El rumor sobre la pelea de Harry y Draco en el baño del sexto piso no tardó ni una hora en extenderse y, aunque nadie estaba seguro al cien por ciento de lo que había ocurrido, si estaban seguros de que había sido algo grave, Malfoy se encontraba en la enfermería, inconsciente y al parecer no saldría de ahí en varios días.

La culpa que Harry sentía por haber maldecido a Draco con tal encantamiento no menguaba y las miradas horrorizadas de sus compañeros solo empeoraban la situación y lo hacían sentir más miserable de lo que jamás en su vida se sintió, ni si quiera cuando se enteró de cómo habían muerto sus padres realmente se sintió tan mal y para terminar de empeorar las cosas, Hermione no dejaba de reprocharle que "le había advertido que el libro del príncipe era malo".

Harry no dormía, no comía y tampoco podía hacer magia, se sentía tan enojado consigo mismo y con su magia que había logrado bloquearla por completo y aquello, al igual que el rumor de la pelea, también se extendió por el colegio de boca en boca, el gran Harry Potter, el elegido, no podía ni si quiera hacer que su escoba se levantara del suelo.

Draco por su parte no la pasó mal los primeros días, estaba inconsciente y en ese estado todo había sido color de rosa, le habían dado una poción para dormir sin sueños, una más para el dolor y otra para las cicatrices, las cuales se desvanecieron, en su mayoría, durante la primera semana, pero aquel hechizo era tan poderoso que el dolor le seguía atacando si decidía moverse demasiado o con mucha brusquedad.

Cuando la conmoción inicial pasó después de una semana inconsciente en la enfermería y una más sedado y manteniéndose entre la consciencia y la inconciencia, Draco pudo por fin aclarar su mente y llegó a la conclusión de que lo había jodido todo, había estado a punto de lanzarle una cruciatus a la persona que más amaba, había estado fuera de juego por dos semanas y sin duda Voldemort tomaría represalias por el nuevo retraso en su tarea.

¿Cómo había podido perder la cabeza de esa manera? ¿Cómo había podido actuar de manera tan irracional? Estaba seguro de que, de no haber sido Harry, nadie más hubiera podido detenerlo en su ataque de ansiedad y depresión, y seguramente, si hubiese sido otra persona, ese pobre alumno hubiera terminado muerto o gravemente herido.

Pero tenía que ser Potter, de todos los alumnos del colegio, tenía que ser Harry Potter quien lo descubriera totalmente descolocado y enfurecido, tenía que ser quién descubriera el secreto que había protegido por casi dos años y ahora, su misión estaba pendiendo de un hilo.

No podía decir que todo era culpa de Harry, por supuesto que no, él había perdido el control de su mente y de sus emociones, él solo se había expuesto al ponerse a llorar dentro de aquel baño al que pudo haber entrado cualquiera y ahora tenía que hacer algo para solucionarlo, tal vez hablar con Severus, si es que se dignaba a visitarlo, pues en todos aquellos días no lo había visto ni una sola vez.

Suspiró. Sabía lo que tenía que hacer, pero no estaba seguro de querer hacerlo.

—Veo que se encuentra mejor señor Malfoy —Le dijo madame Pomfrey mientras se acercaba a revisar las heridas de su cara, las cuales ya habían desaparecido por completo y de su pecho las cuales aún se mostraban ligeramente, como unas blanquecinas rayas atravesándole todo el tórax. —¿Aún le duele? —Presionó ligeramente sobre la herida.

—Un poco —Dijo con sinceridad.

—Bueno, todo parece ir bien, podrá abandonar la enfermería mañana y reincorporarse a sus clases —Le sonrió maternalmente. —Asegúrese de ponerse al corriente, no querrá sacar malas notas ¿Verdad? Los ÉXTASIS son el siguiente año es importante que aprenda todo lo que pueda.

—Lo haré —Mintió, consciente de que para el siguiente año no volvería al colegio, el siguiente año podría estar muerto o escondido si lograba juntar la valentía para asesinar a Dumbledore.

