Draco se encontraba acostado boca arriba en su cama, admirando a la luz del finísimo candelabro que colgaba de techo el pequeño giratiempo, este brillaba en dorado y prismático haciéndolo entrecerrar ligeramente los ojos.
Desde que lo había "tomado prestado" de la oficina de McGonagall no había podido evitar sentirse ligeramente extraño, era una sensación entre familiaridad, alivio y duda. Una sensación tan extraña que por un momento había pensado que acaba de encontrar una emoción completamente nueva.
Por supuesto que McGonagall había buscado aquel objeto por todas partes, habían registrado todo los dormitorios con ayuda de los elfos del castillo y también habían interrogado a todos los alumnos, pero Draco era un Slytherin ejemplar, el príncipe de las serpientes y había logrado ocultar (con algo de dificultad, debía admitir) el pequeño objeto el cual llevaba siempre por debajo de la túnica con un encantamiento para que no se abultara entre la ropa.
Tomó aire y se puso de pie para ir hasta su ordenado y costoso escritorio junto a la ventana, escritorio sobre el cual se encontraba una figurita encantada de Viktor Krum que volaba majestuosamente sobre su escoba, un regalo de Harry por su cumpleaños.
Tomó la libreta de piel de dragón verde y la abrió, en la primera hoja estaba pegada la fotografía que Harry le había regalado, aquella de su primer partido de quidditch y justo debajo de ella estaban los datos de Draco.
Avanzó bastantes hojas hasta que llegó al último mensaje que Harry le había enviado, al parecer solo un par de horas atrás, pues él había revisado la libreta por la tarde y no había encontrado nada.
"Hola Draco,
¿No estás emocionado? ¡Mañana por fin es la final de quidditch! Este sin duda será el mejor verano de toda mi vida, los Dursley no me molestaron ni una sola vez. ¡Le tienen tanto miedo a mi padrino que no se atreven! Y ahora que el señor Weasley me hizo el favor de invitarme al partido creo que podría explotar de emoción.
Por supuesto, no espero que estés igual de entusiasmado, apuesto que has asistido a un montón de partidos y todos ellos en un palco vip o algo así.
En fin, también estoy muy contento por volver a verte, con los Weasley me lo paso bien, pero contigo todo es más divertido.
Hermione ha pasado unos días con nosotros, y no para de preguntarme por el patronus del pavo real, creo que tendré que decirle la verdad, aunque primero quería consultarlo contigo, ¿No te molestaría verdad?
Por cierto, gracias por mi regalo de cumpleaños, ese Jersey de Gryffindor es maravilloso, y hasta tiene mi nombre, no me lo he quitado ni para dormir y los dulces que enviaste también estaban deliciosos, aunque aquí con los Weasley no duraron demasiado."
Draco sonrió ampliamente y se dispuso a escribir su respuesta.
"Potter, por el amor a Merlín, no seas puerco y lava esa cosa.
Me alegra que tus regalos te hayan gustado, la verdad es que soy muy malo para hacer regalos de ese tipo.
Y respecto a lo del partido, no voy a mentirte, he asistido a muchísimos juegos de quidditch profesional, pero esta es la segunda vez que voy a una final ¿A quién apoyarás? Yo a Bulgaria, como ya has de suponer, después de todo, mi viejo amigo Viktor se encuentra jugando para su selección.
También estoy muy contento de poder verte de nuevo, la verdad es que estaba muy preocupado, tu facilidad para meterte en problemas me causa insomnio y sabes lo sensible que es mi piel, las ojeras se marcan fácil.
Espero que no hayas hecho nada extraño este verano, ni peligroso, porque estoy demasiado lejos como para ir a salvarte el culo.
Sobre Granger no sé qué decirte, Blaise sabe que tú y yo somos amigos, pero no sé cómo se lo tomarán los demás. Creo que nos pasamos un poco fingiendo que nos llevábamos mal, al principio era divertido, pero ahora comienzo a creer que no debimos hacerlo. De no ser así, podríamos haber ido juntos al partido.
