Draco se encontraba en un compartimento del tren esperando a que Pansy apareciera tal y cual habían acordado mediante una carta.
En ella, el rubio le explicaba a su novia que tenía algo muy importante que decirle y que era indispensable hablarlo cuanto antes.
Malfoy miraba su equipaje como si aquello fuese la cosa más interesante del universo. Miró su maleta y su fina capa de gala sobre ella, dentro de una tela protectora, era completamente negra con ligeros bordados en hilo de oro, él mismo la había escogido para el baile que se llevaría a cabo por el torneo de los tres magos durante navidad.
El sonido de alguien tocando la puerta del compartimento lo sacaron de sus pensamientos, al voltear se encontró con una hermosa Pansy cuyo cuerpo y rostro habían madurado significativamente, poco a poco dejaba de lucir como una niña.
—¿Puedo pasar, guapo? —Le preguntó como si fueran completos desconocidos, un juego que mantenían constantemente.
—Adelante —Le dijo poniéndose de pie, como un caballero haría.
Pansy soltó una carcajada divertida y se sentó justo frente al rubio con las piernas cruzadas de manera elegante.
—¿Cómo has estado? —Le preguntó el Slytherin, ella sonrió ampliamente y se encogió de hombros.
—Nadie está del todo bien cuando su relación de un año está por terminar ¿Verdad?
Draco la miró con los ojos muy abiertos.
—¿Cómo...?
—Por favor, Draco, no insultes mi intelecto —Sonrió ampliamente. —Tranquilo, lo entendí desde que no quisiste besarme, tú no me quieres de esa manera. —Se puso de pie y se sentó a su lado, tomándole la mano. —Crees que soy hermosa, inteligente y muy linda, pero es más como un sentimiento fraternal ¿No? —El rubio asintió. —No voy a mentirte, dragón, he estado enamorada de ti desde que teníamos cinco años, nuestra compatibilidad mágica es grande en porcentaje, pero no lo suficientemente alta, eres el prospecto de esposo perfecto, un guapo sangre pura, un caballero en toda la extensión de la palabra. Por eso cuando por fin aclaré mis sentimientos me declaré y estaba muy feliz de que hubieras aceptado... Todos mis sueños se estaban volviendo realidad.
—Lo siento Pans...
—No te disculpes por no quererme, Draco. Uno no elige de quien se enamora, yo no elegí enamorarme de ti, y tú no puedes elegir amarme —Sonrió. —Yo solo quiero que seas feliz, eres mi mejor amigo, junto con Blaise.
Ella se puso de pie, dispuesta a salir de compartimento, Draco la detuvo con una pregunta.
—¿Pansy, cómo supiste que estabas enamorada de mí?
Ella pareció meditarlo un momento, luego sonrió y levantó el rostro con orgullo.
—Porque cada que te veía me sentía tan nerviosa que tenía ganas de vomitar. —Draco negó divertido, ¿Es que acaso nadie tenía otra definición?
—¿A dónde irás?
—Blaise, Greg y Vince me esperan...
Y entonces Draco comprendió que su compañía no era requerida, así que simplemente asintió y le dedicó una sonrisa. Le hubiese gustado hacer más por su mejor amiga, pero al ser él el causante de su pesar decidió que lo correcto era dejar que el resto de sus amigos la consolaran.
Suspiró.
Aún tenía muchas cosas en que pensar, sus padres, los mortífagos, Harry Potter, aquel sentimiento que comenzaba a tener forma dentro de su pecho pero que no se atrevía a etiquetar por miedo y finalmente la escuela.
Poco antes de volver al colegio, solo dos días atrás sus padres le habían dicho de manera "casual" que sería buena idea trasladarlo de internado, su padre le mostró todas las ventajas de entrar a Durmstrang y su madre le mostró las maravillas que ocultaba el colegio Beauxbatons, pero él había insistido en continuar sus estudios en Inglaterra. Aunque esta decisión no alegró demasiado a sus padres él no pudo más que sentirse triunfal, si ellos querían sacarlo del país para hacer sus fechorías a sus anchas les iba a costar mucho más trabajo.
