Draco corrió entre los árboles, se sentía desesperado y terriblemente abrumado, la idea de que sus padres estuvieran involucrados con los mortífagos le hacían sentir enfermo, porque una cosa era que los muggles y los sangre sucia no les agradaran por su impureza de sangre, pero otra muy diferente era todo lo que Voldemort había hecho durante su reinado de terror. El solo pensar que sus padres pudieron haber ayudado a ese chiflado desde la primera vez que tomó el poder lo decepcionó bastante, si de algo podían haber estado orgullosos los Malfoy era de no tener que obedecer a nada ni a nadie.
Escuchó el sonido de varios conjuros ser lanzados a unos metros y un montón de Desmaius comenzaron a golpear en todas direcciones. Draco rápidamente se cubrió tras un árbol y aguardó con la respiración entrecortada, los aurores debían estar cerca ytal parecía que el responsable de la marca se encontraba muy cerca de él.
El rubio se acercó lentamente en dirección a los desmaius, abriéndose paso entre las raíces y troncos que le estorbaban, hasta que finalmente, y con ayuda de un lumos, logró divisar una pequeña figura tendida en el suelo.
Una elfina se encontraba inconsciente y con una varita en las manos.
En la oscuridad Draco pudo distinguir a un hombre acercarse, levantó la varita y apuntó con seguridad, aunque por dentro se moría de miedo.
—¿Quién está ahí? —Preguntó con voz firme.
El hombre se detuvo junto a la elfina, a varios metros de Malfoy, lo miraba inquisitivamente.
—¿Quién eres? —Insistió el rubio.
—Eres el hijo de los Malfoy —Draco se acercó un poco más y por fin pudo iluminar el rostro del mago que se encontraba frente a él, un hombre de escasa barba y cabellos castaños. —¿Qué haces aquí? —El hombre levantó su varita y apuntó al joven.
Draco frunció el ceño, ahora comprendía, lo estaban acusando de haber lanzado la marca tenebrosa.
—Yo no he sido —Dijo bajando la varita, vine en esta dirección por que creí que un amigo mío podía estar en problemas. —Miró a la elfina y el mago le imitó. —Ella estaba así cuando llegué, al parecer los aurores le dieron con uno de los tantos desmaius que soltaron tan irresponsablemente.
—Vas a tener que acompañarme, hijo.
Draco asintió y el mago tomó a la elfina entre las manos, recogiendo la varita de las manos de la creatura.
—Esa es la varita de Harry Potter... —Dijo mientras seguía al mago, éste estuvo a punto de preguntar cómo lo sabía, pero la voz de un hombre muy cerca llamó la atención de ambos.
—¿Has atrapado a alguien? —gritó el señor Crouch, el jefe del departamento de seguridad mágica, con tono de incredulidad—. ¿A quién? ¿Quién es, Diggory?
Cuando Amos Diggory y Draco aparecieron entre los arboles un susurro continuo se hizo escuchar, todos parecían tan pendientes de Draco, que nadie se percató de la elfina inconsciente en brazos del señor Diggory.
—Lo sabía —Rugió Ronald. —Sabía que eras igual a tu padre.
Draco lo miró con furia, pero no dijo nada, en su lugar miró a Harry quién no parecía haber dudado de él ni un momento. Aquello lo alivió en demasía por dos cosas, una, Harry estaba bien, sano y salvo, la segunda era que mantenía su promesa de jamás volver a dudar de él.
—El señor Malfoy estaba aquí buscando a un amigo suyo y encontramos a esta pobre creatura golpeada por uno de nuestros encantamientos. —Dijo Amos, quién al parecer no podía encontrar culpable a un muchacho de catorce años de lanzar la marca tenebrosa.
—¿Amigo? Si Malfoy no tiene amigos. —Replicó Ronald nuevamente.
—Me estaba buscando a mí, ¿verdad? —Preguntó Harry. —Al final aceptaste venir con nosotros.
Draco asintió.
—Pensé que podían estar en problemas, en cuanto vi la marca vine corriendo. —Admitió. Era mejor decir la verdad, después de todo, si decidían culparlo por lanzar la marca aquello podía significar ir a Azkaban y era muy joven para eso.
El señor Crouch no se movió ni dijo nada mientras el señor Diggory depositaba a la elfina en el suelo, a sus pies. Los otros magos del Ministerio miraban al señor Crouch, que se quedó paralizado durante unos segundos, muy pálido, con los ojos fijos en la elfina, su elfina Winky. Luego pareció despertar.