Dejo a tu consideración el asunto de la cerebrito, si quieres decirle, por mí no hay demasiado problema."
"¡Por supuesto que lo lavo, idiota! Solo era una expresión muggle.
Bueno, entonces supongo que los dos estamos igual de emocionados y tal vez puedas conseguirme un autógrafo de Viktor para mi amigo Ron, lo ama más de lo que ama la comida de su madre, o eso creo.
Entonces creo que se lo contaré, no le va a hacer mucha gracia, sobre todo por las veces que la has insultado y que te has burlado de sus dientes, pero espero que se lo tome mejo que Ron, aunque si me aseguras ese autógrafo, seguro te lo hechas a la bolsa.
¿Puedo decirte algo? La verdad es que a mí no me molesta esconderme, me gusta pasar tiempo a solas contigo, porque cuando estas con las otras serpientes eres ligeramente insoportable y siendo sinceros, si todos supieran de nuestra amistad, creo que no pasaríamos juntos ni la mitad de tiempo de lo que solemos hacerlo.
Por cierto, me han dicho que este año en la escuela hay un evento muy importante ¿Tienes idea de a lo que se referirán? Seguro que Lucius ya te ha comentado algo."
"No voy a sobornar a Ronald para ganarme su aprobación, por mí que me odie toda la vida.
Y por supuesto que sé lo que ocurrirá este año, pero no pienso decírtelo, es un secreto.
Hasta mañana, Potter. Buenas noches."
"¿No vas a llamarme Harry nunca, verdad?"
"Nop"
Draco cerró la libreta y se dispuso a tomar un baño antes de irse a dormir, al día siguiente debía madrugar e instalarse en el campamento, su padre les había asegurado unos lugares de primera y era una lástima que no pudiera compartir uno de los boletos con Harry.
El campamento de los Malfoy no podía lucir menos como uno, la tienda parecía más bien un palacio. Por dentro y por fuera, todo llevaba la esencia de los Malfoy, sofisticado y oscuro.
Narcissa Malfoy se encontraba frente a una pequeña mesa de cristal tomando el té mientras su hijo se encargaba de cepillar su cabello con devoción y muchísima concentración.
—¿A dónde ha ido mi Padre? —Preguntó Draco sonando más educado y pomposo de lo que normalmente sonaba.
—Sabes que tu padre es un hombre muy ocupado, Dragón. —Respondió con simpleza.
—Supongo que eso quiere decir que no vas a decirme realmente que está haciendo.
El rubio cabello de Narcissa brillaba con cada cepillada.
—Negocios, Draco, negocios.
Draco suspiró, aquel verano en particular sus padres se habían comportado de manera bastante extraña y misteriosa. Normalmente Lucius era extraño y misterioso, incluso con su propia familia, pero Draco sabía que aquella ocasión era diferente, algo ocurría, algo que ninguno de sus padres se atrevía a decir en su presencia y aunque al principio se había planteado que probablemente alguno de los muchos negocios no iba bien, pronto descartó aquella posibilidad, nunca, ningún negocio había hecho que su padre no llegase a dormir o que su madre perdiera el apetito.
Draco Malfoy había sido criado para ser un buen hijo, responsable, amoroso, el tipo de hijo que haría lo que fuese por sus padres, el tipo de hijo que no tiene que hacer demasiadas preguntas por qué su lealtad y su confianza siempre debía estar con su familia.
Por eso, cuando el rubio comprendió que su madre no diría nada más decidió que no debía pensar demasiado en aquello, que fuese lo que fuese que estuviera haciendo su amado padre no era de su incumbencia, no al menos dentro de un par de años en que el tuviera que comenzar a manejar algunas de las acciones de la familia.
—¿Estás emocionado? —Preguntó Narcissa con voz melodiosa y amable, una voz que muy pocas personas podían escuchar proviniendo de ella.
Como si aquello hubiera encendido un interruptor dentro de Draco, éste comenzó a sonreír como cuando era pequeño y le cumplían uno de sus caprichos.