La mujer se acercó al pasillo miró a ambos lados y luego cerró la puerta de la enfermería, eran las diez de la noche y generalmente nadie necesitaba sus servicios a esa hora. Draco la vio pasar frente a él una vez más para dirigirse a su habitación (la cual se encontraba detrás del despacho) e inmediatamente después todas las luces se apagaron, dejándolo completamente a oscuras.

Draco apenas había cerrado los ojos, listo para la ola de recuerdos de la otra línea de tiempo que seguramente llegarían cuando escuchó el sonido de la puerta abrirse, lentamente y con mucho cuidado, por supuesto, era un sonido casi indistinguible, pero Draco tenía bien desarrollado el oído y lo notó enseguida.

El rubio se quedó inmóvil y usando un hechizo no verbal invocó si varita que descansando en la mesita de su lado derecho y esperó. Esperó pacientemente y escuchó cada sonido mientras fingía seguir durmiendo sospechando que aquel intruso podía ser Crabbe o Goyle, enviados por Voldemort para amenazarlo o peor aún, para acabar con él mientras dormía.

El sonido de pasos lo hicieron aferrarse a su varita y cuando el sonido comenzó a acercarse se levantó de la cama y apuntó a la nada. Cerró los ojos y escuchó nuevamente, el sonido venía de la derecha.

"Muffliato" Pensó para insonorizar la sala.

—¡Depulso! —Exclamó cuando identificó el lugar de donde provenían las pisadas.

El cuerpo del invasor salió disparado un par de metros atrás, chocando sin reservas sobre el suelo con un sonido sordo.

—Suficiente, Potter —Dijo con voz cansada, como alguien que lleva peleando toda la vida. —Quítate la estúpida capa.

—¿Cómo supiste que era yo? —Un muy avergonzado Harry apareció a la mitad del pasillo, tendido en el suelo y claramente adolorido.

Draco se tomó su tiempo para apreciarlo, lucía realmente bien, tal vez un poco cansado y arrepentido, pero bastante bien en general. Su cabello estaba tan desordenado como siempre, sus ojos verdes aún brillaban con la inocencia de un niño, pero su cuerpo le indicaba que no lo era más, que ahora era un muy bien formado chico de dieciséis años.

—Porque cualquiera se hubiera defendido, aun con un encantamiento desilusionador encima y yo he escuchado que tú no puedes hacer magia por ahora.

—Oh... —Se puso de pie y comenzó a sacudirse el polvo, aún vestía la túnica.

—Supongo que no has venido a terminar lo del baño ¿O planeabas ahogarme con la almohada mientras dormía?

Harry frunció el ceño, claramente ofendido.

—En realidad vine a disculparme —Relajó su semblante. —He venido todas las noches, esperando a que te recuperaras para poder hablar contigo, de frente.

—¿Por qué? —Preguntó de manera hostil, manteniendo la máscara que tanto le había costado construir.

—Porque me importas.

—¿A si? Pues tú a mí no, y tus disculpas me las paso por el culo, ahora lárgate —Le sostuvo la mirada, Harry lucía claramente herido pero Draco sabía que si continuaban con aquello no iba a resistir mucho más y terminaría contándole todo. Se encontraba demasiado frágil emocionalmente como para soportar aquel encuentro repentino.

—Eso es mentira, Draco...

—¿Ahora vuelves a llamarme así? Merlín, Potter, no seas hipócrita, ambos sabemos que solo estas aquí porque no soportas que te miren mal por los pasillos. Solo quieres limpiar tu consciencia.

—¡No, claro que no! —Perdió la paciencia y algunos objetos dentro de la enfermería comenzaron a temblar producto de la descontrolada magia de Potter. —¡Estoy aquí pedazo de imbécil! ¡Por ti y solo por ti!

Aquello logró traspasar algunas de las barreras que Draco había colocado, aunque en realidad no le sorprendía la sinceridad con la que Harry decía algunas cosas, siempre había sido así, sincero consigo mismo y con los que lo rodeaban, lleno de algún tipo de aura limpia y blanca. Al contrario de él, que era mentiroso, evasivo con sus sentimientos y estaba completamente manchado de negro, un negro profundo y opaco.

