—¿De verdad tenías que insultar a su madre? —Le reprochó el pelinegro nada más había entrado a la enfermería.

Draco se encontraba recuperándose de algunos huesos rotos, a causa de los golpes que había recibido al azotar contra el suelo, Alastor Moody lo había encontrado en medio de una pelea con Ronald Weasley en el comedor, ambos habían insultado a sus respectivas madres y como Draco no podía permitir que absolutamente nadie dijera nada de su progenitora había cedido a sus impulsos y había atacado al pelirrojo que no se había percatado de nada.

Harry había intervenido y el hechizo destinado a su pelirrojo amigo le había rozado apenas la mejilla, causando un corte poco profundo, Moody creyó que Malfoy había intentado atacar a Potter por la espalda y lo transformó en un hurón albino, lo levitó bastantes metros y lo dejo caer bruscamente sobre el suelo, causándole un par de fisuras en las costillas, un brazo roto y dos dedos dislocados.

La intervención de McGonagall le había ahorrado un par de fracturas más. Al final lo habían regresado a su forma original y lo habían castigado por haber usado magia ofensiva contra un compañero, contra Harry Potter.

—Él se metió en mi plática —Se defendió el rubio sin mirarlo, Harry dejó la capa invisible en la mesita junto a la cama de su amigo y se sentó en la silla que Blaise acababa de desocupar.

—Te estabas burlando de su padre por la nota que salió en el profeta, es obvio que iba a saltar.

—Solo estaba diciendo la verdad, su padre es un inepto.

—¡Draco!

El rubio lo miró con desdén, odiaba cuando Harry defendía a sus Gryffindor ¿Qué no había sido suficiente castigo tener todas aquellas fracturas? Por supuesto que cumplir el resto del castigo junto a su padrino Severus en el laboratorio de pociones le había encantado.

—Si solo viniste a reprocharme mi mala conducta será mejor que te largues, Potter —Dijo recostándose y cerrando los ojos.

Harry duró por un instante, pero finalmente tomó asiento junto a la cama.

—Tienes que detener esto, Draco...

—Malfoy —Le corrigió, nunca lo dejaba llamarle por si nombre si estaba enojado.

—Ellos son mis amigos, me quieren y yo a ellos, son muy importantes para mi ¿Entiendes? Quiero que cuando les diga que tú y yo somos amigos ellos te acepten, pero no va a ser posible si sigues tratándolos así.

Por supuesto que Draco sabía aquello, pero no podía evitar aborrecerlos, sobre todo a Weasley que le había arrebatado la oportunidad de ser abiertamente el amigo de Harry Potter, Ronald Weasley, quien no había hecho más que tirar mierda sobre él y su familia desde que había conocido a Harry, un Harry totalmente ajeno al mundo mágico, un Harry que fácilmente pudo haberse dejado llevar por aquellos rumores sobre su familia.

Pero claro que aquello solo era una parte de la verdadera razón de Draco para tratar mal a los Gryffindor, estaba el asunto de que las serpientes y los leones eran enemigos por naturaleza, y después el hecho de que no quería que nadie más supiera sobre su amistad con Harry, entre más despreciable lo vieran los demás era más difícil que sospecharan que él y Potter se encontraban por las noches en un aula en desuso o que mantenían contacto a través de una libreta encantada, si sus padres estaban aún con los mortífagos tenía que proteger al pelinegro y si eso significaba portarse como una total espinilla en el trasero iba a hacerlo.

—A mí no me interesa ser aceptado por nadie —Replicó con verdadero repudio.

—Eso ya lo sé, pero ellos son importantes para mi y...

—¿Y yo?

—¿Eh?

—¿Soy importante para ti?

—Por supuesto que lo eres, Draco.

—¿Más que ellos?

Harry se quedó en silencio, no sabía que responder al respecto. Quería a sus amigos, muchísimo, eran como su familia, los Weasley eran aquella familia que nunca había tenido, pero también quería a Draco, con un cariño totalmente diferente, eso era verdad, pero no podía estar seguro de si era un amor más fuerte o de igual magnitud.

—Bien, eso es suficiente, vete —Le dijo Draco y se giró lentamente para darle la espalda. —No me interesa competir con ellos por tu atención.

—Pero... Draco...

—Usted tiene a sus leones, príncipe. Yo tengo a mis serpientes, tu no me necesitas y yo a ti tampoco, ahora vete y déjame dormir.

—¿Nos veremos mañana verdad? —La voz de Harry tenía una pizca de temor, temor a perder de nuevo la amistad del rubio.

—Estaré castigado hasta octubre por "el uso indebido de magia", tengo que cumplir mi castigo con Snape y me tendrá ocupado hasta muy tarde, no le hizo mucha gracia que me dejara tratar por Moody de esa manera, pero no podía mostrar favoritismo, aunque al parecer ni tu ni Ronald fueron castigados.

—Lo siento...

—Sólo déjalo, tu eres el héroe del mundo mágico y él tu perro faldero, yo soy un ser insignificante en comparación contigo —Entonces se giró lentamente y lo miró con rencor. —Yo soy solamente un hurón saltarín.