—Mucho, mamá. Aunque me hubiera encantado que Blaise, Greg o Vince pudieran venir.
—Bueno, sabes que los Goyle y los Crabbe están de vacaciones en el caribe y Blaise hubiera podido venir si no hubiera hecho que lo castigaran y bueno, pudiste pedirle a Pansy que viniera pero no quisiste...
Draco suspiró.
—¿Vas a regañarme por eso?
—Claro que no, dragón, pero quiero que me cuentes que sucede, Pansy es tu novia, han salido por un año y es tu mejor amiga desde siempre, y ahora de repente la estás evitando.
Draco comenzó a removerse nervioso, no había hablado con nadie de lo que ocurría con Pansy, pero suponía que su madre lo escucharía sin juzgarlo, o al menos eso esperaba.
—Pansy intentó besarme... — dijo en voz muy, muy bajita.
El silencio de su madre le hizo pensar que, tal vez, debió haber hablado más fuerte, pero tan pronto la mujer dio un sorbo a su taza de té soltó una pequeña, maternal y dulce carcajada.
—No me digas que le tienes miedo a un simple beso, Draco.
—¡Por supuesto que no!
—¿Entonces? ¿Es que Pansy no te gusta?
—Claro que me gusta, es mi mejor amiga y es muy hermosa...
—Pero...
—Pero no estoy seguro de estar enamorado de ella.
Narcisa se puso de pie y encaró a su hijo quién tenía el pálido rostro rojo de la vergüenza.
—¿Y se lo dijiste?
—Por supuesto que no, ella parece estar enamorada de mi, de verdad.
—¿Fue en la fiesta de los Parkinson, verdad?
—Sí, ¿Cómo lo sabes?
—Pues porque un momento estabas bien y al siguiente no sonreíste en toda la noche. —Draco desvió la mirada y su madre le acarició el cabello. —Escucha, Dragón, hiciste lo correcto a medias. Uno no elige de quién se enamora, no puedes obligarte a amar a Pansy de esa manera y ella debe entender que, aunque ella te ame, no puede obligarte a corresponderle —Draco levantó la mirada como si el secreto de todo el universo le hubiese sido revelado. —Al contrario de lo que mucha gente pueda decir, tu primer beso es importante y debe ser con alguien que tú elijas, y si esa persona no es Pansy, creo que deberías decírselo. —Lo sujetó por los hombros en forma de apoyo. —Te eduqué para ser un caballero y un caballero jamás juega con los sentimientos de nadie.
—Sí, madre... —Contestó el chico ya más relajado. —Hablaré con ella en cuanto regresemos al colegio.
—De acuerdo —, dijo la mujer con una sonrisa, volviendo a tomar su lugar para que su hijo pudiera peinarla. —Y... ¿Draco?
—¿Si?
—¿Te has enamorado de alguien, verdad?
—No lo sé — , respondió sinceramente. —No estoy seguro de lo que puede ser el amor.
Narcissa sonrió, pero no dijo nada más, sabía perfectamente a lo que su hijo se refería. Ella se había enamorado por primera de Lucius cuando solo tenía doce años, muchos decían que era demasiado joven para saber lo que era el amor y hasta cierto punto ella pensaba lo mismo. El paso de los años solo le mostró que tenía razón, que siempre estuvo enamorada y que haría cualquier cosa por la persona que amaba, por su amado Lucius.
Malfoy padre regresó a la tienda justo a tiempo para que toda la familia marchara al estadio, los Malfoy al contrario de la mayoría de los magos presentes, no vestían los colores de ninguno de los equipos, iban vestidos de manera terriblemente formal y elegante, cosa que llamaba la atención de todos los que se cruzaban con ellos.
Llegaron hasta el estadio y entraron sin problemas, caminaron a una distancia prudente de la gente que, al mirarlos, se intimidaban por la peculiar belleza y elegancia de la familia y se apartaban, dejándoles su espacio personal intacto.
