Harry habría ido esa misma noche a encontrarse con Draco para decirle que iba ayudarlo, que iba a apoyarlo y que podía dejar de fingir, que podía ser él mismo de nuevo, que podía ser el mismo chico que lo había besado en navidad dos años atrás, pero las cosas eran un poco más complicadas que aquello, en cuanto le había contado a Hermione lo que había escuchado, ella muy preocupada le había dicho que de ser verdad que Draco estaba bajo amenaza lo más probable es que alguien lo estuviese vigilando dentro de Hogwarts y Harry sospechaba que era Snape quién cumplía con aquella misión.

Pero aquella platica solo hizo que las cosas se complicaran para Harry, quien anteriormente solo se había mantenido alejado de Draco por que se había convencido a si mismo que Malfoy realmente estaba jugando para los malos y ahora que sabía que no era verdad, aquel impulso de salir corriendo tras él era realmente fuerte.

—Creo que debería decírselo a Pans... —Dijo Hermione mientras ella y Harry se encontraban haciendo juntos la tarea de encantamientos frente a la chimenea.

—Primero deberíamos asegurarnos que no trabaja para Voldemort —Apuntó Harry con indiferencia, pero Hermione parecía realmente ofendida.

—No saldría con ella si supiera que es una mortífago, Harry, podemos confiar en ella.

—Ya... lo entiendo, Mione, pero ponte en mi lugar, no quiero exponer a Draco.

—Oh... ya dejó de ser Malfoy —Afirmó la chica con una enorme sonrisa en el rostro, Harry se sonrojó hasta las orejas.

Harry estaba a punto de responder cuando Ron llegó a sentarse con ellos, sonreía de oreja a oreja, clara señal de que había estado con Lavander.

—¿Qué hay con Malfoy? —Preguntó el pelirrojo —¿Harry sigue con eso de que es un mortífago? Escucha amigo, sé que lo detestas, yo también lo detesto, pero Malfoy solo tiene dieciséis, dudo que Voldemort lo quiera para otra cosa que no sea folla...

—¡Ron! —Exclamó Hermione, escandalizada. — No seas vulgar, por amor a Merlín.

—Por favor, Hermione, el hurón ha demostrado perfectamente este último año que si gasta toda su fortuna no se moriría de hambre si comenzara a trabajar en algún burdel.

Harry golpeó la mesa frente a él con su libro de pociones, a punto de usar el sectumsempra recién descubierto contra su amigo.

—En serio, Ron, ya basta —Le regañó Hermione mientras le dirigía al pelinegro una mirada preocupada.

Ronald los miró a los dos con preocupación, como si se estuviera perdiendo algo importante.

—¿Hay algo que no me hayan dicho?

Harry tomó aire, se tranquilizó pensando que si Ron actuaba así era porque Malfoy no era precisamente muy amable con él y porque nunca se había atrevido a contarle que habían sido amigos por tres años y que se había enamorado de él. Pero ¿acaso Harry podía confiar en que el odio ciego de su mejor amigo no metería a Malfoy en problemas?

Tomó aire.

—Escucha, Ron —Miró a todos lados, asegurándose de que no hubiese nadie escuchando. —Sé que esto te va a sonar extraño, pero, Malfoy, bueno, él y yo éramos amigos ¿Entiendes? Y acabo de descubrir que si está con los mortífagos, pero por su madre, Voldemort la tiene de rehén o algo así.

Ronald soltó una carcajada.

—Vale, ya en serio. ¿Qué es lo que ocurre? ¿Novedades con los recuerdos que Dumbledore te ha mostrado? ¿Un nuevo encantamiento genial en el libro del príncipe mestizo?

—Te está diciendo la verdad, Ronald, no seas insensible —Hermione suspiró resignada. —A veces pienso que no has terminado de evolucionar.

Weasley se recargó en su asiento, completamente confundido, poniendo exactamente la misma expresión que cuando intentaba realizar algún encantamiento no verbal y simplemente no podía.

—¿Desde cuándo? —Preguntó finalmente.

—Desde primero —Afirmó Harry, algo nervioso por la reacción de su amigo.

—Claro, por eso te acercarse así durante el primer banquete —Luego lo miró con duda. —Pero si Malfoy es tu amigo, ¿Por qué siempre es tan hijo de puta contigo, conmigo y con Hermione? ¡Si hasta me inventó una canción para molestarme!

—Creo recordar que Malfoy únicamente ha sido malo contigo —Aclaró Hermione —A mí solo comenzó a molestarme cuando tuvo que unirse a los mortífagos. Además "A Weasley vamos a coronar" fue una gran canción —Se burló sonriente.

—Godric bendito... —Suspiró. —Ahora mis mejores amigos están del lado del hurón saltarín. ¿En qué clase de aberrante mundo estoy viviendo?