—¿Cómo...?

—¿Cómo me enteré de que me llamaste así? Blaise los escuchó a ti y a tus amigos, me lo dijo nada más llegar, si no fue a lanzarte una maldición fue porque yo se lo pedí.

—Es que yo no sabía que te habías lastimado...

—Ah... la ignorancia, tu mejor arma... Yo no sabía esto, yo no sabía aquello. Estoy harto de ser una burla para ti o tus amigos, estoy harto de estar después que Granger y Weasley en tu lista de prioridades, soy el príncipe de Slytherin, no tengo que rogar por tus migajas.

Harry quiso decir que aquello no era verdad, que él no estaba por debajo de nadie, pero el rubio había lanzado un encantamiento, una barrera que lo envolvía y que no dejaba que la voz de Harry lo alcanzara y mucho menos que se le acercara.

El pelinegro tomó su capa y lanzándole una última mirada de culpabilidad salió de la sala.

Por supuesto que Harry lo sabía, sabía que en muchas ocasiones había desplazado a Draco y lo había dejado fuera de muchas de sus aventuras, lo había dejado fuera del asunto de la piedra filosofal, de la cámara de los secretos, de su padrino Sirius. Simplemente se limitaba a contarle los finales felices, pero jamás le pedía su ayuda, ni lo involucraba como lo hacía con Ron y Hermione, simplemente se limitaba a contarle todo cuando ya había pasado.

Por supuesto que Potter había dicho una y mil mentiras para mantener al rubio alejado del peligro, y Malfoy muy rara vez le reclamaba sobre aquello. Cuando terminaba de contarle otra de sus locas aventuras el rubio simplemente suspiraba y le regañaba por haberse metido en problemas.

No había sido hasta que Malfoy lo había salvado de los dementores que se dio cuenta del poderoso mago, aliado y amigo que podía ser Draco y aun así lo había dejado fuera de muchas cosas. Si a eso le agregaba que se la pasaba defendiendo completamente a sus leones, debía entender por qué Malfoy estaba tan fastidiado, porque viéndolo desde su perspectiva Harry siempre defendía a la comadreja y a la sabelotodo, pero a él, jamás.

Por supuesto que después de aquello Harry había querido pedirle una disculpa a su rubio amigo, pero siempre había una cosa u otra que se lo impedían. Las miles de tareas que les dejaban diariamente, el que Draco lo evitara a voluntad y estuviese castigado, el que Ron y Hermione no lo dejaran solo ni un bendito momento y finalmente el que Colin Creevey pareciera completamente dispuesto a conquistarlo aquel año.

Por supuesto que las burlas a Draco sobre el asunto del hurón tampoco le favorecían, al contrario, encendían en el rubio la furia como el primer día que las había recibido y sin posibilidad de defenderse lanzando maldiciones, era bien sabido que si quería que le levantaran el castigo tendría que comportarse.

Harry había intentado escribirle a Draco, quién si le había respondido, escueta y secamente, pero lo había hecho, siempre evitando el tema que había causado su pelea y dándole excusas para no encontrarse.

Fue hasta aquella noche del treinta y uno de octubre que Harry finalmente perdió toda la paciencia.

Durmstrang y Beauxbatons acaban de arribar al castillo de Hogwarts haciendo una aparición espectacular en un barco y un carruaje, todos se había vuelto locos a causa de los invitados, pero sin duda lo que encendía el fervor de las masas era nada más y nada menos que Viktor Krum, el joven buscador de Bulgaria que había sido seleccionado como uno de los posibles competidores para el torneo de los tres magos.

—¡No me lo puedo creer! —exclamó Ron asombrado cuando los alumnos de Hogwarts, formados en fila, volvían a subir la escalinata tras la comitiva de Durmstrang—. ¡Krum, Harry! ¡Es Viktor Krum!

—¡Ron, por Dios, no es más que un jugador de quidditch! —dijo Hermione. —¿Nada más que un jugador de quidditch? —repitió Ron, mirándola como si no pudiera dar crédito a sus oídos—. ¡Es uno de los mejores buscadores del mundo, Hermione! ¡Nunca me hubiera imaginado que aún fuera al colegio!

Cuando volvían a cruzar el vestíbulo con el resto de los estudiantes de Hogwarts, de camino al Gran Comedor, Harry vio a Lee Jordan dando saltos en vertical para poder distinguir la nuca de Krum. Unas chicas de sexto revolvían en sus bolsillos mientras caminaban.

—¡Ah, es increíble, no llevo ni una simple pluma! ¿Crees que accedería a firmarme un autógrafo en el sombrero con mi lápiz de labios?

—¡Pero bueno! —bufó Hermione muy altanera al adelantar a las chicas, que habían empezado a pelearse por el lápiz de labios.

—Voy a intentar conseguir su autógrafo —dijo Ron—. No llevarás una pluma, ¿verdad, Harry?

—Las dejé todas en la mochila —contestó con más fastidio del que le hubiera gustado admitir.

