Draco había comprendido lo que sucedía nada más había comenzado a tener esas visiones. Aquellas imágenes que venían a su mente no eran si no recuerdes de una línea de tiempo diferente, una donde Harry Potter y Draco Malfoy eran enemigos declarados, eternos rivales.

Aquellos recuerdos parecían mezclarse con su presente, cuando ocurría algo y la línea original de tiempo era diferente, aquel recuerdo le saltaba a la cabeza, un terrible dolor le invadía y una pequeña voz en su mente le reclamaba el haber alterado tanto el tiempo. Porque si, él debía haber sido el causante de aquellos cambios tan drásticos, o nada más explicaría que solo él pudiera recordar las dos líneas de tiempo.

Aun así, Malfoy no se explicaba que era lo que lo había llevado a regresar en el tiempo y obligarse a comenzar una relación cercana con Harry Potter. Los recuerdos de su otra vida llegaban en orden, día a día y no podía saber más allá de su presente, cosa que se le hacía total y completamente desquiciante.

¿Qué podía haber hecho que tomara una decisión tan arriesgada como robar un giratiempo y alterara completamente la vida de tantas personas? Aquella era la pregunta que lo asediaba todo el tiempo. Porque no solo había alterado su propia vida y la de Potter. La relación de Granger y Pansy era una de las cosas que no debían suceder, él nunca debió aprender a hacer un patronus, definitivamente Creevey no había sido pareja de Potter en el baile y por supuesto, el mismo no debió asistir con Krum, si no con Pansy, quién debía seguir siendo su novia, al menos, hasta ese momento.

Los recuerdos entremezclados lo hacían sentir terriblemente perdido, no sabía cuál era su verdadero yo, ¿El chico que le tiraba mierda a Potter cada que podía? ¿O aquel que se había derretido ante aquel beso la noche de navidad?

Unas veces se comportaba como lo había hecho hasta el momento y en otras, era ese insoportable chico que tenía la enemistad de casi todo el colegio y aunque aquellos cambios eran imposibles de controlar para él, no podía evitar sentirte terriblemente mal, como si de un momento a otro fuese a perder la cabeza, se sentía tan mal tener que vivir una vida que él mismo se había fabricado, se sentía tan incorrecto haber alterado el tiempo de aquella manera y aun así no se arrepentía de los sentimientos de amor que tenía por Harry Potter.

Una de las cosas que había averiguado gracias a esa mezcla de recuerdos de dos tiempos diferentes era que sus padres efectivamente se estaban mezclando con mortífagos nuevamente, aunque no tenía información o recuerdos de relevancia, si podía sentir el choque de dos emociones, la decepción del chico que era en ese momento y la sensación de orgullo y poder del otro Draco, aquel que había decidido que debía cambiar algunas cosas de su pasado.

Aquella confusión habían llevado a Draco a aislarse de todo y de todos, iba a sus clases con normalidad, pero fuera de ello no hablaba con nadie más y prefería encerrarse en algún aula vacía y hacer los deberes.

Por supuesto que también había evitado a Harry, aunque debía reconocer que el pelinegro era bastante insistente, hasta tal punto de parecer descarado, ya no le importaba hablarle en los pasillos frente a todo el mundo, o detenerlo en la puerta del gran comedor, pidiéndole solo cinco minutos para hablar.

Draco no había cedido, aunque una parte de él quería arrojarse a los brazos de Harry, otra le gritaba que no podía hacerlo, porque de confiar en el pelinegro tendría que contarle todo y seguramente Potter se enojaría al saber que él había jugado con su vida, que aquella línea de tiempo no era más que una mentira orquestada por él, la serpiente egoísta.

Draco no cedió ni cuando los rumores de que Potter y Diggory habían comenzado a salir llegaron a sus oídos, ni cuando los encontró muy cerca de un pasillo a punto de besarse, su miedo eran tan grande que no le permitía levantar el rostro y encarar a Harry y confiarle la verdad. Que él, en alguna parte de su vida había regresado en el tiempo y lo había alterado todo para que se volvieran amigos.