Lo primero que vio Draco nada más llegar hasta sus asientos fue una cabellera azabache completamente desordenada y unos brillantes ojos verdes dedicarle la mirada más feliz que había visto nunca. Aquella manera silenciosa y a la vez tan efusiva en que Harry lo recibió hizo que su corazón saltaba de alegría y aunque quería acercarse y saludarlo como era debido, se limitó a responderle con una mirada tan intensa como la que Harry le había dedicado.
—¡Ah, Fudge! —, dijo el señor Malfoy, tendiendo la mano al llegar ante el ministro de Magia—. ¿Cómo estás? Me parece que no conoces a mi esposa, Narcissa, ni a nuestro hijo, Draco.
Hasta ese momento Draco no se había percatado de que el ministro se encontraba ahí. Rápidamente recobró la postura y educadamente saludó al ministro, sabía que era uno de los contactos más importantes de su padre.
—¿Cómo está usted?, ¿cómo estás? —Saludó Fudge, sonriendo e inclinándose ante la señora Malfoy—. Permítanme presentarles al señor Oblansk... Obalonsk... al señor... Bueno, es el ministro búlgaro de Magia, y, como no entiende nada de lo que digo, da lo mismo. Veamos quién más... Supongo que conoces a Arthur Weasley.
Fue un momento muy tenso. El señor Weasley y el señor Malfoy se miraron el uno al otro, y Harry y Draco recordaron claramente la última ocasión en que se habían visto: había sido en la librería Flourish y Blotts, y se habían peleado. Los fríos ojos del señor Malfoy recorrieron al señor Weasley y luego la fila en que estaba sentado.
—Por Dios, Arthur —dijo con suavidad—, ¿qué has tenido que vender para comprar entradas en la tribuna principal? Me imagino que no te ha llegado sólo con la casa.
Fudge, que no escuchaba, dijo:
—Lucius acaba de aportar una generosa contribución para el Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas, Arthur. Ha venido aquí como mi invitado.
—¡Ah... qué bien! —dijo el señor Weasley, con una sonrisa muy tensa.
Draco miró a Harry por última vez antes de que él y su familia caminaran hasta sus asientos, ahora estaba realmente convencido de que Harry podía tener razón, su padre se moriría si se enteraba que era amigo de Potter o de que se relacionaba con los Weasley o con Granger. Y estaba casi seguro de que los Weasley no le perdonarían a Harry haberse atrevido a relacionarse con el hijo de Lucius Malfoy, el casi tan insoportable Draco.
El sonido de la voz de Ludo Bagman el jefe de del departamento de deportes y juegos mágicos, lo sacó de sus pensamientos, el partido comenzaría pronto.
—Damas y caballeros... ¡bienvenidos! ¡Bienvenidos a la cuadringentésima vigésima segunda edición de la Copa del Mundo de quidditch!
Los espectadores gritaron y aplaudieron. Ondearon miles de banderas, y los discordantes himnos de sus naciones se sumaron al alboroto de la multitud. El enorme panel que tenían enfrente borró su último anuncio (Grageas multisabores de Bertie Bott: ¡un peligro en cada bocado!) y mostró a continuación: BULGARIA: 0; IRLANDA: 0.
Draco se sentía eufórico, pero se obligó a mantener las apariencias, tal y como sus padres le habían enseñado. A veces era tan duro ser un aristócrata.
—Y ahora, sin más dilación, permítanme que les presente a... ¡las mascotas del equipo de Bulgaria!
Las tribunas del lado derecho, que eran un sólido bloque de color escarlata, bramaron su aprobación.
Draco las reconoció al instante, veelas. Unas hermosas mujeres con cabellos dorados y piel como la plata, brillante y llamativa.
Debía admitir que le estaba costando bastante trabajo resistirse a los encantos de aquellas creaturas, su danza era hipnotizante, pero entonces, sintió una mirada sobre él y decidió apartar la vista del centro del estadio.
