo de idiota... —Contestó mucho más tranquilo.
Con mucho pesar Harry se alejó de Draco y lo miró a los ojos, si definitivamente estaba enamorado de él.
—Escucha Draco, debes ir a despertar a Snape, se encuentra por allá —Le señaló el otro lado del lago. —Él va a llevarnos a todos dentro del castillo, yo tengo que volver junto a Hermione. ¿Entiendes?
—¿Ella también está aquí?
—El giratiempo es suyo, está junto a Bukbeak, no quiso acercarse porque... —Señaló a la Hermione al otro lado del lago —Por eso.
—¿De dónde sacó un giratiempo? —Preguntó cuándo Harry ya comenzaba a marcharse.
—McGonagall se lo prestó, ahora ve, cuento contigo.
Draco se quedó de pie, mirando como el Harry del futuro se marchaba y pensando en el giratiempo... tal vez podía tomarlo prestado, después de todo, con un amigo como Harry podría ser bastante útil.
Draco cumplió con su parte, había despertado a Snape y había regresado a su sala común, las cosas habían salido bien, demasiado bien y nadie había sospechado (ni si quiera Severus) que él había estado implicado en el asunto de aquella noche.
Harry le había explicado que Sirius Black era inocente, que el verdadero asesino de sus padres había sido Peter Pettigrew, al que todos creían muerto y que resultaba, también había sido amigo de sus padres. Le había contado el asunto de Lupin perdiendo el control bajo la luna, que habían viajado en el tiempo para ayudar a Sirius a escapar, pues después del asunto en el lago, planeaban dementorizarlo, y con ayuda del hipogrifo que él mismo había condenado, Harry había podido salvar a su padrino.
Draco se preguntó si con Harry Potter como era posible tener un fin de año normal y tranquilo, y aunque sabía que la respuesta era no, aquello no lo desanimó, al contrario, se había propuesto hacerse más fuerte para poder ayudarlo en sus múltiples travesías, aunque fuera desde las sombras.
Por eso, cuando vio que McGonagall se alejaba de su despacho y habiendo tomado prestada la capa de Harry (la cual en realidad tomó sin permiso) entró decididamente y comenzó a buscar entre los cajones de la profesora.
Cuando por fin divisó el giratiempo no dudó en tomarlo y salir apresuradamente del lugar, sólo para ver que la subdirectora había regresado unos segundos más tarde.
Caminó hasta el aula donde había dejado a Harry con el pretexto de ir al baño y muy contento se colgó el objeto mágico y lo metió dentro de la túnica. Aquello podía representar la diferencia entre salvarle la vida a alguien que amaba, alguien como Harry, o dejarle morir.
