Y se besaron.

Dulce y suavemente, como alguien que ha esperado pacientemente por algo por mucho, mucho tiempo. Saboreando cada segundo, disfrutando cada sensación, disfrutando del dulce sabor de los labios de otro, aquel sabor que no se comparaba con absolutamente nada que hubieran probado antes, aquel sabor que los hacía sentir que estaban en el lugar correcto, en el momento indicado.

Y entonces se acabó.

Se separaron lentamente aún sin abrir los ojos, disfrutando del aroma de su acompañante, envolviéndose en el aliento cálido del otro.

No supieron cuánto tiempo permanecieron así, Harry sujetando los suaves y sedosos cabellos de Malfoy entre sus dedos, y Draco acariciando el pecho de Harry por sobre la túnica, suave y amablemente.

Fue entonces que ocurrió. El pecho de Draco comenzó a brillar intensamente y esto hizo que el rubio abriera los ojos. Miró el rostro de Harry, estaba sonriendo con los ojos cerrados, disfrutando del momento.

La luz se intensificó y un fuerte dolor de cabeza inundó al chico de grises ojos.

Entonces la luz se fue y un montón de recuerdos llegaron a su mente, recuerdos que parecían ser suyos, pero a la vez tan lejanos que era imposible saberlo.

Podía verse, a sus once años, irrumpiendo en el compartimento de Harry y Ronald, pero había algo diferente, él se había acercado con Crabbe y Goyle siguiéndolo, y había actuado de manera desagradable, había insultado a Weasley y Harry prácticamente le había escupido en la cara.

Pero ¿Así no habían sido las cosas, verdad? Él no había sido grosero con Ronald aquella vez, había llegado solo hasta ese compartimento y Harry no lo había tratado mal... entonces ¿Por qué?

Un montón de recuerdos más llegaron a su cabeza, peleas, maldiciones, palabras altisonantes, todas y cada una de ellas dirigidas al chico que tenía en frente, aquel que al que acaba de besar. Golpes, burlas y bromas muy pesadas de su parte hacia Harry que fueron devueltas con el mismo afán de lastimar.

Harry Potter y Draco Malfoy siendo rivales en todo, un amor que crecía en secreto y que nunca sería correspondido.

Retrocedió hasta chocar con el escritorio. Harry abrió los ojos y lo miró con miedo, sin comprender lo que ocurría.

Un giratiempo robado, la sensación de que aquello era incorrecto, una lágrima en su rostro. ¿Aquello estaba pasando o era alguno de esos recuerdos mezclados con su presente?

—¿Draco? —Preguntó el pelinegro al tiempo que se acercaba a intentaba tocarlo.

El rubio rápidamente alejó su brazo con un golpe brusco y seco, lo miró con desdén y respondió:

—No me toques, Potter —Su voz había sonado desdeñosa, se sentía terriblemente abrumado.

¿Quién era él realmente? ¿Era el chico que se encontraba de pie frente a Harry Potter, amándolo? ¿O era aquel que lo odiaba, que lo maldecía por los pasillos y hacía su vida miserable?

Todo era tan confuso, sus recuerdos se mezclaban con otros y luchaban entre ellos para dominar, pero ¿Cuál era la realidad? ¿Qué era lo que estaba pasando?

Cuando la cabeza dejó de dolerle abrió los ojos y vio que se encontraba recargado sobre el escritorio, con la cabeza entre las manos y las mejillas llenas de lágrimas. Harry no se había marchado, estaba ahí de pie, mirándolo con angustia.

Inconscientemente Draco tocó su pecho, el giratiempo estaba ahí, necesitaba calmarse, necesitaba pensar, necesitaba aclararse.

Tambaleándose se incorporó y comenzó a caminar con inseguridad hasta la puerta.

Cayó de rodillas y Harry corrió hasta él y lo ayudó a ponerse de pie. Draco levantó la vista y Harry creyó que jamás lo había visto tan mal, como si estuviese enfermo. ¿Había sido cosa del beso? No, claro que no, era otra cosa, algo diferente.

El contacto con Potter le hizo recobrar la personalidad que había adquirido hasta ese momento, el Draco que podía expresar abiertamente sus sentimientos, el Draco que quería besar a Harry Potter hasta el cansancio.