Ahí estaba Harry Potter, mirándolo con descaro, como si ya no le importase ser descubierto (y de todas formas todos se encontraban tan entretenidos con el show de las veelas que nadie se percataría). Potter miraba a las veelas y luego lo miraba a él, como si acabara de descubrir el secreto mejor guardado de todo el mundo mágico.
Al comprenderlo Draco se ruborizó ligeramente, ¿Qué era lo que estaba pensando Potter? ¿Qué era un veela? ¿Acaso lo encontraba tan hipnotizante como aquellas creaturas?
El rubio negó con la cabeza, regalándole una sonrisa avergonzada y a la vez conmovida.
Entonces la música con la que bailaban las veelascesó y el público protestó, era obvio que todos querían seguir viéndolas, todos excepto Harry Potter que encontraba más encantador a cierto rubio sentado a sus espaldas.
Draco no podía creer lo que acababa de pasar ¿Qué había sido eso? ¿Por qué parecía tan obvio que Harry gustaba de él y a la vez tan absurdo?
El rubio suspiró frustrado, tal vez se estaba haciendo ideas, tal vez Harry simplemente encontraba gracioso que tuviera el cabello tan rubio como una veela o que tuviera la misma piel pálida y tersa o que tuviera un cuerpo tan delgado y estilizado como ellas. Sí, eso debía ser.
—Y ahora —, bramó la voz de Ludo Bagman—, tengan la bondad de alzar sus varitas para recibir a... ¡las mascotas del equipo nacional de Irlanda!
En aquel momento, lo que parecía ser un cometa de color oro y verde entró en el estadio como disparado, dio una vuelta al terreno de juego y se dividió en dos cometas más pequeños que se dirigieron a toda velocidad hacia los postes de gol. Repentinamente se formó un arco iris que se extendió de un lado a otro del campo de juego, conectando las dos bolas de luz. La multitud exclamaba «¡oooooooh!» y luego «¡aaaaaaah!», como si estuviera contemplando un castillo de fuegos artificiales. A continuación se desvaneció el arco iris, y las dos bolas de luz volvieron a juntarse y se abrieron: formaron un trébol enorme y reluciente que se levantó en el aire y empezó a elevarse sobre las tribunas. De él caía algo que parecía una lluvia de oro.
Draco tomó una de las monedas que iban directamente a su cara con la habilidad de un gran buscador de quidditch y la miró. Después dirigió su mirada a Harry, que parecía francamente maravillado, tal vez el muy torpe no sabía que aquello era oro de leprechaun y que aquellas monedas se desvanecerían en un día.
El enorme trébol se disolvió, los leprechauns se fueron hacia el lado opuesto al que ocupaban las veelas, y se sentaron con las piernas cruzadas para contemplar el partido.
—Y ahora, damas y caballeros, ¡demos una calurosa bienvenida a la selección nacional de quidditch de Bulgaria!
Uno a uno fueron apareciendo los miembros de la selección de Bulgaria, pero fue cuando Viktor Krum, el buscador, apareció, que toda la gente estalló en gritos.
Viktor Krum era delgado, moreno y de piel cetrina, con una nariz grande y curva y cejas negras y muy pobladas. Semejaba una enorme ave de presa. Costaba creer que sólo tuviera dieciocho años. Un joven de más está decir, muy apuesto.
Krum sobrevoló por todo el estadio, pero hizo una parada especial frente a Draco, a quién le guiñó el ojo y le sonrió de manera calurosa.
El rubio negó con la cabeza y le devolvió la sonrisa.
—No pierdas —, le dijo apenas moviendo los labios.
—Nunca —, le respondió y se alejó volando para reunirse con el resto del equipo.
Ronald miraba la escena boquiabierto, como si no pudiera creerse que Malfoy conociera de algo a Krum y Harry a su lado había decidido que definitivamente iba a apoyar a Irlanda, ese tal Krum ya no le caía nada, nada bien.
—Y recibamos ahora con un cordial saludo ¡a la selección nacional de quidditch de Irlanda! —, bramó Bagman.
Siete borrones de color verde rasgaron el aire al entrar en el campo de juego.