—¿No estás enojado? —Preguntó Harry. —Porque si lo estas voy a tener que lanzarte un obliviate y no quiero porque eres mi mejor amigo.

—Que va, me da igual, mientras el bastardo no se meta con ustedes —Luego se inclinó hacia adelante, de manera confidente. —Supongo que vas a intentar ayudarlo a salir de aquello. ¿Tienes algún plan?

—No realmente, es complicado, estoy seguro que Draco no va a querer escucharme de nada, no va a arriesgar la vida de su madre solo para que seamos amigos de nuevo y aunque le diga que la orden puede ayudarlo, estoy seguro que Snape correrá con el chisme y Voldemort terminará matando a la señora Malfoy.

—¿De nuevo con eso? —Preguntó Hermione. —Snape es de los nuestros.

—Snape parece muy interesado en ayudar a Draco en lo que sea que trame para complacer a Voldemort, es un doble agente, y nunca me voy a fiar de él del todo.

—Harry hace bien en no confiar del todo, Mione, Snape traicionó quien-no-debe-ser-nombrado, no le sería difícil traicionar también a Dumbledore. —Se puso de pie. —Pensaremos en algo después, ahora vamos a dormir, es bastante tarde.

Hermione y Harry asintieron, tomaron sus cosas y se dirigieron a sus dormitorios.

—¿Harry? —Dijo Hermione antes de entrar al dormitorio de las chicas. —Olvidé decirte que tengas cuidado con cualquier cosa que te de Romilda Vane. Escuché que les decía a sus amigas que planeaba darte un filtro amoroso.

—Ha intentado de todo para salir conmigo —Dijo resignado —Tendré cuidado.

Draco Malfoy se sentía terriblemente cansado, no dormía, no comía y tener que mantener la imperius sobre madame Rosmerta le robaba más energía mágica de la que hubiera imaginado.

Se sentía presionado, terriblemente nervioso y ansioso, el Lord le había hecho saber por medio de Snape que estaba muy decepcionado con sus avances y que quería su "problema" solucionado para antes de que el año terminara pero que si debía presionarlo iba a hacerlo, y aunque Draco se tomó la amenaza muy en serio, simplemente no había encontrado su segunda oportunidad para "matar" a Dumbledore.

Pasaron semanas sin que ninguna oportunidad se revelara ante él, al menos, hasta que a través de madame Rosmerta se enteró que Slughorn planeaba regalarle una botella de hidromiel a Dumbledore y entonces se puso manos a la obra.

Avisó con antelación a Snape, quién puso a disposición de Albus un bezoar y se dispuso a preparar el veneno que pondría dentro de la botella. Llevó a cabo todo el procedimiento frente a Vincent y Gregory, quienes cumplieron a la perfección su papel como ayudantes.

Finalmente llevó el veneno a la dependienta de las tres escobas durante la excursión a Hogsmeade más próxima y dejó que la mujer hiciera el trabajo sucio.

—Slughorn recogió la botella —Dijo entrando al despacho de Snape. —Será mejor que avises al viejo.

—Toma asiento Draco, tengo que hablar contigo.

El rubio se sentó y echó una mirada furtiva a la puerta, Snape entendió el mensaje y lanzó un encantamiento silenciador, Crabbe y Goyle no escucharían nada.

—¿Tienes el armario listo?

—Aún no...

—Sabes que en cuanto el señor obscuro se entere de que has fallado...

—Lo sé, Severus, no necesito que me lo recuerdes. —El profesor alzó la ceja y luego se reclinó sobre su escritorio.

—Sirius Black parece muy decidido a saber quién es el segundo espía de la orden en las filas del Lord, no se fía de ti.

—Es gracias a mí que sigue con vida, si yo no hubiera alertado a la orden que Potter y sus amigos...

—Black es necio e irracional —Soltó con fastidio. —Al menos Lupin ha sabido mantenerlo a raya, pero comienza a ser insoportable, está presionando a Dumbledore, alega que la vida de su precioso ahijado podría correr riesgo si confían en el hombre equivocado.

—No entiendo como Lupin se ha ido a enamorar de semejante idiota —Replicó Draco. —Debería limitarse a agradecerme por haber ayudado en vez de querer desenmascararme.

—He pensado que en cuanto termines con el armario y tengas a Narcissa aquí podríamos revelar tu identidad.

— Tu sabes mejor que yo que Dumbledore está viejo y débil por lo que sea que le haya pasado en la mano —Severus mostró sorpresa. —Sí, me he dado cuenta, no soy idiota, está maldito y probablemente no le quede mucho de vida y si pongo mi vida y la de mis padres en sus manos, los Malfoy no vamos a durar mucho más de lo que duró Diggory.

—¿Vas a volverte contra la orden en cuanto Dumbledore caiga? —Preguntó sorprendido.