Si lo pensaba de manera superficial, Draco encontraba aquello como algo realmente estúpido, nadie jugaba con el tiempo solo para ganarse la amistad de otra persona, nadie alteraba su propia vida de manera tan radical por un motivo tan infantil como ese.

Por supuesto que el rubio se había planteado tomar el giratiempo que aún poseía para regresar al pasado y detenerse a sí mismo de hacer la estupidez que había hecho, porque gracias a esos recuerdos, pudo notar que la alteración había sido un par de semanas antes de que iniciara su primer curso de Hogwarts y no le sería difícil identificarse, lanzarse un par de maldiciones por haber sido tan irresponsable y luego volver, pero el miedo de arruinarlo todo y terminar en un mundo aún más bizarro se lo impedía. ¿Desde cuándo era tan cobarde? No lo sabía, tal vez aquel sentimiento pertenecía más al antiguo Draco.

Aquella mañana, como desde hacía bastantes semanas, Draco se levantó antes que todos, se colocó su uniforme y bajó a desayunar, aprovechando que habría poca gente en el comedor. La verdad es que no tenía nada de hambre, nunca tenía. Simplemente se obligaba a probar bocado para no desmayarse a la mitad de alguna clase.

Escuchó a algunos alumnos de Ravenclaw exclamar entusiasmados que la segunda prueba del torneo de los tres magos sería al día siguiente y el estómago se le revolvió. No podía evitar preguntarse si Harry había resuelto el enigma del huevo y si ya tenía un plan para lo que fuese que fuese a pasar durante aquella prueba.

Por primera vez en días sintió otra cosa que no fue temor y culpabilidad; sintió preocupación por el jovencito moreno de gafas redondas y cicatriz en forma de rayo. Aquella sensación lo hizo sentir de nuevo como él, al menos durante unos segundos, hasta que la ansiedad volvió a invadirlo y tuvo que salir corriendo a los baños más cercanos para vomitar lo poco que había comido.

Tú te lo buscaste. Se regañó mentalmente mientras enjuagaba su boca en el lavamanos. Con el tiempo no se debe jugar, no se puede tomar a la ligera un asunto como este. ¿Cómo pudiste ser tan inconsciente? Más te vale que hayas tenido una buena razón para hacerlo, por que donde me dé cuenta que fue únicamente por que querías ser amigo de Potter voy a matarnos a ambos.

Se miró en el espejo, estaba pálido y muy delgado, su cuerpo de jugador de quidditch había comenzado a menguar y comenzaba a verse como un enclenque sin más. Su rostro mostraba cansancio, ojeras debajo de los ojos, los párpados caídos y las mejillas sumidas. La sombra de lo que alguna vez había sido Draco Malfoy, el príncipe de Slytherin, el guapo y en forma buscador de las serpientes.

Tomó aire y se dispuso a salir de los baños, pero una voz conocida proveniente del otro lado de la puerta de madera le hizo acobardarse y esconderse dentro de uno de los cubículos.

—Estoy agotado —Dijo Harry al tiempo que sus pasos resonaban por todo cuarto, acompañado de un par más de pies. —Hemos estado buscando como locos y no encuentro manera alguna de zambullirme en el estúpido lago por una hora. —Draco lo escuchó cansado y muy fastidiado.

Aquella era la primera vez en muchos días que escuchaba su voz, aquello hizo que el corazón se le agitara y comenzar a latir a gran velocidad, decir que lo extrañaba era poco.

—Hermione sigue en la biblioteca, hacemos todo lo que podemos —Ronald intentó tranquilizarlo.

—A este paso no podré cumplir con la prueba.

Draco escuchó que ambos chicos entraban a alguno de los cubículos y los usaban, inmediatamente el rubio colocó un encantamiento para sellar la puerta y poner con letras brillantes que estaba fuera de servicio.

No mucho después el pelinegro y su amigo salieron de los baños y comenzaron a lavar sus manos.

—De todas formas, ustedes tienen examen de pociones —Dijo Harry. —Tienen que ir a estudiar o Snape va a reprobarlos, yo seguiré buscando —Suspiró. —A estas alturas preferiría vérmelas con un examen de Snape.