Entonces se echó a llorar en los brazos del moreno, lloró tratando de procesar todo lo que ocurría en su cabeza que estaba a punto de explotar del dolor e inmediatamente después cayó inconsciente.

Harry lo sujetó con toda la fuerza que tenía, no era difícil, después de todo Draco podía ser más alto que él, pero era bastante delgado. Lo sujetó pasando su brazo por sus hombros y buscando la barita entre su túnica, la usó para abrir la puerta.

Hermione y Pansy estaban ahí, de pie, con los ojos muy abiertos y con el rostro llenos de interrogantes.

Ninguna dijo nada, simplemente se acercaron al rubio y ayudaron a trasladarlo hasta la enfermería donde Madame Pomfrey los recibió.

—¿Qué le sucedió? —Preguntó la mujer.

—Simplemente se desmayó —Dijo Pansy lanzándole una mirada a Harry, advirtiéndole que necesitaba una explicación, pero que por el momento lo iba a cubrir.

—De acuerdo, póngalo por ahí señor Potter —Le señaló de una de las camas. —Iré por mi equipo y pociones que probablemente necesitaré.

La mujer caminó hasta su oficina en cuanto se aseguró que Draco estaba sobre la cama.

—¿Qué ocurrió, Harry? —Preguntó Hermione un poco afligida, Malfoy no le caía bien, pero tampoco deseaba que algo malo le ocurriera.

—Más te vale que no le hayas hecho nada o yo misma voy a matarte —Le amenazó Pansy, Granger la tomó de la mano, pidiéndole silenciosamente que esperara.

El pelinegro se recargó sobre la mesita de noche, en sus ojos se leía la frustración y la confusión.

—Yo... No lo sé —Dijo con sinceridad. —Nos besamos, nos separamos y luego, cuando abrí los ojos él me estaba mirando con horror.

—¿Por qué? —Preguntó su amiga.

—Eso es lo que no me explico, yo lo incité a besarme, pero fue él el que me tomó de la túnica y lo hizo. —Pasó sus largos dedos por su cabello, desesperado. —Parecía... parecía que lo estaba pasando muy mal, me miraba pero no parecía estar observándome, como si le hubieran lanzado una imperius, un obliviate yun encantamiento aturdidor al mismo tiempo. La verdad parecía muy confundido.

—¿Y no te dijo nada? —Preguntó Pansy. —¿Parecía que le dolía? Alguien podría haberlo maldecido o puesto alguna poción extraña en el ponche.

—No, cuando intenté acercarme me habló como nunca lo había hecho, con mucho desdén y arrogancia —Suspiró y miró al rubio en la cama. — Se puso a llorar...

—Draco nunca...

—Pues lo hizo —Interrumpió a Pansy. —Antes de que perdiera la conciencia se acurrucó conmigo, como si estuviera muy asustado como cuando...

—Como cuando tienes las pesadillas —Dijo Hermione.

En ese momento la señora Pomfrey apareció y les pidió que se retiraran. Hermione tomó a su amigo con la mano izquierda y a Pansy con la derecha para guiarlos hasta la salida.

Harry les dijo a ambas chicas que volvería a la sala común y así lo hizo, necesitaba pensar, necesitaba procesar todo lo que había pasado. Aquella mirada que Draco le dio había sido totalmente desconcertante. ¿Miedo? Definitivamente. ¿Confusión? Muchísima.

¿Pero que era lo que lo había puesto así? Harry casi pudo sentir que Draco no sabía dónde estaba parado, como si fuera un pequeño niño de cinco años perdido a la mitad del supermercado, como si no supiera si quiera quien era y aquello lo aterró. Porque parecía totalmente descolocado, como si hubiese perdido la cabeza.

Llegó a su aún vacía habitación y se sentó en la orilla de la cama, pensando en Draco, en el beso y en aquella crisis que había tenido, en el terror de sus ojos, la confusión y finalmente el alivio que le habían provisto sus brazos cuando lo ayudó a ponerse de pie.

¿Era posible que alguien lo hubiera maldecido sin que nadie se diese cuenta? ¿Qué hubiera ingerido algo dentro del ponche?

Difícilmente. Draco podía identificar cualquier olor sospechoso en sus bebidas, incluyendo venenos, no por nada era el mejor en la clase de pociones y aunque la probabilidad de la maldición no era alta, era una opción.

Suspiró y cerró los ojos.

No durmió en toda la noche.