—Yo no sirvo a nadie, y creo que estar con Voldemort podría significar una ventaja, él ya confía en nosotros tanto como en Bellatrix, cuando el viejo caiga, por mí, o por ti o por la maldición de su mano no habrá nadie que pueda enfrentarse al señor tenebroso, nadie excepto Harry y él, aún no está listo para ello. —Se restregó la cara con las manos. —Lo que quiero decir es que creí que sería mejor esperar junto a Voldemort y en el momento indicado darle ventaja a Potter.

—No te agrada mucho la idea...

—Por supuesto que no, lo único que quiero es sacar a mi madre de ahí y llevármela lejos, pero mientras el Lord siga con vida, eso no va a poder ser posible, solo nos queda mantenernos con vida mientras podamos.

—¿Dumbledore ya te habló de sus planes?

—Quiere que cuando llegue el momento, de verdad lo asesine, aunque me ha dicho que preferiría que tú lo hicieras —Hizo una pequeña pausa. —Estoy convencido de que el viejo ya tiene absolutamente todo planeado, la guerra no va a tardar en estallar.

—Te has fortalecido, estoy orgulloso de ti, Draco.

—Aún tengo miedo, —Confesó. —mucho miedo, pero tengo que dar lo mejor de mí, por mis padres, por mis amigos, por ti y por Harry.

El segundo plan de Draco para asesinar a Dumbledore, al igual que el primero resultó un fiasco. Harry Potter llegó con Ronald Weasley a la oficina de Slughorn, el pelirrojo estaba bajo los efectos de algún tipo de filtro de amor y Potter lo había llevado a que su profesor los ayudara.

Una cosa llevó a la otra, terminaron bebiendo hidromiel y Weasley terminó envenenado y a punto de morir. Si no hubiera sido por su amigo cuatro ojos (quién al parecer si ponía atención en su clase de pociones) que le dio un bezoar a tiempo, Ronald Weasley hubiera pasado a la historia.

En aquella ocasión Voldemort no fue tan benevolente y mandó llamar a Draco hasta la mansión, la reunión había sido corta, Snape había sacado a Malfoy del castillo de manera ilegal a media noche y no podían tardar demasiado, Severus había alegado que alguien podía notar la ausencia de ambos y resultar sospechoso, aunque sus verdaderas intenciones eran que el castigo durara menos de lo acostumbrado.

Por supuesto que Draco había recibido el castigo con la cabeza en alto, prefería ser él quién recibiera las torturas y no su madre.

Cruciatus, tras cruciatus Draco Malfoy estaba más seguro que nunca, quería acabar con el bastardo de Voldemort y quería escupir sobre su cadáver. El dolor de ese momento no significaba nada. Los músculos desgarrándose, la falta de aire y el dolor en los huesos no eran nada comparado con el sufrimiento que sentía al mirar a su madre, asustada y completamente sumisa, no se comparaba con verla a punto de intervenir con la tortura y arrepentirse porque se lo pedía con una mirada.

—No habrá otra oportunidad, Draco, muchacho —Le dijo Voldemort antes de que partiera de vuelta a Hogwarts. —Ya has llamado mucho la atención por tus descuidos, la siguiente ocasión tienes que lograrlo si no quieres recibir la cabeza de tu madre como regalo de cumpleaños.

—Sí, mi señor —Se obligó a decir, aún arrodillado por el dolor.

—Tranquilo, me aseguraré de que recibas el incentivo correcto para completar tu misión y no lo olvides, te estaré vigilando.

Aquello fue suficiente para que Draco pasara cada uno de sus minutos libres arreglando el armario evanescente, cada vez con mayor desesperación, con mayor ahínco, tenía el tiempo contado y la desesperación no lo dejaban pensar con claridad.

Rompió un par de objetos que tenía a la mano, objetos de cristalería que se hicieron añicos como su razón. Se encontraba en la sala de los menesteres, llevaba ahí toda la noche y el armario no parecía dispuesto a funcionar.

Pateó el artefacto, le dolió el pie pero no le importó.

—¡Mi madre está en peligro! —Le gritó al pedazo de madera. —¡Maldita porquería de mierda, funciona! —Gritó nuevamente, ahora entre sollozos. —Funciona...

Jalo su rubio cabello en señal de frustración y se dejó caer de espaldas al armario mientras un montón de lágrimas corrían por su griseaseo rostro, un rostro lleno de temor, desesperación, frustración, miedo y ansiedad.

Del otro lado, Harry Potter escuchaba objetos siendo destrozados y los sollozos de alguien que se encuentra sumido en la oscuridad.

—Solo un poco más, Draco —Dijo con la frente pegada a la puerta de la sala. —Solo tienes que soportar un poco más, estamos trabajando en ello, estamos trabajando para sacarte de aquí.

Lo decía con convicción, pero eso no evitaba que su corazón de hiciera pequeño por escuchar a la persona que amaba en aquel estado.