Finalmente y después de haber comido los dulces que le había comprado a la señora del carrito, Draco tomó sus cosas y las hizo levitar, dispuesto a unirse al resto de sus amigos, ya había pasado poco más de una hora y aquel debía ser tiempo suficiente para que todo volviese a la normalidad, al menos en apariencia.
Apenas había dado un par de pasos cuando se percató que justo en el compartimento de alado se encontraban Harry Potter y sus inseparables amigos, más Longbottom quién sostenía una figurita de Krum, la que él reconocía como suya antes de que Harry le exigiera devolución.
—Lo vimos muy de cerca, además —dijo Ron a Neville hablando de la figura—, porque estuvimos en la tribuna principal...
—Por primera y última vez en tu vida, Weasley —Dijo Draco, como si hubiera bebido viseratum y estuviese obligado a ser del todo sincero.
—...Malfoy —dijo Harry en forma de advertencia.
—¿Qué es eso, Weasley? —preguntó Malfoy, señalando la jaula de Pigwidgeon, su lechuza, una que Sirius le había regalado luego de que se descubriera que su rata mascota era en realidad el animago Peter Pettigrew
Una manga de la túnica de gala de Ron colgaba de ella balanceándose con el movimiento del tren, y el puño de puntilla de aspecto enmohecido resaltaba a la vista. Ron intentó ocultar la túnica, pero Malfoy fue más rápido: agarró la manga y tiró de ella.
—No pensarás ponerte esto, ¿eh, Weasley? Fueron el último grito hacia mil ochocientos noventa...
—¡Vete a la mierda, Malfoy! —le dijo Ron, con la cara del mismo color que su túnica cuando la desprendió de las manos de Malfoy.
Draco se rió de él sonoramente y pese a que a Harry no encontraba agradable que se metiera con sus amigos, esa risa le sonó dulce y angelical.
—¿Así que vas a participar, Weasley? ¿Vas a intentar dar un poco de gloria a tu apellido? También hay dinero, por supuesto. Si ganaras podrías comprarte una túnica decente...
—¿De qué hablas? —preguntó Ron bruscamente.
—¿Vas a participar? —repitió Malfoy—. Supongo que tú sí, Potter. Nunca dejas pasar una oportunidad de poner tu vida en peligro ¿a que no?
—Malfoy, una de dos: explica de qué estás hablando o vete —dijo Hermione con irritación, por encima de su Libro reglamentario de hechizos, curso 4º.
—¡No me digan que no lo saben! —dijo muy contento—. ¿Tú tienes en el Ministerio a un padre y un hermano, y no lo sabes? Merlín, mi padre me lo dijo hace un siglo... Cornelius Fudge se lo explicó. Pero, claro, mi padre siempre se ha relacionado con la gente más importante del Ministerio... Quizá el rango de tu padre es demasiado bajo para enterarse, Weasley. Sí... seguramente no tratan de cosas importantes con tu padre delante.
Draco sonrió con malicia y continuó su camino por el pasillo, no sin antes guiñarle el ojo a Harry quién había pasado de una expresión de curiosidad a vergüenza en un milisegundo.
Cuando escuchó que la puerta del compartimento del trio se cerró y el vidrio se rompió soltó una carcajada triunfante. Amaba molestar a Ronald Weasley.
Llegó hasta la cabina donde sus amigos se encontraban charlando animadamente. Estado que no menguó con su llegada, al contrario, todos parecían genuinamente contentos de que hubiese llegado por fin, incluso Pansy lucía tranquila.
—Has tardado mucho, dragoncito —Le dijo Blaise.
—No seas ridículo, Blaise, no me llames así —Le contestó con fastidio. —He tardado porque me encontré a Potter y a sus amigos, ojalá hubieran estado ahí, Weasley trajo para el baile de navidad la túnica más ridícula que he visto en mi vida.
—¿Cómo fue que nos lo pudimos perder? —Se lamentó Vincent, con clara desilusión.
—Espero que no se hayan atrevido a hacerte algo —Amenazó Blaise, dispuesto a ponerse de pie e ir hasta el compartimento del trio de oro.
—¿Hacerme algo? ¿Esos inútiles? ¡Já!
—No me hagas recordarte el puñetazo de Granger el año pasado —Se burló Pansy y todos echaron a reír, todos menos Draco.