—¿Por qué no te disculpas haciéndome una mamada, eh Potter? —Dijo en un desesperado intento de hacerlo enojar para que se marchara. —Dependiendo de como chupes decidiré si te perdono o no —Soltó una sonrisa socarrona, necesitaba humillarlo, necesitaba que se fuera rápido o no se contendría más.

Pero aquello solo hizo que Harry clavara sus profundos ojos verdes en él, evaluándolo. Potter, por supuesto ya sabía de qué se trataba aquello, no era la primera vez que Malfoy usaba connotaciones sexuales para intentar avergonzarlo y humillarlo, para hacerlo enojar y hacerlo sentir poco menos que una prostituta, la primera vez lo había sorprendido y había logrado su cometido, Harry había salido echando chispas de los jardines, la segunda vez no había sido tan eficaz, las siguientes, cada vez más vulgares y humillantes lograban sacarlo de sus casillas, pero en ese momento Harry no se sentía lastimado o humillado, se sentía profundamente triste.

Levantó la varita y apuntó hacia el despacho de la enfermera, usó un encantamiento no verbal para bloquear la puerta y otro igual para la puerta principal.

A Draco se le congeló la sonrisa.

—¿Qué haces? —Preguntó cuándo Harry con la mirada más seria del mundo se acercó hasta su cama.

—¿No es obvio? —Cerró las persianas que rodeaban la cama. —Haciendo más privado el lugar para hacerte la mamada que has pedido.

A Draco se le paralizó el corazón, jamás había visto a Harry tan serio y a la vez tan malditamente sexy, si algunos minutos atrás había pensado que sus ojos reflejaban inocencia aquello había dejado de ser verdad. Potter lo miraba fijamente, como el depredador a su presa.

—Ya basta de bromas —Le dijo intentando parecer indiferente, aburrido —Lárgate, quiero descansar.

—No es ninguna broma, Draco —Le respondió con voz rasposa, inclinándose sobre la cama para acortar la distancia entre ellos.

Draco colocó la punta de su varita en la en el mentón de Harry, fulminándolo con la mirada.

—Lárgate antes de que te lance la cruciatus que no pude lanzar hace dos semanas —Entrecerró los ojos, amenazante. —Que no se te olvide que somos enemigos, Potter, jugamos para diferentes bandos.

Harry sonrió tristemente y agachó la mirada por solo un instante, su cuerpo estaba prácticamente sobre el del rubio.

—¿Cuándo vas a dejar de mentirme? —Le preguntó. — ¿Cuándo vas a dejar de compórtate como un imbécil para alejarme?

—Lárgate, Potter —Repitió clavando la varita en su piel con más fuerza.

—¡Ya basta! ¡Lo sé todo! ¡No tienes que seguir mintiendo! ¡Pondremos a tu madre a salvo, tú estarás aquí, conmigo y nada va a pasarte!

Pero Draco no pudo replicar ni negar nada, Harry lo había tomado por el cuello del pijama y lo había asaltado con un beso que sabía agridulce.

Harry era suave y dulce, tal y como Draco lo recordaba, sin embargo aquel beso no era ni un poco parecido al que habían compartido la primera vez, Malfoy podía notar la diferencia, la experiencia de ambos era mayor, Harry ya no se mostraba ni un poco torpe y por supuesto tampoco inexperto.

Draco tardó un poco en reaccionar, pero finalmente y en contra de todo lo que se juró que no haría, devolvió aquel beso que de tierno no tenía nada. Harry estaba siendo rudo, demasiado, parecía realmente desesperado, como si creyera que Draco se esfumaría de un segundo a otro, como si lo creyera uno más de sus tantos sueños en los que al final Malfoy lo golpeaba y marchaba, escupiéndole en la cara.

Pero el príncipe de las serpientes no se evaporó en el aire ni lo apartó, le correspondió con la misma agresividad y posesividad que un amante furioso, que un amante lleno de deseo guardado por mucho, mucho tiempo.

Malfoy se perdió entre los dientes, los labios y la saliva de Harry, sus lenguas jugaban dentro de sus bocas, intentando tomar el control, ninguno de los dos estaba dispuesto a perder el control de la situación, Harry por miedo a perder al hombre que amaba y Draco por miedo a dejarse llevar y perder el nuevamente la cabeza.