Se dirigieron a la mesa de Gryffindor. Ron puso mucho interés en sentarse orientado hacia la puerta de entrada, porque Krum y sus compañeros de Durmstrang seguían amontonados junto a ella sin saber dónde sentarse. Los alumnos de Beauxbatons se habían puesto en la mesa de Ravenclaw y observaban el Gran Comedor con expresión crítica.

—¡Aquí! ¡Ven a sentarte aquí! —decía Ron entre dientes—. ¡Aquí! Hermione, hazte a un lado para hacerle sitio...

—¿Qué? —Preguntó la chica, indignada.

—Demasiado tarde —se lamentó Ron con amargura.

Harry miró hacía la Krum, había evitado por todos los medios dirigirle una mirada por miedo a comenzar a compararse con él. Si bien ambos eran morenos y de cabellos oscuros, Krum era claramente más alto y fuerte. Su rostro definitivamente ya no era el de un niño. Era tan malditamente encantador, que si Harry no hubiera estado celoso, habría admitido que era muy, muy, muy guapo.

Entonces la mirada de Victor se iluminó y Harry no tuvo que voltear a ver lo que Krum miraba, sabía perfectamente a quien miraba.

Viktor Krum miraba a Draco, lo miraba como si fuese la cosa más maravillosa del universo y le dedicaba hermosas y resplandecientes sonrisas mientras se acercaba a la mesa de las serpientes, seguido por el resto de sus compañeros de Durmstrang.

Harry miró la escena disimulando muy bien su enojo. Malfoy no lo miraba si quiera y no le dirigía más que un par de silabas cuando le escribía, pero en cuanto Viktor Krum se había sentado a su lado, junto al resto de los alumnos de Durmstrang, el rubio cambió su serio y frio semblante por una expresión de genuina alegría.

"Bien, lo que me faltaba, el rey del quidditch en el colegio... —Se quejaba Harry mentalmente. —El perfecto príncipe de Bulgaria, el buscador número uno del mundo robándose toda la atención de Draco"

Bufó fastidiado.

Por supuesto que no iba a preguntar que tenía Krum que no tuviera él, la pregunta por si sola hubiera sido ridícula, y Harry, por mucho que le pesara, debía ser sincero consigo mismo, él no podía competir con Krum.

"Relájate Harry —Se regañó mentalmente. —No puedes competir con Krum porque no es una competencia, Draco no es un trofeo, es tu amigo y su amigo también, no puedes comportarte como un bárbaro, eso ofendería a Draco y tú no quieres empeorar las cosas ¿Verdad?"

—Malfoy como siempre, adulando a los que tienen mejor estatus que él, patético —Expresó Ronald con desprecio, claramente celoso de la atención que estaba recibiendo por parte de Victor.

—Malfoy lo conoce, Ron, son amigos de la infancia —Dijo Hermione distraídamente, también mirando la mesa de las serpientes.

—¿Cómo lo sabes? —Preguntó Harry. Él estaba al tanto de aquella anécdota, pero no pensó que nadie más la sabría.

—Parkinson me lo contó hace una semana —Admitió, indiferente.

—¿Hablas con la princesa de las serpientes? —Preguntó su pelirrojo amigo con clara repugnancia.

Hermione se encogió de hombros.

—Su ruptura con Draco le sentó muy mal, la encontré llorando el otro día en el salón de runas antiguas antes de que todos llegaran y le ofrecí un pañuelo, después de ahí comenzamos a hablar bastante. Cuando no está rodeada del resto de los miembros de su casa es bastante agradable. Y además es muy inteligente.

Harry entendía a lo que Hermione se refería, Draco era igual, una persona totalmente diferente cuando no estaba rodeado de todos aquellos que esperaban ver en él a un digno heredero de Slytherin.

Pero entonces Harry se quedó en blanco, ¿Draco y Pansy habían terminado?
El rubio no le había dicho nada, absolutamente nada. Pero debió haberlo notado, Parkinson ya no se pegaba tanto a Malfoy como siempre, no lo tomaba de la mano y ya no lo besaba en la mejilla, ya no lo arrastraba lejos de todos para pasar tiempo con él y ya no le miraba con la misma chispa de amor con la que lo miraba antiguamente.

¡Dios podría saltar de alegría en aquel momento! O lo hubiera hecho si aquella pequeña y momentánea felicidad no se hubiera evaporado en cuanto vio que Krum apartaba con delicadeza uno de los lacios cabellos plata de Draco.

Se puso de pie tan bruscamente que llamó la atención de todos en el gran comedor, incluyendo la atención de Malfoy y su acompañante búlgaro.

—Buenas noches, damas, caballeros, fantasmas y, muy especialmente, buenas noches a nuestros huéspedes —dijo Dumbledore, dirigiendo una sonrisa a los estudiantes extranjeros y quitando de Harry todas las miradas—. Es para mi un placer darles la bienvenida a Hogwarts. Deseo que su estancia aquí les resulte al mismo tiempo confortable y placentera, y confío en que así sea.

Harry rápidamente tomó asiento, rojo de la vergüenza.

—¿Qué te ocurrió? —Preguntó Ron.

—Nada, un animal me estaba molestado y necesitaba sacudírmelo —Afirmó tratando de controlar su enojo y aun mirando a Viktor Krum.