—¿Ya tienen en mente con quién ir al baile? —Preguntó el rubio, intentando cambiar el tema.
—Creo que invitaré a Daphne —Meditó Vincent.
—Yo a Millicent —Afirmó Gregory.
Draco miró a Blaise y Pansy, los dos le miraban, como si quisieran decir algo que no podían porque había demasiado público. La primera en desviar su mirada fue Parkinson, como rindiéndose, pero Blaise le mantuvo la mirada al rubio, desafiante.
—Apuesto a que tú no debes preocuparte por eso, Draco —Intervino Goyle, totalmente ajeno a lo que pasaba entre los miembros del trio de plata. —Todos los chicos y chicas de Hogwarts se mueren por ir contigo.
—Lo sé —Contestó Draco sin intentar fingir humildad. —El problema es que no tengo idea de con quién quiero asistir.
Eso era mentira, Draco sabía perfectamente con quién quería asistir, quería ir con cierto pelinegro de ojos verdes, pero como sabía que aquello era imposible, se había resignado a invitar a cualquier chico atractivo o hermosa joven, después de todo, su amigo tenía razón, pretendientes le sobraban y como estaba seguro que Potter invitaría a alguien como Chang, entonces había reducido sus esperanzas de ir con él al baile a cero.
No era que no le importara, al contrario, había aprendido a distinguir lo que eran los celos, y lo que sentía cuando Harry estaba con alguno de sus fans eran del tipo de celos más enfermizos y terribles que alguien alguna vez pudiese sentir. Porque Harry Potter era su amigo, no su mejor amigo, ese era Blaise, pero era su amigo al fin y al cabo y ponerse celoso de sus ligues no era para nada algo que sintiera por otro de sus amigos.
Aquello lo carcomía por dentro, una parte de él quería mandar todo al diablo e invitarlo al baile, brindar con él, bailar con él, bromear juntos e incluso darle un beso diferente al que le había dado en la mejilla el curso pasado. Porque si, ya había aceptado que Harry le gustaba y no le gustaba poco, no, le gustaba al grado de hacerle sentir una fiesta de dragones ebrios en su estómago y cada que pensaba en aquel sentimiento, la luz que residía en su pecho se iluminaba tenuemente, haciéndolo sentir cálido y feliz.
Por supuesto que no iba arruinar su muy buena amistad con Potter por un sentimiento que podía ser tan fugaz como su romance con Pansy, porque Harry y él habían pasado por muchas cosas para poder establecer una verdadera amistad y no estaba dispuesto a tirarlo todo a la basura, aquella amistad era tan preciada para él como lo era su familia, como lo era su orgullo de Malfoy.
Miró el anillo en su dedo, aquel que lo identificaba con el heredero de toda la fortuna Malfoy y lo tocó con nostalgia.
Ahí estaba parte de la razón por la que su amistad con Harry Potter no podía ser más que eso, sus padres de los que sospechaba (o bueno, sabía pero no quería admitirlo) se mantenían en las líneas de los mortífagos y no quería que lo utilizaran para llegar a Harry, porque, aunque Voldemort estuviera muerto, los mortífagos se encontraban bastante vigentes.
Miró a sus amigos que se habían internado en una conversación la cual no seguía en lo más mínimo, estaba seguro que si sus padres estaban metidos en la magia oscura, los padres de Greg y Vince también debían estarlo, aunque no estaba seguro de que los Parkinson o los Zabini estuvieran involucrados y esperaba fervientemente a tener razón, entre menos de sus amigos se involucraran con aquello era mejor, sobre todo Blaise, quién si tenía conocimiento de su amistad con Potter.
Cerró los ojos ligeramente y los volvió a abrir con la única intención de olvidarse de todo aquello, no tenía sentido hacerse papilla la cabeza con eso, después de todo, si sus padres no le habían confiado su estatus como seguidores de Voldemort, dudaba que alguno de sus amigos estuviera enterado de algo.
Por el momento solo debía concentrarse en el torneo de los tres magos, donde participaría costase lo que le costase y en alejar sus crecientes sentimientos por Harry James Potter, acción que debía tomar lugar si no quería ponerlo en peligro.