—Esto... es... imposible —balbuceó—. No... —Luego miró a Draco —¡Tú! ¡Intentaste culpar a mi elfina de todo esto!
Draco retrocedió un paso en cuanto el hombre le apuntó con su varita.
—¡Es inútil, señor Crouch! —dijo el señor Diggory—.Vi al muchacho llegar de entre los árboles, se le notaba bastante agitado y alterado, él no es el culpable.
Pero el señor Crouch no parecía dispuesto a creerle.
—Es un poco embarazoso —declaró con gravedad el señor Diggory, bajando la vista hacia la inconsciente Winky—. La elfina doméstica de Barty Crouch... Lo que quiero decir...
—Déjalo, Amos —le dijo el señor Weasley en voz baja—. ¡No creerás de verdad que fue la elfina! La Marca Tenebrosa es una señal de mago. Se necesita una varita.
—Sí —admitió el señor Diggory—. Y ella tenía una varita.
—Tu varita, Potter —Aclaró Draco. —¡Enervate! — Exclamó apuntando a la elfina.
Winky se movió lánguidamente. Abrió sus grandes ojos de color castaño y parpadeó varias veces, como aturdida. Ante la mirada de los magos, que guardaban silencio, se incorporó con movimientos vacilantes y se quedó sentada en el suelo.
—¿Podrías aclarar eso, joven Potter? —preguntó el señor Diggory.
—Es mi varita —dijo Harry—. Se me cayó.
—¿Que se te cayó? —repitió el señor Diggory, extrañado—. ¿Es eso una confesión? ¿La tiraste después de haber invocado la Marca?
—¡Recuerde, por favor, con quién está hablando! —intervino Draco, incrédulo y muy enojado—. ¿Le parece posible que Harry Potter invocara la Marca Tenebrosa?
—Eh... no, por supuesto —farfulló el señor Diggory—. Lo siento... Me he dejado llevar.
—De todas formas, no fue ahí donde se me cayó —añadió Harry, señalando con el pulgar hacia los árboles que había justo debajo de la calavera—. La eché en falta nada más internarnos en el bosque.
—Así que —dijo el señor Diggory, mirando con severidad a Winky, que se había encogido de miedo— la encontraste tú, ¿eh, elfina? Y la cogiste y quisiste divertirte un rato con ella, ¿eh?
—¡Yo no he hecho magia con ella, señor! —chilló Winky, mientras las lágrimas le resbalaban por ambos lados de su nariz, aplastada y bulbosa—.¡Yo... yo... yo sólo la cogí, señor! ¡Yo no he conjurado la Marca Tenebrosa, señor, ni siquiera sabría cómo hacerlo!
—¡No fue ella! —intervino Hermione. Estaba muy nerviosa por tener que hablar delante de todos aquellos magos del Ministerio, pero lo hacía con determinación—. ¡Winky tiene una vocecita chillona, y la voz que oímos pronunciar el conjuro era mucho más grave! —Miró a Ron y Harry, en busca de apoyo—. No se parecía en nada a la de Winky, ¿a que no?
—No —confirmó Harry, negando con la cabeza—. Sin lugar a dudas, no era la de un elfo.
—No, era una voz humana —dijo Ron dedicándole a Malfoy una vez más una mirada.
—Confesaré bajo veritaserum si es necesario, así que deja de mirarme de esa manera Weasley, comienza a ser fastidioso.
—Estoy seguro que Dra... Malfoy no está involucrado en esto, aquella voz era de un hombre adulto y Malfoy no tiene la voz tan grave. —Defendió Harry.
—Bueno, pronto lo veremos —gruñó el señor Diggory—. Hay una manera muy sencilla de averiguar cuál ha sido el último conjuro efectuado con una varita mágica.
Tomó la varita de Draco y la de Harry.
—¡Prior Incantato! —dijo con voz potente el señor Diggory.
La varita de Draco mostró el lumos que había utilizado la última vez y el encantamiento que usó para desmontar la tienda antes de marcharse, ya un par de horas atrás.
La de Harry en cambio, mostró la marca tenebrosa hecha como de humo y bailando en el aire.
—¡Deletrius! —gritó el señor Diggory, y la calavera se desvaneció en una voluta de humo—. ¡Bien! —exclamó con una expresión incontenible de triunfo, bajando la vista hacia Winky, que seguía agitándose convulsivamente.