—Wow, amigo, si debes estar desesperado.

Draco escuchó como comenzaban a caminar hacia la salida y dejó salir el aliento que contenía sin darse cuenta. El rubio escuchó la puerta principal, contó hasta diez y salió del baño, en dirección a su siguiente clase.

Se echó sobre su cama con una almohada sobre su cara, se sentía desgastado y débil, más que otros días.

No había hecho otra cosa más que darle vueltas al asunto de Potter, la segunda prueba consistía en él sumergiéndose en el lago por una hora o más tiempo y al parecer no había encontrado la manera de hacerlo. Por supuesto que Draco tenía muchas ideas, tal vez proponerle usar un encantamiento para convertir a Potter en alguna creatura marina, usar multijugos y una muestra de cabello de sirena para que adoptara sus características, un casco burbuja o el uso de branquialgas, había visto una buena dosis en el armario de Snape y seguro que éste ni se daría cuenta que alguien las había tomado, no al menos hasta mucho tiempo después.

Suspiró frustrado.

Ansiaba ir hasta su escritorio y escribirle a su viejo amigo, al que había besado, y decirle que tenía la solución a su problema, pero una vez más el Draco cobarde ganó la partida y se quedó ahí, tendido en la cama, agobiado por los recuerdos que había recuperado ese día de la otra línea de tiempo y la ansiedad de saber que sería de Harry si no encontraba la solución a la segunda prueba.

Entonces se despertó. No estaba seguro de en qué momento se había quedado dormido, pero al mirar por la ventana vio que pronto amanecería.

Se puso de pie de un salto e ignorando los primeros recuerdos mezclados de la mañana caminó hasta el aula de pociones y usando la llave que Snape le había confiado se dirigió directamente hasta el almacén, tomó las branquialgas de un pequeño frasco de cristal y salió de ahí solo para darse cuenta de que no tenía manera dárselas a Potter.

—Necesito un elfo doméstico —Dijo de pronto y con un pop uno se mostró ante él.

Aquel era el elfo más extraño que hubiera visto, estaba vistiendo prendas de verdad y no únicamente la funda de almohada que constantemente traían puestos.

Cuando el elfo lo miró con disgusto logró reconocerlo, aquel era su antiguo elfo.

—¿Dobby? —Preguntó con asombro. El elfo lo miró con desconfianza, pero aun así respondió.

—¿Necesita algo, jovencito Malfoy?

—¿Qué haces aquí?

—Dobby trabaja aquí. Señor. —El desdén en su tono de voz era obvio.

Draco agitó la cabeza, intentando ignorar el dolor que había comenzado a invadirlo e ignorando todas las preguntas que tenía hacia el elfo en lo que respectaba su estadía en Hogwarts.

—Escucha Dobby, necesito que busques a Harry Potter y le preguntes si ha encontrado una manera de entrar al lago sin problemas —Le extendió el frasco con branquialgas. —Si ves que no lo ha hecho dale esto, son branquialgas lo ayudarán a respirar en el agua pero el efecto es limitado, esta porción le permitirá estar bajo el agua una hora, tal vez un poco más.

El elfo lo miró con desconfianza.

—¿Es Harry Potter su amigo? —Preguntó con su chillona voz.

—Sí, no, bueno, no lo sé. Tempus. —Usó el encantamiento para ver la hora, eran las nueve. —La prueba inicia en veinte minutos, Dobby, por favor.

Draco le extendió aún más el frasco pero aquello no había sido lo hizo que Dobby tomara el frasco, si no el "por favor" que jamás le había escuchado a Draco.

—Gracias, en serio, gracias —Le dijo con una aliviada sonrisa en el rostro —Por favor date prisa.

El elfo asintió y desapareció con un chasquido.

Draco suspiró aliviado, el dolor de cabeza no era más que un problema menor en ese momento, así que simplemente comenzó a caminar de vuelta su sala común para ponerse el uniforme e ir a desayunar.