El partido comenzó y terminó a una velocidad que a Draco le pareció demasiado rápido, había sido emocionante e interesante, aquello era un verdadero partido profesional, aquello era quidditch de verdad y aunque había perdido Bulgaria, Krum había atrapado la snitch.
Los Malfoy regresaron a su campamento, Draco aún se sentía eufórico por el gran partido que acababa de presenciar, tanto que no le importaba en lo más mínimo que su equipo hubiese perdido.
—Quédate aquí un momento, Dragón —, le dijo su madre nada más entrar a la tienda. —Tu padre y yo tenemos que arreglar un negocio de último momento, volveremos más tarde, ve a dormir.
—¿Tienen que ir ahora?
—Los negocios son negocios, Draco —, le dijo su padre quién luego le apretó el hombro —Sé que dijimos que sería una salida en familia, pero no tardaremos demasiado.
—Si sucede algo toma este traslador, te sacará de aquí. Uno nunca sabe cuándo puede empezar una pelea de borrachos, sobre todo en eventos como éste. —Su madre le extendió un anillo de oro, el traslador.
Draco asintió y los vio marcharse, toda su felicidad se esfumó de un momento a otro. Ya debía estar acostumbrado, o eso pensaba, pues no era la primera vez que lo dejaban solo a mitad de una salida familiar y seguro tampoco sería la última.
Caminó hasta su cómoda y enorme cama con dosel y se recostó pensando que era la manera más decepcionante de terminar un grandioso día.
No se dio cuenta en qué momento se quedó dormido, aunque aquello dejó de tomar importancia en el momento en que una explosión lo hizo despertarse.
Totalmente sobresaltado tomó su varita que estaba en la mesita junto a la cama y sin pensárselo dos veces usó un encantamiento para cambiarse de ropa.
Salió de la carpa solo para encontrarse con un escenario desastroso, con fuego por todas partes y gente corriendo de un lado a otro, gritando. Regresó la mirada al interior de la tienda, sus padres aún no volvían.
No le hacía gracia irse sin sus padres, pero aun así tomó su varita, con un movimiento desmontó la tienda y activó el traslador.
Sintió la ya conocida sensación de retortijones por todo el cuerpo mientras era llevado a quien sabe dónde, lejos de todo el alboroto.
¿Aquello realmente era una pelea de borrachos? ¿Los Búlgaros eran tan malos perdedores?
Aquellas preguntas se respondieron casi de inmediato, el traslador había llevado a Draco hasta la zona boscosa del campamento, bastante apartado del centro del disturbio.
En el cielo, pudo distinguir a la familia de muggles que los había atendido al llegar, unos hombres encapuchados y con máscaras los mantenían en el aire como si fueran muñecas de trapo y se burlaban de ellos.
La escena era desagradable hasta para alguien como Draco Malfoy que detestaba a los muggles casi como detestaba a Ronald Weasley.
El rubio resopló ¿A que estaban jugando esos idiotas? Los magos eran superiores a los muggles por mucho y aquella demostración infantil de magia hacía quedar a los suyos como unos completos idiotas.
El sonido de un bulto caer contra el piso lo saco de su indignación, al mirar se dio cuenta de que habían tres personas muy cerca de él, Harry Potter y sus amigos.
Draco miró a Harry bastante sorprendido, el pelinegro se veía bastante alterado y no era de menos, el caos en las casas de campaña descolocarían a cualquiera.
El trio no parecía haberse percatado de su presencia.
—He tropezado con la raíz de un árbol —, dijo Ronald de malhumor, volviendo a ponerse en pie.
—Bueno, con pies de ese tamaño, lo difícil sería no tropezar —, contestó Draco, no resistiéndose a burlarse del pelirrojo.
—Vete a la mierda, Malfoy.
—Cuida esa lengua, Weasley —, le respondió. —Y será mejor que se marchen de una vez si no quieren quedar atrapados entre la multitud que seguramente llegará aquí. —Esta vez habló dirigiéndose a Harry quién asintió pero no pudo evitar preguntarse por qué Malfoy no se marchaba también.