Ninguno de los dos pensaba realmente, se dedicaban a explorarse con las manos y con la boca, dispuestos a recuperar el tiempo que habían perdido, dos malditos años.

Draco, Draco, Draco. Pensaba Harry.

Debes detenerte, vas a meterlo en problemas, vas a ponerlo en peligro. Pensaba Draco.

Las manos de Harry pronto se aventuraron a ir más allá, comenzaron a colarse debajo de la delgada tela que cubría el cuerpo de su acompañante y pronto descubrió que la piel de Draco no solo lucía suave y tersa, sino que lo era, realmente lo era y aquello terminó por volverlo loco.

—Dios, Draco, no tienes idea de cuánto te extrañé, de cuanto te necesito —Susurró sobre la boca del rubio que jadeaba ligeramente por aquel intenso beso. —No tienes idea de cuantas veces soñé con si quiera poder hablar de nuevo —Junto su frente con la de su acompañante y cerró los ojos. —No entendía por qué te habías alejado de mí, no entendía que era lo que había hecho, después del beso yo no podía dejar de pensar en ti —Negó con la cabeza, mostrando claro dolor. —Y de repente te volviste una persona que yo no conocía, no entendía nada, estaba tan perdido sin ti.

Draco contenía el aliento, podía sentir el dolor de Harry, podía sentir toda esa frustración, toda la decepción, la incertidumbre y la confusión. Podía sentirlo porque de alguna manera sus magias se encontraban conectadas.

—Fuiste un patán, fuiste cruel, egoísta y malvado, hiciste de todo para que te odiara, incluso llegaste a reírte de mí cuando te dije que te quería ¿Lo recuerdas? ¿Durante quinto? Después de eso yo desistí y no volví a buscarte —Una pequeña lágrima corrió por su moreno rostro. —Pero la verdad, Draco, la verdad es que yo jamás dejé de quererte. Quería odiarte, de verdad quería odiarte, pero simplemente no podía y entre más hijo de puta eras conmigo más te clavabas aquí —Señaló su corazón, no lo miraba, mantenía los ojos cerrados. —Y dioses, cuando te veía con todas tus conquistas quería matarlos, molerlos a cruciatus y nuevamente quería odiarte, pero era imposible, porque diablos, Draco, porque te amo.

Draco soltó el aire que había estado conteniendo, su corazón estaba latiendo muy rápido, se sentía fuerte y con vida pero ¿Cuánto tiempo duraría aquello? ¿Cuánto tardaría la vida en arrebatárselo como todo lo demás?

—No entiendo cómo pasó, ni en qué momento empezó, pero te amo, Draco Lucius Malfoy y no quiero renunciar a ti, no ahora que sé la verdad, no ahora que tengo en mis manos la oportunidad de ayudarte —Lo besó una vez más. —Puedes confiar en mí, Draco, puedes confiar en mí.

Draco se estremeció, no por el tacto de Harry sobre sus abdominales o por el beso, si no por aquellas palabras que lograron tocar hasta la más profunda fibra de su destrozada alma.

El rubio no respondió, en su lugar decidió desconectar su cerebro y hacer, por primera vez en dos años, aquello que su corazón le pedía de manera ferviente. Con mucho cuidado y devoción besó a Harry, esta vez el beso fue tranquilo y muy dulce, estaba tomándose su tiempo, necesitaba saborear aquello, necesitaba asegurarse de que aquello quedara marcado en su piel.

Sus pálidas manos se colaron entre la túnica de Harry quién no se quejó en absoluto ni parecía enojado por no haber obtenido una respuesta, como si aquellos besos y caricias que el rubio le proporcionaban fueran la contestación que estaba esperando.

Poco a poco y con las manos temblorosas comenzaron a deshacerse de sus prendas hasta que quedaron únicamente en calzoncillos, uno frente al otro, hincados sobre el suave colchón de la cama.

Para Harry, Draco era una especie de ángel, su pálido cuerpo brillaba en las penumbras por la luz de la luna, al igual que su cabello y sus grises ojos destellaban incluso más que las estrellas. Para Harry Draco era perfecto, un ángel caído del cielo por un montón de circunstancias que él no se había buscado.