—¡Yo no lo he hecho! —chilló la elfina, moviendo los ojos aterrorizada—. ¡No he sido, no he sido, yo ni siquiera sabría cómo hacerlo! ¡Soy una elfina buena, no uso varita, no sé cómo se hace!
—¡Te hemos atrapado con las manos en la masa, elfina! —gritó el señor Diggory—. ¡Te hemos cogido con la varita que ha obrado el conjuro!
—Amos —dijo en voz alta el señor Weasley—, piensa en lo que dices. Son poquísimos los magos que saben llevar a cabo ese conjuro... ¿Quién se lo podría haber enseñado?
—Quizá Amos quiere sugerir que yo tengo por costumbre enseñar a mis sirvientes a invocar la Marca Tenebrosa. —El señor Crouch había hablado impregnando cada sílaba de una cólera fría.
Se hizo un silencio muy tenso. Amos Diggory se asustó.
—No... no... señor Crouch, en absoluto...
—Te ha faltado muy poco para acusar a las dos personas de entre los presentes que son menos sospechosas de invocar la Marca Tenebrosa: a Harry Potter... ¡y a mí mismo! Supongo que conoces la historia del niño, Amos.
—Por supuesto... Todo el mundo la conoce... —musitó el señor Diggory, desconcertado.
—¡Y yo espero que recuerdes las muchas pruebas que he dado, a lo largo de mi prolongada trayectoria profesional, de que desprecio y detesto las Artes Oscuras y a cuantos las practican! —gritó el señor Crouch, con los ojos de nuevo desorbitados.
—Señor Crouch, yo... ¡yo nunca sugeriría que usted tuviera la más remota relación con este incidente! —farfulló Amos Diggory. Su rala barba de color castaño conseguía en parte disimular su sonrojo.
—¡Si acusas a mi elfina me acusas a mí, Diggory! —vociferó el señor Crouch—. ¿Dónde podría haber aprendido la invocación?
—Po... podría haberla aprendido... en cualquier sitio...
—Eso es, Amos... —repuso el señor Weasley—. En cualquier sitio. Winky —añadió en tono amable, dirigiéndose a la elfina, pero ella se estremeció como si él también le estuviera gritando—, ¿dónde exactamente encontraste la varita mágica?
Winky retorcía el dobladillo del paño de cocina tan violentamente que se le deshilachaba entre los dedos. —Yo... yo la he encontrado... la he encontrado ahí, señor... —susurró— Ahí... entre los árboles, señor.
El señor Weasley miró a Draco y luego preguntó.
—¿Y ese joven de ahí, lo viste antes de quedar inconsciente?
—No, no, señor, el joven debió llegar mucho después.
—¿Te das cuenta, Amos? —dijo el señor Weasley—. Quienesquiera que invocaran la Marca podrían haberse desaparecido justo después de haberlo hecho, dejando tras ellos la varita de Harry. Una buena idea, no usar su propia varita, que luego podría delatarlos. Winky tuvo la desgracia de encontrársela un poco después y de haberla cogido, y Malfoy simplemente estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado.
—¡Pero entonces ella tuvo que estar muy cerca del verdadero culpable! — exclamó el señor Diggory, impaciente—. ¿Viste a alguien, elfina?
Winky comenzó a temblar más que antes. Sus enormes ojos pasaron vacilantes del señor Diggory a Ludo Bagman, y luego al señor Crouch. Tragó saliva y dijo:
—No he visto a nadie, señor... A nadie.
Entonces, desde los arboles una figura alta y esbelta apareció, Narcissa Malfoy, quien aún iba tan elegante como en el partido se abrió paso entre los aurores hasta quedar frente a su hijo.
—Draco, por Merlín —Dijo tomando el rostro de su hijo entre manos y mirándolo detenidamente. —¿Estás bien? Fudge me dijo que unos locos estaban causando desastres y volví de inmediato, cuando no te vi en el lugar donde creí que me esperarías me preocupé muchísimo.
—Estoy bien madre, espero que tú no te hayas topado con ninguno de esos locos —Respondió en lo que parecía ser total neutralidad, pero su madre pudo notar el pequeño tono de reproche en sus palabras.
—Será mejor que nos marchemos —Le dijo al mujer —Volvamos a la mansión. —La mujer miró a Crouch, como pidiéndole permiso, éste simplemente agitó la mano restándole importancia.
Narcissa tomó a su hijo por los hombros y se dispuso a desaparecerse de aquel lugar. Draco miró por última vez a Harry, quién le hacía un gesto que le daba a entender que le escribiría más tarde.