Aquellos planes se arruinaron nada más entró a su sala común. Snape venía de los dormitorios de los chicos.

—Malfoy, vine por ti, el director quiere verte.

—¿Para qué? No he hecho nada, la maldición que le lancé a Creevey fue únicamente por...

Snape le hizo un gesto con la mano para que se detuviera.

—No es sobre eso. Ponte la túnica—le extendió una barrita pan de moras. —come eso y reúnete conmigo en la puerta de la dirección. No puedes tardar más de diez minutos.

Draco asintió sin preguntar más y en exactamente diez minutos ya se encontraba frente a la dirección donde Snape lo esperaba junto a Weasley, Chang y una pequeña niña de cabello rubio que no se la hacía familiar de nada.

Dumbledore había sido directo, todos ellos serían puestos bajo un encantamiento que los dejaría inconscientes, los meterían en el fondo del lago y cada campeón intentaría rescatarlos. Por supuesto que ninguno correría peligro real, pero lo campeones no lo sabrían, así que darían lo mejor de ellos para recuperar lo más valioso que les había sido arrebatado y si Weasley no hubiera estado ahí, Draco hubiera pensado que estaba ahí por Harry. Aquello le causó una pequeña sensación de celos y enojo, pero no lo demostró en lo más mínimo.

Lo último que recordó fue estar sentado junto a su padrino, quién lo hechizó, luego oscuridad.

Cuando abrió los ojos tuvo la sensación de haber descansado lo que en días no había logrado, se sentía relajado y completamente renovado. El primero de sus sentidos que despertó tras haber pasado el efecto del encantamiento fue el del tacto, se sentía mojado, rodeado de agua, alguien lo sujetaba con fuerza de la cintura. El segundo de los sentido que recuperó fue el oído, aunque ligeramente atrofiado, todo se escuchaba más grave de lo que naturalmente se escucharían las cosas.

Entonces abrió los ojos, se encontraba en la superficie del lago, con Viktor arrastrándolo hasta la orilla con delicadeza.

—Así que lo has logrado... —Dijo Draco con una débil sonrisa, mientras un recuerdo de él, sentado en las tribunas, esperando como todos los demás llegaba a su cabeza.

—Fui el segundo —Le indicó con la cabeza hacia su lado derecho. —Diggory fue el primero. Un casco burbuja.

Draco miró hasta donde Diggory, se encontraba abrazando a Cho Chang que temblaba del frio, ambos se veían realmente contentos, aliviados. Aquello le hizo pensar en Harry, ¿acaso sería el amante de Cedric? ¿O sería Chang? En cualquier caso Harry ya lo habría descubierto.

—¿Qué usaste? —Le preguntó con sincera curiosidad.

—Transformé mi cabeza en una de tiburón.

—Genial —Krum le sonrió satisfecho.

—Aún faltan Delacour y Potter.

Viktor negó y señaló hacía la izquierda, Fleur se encontraba ahí a punto de sufrir una taque de nervios.

—La atacaron y tuvo que salir a la superficie a tomar aire, la descalificaron por eso.

Draco asintió en silencio, mirando el apacible lago frente a él. Se preguntaba por qué Potter tardaba tanto...

—Potter fue el primero en encontrarlos, cuando Cedric y yo llegamos estaba peleando con la gente del agua porque insistía en que debía sacarte de ahí —Viktor hablaba arrastrando las erres como siempre. —Estaba muy furioso por qué no lo habían dejado acercarse a ti, parecía que lo de menos era su amigo el pelirrojo. —Draco no contestó, pero su corazón latía muy rápido. —No sabía que ustedes eran...

—No lo somos... —Se apresuró a contestar, mintiendo perfectamente bien. —Pero Potter es así, no deja a nadie atrás. Tiene complejo de héroe.

Krum asintió y no dijo nada más, ni cuando Draco suspiró al ver llegar a Harry a la orilla, ni cuando vio que el rubio sonreía con alivio al ver que no le había pasado nada al pelinegro cara rajada, ni cuando Draco sonrió ampliamente al enterarse que Potter seguía en primer lugar, empatado con Diggory.