Para Draco, Harry era algún tipo de demonio, con su firme y esculpido cuerpo moreno tentándolo a probar un pecado que en sus cinco sentidos no hubiese tocado si quiera, con sus verdes y relucientes ojos esmeralda incitándolo a caer en aquel agujero del que no había retorno. Para Draco Harry era un bellísimo demonio lleno de sentimientos que él no comprendía, lleno de oportunidades que tal vez, nunca alcanzaría.

Harry se inclinó para besar a Draco una vez más, acunó su rostro dentro de sus manos y, aunque aquel beso fue tierno, también estaba cargado de deseo.

—Esta es mi primera vez... —Dijo Harry recuperando en sus ojos aquella chispa infantil y un tanto asustada. —Nunca, nunca lo he hecho con nadie —Anunció con algo de vergüenza y aquello llenó a Draco de pura ternura.

—Ni yo —Respondió con sinceridad. —Vamos despacio ¿Si?

Harry asintió haciendo que sus rebeldes cabellos se agitaran.

Entonces Draco atacó, besó a Harry con ímpetu, amor y mucho deseo, ambos se querían, eran un par de jóvenes de dieciséis años, llenos de deseo reprimido y con muchas ganas de explorar el cuerpo ajeno.

Tocaron, saborearon y vieron todo lo que el otro podía ofrecerles, entre lamidas, mordidas, rasguños y apretones, entre el amor y el deseo.

Pronto ambos se encontraron jadeantes y duros, dispuestos a dar un paso más, pero sin tener idea de cómo proseguir, ninguno de los dos tenía experiencia y estaban ligeramente asustados, dar ese paso significaba que iban a unirse y que quizá, aquello complicaría aún más las cosas.

Draco recostó a Harry contra el colchón, dispuesto a correr el riesgo y dejándose llevar por caluroso momento. Bajó la ropa interior de Potter, liberando su creciente erección, admirándola, adorándola.

Recorrió el cuerpo del moreno entre besos y jadeos hasta que llegó a su entrepierna y con la ansiedad de un adolescente hormonal se metió el pene de su acompañante a la boca.

Harry jadeaba y se retorcía, halaba del cabello de su acompañante pidiendo más, rogándole por más, porque aquello se sentía como el cielo. Un ángel, Draco debía ser un ángel.

Pero aquello no duró demasiado, cuando Harry estuvo a punto de correrse Draco se detuvo y con mucha impaciencia y un movimiento de varita hizo desaparecer su propia ropa interior.

Entonces se miraron, el verde y el plata conectaron de inmediato, corroborando que aquello era lo correcto, que así debían ser las cosas y no de otra manera.

—Draco... —Jadeo Harry cuando Malfoy se puso sobre él y juntaba sus erecciones.

—Joder... Harry —Dijo el rubio sintiéndose terriblemente urgido por comenzar a masturbarlos.

Harry se levantó y besó a su acompañante de manera salvaje, rogándole silenciosamente para que terminara con aquella deliciosa tortura que había comenzado. Y Draco obedeció, comenzó a frotar su dureza contra la de Potter, lentamente al tiempo que su mano envolvía ambas erecciones y las acariciaba, aumentando el placer.

—Draco... Draco... —Repetía Harry entre besos. —Te amo.

Malfoy aumentó la velocidad, y las palabras de Potter pronto se volvieron palabras inentendibles.

El clímax estaba por llegar, ambos se besaron con necesidad, como si supieran que después de aquella calma la tormenta se desataría y sería más agresiva que antes, como si estuvieran consientes del desastre que conllevaría haber hecho el amor en aquellas circunstancias tan desfavorecedoras para ambos, como si supieran que después de esa noche volverían a ser únicamente Potter, el salvador del mundo mágico y Malfoy, el mortífago.

Ambos se corrieron al mismo tiempo, soltando un grito ahogado de placer.


Si mi narración de la escena sexual fue muy mala les pido una disculpa, es la primera vez que escribo algo como esto.

Gracias a todas por seguir leyendo.