—¿Tú no vienes? —Le preguntó Potter lo más neutral posible.
—No encuentro a mis padres, tengo que esperarlos — , respondió con sinceridad, mirando el cielo.
—Tendrán una máscara puesta, ¿no? —Preguntó Ron, enojado.
Malfoy lo miró con dureza, haciendo que el mercurio de sus ojos se transformara un metal sólido.
—¿Estás insinuando algo, comadreja?
—No estoy insinuando nada, estoy afirmándolo.
Desde el otro lado de los árboles llegó otra explosión, más fuerte que cualquiera de las anteriores. Cerca de ellos gritaron algunas personas.
Malfoy soltó una risita.
—Qué fácil es asustarte, ¿verdad, Weasley? —, dijo con calma—. ¿Por qué no vas a esconderte como seguramente te ordenó tu padre, el traidor a la sangre?
—Venga, vámonos —, los apremió Hermione, arrojándole a Malfoy una mirada de enojo—. Tenemos que buscar a los otros.
—Mantén agachada tu cabezota, Granger. Si les gusta molestar muggles seguramente no tendrán problemas con atrapar a una sangre... —dijo Malfoy con desprecio pero se interrumpió por la mirada que Harry le dio.
En cuando Ron y Hermione se adelantaron el pelinegro se acercó lo suficiente para hablar con el rubio.
—Si sigues hablando así van a pensar que estás involucrado con ellos —, le reprendió.
—Pero no lo estoy.
—¿Y por qué no vienes con nosotros?
—¿A caso crees que te mentí? Estoy esperando a mis padres, se fueron en cuanto terminó el partido, dijeron que volverían y me da miedo que se vean atrapados entre todo este caos.
—Son magos adultos, Draco, tú corres más peligro esperándolos aquí.
—Corro más peligro estando junto a la comadreja y Granger. Me odian, —suspiró. —Escucha, voy a estar bien, ¿sí? Ve y ponte a salvo con tus amigos.
Harry lo miró pensativo, no le hacía mucha gracia dejar a Draco solo en aquel bosque a la mitad de un exhibición de vandalismo mágico.
Draco notó su preocupación y posó su mano en su mejilla.
—En serio, Potter. Voy a estar bien.
Harry se estremeció ante su suave y frio toque, pero finalmente asintió y comenzó a caminar.
Antes de irse se detuvo y lo miró.
—¿Estás seguro que no eres un veela?
Draco soltó una carcajada.
—Mi familia es una de las pocas que contiene únicamente magos entre sus líneas de sangre. Sí, Harry estoy seguro.
—Bien... —Se sonrojó. —Cuídate, por favor.
Aquello fue suficiente para que Draco tomara el valor suficiente para seguir esperando sin ansias, tal vez Harry tenía razón, sus padres eran magos poderosos, pero él no quería quedarse preocupado.
Todo estaba relativamente tranquilo, hasta que pasando ya bastantes minutos, una luz verde brilló en el cielo, venía justo de la dirección por donde Harry había desaparecido momentos atrás.
La marca tenebrosa brillaba en el cielo, aquella calavera con la serpiente saliendo de la boca, era horrible e imponente.
Draco pegó la espalda al tronco del árbol que tenía más cerca... aquello no era posible, el señor tenebroso había sido derrotado.
Pero fue entonces cuando la realidad lo golpeó como si se tratara de Buckbeak... Tal vez Weasley tenía razón... Tal vez sus padres si estaban tras esas horribles máscaras.
Comenzó a temblar, aquello no podía ser posible, habían declarado inocente a su padre cuando se le acusó de mortífago, era verdad que Lucius tenía una gran afición por las artes oscuras y los objetos de ese tipo pero, era meramente académico, él se lo había dicho...
Con gran angustia recorriéndole el pecho comenzó a caminar y luego a correr, necesitaba encontrar a Harry, no sabía por que, pero lo necesitaba.