Cuando llegaron a la mansión, Draco no pudo evitar sentirse aún más abrumado que cuando se encontraba en aquel oscuro bosque, necesitaba respuestas, necesitaba aclarar las cosas con su madre, pero iba tan en contra de sus principios cuestionarla que el solo pensarlo le hacían sentir terriblemente asqueado.
Narcissa miró a su hijo con un pequeño deje de tristeza y frustración. Aquello era todo lo que Draco necesitaba para terminar de convencerse de que era mejor no hacer preguntas, tenía miedo, demasiado, no quería escuchar de boca de su propia madre que aquello estaba ocurriendo, que sus padres seguían siendo partidarios del señor tenebroso.
—Me voy a dormir —Dijo con resignación.
Narcissa hizo ademán de querer detenerlo, pero por primera vez en toda su vida, Draco la vio dudar.
Al final el rubio subió a su habitación pensando que todo aquello era una locura, sus padres no podían ser mortífagos, por que Voldemort estaba muerto, Harry lo había matado ya dos veces y estaba casi seguro de que no volvería... O quería estar seguro de que no volvería.
Pensó en Harry y solo Merlín sabía que deseaba con todas sus fuerzas estar con él en aquel momento. Así que con ese pensamiento se dirigió a su escritorio dispuesto a escribirle.
Mojó la pluma en la tinta y la puso sobre el papel, pero justo cuando iba a colocar el triángulo para iniciar la conversación, se detuvo.
¿Qué iba a decirle? ¿Qué si, que realmente sospechaba que sus padres eran mortífagos y que habían participado en el ataque de esa noche? No, con lo muy amigo que era Harry de Dumbledore seguramente sus padres terminarían en la cárcel.
Suspiró, no podía hacer eso, era su familia, su amada familia. Tal vez no le agradaba demasiado la idea, y estaba seguro de que no los apoyaría, pero tampoco podía delatarlos y de todas formas tampoco estaba seguro de que sus padres fueran de los malos.
Unas líneas en tinta negra rompieron su perturbación, Harry estaba escribiéndole.
"Lamento mucho que te hayan culpado de haber invocado la marca, de haber sabido que te meterías en problemas te hubiera pedido que te quedaras esperando a tus padres"
"Fui porque pensé que había ocurrido algo malo, por lo general usaban la marca para anunciar que acababan de matar a alguien"
"Los del ministerio estaban como locos, mira que acusarte y acusarme de algo como eso"
Draco miró la libreta, y tomó aire.
"Harry, si tus amigos preguntan por qué me defendiste diles que fue por lástima"
"¿Qué, por qué?"
Por qué ahora que sospecho que mis padres son mortífagos hacer que la gente se entere de que somos amigos es prácticamente un suicidio. Eso fue lo que quería decir, pero en lugar de eso intentó tranquilizarlo.
"Ya has visto cómo se lleva mi padre con los Weasley, y como los Weasley detestan a mi familia, simplemente diles que fui un cobarde que no se quiso quedar solo a la mitad del bosque, ya tendremos tiempo para aclarar la verdad."
"La verdad me parece un poco absurdo"
"Tus amigos creen que mi familia está implicada con quién-tu-sabes, si se enteran que eres mi amigo van a creer que te estoy tendiendo una trampa o algo, no quiero más problemas, así que, por favor, ¿podrías ayudarme con eso?"
A Harry aquello no le terminaba de convencer del todo, pero Malfoy había dicho por favor, así que simplemente cedió.
"De acuerdo, pero con una condición, vas a regresarme la figura de Krum que te di de cumpleaños y me dejarás darte algo más."
"¿Por qué?"
"No me agrada mucho el tipo, te mira con mucho morbo"
"Viktor mira así todo el tiempo, es parte de su atractivo"
"¿Te parece atractivo?"
"Bueno, sí, no estoy ciego, pero no es mi tipo, demasiados músculos, además, tengo debilidad por los ojos claros, como el color verde por ejemplo...
En fin, ha sido una larga noche, tengo que irme. Buenas noches Potter"
Y terminó la conversación antes de que Harry hubiera podido decir nada, su corazón latía rápidamente y se sentía nervioso. ¿Había coqueteado con Harry? ¿Por qué lo había hecho? ¿Él le habría correspondido si lo hubiera dejado?
Tomo aire y un poco más tranquilo se fue a dormir. Soñó que besaba a Harry.
